Tras una intensa y ajetreada jornada laboral, finalmente los proyectos planeados por el científico más reconocido del mundo, pudieron ser completados exitosamente, resultado que necesariamente no logró solo, sino que recibió ayuda de sus colegas, empleados y especialmente de su hijo adoptivo que fue el responsable de los enormes avances a través de las últimas semanas. Dentro de las instalaciones Membrana no era ningún secreto que desde hacía meses el profesor estaba concentrado en un ambicioso invento que traería, una vez más, la ayuda necesaria para la humanidad, era su deber como hombre de ciencia innovar en cambios favorables para evolucionar. Por otro lado, estar pendiente de su trabajo lo ayudaba a olvidarse temporalmente de toda la decepción, infamia, y humillación que durante años le brindó su primogénito biológico, Dib.

Como padre, jamás pudo perdonarse por no insistir en las señales que mostró su errática conducta, incubando lentamente para transformarse en locura. Muchas veces encerró al mayor de sus hijos en una "prisión de cristal" para estudiar esas fantasiosas incoherencias sobre fantasmas, alienígenas, y absurdas teorías de pie grande, pero sin conseguir alguna respuesta favorable. Incluso para empeorar la situación, fue informado, en múltiples ocasiones, que en sus frenéticos arranques de demencia Dib fue internado en la "casa para niños locos", por lo que tuvo que autorizar, e ir a buscarlo varias veces.

Su hijo era un caso perdido, estaba científicamente comprobado que jamás llegaría a cumplir sus estándares. Era un completo desperdicio...

No obstante, para su grata sorpresa, el profesor Membrana actualmente estaba sumamente satisfecho con el brillante potencial que tenía por delante su nuevo heredero, refiriéndose al joven castaño de gabardina azul, quedó asombrado ante su intelecto, observación y deducción que planteaba a base de simples hechos o teorías sobre algo en particular, para acto seguido, implementarlos en el trabajo. Otro rasgo a destacar eran los altos niveles de comprensión y aprendizaje ante la mecánica o creación de prototipos. Estos extraordinarios dones le recordaron lo que una vez fue Dib, provocando simultáneamente que lo comparara con Louie, en un aspecto de coeficiente y talento eran bastantes similares, sin embargo, sus personalidades, deseos y objetivos eran muy distintos.

Un suave golpecito llamó rápidamente la atención del científico, dirigiendo su mirada a las acciones que ejercía el de ojeras, quien depositaba sobre la mesa una humeante taza de té caliente, justo como le gustaba. Se había vuelto una rutina que al final del día compartieran un momento juntos, tomándolo como un descanso para hablar de todo lo ocurrido en el día. Asintió como agradecimiento, mientras que un sentimiento paterno lo inundó de orgullo, simbólicamente era como verse a sí mismo de niño, con toda esa pasión desenvuelta en la ciencia real, o eso es lo que quería creer.

- Gracias, hijo. -habló complacido, tomando la taza entre sus manos- Vamos, siéntate muchacho. -expresó con total tranquilidad- ¿No querías que conversemos sobre algo?.

- Si, bueno... -balbuceó entre susurros, fingiendo timidez- Me gustaría hablar sobre un tema en particular, no quise abordarlo antes porque no estaba seguro de que fuese lo correcto. -acotó con falsa preocupación, haría lo necesario para obtener más información.

- Tenemos un poco de tiempo antes de ir a dormir. -aseguró, quitándose la parte superior de la bata, dejando al descubierto su rostro- Haz hecho un excelente trabajo en el laboratorio, y como eres mi hijo no hay nada que no pueda contarte. -sonrió levemente, llevando la taza a sus labios- Adelante, cuestiona lo que te tiene intrigado.

- ¿Estás de acuerdo con que las cosas sigan así? -preguntó interesado, ganándose la confusión del contrario- Seré más preciso.. ¿De verdad está bien que sea el reemplazo de Dib?. -aclaró, haciendo una mueca detonando "tristeza"- A pesar de sus diferencias él sigue siendo tu hijo, se supone que son una familia, y no quiero ocupar un lugar que no me pertenece. -mintió descaradamente, analizando las expresiones de su padre.

- En efecto Dib es mi hijo, pero ya no lo reconozco como tal. -respondió de manera cortante, junto a una mirada fría- Dejó de serme útil cuando enloqueció con sus tonterías de lo paranormal, intente ayudarlo muchas veces, pero siempre me traía problemas, no quería recibir ningún tipo de tratamiento. -confesó frustrado, liberando su dolor- Cuando desapareció asumí rápidamente que estaba muerto, eso... Me alivio mucho.

- Y-Ya veo.. -asintió sorprendido, no se esperaba esa respuesta- "Admito que eso si fue un golpe bajo, casi siento lástima por ti, cabezón". -pensó con cierta malicia, ocultando a la perfección su satisfacción- Pero Dib está vivo, tal vez haya cambiado, y...

- No es de mi incumbencia, ya no es necesario. -interrumpió sombríamente, tomando de su bebida

- "Vaya, esa sí es una reacción interesante.." -señaló entre sus pensamientos, bebiendo de su café- "Al parecer Dib nunca tendrá la dicha de experimentar el amor de un padre" -creyó en silencio, por alguna extraña razón, se sentía afortunado de haber sido amado.

- Louie. -lo nombró ligeramente relajado- Te traje a vivir conmigo porque le prometí a tus padres que cuidaría bien de ti, nunca fue mi intención compararte o volverte alguien como Dib. -suspiro vagamente- No quería que afrontaras el mundo tú solo, no mereces ser una víctima y desperdiciar tu vida. -admitió con una pequeña sonrisa.

- Membrana... -lo miró anonadado, notando la sinceridad en sus palabras- Lo lamento. -se encogió de hombros, aburrido- No quería malinterpretar las cosas, tampoco buscaba cuestionar tus decisiones, solo que no me gusta la idea de volverme una molestia. -le dio un buen sorbo a su café.

- No lo eres muchacho, es un placer tenerte aquí. -mantuvo su sonrisa, levantándose, y abrazando de manera amena al castaño- Has crecido mucho en estos años, se que tus padres estarían tan orgullosos como yo al ver todo lo que has logrado.

- Siempre estaré agradecido por todo lo que hizo por mi. -contestó naturalmente, correspondiendo el abrazo.

- Estoy seguro que estarían emocionados al saber que serás el siguiente en dirigir el legado Membrana. -mencionó emocionado, despeinando suavemente los alborotados cabellos del castaño.

- Me esforzaré para estar a la altura de ese honor. -exclamó con una amplia sonrisa, todo estaba saliendo como él quería.

- Tienes un futuro brillante, muchacho. -aseguró con firmeza, deshaciendo el abrazo.

- No es usual entre nosotros, pero para celebrar que hemos acabado el último proyecto.. -se dirigió hasta la cocina, trayendo consigo unos cupcakes- He preparado este postre con ayuda de Gaz. -mintió de manera convincente, sentándose nuevamente.

- ¿Los prepararon juntos? -cuestionó con curiosidad, tomando un simple cupcake de chocolate.

- En realidad ella los preparó, yo solo recibí sus indicaciones, y varios regaños. -bromeó entre risas, disipando toda duda del contrario- Es una pena que Gaz no este aquí para compartirlo con nosotros, le hubiera gustado, pero se que no le molestara que los comamos.

- Mi pequeña hija, aun no puedo creer que ya se haya marchado a la universidad. -comentó con cierta nostalgia, comiendo el cupcake- Están deliciosos, y no son empalagosos, es una grata sorpresa que ustedes sepan cocinar.

- Fue obra de mi hermana, por mi parte me dedicaré a crear mi propio sirviente robot para no pasar hambre. -bromeó entre risas, terminando su bebida repleta de cafeína- Iré por otro café.. ¿Quiere otra taza de té? -preguntó levantándose de la mesa.

- No, gracias, hijo. -respondió con simpleza- Terminaré esto, y me iré a dormir, hay mucho por hacer mañana.

- Como guste.

Se acercó hasta la mesa, tomando cuidadosamente las tazas vacías, para acto seguido, perderse en la cocina, dejando al científico con una auténtica sensación de paz interna, sabia que fue la decisión correcta adoptar a Louie e instruirlo como su hijo, aunque lo quería como si fuera uno de verdad, en aquel entonces sus viejos amigos, y antiguos colegas se lo presentaron siendo tan solo un pequeño recién nacido. Dio un leve, pero sonoro suspiro, recreando el shock al enterarse de que toda la familia fue víctima de un horrible incendio debido a un cortocircuito, causando que la residencia hogareña se volviera cenizas... Dejando como saldo varias muertes, y tan solo un sobreviviente, el cual era un pequeño niño, que en ese entonces, tenía doce años. Un fuerte estruendo resonó por toda la sala, alertando al profesor, quien instintivamente se levantó de su sitio, observando atentamente a cada dirección para encontrar el origen del sonido, hasta que sorprendentemente enfrente de sus ojos, apareció la viva imagen de él, de quien alguna vez consideró su hijo.

- Oh, es extraño encontrarte en casa. -señaló impresionado, mirando a su padre- Ha pasado algún tiempo desde la última vez que nos vimos.. ¿Verdad, papá?

- ¿Dib? -lo nombró con cierta duda, saliendo del shock- ¿Por qué has venido? Creí haberte dicho que ya no eres bienvenido a esta casa. -reprochó con dureza, cruzándose de brazos.

- Ya no soy un niño al que puedes usar o manipular. -contestó molesto, sintiéndose herido- Seré directo con usted, "profesor". -rodó los ojos, imitando unas comillas con sus dedos- He venido a pedirte por las buenas que cierres tus laboratorios, al menos durante un tiempo.

- ¿Que? ¿De qué estás hablando? -preguntó consternado, creyendo genuinamente que su hijo estaba loco- ¡Eso no es científicamente posible!.

- Por favor, papá. -imploró firmemente, moviendo su mano- Estoy seguro que no me escucharas, pero de verdad te pido que abandones tu trabajo, solo por unas semanas. -explicó intentando sonar convincente.

- No lo haré, Dib. -respondió fríamente, dándole la espalda al de lentes- Si eso es todo lo que tenías para decir, puedes retirarte.

- ¡Debes hacerlo, por favor! -insistió preocupado, apretando sus puños- ¡No quiero que salgas lastimado! -elevó considerablemente su voz- Te lo advierto porque a pesar de todo eres mi padre, y de alguna forma sigo admirándote.

- Intente de todo para hacer de ti un buen hijo, Dib. -suspiró con frustración, sin mirar a su primogénito- Hasta llegué a culparme de tu muerte, y al volver a verte puedo corroborar que tu no estás bien mentalmente. -confesó decepcionado, sintiendo un dolor en su pecho- Ahora vete, Dib.

- ¿Sabes lo que es tener miedo de verte a ti mismo? -preguntó entre susurros, acercándose al científico- ¿Sabes lo que es desear ser otra persona? -rodeo a su padre, encarandolo de frente- ¿Sabes lo que se siente?

- No te entiendo. -admitió curioso, mirando el resentimiento en los ojos del mayor de sus hijos- ¿Que tratas de demostrar? ¿Qué es lo que quieres?

- Jamás comprenderías.. -sonrió amargamente, era como un chiste sin gracia- ¡¿Quién dice que no necesitaba tu ayuda para seguir adelante?! ¡Intente rendirme muchas veces, pero no lo hice! -gritó desesperado, liberando todo lo que tenía escondido- Quise que me escucharas, y apreciarás lo que realmente me apasionaba.

- Eso no es real, es científicamente imposi..

- Un hombre de ciencia no cambia. ¿Eh? -expreso al aire, alejándose de su padre- Al final solo vine a prevenirte, fui un idiota al pensar que ibas a creerme. -dio media vuelta, encaminándose a la salida- Hay un sistema de bombas en las instalaciones, van a detonar en unos segundos. -confesó con normalidad, mirando una última vez a su padre.

- ¿¡QUE!?

- Adiós papá... -se despidió, saliendo por la puerta principal- Lo siento, quiero decir.. "Profesor Membrana".

El amante de lo paranormal abandonó finalmente lo que alguna vez consideró su hogar, convencido de que nunca más iba a regresar, mientras que el de bata blanca desesperado intentaba comunicarse con sus empleados para comunicarles de la situación, ignorando que cierto castaño fue un testigo silencioso de toda la discusión.