Capítulo 33:

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Habían pasado dos días después de que el viaje comenzara, por su parte, Sumire había tenido con éxito, aquella sesión fotográfica y ahora solo faltaban algunas tomas más y la grabación de la entrevista personal.

Sus diseños, a los que ella se había arriesgado a mostrar al mundo, habían sido bien aceptados por la comunidad juvenil a quienes estaban inspirados en primer lugar, aquél encuentro y el haber conocido a Sarada le había abierto los ojos a una nueva realidad en donde tocó fondo acerca de sus actitudes en el pasado. Ella era una insensible y aceptaba que lo había sido con Boruto cuando su madre falleció. Luego de que Sarada hubiera desaparecido hace más de dos años, ella había decido cambiar y vaya que podía sentir que las cosas para ella eran mejor que antes.

Caminó por el camarote con emoción, había decidido tomar una copa en la terraza del lugar, por fin tendría un momento a solas con ella misma.

Cuando llegó, lo primero que hizo fue tender una toalla sobre la camilla de sol y una vez recostada pidió algo de tomar y cerró los ojos para tratar de relajarse.

—Supongo que siempre vas a estar donde yo esté.

Sumire saltó del susto al reconocer esa voz no tan familiar pero que se había empeñado en mantenerse presente durante los últimos días...

Miró en la dirección y se encontró con un tipo sentado con una pierna cruzada mientras leía un periódico. Este apartó lentamente el periódico y la miró con notoria seriedad.

Ella le detenidamente, llevaba ropa casual, sandalias y traía un sombrero negro.

Era realmente atractivo.

Este se inclinó hasta quedar a centímetros de su rostro —¿Qué tanto miras?

Ella parpadeó y se alejó rápidamente provocando que este frunciera el ceño con evidente molestia.

Ella se levantó y le miró alterada, afortunadamente en el lugar no había nadie más, tal vez porque era muy temprano —¿¡Qué haces aquí?! ¡¿Me estás siguiendo!?

Este le miró sin inmutarse, sentado desde su silla, solo se dedicó a colocar el periódico en su mesita de alado.

—¿No serás tú la me sigue?

Ella se cruzó de brazos —Estoy aquí por trabajo y puedo comprobarlo —dijo con total seguridad.

—Bueno, yo vine a darme un descanso —se levantó de su silla —aclarado esto, entonces me voy.

—Sí, vete de una vez —dijo con fastidio mientras regresaba a su asiento, se recostaba y cerraba los ojos.

Yakumo le dio una última mirada paseando la mirada por su cuerpo y sonrió de lado para después irse. Si él quería podría secuestrarla y encerrarla con él pero no haría algo tan aburrido como eso, primero se divertiría con las emociones de la humana por un rato.

Mientras ingresaba al bar, miró fugazmente a una pareja en específico sentada en una de las mesas del fondo.

Rodó los ojos al ver que ambos se tomaban de la mano y luego el tipo le robara un beso a la chica.

—Todo bien con tus fortalezas pero con una sola debilidad estás acabado… —murmuró sin más como si fuera un recital.

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Sarada observaba con cariño aquél dije con alas que Boruto le había regresado segundos antes de robarle un beso.

—Sigue tal cual lo recuerdo…. —murmuró con una sonrisa en su rostro

Boruto la miró —Apareció en tu mano cuando te encontré en aquella cueva, y lo tomé cuando llegaste a emergencias. Después… por tu falta de memoria… no pude dártelo de vuelta.

Ella se perdió unos momentos en aquél collar que Hinata le había proporcionado hasta que la voz del mesero la sacó de sus pensamientos.

Boruto sintió una presencia poderosa, parecida a la de Sebastián pero esta era incluso más intensa paseó la mirada con catela por todo el lugar y se topó con la mirada de un tipo bien parecido y que le miraba fijamente mientras bebía de su copa. Desvió la mirada con el ceño levemente fruncido.

¿Quién era aquél hombre? ¿Y por qué le miraba así?

—¿Boruto?

Este miró a Sarada sorprendido, se había perdido en sus pensamientos y repentina voz le había traído a la realidad. Este le sonrió aún sintiendo la pesadez de aquella presencia en el lugar.

—¿Estás bien? —preguntó ella.

—Si amor, solo… me quedé pensando en… algunas cosas.

Ella asintió.

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Yakumo sonrió al darse cuenta de la inquietud que había causado en él.

—Me sorprendió verte aquí… Saitou.

El azabache frunció el ceño mientras su sonrisa se borraba en el proceso —Largo de aquí Sebastián, no tengo ningún asunto contigo —dijo mientras terminaba su copa de un trago y dejaba el recipiente vacío en la barra.

No le sorprendió que de pronto ambos aparecieran fuera del barco y un lugar poco concurrido.

—¿Estás aquí por…? —dijo refiriéndose a Undertake.

—No. Ese vejete de mierda puede hundir el barco si quiere… solo estoy aquí para divertirme.

—Bien, espero que no intervengas entonces…

—También quiero divertirme con el tal Boruto.

Sebastián dejó salir un suspiro —No, deja al muchacho en paz, él tiene un acuerdo conmigo y no es una amenaza.

—¿Crees que porque eres cien años mayor que yo voy a obedecerte?

—Vamos Saitou, nunca te he pedido nada.

Saitou le miró con enojo —Tú y yo fuimos los únicos rechazados de nuestro padre, ambos teníamos algo en común… y luego… luego viniste a la tierra… a mezclarte con estos humanos y a servirles.

—Creéme que las almas así son más deliciosas.

—Eso no me importa…

—Para mí tu eres mi único hermano, nadie más significa nada…

—Cierra la boca Sebastián, has caído con aquél mocoso ¿No?

—Eso es diferente, si algún día necesitas algo de mí puedes buscarme.

—Jamás necesitaré algo de ti.

Sebastián sonrió —Sé que me aprecias también.

—Largo de aquí de una buena vez… o yo mismo hundiré este barco.

Sebastián elevó las manos en señal de rendición —Esta bien, pero es enserio, no le hagas nada al chico —dijo para luego desaparecer entre las sombras.

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Boruto caminó por los pasillos mientras se aseguraba de que nadie más apareciera o lo descubrieran. Estaba en la parte baja del barco, su intención era llegar hasta el lugar de almacenamiento y no tuvo dudas sobre sus sospechas cuando al llegar al lugar, encontró una gran cantidad de ataúdes.

Se ocultó cuando escuchó pasos.

—¿Cuántos son en total?

—Tenemos doscientos cadáveres en total, aunque la mitad esta del otro lado.

—Bien… estoy seguro que lograremos el objetivo principal —habló el tipo en bata blanca —¿Tienes el plan B por si llega a ocurrir alguna falla?

—Si señor, el frasco está en un lugar seguro, solo en caso de que el proceso de mutación no se complete.

—Bien, informaré al señor Undertaker —dijo mientras salía seguido del tipo que hacía anotaciones en una libreta.

Boruto decidió seguirlos.

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Sarada caminaba por la terraza mientras sorbía de su vaso de café, se sorprendió de ver a Sumire grabándose con el celular mientras lo sostenía con un palo de selfie.

—Este lugar… es relajante… creo que hace tiempo que necesitaba unas vacaciones como estas así que… aproveché este viaje. El destino al perecer es la isla de Honshu —comentaba Sumire al video.

Sarada caminó unos pasos hasta ponerse a la vista de ella.

—¿Sarada? —dijo pausando el video—¿Enserio eres tú?

—Si… no lo puedo creer —dijo ella entre emocionada y preocupada, porque estaba al tanto de qe algo estaba por suceder.

Ambas se abrazaron.

—¿Has venido con Boruto?

—Si…

—¿Y dónde lo dejaste?

—Tenía que hacer unas llamadas y yo quería dar una vuelta por el lugar —dijo tranquilamente.

—Entiendo, esto de verdad es una sorpresa, sabía que irían de vacaciones pero no que subirían a este ferri.

—Fue muy repentino, de pronto Boruto me lo dijo ¿Estás aquí por trabajo? —cambió el tema.

—Si —dijo mientras mostraba su celular —es para un reality…

—Bueno, seguro saldrá muy bien —dijo muy animada.

Sumire la tomó de las manos —Vamos a tomar algo… hay algo… de lo que quiero hablar contigo… claro, si es posible…

—Por supuesto Sumire —aceptó la pelinegra.

Ambas enlazaron sus brazos y caminaron juntas hacia la terraza.

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—Joven amo, el efecto del hechizo para desaparecer nuestras presencias va a desaparecer pronto.

Ciel se levantó de su silla y miró por la ventana —No importa Sebastián, Boruto se está encargando ahora de esto, esperemos a que Undertaker salga con el cuerpo de mi hermano.

Un pequeño estruendo y luego un temblor se hizo presente en el lugar.

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—¿Crees en las casualidades?

—Cien por ciento —Sarada no titubeó con aquello.

—Yo… creo que me está pasando algo como lo que le sucedió Boruto…

Sarada se preocupó —¿A qué te refieres? —preguntó con un leve temblor.

—Yo… me han estado sucediendo cosas… yo… he estado muy cerca del peligro estos últimos días y cuando siento que algo me va a suceder… alguien viene y me salva… es… el mismo tipo siempre y… no sé qué decir, tal vez sea coincidencia.

Sarada le miró con la boca abierta procesando todo lo escuchado.

—¿Quién es él? ¿Cómo es?

Sumire negó —No puedo hablarte de él… le dije que no le diría a nadie… descuida, no parece que quiera lastimarme es solo que… —ella bajó la mirada —últimamente siento que… algo va a pasarme en cualquier momento y creo que… si ese es mi destino…

Sarada la miró asustada a medida que ella hablaba ¿Ella sentía que iba a morir?

—Entonces no voy a luchar contra ello…

Un estruendo seguido de un temblor se escuchó en el lugar y el ferri se tambaleó un par de veces.

Sarada reaccionó de inmediato y tomó a Sumire de la mano para refugiarse en un lugar seguro. Las personas de un momento a otro comenzaron a correr de un lado a otro. Sarada miró por todos lados con evidente desesperación percatándose que del otro lado salía humo.

—¡Oh por dios! ¿Qué está pasando? —dijo una alterada Sumire.

—Busquemos a Boruto —dijo Sarada.

Ambas tomadas de las manos corrieron hacia el caos.

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Boruto jadeaba, de pronto ante él había aparecido un tipo extraño, en sí era como un muñeco, uno que tenía vida, su rostro falto de emociones le confirmaba aquello.

—Ellos sabían que alguien vendría a hacer el trabajo de ellos —dijo el muñeco.

Boruto negó mientras soltaba una sonrisa —No, ustedes planean algo totalmente estúpido, y aquí hay personas inocentes que no van a pagar por sus locuras. Llama a t líder y dile que necesito hablar con él.

Aquél muñeco simplemente ladeó el rostro —Es tarde. Todo tiene un orden a seguir —elevó la mano y mostró un reloj de bolsillo —Justo como ahora…

Boruto miró el reloj y se imaginó lo peor, sacó su bastón y lo transformó en una espada, un simple balanceo bastó para que destrozara aquél muñeco por completo llevándose consigo a varios ataúdes, aunque no tantos como hubiera querido. Antes de que pudiera respirar una explosión se escuchó del otro lado del camarote.

De pronto, una descarga eléctrica sacudió toda la parte baja del barco provocando que los ataúdes comenzaran a moverse y de ellos comenzaran a salir los cuerpos putrefactos.

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Yakumo miraba con aburrimiento todo el caos desatado en el lugar. Con las manos metidas en los bolsillos, caminó despreocupadamente entre las personas, tal vez debería tomarse una siesta.

De pronto, sintió un cosquilleo seguido de un leve quejido.

Era ella.

Frunció el ceño y con más prisa hacia a delante, ya sabía dónde ir exactamente.

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Sarada se detuvo y miró a Sumire —Escucha, yo Buscaré a Boruto, hacia donde vamos hay más fuego ¿En qué área está tu suite?

La pelimorada señaló el lado contrario —es por allá pero no pienso dejarte sola.

Y claro que Sarada no quería dejarla sola tampoco, no después de lo que ella le había dicho.

—Está bien… pero si algo malo ocurre debes ir a cubierta y no importa si Boruto o yo no aparecemos, debes irte.

—Sarada… tengo la sensación de que sabes lo que pasa.

—Es complicado pero… esto se va a resolver ¿está bien?

Sumire asintió.

Sarada le sonrió reconfortante —Bien, entonces va….

No terminó la frase, pues unos gritos seguido de gruñidos hicieron a ambas presenciar aquella aterradora escena que se supone no debería estar pasando en la vida real.

Un cadáver devoraba a una mujer y otros más se hicieron presentes en el lugar.

Sarada jaló a Sumire cuando uno más se dirigía hacia ellas —Salgamos de aquí! —le gritó pero ella no parecía reaccionar y no dejaba de ver la escena frente a ella.

—¡Sumire!

Ella pareció reaccionar y aún temblorosa la siguió. Sin embargo, las personas también estaban aterrorizadas por aquello y eso solo dificultó la huida de las chicas.

Al ver que una pequeña había caído al suelo, Sarada no dudó en ir por ella dejando a Sumire oculta tras un mueble.

—Vamos pequeña, levántate —dijo mientras la ponía de pie y trataba de abrazarla, más aquello no duró pues una de esas cosas se había abalanzado sobre ella —¡Corre! —gritó a la niña y esta no dudó en hacerlo mientras que ella forcejeaba con aquel ser.

Sumire se aterró al ver aquello y no dudó en ir con ella, más no pudo llegar pues la fuerza de la multitud le arrastraban al lado contrario hasta perderla de vista.

—¡Sarada! ¡Sarada! —gritó angustiada mientras intentaba luchar contra la fuerza que provoca el terror de las personas. Estaba tan concentrada en tratar de encontrar a Sarada entre la multitud que de un momento a otro sintió como era empujada brutalmente contra un aparador rompiéndolo en el proceso con su cuerpo.

De un momento a otro, dejó de escuchar los gritos para que un zumbido se hiciera presente en su cabeza.

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Saitou se detuvo en seco al ver a Sumire en el suelo semi-incnsciente sobre un montón de vidrios. Frunció el ceño con ira sobre quien fuera que hubiera provocado aquello. Desapareció y apareció a lado de ella, se incorporó y la tomó en brazos. El fuego se expandía poco a poco y los cadáveres que yacían mordidos en el suelo comenzaban a moverse.

Desapareció del lugar y apareció en la habitación de él. La recostó en su cama y observó con detenimiento sus cortes leves en brazos y hombro.

Se cruzó de brazos y gruñó mientras fruncía el seño ¿Qué hacían los humanos para curarse entre ellos?

Paseó su mirada por toda la habitación y buscó algo con que tratar sus heridas. Suspiró al no encontrar nada y segundos después un gemido de dolor llamó su atención. Sumire se removía hasta despertar en un sobresalto, respiraba agitadamente y el haberse movido tan rápido le provocó descomponer su rostro en uno de dolor.

—Tú otra vez… —murmuró ella.

—Eres un desastre —dijo él sin expresión alguna.

—Sarada… ella —dijo mientras salía de la cama con evidente dolor.

—Cuando te encontré no había nadie… solo cadáveres.

Ella negó —Tengo que buscarla! Ella no me abandonaría!

—En primera no sé de quién hablas y tampoco me interesa, solo quédate quieta o sangrarás más —dijo con la voz elevada, que a pesar de intimidarla por unos momentos no se dejó llevar tanto.

—Gracias por… —dijo mirando la habitación a su alrededor —Traerme a un lugar a salvo, no quiero ser una carga, así que…

—Piensa cuanto tiempo vas a durar lúcida y con vida después de perder sangre ¿Crees que le serás de ayuda si llegas a encontrarla? O… ¿Serás una carga?

Ella abrió los ojos con sorpresa al entender de lo que hablaba.

—Ahora —continuó él —Dime… cómo puedo detener ese sangrado.

Ella se miró instintivamente los cortes en sus brazos y su boca formó una mueca, genial, ahora tal vez tendría que operarse para evitar esas cicatrices.

—¿Tienes… un botiquín?

Saitou le miró interrogante.

—¿Es enserio? ¿No sabes de lo que te hablo? —le miró con sorpresa.

—¿Crees que si lo supiera ya te habría curado mientras estabas inconsciente? —dijo mientras hacía una mueca de fastidio, casi formando un imperceptible puchero.

Ella le miró detenidamente, él… había querido curarle pero al parecer no sabía cómo… algo dentro de ella se removió y entonces sintió aquello que creía que no existía:

LAS-MALDITAS-MARIPOSAS-EN-EL-ESTÓMAGO-SI-SEÑOR!

Trató de mantener la compostura —Eh… ¿Tu baño? ¿Sabes de lo que hablo no?

Él rodó los ojos y señaló tras ella —Ahí.

Ella apartó su vista de él y se dirigió al baño, rebuscó entre las cosas de aseo personal hasta que dio con aquél botiquín. Saitou le miraba desde la puerta con los brazos cruzados.

Ella salió de ahí pasando de él lo más rápido que se podía, de un momento a otro, su cercanía le ponía nerviosa, y es que el que un tipo demasiado atractivo y que además era sobrenatural o algo así le protegiera como lo hacía él, no se veía todos los días ¿No?

Antes de poder tomar asiento en la orilla de la cama, algo de humo comenzó a hacerse presente por debajo de la puerta.

—No tenemos tiempo, te sacaré de aquí —dijo sin más.

—Pero… —ella miró el botiquín, no quería arriesgarse a que las heridas se le infectaran y que terminara con cicatrices aún más horribles.

—Hay otra forma de curarte rápidamente.

Ella le miró con sombro —¿Otra forma? ¿Y por qué no lo hiciste antes?

—No lo sé —fue lo único que pudo decir pero sí que lo sabía.

No podría contenerse si hacía aquello y más aún estando ella inconsciente. Él tenía un extraño fetiche con aquello.

Despertar a una mujer con sus travesuras. Siempre había hecho con sus amantes pasajeras.

—¿Qué es?

—Mi saliva es curativa —fue lo único que dijo mirándola directamente.

Ella le miró son nerviosismo —¿Dices que… tú… me…?

—Solo tengo que pasar mi boca por tus heridas y ya.

Ella se alteró —¡Definitivamente no puedo!

—No tendrías cicatrices… al parecer eso te preocupa ¿no?

Ella pareció pensarlo, incluso se sorprendió de verse considerándolo.

—Vamos mujer ¿Quieres o no? El fuego se expande poco a poco —dijo con aburrimiento.

—Yo…

—Estás perdiendo sangre… —presionó.

—¡Esta bien! pero… hazlo rápido ¿quieres?

Él se acercó a ella sin perder más tiempo y la sostuvo de los brazos mientras se encontraba a centímetros de su rostro —No te muevas —susurró.

Ella tragó y desvió el rostro, podía sentir su cercanía —Solo apresúrate…

Saitou ladeó el rostro mientras bajaba a su hombro izquierdo. Acercó sus labios a su herida y comenzó a besar. Ella se removió al primer contacto, más no hizo nada más para moverse.

Los ojos de él se abrieron de repente mientras dejaba ver sus ojos rojos. Su sangre era algo que jamás había probado nunca, era un líquido único y ahora era su droga. Esa mujer, esa humana no era como cualquiera, ella era, según la leyenda, su destinada, la pareja destinada de un demonio.

Cerró sus ojos y se dedicó a disfrutar de curar sus heridas las cuales, a medida que recorría sus labios por sus brazos, iban cerrándose rápidamente.

Sumire mantenía sus ojos cerrados mientras se mordía el labio inferior, luchando contra las reacciones de su cuerpo.

—He terminado —escuchó la voz ahora grave de aquél aún desconocido. Pues no sabía ni su nombre después de todo.

Ella abrió los ojos lentamente y observó sus brazos sin ninguna herida y solo algunos rastros de sangre. Le miró a él sorprendida por aquello y quedó sin palabras al ver aquella devoradora mirada de deseo que este tenía sobre ella.

—Gracias… —dijo con nerviosismo y sintiéndose una verdadera mujer por causar aquella reacción en un hombre. Al ver que este no dejaba de mirarla, ella rompió el contacto y caminó con prisa a la puerta.

Yakumo reaccionó al ver sus movimientos y de pronto no sabía cómo actuar ante ella, tal vez Angélica, su ayudante tenía razón con respecto a que su mujer destina existía y vaya que podía comprobarlo. Después de tratar con cientos de mujeres a lo largo de los siglos… ahora aparecía esta mujer a hacerlo dudar sobre qué hacer, pues por alguna razón, no quería que ella se alejara o se molestara si decía o hacía algo inapropiado ¡¿Pero que mierda?! él no era así.

Caminó hacia ella y la miró con el ceño fruncido evitando que abriera la puerta —Te llevaré a un lugar a salvo.

Ella carraspeó—Tengo que buscar a mi amiga

—Seguramente ya estará muera.

Ella le miró indignada al ver el poco tacto que este tenía al hablar.

—¿¡Pero qué dices!? —sin pensarlo le dio un leve golpe en el hombre ganándose una mirada sorpresiva del contrario —No lo digas! ¡ella está bien! —salió de prisa del lugar.

El demonio bufó y decidió seguirla.

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—¡Boruto! —llamó Sarada mientras entraba de improviso a la habitación de ambos encontrándola vacía.

Sarada estaba agitada, su vestido azul marino veraniego estaba manchado en sangre y portaba en su mano derecha un palo de golf ensangrentado. Sentía angustia y desesperación por encontrar a Boruto y lo haría si esque él no lo hacía primero.