Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 33

Inmediatamente nos desnudamos al llegar a casa, y la boca de Edward se encuentra en todos lados mientras me muestra exactamente dónde quiere tatuarme.

Mi tobillo. Muslo interno. Mi vientre. Mis costillas.

Cuando besa mi frente, me río.

—Nada de tatuajes en el rostro —le digo.

Él baja la mirada hacia mí, entretenido.

—Nada de tatuajes en el rostro —concuerda.

Creo que ha terminado, pero entonces me da la vuelta.

Besa a lo largo de mi pantorrilla. El lugar detrás de mi rodilla. Muslo externo. La curva de mi cuello. Mi hombro.

Con cada beso cariñoso, mi pulso se acelera, y me derrito ante sus caricias, preguntándome dónde irá su boca luego.

Sigo boca abajo cuando se acuesta a mi lado, tirando de mí así estoy pegada a su frente.

Siento sus dedos rozar a lo largo de mi piel, como una pluma sobre mi trasero, antes de abrir mis piernas y sumergir dos dedos dentro de mí por detrás. Jadeo.

—Quiero marcarte por todos lados —murmura, su aliento caliente en mi oído.

—Lo sé.

—¿Lo sabes?

—¿Mmm?

—¿Sabes lo mucho que te amo?

Sus palabras, junto con los movimientos lentos y escurridizos de sus dedos, crean un ardor en mi vientre.

—¿Desde cuándo? —Gimo—. ¿Cuándo lo supiste?

Sus dedos desaparecen, y siento la punta de su polla presionando contra mi coño.

Me pierdo en la sensación por un momento.

—Condón —susurro. No quiero usar un condón, y estoy muy segura que él tampoco pero... deberíamos.

—Mierda. Sí.

Antes de que tenga la posibilidad de moverse, presiono contra él, sintiéndolo entrar lo suficiente que la punta de su polla se humedece conmigo. Quiero tentarlo, y cuando él gruñe, sé que funcionó. Pero es un juego peligroso para mí también. Sería muy fácil dejarlo que me folle así.

Porque quiero eso. Quiero tomar y sentir todo de él.

Escucho un suave, pero desesperado, «mierda» antes de sentirlo abandonar el colchón. Yazco aquí, mi pecho agitado y mi respiración elaborada mientras espero que termine lo que comenzó.

Él vuelve y se acuesta a mi lado de nuevo, inclinando sus caderas así tiene mejor acceso.

—No me dijiste —jadeo, cerrando los ojos mientras se desliza dentro de mí—. Me estás distrayendo con tu polla.

—Mieeeerda. —Su gruñido se transforma en una risa ronca—. ¿Quieres saber cuándo supe que te amaba?

—Sí.

Pellizca mi pezón y lo gira entre sus ásperos dedos, moviéndose extremadamente lento mientras deja besos calientes y húmedos en la parte trasera de mi hombro.

Llevo una mano hacia atrás y dejo que mis dedos se aferren a sus caderas.

—Más rápido. Por favor —ruego.

—Mmm. Quizás.

Entierro mi rostro en su almohada, gruñendo en ella mientras lo inhalo.

—¿Fue la primera vez que me viste? —pregunto, desesperada por saber—. ¿La segunda vez?

Sus risa resuena contra mi piel.

Cariño.

—¿Qu...?

Su mano se arrastra por mi cintura, y presiona sus dedos contra mi clítoris.

—Esa primera noche en tu cama —me dice—. En ese jodido momento lo supe.

—Después que... —Oh. No puedo pensar con coherencia con él tomándome por detrás y con sus dedos trabajándome por delante—. ¿Fue entonces? ¿Cuándo estaba enferma?

—Sí.

Mi corazón estalla porque allí fue cuando las cosas cambiaron para mí también. Pienso en esa mañana y cómo esperaba desesperadamente que hubiera algo más entre nosotros.

Y lo había.

—Pero la primera vez que te vi... —murmura en mi oído, y me estremezco—. Quise esto. Por supuesto que sí. Pensaba en ti... demasiado.

—¿Te acariciabas la polla mientras pensabas en mí? —jadeo.

—Ajá. —Giro mi cabeza, y él captura mi boca en un beso—. No puedo... —Acelera su ritmo y se vuelve errático—. Córrete conmigo.

El deseo de darle lo que quiere toma poder.

Embiste en mí, frotando mi clítoris mientras succiona mi hombro. Deslizo una mano hacia dónde él me está tocando, dónde me está tomando, y siento todo caliente y húmedo entre nosotros. Entonces, llevo esa mano detrás de mi cabeza, deslizando mis dos dedos en su boca. Él gruñe, succionándolos y mordisqueándolos.

—Mierda, cariño —murmura.

—Lo sé —susurro, completamente idea.

Nos corremos juntos.

Recuperamos el aliento.

Y quince minutos después, hacemos todo de nuevo.

xx

El sábado es una ráfaga de besos relajados, manos ásperas, y el mejor sexo que he tenido en mucho, mucho tiempo.

El mejor sexo. Es desesperado, demandante y apasionado. Cuando le cuento a Edward esto mientras nos duchamos juntos, él luce orgulloso, pero algo tímido, lo que me hace reír porque cuando se pierde en el momento, él es todo menos tímido.

Lo deseo por completo.

Esme me dio el día libre, como la facilitadora del sexo que es, y me tomó poco convencer a Edward de reprogramar cualquier cita que tenía hoy.

Casi me siento culpable de hacer que faltara, pero cuando se pone de rodillas y succiona mi clítoris, cualquier rastro de culpa que tenía se esfuma.

—¿Estás seguro de estar de acuerdo con la cena de mi familia mañana? —pregunto, mientras revuelvo unos huevos.

—Por supuesto —dice—. No puedo esperarlo.

Son las dos de la mañana, y recién estamos poniéndonos en marcha para comer. Hicimos una corrida a la tienda para tomar lo que necesitábamos, y mientras estábamos allí, también tomamos los ingredientes para hacer Bloody Marys. O, mejor dicho, él quería hacer un Bloody Marie. El brillo en sus ojos cuando lo dijo fue demasiado adorable como para negárselo. Así que, optamos por tequila en vez de vodka, y cuando lo besé en el pasillo de los licores, su sonrisa engreída estaba allí cuando nos separamos.

—También estoy ansiosa por la cena. Pero estoy muy segura que mi mamá está más ansiosa. Ella ya me ha estado mensajeando varias veces para preguntarme qué te gusta comer, si estás en una dieta especial, y cuál es tu bebida alcohólica preferida.

Él sonríe y usa un tenedor para intentar voltear el tocino.

—No soy muy exigente —dice, y entonces se agacha un poco cuando algo de grasa salta hacia él.

Hace que freír tocino luzca... complicado.

Es entretenido y jodidamente adorable.

—Te dije, puedo hacer esto yo misma —me río.

—Quiero ayudar. Pero esa grasa es jodidademente peligrosa.

Sonrío, sacudiendo la cabeza.

—Yo puedo cocinarnos. Realmente no me molesta. Ve a escribirme más canciones o algo.

Se para detrás de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura y besando mi cuello.

—¿Solo soy bueno para eso?

—Mierda, no —susurro—. Has probado ser bueno para muchas, muchas cosas.

Él muerde mi lóbulo.

—Quieres más canciones, ¿eh?

—Quiero lo que sea que quieras darme. Pero, sí, podemos comenzar con más canciones y tatuajes.

Desliza una mano por el frente de mi ropa interior, dejando que sus dedos exploren por dónde se encontraban hace una hora.

La grasa del tocino vuela hacia mí esta vez, y me estremezco. Él me jala hacia atrás, lejos de la hornalla, riéndose en mi cabello.

—¿Ves? Te dije que era jodidamente peligrosa.

EPOV

Alice me dedica una mirada cuando entro a la tienda el domingo por la mañana, como si estuviera algo divertida y ligeramente crítica.

—No —le digo—. Sé que fue malo de mi parte reprogramar mis citas de ayer, pero simplemente... no.

Muerde unos Cheetos Flamin' Hot y acerca el paquete hacia mí.

—No dije nada, idiota.

—No tenías que hacerlo —digo, metiendo mi mano en la bolsa y tomando un puñado.

Quizás fue malo de mi parte ausentarme, pero no me arrepiento. En absoluto.

Ayer fue jodidamente perfecto.

Ningún lugar dónde estar. Solo yo y Bella. Mi cama. La ducha. Contra la pared. La encimera de la cocina. Contra la otra pared.

Mierda.

No puedo pensar en eso ahora mismo.

Suena el teléfono. Alice lo contesta, y me dirijo a mi espacio de trabajo, asegurándome de que todo esté esterilizado y listo para mi primer cliente. Respondo a varios correos electrónicos y confirmo varias citas. Con veinte minutos de sobra, me dirijo hacia la sala de descanso, pero Alice me detiene en el camino.

—Entonces... —comienza.

Levanto la mirada de mi teléfono.

—¿Entonces?

—No puedes cantar una canción por alguien, básicamente declarar tu amor por ella frente a una multitud, tomarte el día siguiente libre para follarla, y entonces esperes que no quiera hablar de ello —dice Alice, arqueando una ceja.

—Quiero decir... puedo. Espero eso.

Ella pone los ojos en blanco.

—Como sea. Realmente me agrada.

—Y tu aprobación significa mucho para mí —digo con sarcasmo. Pero realmente importa, y Alice lo sabe.

La conozco de antes que Jasper. Fuimos amigos por seis años antes que ella comenzara a salir con él. Eran lo más cercano a una familia que tengo, así que sí, su aprobación jodidamente importa.

—No seas un imbécil —me dice Alice.

—Lo siento —respondo, bajando la cabeza mientras tiro de la parte posterior de mi cuello—. Me alegra que te agrade. A mí también me agrada.

—No me digas, Sherlock. —Es el turno de Alice para ser sarcástica—. Y no tienes que disculparte, solo no la cagues.

—Créeme —le digo, con determinación—. Lo último que quiero es cagarla con Bella.

—Bien. —Sonríe, complacida—. Ahora, ¿de qué iba todo eso sobre Marie?

xx

Echo un vistazo a mi teléfono, sabiendo que mi cita de las dos está por llegar.

Por alguna razón, tengo nervios. Pero de buena forma.

Suena la campana. Escucho una conversación abajo, seguido por una suave risa. Y entonces, Bella sube al desván.

—Hola, tú.

—Hola, Masen. —Está sonriendo, como si estaba esperando llamarme así.

La beso rápidamente, no quiero ser otra persona demasiado afectiva en público ya que hay otro cliente siendo tatuado aquí por Leah.

—¿Dónde me quieres? —pregunta Bella, seductoramente.

Es jodidamente injusto que mi polla responda a eso.

Sonrío engreídamente.

—La silla típicamente es un buen lugar por donde comenzar.

Ella se toma su tiempo para ubicarse, y me siento en mi banco, deslizándome hacia mi escritorio para tomar los bocetos que hice para ella.

—¿Qué piensas sobre esto?

Es una nota musical muy básica, y ella asiente.

—Sí. Es genial.

—También dibujé algo más —admito, y la forma en que se ilumina al escuchar esto me hace sonreír—. Puede que haya Googleado a la banda de tu papá y escuchado algunas de sus canciones. —Mantengo mis ojos en su rostro, observando su reacción, esperando que piense que me he sobrepasado.

—¿Qué?

—Sí. Sé que es algo raro, especialmente ya que he investigado para encontrar su música, pero... no lo sé. Quería escuchar algo de su material. —Ella no luce alterada, mayormente confundida, así que sigo—. Encontré un audio de su canción en un sitio web. Así que dibujé esto. —Le muestro el boceto que hice hace solo una hora, un pentagrama lleno de algunas notas del estribillo. Aún no ha dicho mucho, por lo que me aclaro la garganta—. Como dije... algo raro. Entiendo si quieres quedarte con tu idea original.

Ella niega con la cabeza y suelta un suave:

—No.

—¿No?

—No es nada raro —murmura, su dedos rozando las notas musicales—. Me encanta.

—¿Sí?

—Sí. —Sus ojos se encuentran con los míos, y la emoción que encuentro allí me hace sentir como si hice algo bueno. Sonríe, inclinándose para besarme—. Gracias.

—Lo único es que probablemente no pueda ir detrás de tu oreja. Creo que necesitas un lugar más grande.

—Como... ¿dónde?

—Tu hombro, ¿si quieres? Pero también pensaba aquí... —digo, trazando con mis dedos por debajo de su clavícula—. Estaría genial.

Siento su pecho elevarse y caer bajo mi tacto.

—Okey. —Eso fue fácil—. Hazlo allí —concuerda.

—¿Sí?

—Sí.

—Lo haría definitivamente delicado, nada muy severo. Y simple, por supuesto.

—¿Va a doler?

—Sí —le digo con honestidad.

—¿Qué tanto?

—Diría que las costillas duelen más que todo. El esternón segundo. Quizás la zona de la clavícula tercero. Pero el dolor es relativo. Algunas personas resisten más que otras.

Su pierna rebota, y cubro su rodilla con mi mano.

—Estoy jodidamente nerviosa —murmura con una pequeña sonrisa.

—Está bien. Podemos ir tan lento como necesites.

Se mantiene callada, pensativa.

—Entonces... ¿estás lista? —pregunto, alzando mis cejas.

—¿Estás listo? —desafía.

—Diablos, sí.

Meto el dibujo en mi impresora térmica, básicamente volviéndolo en un tatuaje temporal para colocar en su piel. Corto alrededor de la plantilla, y ella suspira.

—La anticipación me está matando —murmura, cubriéndose el rostro.

Sé exactamente lo que quiere decir.

—¿Tienes puesto algo debajo de eso? —pregunto, señalando a su blusa.

—Sí, una camiseta sin mangas.

—Quítate la blusa, entonces.

Ella deliberadamente mantiene sus ojos en mí mientras se la quita.

Desafortunadamente, no tiene puesto un sostén. Me distraigo con sus tetas más de una vez, pero intento concentrarme. Soy un profesional. He tatuado a personas atractivas, y he tatuado zonas del cuerpo dudosas. Pero esto es diferente. No me he distraído por alguien como con ella. Se siente una vibra eléctrica; cargada.

Bajo una de las tiritas de su camiseta para asegurarme que no se encuentre en el camino.

—¿Cómo te sientes respecto a la sangre? —pregunto casualmente.

Ella se encoje.

—Eh.

—Tomo nota de eso. Es por eso que te voy a recostar —le digo, bajando la silla así puede acostarse—. No necesito que te me desmayes.

Me lavo las mano y me coloco un par de guantes, tomando todo lo que necesito para limpiar su piel. Cuando estoy en mi banco y sentado a su lado, puedo sentir sus nervios irradiando en el aire.

—Puede que esto sea algo frío —le digo, manteniendo la voz suave mientras limpio la parte superior de su pecho y su clavícula con alcohol.

—Se siente bien —dice, y puedo sentir sus ojos en mi rostro, probablemente estudiando mi reacción a su tono ronco. Como si deliberadamente intente provocarme, a pesar de sus nervios. Es algo jodidamente adorable.

—Segundo paso, esta loción ayudará que la plantilla permanezca en lugar. —La froto en su piel, asegurándome que cada lugar esté cubierto, tomándome mi lindo tiempo.

—Eres realmente meticuloso —bromea.

Sonrío engreídamente.

—Tengo que serlo.

—¿Te tomas tu tiempo así con todos tus clientes?

—No. —Dejo que mis dedos se deslicen hacia abajo un poco, en la parte superior de su pecho—. Solo con las que quiero meter mano.

—Entonces... ¿solo yo?

—Solo tú.

Beso su boca, separando los labios solo un poco antes de darme cuenta que es una mala idea.

Ella se sienta firme mientras presiono la plantilla sobre su piel. Después de tener su aprobación de la ubicación, tomo mi máquina de tatuar.

—Tienes que decirme si es mucho, ¿okey?

Ella luce un poco preocupada.

—Okey.

—No estés nerviosa —le digo—. Te tengo.

—De acuerdo. —La preocupación en sus ojos desvanece un poco y es reemplazada por determinación—. Hazme tuya, Masen.

Contengo un gruñido, agacho mi cabeza más cerca de su pecho, y hago exactamente eso.

—Mierda —exclama al primer contacto de la aguja—. Mierda.

—Lo sé, lo sé. Maldecir ayuda, sigue haciendo eso tanto como necesites.

—Uf —suspira cuando comienzo de nuevo. Soy capaz de ir un poco más la segunda vez antes de que suelte un sonido ahogado—. Mierda, amigo.

Observo la piel debajo de su clavícula que solía ser pálida en el pasado volverse de un tono rojo.

—¿Demasiado?

—Solo muy, muy, muy incómodo.

—Pero valdrá la pena —le digo honestamente—. Solo tienes que respirar, ¿de acuerdo, cariño?

Ella inhala profundamente, soltándolo aún más despacio. La dejo hacer eso un par de veces antes de comenzar de nuevo.

—Haré el pentagrama primero, así que tienes que mantenerte muy quieta. Si quieres líneas derechas.

Ella asiente, estremeciéndose un poco.

Cuando la aguja vuelve a tocar su piel, puedo sentirla tensarse, pero me deja seguir sin protestar. Limpio el exceso de tinta y sangre de su piel, echándole un vistazo cada cierto tiempo, captando sus muecas de dolor.

Su labio inferior entre sus dientes.

Ojos cerrados con fuerza.

Luce increíblemente similar a su rostro cuando la hago correrse. Esa comprensión hace que mi polla se retuerza.

Me aclaro la garganta.

Termino las cinco líneas horizontales, dejándole saber que lo está haciendo jodidamente bien. Cuando voy a añadir la clave de sol, ella suelta un sonido mitad gemido y mitad quejido. Definitivamente se refiere a un sonido de dolor. Pero a mi polla traicionera no le importa, le gusta un poco demasiado.

Necesito un minuto.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—Solo te doy un pequeño descanso.

Ella baja la mirada, su pecho subiendo y bajando mientras admira las líneas a lo lejos.

—Lentamente está tomando vida en mi piel —murmura.

—¿Sigues bien? —pregunto.

—Mmm. Creo que tenías razón. Detrás de mi oreja hubiese sido demasiado.

—Por supuesto que tenía razón —digo engreídamente.

—Okey, okey. —Empuja mi hombro con su rodilla—. Vuelve a ello.

—Okey. Eh. No quiero que dejes de hacer lo que debas para tolerar el dolor. ¿Pero puedes contener un poco mantener los sonidos?

—¿Qué quieres decir?

—Estás... eh... gimiendo, y es...

Lo entiende y su sonrisa seductora no ayuda tampoco.

—Lo intentaré. Pero, quiero decir... lo que haces me está excitando también. No puedo evitarlo.

—Bell.

—¿Qué? —pregunta, inocentemente.

—¿Realmente te está excitando? —pregunto, bajando la voz.

—Desafortunadamente, no. Duele mucho —se ríe.

—Me estás matando —murmuro, volviendo a trabajar.

Termino al clave de sol, lo que dura un más de lo que pensé que necesitaría para que salga bien. Cuando comienzo con las notas musicales, ella sisea y se retuerce. Levanto la mirada hacia ella, preguntando si quiere que me detenga, pero ella simplemente sacude su cabeza.

—Casi termino —prometo.

Después de un poco más de una hora y de añadir unos detalles improvisados, está terminado.

—Eso fue duro —dice, aliviada de que haya terminado.

—Lo hiciste bien, cariño. Esa área nunca es fácil. —Acerco un espejo y le muestro el producto terminado, observando su rostro mientras estudia mi arte—. ¿Qué piensas?

Sus ojos se mueven del espejo a su piel, mirando de un lado al otro antes de centrarse en mi rostro.

—Me encanta —murmura, admirando mi trabajo—. Es perfecto.

—Luce jodidamente sexy en ti.

—¿Porque tengo tinta en mi piel o porque es tuyo?

—Ambos. —Está por sentarse, pero presiono una mano sobre su estómago—. Quédate allí. No he terminado contigo. —Tomo una foto de mi trabajo, y me coloco guantes nuevos, limpiándola una vez más antes de cubrir el tatuaje con una bandita adhesiva transparente.

—Oye —dice Bella, captando mi mirada.

—¿Sí?

—Gracias. —Me besa profundamente, manteniendo su rostro cerca del mío—. Esto significa mucho para mí.

Mi pecho se siente algo raro y vuelvo a colocar la tira de su camiseta en su lugar.

—¿Entonces no piensas que fui un completo acosador por buscar la banda de tu papá?

—Oh, cien por ciento acosador. Nunca te dije el nombre de su banda —se ríe—. Pero me encanta. Te amo.

Amo escucharla decir eso.

—Si me dijiste el nombre de su banda —le recuerdo, quitándome los guantes.

—¿Sí?

—Sí. En nuestra primera cita o lo que sea. En tu casa.

—¿Recuerdas que te dije eso? —pregunta suavemente.

—Por supuesto que sí.

—Y te refieres a esa noche como una cita —bromea, sonriendo con cariño.

—¿Cómo te refieres a esa noche?

Ella luce un poco avergonzada.

—La noche en que nos emborrachamos con vino y nos restregamos.

Suelto una carcajada.

—Supongo que soy un poco más romántico que tú.

—Supongo.

Nos sonreímos al otro.

—¿Puedo sugerir algo para tu próxima cita? —pregunto, y ella asiente—. Programémoslo para después del cierre. Así solo somos...—Echo un vistazo alrededor—. Nosotros.

Noto que sus ojos se oscurece y no puedo esperar a llevarla a casa.

—Bien por mí.


Aww, yo quiero más tatuajes ahora...solo si me los hace Edward jajaja

Subí la foto del tatuaje en mi grupo :)