Capítulo 29: Titán Acorazado y Titán Colosal (Parte 1)
Con seriedad, los ojos de _ no podían dejar de ver aquellas reconocibles marcas alrededor de ese rostro. Pequeños surcos curvilíneos que recorrían ambos lados de la cara. Las marcas de una transformación titánica. Otro individuo más portaba aquel poder. Pero esta vez no uno de los ya conocidos, sino Ymir. Una diminuta sorpresa. Nótese la ironía. De acuerdo con lo declarado, durante el asedio que habían sufrido los cadetes de la 104; ante esa situación tan extrema, no había tenido otra opción. Se había quitado la máscara y sacado a relucir su verdadero poder, salvándolos de una muerte muy segura a manos de otros titanes, acabando con casi todos ellos antes de que el Cuerpo de Exploración acudiera a su rescate. Como consecuencia de su lucha en solitario, su brazo y pierna derechos fueron devorados además de que sus órganos internos, en aquellos instantes, se encontraban completamente destrozados, sufriendo una grave hemorragia interna. Por suerte para ella, era una usuaria del poder, por lo que no llegaría a ser mortal.
Aun así, _ intentó por todos los medios ahorrarle el sufrimiento, administrandole un anestesiante que le permitiera regenerarse con tranquilidad, mientras escuchaba a lo lejos a Christa, no, ahora Historia Reiss, defender con uñas y dientes la inocencia de su amiga, justificando su silencio y engloriando sus heroicos actos. Tras unos instantes, la conversación pareció llevar a buen puerto, pues aparecieron tras la espalda de _, mientras ella continuaba atendiendo a Ymir. Historia se arrodilló al lado de la morena, mirando a la paciente con un leve deje de preocupación en sus ojos.
-¿Cómo está Ymir, pequeñaja?- Preguntó Hange de pie, ganándose primero un chasqueo de lengua por parte de _, molesta por ese maldito mote.
-Pues por ahora sigue inconsciente- Le informó la morena, repasando lo que hasta ahora había observado en la castaña- Además de las otras lesiones, no tiene fiebre ni se encuentra especialmente fría. Por otro lado, a pesar de que no tengo medios para tratar las heridas tanto externas como internas, de ellas está empezando a salir el humo, lo cual significa que se está regenerando- Historia, sin importarle poco quien estuviera delante, acarició suavemente el rostro de la castaña tendida, ganándose una mirada de _. Había reconocido ese gesto, el cual distaba mucho de un sentimiento de amistad.
-Bueno, lo primero es llevarla de vuelta a Trost para que la traten como es debido- Dijo la chica de gafas con seriedad.
-Estoy de acuerdo- Asintió _, volviendo a cubrir con la capa del Cuerpo de Exploración a Ymir, protegiéndola un poco del repentino clima tan frío y húmedo, antes de levantarse y dirigir su atenta mirada hacia donde se encontraba Eren.
A bastante distancia de ellas, el castaño ayudaba con una tranquilidad irreal a subir al resto de soldados. Justo detrás de él, Reiner y Bertholdt se encontraban sentados en los raíles que recorrían la muralla, de vez en cuando dirigiendole la palabra a Eren. Una tensión repentina creció por el cuerpo de _, mientras, con una mirada de Hange, ambas se dirigieron hacia el lugar, sin poder perder de vista los movimientos de los dos cadetes sospechosos. Por ahora ninguno de los dos se había comportado de manera extraña, pero… Todavía existía esa duda palpitante en los corazones de los enterados.
Cuando estuvieron a la altura del grupo, el resto de cadetes de la 104 habían logrado subir, por lo que al verlas, giraron sus rostros en su dirección.
-Ya hablaremos de lo de Ymir más tarde. Y Connie - Hange dirigió su mirada al chico rapado- pienso enviar a un grupo de exploración a tu pueblo más adelante- Por lo que les habían contado, parecía que los titanes habían alcanzado el hogar del chico. No obstante, había algo extraño; pues en ningún momento se observó ningún signo de pelea (a excepción de las casas destrozadas) o sangre desperdigada además de que los caballos se encontraban tranquilamente guardados en los establos, sin haberlos cogido para huir- Pero por el momento necesito que te concentres en reparar el muro- La castaña dio unos pasos hasta el chico y, entonces, alzó su mano y la depositó sobre su hombro, infundiendole ánimos y valor- ¿De acuerdo?- Connie asintió firmemente, ganándose una pequeña sonrisa de Hange.
De pronto, a lo lejos se empezó a escuchar el sonido de unos cascos chocando contra el suelo, causando que la amena conversación se viera interrumpida. Alguien venía. Y no sólo a juzgar por el ruido. Un poco curiosa, _ acercó al borde de la muralla, seguida del resto del grupo, y observó desde las alturas cómo, de entre una arboleda, una tropa de Guarnición, compuesta por varios jinetes, cabalgaba acercándose hacia la muralla donde se encontraban. Conforme más se aproximaron, de entre los rostros encogidos por la preocupación, uno de ellos le fue reconocible a _ y a los chicos de Shiganshina: Hannes. Seguramente vendrían a indicarles la localización del agujero que tanto caos había causado.
No obstante, cuando subió el hombre a la cima de la enorme estructura e informó a duras penas la situación, las noticias fueron poco esclarecedoras: a pesar de haber estado durante toda la noche cabalgando en su búsqueda desde Trost hasta Krolva, no encontraron ningún boquete. Ni ellos ni el otro grupo. Nada. Ante las palabras de Hannes, los rostros de todo el mundo, incluida _, se desencajaron de la completa confusión. Si no había por ningún lado un agujero que permitiera su entrada… ¿Entonces… de dónde venían los malditos titanes? Aquello no tenía sentido, no podían haber surgido como si fueran hongos en el bosque. Algo estaba pasando, algo que desconocían y aquello lo que hacía era causarle frustración a _. Se sentía demasiado peligroso y extraño como para pasarlo por alto. Eso gritaban sus sentidos más primitivos en su cuerpo.
Hange, tras unos segundos pensativa, se dio la vuelta para encarar al resto de su tropa.
-Si no hay daños, no nos queda otra- Murmuró la castaña rascándose la barbilla- ¡Nos retiramos al distrito de Trost!-Los soldados asintieron. Y con esa orden, parte de los presentes se puso en marcha para irse del lugar mientras que los chicos de Shiganshina y _ se quedaron junto con Hannes.
-En cualquier caso, no bajéis la guardia- Les aconsejó el rubio de mediana edad- Nosotros volvemos ya.
-Descuida, iremos con los ojos bien abiertos- Le aseguró _, asintiendo seriamente. Al parecer él tampoco sentía completamente seguro con esa situación.
Con un asentimiento muy serio, Hannes se dio la vuelta hacia el borde de la muralla y saltó al vacío, frenando su caída con su EMT, dejando una estela de humo hasta aterrizar en el suelo, junto a su caballo. Los cuatro observaron su marcha hasta perderlo con el alcance de su vista, al internarse de nuevo en el bosque; unos pensativos y otros con un leve gesto de confusión. _ entonces, suspiró pesadamente, sintiendo un leve dolor de cabeza en la nuca. Se sentía muy estresada y cansada, como si de repente tuviera más años en su cuerpo. Tantas sorpresas, revelaciones e incógnitas harían que un día de estos su cerebro explotara en una sobrecarga de emociones.
-Vamos, no hacemos nada aquí-Les dijo a los chicos con un tono casi exhausto, haciéndoles un gesto con la mano. Sin más, inició la marcha para reunirse con el grupo de Hange que les había adelantado por un par de metros, siendo seguida por un Armin, que balbuceaba sus pensamientos en voz alta, y una Mikasa inmutable.
Una especie de sensación eléctrica causó de repente que el cuero cabelludo de _ se erizara como el pelaje de un gato, alterando todos sus sentidos. Como si de un chispazo lo encendiera, su corazón aceleró su pulso, dropeando poco a poco adrenalina a sus venas. Lo conocía. Había sentido aquello con anterioridad. Frente a la muerte y frente a Levi, aquel era el grito de alarma de su cuerpo ante una situación peligrosa. Sin que Armin y el resto lo notaran o no le dieran importancia, sus pies se plantaron en el suelo mientras sus ojos empezaron a recorrer el lugar con la intención de localizar la amenaza "¿Nuevos titanes?" pensó de manera ansiosa dirigiendo sus orbes hacia ambos horizontes, pero nada. No había ni rastro de aquellos monstruos "¿Me habré vuelto loca?" Entonces, noto a Mikasa a un metro aproximadamente de ella, que también había detenido sus pasos y, en ese momento, mantenía su mirada afilada, como las cuchillas que apretaba del mango, todavía guardadas en la vaina pero listas para luchas, de reojo hacia atrás. Siguiendo el recorrido de sus ojos, vio como un poco alejados de ellas dos, Eren junto a los dos sospechosos hablaban. Eren. Un solo vistazo bastó para que la morena lo comprendiera. Con el rostro oscurenciendose y con movimientos lentos y disimulados, se aproximó a la otra morena, dándole una rápida pero entendible mirada cuando estuvo a su altura mientras también depositaba sus manos en sus armas. Todo su cuerpo se tensó, preparándose.
La actitud corporal de Reiner cambió totalmente en un mísero instante, pasando de una tranquilidad y serenidad propia del rubio a mostrar su verdadera y absoluta cara: agresividad y desesperación. Bajo la estupefacta mirada del castaño, Reiner sacó del cabestrillo que había llevado todo este tiempo protegiendo su brazo herido dicha extremidad, mostrando como de las marcas de la dentadura del titán que lo había mordido brotaban finas columnas de vapor y chispas de calor. Titán. Ante aquella imagen, la sangre de _ se heló. Suficiente. Ya no necesitaba más pruebas. Reiner era un enemigo. Era el cómplice de la Titán Hembra. Y justo cuando este dio un paso en dirección hacia Eren, de la espalda de este, dos furias azabaches surgieron con las armas alzadas contra ambos y los ojos ardiendo.
Mientras Mikasa se enfrentaba a Reiner, _ avanzó a una velocidad de vértigo hacia el otro individuo desarmado. Bertholdt viendo como su exentrenadora se abalanzaba sobre él con una actitud homicida, intentó protegerse colocando frente a él sus brazos. No obstante, _ era demasiado rápida para sus reflejos por lo que ese acto no sirvió de nada cuando de su yugular empezó a brotar sangre y vapor. Había sido cortado por el filo de la morena. Dando un giro sobre sí misma, volvió a la carga para rematarlo en el suelo, impulsandose con fuerza hacia el frente con uno de sus pies, tras el chico después de haber caído entre alaridos de dolor. Sin ningún tipo de miramiento, pateó las manos del chico apartandoselas de manera brusca, que agarraban su cuello en un intento de detener la hemorragia, causando que sus pantalones se mancharan de aquel líquido ardiente y rojizo y, entonces, con decisión, alzó la cuchilla dispuesta a atravesarle la tráquea.
-Di adiós, maldito bastardo- Murmuró con una furia fría mientras sus pupilas se encontraban encogidas en sus cuencas. No había venganza en sus acciones, sino un instinto primario de protección a sí misma y del resto.
Con un amago, bajó su arma hacia el chico que la miraba con los ojos teñidos de terror. Sin embargo, una enorme masa la empujó justo antes de que pudiera clavarlo. Tanta fue la fuerza bruta con la que fue apartada, que sin poder agarrarse a ningún lado para detenerlo, rodó un par de metros hasta caer de la cima de la muralla. De la boca de _, surgió un grito de impresión cuando se vio de pronto suspendida en el aire. En un movimiento completamente instintivo, accionó el mecanismo y los ganchos salieron disparados contra los muros, clavándose profundamente. Su cuerpo, ante la retención que hicieron los cables de la velocidad de la caída, sufrió parte del rebote, causando que soltara un pequeño gemido de dolor al sentir el impacto. Aun así, a pesar de que le había dolido muchísimo y seguramente amanecería con hematomas en todas las partes donde los cinturones la sujetaban, se había salvado de una muerte segura. Jadeando por el esfuerzo y el miedo, colocó las botas sobre la pared y alzó la vista hacia arriba, viendo como a un par de metros sobre su cabeza, estaba Mikasa también anclada. Al parecer Reiner había conseguido sacarsela de encima y lanzarla fuera de la muralla. Chasqueando la lengua con rabia y frustración, no perdió tiempo y se dispuso a ascender. No obstante, antes de que pudiera hacer algo, un enorme relámpago resonó e impactó en el lugar, iluminando y levantando potentes ráfagas de aire que consiguieron cegar y sacudir a las dos morenas con mucha violencia. Un profundo y constante pitido empezó a sonar dentro de los tímpanos de _, mientras se agarraba con toda la fuerza que disponía a los cables que la mantenían todavía con vida. Mientras el viento causaba sus estragos, un par de costillas surgieron de la cima destruyendo parte de la muralla, provocando que enormes pedazos de roca empezaran a caer hacia abajo. _ dejando ir el aire de sus pulmones, se impulsó con sus botas, esquivándolos como pudo pues sus ojos todavía no se habían acostumbrado. Y cuando volvió a alzar la vista, ya más recuperada, el maldito Titán Acorazado y el Titán Colosal habían completado su transformación, apareciendo en su campo de visión. Una enorme masa de puro músculo se removió en la cima provocando más destrucción mientras que el titán recubierto de aquella armadura, de pronto, saltó de la muralla y descendió de esta, llevándose por encima todo el material al intentar frenar la caída. Una furia descontrolada sacudió el cuerpo de _ al ver aquel ser. El maldito hijo de puta quería huir.
_ encogió el gesto.
-¡Mald-
Otro relámpago cayó del cielo impidiéndole terminar aquella maldición. El mismo viento y luz azotaron el lugar, obligando una vez más a _ a permanecer todavía enganchada en la muralla. Sin embargo, de aquella tormenta, surgió un pequeño titán con pelo castaño, emanando un enorme rugido de ira. "¡EREN!" De un potente puñetazo, cargado de todos sus más oscuros sentimientos, mandó a volar al Titán Acorazado contra las paredes de la sólida estructura, rompiendola en el proceso. Acto seguido, ambos aterrizaron en un golpe duro al suelo, destruyendo parte del terreno y levantando tierra que ascendió casi hasta la misma altura que la muralla, provocando que ambas morenas tosieran ahogadamente por unos segundos. Aquel impacto sacudió al completo la superficie a la cual estaba enganchada, causando que más piedras cayeran irremediablemente. Por suerte, ninguna acertó. Segundos después de haber tocado tierra, los titanes empezaron una lucha encarnizada, en la cual Eren parecía llevar la desventaja absoluta contra el otro individuo. Con impaciencia, _ levantó su mirada hacia arriba, en dirección hacia la otra morena que también observaba la reyerta.
-¡MIKASA, HAY QUE AYUDAR A EREN!-Gritó la más mayor de las dos, señalando con el dedo índice al chico que justo había aterrizado al suelo tras un buen golpe por parte del otro. La chica de la cicatriz asintió también nerviosa.
Ambas desengancharon sus EMT de la muralla y, emitiendo bastante gas, avanzaron hasta alcanzar la espalda del Titán Acorazado, que en esos momentos caminaba hacia un Eren tendido en el suelo, con una enorme herida humeante en un lado de la cara. Mientras que la más joven de las dos, atacó el punto débil de este, _ intentó rebanar los tendones de ambos pies, con la intención de restringir su movimiento. Pero ambas fracasaron y sus cuchillas se quebraron ante la dura armadura que recorría el cuerpo de ese titán.
Previniendo un contraataque, _ emitió gas para alejarse lo máximo posible de este y, entonces, se permitió chasquear la lengua, completamente frustrada. Ni los puños de Eren transformado ni las cuchillas parecían afectarlo. Por más que lo intentaran, una y otra vez, tanto los nudillos del titán de pelo castaño como las armas de ambas siempre se rompían. No eran rivales. Y conforme más peleaban, más nervioso y más perdía el control el chico de su titán. Aquello se hizo más consciente cuando, sobre la copa de un árbol, _ observó como Eren emitió un potente rugido y se lanzó al ataque, en un enfrentamiento de puños contra el Titán Acorazado. El aire se salió de los pulmones de la morena, viendo con mucho miedo y preocupación en un futuro no muy lejano la completa derrota de Eren. Sin embargo, para sorpresa de todos, con mucha rapidez y habilidad, el chico se agachó y movió su cuerpo hacia la izquierda, esquivando el golpe y encerrando en una llave con sus brazos la parte superior del tronco de Reiner. Entonces, empujándolo con su pie, hizo tropezar al enorme monstruo, provocando que juntos cayeran de nuevo en el suelo, con Eren sobre este. Una tras otra, el castaño fue haciendo llave tras llave, consiguiendo romper parte de la armadura del Titán Acorazado hasta finalmente arrancarle uno de sus brazos. Una oleada de alivio recorrió el cuerpo de la morena, pues parecía que el castaño había encontrado la clave para plantarle cara.
De pronto el sonido de un EMT expulsando gas hizo que la morena girara el rostro, desviando su atención de la pelea que estaba teniendo lugar, y, en una rama continua, aterrizó Hange, con el rostro tenso. A duras penas consiguió mantener equilibrio, viéndose forzada a agarrarse con una mano a otra rama.
-¡Pequeñaja, tienes que irte de aquí!-Exclamó la castaña pasando su mirada de _ a los dos titanes, vigilando sus movimientos- ¡Es demasiado peligroso estar tan cerca de su alcance!
-Pero…¿Eren…?-Mustió mirando la espalda musculada del titán, con un pequeño tinte de preocupación. No quería dejarlo solo. No en completa inconsciencia, donde solo parecía reaccionar de manera instintiva.
-¡Ahora mismo, nosotras somos un estorbo para él!-Intentó hacerle entrar en razón, posando una mano en el hombro de la morena mirándola con un poco de urgencia-¡Así que hagámosle las cosas más fáciles y volvamos a la muralla!
Manteniendo la mirada con Hange por unos segundos, al final hizo que _ cediera, chasqueando la lengua. Aunque le fuera duro, tenía razón, debía alejarse de él. Con el corazón latiendo aceleradamente, siguió a la castaña hasta la enorme estructura, clavandose junto a otros soldados que observaban la pelea con miedo. Minutos después, Armin y Mikasa regresaron junto a un soldado rubio con gafas y, para sorpresa de todos, Eren les siguió. Parecía ser que había recuperado la consciencia y prefería huir que pelea. No obstante, no muy lejos, Reiner, insistente, avanzaba envuelto en vapor hacia su dirección, recuperándose paulatinamente de sus heridas.
-¡Maldito pesado de mierda!¡No nos dejará en paz!-Exclamó la morena dirigiendo sus ojos hacia Hange, la cual miraba la situación con los labios apretados.
-Es verdad. Si queremos huir, tenemos que pararle los pies de alguna forma…-Murmuró la castaña de manera distraída. De pronto su rostro se iluminó, como si todas sus dudas se hubieran esfumado en un instante- ¡Eso es!¡Hay que pararle los pies!
Y, recibiendo una mirada de completa incomprensión por parte de _ y un grito de Moblit, la castaña se soltó de la pared y avanzó hacia Eren, donde aterrizó sobre su hombro y empezó a hablar con él tras haber ganado su atención ¿Qué cojones acababa de pasar? ¿Qué se le había pasado por la cabeza a Hange? Cuando regresó, al cabo de unos minutos, se encontró con las miradas de todos los presentes exigiendo explicaciones.
-Le he dicho que para detener a Reiner y ganar tiempo para escapar, necesita utilizar las técnicas de antes pero centrándose en las piernas- La castaña centró su vista en el titán Eren, el cual alzaba los puños, dispuesto a enfrentarse al otro repleto de aquella molesta armadura. De pronto, sus mejillas se sonrojaron y una sonrisa de bobalicona adorno su rostro. Dándose cuenta de su propia actitud, se cogió de ambos lados de la cara, desviando un poco la vista bajo la petrificada mirada del resto de soldados- Y, no lo vais a creer, pero... me ha contestado…
Pero antes de que pudiera _ o alguno de los otros contestarle, un fuerte sonido se escuchó en la dirección donde estaba teniendo lugar la pelea, ganando la atención de los presentes. Había sonado como si de pronto un metal se hubiera partido en dos y cayera pesadamente al suelo. Y más o menos fue eso, porque, de repente, la velocidad lenta del Titán Acorazado se fue acelerando hasta alcanzar a Eren, placando con dureza y rapidez contra la muralla. _, viendo todo desde arriba, dejó ir el aire, impactada por la brutalidad del ataque. Nuevamente en el suelo, Eren esquivó un duro puñetazo y ,entonces, siguiendo las órdenes de la Mayor, recogió con sus piernas musculadas las del otro titán, haciendo una llave que le impidiera tener libertad de movimiento. Pero eso no evitó que el otro no siguiera atacando. Más puñetazos le llovieron, manteniéndose en aquella posición para nada ventajosa. Por suerte, de una patada lo mandó lejos, aprovechando ese momento para volver a erguirse.
-¡No os quedéis quietos, moveros!-Gritó Hange viendo aquel receso como una oportunidad para salir del lugar-¡Tenemos que asistir a Eren!¡Llevad mucho cuidado, son muy rápidos!¡Un golpe podría ser fatal!
A la orden, todos los individuos que se habían enganchado en la muralla se impulsaron y empezaron a sobrevolar el perímetro mientras ambos titanes continuaban en su ardua pelea. Desde las alturas, _ se fijó en como el Titán Acorazado parecía menos grande que antes, además había algunas partes de su cuerpo que ya no estaban recubiertas de aquel material dorado tan duro. Seguramente esa sería la razón de su repentina velocidad: se había deshecho de su armadura para ganar velocidad. Lo cual significaba que, como consecuencia, en aquellos momentos, tenía un punto débil. Como si le hubiera leído la mente, Mikasa, tras Eren agarrar por los hombros y resquebrajar la protección de la espalda de Reiner, aprovechó la posición boca abajo de este para cortar los tendones de detrás de sus rodillas, inutilizando parcialmente sus piernas. Fue de aquella manera porque en un último esfuerzo por liberarse de la férrea inmovilización del chico castaño, el Titán Acorazado empezó a arrastrarse con todas sus fuerzas por el suelo, llevándose consigo a Eren. _ siguiendo el desplazamiento, se enganchó de nuevo en la muralla, esperando la oportunidad de lanzarse contra la espalda de Reiner y cortarle la nuca. Desde las alturas, vio como parte de la coraza ya resquebrajada que cubría ese punto débil, de las grietas, el vapor empezaba a salir como si de un géiser se tratara. Faltaba poco para desprenderse del todo, _ estaba segura. Con impaciencia, sacó de las vainas unas nuevas cuchillas, preparándose para el ataque cuando, al parecer las últimas fuerzas de este se vieron completamente mermadas y se paró justo debajo de ella. No obstante, aquella postura le dio una repentina mala sensación. Podría haber ido hacia otro lado, alejándose de los exploradores acechantes para lanzarse contra él; y, sin embargo, se había acercado a la muralla, donde más peligro había. De pronto, el titán soltó las partes que retenían a su mandíbula, que cayeron pesadamente sobre la tierra, y abrió su enorme boca dentada de donde surgió un grave grito que logró sacudir a todos los presentes y paralizar cualquier tipo de pensamiento de sus mentes.
-¡Controlad los alrededores!-Gritó Hange causando que reaccionaran y salieran de su ensimismamiento con el sonido de su voz- ¡Ha llamado a los titanes!
Con ansiedad, _ dirigió sus ojos hacia el horizonte, con el temor de que entre las copas de los árboles que había en la lejanía de repente un grupo de cabezas surgiera. "¿Ese es su plan? ¿Evitar que lo capturemos llevándonos consigo?" pensó con molestia, sin despegar sus ojos "Maldito cobarde". No obstante, al cabo de unos minutos, no apareció ningún titán. Había fracasado. Un regocijo de satisfacción sádica burbujeó en su pecho sin que ella pudiera evitarlo, volviendo su mirada hacia ambos titanes, pero sobre todo, hacia Reiner. Jaque mate. De las grietas, empezó a brotar sangre a chorros mientras el Titán Acorazado no dejaba de gritar de dolor. Esta vez, la Humanidad parecía haber dado un paso agigantado.
Y a la vez, retrocedió dos.
-¡POR ENCIMA!¡CUBRÍOS!
Guiada por aquel grito, _ alzó de golpe la vista viendo, completamente impactada, una enorme masa de músculos y huesos descendía a gran velocidad en su dirección, con una enorme boca abierta y repleta de dientes. Y, cuando esta rebasó a sus compañeros y a ella misma, segundos después, un gran impacto azotó el perímetro. Tierra, viento y vapor se elevaron por los aires, provocando que gran parte de las personas que se encontraban en las cercanías sufrieran las consecuencias. Instintivamente, se protegió la vista con un brazo mientras que a su cuerpo pegándose contra la pared, resistiendo a duras penas el zarandeo. Por suerte, sus ganchos aguantaron. Al contrario que otra persona. Un grito de sorpresa muy conocido causó que entreabierta los ojos con dificultad y viera como Hange, que en todo momento estuvo más abajo que ella, salir volando por los aires. Ante aquella visión, su corazón se detuvo por unos instantes por miedo a que pudiera pasarle algo y, entonces, reaccionó con velocidad, logrando cazar por el antebrazo a la castaña, sin importarle que se le pudiera meter algo en los ojos por haber utilizado el mismo brazo.
-¡Hange, agárrate bien!-Gritó entrecortadamente la morena haciendo toda la fuerza que pudo para atraer a la castaña hacia ella.
-¡_!-Exclamó con un tono de sorpresa y alivio. Teniendo una genial idea, Hange emitió gas de su EMT, propulsandose hasta impactar contra _, consiguiendo que ambas se mantuvieran con las cabezas juntas y pegadas a la superficie mientras todo pasaba.
Después de unos segundos, el humo y el polvo amainó permitiendo a los soldados observar la terrible escena que estaba ocurriendo bajo sus pies. Entre el vapor procedente de la cáscara vacía que era en aquellos momentos el Titan Colosal, junto a él, Reiner mordía a Eren en la nuca, desprendiendolo de su transformación titánica y, entonces, se incorporó, marchándose a carrera, siendo seguido por EMT por Bertholdt, quien llevaba a una inconsciente Ymir entre sus brazos.
Viendo como aquel titán se marchaba con el castaño, el corazón de _ se encogió en su pecho y el pánico se disparó por sus venas.
-¡EREN!-Gritó con desesperación haciendo un amago por impulsarse e ir tras de ellos, estirando su extremidad hacía su dirección, como si pudiera alcanzarlo. No obstante, unos brazos consiguieron retenerla en el sitio.
-¡_, no!
