Capítulo 46
Neji estaba tumbado en medio del bosque con los ojos cerrados.
Los colores danzando en el cielo, de los que un rato antes había disfrutado, era algo que a Tenten, su mujer, le habría encantado ver.
Todavía recordaba los días con ella. Su risa. Su manera de disfrutar de la vida, su manera de quererlo. Toda ella había sido siempre alegría y tenacidad, y, emocionado, abrió los ojos y miró al cielo, que ya se había oscurecido, mientras murmuraba:
—Mi vida, bailarás eternamente para mí.
Y, acto seguido, acongojado y abatido por la terrible pérdida, rompió a llorar.
Se decía que los hombres no lloraban, pero él sí lo hacía. No podía controlar la terrible tristeza que la pérdida de su mujer le había ocasionado, y lloró con desconsuelo mientras sentía que necesitaba un abrazo de aquella mujer que ya nunca más podría dárselo.
Cuando finalmente se calmó y se secó las lágrimas, se levantó pesaroso. Pensar en regresar a la fortaleza de Rasa no era lo que más le apetecía, pero debía volver. Sakura estaba allí.
En su camino oyó cascos de caballos. El puerto de Inverness estaba cerca y sin duda era un lugar tremendamente concurrido.
Pensó en Sakura y sonrió. Aquella pequeña pelirosa había conseguido llegar sana y salva a tierras extranjeras, y saber que Sasuke Uchiha la protegía le daba algo más de tranquilidad.
Una vez llegó a las inmediaciones de la fortaleza, decidió acercarse a las caballerizas. Deseaba ver a Unne y al cachorro de lobo antes de irse a dormir.
Pero, al entrar, rápidamente llamó su atención no ver la yegua.
¿Dónde estaba?
Se acercó hasta su cuadra y, al ver que allí sólo estaba el pequeño lobo en su redil, se inquietó.
De inmediato, miró hacia el lugar donde debía estar el caballo de Temari y, al no verlo tampoco, murmuró:
—No, Saku... No..., no..., no...
A toda prisa, corrió hacia la fortaleza y, al entrar, vio que la fiesta se había acabado. Los criados recogían copas y platos. Y, dispuesto a buscar a Rasa, se volvió cuando se lo encontró de frente con dos de sus hijos.
—Neji, ¿qué te ocurre? —preguntó el hombre al ver su gesto descompuesto.
—¿Dónde están Sakura y Temari?
Rasa suspiró y respondió negando con la cabeza:
—Ah..., esas muchachas son complicadas, ¡muy complicadas!
—¿Dónde están?
—Creo que en la habitación de mi hija.
—Sí —afirmó Kankuro—. Me consta que están allí porque las vi entrar tras la discusión con Naruto.
—Por Odín, ¡ni me lo recuerdes! —protestó Rasa.
Sin tiempo que perder, ni de preguntar el motivo de la discusión, Neji corrió a la primera planta de la fortaleza.
Rasa, Kankuro y Gaara lo siguieron sin entender nada y, al llegar a un pasillo donde había varias puertas, Neji preguntó:
—¿Cuál es la habitación de Temari?
—Pero, muchacho, ¿qué ocurre? —preguntó Rasa preocupado.
—¿Cuál es? —insistió Neji.
Rápidamente Gaara abrió una puerta y, sin dudarlo, Neji entró. Allí no había nadie, y, al ver los bonitos vestidos tirados en el suelo, bramó:
—¡¿Dónde están?!
Gaara entendió de inmediato su preocupación y, cerrando los ojos, musitó sin dar crédito:
—¿Otra vez?
—¿Otra vez, qué? —preguntó Rasa entrando en el cuarto. Al ver aquello, el gesto se le descompuso y musitó—: La voy a matar. Esta vez la mato.
Pero Neji no lo escuchaba. Sólo pensaba adónde podrían haber ido aquellas dos, y, dirigiéndose a ellos, exclamó:
—Maldita sea..., ¿adónde han ido?
Preocupado, tras mirar a sus hijos y ver que ellos no sabían nada, Rasa no supo qué decir, cuando Neji añadió:
—Sus caballos no están en la cuadra y...
—¡¿Qué?! —bramó Rasa.
—¡Buscad a Shizune! ¡Rápido! —exigió Neji.
—Padre, ¿eso no es el cabello de Temari?
Todos miraron al suelo, donde estaba esparcido el precioso cabello rubio de la muchacha, y Rasa musitó:
—Por el amor de Dios... Pero ¿qué ha hecho esta vez?
Entonces, Kankuro y Gaara sonrieron, y el primero murmuró:
—Cuando se entere madre, ¡verás!
Alarmado, Rasa comenzó a vocear.
¿Dónde estaba su hija?
¿Dónde estaba Sakura?
De pronto, la madre de Temari entró en la habitación alarmada por los gritos.
—Pero ¿qué ocurre?
Y, antes de que nadie pudiera decir nada, la mujer se fijó en el cabello que había en el suelo y, llevándose las manos a la boca, murmuró en un hilo de voz:
—Oh, Dios mío... Oh, Dios mío...
Rasa suspiró y, acto seguido, pidió mirando a sus hijos:
—Kankuro, Gaara, sujetad a vuestra madre, que se va a desmayar.
Y dicho y hecho. La mujer se desmayó y los muchachos la dejaron sobre la cama de Temari.
Neji no entendía nada. No comprendía adónde habían ido las jóvenes y, al ver que Shizune tampoco estaba allí, musitó dando una patada a los vestidos del suelo:
—Saku..., cuando te encuentre, te voy a matar.
Los vestidos y el pelo rubio de Temari volaron por los aires, y, al ver una nota que salía de debajo del montón de ropa, el vikingo la cogió. La leyó, pero no la entendió porque estaba en gaélico, y entonces pidió entregándosela a Rasa:
—¿Qué pone aquí?
El hombre la cogió tembloroso y tradujo.
Sakura:
Tengo en mi poder a tu querida Shizune. Te espero al final del puerto de Inverness antes del amanecer.
H. S.
Una vez terminó de leerla en voz alta, miró a Neji y preguntó:
—¿Quién es H. S.?
Sin entender nada, él negó con la cabeza y, cogiendo el papel, repuso:
—¿Cómo ha llegado aquí esta nota?
Todos se miraron, nadie sabía nada, y, dirigiéndose a Rasa, el vikingo pidió entonces:
—Reúne a tu gente. Habla con ellos. Interrógalos. Fuérzalos. Necesitamos saber quién ha entregado esta carta a las mujeres.
Rasa asintió, y Neji, dándose media vuelta, comenzó a bajar los escalones de dos en dos, momento en el que Rasa y sus hijos comenzaron a seguirlo mientras gritaban:
—¡Vamos contigo!
—No —exclamó él volviéndose.
—Pero es mi hija —insistió Rasa.
Neji asintió, lo entendía, pero ellos no eran guerreros. Y, necesitado de discreción para que las mujeres no corrieran más peligro del necesario, repuso:
—Creedme si os digo que seréis más útiles quedándoos aquí.
—Pero...
—Iré en busca de Sasuke Uchiha y su gente. Ellos me ayudarán.
—Lo dudo —gruñó Rasa.
—¿Por qué?
—Partían para sus tierras esta misma noche —y, al ver el gesto desconcertado de Neji, el hombre añadió—: Las cosas no han terminado muy bien entre ellos y las muchachas.
Neji asintió, pero, dejándose llevar por su instinto, aseguró:
—Me ayudarán.
Rasa, Kankuro y Gaara se pusieron nerviosos. Ellos querían ayudar, pero Neji bramó sin ganas de perder más tiempo:
—¿Queréis volver a ver viva a Temari, sí o no?
Aquéllos asintieron, y Neji, convencido de que así sería, afirmó marchándose:
—Pues entonces dejad que yo me ocupe de ello.
Y, dicho esto, corrió hacia la cuadra, de donde cogió un buen caballo, y partió raudo. Debía encontrar a Sasuke Uchiha.
