Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 33
Rukia
Lo miro atónita, sin dar crédito a lo que acaba de confesarme. Sin asimilar lo que
acabo de oír. Ichigo está tan tenso que estoy a punto de pedirle que no me cuente más.
¿Su padre trató de matarlo? ¿No fue una mujer la que le hizo esto? Nunca hubiera
esperado una confesión así. Mi mente recuerda al mío y al mirar a Ichigo me veo a mí
misma hace años, cuando no entendía por qué mi padre hizo eso. Y me doy cuenta
que, de los dos, yo soy la que antes lo ha aceptado y tal vez sea por una razón.
—Si lo quieres dejar para otro momento... —me tiembla la voz. Estoy temblando
de la impresión y por qué sé lo que está sintiendo mejor que nadie.
—Quiero contártelo —me dice, aparentando el volante hasta que los nudillos se le
quedan blancos—. ¡Joder!
Ichigo sale del coche y empieza a andar. Lo sigo sin ponerme la chaqueta, decidida
a no perderlo. Cierra el coche con el mando a distancia y vamos hacia la única casa
que desentona en esta zona residencial.
—Mi madre hacía pocos meses que estaba saliendo con mi padre cuando se quedó
embarazada de mí —me cuenta, mientras avanzamos hacia la vivienda—. Se vinieron
a vivir a la casa de mis abuelos. Ellos ya no vivían aquí y no tenían mucho trato con
sus hijos desde hace años. Cuando yo nací, mis padres trataron de intentar seguir con
su relación por mi bien, hasta el punto de que, cuando yo tenía dos meses, se
acostaron pensando, inocentemente, que si mi madre no tenía aún la regla, no se podía
quedar en estado y se quedó embarazada de Kaien. Esto ya no lo soportó mi padre y
se fue de la casa pidiendo perdón por no poder hacerse cargo de nosotros —entramos
en el jardín lleno de matorrales—. Por causalidad, se cruzó con su hermano, al que
hacía tiempo que no veía y le contó lo de mi madre y lo mío, y que esperaba un
segundo bebe. Isshin vino a por mi madre, según ellos, en cuanto se vieron se
enamoraron pero no era momento para ellos —Ichigo trata de sonreír pero no le sale
—. No se casaron hasta un año después de nacer Kaien, aunque desde el principio
vivían juntos. Aunque mi madre no quería que le regalaran nada y buscó trabajo en la
librería donde tú trabajas ahora. Era tan feliz allí que Isshin se la regaló como
regalo de bodas. Para Kaien y para mí era el único padre que habíamos conocido.
Llamarlo papá era lo más natural, cuando a él se notaba que nos quería como a sus
hijos. Pero entonces apareció nuestro verdadero padre, arrepentido. Yo tenía tres
años y Kaien estaba a punto de cumplirlos. Pidió poder vernos y mi madre no se pudo
negar. Fue ahí cuando empezamos a visitarlo. Nadie sabía a dónde íbamos, a los ojos
de todos éramos hijos de Isshin y, por nuestro, bien nadie debía saber que nuestro
tío era en verdad nuestro padre. Pero nosotros sí lo sabíamos. En mi casa no han
existido nunca los secretos.
Entramos en la casa tras pasar un pequeño porche. Entra la suficiente luz para que
pueda ver los muebles tapados por sábanas y algunos destapados y rotos. Veo el
retrato que hay sobre la encimera de la chimenea donde un hombre de más o menos la
edad de Ichigo posa con sus dos hijos. Un hombre que es idéntico en todo a Kaien.
También se parece a Ichigo pero es como si fueran los ojos verdes de Kaien los que
nos observaran.
—Es igual a tu hermano.
—Sí, nunca se lo digas. Ya te vas haciendo a una idea de por qué —asiento—. Yo
admiraba a mis dos padres y me encantaba venir a casa de quien era mi progenitor.
Nos gustaba ver pelis con él y hablar de todo. Lo veíamos tan poco que nunca nos
regañaba. Para mí era el padre bueno, ya que Isshin nos regañaba cuando hacíamos
algo mal y él no. Yo lo... lo quería —dice, con amargura—. Lo admiraba, era para mí
un héroe. No sé qué le llevó a hacer lo que hizo. Llevaba meses muy raro, hablando
mal de nuestra madre. Nervioso. Tenso. Pero era un niño de nueve años, no sabía qué
estaba pasando. Y cuando lo supe fue muy tarde.
Subimos a la planta de arriba e Ichigo abre una puerta. Está temblando y tiene los
ojos cerrados. Toma aire varias veces. Cojo su mano y la acaricio.
—Ichigo...
—Yo estaba en esa cama, dormido —señala una de las dos camas que hay en el
cuarto, la que da a la pared—. Escuché una detonación y creía que era una pesadilla.
Quería que fuera una pesadilla —Ichigo se toca el pecho, donde está su tatuaje—.
Pero cuando abrí los ojos mi padre me apuntaba con el arma y la sangre manaba por
mi pecho. Me dijo: te quiero, no lo olvides. Esto es por su culpa —Ichigo habla en
un susurro—. Te juro que no daba crédito a lo que veía y entonces vi que Kaien, que
siempre dormía profundamente, se estaba despertando poco a poco, alertado por el
ruido del disparo y se encontró con los ojos de mi padre, idénticos a los suyos,
mirándolo y apuntándolo con la pistola dispuesto a quitarle la vida. No lo pensé y me
tiré sobre él para salvar a mi hermano. El disparo salió por la ventana y la rompió,
alertando a una patrulla que pasaba cerca que puso la alarma enseguida. Mira la
ventana—. Mi padre apuntó una vez más hacia nosotros y Kaien se puso ante mí. A mí
no me quedaban fuerzas ni para protestar. Por fortuna, se pensó tanto el dispararnos
de nuevo que cuando escuchó a la policía abrir la puerta de la casa con fuerza, salió
corriendo y huyó por la ventana de su cuarto. Lo pillaron a dos calles de aquí.
Por suerte, iba hasta arriaba de droga y no veía ni lo que hacía. Yo entré en coma y salvé
la vida de milagro.
Empiezo a atar cabos antes de que Ichigo diga nada más.
—Cuando desperté, supe que una parte de mí había muerto esa noche, no en el
sentido literal pero, para mí, ese mal nacido no era mi progenitor. No conseguía
entender qué había pasado. Que le habíamos hecho. Como alguien que jura quererte es
capaz de hacerte tanto daño. Y lo peor es que entre el odio, estaba el dolor por perder
a un padre que en verdad nunca existió. Todos los recuerdos vividos con él eran
falsos... al parecer, mi padre llevaba años tratando de volver con mi madre. No
soportaba verla feliz con su hermano y nos usaba para convencerla. Para decirle lo
buena familia que éramos y que faltaba ella para completarla. Como mi madre se
negó, y viendo que sólo él sufría, decidió matarnos a mi hermano y a mí para verla
sufrir también a ella. Mi padre estaba drogado esa noche y encontraron más droga en
su cuarto y lo peor es que su deber era proteger a la gente.
—¿Proteger?
—Mi padre era detective de policía, por eso era mi héroe, porque yo creía que era un
buen hombre que salvaba de los malos a la gente. Y tenía una misión importante que
mandó a la mierda por su obsesión con mi madre. Salgamos de aquí —asiento y
salimos de este cuarto donde Ichigo casi perdió la vida.
Me seco las lágrimas que han salido sin apenas darme cuenta y sigo a Ichigo por la
escalera. A medio camino Ichigo maldice y se sienta en la escalera, me siento a su
lado. Está temblando.
Lo abrazo con fuerza. Verlo tan devastado me hace comprender mejor el peso y el
dolor que ha llevado este tiempo. El horror que he visto en sus ojos y el miedo a
sentir que otra persona a la que quería lo dejara. El miedo a amarme por si un día le
dijera adiós.
Cojo su mano y le tomo el dedo meñique con el mío.
—Es una forma infantil de hacer una promesa —le digo, con la voz rota. Ichigo se
alza un poco y me mira con los ojos llenos de lágrimas que trata de reprimir—, pero
te juro que nada me separará de ti. A menos que tú no me quieras a tu lado o que
hagas algo que me haga dejarte. Estoy a tu lado Ichigo, ahora y siempre.
—Kaien y yo juramos de esta forma más o menos lo mismo cuando desperté del coma.
Juramos que no dejaríamos que nadie nos separara. Juramos estar siempre unidos.—
Nadie nos entendía mejor como el uno al otro.
—Nadie hasta que te conocí a ti y vi en tus ojos que tú sabías lo que era pasar por esto.
Sentí que nos unía algo más que atracción física.
—Sé por lo que estás pasando. Sé lo duro que es no entender por qué tu padre te
hace algo así. Y no entender qué has hecho en la vida para merecerte esto... sé lo que
es no encontrar respuestas que justifique un acto tan vil y mezquino.
—Lo sé, y yo sé que tú fuiste la más valiente de los dos. Yo me encerré en mí
mismo. Odiaba a todo el mundo. Sólo pensaba en demostrar que no era como mi
padre. Que no era como él. Que yo nunca cometería sus errores...
—Por eso abandonaste tu sueño de trabajar en la librería y te hiciste detective —
asiente—. Tú no eres como tu padre. Sé que a veces no somos capaces de ver la
realidad a tiempo, que estamos eclipsados por la realidad que otros crean para
nosotros. Es como lo que pasa en los trucos de magia, el mago desvía nuestra mente
para que no veamos la realidad. Pero la realidad está ahí y tú, como detective, debes
saberlo. En el fondo sabes que había señales que te avisaron de cómo era tu padre y
cómo eres tú, y de que esas señales no están en ti. Que tú eres Ichigo Kurosaki y
eres maravilloso por ser tú. Tengas los genes de quien los tengas o el parecido de
quien sea. Tú eres quien tú decides ser. Cada uno elige su camino. Y, para bien o para
mal, tu padre decidió tomar ese camino de dolor. Y no es tu culpa. Ni eres como él.
Yo nunca he pensado que pudiera ser como ellos. Porque sé que nunca haría daño a
nadie.
Nos quedamos en silencio. Ichigo se remueve y me sienta sobre sus piernas.
—Siempre he sabido que de los dos yo tomé el camino fácil y tú el difícil, que es
volver a creer en la vida. No fue hasta que te conocí que me di cuenta de todo lo que
me estaba perdiendo. Tú has puesto luz a mi vida de nuevo, Rukia. Y me duele no
poder expresarte en palabras lo mucho que significas para mí. Me duele no poder
decírtelo sin recordarlo.
—Entonces no lo digamos, sintámoslo —me doy dos golpes en el pecho sobre el
corazón—. Cada vez que haga este gesto te lo estaré diciendo.
Ichigo acerca su mano a su pecho y se da dos golpes. Lo beso, aliviando poco a
poco la carga que ha llevado durante casi veinte años. Me separo y apoyo mi frente
sobre la suya. Ahora entiendo por qué Senna, porque ella nunca lo haría salir de esa
oscuridad. No le exigiría nada salvo ser la pareja de un Kurosaki. E Ichigo tenía
un espejismo de lo que era estar en pareja y un escudo para evitar amar a otra
persona. Cuanto más me quería, más se aferraba a ella, porque más miedo le daba
quererme como una vez quiso a su padre y éste lo traicionó.
Lo abrazo con fuerza y dejamos que el tiempo pase y se lleve parte de la carga de
Ichigo. Aún queda mucho que hacer pero estamos en el buen camino.
