Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER XLVI: El primer Bakugo.
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La noche cayó sobre Tokio, el primer día dentro del plazo otorgado a Bakugo Katsuki para decidir sobre lo que le había propuesto había culminado y Chisaki Kai había llamado a su hermana para echar aún mayor presión sobre sus hombros. No podrían escapar de sus manos, todo estaba dicho, finalmente, lo que decidieran Chisaki terminaría ganando y saborear la victoria sobre su hermana y su maldito protegido, le generaba aún más satisfacción que antes.
Sentado tras su computador, estaba observando nuevamente toda la información conseguida a través de los nombres de los involucrados en la gran estafa que Bakugo Shoen había hecho hace años; muchos de los afectados ya no vivían, eran personas muy ancianas o se habían terminado matando por la gran deuda en la que cayeron junto al problema legal que Shoen causó.
Escuchar a los nietos de los mismos, relatando los intentos de sus abuelos por ir contra la mujer que los condenó a un negocio fraudulento, era escuchar mucha frustración y rabia que era el abono necesario para él, para sentir que no era el único a quien habían hecho pasar miserias.
Poner en jaque a alguien intocable como Bakugo Katsuki y Toga Himiko era una satisfacción que no cualquier cosa podría igualar. Y sentado en su departamento, sonriendo a la nada, le recordaba cuán poderoso se era con tan poco.
Unos golpes en su puerta lo alertaron, despertándolo de su burbuja mental en el que fantaseaba con llevar a la ruina tanto a su hermana como Katsuki; dudó un momento en levantarse a mirar por la puerta, no esperaba a nadie y ya era tarde. Otro par de golpes lo hicieron fruncir el ceño, se puso de pie y estiró su mano hasta un bate de baseball que tenía cerca para acudir a la puerta. Vivía en un departamento viejo y pequeño al que casi nadie acudía si no era para dormir, la renta era barata para alguien como él, era una de las razones que lo ponían aún más a la defensiva puesto que casi nadie sabía dónde vivía.
Miró a través de la mirilla y vio a dos hombres vestidos de negro, uno con el cabello oscuro y ojos tan claros como el cielo; el otro hombre, en cambio, tenía el cabello claro, casi canoso y el rostro yacía oculto por la melena plateada que caía sobre sus ojos.
―Chisaki Kai-san ―habló el de hebras plateadas―, no nos tema. Sólo vinimos a dejarle algo.
―¿Quiénes son? ―Preguntó―. ¿Cómo saben mi nombre?
―Si nos permite pasar, podremos explicarle en forma todo ―habló con fingida gentileza el de cabello oscuro. Chisaki pudo notar cicatrices de quemaduras en su rostro, causando que apretara aún más fuerte el bate entre sus manos.
―No tengo negocios con ustedes, así que, si saben lo que les conviene, márchense ―amenazó.
―Oh, pero sí tenemos negocios con usted, Chisaki-san ―dijo el de cabello plateado con una sonrisa que parecía estirar toda la piel de su rostro―, o mejor dicho, su hermana lo tiene.
―¿Qué...? ―Antes de poder terminar su pregunta, un disparo a la herradura de la puerta lo hizo alejarse casi de un salto. La puerta fue abierta con facilidad una vez que la perilla cedió ante la bala la imagen de los dos hombres vestidos con prendas negras, ocuparon su casa―. ¡Salgan de aquí o llamaré a la policía!
―No hará falta ―dijo uno de ellos cerrando la puerta como pudo―. ¿En serio siempre tienes que bolar la perilla?
―¿Esperabas que nos abriera por las buenas, idiota? ―Respondió el hombre del rostro con cicatrices, guardando su arma en la parte trasera de sus pantalones oscuros.
―¿Mi hermana los envió, no? Já, tan desesperada estaba que contrató a unos yakuzas para matarme. Es tan predecible.
―¿Matarte? ―Preguntó el hombre de cabello plateado―. No te equivoques. No vinimos a matarte, sólo vinimos a dejar un regalo de su parte.
Una sonrisa por parte de ambos hombres hizo que Chisaki empuñara mejor el bate. No sabía qué esperaba su hermana con aquel movimiento arriesgado pero sin duda, era una alternativa muy arriesgada y él no dejaría pasar la oportunidad que tenía de hundirla tanto a ella como a su protegido de mierda.
Bakugo Katsuki regresó a la casa de Torino Sorahiko cuando la noche se había puesto en el horizonte. Había pasado un par de horas con Ochako hasta que las enfermeras le indicaron que ya podía acceder a la habitación de su padre; a pesar de su discusión a inicio de la mañana, ambos tenían claro que eran más fuertes juntos y que eran un equipo, se necesitaban juntos y unidos y no había carta o mentira que pudiese resquebrajar la confianza que se tenía el uno en el otro.
Bajó de su vehículo e ingresó a la morada de Torino, las luces de la misma se encontraban encendidas y sus pasos se encaminaron hacia el recibidor de madera en donde recordaba haber llegado ese día y en donde el anciano hombre los aguardaba. Momo fue quien lo recibió una vez le había enviado un mensaje avisándole que había regresado y llegado a la sala en donde se encontraban sentados en los almohadones blancos sobre la fría madera, Torino Sorahiko frunció su entrecejo al verlo llegar junto a su nieta.
―Bakugo Katsuki ―habló―, has de ser el único que me citó en el día y me deja a mitad de la reunión que tanto solicitó.
Momo frunció su entrecejo al escuchar la reprimenda de su abuelo pero Katsuki habló antes de que ella pudiese reprender al hombre mayor. Se acercó unos pasos y sin inmutarse tras sus palabras, dijo.
―Soy el primer Bakugo que hará muchas cosas que no estarás acostumbrado a ver. ―Una sonrisa ladina se formó en los arrugados labios de Torino y éste, haciéndole un gesto al más joven, invitándolo a sentar, Katsuki respondió aceptándolo.
―Y dime, mocoso, ¿qué otra cosa harás que otro Bakugo no ha hecho antes? ―Inquirió.
―Antes que nada, ¿qué hay sobre los documentos obtenidos? ―Preguntó. La mirada rojiza de Katsuki viajó a la de su abogado y éste se encogió de hombros, negando―. Ya veo.
―Si quieres un consejo, no vayas contra ese idiota que los está extorsionando ―dijo Torino―. Tiene todo lo necesario para reavivar una llama que se convertirá en incendio con un poco de prensa y la demanda a tu empresa no se hará esperar.
Toga frunció su entrecejo molesta. Dirigió su atención a su socio para hablar.
―No tienes que preocuparte por Kai, él no será una amenaza en poco tiempo. ―La mirada de los presentes viajó a Toga con presura, pero ella no parecía perturbada de ninguna forma con esas palabras.
Katsuki negó.
―Tarde o temprano, las acusaciones a ALC no tardará en salir a la luz; si no es por boca de Chisaki, alguien más lo hará, por ese motivo... ―Katsuki cerró los ojos para dejar escapar un suspiro―. Necesito averiguar quiénes fueron las personas afectadas por la estafa de mi abuela y pagar una indemnización por daños y perjuicios.
―¡¿De qué estás hablando?! ―Explotó Toga. No era la única exhaltada con aquella declaración―. ¡Pagarás millones por algo que pasó hace años! Ni siquiera vivías cuando tu abuela cometió todo ese fraude.
―Pero ahora yo estoy vivo y debo cargar con sus errores ―respondió mirándola con confianza―. No pienso seguir manteniendo una empresa que, en primer lugar, subsistió por dinero deshonesto. Si pagar la indemnización a los afectados, significa que About Life Coffee desaparezca, pues que así sea. La estafa de los Bakugo se acabará conmigo.
La voz potente y decidida del heredero de Shoen enmudeció a la sala y generó que Torino Sorahiko lo observara en silencio, con admiración muda; era la primera vez que un Bakugo lo dejaba sin palabras. Sonrió, esa sonrisa no tardó en convertirse en una risa audible que llamó la atención de los presentes.
―Ojalá tu abuela se retuerza en su tumba con esto ―habló y Katsuki no pudo evitar sonreír con sus palabras―. Cuenta conmigo, chico. Tengo toda la información que necesitas. ―Miró a Todoroki―. El chico punk y yo haremos las listas de los afectados y me encargaré de administrar el monto que le corresponde a cada uno.
Todoroki Shoto asintió a las palaras del ex empleado de Bakugo Shoen, compartiendo una sonrisa pequeña al escuchar las palabras de su actual jefe. Bakugo Katsuki ya no era el mismo chico caprichoso que pataleaba por cualquier niñería que no le conseguían o prohibían; tenía el poder para cambiar las cosas y en sus ojos fuego, podía leerse que estaba dispuesto a hacerlo.
Toga era la única que parecía inquieta en su sitio, tenía los puños cerrados sobre sus muslos, se mordía su lengua molesta y sólo podía preguntarte por qué.
Dejaron la morada de Torino un momento después, Momo fue quien acompañó a los demás jóvenes a la salida. Bakugo fue el último en salir a través de los portones antiguos de la morada, así que Momo tocó su hombro antes de que se alejara demasiado; el rubio se volvió a ella y recibió una pequeña sonrisa de su parte.
―Haces lo correcto, Bakugo-kun ―dijo ella y él asintió―. Tienes mi total apoyo, además, si necesitas más inversores para tu proyecto personal, cuenta conmigo.
―Toda la ayuda es bienvenida ―respondió y ella asintió.
Se despidieron para verlos marcharse en el vehículo particular del rubio. Yaoyorozu sonrió y cerrando el portón de la morada de su abuelo, ingresó hacia el interior del mismo. Vio a Sorahiko observar la ventana por la que podía observarse cómo Bakugo y los demás, se alejaban de allí. Era la primera vez que en mucho tiempo, veía una sonrisa esperanzadora en los labios de su abuelo.
Después de tantos años trabajando para Bakugo Shoen, la idea de vivir con la culpa de haber hecho perecer el negocio a muchas personas, macharon el alma del hombre que vivía bajo el silencio de no poder decir nada al respecto; saber que Katsuki podía darle libertad a aquella culpa que su abuelo llevaba consigo, era un alivio tanto para él como para su nieta que podía ver sonreír a su abuelo después de mucho.
―¡Es una puta estupidez! ―Seguía repitiendo Toga casi todo el camino―. ¿Al menos le has dicho a tu madre? Sabes todo lo que dirá al respecto y tú sólo estás ahí tranquilo manejando como si el dinero que regalarás, creciera en los árboles. Además, tendrás que pagar indemnización a tus empleados por despedirlos.
―Con una mierda, Toga, no eres mi puta contadora. Todos mis empleados serán bien pagados así que deja de estar jodiéndome. ―Respondió molesto―. Debo hacer esto ahora, actuaré antes de que tu hermano nos funda, ¿no lo entiendes?
―¡Mi hermano ya no es una amenaza, carajo! ―Toga respondió y Katsuki frunció su ceño nuevamente.
―Lo has dicho hace rato, pero no comprendo a qué te refieres con eso ―dijo Todoroki. Toga se cruzó de brazos, molesta pero Katsuki seguía pendiente de su respuesta.
Todoroki tenía razón, ella había hecho alusión al asunto de su hermano de una forma que no pasó por alto antes y mucho menos en esos momentos que guardó silencio ante la pregunta de Shoto. Katsuki observó a Himiko a través del espejo retrovisor de su vehículo pero ella sólo negó molesta para apartar la mirada a la ventanilla junto a ella.
―¿Te acerco a algún punto? ―Preguntó Katsuki mirándola por el espejo retrovisor.
Toga tomó su teléfono para fijarse en el algo antes de responder.
―Parque Shiba. ―Toga sintió la mirada curiosa de Bakugo, respondió sólo encogiéndose de hombros, guardando su móvil de regreso a su cartera―. Mi chofer me buscará de allí.
―¿Y tú? ―Preguntó Katsuki regresando su atención a la carretera. Shoto lo miró un momento.
―Deku me espera en su departamento ―comentó―. Celebraremos la última quimio de su madre.
―Última, ¿eh? ―Dijo―. Me alegra escucharlo.
―Deberías bajar a saludarlos ―añadió Shoto pero Katsuki negó sencillamente―. Le haré llegar tus saludos.
―Siempre lo haces.
No se demoraron demasiado en llegar al parque en donde Toga le había pedido que la dejara, era extraño incluso para ella pero Bakugo ya tenía suficiente con estar actuando de transporte escolar llevándolos a cada uno a sus destinos. Himiko bajó del móvil una vez Katsuki estacionó en el aparcado libre que halló hacia la entrada del mismo, la vio cerrando la puerta trasera y acercándose hacia su ventanilla, los dorados ojos de la rubia hallaron los propios.
―No renuncies a tu empresa por mi hermano ―volvió a repetir. Katsuki no se molestó en ocultar el hartazgo que sus palabras causaban en él y Himiko sólo pudo endurecer su mirada―. Lo digo en verdad.
―No lo hago por tu hermano de mierda ―respondió―. Sólo estoy solucionando algo que él me enseñó.
―¡Katsuki, él...!
―No eres mi asesora, Toga ―frenó y pudo notar la molestia en los ojos de su socia.
Ninguno dijo nada más, él cerró su ventanilla y ella le dio la espalda. No se despidieron, sencillamente se apartaron cada uno por su lado. Shoto observó atentamente a Katsuki.
―No confío en Toga ―dijo de pronto. El rubio soltó un suspiro, estaba cansado de todos los que tenían que andar diciéndole su opinión sin ser requerida―. Oculta algo. Ha estado extraña.
―No necesitas decírmelo ―respondió―. Te lo dije una vez: mientras encontremos cosas en común que nos beneficien, seguiremos juntos.
―¿Qué pasará si eso acaba? ―Inquirió―. Con el asunto de la indemnización a los socios afectados por Shoen-san y los que serán despedidos una vez que ALC desaparezca, es probable que no tengas el suficiente dinero para seguir con tu restaurante. La necesitarás.
Katsuki no respondió, prefirió no pensar mucho más en el asunto. Continuaron el trayecto en silencio. En unos minutos, estaban acercándose al departamento en donde Deku y su madre vivían, Shoto le había puesto al tanto sobre la última quimioterapia de la madre de su novio y esa noche festejarían los tres en el departamento de los Midoriya. Bakugo asintió a las palabras de su abogado pensando en Midoriya Inko era regresar a pasos de su infancia en los cuales veía a la mujer atendiendo la cafetería de su abuela, siempre le dedicaba sonrisas cálidas que claramente, su hijo fue heredero.
Hace aproximadamente tres años, la enfermedad de la madre de Deku había sido detectada, devastando por completo a su hijo quien detuvo sus estudios en la universidad para trabajar en la cafetería en donde su madre se encontraba atendiendo, ayudando un poco a los gastos que su tratamiento implicaba; sí, recordaba su tiempo con los Midoriya, el ver el dolor en los ojos de Deku cada vez que hablaba con él intentando disimularlo con sonrisas cansadas.
Katsuki dirigió su atención al hombre de hebras bicolor sentado junto a él en el lado del copiloto y recordó cómo su relación con Todoroki había cambiado. Katsuki era consciente de los sentimientos de su amigo de infancia hacia sí, nunca pretendió ocultar que él no estaba interesado en Deku y el rechazo generó una fricción en su amistad de años.
Y aquella fricción era suficiente motivo en Todoroki Shoto para despreciarlo porque, por más intentos por ocultarlo, Todoroki veía con recelo el modo en el que Deku miraba a Katsuki.
La relación de Katsuki y Shoto mejoró una vez éste fue plenamente sincero con sus sentimientos a Deku encontrando que mucho tiempo atrás, Midoriya ya no lo veía como el abogado de la familia Bakugo. Sonrió para sí recordando que nunca creyó que su relacionamiento con Todoroki mejorara pero allí estaban, lidiando con el otro desde hace siete meses, trabajando codo a codo.
―Saluda a Inko por mí ―dijo Bakugo cuando Todoroki descendió de su vehículo. El de hebras bicolor asintió, dedicándole una pequeña sonrisa―. A Deku también.
―Acompaña a Uraraka ―respondió levantándole una mano en forma de despedida.
Katsuki no se molestó en corresponder su saludo, sólo se marchó. Tenía muchas cosas en qué pensar, tenía un futuro aún incierto y sombrío, tenía un pasado que pisaba sus talones por acciones que le afectaban finalmente pero él sólo podía desear encontrar los avellanos ojos de su novia. Se sentía ridículo diciéndolo pero en ella, él podía encontrar paz.
Iida Tenya guardaba un cariño especial por Uraraka Ochako, a pesar de las mentiras y los momentos incómodos a consecuencia de la extraña relación que la castaña mantenía con su, en ese entonces, jefe; pero a pesar de todo, él encontraba en Ochako una mujer fuerte, dedicada y muy enfocada en sus amigos y familiares como lo era en esos momentos en el que su padre se encontraba afrontando una realidad dolorosa.
Con el correr de los meses y tras conocer a Utsushimi Camie, reconoció que el sentimiento por Ochako nunca fue un amor más allá que el fraternal y sabía que en esos momentos dolorosos, tener a personas que le guardaran cariño, era lo ideal.
Había finalizado su patrullaje de la tarde cuando acudió al hospital en donde su actual novia se encontraba haciendo apoyo moral a la familia de su ex. Si lo ponía en la misma oración, sonaba extraño pero Camie siempre se caracterizó por ser una mujer segura de sí misma, fue esa misma seguridad la que lo puso a sus pies desde el instante en el que la conoció por cuestiones de la vida y un ladronzuelo que acabó quitándole sus pertenencias; Camie nunca hizo problemas porque Ochako siguiera en contacto con él, de hecho, ella misma guardaba un cariño por la castaña y fue la primera en ofrecerse a pasar el día con ella luego de que la noticia de que Uraraka Kiyoshi había empeorado.
Llegó hasta la planta correspondiente a terapia intensiva y fue directo al sector de espera luego de acudir a un enfermero, preguntando sobre la localización exacta del área hallando primeramente a su novia de pie frente a Ashido Mina, Asui Tsuyu y Uraraka Chieko, se apresuró a ir hasta ellas y Camie lo recibió con un beso en los labios que lo hicieron sonrojar de sobremanera. Él no estaba acostumbrado a las demostraciones de afecto ante otras personas.
―¿Cómo se encuentra su esposo? ―Preguntó Iida tras saludar a las mujeres con un asentimiento de cabeza.
Chieko aspiró profundo para responder con una sonrisa cansada.
―No hay mejora pero al menos, se mantiene estable ―habló.
Iida Tenya sólo había visto una vez a los padres de su ex novia, eran mayores pero tenían un aspecto jovial y divertido; sin embargo, el dolor, el cansancio y la incertidumbre calaron con fuerza en las facciones de la mujer, hallando a alguien mucho mayor y desgastado que el recuerdo que tenía de la mujer que conoció hace siete meses atrás.
―¿Ochaco se encuentra adentro con él? ―Volvió a preguntar y recibió un asentimiento en respuesta―. Es bueno que acompañe a su padre a pesar de la circunstacias.
―Gracias también por venir ―dijo Chieko con un asentimiento de cabeza―. Mi hija no fue muy justa contigo, pero valoro que, a pesar de todo, la aprecies.
―Es lo mínimo que puedo hacer ―respondió.
Y con una sonrisa, Iida se alejó de ella para tomar asiento junto a su novia. Ella lo abrazó para acomodarse contra su pecho, se sentía bien después de un día largo, sentir el tacto de Camie con esa calidez tan suya.
Bakugo Katsuki no tardó en llegar de regreso al hospital ingresando al área de espera. Iida se tensó en su sitio al cruzar mirada con el rubio y Katsuki tampoco disimuló el desagrado de verlo allí. Camie lo fulminó con la mirada así que Katsuki sólo dio un leve asentimiento al actual novio de su amiga para pasar de él, dirigiéndose a Chieko.
La mujer castaña con algunas canas notorias en sus cabellos sonrió a su yerno para tomar sus manos y éste le devolvió gesto, sentándose junto a ella.
―¿Hubo alguna noticia? ―Chieko negó.
―Hace media hora, llamaron a Ochako diciéndole que podía regresar junto a él pero no han dado otra noticia que aquella.
―Entiendo ―miró a la mujer―. ¿Ha comido algo?
―Con las niñas hemos comprado algo para comer ―respondió mirando a Mina, ésta le devolvió la sonrisa―. Estoy bien. Tú también necesitas descansar un poco, has estado movilizándote demasiado.
Bakugo esbozó una sonrisa por lo bajo, pensando que aún no había descanso para él, no después de todo lo que había decidido hacer con su empresa y los afectados por la estafa de su abuela.
Se mantuvo un silencio por momentos, nadie dijo nada, salvo Mina y Tsuyu que hablaban entre ellas, cuando el teléfono de Iida comenzó a sonar. Camie se separó de él para permitirle espacio y tomar su móvil, reconociendo el número de su comisaría en la pantalla. El hombre de lentes se encogió de hombros con pesar.
―Sargento Iida Tenya ―dijo al contestar. Camie lo veía con atención percibiendo cómo, a medida que le informaban de la emergencia por la que lo llamaban, el rostro de Iida se ponía más serio. Tenya asintió a medida que recibía las órdenes de su superior y colgando la llamada, se volvió a su novia y a las otras personas que lo miraban con atención―. Ha sucedido un incendio en un bloque de departamentos no muy lejos de aquí. Debo ir a cubrir el perímetro y proteger el área.
―¿No puede ir otra persona? ―Preguntó Camie.
Iida se encogió de hombros rendido.
―Soy el sargento de mi comisaría y sucedió en mi distrito. No puedo ausentarme ―explicó. Se puso de pie y asintió a los demás en forma de despedida, hasta que Camie lo tomó el cuello de la camisa para atraerlo a ella y besar sus labios con ganas. Iida relajó los hombros ante el tacto de su novia.
―Deja ir al hombre, Camie-chupavida ―habló Katsuki y todos rieron un poco por el comentario.
El sonrojo en Iida iba en aumento para marcharse seguidamente. Camie volteó a ver a Katsuki con el ceño fruncido y éste sólo le sacó la lengua en respuesta.
Las cenizas elevándose con el viento, entremezclándose con la nieve, parecía ser una lucha entre blanco y gris con el rojo del fuego deslizando sus dedos en llamas a través de la silueta del edificio embebido en negro. El cielo oscuro, la nieve blanca y el fuego cediendo al frío, al agua, apagándose hasta reducirse cada vez más. Sus ojos dorados como la luna llena observaban con cautela a su alrededor, sus pupilas parecían más dilatadas que antes, su sonrisa luchaba por no extenderse; no, no podía sonreír en esos momentos pero muy en su interior, la risa parecía contagiarse con facilidad.
Las personas que fueron evacuadas con rapidez del edificio de departamentos se encontraban siendo asistidas por los bomberos, paramédicos y policías, algunos no podían contener el llanto ante la frustración de haber perdido cosas de valor, otros por el susto de ver tan cerca a la muerte y otros sencillamente, seguían disparando flashes, capturando lo que quedó de su edificio.
Otras personas curiosas, ella incluida, guardaban distancia tras la cinta amarilla que la policía había colocado guardando la distancia correspondiente del recinto afectado para que nadie ingresara más allá de sus indicaciones.
―Dicen que el fuego inició en la E37 ―dijo uno de los inquilinos del sitio.
―Yo sólo pude oler el humo y supe que tenía que salir a ver qué pasaba ―respondió una mujer de mediana edad, hablándole a la policía.
―¿Ha habido heridos? ―Preguntó otro de los inquilinos del edificio.
―Los afectados por el humo ya fueron trasladados al hospital para ser atendidos ―respondió el Sargento a cargo del caso.
―El sujeto de la E37 fue el único con quemaduras ―dijo la mujer de hace rato―. Es un joven muy extraño, siempre parecía tan metido en sus cosas, no saludaba a nadie, aunque no merecía quemarse de ese modo.
―El fuego inició por algún cortocircuito ―informó otro de los bomberos―. Fallas como éstas, son comunes aunque no constantes.
Toga Himiko circulaba por el perímetro escuchando las tantas conversaciones que surgían entre policías, bomberos, paramédicos y afectados; nadie parecía percibirla y eso estaba bien, ella no debería de estar allí pero necesitaba cerciorarse que no había contactado en vano a Shiragaki Tomura y sus hombres.
Sintió una mano sobre su hombro, Toga pegó un respingo al voltearse y hallar a un hombre alto de ojos cían y cabello oscuro, en su piel podían verse rastros de heridas producto de quemaduras, llevaba un paraguas negro encima para cubrirse de la nieve que caía. No tuvo que preguntar para saber que se trataba de uno de los hombres que Tomura tenía a su servicio.
―No tienes que exponerte. Pareces sospechosa ―habló el hombre.
Ella volcó una sonrisa en sus labios para volver a mirar el edificio.
―Supongo que tú tampoco ―respondió―. Al parecer, fuiste el causante de esto.
―Superficial ―habló. Ella lo miró de vuelta―. El trabajo fue hecho. Tu hermano fue sacado del juego, aunque como nos lo pediste, no lo matamos.
―Matarlo sería darle descanso.
Toga pasó del hombre para caminar lejos de la zona en la que todo el asunto del incendio había sucedido. Chisaki Kai la había llevado a esas últimas instancias de acción, no podía sencillamente mantenerse al margen o dejarla en paz y sabía que ceder ante él, era darle pie a que continúe con sus acosos y tormentos que no iban dirigidos solamente a ella.
Shiragaki Tomura era uno de los encargados de hacer que la voluntad de quien tuviese el dinero para pagar sus servicios, se cumpliese y ella, encontraba imprescindible la presencia de su mano. Ella no iría a matar a su hermano, ni de cerca, pero no podía dejar que continuara atormentándola de ese modo. Hacerlo pagar en vida era una de las razones por las que la llevó a solicitar sus servicios a Shiragaki Tomura.
―Dime que no habrá posibilidad de que sepan que fui yo ―había dicho Toga la vez que se contactó con Shiragaki por teléfono.
El hombre tenía una voz rasposa, profunda; lo escuchó reír un poco tras la línea, comenzaba a sentir los pelos de punta, le gustaba cómo sonaba.
―Si no hiciese bien mi trabajo, no estaríamos teniendo ésta conversación, Toga-san ―respondió el hombre con calma―. ¿Tiene el dinero suficiente para el trabajo, si o no?
―El dinero no es problema ―habló Himiko observando a sus espaldas, cuidando de que nadie más la esté escuchando―. Pon a mi hermano fuera del juego y pagaré cada yen que quieras.
―¿Quieres que lo asesinemos? El costo aumentará si...
―No. Matarlo sería regalarle libertad ―respondió. Lo escuchó reír tras la línea.
Ella no mentía cuando le dijo a Bakugo que la persona más egoísta del mundo era ella; haría lo que fuera porque las cosas salieran como ella deseaba, no le interesaba a cuántos tuviese que pisar o pagar para conseguirlo: su padre siempre le había enseñado que todo tiene un precio, incluso las personas y si quieres algo, debes pagar por ello.
Poner a su hermano fuera del juego estaba hecho y había pagado el precio justo por ello.
―¿Tienes cómo irte? ―Toga detuvo su andanza al escuchar la voz del hombre de las cicatrices la hizo detener sus pasos, volteándose a verlo―. Puedo acercarte a tu casa.
―¿Entra dentro del servicio que pagué? ―Preguntó y el hombre sonrió con diversión―. Ya les pagué lo que corresponde, así que...
―No soy un puto taxi ―respondió―. Vamos, no me gusta manejar solo.
Himiko lo observó un buen momento aguardando por alguna trampa en sus palabras. Ella no era de las que confiaba con facilidad y menos con pirómanos dementes a quien ella terminó pagando por incendiar el departamento de su hermano.
―¿Me dirás cómo te llamas al menos?
―Eso no entra en el presupuesto que pagaste.
―Idiota ―respondió sin poder ocultar la gracia en sus labios―. Como sea, intenta cualquier cosa y te clavaré con la punta de la pluma que llevo conmigo.
El hombre de ojos cian extendió el paraguas que llevaba consigo para cubrirla y caminar a su lado. No dijeron mucho, no había mucho por decir.
