XLV
Cuando entramos en el edificio, pude quitarme el pañuelo que me cubría la cabeza y Levi se retiró su sombrero. Aquel sitio lo conocía, ya habíamos estado allí, por eso sentimos que no había necesidad de escondernos. Era el lugar en el que trabajaban Roy y Beaure para el periódico Berg. Ya nos habían ayudado a destapar a la monarquía. Pero en ese momento no entendía muy bien qué hacíamos allí. Lo único que Levi me había pedido era que me arreglara un poco. Él había optado por el traje que le habían hecho para su viaje a Marley. Yo, en cambio, había decidido ponerme una falda larga de color azul oscuro. Llevaba una blusa abullonada de un tono ligeramente amarillo y alrededor de mi torso y cintura llevaba ajustado un corpiño de color marrón.
Beaure nos recibió a los pocos minutos con una sonrisa. Nos invitó a seguirle por el edificio, donde otros compañeros trabajaban en las noticias del periódico. Abrió una puerta y nos indicó que pasáramos. La habitación no era muy grande, pero sí estaba muy bien iluminada. En un extremo de la habitación había un aparato que no había visto nunca. Una especie de caja, hecha de madera y tela negra, se sostenía sobre unas patas.
—¿Qué os parece? —Beaure nos miró con satisfacción.
—¿Qué es? —pregunté con curiosidad.
—Es una cámara fotográfica.
Abrí la boca por la sorpresa. Así que así eran las cámaras… Me acerqué para observarla mejor. Parecía muy difícil de usar.
—La hemos hecho nosotros —me explicó Beaure—. Hemos seguido instrucciones de soldados de Marley y el resto ha sido prueba-error. Hemos necesitado muchos intentos, pero ya hemos aprendido bien todo el proceso y las fotografías ya quedan perfectas.
—Es increíble.
Levi carraspeó.
—Ah sí —Beaure se rascó la nuca, nervioso—. El capitán Levi me pidió un favor. Quiere que os haga un retrato.
—¿A nosotros? —pregunté sorprendida.
—¿A quién si no, cabeza hueca? —me espetó Levi— Es un recuerdo para nosotros.
Sentí un pinchazo en el corazón. Levi quería que tuviéramos una fotografía, seguramente como la imagen que habíamos visto de Grisha Jaeger con su primer mujer y Zeke. Al parecer, ese tipo de retratos eran muy habituales en el mundo, ya que servían para tener un recuerdo de la familia. La familia, me repetí a mí misma.
—Había pensado en poner un butacón para que se siente _ _ _ _ —opinó Beaure—. Usted se quedará de pie a su lado, capitán.
—Tú eres el que entiende de esto.
Beaure colocó un butacón a un lado y me pidió que me sentara. Me pidió permiso para indicarme la postura y colocarme bien la falda. Después, ordenó a Levi que se acercara al butacón y apoyara una mano sobre lo alto del respaldo.
Beaure primero hizo una foto. Según él, teníamos que salir solemnes, pero ambos estábamos demasiado serios. Tras varios minutos en los que ajustó la cámara, la repitió.
—¿Ya está? —me tenía impresionada.
—Ya está.
—¿Y ya podemos ver las fotografías?
—No. Tardaré unos días en revelarlas. Lleva un procedimiento en el que hay que ser muy cuidadoso. Hay que usar unos líquidos especiales y el revelado debe hacerse en una sala a oscuras.
—Impresionante —y lo decía de verdad. Estaba completamente impresionada.
—Nosotros partimos a Marley en un par de días —le explicó Levi—. ¿Crees que podrás tenerla a nuestro regreso?
—Por supuesto —Beaure sonrió—. Pasaros los dos por aquí cuando podáis y os la doy.
…
Abrí los ojos. Había sido un sueño de lo más raro, sobre todo porque aquel día no había sido un sueño, sino que había sido real. Tras regresar de Marley, no habíamos ido a buscar esa fotografía. Quizás aquello era una señal.
Sentí un pinchazo en la espalda y me incorporé para estirarme. Noté que algo caía al suelo, una manta.
—Te quedaste frita anoche.
Miccah me miraba de reojo. En algún punto de la noche debí de haberme quedado dormida y eso que se suponía que debía de hacer guardia por si Miccah tenía algún problema…
—Perdona.
—No te preocupes. Estoy bien. Si me doliera mucho o algo te habría despertado. La manta te la puso Aaron. Vino a chequear cómo estábamos.
Me agaché para recoger la manta y la doblé para dejarla bien colocada sobre uno de los muebles. Me asomé a la ventana. El sol comenzaba a asomar por el horizonte, así que no tardaría en empezar a haber mucho movimiento en el cuartel. Aproveché la tranquilidad que había todavía para examinar a Miccah y cambiarle algunas de sus vendas. Debía de estar sufriendo muchos dolores, pero no se quejaba. No tuvo que decírmelo, pero le preparé de nuevo la medicina para que se la tomara y le calmara un poco. Como no había comida nada, en seguida le hizo efecto y se quedó dormido. Le acaricié el pelo con ternura y le observé el rostro con atención. Todavía lo tenía muy hinchado y amoratado.
Unos minutos después entraron Becca, Enid y Aaron. Llevaban una bandeja con algo de desayuno para mí: leche caliente, pan y un poco de queso. El silencio en la habitación era sepulcral, porque ninguno queríamos despertar a Miccah y porque estábamos todos tan preocupados por lo que le había pasado al chico que nos era casi imposible articular palabra.
—¿Y Maverick? —le susurré a Aaron.
—Reunión.
—Mmmm… —ya no me sorprendía lo parco que era Aaron en palabras.
—Mikasa y Armin —añadió.
—¿Cómo? —debería empezar a elaborar más si en muchas ocasiones quería que me enterara bien de lo que contaba.
—Han venido a Sina a hablar con el comandante jefe.
—Ah, vale. ¿Y por eso Maverick no ha podido venir? —deduje. Aaron asintió.
Becca se sentó al lado de la cama. Desde que Miccah había recibido la paliza, la chica no se había separado de él. Podían pelearse constantemente, pero parecía que le apreciaba mucho más de lo que dejaba entrever.
—¿Eres un ángel? —balbuceó Miccah, entreabriendo los ojos.
—¿Es que eres idiota? —Becca sonrió.
—Te lo dije —Miccah intentó sonreír con picardía—, te vas a terminar enamorando de mí.
—¿Tienes que estar pensando en esas cosas ahora? —Becca frunció el ceño, pero se veía que en realidad no estaba enfadada con él.
—Es imprescindible —Miccah intentó incorporarse un poco, pero no podía por sí solo. Becca le colocó la almohada y Aaron se acercó para ayudarle a colocarse un poco mejor—. ¿No ha venido Enid?
—Está ahí —Becca señaló a un rincón. La muchacha estaba sentada en una silla, apesadumbrada.
—Hoy parece que tienes más ánimo —comenté, pero sabía que en realidad no era cierto. Acababa de examinar a Miccah, sus heridas sanarían muy lento. Lo que estaba haciendo era aparentar para que Enid dejara de sentirse tan culpable y mal consigo misma.
—¡Pues claro! Si estoy como un roble. Esto no es nada —le hizo un gesto a Enid para que se acercara—. ¿No me vas a dar ni los buenos días? Te estás volviendo una maleducada.
Enid se acercó a la cama. Se quedó a una distancia prudente, como si no quisiera interponerse entre él y Becca. No sé si Miccah se dio cuenta de ello, pero le pidió a Becca que se retirara un poco para que Enid se acercara más y, cuando lo hizo, éste le dedicó una amplia sonrisa.
—No quiero verte triste. Si tú estás triste, yo también lo estoy —admitió el muchacho—. Estoy bien, de verdad. No podía dejar que te pegaran a ti también —hizo una pausa—. Eres mi hermanita. Te tengo que proteger.
—No soy tan débil —pronunció con la boca pequeña.
—Eso ya lo sé, pero alguien tendría que cuidarme.
—Qué morro tienes —aquello arrancó una pequeña sonrisa en Enid.
Miccah tendió su puño para que Enid chocara el suyo. Aquello me hizo sonreír. Era curioso cómo a ninguno de los dos les unían en realidad lazos de sangre, pero a pesar de ello se querían muchísimo. Al fin y al cabo, ellos eran la familia que habían escogido.
Estuvimos tranquilos durante la siguiente hora. Miccah dormitaba por el efecto de la medicación y el resto permanecíamos en silencio, simplemente esperando y solo abriendo la boca para hacer algún comentario puntual. Por mi parte, tenía ganas de ver a Levi, pero durante la noche había conseguido senerarme. Perder los papeles solo me podía a llevar a precipitarme y era una situación muy delicada. Hange ya tenía bastantes problemas y yo no quería sumarle más, podía manejar la situación de lo que le había ocurrido a Miccah.
Sin embargo, como siempre, tenía que suceder algo que modificara mis planes. Fue un estruendo, algo muy parecido al sonido de una explosión. Fue tan fuerte que Miccah, que en esos momentos dormía, abrió los ojos. Todos intercambiamos miradas de confusión, pero también de miedo. Parecía que a lo lejos sonaban gritos. Me puse en pie, dispuesta a averiguar lo que pasaba. Ordené al resto que permanecieran en la habitación. Sea lo que fuera lo que estuviera pasando, si nos estaban atacando, estarían más seguros allí.
Al caminar por los pasillos del cuartel de Sina noté mucho movimiento. Muchos soldados corrían alejándose de la zona a la que yo me acercaba. Al girar una esquina, comprobé que, efectivamente, lo que habíamos escuchado era una explosión. Uno de los pasillos estaba destrozado, había escombros por todas partes. Varios miembros de la Policía Militar parecían estar organizándose para mover escombros y asegurarse de los daños. No sabían cuánta gente había en el despacho del comandante jefe, además de él. Quizás hubiera supervivientes. Y en ese momento recordé lo que Aaron me había dicho. ¿Les habría pasado a algo a Armin y a Mikasa?
—_ _ _ _ —Maverick me aferró del brazo con fuerza. Su voz y su contacto me trajeron de nuevo a la realidad.
—¿Q-Qué ha pasado?
—Ha sido un atentado —me percaté de que Maverick estaba lleno de polvo y tenía una pequeña herida en la frente—. Estoy bien —añadió. Debía de haber notado inmediatamente la expresión de susto—. Me pilló de refilón, yo estaba fuera —tiró de mí para que me moviera—. No sabemos mucho aún, están hablando con Mikasa y Armin ahora.
—¿Están bien?
—Sí, están bien —Maverick se aseguró de que nadie podía escucharnos—. Han matado al comandante jefe, Darius Zackley. Han puesto una bomba y parece que han sido miembros del ejército.
—¿Qué? ¿Por qué? —no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Me sentía como si estuviera soñando.
—Y Eren Jaeger ha escapado de prisión.
Aquella revelación me hizo comprender todo de inmediato. Los seguidores de Eren habían matado a Darius Zackley y Eren había aprovechado el caos para escapar usando el poder del Titán Martillo de Guerra. Hange me había dicho que el chico lo había obtenido en la operación en Marley. Y eso solo podía significar una cosa: querían a Zeke. Una de las principales órdenes que teníamos era no permitir que Eren y Zeke se juntaran, puesto que juntos tenían acceso a un inmenso poder a través de la salgre real del segundo. Por eso Floch y su grupito habían pegado a Miccah. Necesitaban saber su localización para reunir a los dos hermanos. Pero Miccah no la sabía y yo tampoco.
—Tenemos que marcharnos de aquí ahora mismo —dije.
—No puedo, tengo que trabajar. Los altos mandos se reúnen. Hay que tomar una decisión sobre lo ocurrido.
—Escúchame, Maverick. Voy a ir a hablar con Aaron y los demás. Os reuniréis dentro de dos horas. Yo mientras tanto iré a reportar lo sucedido a Hange.
—¿Te has vuelto loca?
—No. No voy a permitir que nadie más de mi familia se vea involucrado en esto.
Me alejé por el pasillo sin mirar atrás y dejando a Maverick con la palabra en la boca. Entré en la habitación abriendo la puerta de par en par. Todos me miraban interrogantes, lucían preocupados.
—Han asesinado a Darius Zackley.
—¿¡Cómo!? —Becca se puso en pie. Tenía motivos para ser la que más se preocupara. Ella era de Marley y el ambiente estaba muy caldeado tanto dentro como fuera del ejército. La muerte de Sasha, por ejemplo, aún estaba muy reciente. No debía de ser fácil para ella intentar olvidar que prácticamente toda la legión le había acusado de ser cómplice de los dos niños que se habían colado en el dirigible.
—Quiero que recojáis todo y os marchéis con Miccah a un lugar seguro. Esto se está poniendo feo. Eren Jaeger ha escapado y se habrá reunido con los nuevos reavivadores de Eldia. Iré a buscar a Hange para comunicarle lo sucedido. Los altos mandos se reúnen y ella debe estar presente. Os reuniréis con Maverick dentro de dos horas.
—¿Y adónde vamos a ir? —Becca no daba crédito— Somos soldados, nuestra misión es pelear. No podemos irnos así como así.
—Os estoy liberando de esto.
—¡Podrían castigarnos por abandono!
—¡Os estoy diciendo que yo os estoy dando permiso para que os marchéis a un lugar seguro y os protejáis!
—Chicas, no discutáis —suplicó Enid.
—No estás pensando racionalmente —continuó Becca—. Además, ¿cómo vamos a trasladar a Miccah en su estado? Podríamos agravar sus lesiones.
—Becca, soy vuestra capitán. Si se me confió un puesto de este calibre es porque tengo lo que se necesita para tomar ciertas decisiones de peso. He analizado la situación tanto desde el punto de vista como vuestra capitana como el de alguien que os considera a todos familia. No voy a permitir que os involucréis más. Vuestras vidas valen más que esto. Quiero que os marchéis a un lugar seguro, que os protejáis y que cuidéis a Miccah. Esa es mi última orden como capitán.
—¿Y tú, qué? ¿Vas a ponerte en peligro? —Becca me miró apenada. Sabía lo que estaba pasando por su mente. Ella era la única que sabía que yo estaba embarazada.
—Tengo que hablar antes con Hange —sonreí.
—¿Y adónde vamos a ir?
—Becca, por favor —entendía que Becca estuviera preocupada, pero esperaba que al menos tuviera un poco de fe en mí.
—Conozco un sitio —Aaron, que había permanecido en silencio hasta entonces, habló.
—Genial —mi giré hacia él—. Lo dejo todo en tus manos, Aaron. Relego en ti. Sé que sabrás tomar las decisiones adecuadas —el chico asintió.
Recogí mis cosas para ponerme en marcha cuanto antes. Preparé también mi cinturón de emergencia con cosas que podría necesitar para curar heridas. Enid me abrazó con fuerza antes de que saliera por la puerta y pusiera rumbo a los establos, donde había dejado mi caballo. Los animales percibían la tensión en el ambiente y estaban inquietos. Durante unos segundos lo acaricié para intentar relajarlo y posteriormente me monté sobre él. Al salir, vi la enorme cantidad de gente que se agolpaba a las puertas del edificio principal de Sina, vitoreando el nombre de Eren y la libertad y grandeza del Imperio de Eldia. La situación era insostenible. Si la población estaba tan dividida, ¿qué íbamos a conseguir como sociedad? ¿Cómo íbamos a sobrevivir a un posible ataque del resto del mundo si no estábamos unidos?
Tuve que cabalgar durante un buen rato para llegar al lugar en el que se encontraba Hange, en una pequeña casa a las afueras. Allí estaba con Onyankopon. Los dos hablaban sentados fuera y, al verme, me saludaron con la mano. Onyankopon se acercó para ayudarme a bajar del caballo. El chico cogió un cubo que llenó con agua y el animal comenzó a beber gustoso.
—¿Ha pasado algo? —me preguntó inmediatamente Hange. Sabía que si había ido a buscarla era porque pasaba algo grave.
—Han asesinado a Darius Zackley.
—¿¡Qué!?
—Ha habido una explosión en su despacho. Ha muerto. Ahora mismo hay cientos de personas agolpadas a las puertas del cuartel de Sina gritando por la supremacía de Eldia y nuestro salvador Eren Jaeger, quien, por cierto, ha escapado, como nos temíamos.
—Tengo que ir cuanto antes —Hange se puso en pie.
—Sí, va a haber una reunión para hablar de la situación. Armin y Mikasa están allí y los están interrogando.
—¿Qué hacían allí?
—No lo sé. De hecho, pensaba que tú estabas al tanto. Al parecer tenían una reunión con el comandante jefe —las dos caminamos hasta su caballo, al que empezó a preparar para partir lo más rápido posible—. Tenemos que hablar —bajé mi tono de voz, a pesar de que Onyankopon estaba lo suficientemente lejos—. Tengo que pedirte un favor —la mujer me miró interrogante—. Necesito que me digas dónde está Levi.
—Sabes que es confidencial. No puedo decírtelo.
—Eren se ha escapado. Sabes tan bien como yo que él y los nuevos Reavidadores buscarán a Zeke.
—_ _ _ _-
—Estoy embarazada —la corté antes de que siguiera—. Tengo un retraso de un mes y mi cuerpo ya está empezando a cambiar—. Al principio, Hange parecía desconcertada. Abrió y cerró varias veces la boca intentando articular palabra—. Levi no lo sabe y por el momento no se lo pienso decir, pero necesito verlo. Por favor, Hange —le supliqué. Había sido un golpe bajo por mi parte, pero estaba convencida de que solo así podía conseguir lo que quería.
Hange parecía contrariada. Emitió un leve gruñido y caminó hacia el interior de la casa. A los pocos minutos salió y me entregó un trozo de papel. Lo colocó en la palma de mi mano y cerró mis dedos en torno a ella.
—Gracias —murmuré.
—Ten mucho cuidado, por favor —me sonrió, pero noté cierta pena en la forma en la que me lo decía. Debía de estar pasando por su mente lo mismo que por la mía. Qué momento tan inoportuno para quedarse embarazada.
Observé a Hange partir rumbo a Sina. Unos minutos después, y habiendo dejado descansar un poco al caballo, me subí de nuevo a él. Ya en marcha, abrí con una mano el trozo de papel, donde Hange me había escrito la localización de Levi. Se encontraba en el interior del Bosque de Árboles Gigantes y daba indicaciones precisas de su situación para que me desviara lo menos posible de su localización, dada la magnitud de aquel bosque de secuoyas.
El trayecto se me hizo eterno. Sentía constantemente el latido de mi corazón en los oídos, frenético. Las riendas del caballo se me escapaban a veces, pues mis manos estaban sudorosas. Estaba nerviosa, pero, ante todo, tenía miedo, en especial por la incertidumbre de la situación que estábamos viviendo.
A lo lejos comencé a divisar el campamento. Dos chicos jóvenes salieron a recibirme y se hicieron cargo de mi caballo cuando desmonté de él. Les pregunté por el capitán Levi y señalaron hacia un pequeño claro.
Cuando me vio, la expresión de Levi cambió. Fueron solo unos segundos, pero pocas veces le había visto tan expresivo. Podía leer la preocupación en su rostro.
—Capitán, tenemos que hablar —sentía que la voz me temblaba. Me moría de ganas por abrazarlo y pedirle que nos quedáramos para siempre en aquel bosque.
—¿Ha pasado algo?
—¡Ah! Eres tú, ¿verdad? —en ese momento me percaté de la presencia de Zeke. Estaba sentado sobre unos troncos que hacían de asiento alrededor de una lumbre— La chica del dirigible, la de la foto.
—¿La foto? —pregunté confundida.
—Yelena me comentó que querías saber información sobre alguien, ¿no? Tengo lo que buscabas.
—¿No puedes cerrar el pico? —le espetó Levi— No hay tiempo para tus gilipolleces.
—No, espera —era un favor que le había pedido a Yelena no esperando recibir nada a cambio. Y quería saer lo que Zeke me tenía que decir—. Quiero saber.
Levi frunció ligeramente el ceño. Zeke sacó un papel doblado del bolsillo de su pantalón que me entregó. Cuando lo desplegué, vi otra de esas llamadas fotografías, parecida a la que se encontró en el sótano de los Jaeger. En la foto posaba también una familia: un matrimonio con tres hijos, dos chicos y una chica.
—Es la familia Grice —me informó Zeke.
Me fijé bien en ellos, esperando obtener alguna pista. Inmediatamente reconocí el rostro de la chica joven que salía en la fotografía. Era mi madre. Posiblemente ahí sería una adolescente, pero sus rasgos no habían cambiado demasiado.
—¿Qué ha sido de ellos? —le pregunté.
—Fueron condenados. Solo se libró el niño pequeño de la fotografía.
—¿A vagar como titanes?
—La familia comprometió a su hija mayor con un eldiano con buenos contactos con algunos miembros de confianza de los altos mandos de Marley —continuó Zeke, sin responder directamente a mi pregunta—. Tuvo un bebé y al poco tiempo desapareció. Muchos creyeron que las Autoridades de Seguridad Pública de Marley dispusieron de ella. Uno de sus hermanos pequeños, el hijo mediano de la familia, pertenecía a los reavivadores de Eldia y se radicalizó. Pero él, junto al resto del grupo, fueron detenidos y condenados y eso implica también una condena a sus familiares.
—¿Qué pasó con el bebé?
—Fue el único que logró librarse de la condena y años después tuvo dos hijos. A uno lo conocéis, es Falco, el que se coló con Gabi en el dirigible. El otro es Colt, mi sucesor.
—Espera… No me refería al bebé de la foto, porque hablabas de ese, ¿verdad? —Zeke asintió. Así que el hermano más pequeño de mi madre había vivido y tenía dos hijos. Eso quería decir que aquel niño rubio…
—¿Quieres saber qué pasó con el bebé de la hija de los Grice? —dedujo Zeke— ¿Por qué te interesa tanto saberlo?
—No es de tu incumbencia, pedazo de mierda —respondió Levi por mí—. Responde a su pregunta.
—Se llama Norman —habló Zeke tras dirigir una mirada de soslayo a Levi—. No llegaron a condenar a su padre por la traición a Marley de los Grice, pero sí que perdió sus contactos. Es un chico con una vida humilde, sin más.
Cuánta información a procesar en tan poco tiempo. Era mucha más información de lo que inicialmente pensaba que me iban a dar. La desaparición de mi madre radicalizó a su hermano, a quien terminaron deteniendo y condenando a vagar como un titán sin raciocinio. En ese momento, ciertos recuerdos volvieron a mi mente. El día que Grisha Jaeger se presentó en nuestra casa por primera vez y la bofetada que le propinó mi madre tras preguntarle por su hermano. Durante mucho tiempo creí que aquella escena había sido una especie de sueño, pero ahora todo cobraba sentido. El hermano de mi madre era compañero de Grisha Jaeger, murió aquel día junto a Dina Fritz y los demás. Sentí náuseas. Eso quería decir que la persona que tenía delante, Zeke Jaeger, era el que había matado indirectamente al hermano de mi madre tras haberle delatado.
—¿Estás bien? —Levi me tomó del brazo. Pronunció aquella pregunta casi en un susurro, con delicadeza.
—S-Sí —en realidad estaba más bien confundida. ¿Eso quería decir que aquel niño pequeño, ese Falco y yo, compartíamos sangre? ¿Éramos familia?—. Gracias —articulé—. Me quedo esto —añadí, doblando la foto de nuevo y guardándola en un bolsillo en el interior de mi chaqueta. Ya le pediría explicaciones a mi madre. No entendía qué le había impedido contarme aquello. O es que, quizás, no conocía la historia completa…—. Tenemos que hablar. No es por esto por lo que había venido hasta aquí —me giré para mirar a Levi. Éste asintió y me indicó con un gesto que nos apartáramos un poco para tener algo más de intimidad.
—¿Y bien?
—Han asesinado a Darius Zackley.
Levi guardó silencio durante varios segundos.
—Vale —dijo finalmente.
—Te llegarán instrucciones más adelante. Hange ha ido a Sina. Se reúne el ejército para determinar cuál es el plan.
—Imagino que Pixis tomará el control.
—Es lo esperable.
—¿Y algo más?
—¿Qué?
—¿Has venido solo a decirme eso? —noté que la mirada de Levi bajaba momentáneamente y posaba sus ojos en mi cinturón—. Llevas puesto tu cinturón de emergencias. No lo usabas desde Shiganshina.
Me mordí el labio. Una parte de mí se moría de ganas por decirle la verdad, pero, por otra parte, temía que el hecho de que yo pudiera estar embarazada pudiera interponerse en su misión, en el cumplimiento de esa promesa que le había hecho a Erwin.
—Eren se ha escapado —comenté en un susurro para asegurarme de que Zeke no nos escuchaba—. Y ya sabes lo que eso significa.
—Estaré alerta. No permitiré que se acerquen al mierdecilla de Zeke.
—Por favor, Levi —pronuncié tras un largo silencio—. Te lo suplico. Ten cuidado, ¿de acuerdo?
Levi asintió con lentitud. No podía decirle más. Quería contárselo todo, pero otra parte de mí mas fuerte me lo impedía. Además, conocía a Levi. Sabía que él no querría indagar más, no si yo no se lo contaba, pero él intuía que algo me inquietaba.
—Me marcho. Siento haberte importunado y más cuando tienes una tarea tan importante.
—No te preocupes. Valoro mucho que hayas venido para decírmelo —Levi me miró con intensidad. No podíamos tener gestos delante del resto y menos de Zeke, y tenía la impresión de que él deseaba reconfortarme por lo que fuera que en realidad estaba sucediendo y no le contaba.
Giré sobre mis talones para buscar a mi caballo. Al hacer un gesto a uno de los soldados para que me lo trajera, Zeke me hizo un gesto con la mano desde la distancia a modo de despedida. Menudo capullo, pensé.
—¿Me contarás algún día por qué querías saber todo eso? —elevó la voz para que le escuchara.
—Quizás. Algún día —le respondí montando en el caballo e ignorando la mirada interrogante del soldado.
Durante mi regreso, cambié de opinión y decidí que lo mejor sería regresar a Sina. Esperaba que Hange estuviera todavía allí y que me explicara qué era lo que había sucedido durante la reunión, así como cuáles serían los próximos pasos. Tendría tiempo hasta que llegara a la capital para senerarme y calmar los nervios que sentía y que se iban acumulando a medida que habían sucedido cosas durante solo unos días.
De repente, en una zona abierta, noté que dos jinetes me seguían. Giré un poco mi rostro para comprobar que se trataba de dos soldados jóvenes de las tropas.
—Capitán —me saludó uno de ellos.
—¿Qué hacéis aquí? —les pregunté.
—Veníamos de hacer unos recados cuando nos hemos topado con usted.
—¿De dónde viene? —se interesó el otro.
—De hacer también un recado —repliqué con la misma ambigüedad.
—¿Ese recado tiene algo que ver con el capitán Levi?
Las alarmas se me encendieron. Volví a mirarlos, pero esta vez discretamente. Los dos estaban prácticamente a mi altura, cada uno a un lado. Aquello no pintaba nada bien y más después de los motivos por los que Miccah había recibido una paliza. Espoleé el caballo y éste aceleró el ritmo. Con un movimiento de las riendas, el animal viró hacia la derecha, pero antes de que pudiéramos alejarnos lo suficiente y tomar ventaja, escuché un disparo. El caballo trastabilló y emitió un relincho. Conseguí amortiguar la caída cuando el animal cayó herido por una bala en la pierna, pero, aún así, estaba un poco mareada y confundida por el golpe. Me incorporé y uno de aquellos soldados me aferró del pelo con fuerza.
—¿Dónde está el capitán Levi?
—No sé de qué me hablas —intenté zafarme, pero tiró con más fuerza todavía.
—Necesitamos saber dónde tiene a Zeke Jaeger.
—¿Y por qué iba a saberlo yo?
—No te hagas la tonta con nosotros. Todo el mundo sabe que eres la putita del capitán.
—Que os jodan —prácticamente escupí aquellas palabras. O sea, que por mucho que hubiéramos intentado ser discretos, los miembros de las tropas sabían que entre Levi y yo había algo, aunque creyeran que fuera algo meramente sexual.
—Tío, así no va a hablar. Ya nos lo dijo Floch —y, entonces, el otro soldado me propinó un fuerte golpe en la cara. Caí de lado, haciéndome un ovillo en el suelo. Sentía que mi mejilla derecha ardía. Cuando se acercó para pegarme de nuevo, aferré un puñado de tierra que le lancé en la cara con fuerza—. ¡Joder!
Aproveché ese instante de confusión para ponerme en pie. Corrí hacia el otro soldado y le propiné una patada. Supo rehacerse fácilmente, así que antes de que pudiera atacarme, volví a darle una patada, pero esta vez en la parte baja de las piernas. Eso le obligó a hincar la rodilla en el suelo y giré sobre mí misma para darle otra patada más en la cara. Cayó al suelo, doliéndose de la nariz. En ese momento, el otro soldado se aproximó a mí por la espalda. Los dos forcejeamos y caímos al suelo. Rodamos por la tierra hasta que conseguí colocarme sobre él y le di un puñetazo en la cara. Antes de propinarle el segundo, escuché una voz a mi espalda.
—Lo siento, capitán.
Sentí un golpe en la nuca. Caí al suelo boca arriba. Mi visión estaba borrosa, pero me percaté de que había sido el soldado anterior, tenía la cara manchada de sangre. Me había golpeado con la culata de su pistola, pero antes de poder pronunciar una palabra, terminé por perder la consciencia.
¡Hola a todos!
En primer lugar, ¡feliz Año Nuevo! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé. He estado bastante ocupada por trabajo, pero al final me ha venido también bien porque así he logrado algo más de margen con el manga, que, por cierto, se acaba ya el 9 de abril! En cuanto al capítulo, espero que os haya gustado. Se viene ya toda la acción y el drama de este arco final.
Adanessu: Pues sí. Con lo que pasa en el manga tocará sufrir y ya empezamos jajaja
Lia Black Phantom: Pues aquí has tenido a tu Levi jajaja Ha sido una aparición breve, pero intensa.
BlueBlack Feather: Muchas gracias por tus palabras, por el hecho de que digas que me lo estoy currando. Siempre que puedo intento avanzar con mis historias. Me lo paso de maravilla escribiéndolas. Me encanta que las reacciones de la rayis te parezcan reales, que se vea sobrepasada y estresada por la situación. Como ves, se muere de ganas por decirle a Levi la verdad, pero cree que, si Levi supiera de su embarazo, eso podría interferir en su futura pelea con Zeke y ella desea que Levi cumpla la promesa que le hizo a Erwin.
¡Nos leemos!
