"Tranquila Clarisse, Snape está de nuestro lado." repetía la chica mientras caminaban fuera de la oficina del profesor. "Ustedes son una tropa de idiotas."

"Hey, hey, hey." Marcus levantó las manos haciéndola frenar en su puesto. "No te conviene ponerte de esa manera con nosotros, Clarisse, te acabamos de salvar el trasero." su tono era frío y serio, sus ojos se enterraron sobre ella con enfado.

"No tendrían que habernos salvado si supieran mantener esto en-secreto." rechistó ella, cruzándose de brazos para seguir caminando.

Sintió una pequeña risotada venir de Theodore. "La chica callada y sumisa que vimos el primer día, ya se transformó en una fiera, y eso que tan solo lleva con nosotros unos días."

Clarisse se dio la vuelta, pero Theodore la envolvió en sus brazos con facilidad. Como era más alto que ella, su cabeza quedaba por sobre la de ella, enterrándola en su pecho."Relájate, Clarisse, solo son juegos."

"Juegos." repitió ella. "Todo para ustedes son estúpidos juegos."

"Debemos divertirnos también, Liss." dijo Zabini, revolviendo el largo cabello de la chica.

"Agh, no me digas Liss."

"Bueno, Liss."

"Shh." susurró Draco, interponiéndose frente a los demás cuando un ruido se sintió desde el otro lado del pasillo.

El toque de queda había comenzado hace cinco minutos. Snape se había tomado su tiempo con ellos, y los obligó a quedarse a todos media hora escribiendo un pequeño pergamino sobre por qué las Artes Oscuras no deben ser realizadas dentro de Hogwarts.

"Creo que es Filch." dijo Malfoy, pegando a todos a la pared. "Manténganse en silencio, no pienso estar castigado por culpa de Snape."

"Quizá sean los -"

La chica fue empujada por todos dentro de un nicho.

"Shh." Marcus apoyó su mano en la boca de Clarisse y los cincos alumnos estaban casi pegados los unos a los otros evitando emitir el menor ruido.

Clarisse se sintió algo incomoda. Ella sola, con cuatro chicos, dos a cada lado y uno tapándole la boca, fuera de su habitación en pleno toque de queda por la noche. Aquello era como un sueño. Una fantasía. ¿Alguna vez se abría imaginado algo así?

No es una chica muy abierta respecto a esto. De hecho, a veces la culpa se la come al pensar en este tipo de cosas con los rostros más inesperados.

"Ya se fue..." susurró Draco, apoyando sus manos en la pared para mirar a lo largo del pasillo. "Creo que ya está."

Marcus soltó a Clarisse y la miró, guiñando su ojo y haciendo un pequeño sonido con la boca al chasquear la lengua al unísono. Ella se sonrojo por completo y su cuerpo comenzó a emitir calor desde el interior.

«No, no, no»

"Apresúrense, lo único que nos podría faltar sería -"

"Pero si son serpientes fuera de su cama." la voz de Peeves resonó, pero él fantasma no se hacía ver ante ellos.

"Maldición." gruñó Theo.

Draco maldijo, fastidiado por el día que llevaban. "Peeves, si le dices esto a alguien -"

"Oh, no no no no no." dijo él, con obediencia. "Filch se enterará de esto, pero no por mí."

"¿A que te refieres?, estúpido poltergeist." Zabini sacó su varita y se colocó en una posición de gacha, mirando hacia ambos lados del pasillo.

Peeves solo reía, levitando hasta la esquina del pasillo y haciendo un gesto hacia él.

Todos giraron la cabeza instantáneamente. Al final del pasillo una cola se retorcía por la pared, la señora Norris los miraba con sus ojos color rojo, como si supiera de que trataba.

"Carajo."

"Solo -" Draco se quedó inmóvil, sus ojos puestos sobre el felino que seguía frente a ellos.

Repentinamente, el gato se dio la vuelta y desapareció por el pasillo.

Los cinco chicos se quedaron mirando, en silencio, no tenían idea de qué hacer.

"Y si - ¡corremos!"

Theodore fue el primero en salir pasillo a abajo, seguido de Zabini. Clarisse no procesaba las palabras de Nott y fue Marcus quien la agarró del brazo para tirar de ella a paso apresurado.

Las risas de Theo hicieron que Clarisse se calmara un poco, mientras doblaba por el pasillo del Gran Comedor. Su corazón latía a mil por hora. Sus piernas temblaban y en cualquier momento sentía que cederían a caer, pero Lestrange la traía firmemente agarrada, como si se diera cuenta de ello.

Draco iba de los últimos, revisando que nadie los siguiera mientras escapaban.

Llegaron al pasillo de las mazmorras segundos antes de divisar la voz de Filch a lo lejos. El sonido de sus pasos era lo único que podían sentir en ese momento. Chocaron con la puerta de entrada mientras la adrenalina subía por sus cuerpos.

"Sangre pura, sangre pura, mierda, sangre pura." repetía Theo, esperando que la entrada a la sala común se abriera.

La puerta subía tan lentamente que la paciencia de todos estaba al borde. Nott no aguanto y se agachó para entrar, mientras Zabini lo empujaba haciéndolo tropezar.

"Maldita sea, Nott, entra ya." gruñía Blaise.

Clarisse intentaba aguantar reír para no hacer ruidos mientras esperaba que los demás entraran.

"Cierren la puta boca, Filch tiene oídos ultra desarrollados." habló Marcus, agachándose tras Zabini al entrar.

Clarisse estaba por agacharse cuando Draco puso su mano en la espalda baja de ella y la empujó con fuerza, haciendo que tropezara. Los dos cayeron juntos dentro del angosto pasadizo de entrada mientras veían a Filch apareciendo al final del corredor. Zabini saltó sobre ellos y cerró la entrada con fuerza, dando la vuelta y pegando su espalda a ella.

Las respiraciones de todos estaban exaltadas, y Clarisse sentía un ardor en su garganta debido a las fuertes bocanadas de aire que tomó mientras corrían. Repentinamente su vista bajó a sus piernas, donde Draco aún tenía sus manos. Él la miró, dándose cuenta de lo que sucedía y se paró enseguida, limpiando su traje color negro.

"Eso estuvo... ¡Estupendo!" gritó Theo, lanzándose sobre el sofá. "Si así serán nuestras reuniones, no querré salir nunca de este grupo."

Clarisse se levantó del suelo, y mientras lo hacía, Marcus se acercó a ayudarla, tomándola de un brazo para hacer fuerza. Ella le sonrió y arregló su falda, llena de polvo debido al sucio suelo del pasadizo.

"Esto no volverá a suceder." dijo ella, acercándose al calor que emanaba desde la chimenea. "Tendremos más cuidado, y procuraremos no salir después del toque de queda."

"Eres una aguafiestas Liss." siseo Blaise, mientras se quitaba su larga túnica. "Admite que fue divertido."

Clarisse se sentó en el suelo del salón, mirando la flameante llama vacilar de un lado a otro. Pero el silencio la hizo girarse, y vio a los cuatro pares de ojos puestos sobre ella.

"Qué."

"Admite que fue divertido." repitió Blaise.

Ella tenía claro que había sido una de las pocas veces que la había pasado tan bien aquí. Nunca fue una persona de muchos amigos, la mayor parte del tiempo la pasaba en su habitación, estudiando, leyendo y practicando. Jamás se había sentido parte de algo hasta ahora.

"No." respondió, girando su cabeza para que no vieran la sonrisa que se escondía tras su negativa.

Sintió a alguien levantarse de su lugar y miró con rapidez. Theo se lanzó al suelo a su lado, recostando su cabeza en las piernas de ella. "Es muy feo mentir Liss, las mentiras hacen daño."

"Dejen de decirme Liss," se quejó, apoyando sus palmas tras ella. "Mi nombre es Clarisse."

"Y nosotros te diremos Liss." recalcó Marcus, jugando con los pequeños rizos en su cabello. "En serio Liss, eres muy cabezota."

"Ya solo di que te divertiste." Theo hizo un puchero y Clarisse estaba a punto de obedecer.

"Déjenla en paz." murmuró Draco, levantándose del lugar en el que estaba. "Ustedes tres me joden."

Nott hizo una burla a lo que la chica rió, tapándose la boca para evitar cualquier sonido. No recordaba reír tanto en un mismo día, realmente la estaba pasando bien con ellos, y a pesar de algunas actitudes, creía que podrían mantener la paz entre los cinco.

Blaise suspiró pesadamente luego de unos minutos. "Creo que deberíamos ir a dormir, ¿suben?"

"Yo - me quedaré aquí." respondió ella, peinando con los dedos su cabello. "Quiero revisar un poco más mis libros, para aclarar ideas."

"Me quedo contigo." se apuntó Theo, aún recostado en el suelo alfombrado.

La chica negó con la cabeza. "No es necesario Theo, puedes irte, estaré bien sola."

"No recuerdo haberte preguntado si querías, Liss."

Ella suspiró y se rindió ante él. Blaise y Marcus salieron del lugar, subiendo las escaleras hasta desaparecer por el pasillo izquierdo del segundo piso.

"No le pongas una mano encima Nott, si no quieres que te rompa la cara." fue lo último que dijo Lestrange.

Clarisse también se levantó del suelo y Theodore la miró con confusión.

"¿A dónde vas?" preguntó, poniéndose en pie en un solo movimiento. Su cabello desordenado se iluminaba gracias a la fogata y su piel lisa parecía cálida por el color verde que irradiaba el lago.

Ella tomó su cabello en una coleta mientras caminaba. "Los libros están en mi habitación, debo ir por ellos."

"Mejor, quedémonos en tu cuarto." propuso Theo, en marcha hacia el ala de niñas.

Clarisse resoplo." Sabes que no puedes entrar a los cuartos de las chicas ¿verdad?" preguntó ella.

Theo puso los ojos en blanco."¿En serio te crees eso?, Dumbledore nos mintió, nunca hubo hechizos en los cuartos."

"¿Cómo lo sabes?"

"¿Cómo crees que lo sé?"

Ella le dio un ligero golpe en el hombro hasta que llegaron a su puerta. Sacó su varita y desencanto el pomo, dando paso a su amigo para entrar al lugar.

La habitación de Clarisse era muy distinta a las demás. A ella le gustaba la extravagancia, o quizá, era sólo la costumbre. Las paredes estaban tapizadas con un empapelado en tonos café, flores silvestres de distintos colores adornaban cada rincón. Le gustaban los espejos, tenía al menos tres pequeños colgados en un muro, y uno de cuerpo entero frente a su armario de madera de roble. Su escritorio era del mismo material, ordenado minuciosamente. Pero la cama. La cama era la mejor parte.

Ocupaba todo el espacio del centro de la habitación, y estaba acolchada de manera que lucía aún más grande de lo que era. Las sábanas color blanco eran suaves y las almohadas parecían nubes.

"Se notan las preferencias." dijo Theo, admirando cada rincón del cuarto.

"Vamos..." dijo ella, apoyando sus muslos en el escritorio. "Dudo que tu cuarto sea peor que este."

"Estas en lo correcto." murmuró sonriendo. "El mío es mejor."

Clarisse rodo los ojos y sacudió la cabeza, dando la vuelta para alcanzar uno de los libros de la repisa más alta.

Seguía estudiando sobre la teoría, aún algo indecisa por llevar a cabo las Asrtes Oscuras en un lugar tan peligroso. Temía que, si los volvían a encontrar, la consecuencia fuera más que un castigo.

"Bien, quiero que leas esto." ella le entregó uno de los libros a Theo, quien lo miró, y lanzó sobre la cama.

Clarisse lo cuestionó y el respondió. "Dije que me quedaría, no que ayudaría."

"Eres un -"

"Sin insultos Clarisse," dijo juguetón. "sin insultos."

Ella gruñó pero de manera burlona, se sentó en su escritorio y comenzó a leer, leer y leer, hasta que un momento sus ojos ya no daban más.

Entendía la teoría, era bastante fácil pero la práctica le asustaba. Sabía que de alguna manera, esto de estudiar la información no era más que una forma de evadir el momento de llevar a cabo los encantamientos.

Sinceramente, ella no se veía muy capaz de lograrlo, menos frente a ellos. Le daba vergüenza fallar, al parecer los chicos sabían lo que hacían y era verdad que tenían más conocimiento que ella.

"Estás quedandote dormida."

La voz de Theo la hizo abrir los ojos de golpe. Miró el reloj a su lado. 1 am.

Aún podía aguantar otro minuto, o -

"Lo haces de nuevo."

Clarisse tuvo que refregarase los ojos con sus manos, había estado despierta desde tan temprano, que no aguantaría estudiar más como lo había tenido pensado.

"Yo - yo creo que me - voy a dormir." habló, luego de dar un bostezo.

Theo se paró de la cama, extendiendo la parte donde su cuerpo había estado recostado. Abrió los primeros botones de su camisa, dejando ver su pecho que subía y bajaba lentamente con cada respiración de aire.

Clarisse despertó en un segundo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al ver a Nott luchando con sus mechones de cabello, se veía aún más alto desde donde ella se encontraba y realmente nunca había admirado su aspecto físico pero él era atractivo, de eso no había dudas.

"¿Podrías ayudarme?" preguntó él, caminando hasta la silla frente al escritorio. Clarisse solo asintió mientras lo miraba.

El chico se puso frente a ella, aún sin soltar su cabello, la camisa se levantaba por sus hombros y dejaba ver los huecos en su cuello. Clarisse intentó mantener la respiración pero su pecho estaba bombardeandola.

"Abre las piernas."

El impacto se plasmó en la cara de Clarisse, quién apenas pudo mover las rodilla de un lado a otro. Intentó cubrirse con la falda, pero fue en vano, apenas podía tapar sus muslos mientras seguía sentada en el escritorio.

Estaba esperando que pasara. Esperaba que Theo se lanzará sobre ella, o al menos, eso creía que pasaría.

"Desarma esto por mí." dijo él, agachandose y quedando de espaldas a ella, mostrando un pequeño nudo en su cabello.

Clarisse se sintió como una tonta. Miles de escenarios pasaron por su cabeza gracias a las palabras mal interpretadas de Theodore. ¿Qué pensaba que pasaría? ¿Qué la follaria sobre la mesa?

"Qué fue lo que hiciste." dijo ella, con voz temblorosa, intentando quitar los pensamientos de su mente.

Theo se encogió de hombros. "A veces por aburrimiento me hago trenzas en el cabello, pero luego se enredan y no puedo desatarlas."

La imagen mental de Nott haciendo trenzas en su cabello sin darse cuenta le pareció tierno. Llevaba poco tiempo conociendo a Theo pero se estaba empezando a dar cuenta que quizá no es como ella creía.

Y si con él su visión cambiaba, podría suceder con todos.

"Está... listo." dijo ella, cuando logró terminar de peinar su cabello.

El chico salió de entre sus piernas y se alboroto el cabello. Clarisse seguía algo culpable por pensar mal de él, pero últimamente sus pensamientos han sido algo bruscos y, quizá, se debía a que hace ya bastante tiempo no estaba con alguien.

«Claro, debe ser eso» pensó.

"Bueno, iré a dormir Liss, estoy algo exhausto." tomó su túnica, la cual se había quitado mientras Clarisse estaba leyendo. Ella asintió, abriendo la puerta del cuarto. "Quieres que mañana te acompañe de nuevo." preguntó mientras salía.

"¿Esta vez ayudarás?" cuestionó ella, sonriendo al verlo alzar las cejas.

"No te prometo milagros."

Y así, cerrando la puerta, la dejó sola en su habitación.

Apenas se desvistió cayó sobre la suave ropa de cama, abrazando y saboreando la sensación de tranquilidad que le daba aquel lugar. Sabía que todo estaba mal allá afuera.

Imaginaba a sus padres. ¿Qué estarían haciendo ahora?

Estarían en alguna reunión, en alguna misión, o peor, ¿estarían haciendole daño a alguien?

Lo más probable era que sí. Su padre nunca le habló de los trabajos que le encomendada el Señor Oscuro, decía que no eran cosas muy horribles, que no tenía de que preocuparse, pero ya era tarde. Ella lo sabía.

Recordaba haber caminado por los pasillos de la Gran Mansión Malfoy, cuando unos gritos desesperados la hicieron sobresaltarse.

Flashback

Vacaciones Verano

Era la primera y única vez que se encontraba en aquella Mansión. Sus padres le habían negado siempre estar en presencia de los Mortífagos, pero hoy no habían tenido opción. La habían tenido que llevar de igual manera

.

La marca de su padre le había ardido tanto que supo que era de suma urgencia el llamado, y no demoraron ni cinco minutos en estar allí.

La dejaron en el corredor, ordenandole que no le dirigiera la palabra a nadie, ni tocará ni un objeto de él lugar. Ella no lo hizo, no tocó nada y no habló con nadie, pero caminó.

Porque eso no se lo prohibieron.

Caminó por los pasillos, admirando cada cuadro, cada marco de espejo, cada objeto de plata, cada estatua y cada fino detalle de la gran estructura. Le gustaba todo. Sabía que Narcissa había sido la que decoró toda la casa, su madre alguna vez lo había comentado. La mujer tenía buen gusto y la casa reflejaba en cierta manera.

Llegó hasta el final del pasillo pero una escalera angosta y en forma de caracol, enterrada bajo tierra, llamó su atención. Miró hacia su alrededor. Ni un solo ruido, ni una sola presencia, parecía estar en la soledad.

Sin meditarlo más, comenzó a ir escaleras abajo, dejando que el frío chocara con su cuerpo. Estaba totalmente oscuro, una gotera se podía oír a lo lejos. Sus pasos apenas sonaban en el piso de cemento, parecía un lugar al que nunca iban ya que la suciedad y el mal olor abundaban. Había pequeños faros de luz a cada dos metros y estaban completamente enmarañados.

Unos pasos más y llegó a lo que parecía ser una celda.

¿Una celda?

Sus dedos pasaron por el oxidado fierro. Dentro, cadenas y armas de tortura colgaban por las paredes. Tablas de madera, látigos, cuchillos, enormes estructuras en forma de camillas con esposas. Aquí no sólo utilizaban maldiciones, aquí agredian a las personas más que físicamente.

Sus dedos recorrían una fría y afilada daga cuando -

Un grito tronó desde algún lado del amplio lugar. Habían muchos pasadizos y era imposible seguir el eco que había provocado.

Repentinamente más gritos, esta vez alargados. Eran gritos de desahogo, gritos de sufrimiento. Era una mujer. Apenas se le entendía de forma clara lo que decía.

A pesar del miedo, Clarisse se armó de valor y caminó hacia el pasillo que dividía los corredores, y ahí lo vio. Su padre, con una sonrisa casi malvada en el rostro, tenía a una mujer tirada en el suelo, frente a él.

"¡Crucio!"

La mujer apretaba su vientre con fuerza, y fue ahí cuando Clarisse pudo ver la enorme barriga que traía, estaba embarazada. Él no sólo estaba torturandola a ella, si no que también a su bebé.

"¿No te gustó traicionarnos con un Muggle?." su voz era casi de furia combinada con deleite. "Ahora veremos si quieres seguir trayendo asquerosos Mestizos al mundo." gruñó el hombre, que para ella, ya era irreconocible.

La mujer seguía gritando. Gritaba descontroladamente y Clarisse se preguntaba como es que aún podía estar viva. No podía imaginarse el dolor de aquella maldición, y esperaba nunca experimentarlo.

"¡Crucio!"

Otros chillidos por parte de la mujer que se retorcía en el piso, su cuerpo se veía mojado y el sudor recorría su rostro combinado con las lágrimas que golpeaban sus ojos.

"Tú, asquerosa Traicionera, ya no nos sirves para nada." escupió su padre, sin dejar de maldecirla. "¿Sabes que haré contigo?"

El cuerpo de Clarisse tembló, y tuvo que taparse la boca para no romper a llorar en ese mismo instante.

"¡Avada Kedavra!"

Fin Flashback

Ella quedó asustada. Desde ese momento tuvo miedo, pero nunca se lo dijo a nadie. Eso era lo que ellos hacían. Provocar dolor y hacer daño era algo normal para ellos, y pensó que sólo debía acostumbrarse al hecho.

Por eso está haciendo esto. Porque cree que la única manera de superarlo es llevandolo a cabo.

Ella quiere ayudar, quiere, pero no tiene las fuerzas. No se ve capaz de torturar a alguien, mucho menos de matarlo, no se ve capaz de pelear en una Batalla, y no se ve capaz de satisfacer a sus padres.

Nunca.