Capítulo 29: Titán Acorazado y Titán Colosal (Parte 2)
-¿¡Por qué!?-Gritó la morena hacia la castaña con los ojos encogidos de la furia que recorría en su cuerpo, sin importarle un maldito bledo que fuera su superior. Los soldados del Cuerpo de Exploración y algunos de las Tropas de Guarnición observaban la escena con temor, sin tener las agallas de meterse- ¿¡Por qué no me has dejado ir tras ellos!?¡Los hemos dejado ir, Hange!
-Pequeñaja, haz el favor de bajar la voz. Hay muchos heridos y necesitan recuperarse- Le dijo Hange arrodillada ante Moblit, el cual ante el calor y la fuerza del viento, había quedado completamente fuera de combate.
-¡Pues dame malditas respuestas!
-¡PORQUE SERÍA UN MALDITO SUICIDIO, _!- Estalló ya cansada de las réplicas de la morena, poniéndose de golpe de pie y encarándose hacia esta. Por primera vez, Hange mostraba un enfado genuino- ¡ESTARÍAS TÚ SOLA CONTRA EL TITÁN ACORAZADO Y QUIEN SABE SI CONTRA EL MALDITO TITÁN COLOSAL!
Los labios de _ se despegaron, abriendo levemente su boca, sorprendida de aquel grito por parte de la castaña. Entonces, como si hubieran cortado una cuerda muy tensa, todas sus fuerzas se fueron, dejando ir un resoplido ahogado, completamente desbordada por sus emociones ¿Qué pretendía pagándolo con la pobre Hange, que solamente le había protegido de aquello que se había jurado a sí misma no hacer? Con frustración bajó el rostro y encogió el gesto, ocultándolo acto seguido tras sus manos. Había fallado, una vez más. Una mano se posó en su hombro y con su dedo pulgar, empezó a acariciarle suavemente, intentando transmitirle un poco de ánimo.
-Entiendo tus sentimientos, _. Sé lo que significa Eren para tí- Le murmuró con suavidad. No era ciega para darse cuenta de que para la morena el castaño era parte de su familia- Pero no puedes pretender que te deje morir. No frente a mis ojos.
-Pero Hange, yo…- Sin remedio alguno, unos ojos gris azulado aparecieron por su mente. Y, de pronto, se sintió completamente derrotada- Se lo había prometido...Le prometí que los protegería a todos. Por él…
Hange la miró por unos segundos, muy seriamente. No había podido evitarlo dada una recién curiosidad despertada, pero había escuchado a escondidas la conversación de ambos, por lo que estaba completamente enterada de esa promesa.
-Y aún estás por cumplirla- Le dijo agachando el rostro para ponerlo a su altura- Esto aún no ha acabado. Así que levanta esos ánimos y ve a atender a los heridos, necesitamos tantas manos posibles para rescatar a Eren.
La charla/discusión con Hange logró que la morena volviera a sus cabales, tras un momento de completa debilidad. La castaña tenía razón, no había acabado. Todavía seguían en pie y eso significaba que aún tenían una oportunidad de recuperar a Eren de las manos de esos dos desgraciados. No obstante, aun así, dada la cantidad de personas que habían resultado heridas y la falta de ascensores que permitieran pasar los caballos de un lado al otro de la muralla, Hange mandó un par de mensajeros a que transmitieran lo sucedido a Erwin con tal de que les mandaran refuerzos y medios para iniciar la persecución. Mientras que ambos jinetes se marchaban, _ decidió ocupar su mente en atender a tantos heridos como pudiera. Para su sorpresa, entre ellos, se encontraba Mikasa. Por lo que, tras atender a los que se encontraban en estado más grave, _ se arrodillo ante la morena, observando rápidamente como se había hecho varios raspones en el rostro y brazos, pero ninguna herida grave a la vista. Por precaución, le abrió los ojos y con alivio, vio cómo sus pupilas se encogía de manera normal ante la luz del sol, por lo que la conmoción que la había dejado inconsciente tampoco era muy grave.
Mientras desinfectaba y vendaba las heridas superficiales, dos personas se aproximaron a ella.
-_-Habló Armin con voz baja.
-¿Cómo está Mikasa?-Preguntó Hannes al lado del otro rubio. Al parecer, había vuelto a la muralla tras escuchar a lo lejos los relámpagos procedentes de los titanes.
-Es muy fuerte- Les dijo a ambos, enfocada en su tarea- No tiene ninguna herida grave, aunque sí que sufre una pequeña conmoción. Pero nada que preocuparse, al cabo de unas horas, se despertará- Intentó sosegar su preocupación por la morena inconsciente, alzando los ojos hacia los dos- Estaros tranquilos, está en manos de una experta- Bromeó levemente, sacando la lengua para calmar los ánimos.
Los ojos azabache de Mikasa se abrieron pesadamente al cabo de 5 horas sumida en un estado de completa inconsciencia. _, arrodillada junto a ella, sonrió levemente, aliviada de que hubiera despertado, mientras que a su lado, un adormilado Armin, descansaba con la cabeza entre sus piernas. Sabiendo lo preocupado que había estado, lo zarandeó un poco, logrando que también despertara y pudiera ver a Mikasa incorporarse.
-¡Mikasa!-Exclamó el rubio alzando la cabeza.
-Armin, _ ¿dónde está Eren?-Preguntó desesperada moviéndose demasiado brusco para el gusto de la otra morena.
Con una mano firme en su hombro, _ la retuvo, provocando que sus ojos encogidos por el terror y la desesperación se dirigieran hacia la morena mayor.
-No te muevas de esa manera, Mikasa. Puede que no tengas nada grave, pero tienes que ir con tranquilidad- Le advirtió mirándola seriamente- A Eren y a Ymir se los han llevado Reiner y Bertholdt, hace unas cinco horas.
El rostro de la morena más alta se le fue el color completamente, impactada por la información, y poco a poco, fue dejando caer su cabeza hasta ocultar su cara tras su pelo de color negro. Entendiendo lo alterada que podría llegar a estar, _ se levantó del suelo y acarició la cabeza de Mikasa, infundiendo los ánimos y el consuelo que sabía que necesitaba, antes de marcharse para dejar a ambos solos y poder hablar con más tranquilidad. De camino hacia los heridos, se topó con Hannes, que portaba varias raciones de campaña en las manos.
-_ ¿Ha despertado Mikasa?-Preguntó el hombre un poco serio, dirigiendo su mirada hacia ambos chicos que miraban con rostro triste el horizonte donde por última vez habían visto a su amigo.
-Sí, justo ahora. Le he dado la noticia, así que es mejor que les dejes un poco de tiempo para que hablen ambos- Le pidió mirándolos también de reojo- Creo que necesitan desahogarse un poco.
-¿Y tú? Por lo que he visto hace unas horas, también Eren es importante para tí- Le preguntó Hannes, refiriéndose a la discusión con Hange.
Un poco incómoda, _ se rascó la mejilla, soltando una pequeña risita tensa. No se sentía muy orgullosa de haber perdido los estribos frente a tanta gente, y sobre todo con el antiguo amigo de su madre.
-Sí, me desquitado bien las tensiones…-Bromeó sin mucha gracia.
-Te pareces tanto a tu madre que da hasta miedo. Teneis el mismo arranque arrollador- Rió con un poco el ánimo levantado, dejando caer su mano sobre el pelo corto de _. Con una pequeña sonrisa, lo sacudió suavemente, provocando que los rizos definidos de la morena saltarán graciosamente- Asegurate de vivir bien y mucho ¿vale?
-Y tú también, Hannes- Le sonrió de vuelta, feliz de sus palabras.
-Tranquila. A este viejo carcamal aún le quedan muchos días por pelear- El pequeño gesto se convirtió en una enorme sonrisa de oreja a oreja- Por cierto, ten- Retirando su mano del cabello de _, le tendió una de las raciones de campaña- Aún le debía una ronda a tu madre, espero que esto lo compense aunque sea un poco y no me persiga eternamente como un fantasma. Siempre hay que cumplir una promesa ¿eh?
Soltando una pequeña risa, cogió el paquete y lo miró por unos segundos, un poco divertida. Agradecía los esfuerzos por animarla de aquel hombre en esa situación tan tensa y estresante. Entonces, esbozando una endiablada sonrisa, alzó el paquete y lo sacudió, jugueteando con él entre sus dedos, subiendo una de sus cejas negras, que se perdió por su flequillo rizado.
-Lo tomaré, pero no consideraré como saldada tu deuda- Aquello hizo que el rostro de Hannes se desencaja ante lo inesperado de aquello, provocando que internamente _ riera- Tendrás que invitarme a una ronda cuando volvamos. Aunque tengo que advertirte que en una cosa puede que sea distinta a mi madre: tengo un nulo aguante al alcohol.
-Mejor. Más copas para mí- Y entre risas, el hombre se marchó levantando la mano para despedirse de la morena.
Con una pequeña sonrisa, _ observó cómo se acercaba a los chicos y se sentaba junto a ellos, tendiendo las raciones y asegurándose de que comieran. Dando un último vistazo, _ se encaminó hasta Hange, que recorría las filas de los heridos comprobando de vez en cuando el estado de algunos. Al ver a la morena acercarse, alzó el rostro hacia ella y esbozó una cansada sonrisa, cuando de pronto, un pequeño chorretón de sangre descendió de su fosa nasal derecha, alterando a la morena.
-¡Hange, tienes sangre!- Exclamó un poco preocupada, sacando de su cinturón multiusos un pequeño trozo de venda. El último. Por suerte, vendrían con más materiales- Siéntate, deja que te atienda.
-Vamos, vamos, no seas exagerada- Aun restándole importancia, la castaña se sentó en el suelo, permitiendo a la morena observar bien su estado de salud- Seguramente sea cansancio solo. Llevamos toda la noche de aquí para allá.
-Bueno, eso lo decidiré yo- Le dijo severamente, causando que la castaña sonriera divertida de esa faceta. Con cuidado, _ introdujo el trozo de venda enrollado en la fosa nasal y colocó las manos en su barbilla y cuello para inclinarle un poco el rostro de Hange hacia atrás, para evitar que sangrara más. Al tocar una parte de su mandíbula, sintió un pequeño bulto y, acto seguido, la castaña emitió un pequeño gemido de dolor. Ante eso, _ la miró seriamente por unos segundos hasta que de pronto frunció el ceño, empezando a enfadarse- ¿Por qué no me lo has dicho?
-¿El qué, pequeñaja?
-No te hagas la tonta. Ya lo he descubierto. Sé que te has golpeado la cara y que posiblemente tengas algún tendón dañado o puede incluso que tengas una fisura en el hueso de la mandíbula.
-No quería que te pudieras así- Le dijo suspirando pesadamente y, al hacerlo, permitió esbozar una pequeña mueca de dolor en su rostro. _ la observó muy enfadada, tanto con la propia Hange como por ella misma. Le había hecho gritar con esa lesión- No es necesario que me trates como un paciente. Me limitaré a quedarme callada y ya está, no afectará a mi rendimiento en la misión.
-Tú misma sabes que no es tan sencillo, Hange. Si no no me lo hubieras ocultado- Le gruñó sin poder evitarlo, mientras depositaba sus puños en sus rodillas y los apretaba- Lo siento, pero no puedes ir a la misión así, te pese como te pese. Como superior a cargo de un escuadrón, necesitas transmitir órdenes y tener una herida te impide hacer eso además de que puede suponer una tremenda desventaja, pues el dolor puede ser una muy mala distracción. Y, antes de que lo propongas: no, no te voy a administrar ningún anestésico, pues si lo fuerzas, a la larga puede ser muy perjudicial.
…
-Erwin, que bien que estés aquí- Exclamó Hange con voz nasal, justo cuando el rubio se bajaba de su caballo blanco en un ágil salto. La castaña todavía tenía el trozo de venda metido en la nariz, señaló con la mano tras de él, asintiendo lo poco que le permitía su lesión- Habéis sido muy inteligentes al traer a los caballos y ascensores por encima de la muralla.
Tras los dos superiores una multitud de soldados del Cuerpo de Exploración y de la Policía Militar se extendían a lo largo de la cima de la estructura sólida, todos cargados con todo tipo de materiales. Gracias a la brillante idea del Comandante, de un eterno viaje de varias horas transportando todo el cargamento por los simultuosos caminos, acortaron el tiempo a apenas una hora de trayecto. Algo vital al llevar varias horas de desventaja para con respecto de los dos titanes.
_, sin ningún tipo de pudor por interrumpir su conversación, se acercó a ambos, ganándose su atención.
-Comandante, ¿ha traído los materiales médicos que le solicité, no?- Con un asentimiento frío y una señal con la cabeza por parte del rubio a un soldado que había tras su espalda, _ recibió un baúl hasta arriba de lo que había pedido- Gracias.
Emocionada como si de repente le hubieran hecho un regalo, quitó el seguro, lo abrió y empezó a reponer sus existencias de su cinturón, rellenando los botes vacíos de todo tipo de contenidos y enrollando hasta quedar super finas, vendas y más vendas. El haber tratado a todos los heridos que todavía descansaban al otro lado había supuesto un gasto de todos sus materiales que había preocupado un poco a _. Por suerte, ahora que estaba preparada, podría irse tranquilamente a la misión, sabiendo que tenía todo lo necesario para cualquier tipo de emergencia.
Los dos superiores, tras darle un último vistazo a la morena que se había sentado en el suelo junto a ellos, continuaron hablando.
-¿Alguna novedad?-Preguntó Erwin seriamente, mientras hacía una señal a los soldados para que empezaran a colocar los ascensores.
-Ninguna. No han aparecido por ningún lugar ni Eren ni el resto, pero tengo una ligera sospecha hacia donde se han dirigido- Le comentó la castaña, metiéndose las manos en los bolsillos y sacando un mapa plegado. Agachándose junto a la ocupada morena, Hange lo extendió sobre el suelo mientras Erwin doblaba sus rodillas y se ponía de cuclillas, recorriendo con sus fríos y serios ojos azules el dibujo- Aquí hay un bosque de árboles gigantes, no muy grande. Sinceramente, dudo que el Titán Acorazado haya ocultado sus huellas, por lo que os será fácil seguirlo- Al alzar la vista la castaña y ver una duda reflejada en los ojos de su comandante, se adelantó y le explicó antes de que pudiera formular la pregunta. Sin que ninguno de los dos se hubiera dado cuenta, varios soldados se habían acercado a escuchar a la Mayor- No es seguro, pero aunque puedan transformarse, los otros titanes seguirán atacandoles, y, tras una batalla tan dura, necesitaran descanso, sin tener que preocuparse de vigilar sus espaldas. Además, si asumimos que su objetivo es llegar al otro lado de la Muralla María, tendrán que recorrer una distancia bastante larga. Por eso considero que lo más probable es que se detengan en este punto ¡Hasta que caiga la noche y los titanes se detengan!
-Entonces, tenemos hasta la noche para rescatar a Eren de las manos del Titán Acorazado y el Titan Colosal- Concluyó el comandante del Cuerpo de Exploración de manera resumida todo lo explicado por la castaña. Hange asintió firmemente- Bien, pues entonces no hay tiempo que perder- Dijo el rubio levantándose. Mostrando un rostro muy serio y decidido, se giró hacia el resto de soldados que habían estado escuchando la conversación, conectando con los ojos de estos- Ya lo habéis oído. Con cada segundo que pasa, es una oportunidad menos de recuperarnos de este duro golpe- Les habló a los tantos rostros que lo miraban, con la esperanza de que pudiera iluminar sus corazones oscurecidos- Así que debemos ponernos manos a la obra. Por el bien de la Humanidad, no fallaremos de nuevo.
Un grito conjunto resurgió de las bocas de los presentes y, acto seguido, sin necesidad de que el Comandante Erwin dictara alguna orden, cada uno se movió y se dedicó a una tarea en específico, acelerando el proceso de instalación y traslado de los caballos de un lado de la muralla al otro. Impresionada con la escena, _ alzó la vista y observó a Erwin caminar hacia un alto mando de la Policía Militar, sintiendo un profundo respeto hacia su persona. El magnetismo y el carisma que desprendía conseguía atraer y mover a las masas con una facilidad abrumadora. Estaba claro, Erwin Smith había nacido para liderar.
Bastó solo una hora para que todo estuviera listo para la marcha. Tanto los miembros de la Policía Militar como la propia _ quedaron sorprendidos por la coordinación de los exploradores bajo el mando de su comandante. Ella misma había participado en una expedición con anterioridad, hace apenas unos días; pero aquella situación no era lo mismo, no había ningún examen previo de las condiciones o circunstancias, no había plan estudiado con exhaustividad, casi se preparaba todo al momento. En aquellos momentos, se estaba demostrando el enorme potencial del Cuerpo de Exploración.
Subida a Spirit, ambos sobre el ascensor, dispuestos a descender, _ giró su rostro hacia la izquierda, conectando su mirada con Hange, la cual le devolvía el contacto visual desde la cima de la muralla.
-Buena suerte, pequeñaja- Le dijo con una sonrisa tensa, ya fuera porque odiaba no poder ir a la misión o porque le dolía al hacer aquel gesto.
-Igualmente, Hange- De devolvió la sonrisa _. Debido a la incapacidad de la castaña de quedarse quieta, al final había logrado convencer a Erwin y a _, de que le permitieran ir a visitar la aldea de Ragako, el lugar de origen de Connie, para investigar lo sucedido allí. La morena sabía perfectamente que, aun sin permiso, Hange hubiera sido capaz de escaparse e ir cabalgando hasta allá. Por lo que era mejor acceder y que le acompañaran sus subordinados, que así podrían protegerla tanto de si misma como de otros peligros y cuidarla si recaía.
-Bajad el ascensor- Ordenó el comandante Erwin, al lado de esta, también montado en su caballo blanco.
Minutos antes de colocarse sobre la plataforma deslizante, el líder del Cuerpo de Exploración había dividido los soldados en varios escuadrones, añadiendo al suyo propio a _. La morena tuvo sentimientos encontrados al respecto: por un lado, no le gustaba estar alejada de los cadetes; y, por otro lado, significaba que estaría a la cabeza de la tropa, por lo tanto probablemente sería una de las primeras en toparse con Eren y sus captores. Captando el semblante inquieto de _, Erwin, cuando empezaron a bajar los soldados, la apartó a un lado y le dijo lo siguiente: "En estos momentos, nuestro balance está descompensado. Al haber perdido al capitán Mike y estar Levi y Hange heridos, la formación ha quedado coja por ambos bandos. Por ello, le necesito. Debe ser la punta de la lanza, puesto que, ahora mismo, es una de los pocos soldados de élite del Cuerpo de Exploración" que continúa operativo.
Así, _ se colocó al lado izquierdo de Erwin, en la delantera de la formación, cabalgando a toda prisa en dirección hacia el bosque de árboles gigantes, siendo seguidos por miles de los soldados del Ejército de las Murallas y con el paso del tiempo ajustándose cada vez más cerca de la puesta de sol. A la orden de Erwin, la columna se desplegó, adoptando la formación de búsqueda y, a través del sistema de avisos con las bengalas, fueron esquivando poco a poco los titanes de los alrededores, sin ninguna intención de iniciar combate contra ellos. No había tiempo. La distancia del sol del horizonte cada vez era más cercana y los tonos del cielo cada vez iban haciéndose más anaranjados. Y, justo cuando faltaba una mísera hora para que anocheciera, en el horizonte se pudo ver una arboleda de enorme envergadura.
Con el rostro frío por el viento del cabalgar y la temperatura que empezaba a descender, _ sonrió con tensión. Sus ojos brillaron mientras observaba aquella figura en la distancia "Esperanos, Eren. Enseguida estamos ahí"
No obstante, la situación se empezó a complicar pues, segundos después de visualizar el objetivo, un par de bengalas rojas empezaron a rodear el centro de la formación. De pronto, los titanes estaban por todas malditas partes y les obligarían a dar un rodeo. Ante eso, _ apretó las riendas empezando a sentirse nerviosa. Aquello supondría una pérdida de tiempo, el cual escaseaba en esos momentos. Sin embargo, Erwin, reacio a dejar que se escaparan, ordenó el avance de las tropas y la entrada en combate contra ellos. Si los rodeaban, pues pasarían a través de ellos.
Con un asentimiento, _ sacó los pies de los estribos de Spirit y, con rapidez y equilibrio, se puso de pie sobre la silla de montar de este, procediendo a saltar en el acto hacia arriba. Emitiendo gas, se elevó mientras silbaba, ordenando al caballo que siguiera avanzando, y activando los enganches, se atrajo a sí misma en dirección a un titán de pocos metros que avanzaba con rapidez en dirección a la formación. Este al verla de reojo, alzó su mano e intentó atraparla en el aire. No obstante, antes de que pudiera cogerla, _ volvió a emitir gas, esquivando por poco y cayó sobre la extremidad de este, avanzando a toda velocidad en dirección al rostro del titán. Dando un bote, esquivó la otra mano que había aparecido de golpe en su campo de visión y, apoyó sus pies sobre ella para volver a saltar, acertando con sus cuchillas los ojos de aquel monstruo. Mientras este se sacudía y gruñía de dolor, _ volvió a emitir gas, sacando las cuchillas de las cuencas ensangrentadas y con una voltereta en el aire, sobresaltó la cabeza para acabar aterrizando en la nuca. Un tajo y el titán ya era historia.
Uno a uno, _ junto con los otros compañeros que había seleccionado Erwin para su propio escuadrón fueron abriendo camino al líder para que guiara con seguridad al resto de las tropas a través de sus bengalas verdes. Sin que se diera casi cuenta, avanzaron con tal velocidad que, de pronto,_ observó como estaban a los pies del bosque. Con rapidez, volvió a lomos de Spirit, colocándose de nuevo al lado izquierdo de Erwin; y, entonces, un haz de luz los deslumbró a todos, cegandolos por unos instantes. Una exhalación se escapó por los labios de _, sorprendida. Aquello… Un titán se había transformado, lo cual significaba que habían llegado a tiempo. Estaban cerca.
Con el corazón latiendo de manera impaciente en su pecho, siguió al rubio cuando las tropas empezaron a separarse para rodear el bosque. Teniendo dificultades para continuar enteros, _ junto a su escuadrón se vio esquivando de pronto varias manos de titanes que se lanzaban contra ellos en cuanto pasaban por delante, causando la muerte de varios de sus compañeros. Un dolor en el pecho le hizo chasquear la lengua. No obstante antes de que pudiera maldecir o abrir siquiera la boca, unos pasos muy pesados se escucharon tras de ellos, provocando que todos giraran sus rostros en su dirección, con los vellos de sus nucas erizandose de la impresión. Los ojos de _ casi se salieron de sus órbitas al encontrarse a unos metros de ellos al Titán Acorazado corriendo a toda velocidad con un pequeño titán enganchado en sus hombros.
A su lado, reaccionando casi al instante, Erwin tiró de golpe las riendas de su montura, forzándola a cambiar de dirección de manera brusca. El animal sorprendido relinchó, alzándose sobre sus dos patas traseras.
-¡Escuadrones, dejad que nos persigan!-Gritó el comandante, refiriéndose a los titanes que se abalanzaban cada vez con más violencia y ansia sobre ellos. _ a su lado alzó la vista en su dirección mirándolo como si de repente le hubiera salido una segunda cabeza. No, eso sería más normal que aquello que estaba pidiendo-¡Seguidme!- Con un poderoso grito, sacó una de sus cuchillas de las vainas y la alzó en el aire.
-Maldito loco-Gruñó _ chasqueando la lengua, haciendo girar a Spirit. Su frente estaba completamente perlada de un sudor muy frío, producto del miedo y la ansiedad- Más le vale que tenga un plan, joder.
Y, escuchando tras de sí gritos dirigidos hacia su comandante, _ golpeó con los estribos a Spirit, incitandolo a que aumentara su velocidad para seguir a Erwin Smith. En unos pocos segundos, igualó al comandante, ganándose una mirada rápida de agradecimiento por parte de este, al haber confiado en él. No obstante,_ en su interior, en vez de alegrarse por ello, se cuestionó su propia cordura.
En poco tiempo, se escucharon varios cascos cabalgando tras de ellos. Con alivio para _, los soldados, a pesar de su negativa inicial, al final habían acatado la orden, siendo seguidos por una enorme horda de titanes al cabalgar para alcanzar a su líder. Erwin, después de girar el rostro hacia atrás, de pronto, empezó a ir girando poco a poco la dirección a la que avanzaba su montura, consiguiendo que fueran en diagonal por el campo, causando confusión entre su escuadrón, incluida la propia _. Solo cuando se encontró de pronto frente al Titán Acorazado, logró comprenderlo completamente. Una risa nerviosa subió por su garganta hasta elevarse de manera escandalosa, ganando un par de miradas de terror entre sus compañeros. El maldito Erwin. El maldito loco había atraído los titanes hacia Reiner, con los riesgos tanto para ellos como para los soldados que se encontraban más adelante que ello implicaba.
-¡Desplegaos!-Ordenó justo antes de que ambos grupos chocaran entre sí.
Colándose por las piernas de los titanes (tanto por Reiner como los otros) y los huecos, _ siguió a Erwin, sintiendo toda la adrenalina recorriendo su cuerpo y su respiración acelerarse "Su puta madre" maldijo agachándose y pegando el cuerpo contra el cuello de Spirit, esquivando por poco una enorme mano que por poco la alcanzaba.
Tras de sí, el Titán Acorazado aceleró la velocidad en un parpadeo e embistió con fuerza a la enorme masa de cuerpos. Viéndose de pronto retenido, Reiner retiró la protección que había en su boca y empezó a aullar con rabia e impotencia, mientras los titanes intentaban morderlo, inútilmente pues su coraza era demasiado dura para los dientes de estos, logrando que algunos se quebraran. La que suponía _ que era Ymir, sobre los hombros de este, arrancaba tantas nucas como podía intentando protegerlo. Desde la distancia, virando de vuelta en la dirección hacia los titanes, _ gruñó por lo bajo. Al parecer no era tan amiga como había dicho Chr...Historia.
Notando como la moral de las tropas empezaba a decaer ante la visión de aquella terrorífica imagen, Erwin atravesó la columna de soldados paralizados, siendo seguido por _ y el resto.
-¡Seguidme!¡A la carga!-Gritó el comandante del Cuerpo de Exploración extendiendo su cuchilla hacia un lado, lanzándose valientemente hacia el lugar- ¡El destino de la humanidad está en juego en este momento! Si perdemos a Eren ahora, la humanidad no tendrá futuro en este mundo- De pronto, alzó esta hacia el cielo y, entonces, giró su rostro hacia atrás, observando los rostros encogidos del terror de sus subordinados-¡Recuperaremos a Eren y volveremos con él!- Tirando con fuerza las riendas de su montura, esta se alzó sobre sus patas traseras- ¡Ofreced vuestros corazones!
De nuevo, el magnetismo del hombre destruyó completamente las barreras en torno a los corazones de todos esos hombres y mujeres, dropeandoles la valentía y el coraje que necesitaban en aquellos momentos. Miles de soldados, emitiendo un grito de guerra, azotaron sus caballos y siguieron ciegamente al líder que avanzaba sin duda ni titubeo alguno en dirección hacia el enjambre de titanes.
-¡Avanzad!-Gritó Erwin a la izquierda de _ con firmeza y determinación. Cuando de pronto, la morena vio a duras penas como una enorme sombra se abalanzaba sobre el comandante, sin darle tiempo a reaccionar siquiera. Un sonido muy desagradable se escuchó muy alto. Con impacto giró su rostro hacia el rubio, el cual había sido cazado por el brazo derecho por un titán cuadrupedo. El rostro de _ se quedó completamente pálida ante la imagen-¡Tenéis a Eren al alcance! ¡AVANZAD!
Ante el último grito de Erwin Smith, el comandante del Cuerpo de Exploración, los soldados que habían observado la escena giraron su rostro, encogido por la impotencia, y azotaron con más fuerza a sus caballos, rogando por que sobreviviera. No obstante, al contrario que todos, chasqueando la lengua, _ viró con brusquedad a Spirit, ganándose varios gritos por parte de sus compañeros, y, entonces, golpeó los cuartos traseros del animal, obligandolo a que acelerara la velocidad para poder perseguir aquel monstruo. Completamente poseída por un impulso.
-¡NO SIN TÍ, COMANDANTE!-Gritó la morena con los ojos fieros puestos en la espalda del titán. No dejaría que nadie muriera. Aun si su vida dependía de ello. Sabía que teniendo a Mikasa entre los soldados, Eren sería recuperado.
Acercándose al titán, volvió a silbar a su caballo que se mantuviera cabalgando, y, entonces, saltó hacia delante, emitiendo gas. Con un gruñido, tras haberse elevado, _ accionó el EMT y los ganchos fueron lanzados contra el trasero del titán que corría ignorándola completamente, enganchandose firmemente. Recogiendo cable, fue atraída hacia él con gran velocidad y justo, cuando parecía que se iba a estampar contra la carne, se desengancho y aterrizó sobre la espalda, arrancando a correr nada más que la suela de sus botas tocaron la piel, notando como el corazón parecía querer reventar las costillas de su pecho. Situándose en la nuca, clavó con firmeza sus cuchillas en la piel, causando que el titán abriera la boca, soltando un grito de dolor. Con una rapidez de espanto, cortó el punto débil de este y se lanzó acto seguido hacia el vacío, capturando por la cintura a Erwin que justo caía. Sin pararse a observar el estado de este, mientras sentía como parte de su uniforme se empapaba de un líquido caliente y pegajoso, emitió gas y se alejó del lugar, situándose en un montículo elevado, el perfecto lugar para evitar a los titanes. Allí depositó al hombre y se permitió contemplar la gravedad de sus heridas. Con espanto, dejó escapar todo el aire de su boca, puesto que era peor de lo que esperaba. La extremidad derecha de Erwin había sido devorada por el titán y, del desgarro repleto de trozos de carne colgando, emanaba demasiada sangre.
-¡Soldado Morgan, maldita sea, ha desobedecido una orden directa de un comandante!-Gritó el rubio incorporándose de golpe, lanzando una mirada enfurecida a la morena.
A pesar de la ira que se podía ver en los ojos azulados del Erwin, de pronto, su rostro se empezó a poner pálido, provocando que todas las fuerzas se le fueran por un instante. Al ver esto, _ le obligó suavemente a tumbarse y, entonces, se puso manos a la obra puesto que el tiempo era literalmente vital.
-Y lo volvería a hacer, comandante- Le contestó sin ningún miedo que pudiera caerle una represalia, mientras extendía sus materiales- Si es para salvar una vida.
En el suelo, Erwin gruñó algo ininteligible en respuesta, pero _ no intentó ni entenderlo, puesto que ya estaba demasiado concentrada en su tarea. Antes de tocar nada, se echó alcohol en las manos y lo frotó con rapidez, dejando que fuera absorbida y por ello desinfectara toda su piel. Entonces, cogió con una mano el muñón de Erwin, con cuidado de no tocar la herida, y lo elevó respecto al corazón, evitando que más sangre saliera del cuerpo del hombre. No tuvo resultados asique, empleando una de sus cuchillas, rasgó su propia capa y vertió sobre ella alcohol, desinfectandola para evitar futuros problemas. Colocando y presionando previamente una venda limpia (ganando un alarido de dolor del hombre), empleó la tela rasgada para realizarle un torniquete en torno al muñón, con la esperanza de que eso sirviera para impedir que se desangrara.
-Ya está, comandante- Le avisó depositando suavemente la extremidad amputada en el suelo. Entonces, se puso de pie- Me marcho con mis compañeros. Quédese a-
-No. Iré- Le cortó de golpe, incorporándose suavemente. Con seriedad, observó fugazmente el resultado, y, sin esbozar ningún gesto reconocible para _, se levantó con tranquilidad.
Ante esto, _ se aproximo a él muy sorprendida. Había perdido mucha sangre y estaba segura que, a pesar de la posible adrenalina que estuviera recorriendo su cuerpo, eso no impediría que no sintiera un terrible dolor.
-Pero, comandante, su he-
-He dicho que iré- Entonces, los ojos de Erwin volvieron a conectar con los de _. Parecía que ya no estaba enfadado, o por lo menos la morena no era la causante, ya que sentía que ese ardor en esas orbes de color azul no iban dirigidas hacia ella.
Observando la posición del rubio sería completamente inamovible, _ no dijo nada más. Puesto que sería inutil. Después de aquella discusión, juntos descendieron con su EMT al suelo y llamaron a sus respectivos caballos, Erwin valiéndose de su mano izquierda. Al cabo de unos segundos, ambos animales aparecieron, situándose junto a sus amos cuando se aproximaron a ellos y todos fueron de vuelta al campo de batalla. Con los pelos de punta, _ observó aquello que se podría calificar como el mismísimo infierno. Junto a Reiner, que todavía se encontraba paralizado por la enorme masa de carne que entorpecía sus movimientos, miles de soldados caían a manos de los titanes como si fueran moscas y estos últimos parecían no descender a pesar de que los supervivientes emplearán todas sus fuerzas en su erradicación. Fue entonces, en el momento que sus ojos se posaron sobre el titán protegido por su armadura, cuando se dio cuenta de la presencia de Armin sobre el Titán Acorazado, dándole un pequeño respiro a la morena. Si el rubio se encontraba junto a Eren, no había nada que temer. Sirviendo de guarda al malherido_ fue acabando con aquellos seres que intentaran abalanzarse tanto hacia ella como hacia Erwin, procurando acabar con ellos lo más rápido posible, causando que se despistara por un momento. Cuando acabó con su última víctima y se giró para regresar, se dio cuenta de que el comandante había desaparecido de su montura. Con urgencia, pues Erwin estaba demasiado herido como para andar sin protección, se subió a Spirit y observó a su alrededor, teniendo los sentidos alertas por si algún titán aprovechaba ese momento para atacarla. Entonces, cuando volvió a posar sus ojos sobre Reiner, contempló con sorpresa como el comandante del Cuerpo de Exploración se lanzaba contra Bertholdt, con el rostro encogido por la rabia y determinación. En un movimiento rápido de sus cuchillas, logró cortar las telas que retenían tras el chico portador del Titán Colosal a Eren, liberándolo completamente. Espantada vio como ambos, tanto Erwin como Eren, fueron cayendo al vacío, por lo que azotó con fuerza a Spirit, el cual arrancó a correr a gran velocidad hacia el lugar, relinchando de sorpresa. Justo antes de lanzarse, observó con alivio como Mikasa aparecía en la escena para salvar a Eren de estamparse contra el suelo a la vez que la montura blanca de Erwin regresaba con su amo, permitiendo que cayera sobre su lomo. Ante el grito potente de retirada del Comandante, _ giró a su caballo e inició la carrera junto a sus compañeros, sintiendo el corazón latiendo con fuerza contra el pecho. A sus espaldas, el grito rabioso de Reiner logró que el vello de todo su cuerpo se pusiera de punta y entonces, por encima de sus cabezas, sobrevoló un titán, estampandose contra el suelo que había más adelante de las tropas, levantando un muro de humo, tierra y piedras.
Con sorpresa, _ cayó de Spirit, golpeándose duramente contra el suelo, cuando el animal se tropezó con una grieta recién creada. El impacto en la cabeza le causó gran dolor y una visión doble, pero, por suerte, ninguna herida grave. Sintiéndose mareada, intentó incorporarse de nuevo, fallando estrepitosamente al sentir como sus fuerzas se desvanecieron de golpe.
-Maldita sea, no tengo tiempo para esto…-Gruñó débilmente y con un tono tenso, completamente ansiosa, cogiéndose la cabeza con una mano para intentar mitigar cómo su alrededor le daba vueltas. Estaba en una situación completamente peligrosa.
Más impactos lograron azotar la tierra. Gritos de terror y dolor se escucharon a su alrededor. Con un chasqueo de lengua, observó su alrededor con la tensión recorriendo su cuerpo, intentando observar la gravedad. No obstante, el humo que se había levantado continuaba demasiado denso a pesar de empezar a disiparse "Tengo que recomponerme rápido" pensó con ansiedad. Spirit, fiel a su dueña, se levantó del suelo con un bufido y dio unos cuantos pasos hacia ella, acercando su hocico para que le sirviera de apoyo para que se levantara. Palmeando el cuello del animal, se agarró de este y logró a duras penas ponerse en pie. Con una señal, hizo que su montura se tumbara en el suelo, permitiéndole subir con mayor facilidad sobre su silla de montar. Ya sintiéndose un poco mejor, golpeó con los estribos los cuartos traseros del animal e inició la marcha en busca de algún compañero. "O a Eren y los demás…" pensó con un poco de miedo ¿Estarían bien? No. Ahora no era el momento de ponerse nerviosa.
Una nueva sacudida hizo temblar el suelo bajo sus pies. Previniendo otra caída, _ frenó el caballo y esperó unos instantes que se disipara el humo levantado, respirando agitadamente. Entonces, para desgracia de _, unos pasos se escucharon cerca de ella. Con los ojos como platos, echó la vista hacia atrás y, entre el humo, se encontró a unos pocos metros frente al Titán Acorazado, que avanzaba pesadamente, con un titán en una de sus manos. El corazón de la morena se paralizó completamente. Spirit se alzó sobre sus patas traseras, relinchando preso del pánico, y sin que _ se lo indicara, arrancó a correr como alma que llevaba el diablo, huyendo de aquella mole pesada.
-¡Joder, joder, joder!- Reaccionó la morena con la voz temblando, inclinándose hacia delante para que el caballo ganara velocidad. Un sudor frío recorrió nuevamente su cuerpo.
Virando las riendas hacia un lado, _ se internó entre unos árboles esquivando por poco que Reiner le aplastara con su pie, saliendo a los pocos segundos a un claro donde varios titanes se dedicaban a exterminar a todos sus compañeros. Con la respiración entrecortada, frunció el ceño ante la escena, sintiendo como la ira crecía en su interior. Sin perder tiempo, ya completamente recuperada del impacto por la adrenalina que volvía a correr en sus venas, se subió a la silla de su montura y saltó hacia delante, emitiendo gas de su EMT. Con habilidad, cortó la nuca de un titán que estaba por comerse a un compañero y, enganchándose en el cuerpo inerte de este de nuevo, lo recogió el aire y lo depositó en el suelo de pasada, volviendo a engancharse a otro ser que se inclinaba hacia un individuo arrodillado en el suelo.
-¡Déjale en paz, maldito!-Gritó la morena, casi como un gruñido animal, empezando a girar en el aire para aumentar su velocidad, cortando con un rápido tajo a este.
Antes de que el titán aplastara al individuo situado en la tierra, _ emitió gas girando el cuerpo hacia la derecha, desplazándose en esa dirección, y cogió por la cintura a este, salvándolo por los pelos. Para su sorpresa, cuando echó una ojeada a este, se dio cuenta que era Erwin Smith, debilitado y pálido por la pérdida de sangre y el esfuerzo de mantenerse consciente dadas las circunstancias. Debido a esta pequeña distracción, _ sintió cómo de pronto era atrapada y retenida junto al comandante del Cuerpo de Exploración, dejando ir un alarido de terror. Un titán había aprovechado que la morena no estaba concentrada por unos instantes en su labor y los había atrapado de pasada entre su mano. Los ojos grises de _ de pronto chocaron con unos enormes azules, que la miraban con hambre. El miedo recorrió de nuevo su cuerpo, pero no se permitió paralizarse. Entre los dedos de este, intentó sacar sus brazos retenidos moviendo su cuerpo a ambos lados, tratando de crear un espacio entre la piel y su cuerpo, y poder así clavarle la cuchilla en cualquier parte. Erwin, junto a ella, gruñó de dolor, pues estaba presionando demasiado la herida. Pero ninguno de los dos parecía poder hacer nada, ya estaban total e irremediablemente atrapados. Poco a poco, el ser monstruoso que los tenía entre sus fuertes dedos fue acercando su extremidad hacia su rostro mientras ambos veían como paulatinamente la boca de este se empezaba a abrir.
-¡Sueltanos, maldito bastardo!-Gritó _ con rabia y miedo intentando todo por todos los medios. El sentimiento de impotencia llenó el pecho de la morena. Joder. Iban a morir. Por todas las murallas. Lo iban a hacer. Definitivamente.
De pronto, como si le hubiera hecho caso, los dedos del monstruo empezaron a soltarse, dejando caer a ambos individuos al vacío. Y, entonces, arrancó a correr a una velocidad increíble, pasando de largo de ellos dos. Observando con la boca abierta como se alejaba, _ por unos instantes se quedó completamente paralizada en el aire, pero, por suerte, logró reaccionar a tiempo, antes de que ambos se estamparon contra el suelo. Emitió un poco de gas de manera temblorosa y se dejó caer torpemente en el suelo. Los pies de _ se tambalearon ya que parecían hechos de gelatina debido a las fuertes emociones sentidas, causando que ambos tropezaran y cayeran, llenándose el uniforme entero de tierra. Sin comprender nada de lo que había sucedido, _ despegó el rostro y alzó sus ojos, observando con la boca abierta como miles de titanes corrían en una dirección en concreto, ignorando a todos los humanos que habían a los alrededores. Desde todas las distancias posibles, el Ejército de las Murallas contempló completamente estupefactos como aquellos seres atacaban, desgarraban y devoraban a uno de los suyos, con la misma voracidad y ansia que con los humanos. Sin embargo, en un instante, la situación tan bizarra volvió a cambiar. Los titanes dejaron de comerse a su igual y giraron sus rostros lentamente hacia el Titán Acorazado que continuaba avanzando, ahora con más velocidad. Todos ellos se alzaron y comenzaron a correr en su dirección, extendiendo sus extremidades y abriendo sus bocas, dispuestos a acabar con el titán fortificado.
Junto a ella en el suelo, Erwin se levantó con un gruñido, teñido de dolor y de un sobreesfuerzo tremendo por su parte.
-¡No perdamos esta oportunidad!-Alzó su voz grave a los cielos, dirigiendo sus ojos azules encogidos hacia las tropas-¡Nos retiramos!
Con rapidez, el Ejército de las Murallas, aprovechando la ocasión tan fortuita que se les había presentado delante de sus narices, procedieron a retirarse del lugar, con Eren ya de vuelta en sus manos. _ con los ojos puestos en la espalda de Erwin cabalgó a su lado, muy preocupada por el estado del rubio puesto que aún quedaban varias horas antes de llegar a la muralla Rose. Esto se hizo completamente evidente cuando, al pasar al otro lado de la muralla, Erwin Smith cayó inevitablemente de su caballo, en un duro golpe contra el suelo, mientras cabalgaban hacia Trost. Los soldados alrededor del comandante detuvieron la marcha y descendieron de sus monturas con los rostros teñidos de preocupación, arremolinándose alrededor del herido. _ llegando poco después, saltó de Spirit y empezó a apartar la multitud, indicandoles que era enfermera y que podía asistirle. Los soldados al escucharlo y algunos reconocerla le dejaron pasar.
-¡Necesito un carro, de prisa!-Les gritó arrodillándose junto al hombre, comprobando su respiración colocando dos dedos debajo de la nariz. Su inspiración y expiración eran demasiado lentas.
Los soldados, ante la orden de la morena, asintieron con titubeos, todavía demasiado nerviosos para reaccionar instantáneamente. Minutos después, cuando trajeron el vehículo, con ayuda de los propios soldados, todos subieron al comandante del Cuerpo de Exploración, con cuidado de no zarandearlo demasiado. Al estar todo listo, _ saltó a la parte trasera y procedió a mantenerlo con vida hasta que llegaran a Trost.
…
Trost. Media hora después.
-¡Dejad pasar, por favor, este hombre está en estado crítico!-Gritó la médica que empujaba junto a _ la camilla donde estaba tumbado Erwin Smith.
Al llegar a la ciudad, _ había indicado que le llevaran lo más rápido posible al hospital militar más cercano posible, puesto que el rostro de Erwin comenzaba a ponerse de un color preocupantemente azul debido a la falta de sangre. Cuando llegaron, el conductor del carromato aparcó bruscamente el vehículo frente a la entrada del edificio y entró a la carrera por la entrada, solicitando una camilla. Segundos después, una médica salió empujandola seguida del hombre que había dirigido el vehículo con tanta rapidez y unos cuantos enfermeros.
_ saltó hacia el suelo e intentó ayudar a la médica con el traslado del comandante. No obstante, antes de que pudiera siquiera tocar la camilla, esta le detuvo.
-Ya no son necesarios sus servicios. A partir de ahora nos encargaremos nosotros- Rechazó su ayuda con educación muy tensa.
-Lo sé. Pero soy enfermera aún así, y si me dejara echarle una mano, sé que puedo hacerlo perfectamente- Le contradijo _ viendo de reojo como un par de enfermeros colocaban varias telas debajo del cuerpo de Erwin y, acto seguido, procedieron a levantarlo para depositarlo en la camilla que había en el suelo. Necesitaba estar presente en el procedimiento y cerciorarse ella misma que sobreviviera a aquella herida. Tenía que hacerlo.
La médica chasqueó la lengua y le miró de mala manera, molesta de su terquedad.
-Le repito. No es-
-Ella me atenderá-Una grave voz detuvo aquella discusión entre ambas sanitarias, causando que las dos dirigieran sus ojos hacia el herido. El rostro pálido de Erwin conectó con sus ojos fieros con la médica, casi amenazantemente- Si se niega a mis peticiones, entonces no dejaré que nadie me atienda, lo cual será perjudicial para usted y su hospital si me llega a pasar algo.
Mientras la médica junto a los enfermeros colocaban en la mesa de operaciones al hombre, _ a un lado sin molestarlos, se desinfectaba las manos con alcohol, con la bata, la mascarilla y el pelo recogido en un moño gracias a una enfermera, un poco nerviosa. Ya con sus extremidades limpias, se colocó los guantes hasta la altura de los antebrazos y, acto seguido, se situó junto a la médica, dándose cuenta de la ausencia de los otros enfermeros. En la sala de operaciones, estaban las dos solas junto al comandante que respiraba entrecortadamente. Entonces, a la orden de la médica, tras haber retirado el torniquete y controlar un poco el sangrado,_ inyectó un poco de anestesia en la zona amputada, permitiendo un poco de alivio al hombre. Cuando estuvo todo insensibilizado, la médica junto a ella procedió a detener la hemorragia, a limar el hueso arrancado y a restaurar todos los colgajos que pudiera mientras controlaba la respiración y el pulso de Erwin. A lo largo del procedimiento, para susto de las dos sanitarias, hubo un par de veces que estuvo en peligro mortal, debido a la abundante pérdida de sangre; no obstante, ambas lograron controlar la situación y volverlo a estabilizarlo. Pasaron varias horas, turnándose en reparar lo máximo posible lo que quedaba del brazo derecho del hombre hasta que, finalmente, la médica le indicó que habían acabado y que procediera con los últimos cuidados. Felicitando su trabajo a regañadientes, _ se quedó completamente sola con el hombre, que al final había terminado por sucumbir a la inconsciencia, mientras terminaba de ponerle los puntos. Cuando estuvieron listos, procedió a aplicar un poco de alcohol sobre la herida y a taparla con una venda que permitiera la transpiración. Fue entonces que dio por finalizada su labor. Erwin Smith había sobrevivido.
Con un suspiro cansado y de alivio, se quitó los guantes ensangrentados, la mascarilla y la bata, tirandolos a un cubo repleto de vendas manchadas de sangre y demás instrumentos utilizados en la operación, y, entonces, salió del lugar sin importar que su camisa blanca se encontrara manchada casi por todas partes de la sangre de su comandante, avisando a los enfermeros que esperaban fuera a que llevaran a Erwin a su habitación. Solo justo cuando estos se perdieron por los pasillos, se permitió mostrar lo exhausta que se encontraba. Cerciorándose de que se encontraba completamente sola, se apoyó con pesadez en la pared y dobló poco a poco las rodillas, dejándose caer en el suelo. Abajo apoyó la cabeza en el muro que sostenía su cuerpo y cerró los ojos, sintiendo cada músculo de su cuerpo pesar una tonelada. Llevaba un día entero sin casi comer, sin beber y sin dormir, peleando con firmeza y con ganas de seguir viviendo. Pero lo peor de todo, no era eso. Su estado de cansancio extremo no se debía exclusivamente a el ámbito físico, puesto que su mente se encontraba igual de débil que su cuerpo. Pero antes de que pudiera sumergirse más en sus pensamientos tormentosos, una mano se colocó en su hombro, sobresaltandola. Con un movimiento rápido e instintivo, cogió la muñeca de la persona y la dobló a un lado, causando que ésta emitiera un pequeño gemido de dolor. _ frunció el ceño. Un momento...
-¡Pequeñaja, soy yo!-Gruñó Hange con el tono de voz tenso. Con rostro de espanto por sus acciones, _ soltó su mano con brusquedad, mirándola con los ojos abiertos y teñidos de arrepentimiento. Hange, en cuclillas junto a ella, tenía una venda adhesiva en el lado del rostro herido. Al final le había hecho caso y había ido al médico en cuanto regresara de Ragako- Tranquila, no hace falta que te culpes. Debería haberte hablado antes, me imagino que todavía debes estar muy alterada.
-Hange, yo…
-Tranquila, lo entiendo- Dijo suavemente, interrumpiendo su habla titubeante, mientras esbozaba una pequeña sonrisa, restándole importancia. Entonces, para sorpresa de _, la castaña le rodeó la cintura y cogió con firmeza, alzandola con ningún tipo de esfuerzo, a pesar de que la morena apenas se podía mantener en pie- He venido a buscarte, ya que me han contado que estabas por aquí. Deberías darte una ducha y comer algo antes de irte a la cama. Por fin todo ha terminado.
Sintiéndose demasiado cansada para llevarle la contraria siquiera, _ asintió pesadamente y caminó junto a la castaña en dirección a las duchas del hospital militar, casi con los pies arrastrando. De pronto, al girar la esquina del pasillo donde se encontraban, delante de ellas apareció una figura muy conocida, causando que ambas se detuvieran en el sitio antes de chocar. Hange lo saludó con tranquilidad mientras que _ permaneció paralizada. Unos ojos gris azulado las observaron sin ninguna emoción reflejada en ellas. Con una oleada de arrepentimiento, _ encogió los ojos y descendió la mirada, incapaz de mantenerla por mucho tiempo.
-Capitán, yo…-La voz le falló por un momento, apretando en un puño la mano que había sobre el hombro de Hange, cerrando los ojos con dureza. Las lágrimas le empezaban a acumular en los ojos, pero no quería llorar, no delante de sus superiores. Debería haber protegido a todos. Habían raptado a Eren, herido a Mikasa y Hange y Erwin había perdido un brazo. Había hecho una promesa barata, sin ningún tipo de validez- No he podido…
Pero antes de que pudiera continuar la frase, Levi con un rostro sin ninguna emoción avanzó hacia ellas y, entonces, posó con suavidad la mano sobre el hombro manchado de sangre de _.
-Buen trabajo- Le murmuró en tono bajo, como si no quisiera que Hange lo escuchara. Dicho esto se marchó sin mirar atrás. Sin ver como _ empezaba a derramar las lágrimas que había estado reteniendo, sintiéndose inesperadamente aliviada y agradecida con el moreno.
