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QUIERO QUE PIENSES EN MÍ
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Amelia se había despertado temprano esa mañana.
No porque quisiera, claro. Ella solo no podía dormir, de hecho, ni siquiera durmió esa noche. Su mente tenía tantos pensamientos que le era imposible cerrar los ojos, ya que, en medio de la oscuridad, era aún más factible el hecho de pensar.
Estuvo practicando Oclumancia. Sabía que de ahora en adelante la necesitaría. Él lo sabía pero de todas maneras debía mantenerse al límite con él, y no quería seguir pasando vergüenza.
Mientras preparaba su té, levantaba barreras, imaginando distintos lugares que le transmitirán seguridad. En primera instancia pensó en su habitación, pero luego se dio cuenta que podría ser inútil. El cuarto que utilizaba en el bunker era un lugar no tan cómodo para ella por lo que la seguridad no entraba en su zona. Dirigió su imaginación al cuarto de su hogar. La casa de sus padres estaba en medio de un pastizal, allí era seguro, pero tampoco funcionó.
Finalmente optó por un cofre.
Ella tenía un pequeño cofre de madera donde guardaba objetos que sentía importantes. Cerró los ojos y visualizo.
El pequeño cofre se abrió y Amelia comenzó a depositar todos sus pensamientos dentro. Veía como las imágenes corrían por su cabeza, apiñandose organizadamente, una tras otra, dentro de la caja. La energía que utilizaba estaba desgastandola pero era necesario. Decidió dejar aquella caja sólo para fantasías, y cuando todas estuvieron dentro, apretó con fuerza el broche, cerrandola para ocultarla en la profundidad de su mente.
"Amelia."
La caja se hizo añicos, desatando las imágenes. Dejando volver a su mente cada pensamiento intrusivo sobre él.
Mierda.
Dandose un pequeño golpe de aliento, giro su cuerpo, apoyando sus muslos contra la orilla del mesón. "Draco."
Él recién había despertado. Sus ojos aún seguían adormilados y los mechones de su cabello volaban en distintas direcciones. No utilizaba su traje color negro. Él estaba con el torso desnudo y un pantalón de chandal gris se ceñia a su cuerpo. Pudo ver cicatrices en su pecho, tal como las tenía ella. También notó que en su antebrazo, la serpenteante marca seguía ahí, un poco más desgastada y opaca.
"¿Has dormido bien?" preguntó él, acercándose a su lado para tomar una taza también.
Amelia apretó los labios y asintió, comenzando a golpear su pie nerviosamente en el suelo. Escucho el sonido del té chocar contra la taza cuando Draco dio la vuelta, quedando a su lado.
"¿Hiciste lo que te dije?"
Sus manos soltaron la taza, apoyándola sobre el mesón. Sabía a lo que se refería. Él quería saber si se había tocado.
El problema -
Cuando llegó a su cuarto, sintió su cuerpo arder en llamas.
Su cabeza no lograba entender todo lo que había sucedido ahí fuera, y aún creía que nada de eso era real. Sus manos sudaban y tuvo que quitarse la ropa para no sofocarse. Sentía una punzada en su núcleo y martilló sus pensamientos, sintiéndose culpable por el descontrol de su sistema.
Caminó de un lado a otro en su habitación hasta que se lanzó sobre la cama, dejando sus músculos descansar.
Quiero que te toques para ti.
Apretó los ojos con fuerza, intentando no prestarle atención a su mano que poco a poco se deslizaba por su vientre.
Draco no quería que pensara en él. O al menos eso le había dado a entender. Sus palabras fueron claras. Cualquier persona que estimes conveniente. Ella podría estimarlo a él como 'conveniente' pero en el fondo sabía que se refería a 'cualquier persona menos yo'.
Así que puso a volar su imaginación.
No habían demasiados candidatos para su posición por lo que decidió sellar el rostro, pensando sólo en un cuerpo ficticio y completamente inexistente.
Pensó en un torso junto a ella, suave y de piel canela. Manos tomandola desde los muslos, aferrandola contra la pared que enfriaba su espalda.
Ante la visión, sus caderas rodaron contra sus dedos que yacían moviéndose circularmente sobre sus pliegues. Imaginó los jadeos del chico, besando su cuello mientras ella lo besaba desde la mandíbula, sintiendo el peso de su cuerpo entre sus piernas.
Amelia arqueo la espalda cuando uno de sus dedos se introdujo en ella. Comenzó a moverlo lentamente imaginando que no eran sus dedos, eran los dedos del chico que ahora, la recostó sobre una mesa. Tomó sus caderas para tirar de ella hasta el borde, apretando su bulto junto a ella.
Sus ojos se apretaron cuando una bocanada de aire entró en sus pulmones y justo cuando creía que algo podía pasar, notó su mano entre sus piernas. La cama estaba desarmada y abrió los ojos jadeando. Quitó sus dedos de si, sintiendo que el calor disminuía poco a poco.
Y nada de aquello funcionó para ella.
Por esa misma razón sus mejillas se pusieron de un color rojizo. ¿Cómo podía pensar en estar con un hombre, cuando no podía estar con ella misma?
"Yo... lo hice, si." respondió, dando pasos lentos hacia la sala.
"¿Y bien?"
Ella se sentó en el sillón, tirando de sus dedos para fingir estar ocupada y no tener que mirarlo al hablar. "Creo que no fue exactamente bueno."
Draco alzó una ceja. "¿Qué significa?"
Suspiró débilmente haciendo el esfuerzo de pensar en que esto era normal. "No pude hacerlo," respondió. "no me siento bien haciéndolo."
Él se quedó en silencio, mirando la taza entre sus manos sin expresión alguna. Amelia aún estaba pensando en cómo podía ser posible que algo tan natural, fuera tan anexo a ella.
Sus pensamientos se esfumaron cuando el cuerpo de Draco se acercó a ella y una de sus manos se inclinó, tomando la de ella para ponerla de pie.
"¿Quieres arreglar eso?"
La boca de Amelia se seco y sintió que todo a su alrededor desaparecía. Su garganta dolía y apenas podía reflexionar sobre sus palabras.
Ella no respondió, y Draco sólo tiró de su brazo, haciendola avanzar hasta las escaleras. La dejó pasar adelante y una de sus manos se posó en su cadera protectoramente, apretandola mientras avanzaban peldaño a peldaño.
Miles de emociones la invadieron. Sentía una rebelión dentro de su cuerpo que le impedía distinguir sus sensaciones. Un hilo de mariposas invadía su estómago pero un fuerte peso de temor apretaba su pecho.
No tuvo tiempo de pensar cuando se vio entrando en la habitación de Draco. Nunca había entrado a los cuartos de los demás. Ellos tenían reglas sobre eso, lo que a Amelia le parecia en verdad estúpido.
Cuando las reglas existen sólo se siente la necesidad de corromperlas, y eso era exactamente lo que ellos estaban haciendo.
Mientras Draco cerraba la puerta ella se dio el tiempo de admirar a su alrededor. La habitación era casi del mismo estilo que el de ella ya que no habían tenido los medios para tener lujos. Tan solo un armario, una cama y estantería era todo lo que necesitaban para poder estar cómodos.
"Amelia," dijo Draco, acercándose a ella. "Quiero que subas a la cama."
Ella parpadeo mientra él colocaba un mechón de cabello tras su oreja. El miedo la invadió por completo, pensando en todo lo que podía suceder.
Ella había tenido fantasías con él, pero no se sentía preparada para nada. Los nervios la carcomian pensando en el sin fin de cosas que podría pedirle Malfoy que hiciera.
Y pensar en sus gustos no era lo mejor que podía hacer. Parecía ser demasiado experimentado para estas cosas, y ella... no tenía la menor idea.
Sus pies se arrastraron hasta la cama. Las sábanas estaban abiertas y pudo sentir la fragancia de Draco en la ropa. Tomó asiento en la orilla, cruzando sus piernas para tapar su desnudes. Había bajado con tan sólo una polera y bragas, creyendo que no vería a nadie en los pocos minutos que le tomaría preparar un té.
"¿Recuerdas lo de la mente, Amelia?" preguntó él, apoyándose en la pared, a varios metros de distancia.
Ella asintió, recordando las palabras que le dijo esa tarde en la biblioteca a la perfección.
...la mente es la que hace la mayor parte del trabajo...
Apoyó sus manos contra el borde de la cama, regulando su respiración en niveles bajos para no hacerse notar.
"Amelia," habló él, en un tono serio pero suave. "¿quieres tocarte ahora?"
Los labios de Amelia se separaron ante sus palabras y sintió la palidez de su rostro. Sus muslos se apretaron, apretando así también sus pliegues. Sentía el ardor y la humedad entre sus piernas.
"Esto es algo personal y lo entiendo," siguió diciendo él. "pero si no quieres hacerlo -"
"Si." fue lo único que desprendieron sus labios.
Pudo oír un suspiro pesado por parte de Draco, quien se acomodó aún más contra la pared.
Amelia no tenía idea que debía hacer. Sus intentos habían sido fallidos y ahora, con alguien observándola, la posibilidad de fallar nuevamente era infinita.
"Entonces hazlo." dijo él, bajando la mirada.
Ella inspiró lentamente antes de ponerse de pie. Subió a gatas sobre la cama y llegó al centro, quedando de rodilla frente a Draco que seguía ignorandola, cosa que para ella, era mucho más cómodo.
Mordió su labio por impulso cuando una de sus manos levantó el borde de su camiseta mientras la otra comenzaba a sumergirse bajo la tela de sus bragas rosa palo. Su cuerpo se estremeció cuando uno de sus dedos pasó a llevar su clitoris, bajando cada vez más hasta separar su pliegues. Mantuvo la mirada fija en la pared frente a ella, hasta que sintió la voz de Draco nuevamente.
"¿Estás pensando en algo?" dijo él, apoyando su cabeza en el muro.
A pesar de que no la miraba, Amelia negó con la cabeza. "No - yo no se en que pensar."
Draco asintió, y sus manos se sacudieron ordenando sus ideas. "Bien, te ayudaré."
Amelia echó su cabeza hacia atrás, cerrando los ojos mientras su mano daba pequeños círculos en su entrada. Su pulgar floto a su clitoris, dando caricias suaves.
"Quiero que centres tu mente en mis palabras Amelia." lo escuchó decir. "Relajate y olvida que estoy aquí."
Y así lo hizo. Su mente se vació por completo, apreciando solo la sensación de sus dedos, que ahora, se enterraron en su humedad, dando golpeteos leves.
"Bien," dijo Draco. "estás en tu cuarto. Imaginalo con todos los detalles."
La habitación se formó en la mente de Amelia. Tenía cortinas color blanco y paredes empapeladas. La fragancia dulce de su perfume se esparcia por el lugar. Ella estaba en su cama, acurrucada entre las sábanas blancas y las gruesas almohadas.
"¿Lo tienes?" preguntó Draco, sin esperar una respuesta. "Entonces, estás en tu habitación, recostada sobre tu cama, pero no estás sola. Tiene a alguien a tu lado."
Sus dedos aún hacían movimientos lentos cuando la misma imágen que utilizó la noche anterior, apareció. El chico imaginario estaba a su lado.
"Tus dedos..." siguió diciendo Draco. "No son tuyos Amelia, son de él. Te está tocando delicadamente mientras tus manos están afirmadas sobre tu cabeza. No tienes libertad. Él te tiene bajo su poder."
Se vio a sí misma. Sus manos atadas, o quizás envueltas en una mano fuerte del chico mientras sus caderas se movían, esperando el tacto que tanto necesitaba. A ojo cerrados podía sentirlo. Sus dedos ahora subieron a su clitoris hinchado, comenzando a moverse circularmente sobre él.
"Él te tiene Amelia. Y tú le encantas. Joder, si que le encantas. El solo hecho de tocarte lo hace querer más. Él disfruta de ti, de tu cuerpo, de tu mente..."
Ella jadeo cuando una pequeña electricidad la consumió. Podía sentir su cuerpo hervir cuando dos de sus dedos bajaron hasta su entrada, introduciéndose lentamente en ella. Podía ver la mano fuerte de él entre sus piernas abiertas. Estaba eufórica. Miró el cuerpo del chico a su lado. Piel pálida, músculos marcados, cicatrices...
"Sus dedos comienzan a moverse con rapidez." dijo Draco. "Quiere que te corras con tan solo tocarte."
Amelia hizo caso al instante y un gemido escapó de sus labios cuando sus dedos se curvaron tocando un punto que jamás había sentido. Nuevamente vio al chico. Su mano seguía en su entrepierna y ella subió sus caderas, queriendo sentir más de él. Su cuerpo enviaba oleadas de calor y cuando se giró, lo vio.
Draco era quien estaba con ella en la cama.
Una respiración entre cortada la hizo vacilar, quitando su mano de las bragas y sentándose en la cama. Suspiró sintiendo la mirada de Draco sobre ella.
"¿Pasó algo?" preguntó él con preocupación.
Ella torció su labio y trago saliva. "Es sólo que... no funcionó."
Draco se acercó a la cama, paso a paso, hasta quedar frente a ella, a centímetros de su cuerpo. "¿Por qué crees que no funciona?"
"Yo creo que -" se encogió de hombros, apenas mirándolo a él. "quizá esto no es lo mío. Sólo no encuentro la manera de llegar a ese punto."
Draco se cruzó de brazos. Sus clavículas se marcaron mientras su pecho subía y bajaba con calma.
"¿Pensaste en mí, Amelia?"
Su mundo se desmoronaba poco a poco. Había olvidado levantar sus barreras de Oclumancia y a hora Draco lo sabía, de nuevo...
Era estúpido negarse cuando la respuesta era obvia, así que se armo de valor para parecer lo más serena posible y decir la verdad.
"Bueno yo - había pensado en alguien." explicó. "Intenté pensar en cualquier persona Draco, de verdad lo hice pero... tú solo apareciste y... no pude. No cuando sé que no es lo que quieres."
Él frunció el ceño mordiendo su labio. "¿Y qué es lo quiero?"
Sus ojos se oscurecieron y vio calor tras ellos. Ella se cohibio, queriendo escapar de ahí, pero la otra mitad de sí, quería quedarse y saber que tramaba Draco con ella.
"No lo sé..." susurró.
Él no la tocó, pero no fue necesario hacerlo para que su corazón comenzará a palpitar con furor. Sintió el calor de su respiración cuando se inclinó hacia ella. "Ahora mismo quiero que te vuelvas a tocar Amelia, pero quiero que pienses en mí."
Mierda.
Sabía que la sola imagen de Draco frente a ella la hizo respirar profundamente. Sus mejillas se sonrojaron y podía sentir sus pupilas expandirse al sentir su mirada fulminante sobre ella.
Amelia volvió a incorporarse, tomando exactamente la misma posición del comienzo. Draco no se movió, y supo que no pensaba hacerlo. Él se quedaría ahí, mirándola desde cerca. Analizando cada movimientos de sus manos.
"Entonces..." susurró en un tono grave. "comenzaré de nuevo contigo."
Ella intentó no pensar, abriendo sus piernas para volver a introducir su mano dentro de la braga. Con la otra mano tomó su cabello para ponerlo tras su espalda, dejando caer mechones que le taparan un poco la vista, y la vergüenza.
"Quiero que pienses," comenzó a decir él. "que mis dedos son los que te tocan, Amelia. Imagina mis dedos dando pequeños toques sobre tu humedad."
Su vientre se contrajo, marcando sus costillas al tiempo que sus dedos marcaban un ritmo lento. Pensó en él. La misma situación que vivían ahora, pero en cambio, era su mano la que la tocaba.
Cerró los ojos con fuerza echando su cabeza hacia atrás y ahogando sus jadeos.
"No Amelia." murmuró Draco, rompiendo su hilo de imaginación. "Quiero que me mires."
Apretó su mandíbula mientras bajaba su rostro, cayendo perdida en su mirada. Pudo ver de reojo como su pecho subía y bajaba lentamente. Él estaba tan perdido como ella.
"Tengo mis dedos sobre ti. " susurró en voz baja. "Estoy follandote con dos de mis dedos. Los pongo dentro de ti, hasta el puto fondo."
Su cambio brusco de palabras fue notorio pero sólo hizo que Amelia se sintiera más acalorada. Sus dedos entraron en ella, tal como Draco lo describió, y dentro, los movió, sintiendo sus paredes contraerse contra ellos.
Draco bajó la mirada desde su cuello hasta su pecho, bajando por su camiseta hasta llegar al punto donde su mano se escondía.
Él suspiró lentamente. "Mi boca se posa sobre tu mandíbula y sientes mis labios succionar tu piel."
Amelia echo su cabeza hacia atrás, e imaginó a Draco ahuecandose en su cuello, besando y lamiendo cada centímetro de su piel mientras la seguía masturbando con sus largos dedos, que cada vez aumentaban la velocidad.
"Mierda Amelia..." murmuró él, y ella pudo oírlo jadear a su lado. "imagina que ahora me recuesto y te subo contra mi regazo."
Ella gimió inesperadamente, y tuvo que apoyar su mano inactiva sobre su talón para no perder la estabilidad. Sus piernas estaban temblando pero ella ahora debía estar sobre el regazo de Draco.
Sus caderas comenzaron a moverse contra su mano, pidiendo cada vez más. Ni siquiera había notado que sus ojos estaban cerrados ya que en su mente sólo estaba la imagen de ella y Malfoy.
Para cuando los abrió, un suspiró pesado la rodeo, viendo a Draco mirando hacia su mano que subía y bajaba con rapidez sobre su clitoris.
Él gimió sin pensar, y Amelia pudo notar como una de sus manos pasaba a llevar su entrepierna, escondiendo el bulto prominente que crecía en ella.
"Tus putas caderas se mueven contra mí." dijo él, sintiendo su voz cansada. "Pero mis dedos te siguen follando."
Su boca se abrió pero nada salía de ella. Apenas tenía aire. Su cuerpo comenzaba a sudar y el ambiente se volvía cada vez más espeso. Una de sus manos subió a su espalda baja, arqueandose al sentir como la presión subía. Sus dedos se encontraban apretados por sus paredes y el extasis era mágico.
"Sigue Amelia..." murmuró él, flexionando sus brazos como si tratara de controlar cualquiera de sus impulsos. "sigue follandome sobre tu linda ropa."
Se vio a sí misma con Draco.
Las manos grandes de él apretando su cintura para ayudarla a encajar sobre su cuerpo. Escuchar sus jadeos era música para ella y por sobre todo sentir lo bien que podían estar juntos.
"¿Ves el poder de tu cuerpo Amelia?" preguntó, en un tono seductor. "¿Sabes lo que daría cualquiera por verte así?"
Draco admiraba con lujuria la imagen frente a él. Ella intentaba ignorar el hecho de que podía medir cada una de sus expresiones, gestos, y sentidos. Pero era imposible cuando llevaba un año pensando en él.
Y ahora, estaban aquí.
Ella arqueo su espalda cuando sintió que su cuerpo comenzaba a dar pequeños espasmos. Los dedos de sus pies se apretaron y tuvo que bajar una mano para aferrarse a las sábanas de la cama.
"Quiero que te corras Amelia." ordenó él, rodando el cuello para aliviar su tensión. "Quiero que sientas como mis dedos te hacen correr."
Y en un gemido Amelia liberó su cuerpo. Sintió sus dedos quedar atrapados en su entrepierna mientras la humedad corría. El líquido de su cuerpo chorreando por su mano y dejando la braga empapada.
Una de sus manos se aferró al hombro de Draco y el gruñó cuando la sintió tocar su piel desnuda.
Ella apenas podía respirar y su cuerpo poco a poco se relajaba, haciéndola sentir un hormigueo casi indescriptible.
Nunca pensó que podría llegar a correrse por su propio tacto, pero la mayor parte del juego se la llevaba Draco.
Reguló su respiración lentamente, enterrando sus uñas en el hombro de Draco que seguía parado frente a ella, inmóvil y sin aire.
Luego de unos minutos de silencio, él logró hablar. "Las palabras Amelia, lo son todo." murmuró, caminando hacia su cómoda. "Es increíble lo mucho que puedes exitarte con tan solo tu imaginación."
Ella se bajó de la cama, arreglando su camiseta para tapar sus piernas que ahora, apenas podían dejarla estar en pie.
"¿Tú..." la voz de Amelia se cortó, intentando buscar la forma de preguntar lo que al parecer él ya sabía.
Había notado la erección que se había formado bajo su pantalón, y le era algo personal hablar de ello, pero la curiosidad de saber si Draco utilizaba su imaginación también para 'liberarse' era más grande.
"¿Tú también haces... esto?" preguntó finalmente. Apuñando el dobladillo de su camiseta para sentirse ocupada.
El tragó saliva, dejando ver como su garganta se movía. "¿Te preguntas si también me masturbo?"
Notó en su pregunta algo se ironía, pero para ella, no tenía nada de obvio. Amelia jamás se había tocado de la manera en que lo acababa de hacer, pero al parecer para lo demás, aquello era de lo más normal.
"Sólo creí que quizá no... bueno, es estúpido."
Draco asintió, dando media vuelta para mirarla. "Llevamos un año aquí Amelia, claro que me toco."
"Bien..." susurró ella, dando un último respiro para caminar hacia la puerta.
Él la miró, y sintió que sus ojos la fulminaban y nuevamente la electricidad llegó como un rayo y golpeó su núcleo con ferocidad.
"Siempre cumplo mis palabras, Granger."
Amelia frunció el ceño y volteo su cuello. "¿Qué?"
"Te dije que te haría correr con palabras, y lo hice." respondió él, su rostro ahora, casi inexpresivo. "Y te juro que lo haría de nuevo."
Luchaba internamente por no desmayarse en ese instante. Su mañana estaba siendo lo bastante fantasiosa pero luego de tantos hechos, estaba acostumbrándose a la idea de que esta era la realidad.
"Draco, esto fue algo raro y confuso." respondió ella, tomando el pomo de la puerta. "No... sé que sentir con todo esto. Hay muchas preguntas y - "
"No quiero que sientas nada." murmuró. "Sé que te preguntas muchas cosas ahora Amelia. Sé que te preguntas por qué hago esto, o por qué estoy diciéndote estas cosas, pero, estás más confundida por el hecho de que te gusta, y no hay nada de malo en eso."
Ella respiro, sintiendo un mareo leve. "¿Y tú? " preguntó, temerosa."¿Esto te... gusta?"
Sentía que su corazón iba a parar en el momento en que abriera su boca. Estaba disfrutando los momentos antes de la respuesta. El sentimiento antes de la verdad. Era evidente pero, aún no se hacia la idea de que, lo que Draco iba a decir, fuera cierto.
"Amelia..." murmuró él. "¿Crees que entre a tu mente por gusto?"
Ella se vio desconcertada. Un hilo de silencio se posó entre los dos antes que Draco siguiera sus palabras.
"Te he mirado desde que estamos en esta mierda de bunker. Me preguntaba cada noche como se sentiría tu piel. Si tu cabello es tan fácil de tomar como se ve, y si mis caderas encajarían en el espacio de tus muslos, ¿crees que esto me gustó?"
Ella no se atrevió a moverse. Sus manos se apretaron y sus pies parecían aferrarse al suelo. Sentía el embriagador perfume, el olor a menta, manzana. Estaba jodida tal como dijo Parkinson. Su cuerpo le estaba fallando, ella quería ir y aferrarse a su cuerpo, sentir su piel, sus manos, tocar su cabello y arañar su espalda, pero ahora, no podía.
Apenas podía procesar sus palabras.
Draco, que no había dejado de mirarla, hizo un pequeño sonido, advirtiendo la realidad. "Deberías ir a descansar."
—§—
Pansy se había quedado sin palabras por primera vez en su vida.
Amelia le confesó todo lo que había sucedido por la mañana y lo estúpidamente culpable que se sentía por haberlo hecho.
"¿¡Estás de broma!?" gritó ella, cayendo sobre la cama." No puedes sentirte culpable Ames, él cedió, ¿entiendes eso?"
"Lo sé Pansy, es solo que todo fue tan... rápido y apenas pudimos hablar." jadeo ella, apoyándose contra la pared. "Bueno, yo fui la que no pudo hablar. Dios, soy patética."
"No." respondió la azabache, apoyando los codos para inclinarse. "No eres patética, es entendible que estés nerviosa, confundida, asustada y... confundida de nuevo..."
"Él dijo que me había mirado antes..." dijo Amelia, uniendo palabras en su mente. "que había pensado en mí."
Pansy chilló de alegría. Parecía mucho más emocionada de lo que Amelia podía pensar, pero era de esperarse. Pansy sabía mucho sobre Draco y algunas de sus conductas estaban siendo algo diferentes a las de siempre.
"¿Entiendes que eso es literalmente una invitación a seguir haciéndolo?" dijo Pansy.
Ella sacudió la cabeza, deslizando sus dedos por su cabello enredado. "No lo sé Pans..."
"Oh, sí que lo sabes. Él quiere seguir explorandote Ames, eres tentadora para él."
Amelia rió, haciendo un gesto sarcástico. "¿Tentadora?"
Pansy puso los ojos en blanco. "Es obvio. Le confesaste que no te tocabas Ames. Ahora él te ve como una pequeña niña inocente, lista para corromper en segundos."
"¡Pansy!"
"¡Es la verdad!" gimió ella, riendo por las reacciones de Amelia. "Si él a pensado en ti, créeme, es porque está tramando algo."
Ella caminó hacia la cama, ladeando su cabeza con curiosidad. "¿Qué significa?"
Pansy tomó su brazo y la tiró, recostandola a su lado. "Bien. En Hogwarts, Draco no miraba a las chicas con las que se acostaba. Él sólo esperaba recibir el placer que necesitaba y largarse de ahí."
Las imágenes de Draco aferrando chicas por los corredores volaron sobre la mente de Amelia, sintiendo un poco de celos por ellas.
" El punto es," siguió diciendo Pansy. "que él no acostumbra a analizar sus movimientos, o a las personas con las que lo hará, eso demuestra cierto interés en ti."
"Eso no tiene sentido."
"Salazar Ames, escúchame." se quejó ella, mirándola con diversión. "Ha pensado en ti, quizá más de lo que tú crees. ¿Sabes el montón de escenarios que pueden haber pasado por su cabeza, en los que tú eres la protagonista?"
Un escalofrío la estremeció pensando en ello. ¿Realmente fantaseaba con ella? ¿Se habrá tocado pensado en ella? No quería sentirse demasiado importante e ilusionarse con algo que podría ser no más que un mal entendido.
"Un año bastan para tener las suficientes fantasías contigo así que escuchame Granger." Pansy tomó sus mejillas haciéndola mirarla a los ojos. "Acabas de entrar en su juego... y ahora, no vas a poder parar."
