Madres

(nota: los capítulos anteriores son el 1 (Sentimientos prohibidos), el 10 (Una inesperada unión), el 25 (Si solo son amigos), el 27 (Tras cancelarse el plan), el 30 (Que hable el corazón) y el 32 (Las consecuencias)

La vida había cambiado en las últimas semanas para las familias Yagami y Takenouchi. Después de un fin de semana de intenso placer por cada una de las partes, se habían juntado todos en casa de los Yagami, pues era de mayor tamaño, para hablar.

El primer turno había sido para las madres. Aunque al ver cómo se tomaban de las manos antes de hablar, sus hijos lo entendieron todo antes de escuchar sus palabras.

—Toshiko y yo estamos enamoradas —dijo Yuuko—. Sabemos que la situación es extraña, pero nos gustaría empezar una relación. En público, es decir. No de vernos a escondidas. Poder cenar, salir a la calle, darnos de la mano… esas cosas. Sin ocultarnos.

—Y necesitamos saber si os parece bien. Es decir, sabéis que entre nosotros no hay nada habitual, pero aún así, una cosa es llevarlo en secreto, y otra publicitarlo…

Sora fue quien habló.

—Yuuko. Espero que sepas… que si le haces daño a mi madre te mataré —dijo, con una risita—. Hablando en serio, me alegro mucho por vosotras.

—No tenéis que preguntarnos si nos parece bien. Es vuestra vida —dijo Taichi.

—Lo sé, hijo, pero las cosas no son tan fáciles —respondió Yuuko. Al fin y al cabo, las relaciones homosexuales en Japón eran aún un tema tabú, y no era legal el matrimonio.

—Sed felices, mamá —dijo Hikari—. Os lo merecéis, de verdad.

Yuuko y Toshiko sonrieron y se dieron un besito delante de ellos. Era extraño sentir vergüenza a aquellas alturas, pero el traspaso de la línea de la lujuria a sentimientos más profundos parecía tener ese efecto.

—Nosotros también os tenemos que decir algo —dijo Taichi. Tenía sus dudas de la reacción de aquellas mujeres—. Hikari y Sora… van a ser mamás —concluyó, mientras las rodeaba con sus brazos.

—Al final ha ocurrido —dijo Yuuko—. Te dije que debías tomar precauciones… Los dos.

—Lo se —intervino Hikari—. Pero no hemos podido evitarlo…

—Y hemos decidido llegar a un arreglo entre los tres —añadió Sora—. Taichi no tiene por qué elegir. A las dos nos parece bien eso.

Toshiko y Yuuko se miraron.

—Supongo que no tiene caso discutir —comentó la madre de Sora—. Nuestros hijos también han crecido y tienen derecho a tomar sus decisiones también, ¿verdad?

—Verdad —dijo Yuuko. Era cierto que la situación era aún más delicada que la suya. Una relación poliamorosa… Sin contar con que entre Taichi e Hikari había incesto. Pero su hija parecía tan feliz que no podía negarse.

De modo que aceptaron aquella situación de familia atípica.

Pasaron unos cuantos días, y Taichi informó a sus parejas que debía pasar el fin de semana fuera.

—Lo siento. Es la final y tengo que ir con el equipo —les dijo—. Espero que no os enfadéis mucho.

—Lo entendemos —dijo Sora—. Solo prometenos que volverás y no nos abandonarás por alguna otra.

—Jamás haría eso.

—Lo sabemos —dijo Hikari, aunque en el fondo tenía los mismos temores que la pelirroja.

El viernes le acompañaron a la parada de autobuses, aunque tuvieron que despedirse como les gustaba antes de salir, para evitar preguntas de la gente. Aún se estaban preguntando cómo se lo podrían contar a su grupo de amigos, de modo que hacerlo público era aún impensable. La gente sólo conocía la relación entre sus madres, y se alegraban por ello.

Y cuando el autobús se alejó, alguien llamó al teléfono de Sora. Qué sorpresa. Era Yuuko.

—Dime, Yuuko —contestó al teléfono. Se le hacía aún raro decirle "mamá".

—¿Taichi ya se ha ido? —preguntó la madre de los castaños.

—Sí, acaba de marcharse.

—Vale. ¿Podrías venir a mi casa? Quiero hablar algo contigo —dijo Yuuko.

—Claro, voy ahora para allá.

—Perfecto. Supongo que Hikari está contigo.

—Aquí estoy, mamá —dijo ella. Sora tenía el volumen tan alto que podía escuchar la conversación sin que la pelirroja pusiera el manos libres.

—Hola, cielo. Toshiko me ha pedido que vayas a verla también.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Hikari, sin comprender.

—No, solamente nos apetecía tener una conversación con vosotras por separado —dijo Yuuko. Su tono parecía tranquilizador, pero aún así Hikari y Sora estaban preocupadas.

—Vale, pues iremos ahora para allá.

Se miraron preocupadas. Tal vez tenían dudas sobre el hecho de que ambas iban a llevar el embarazo a término. Y también era extraño que las fueran a ver por separado. ¿Tal vez estaban peleadas? ¿Tal vez Yuuko no quería que Sora tuviera al bebé y que Taichi se ocupara de Hikari? O al revés, podía ser Toshiko la que no quisiera que Hikari tuviera un bebé de su propio hermano y considerase solo a Sora como la persona digna.

Hikari se tomó su tiempo para ir a casa de Toshiko. No tenía muy claro qué se iba a encontrar allí. Llamó al timbre y aguardó. La madre de Sora abrió la puerta, y se tranquilizó un poco al ver que lo hacía con una sonrisa. Aunque, bueno, las sonrisas podían ser engañosas.

—Adelante, pequeña —invitó Toshiko.

—Gracias.

—¿Quieres tomar algo?

—No, gracias —respondió ella—. Ha dicho mi madre que querías hablar conmigo —añadió, un poco nerviosa.

—Sí. Siéntate, por favor.

Hikari lo hizo.

—Solo quería saber cómo estabas. Toda la situación es nueva. Lo mío con tu madre, y luego, lo que tenéis entre vosotros tres.

—Es cierto. Todo es nuevo y muy repentino. Pero como dije, me alegra que estés con mi madre. Si sois felices, me parece bien.

Toshiko sonrió y le dio un beso en la frente. Y otro en la nariz. Y otro en sus labios. Y sonrió al ver que Hikari no se apartaba.

—Toshiko… —susurró la castaña.

—Sé lo que Taichi y tú hacíais con Yuuko. Y no pasa nada. Ahora todos somos familia. Así que pensé en que podríamos aprovechar que no está Taichi para conocernos un poco mejor entre nosotras. Si te parece bien.

—Y entonces, Sora…

—Está con tu madre —afirmó Toshiko—. ¿Te apetece probar? Solo quiero cuidar un poco de una de las madres de mis futuros nietos.

No lo decía con ningún tipo de segundas intenciones, para sorpresa de Hikari. Realmente quería pasar un buen rato con ella. Y qué diablos, podía aceptar. No iba a hacer nada que no hubiera hecho Taichi. Y al fin y al cabo, a pesar de la relación entre Yuuko y Toshiko, ellos habían seguido manteniendo relaciones con su madre en algunas ocasiones. Lo que la mujer le proponía no era nada descabellado.

Así que su respuesta fue un tierno beso en los labios de Toshiko, que se fue reclinando hacia atrás, permitiendo a la pequeña ponerse encima. A la castaña le sorprendía lo bien que besaba la otra, aunque dedujo que había adquirido mucha práctica con Yuuko. Además, sabía por qué Toshiko la permitía ponerse encima. Era menos peligroso para su feto que si tenía a la mujer encima, con su peso.

—Deja que te cuide —susurró Toshiko al oído de Hikari.

Se sentó con la joven aún sobre ella y empezó a desnudarla. Seguro que tenía calor. Admiró su cuerpo. Contempló su barriga, que ya estaba ligeramente hinchada, aunque la ropa que llevaba solía ser una ayuda para disimularlo. Sabía que ni Hikari ni Sora habían hecho el embarazo público. Y sus juveniles pechos seguro que estaban mejor sin el sostén.

—¿Sabes una cosa? Eres preciosa, Hikari —susurró Toshiko, pero no pudo ver la cara colorada de la castaña pues enterró la cabeza entre sus pechos. Los lamió con delicadeza, y probó el sabor de sus pezones—. Aún no estás lactando…

—No… No creo que quede mucho —murmuró la castaña—. Aaaaah, Toshiko…

—Me alegra que Sora haya terminado con Taichi y contigo. Seguro que la haréis muy feliz —comentó la mayor sin detener su lengua—, y debo portarme bien con la novia de mi hija.

Novia, pensó Hikari. Era extraño, pues hasta ese momento no lo había visto así. Ella pensaba que compartía a Taichi con Sora. Pero no era del todo cierto, habían hecho el amor los tres. Sí, Sora era también su novia y eso le gustaba.

—¡Aaaah! —gimió. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que Toshiko le había metido una mano por el pantalón, acariciando su sexo.

—¿Te gusta, pequeña? —preguntó Toshiko.

—Sí… me gusta —admitió ella.

—Pero esto es solo el principio. Vamos.

Hikari se levantó con cuidado y aceptó la mano de Toshiko. No tardó en saber a dónde se dirigían. El baño. Entraron allí.

Toshiko ya había dejado todo preparado para su encuentro. El vapor salió a recibirlas, y la bañera estaba llena de agua. La tocó. Sorprendentemente, estaba a una buena temperatura, sin exceso de calor. Toshiko se tomó la libertad de empezar a liberar a Hikari del resto de su ropa. Suavemente, sin movimientos bruscos. Completamente expuesta para ella.

—¿Puedes ayudarme ahora? —preguntó Toshiko. Hikari entendió. Ayudó a la mujer a desprenderse de la blusa, y acertó para abrir el sujetador. Como siguiendo un instinto, llevó las manos a los senos de la mujer, y apretó sus pezones entre sus dedos—. Niña traviesa —suspiró la mayor. Luego, Hikari tiró poco a poco de su pantalón, y Toshiko se bajó las bragas, quedando en la misma condición de desnudez.

Se metieron en la bañera. Hikari se apoyó en el cuerpo de Toshiko y ella la abrazó. Era agradable estar así. Sintió sus manos por sus piernas, muy cerca de su sexo, sin llegar a estimularlo. Por el momento. Toshiko empezó a hablar suavemente a Hikari.

—¿Estás bien? ¿Muy caliente el agua?

—Está perfecta. Gracias, Toshiko —respondió ella en tono suave—. Pero ¿sabes? No es necesario que te prives. Ya me has dicho a qué he venido, y me parece bien.

—¿De verdad?

—Quiero que me hagas el amor como se lo haces a mi madre —pidió la castaña.

Y sintió el dedo de Toshiko estimulando súbitamente su clítoris. Ahogó un gemido, pero Toshiko le susurró al oído.

—No me hagas eso, Hikari. Si te gusta, quiero que gimas. No te contengas conmigo. Quiero saber si te gusta.

—Va-Vale —susurró la joven, y gimió libremente—. Aaaaaah, Toshiko… Me gusta…

La intención de al mujer era darle todo el placer posible en ese momento. Ya tendrían tiempo de pasarlo bien mutuamente, pero no olvidaba que la joven estaba encinta y que necesitaba atenciones especiales. Y un baño era la mejor forma de hacerle ese cuidado. Además, no podía negar que había una segunda razón para interesarse por ella: le recordaba mucho a Yuuko, y eso lo encontraba excitante.

Hikari se acomodó para dejar a aquella mujer a cargo de su cuerpo. Se le hacía extraño, pero realmente, Toshiko sabía tratar bien su cuerpo. Suspiró al sentir sus dedos hundirse dentro de ella, mientras mantenía el contacto con su punto de placer máximo. Diablos, como siguiera así la haría culminar. Y ella no quiere que te reprimas, se recordó a si misma, por lo que se limitó a dejarse llevar por el momento y disfrutó de un delicioso orgasmo.

—¿Te ha gustado? —preguntó Toshiko, abrazándola nuevamente mientras la dejaba recuperar la respiración.

—Sí, ha sido genial —respondió la castaña.

—Pero ahora toca lavarte.

—¿La-Lavarme? —preguntó, muerta de vergüenza.

Pero sí, Toshiko se levantó de la bañera (permitiendo así a Hikari contemplar todo su cuerpo desnudo) e invitó a Hikari a ocupar una pequeña banqueta que había en medio de la estancia para tal fin. Y ella se dejó hacer, por supuesto. Había un calorcito ambiental muy agradable.

Y una sensación tibia recorrió su espalda. Toshiko se la frotaba suavemente, con las manos impregnadas en gel. Tenía un olor suave pero muy agradable. Notó la espuma que se formaba, y los firmes dedos de la mujer recorriendo su espalda. Era una traviesa. Pasó por debajo de las lumbares y le alcanzó las nalgas, que también masajeó con ganas. Sin duda Toshiko no tenía intención de privarse de nada, y ella estaba dispuesta a dejarse.

—A ver qué tal por aquí —dijo Toshiko tras levantarse para situarse frente a la joven. Sí, era tan atractiva como Yuuko. Y tenía todo el fin de semana para dejarse llevar con ella. Si es que quería.

—Toshiko… Me gustan mucho tus manos —suspiró Hikari al notarla limpiar sus senos. Y masajeárselos. Y estaba segura de que no era necesario jugar así con sus pezones, especialmente sensibles, para bañarla.

—Me alegro, pequeña. Tú solo disfruta —susurró ella mientras proseguía limpiando a Hikari. Con cuidado bajó por sus caderas y su vientre, que trató con especial cuidado. Esas curvitas le parecían muy sexys. Separó sus piernas con mimo, y no pudo evitar la tentación de inclinarse hacia adelante y besar su sexo. Hikari tragó saliva, no esperaba repentino ataque sorpresa. "Por favor, sigue", pensó la joven, para sus adentros. Pero tras un par de suspiros, Toshiko pensó que había tenido lo suficiente. Por el momento.

—¿Quieres que termine de aclararte y vamos a mi habitación? —ofreció la mujer. Hikari, que había intentado mantenerse comedida, asintió repetidas veces, denotando las muchas ganas que tenía de pasar a mayores. La otra sonrió, eso era lo que buscaba.

—Creo… creo que mi madre lo tiene que pasar muy bien contigo —comentó Hikari mientras Toshiko la envolvía en una gran toalla para secar su cuerpo.

—Hay cosas que reservo solo para ella —respondió la otra y le guiñó un ojo—, pero eso no significa que no vaya a hacerte mirar las estrellas.

—Lo estoy deseando.

Y en ese momento se vio levantada en brazos de Toshiko. Su compañera la llevó hasta la cama. Indudablemente lo tenía todo pensado, pues estaba cubierta por una gran toalla. Se secarían… o tal vez se mojarían más aún. Hikari llegó al colchón y dejó que Toshiko se acomodara con ella. Sintió sus besos apoderándose de ella. Casi era como caer en una maldición… No, era no era la palabra apropiada. Al contrario, era una bendición.

Su cuerpo reaccionaba de forma natural. Apenas se daba cuenta de que estaba subiendo sobre las piernas de Toshiko, acomodándose sobre las mismas, atraída constantemente por los labios de la otra. Ya no estaba tapada por la toalla, pero sentía las cálidas manos de la mujer acariciando y caldeando su espalda.

—Oh… pequeña, muy bien —suspiró Toshiko. La joven había empezado a atacar uno de sus senos con la boca. Y lo hacía muy bien. Succionaba con delicadeza, y sus dientes rozaban su pezón, que se había endurecido. En su fuero interno deseaba hacerle lo mismo, una vez empezase con la lactancia, aunque no iba a quejarse. Su cuerpecito era exquisito.

—¿Te… te gusta?

—Mucho. Sigue tanto como quieras —pidió Toshiko.

Pero no estaba dispuesta a dejarse ganar. No sin jugar al menos. Hikari había descuidado su línea defensiva, tenía las piernas separadas sobre las de ellas, por lo que podía acceder fácilmente a estimularla con sus dedos. Pero Hikari intentó mantener el ritmo de su boca contra los pechos de Toshiko mientras ella la masturbaba lentamente. Pero sabía que iba a perder, por mucho que lograse excitar a la mujer, ella caería primero. Y así fue. Sintió su cuerpo contraerse varias veces mientras sus delicados jugos se escurrían entre los dedos de su compañera, y cayó derrotada sobre su cuerpo.

—¿Te rindes? —preguntó la mujer, con la joven acomodando la cabeza entre sus pechos.

—Jamás —respondió ella. Toshiko también tenía las piernas ligeramente separadas, por lo que probó a deslizar un dedo entre ellas.

Alcanzó fácilmente su sexo, y lo acarició. Toshiko cayó de espaldas, y en ese momento, Hikari aprovechó para tomar posición de poder. Jugó con el sexo de la mayor, introduciendo sus dedos suavemente. Escurrían fácilmente, probablemente ella llevaba deseando un momento así desde que habían empezado a jugar, y debía estar muy estimulada, como bien podía notar.

Debía ser generosa con ella, de modo que acomodó la cabeza entre sus piernas, dispuesta a hacerla pasar un buen rato. Hundió la lengua en su sexo, deslizándola de arriba hacia abajo y otra vez hacia arriba. Se entretuvo en su clítoris, provocándole largos gemidos de placer a su anfitriona. Hikari sintió que su cuerpo reaccionaba a la situación con mucho calor. Se excitaba al conseguir estimular a Toshiko, de modo que continuó su juego hasta que sintió que la mujer culminaba por fin. Notó que su cuerpo tenía ligeros espasmos mientras disfrutaba del climax.

—¿Qué tal lo he hecho? —preguntó la joven.

—De maravilla —respondió Toshiko, y se fundieron en un ligero beso mientras daban un respiro a sus cuerpos. Había sido un rato muy intenso y debían reservar fuerzas si tenían la intención de continuar tanto como el día acompañase. Rodeó a la pequeña entre sus brazos, y ella se acomodó encima. Levantó las rodillas, de modo que sirvieron de respaldo para Hikari. No quería que aplastase su barriguita por ponerse sobre ella—. La verdad, me daba miedo proponerte esto.

—¿Por qué?

—Bueno. Podrías haberme dicho que no. Porque no te apeteciera… o porque no quisieras. Y estarías en tu derecho. Sé que Sora y tú solo tenéis ojos para Taichi.

—Él lo es todo para mi. Y Sora se está volviendo igual desde que tenemos nuestro… "proyecto de familia" —admitió Hikari—. Pero ya de antes, los "juegos" que hacíamos con mi madre, cambiaron mucho mi forma de ver todo lo relacionado con el sexo. Y tampoco admitiría hacerlo contigo si no la hicieras tan feliz.

—¿Crees que la hago feliz? —preguntó Toshiko, ilusionada.

—Desde luego que sí. Conozco a mi madre, y la veo ahora mucho mejor que cuando estaba con nuestro padre.

Toshiko volvió a atraer a Hikari hacia ella y se fundieron en un nuevo beso. La joven notaba las manos de la mayor intentando tocar cada poro de su cuerpo. A ella le gustaba. Era extraño, pero se sentía casi como en casa. Casi como con su propia madre. Sí, al fin y al cabo, había compartido muchos momentos de cama. Pero lo cierto era que siempre había estado Taichi con ellas, nunca lo habían hecho por su cuenta. Y se sentía muy bien, la verdad.

—Toshi… voy a jugar un poco más contigo —dijo la castaña, y se movió un poco hacia abajo.

Llegó a tener la cabeza a la altura de los pechos de su compañera, y volvió a atacarlos. Su boca estaba ocupada con uno de sus senos mientras atendía el otro con las manos. Eran agradables, tanto al sabor como al tacto. Y sintió que una mano de la otra bajaba a su trasero y se lo masajeaba con cuidado. Toshiko aceptaba lo que le hacía sin rechistar.

Si ella no tuviera a Yuuko en su vida, probablemente sentiría envidia hacia la situación que Sora, Hikari y Taichi habían decidido vivir. Afortunadamente, su amiga se había compartido en su pareja, y se consentían aquella clase de locuras de vez en cuando.

—Voy a seguir bajando… —anunció Hikari mientras empezaba a recorrer con la lengua el vientre de la mayor, en dirección a su sexo. Pero ella la retuvo.

—¿Qué te parecería si lo hacemos al mismo tiempo, pequeña? —propuso ella, deseosa de poder probar el sabor de sus íntimos jugos. El simple beso que le había dado en el baño no había sido suficiente y estaba deseando dejarse llevar.

Hikari tuvo que contenerse. Escucharlo le había hecho desearlo con ganas, pero no le apetecía parecer ansiosa. Al fin y al cabo… estaba con la novia de su madre. Y ella tenía sus propias parejas como para satisfacerse. Pero esa tarde solo podía pensar en aquella mujer que la había convocado para abandonarse al placer.

Pero empezó a girar sobre su cuerpo, situándose en la posición adecuada para intercambiar sexo oral. Apenas había acercado su sexo a los labios de Toshiko ella empezó a devorárselo con ganas. Diablos. Entendía perfectamente cómo su madre había sucumbido a sus encantos. Muy bien, pues no iba a dejarse ganar sin pelear. Hundió la cabeza entre las piernas de Toshiko y alcanzó su sexo con la lengua. Se abandonaron al placer, empezando a competir por hacer culminar primero a la otra.

Hikari se notaba especialmente sensible desde que se había quedado embarazada, pero aún así tenía intención de ganar aquel asalto. E iba por buen camino, pues sentía que Toshiko temblaba bajo su cuerpo. Aumentó con ganas el ritmo de su lengua y consiguió hacerla acabar. Pero la mayor, pese a su orgasmo, aguantó el ritmo para conseguir que la joven alcanzara también el clímax.

—Si nos quedamos así dormidas no me importaría —dijo Hikari, acomodada en el cuerpo de la mayor.

—No me importaría si te quedaras —reconoció Toshiko—. Pero… aún hay algo que me gustaría probar. Si quieres.

—¿Qué es? —preguntó la joven, mientras se dejaba caer en el colchón.

Toshiko gateó hacia la mesita de noche y abrió el cajón. Sacó algo de su interior e Hikari abrió los ojos con sorpresa. Aquella mujer estaba sujetando un juguete de adultos. Uno bastante especial. Un arnés doble de color rosa. La joven soltó un silbido de admiración, y se puso colorada cuando su cerebro procesó lo que pensaba hacer con eso.

—Si te parece bien —aclaró Toshiko mientras lo extendía a Hikari para permitirle valorarlo con precisión. La joven lo tomó entre sus manos, aunque tenía clara la respuesta antes de decirla.

—Claro que sí… ¿Me dejas que te ayude a ponértelo? —propuso.

Toshiko no daba crédito de la suerte que tenía con su joven compañera. Aceptaba a sus ideas. Un fugaz pensamiento cruzó su mente. "Sora, como no cuides tu relación voy a ocupar tu puesto", pero pronto lo descartó. Sonrió a Hikari y se puso en pie en la cama, con el juguete a sus pies. Con ayuda de la joven pasó los pies por entre las cuerdas de cuero y ella se lo subió suavemente.

—Con cuidado… ooooh —gimió Toshiko. Hikari había empezado a jugar con el dildo interior del arnés con el sexo de su compañera, de modo que pudiera estimularla y lubricarla en condiciones antes de unirlo a ella—. Muy bien, pequeña. Oh, me gusta —gimoteó mientras se iba deslizando por completo dentro de ella. Le acarició los cabellos mientras lo ataba para asegurarse de que podían tener un bonito momento.

La mayor volvió a tumbar a Hikari sobre el colchón mientras se situaba entre sus juveniles piernas para unirse por fin. La chica sintió el juguete presionando sobre su sexo, y una mirada de Toshiko que deseaba confirmar que podía continuar. Asintió lentamente y pudo notar cómo se abría paso suavemente en su interior.

No era un dildo de un tamaño muy agresivo, pero tenía lo suficiente para poder disfrutarlo. Se mordió la lengua. Había estado a punto de gritar "Taichi", pero se corrigió en el último momento.

—T… Toshiko —murmuró, lo que le valió un beso de la mayor mientras empezaba a deslizar el juguete repetidamente dentro de ella.

No se daba ninguna prisa, no había necesidad de hacerlo. Simplemente lo estaban disfrutando hasta que sus orgasmos se dinamitasen al fin. Toshiko también sentía cómo su lado del juguete entraba y salía de ella, y se asió con firmeza a las caderas de Hikari para marcar el ritmo. A ella parecía gustarle mucho, y estaba completamente sometida a aquel placer. Se dejaba querer de aquella forma tan especial por aquella mujer, y notó que su orgasmo empezaba a gritar por salir. Relajó su cuerpo todo lo posible, facilitando la tarea de Toshiko hasta que sintió que sus salados jugos estallaban al final. Fue apenas unos momentos después cuando Toshiko llegó al clímax, y tuvo que evitar caer encima de Hikari poniendo las manos en el colchón, pero aún así le flaqueaban y tuvo que echarse a un lado rápidamente.

—Espero que te haya gustado mi sorpresa —jadeó Toshiko mientras se recuperaba.

—Espero… que no se quede solo en esto —respondió Hikari. Su mente tenía mucho placer que asimilar todavía, pero esperaba no tener que terminar tan temprano. "¿Qué estarán haciendo Sora y mamá en este momento?", se preguntó.

Al igual que había hecho ella, Sora se había puesto en camino hacia la casa de los Yagami. No tardó mucho en llegar, y llamó a la puerta. Su suegra (tanto tiempo esperando poder llamarla así y ahora se le antojaba extraño) le abrió la puerta con una sonrisa.

—¿Ha ocurrido algo? —preguntó la pelirroja mientras pasaba al salón, seguida por la anfitriona.

—No, tranquila. Toma asiento —indicó Yuuko y se sentó al lado de la joven—. ¿Te puedo ofrecer una bebida?

—No, gracias, estoy bien. Pero no entiendo. ¿Para qué me ha pedido venir?

—Por favor, no me sigas hablando de "usted" —pidió Yuuko—. Ahora somos familia.

—Lo sé. Pero toda esta situación es un poco nueva —dijo Sora. Aún así, sonreía levemente—. ¿Quién nos lo iba a decir?

—Lo sé. Aunque hace algunos años yo hubiera apostado porque mi hijo y tú terminaríais juntos. Otra cosa sería que me hubieran dicho lo de Hikari —reconoció Yuuko—. Pero es vuestro arreglo. Mientras os queráis, no tengo intención de decir nada en contra.

—Gracias, Yuuko. La verdad, me… me alegra que mi madre y tú estéis juntas. No se me ocurre quién le puede hacer más feliz que tú.

—Vas a hacer que me sonroje. No muchos hijos aceptarían que su madre se fuera con otra persona. Y menos… una mujer… —dejó caer Yuuko.

—Ella es feliz. Y quiero que lo sea. Como también tengo que serlo yo. Si vosotras aceptáis nuestra… relación a tres, ¿cómo no voy a aceptar yo lo vuestro?

—Me alegra saberlo…

—¿Qué ocurre, Yuuko? Te noto nerviosa.

—Sí, bueno. Estuve hablando con Toshiko y pensamos en algo para esta tarde. Ya que Taichi no estaba… podríamos pasar un rato con vosotras… Ay, me da vergüenza…

—¿Es algo malo?

—No. Es que… puedo entender que te niegues, pero… pensamos que podríamos tener… sexo… Ella con Hikari y yo…

—… conmigo —dijo Sora. Estaba un poco sorprendida por aquella proposición tan inesperada. Y más de aquella mujer. Se le hacía extraño. Al fin y al cabo, era la madre de Taichi. Les había cuidado de niños y había pasado muchas tardes en su casa jugando con Taichi. Y de pronto le proponía eso.

—No pasa nada, de verdad. Entiendo que no quieras…

—Sí.

—Sí… ¿Qué?

—Digo que sí… sí quiero —dijo tímidamente Sora, intentando sostener la mirada de la mayor. La situación era extraña, pero llevaba el suficiente tiempo compartiendo vida con Taichi e Hikari. Y ella misma había compartido al castaño con su madre. La palabra "extraño", en realidad, había tomado otra dimensión para ella.

Sin poder contenerse, Yuuko se inclinó hacia adelante y besó a la pelirroja. Esta le aceptó el beso y dejó que la mayor se acercara. Sus labios se sentían bien. Yuuko había considerado varias veces que si Taichi se había sentido atraído por ella por algo sería, y empezaba a entenderlo.

—¿Sabes? Dicen que… hay masajes que vienen muy bien cuando una está encinta —dejó caer Yuuko, esperando que Sora entendiera la indirecta.

—Pues me encantaría recibir uno —dijo la chica, con ganas de empezar.

Siguiendo las instrucciones de Yuuko, Sora se dio la vuelta y se dejó hacer por la mayor. Sintió las manos de aquella mujer despojándola de su ropa, con suavidad y ternura. Un leve escalofrío de gusto recorrió su cuerpo cuando notó un suave beso en el cuello. Yuuko aprovechó ese momento para empezar a desabrocharle el sujetador, liberando sus senos.

—No debo hacer nada por aquí —susurró la mujer en su oído, mientras sus dedos índices recorrían las caderas de Sora—, pero de aquí hacia arriba eres toda mía.

La joven se limitó a asentir. Podía sentir las manos de la mujer por sus hombros y de vez en cuando le daba un beso en la nuca. Pero el mejor momento era cuando se olvidaba de sus hombros, y atacaba sus pechos. Los notaba especialmente sensibles desde que estaba encinta, y por supuesto, ella lo sabía.

—Mmmmm —gimió, dejándose llevar por el momento—. Me gusta…

—¿De verdad? —preguntó Yuuko, y mordisqueó el lóbulo de la oreja de la joven.

—No seas mala…

—Voy a ser muy mala —dijo la mayor mientras dejaba una mano caer hacia el sexo de Sora. Sonrió al ver cómo colaboraba, separando las piernas el hueco suficiente como para dejarla actuar. Abrió el pantalón de la joven.

Rendida completamente Sora se echó hacia atrás, apoyándose en el cuerpo de la mayor y permitiendo que le diera placer. Ciertamente, no era como estar con Taichi, él tenía otro nivel, pero aquella situación era muy cómoda y placentera. Yuuko parecía hacer magia con ella. Sentía cómo le acariciaba uno de sus pechos mientras que la otra le daba placer en su zona más privada.

—Yuu… ko… vas a hacerme… acabar…

Aunque la había escuchado perfectamente, no se dio por aludida. Simplemente continuó hasta que regaló a su joven compañera el primer orgasmo del día. Esta sintió sus dedos un rato más jugando con ella, alargando tan deliciosa sensación.

—Así que… ¿bien? —preguntó Yuuko.

—De maravilla —respondió la pelirroja.

—Esto no ha hecho más que empezar, pequeña. Tú relájate y disfruta.

—Pero no quiero que solo te ocupes de mi… sería muy egoísta.

—No vas a ser egoísta. Yo te he pedido hacer esto.. Por favor, deja que te de mi cariño —pidió Yuuko.

A Sora le habría costado un poco menos resistirse si no hubiera sentido a Yuuko estimulando sus pechos nuevamente, algo que ella buscaba. Era su modo de decirle que "si me dejas hacerlo a mi lo vas a pasar muy bien" y Sora no podía encontrar ningún argumento en contra.

—Quítate la ropa al menos —pidió—, y yo también me puedo desnudar.

—Es una gran idea —aceptó Yuuko.

Esperó a que Sora se incorporase para ponerse en pie y empezó a quitarse la ropa. Pero había hecho un pequeño error de cálculo: mientras Sora ya estaba en top-less, ella debía quitarse varias prendas más. Ese momento lo aprovecho la pelirroja para, una vez desnuda, tomar ventaja sobre ella y empezar a lamer sus generosos pechos.

"Estoy segura de que Hikari ha disfrutado esto más de una vez", pensó para sus adentros mientras terminaba de desnudarse. Pero se tomó su tiempo, una cosa era que pretendiera dar placer a Sora y otra muy distinta era ser tonta y no disfrutar de aquel momento.

Acarició los cabellos de la joven que lamía sus pechos con ganas. Bueno, uno de ellos, el otro estaba siendo bien atendido por su mano. Pero Yuuko se adelantó. Cuando la mano de la joven empezó a bajar, entendió dónde se dirigía y la detuvo, con suavidad.

—No, pequeña. He dicho que ibas a disfrutar tú —añadió, y sentó con cuidado a Sora en el sofá. Se arrodilló ante ella, antes de que tuviera tiempo de atacar su sexo—. ¿Tanto te cuesta dejarte hacer?

—Se me hace… un poco raro… siempre me cuidaste de niña —murmuró la pelirroja. Al fin y al cabo, se había quedado a dormir muchas noches en casa de los Yagami y había sido muy bien atendida. Lo correcto era devolver aquellas atenciones, ¿no? Pero Yuuko le sonrió.

—No te preocupes. La verdad, también tengo muchas ganas de comprobar qué sabes hacer. Pero ahora deja que yo me ocupe.

Asintiendo, sin poder negarse, Sora dejó que Yuuko separase sus piernas con delicadeza. Sintió que se las acariciaba mientras su lengua se hundía en su sexo. Oh, sí, qué bueno. Intentó relajarse, pero la mayor tenía una técnica muy depurada… Cuántas veces habrás practicado con mi madre, pensó para sus adentros. No lo decía con ningún tipo de resentimiento. Más bien… ¿una pizca de envidia? Por lo menos sé que mamá va a estar bien cuidada.

A Yuuko, por su parte, le encantaba el delicado sabor de Sora. Es la madre de tus nietos, debes ser buena con ella, se había dicho mentalmente para paliar su mala conciencia. Al fin y al cabo aquello estaba mal. Pero no podía haber nada de malo si las dos lo consentía, ¿verdad? Ayudó a su lengua empleando un par de dedos, y los gemidos de Sora le parecieron música celestial.

Continuó disfrutando de aquel momento hasta que sintió unos temblores en su joven amiga que le indicaron sin lugar a dudas que iba a llegar al clímax una vez más. La respiración de Sora se agitó, sus manos se aferraron al sofá, no podía contenerse. Sus salados fluidos llegaron a los labios de Yuuko, que los probó con gusto mientras se aseguraba de que la joven disfrutaba de aquello.

—Por dios, Yuuko…

—Dime —dijo esta, como si no hubiera pasado nada.

—Me ha gustado… un montón…

—De eso se trata.

—¿Puedo saber una cosa? ¿Con mi madre… también eres así?

No sabía por qué lo preguntaba, pero algo en su cabeza le pedía hacerlo. Yuuko se incorporó antes de hablar y volvió a sentarse en el sofá. Aquella posición anterior solo era para lo que era: dar placer. Pero si la joven quería preguntar, al menos estaría cómoda.

—Con tu madre el juego es un poco diferente. Es decir, esto es una idea, una pequeña fantasía que hemos tenido y nos ha apetecido hacer. Pero a ella… la amo —dijo sin tapujos—. El cómo lo hago con ella no tiene nada que ver con esto. Como supongo que tú tampoco te desenvuelves igual cuando estás con Taichi e Hikari.

—Comprendo… bueno, en mi caso es más con Taichi. Con Hikari, admito que aún me estoy haciendo a la idea.

—Soy la primera sorprendida con la situación. Tal vez debería haberles detenido a tiempo cuando me enteré de lo que hacían. Se supone que eso hubiera hecho una buena madre, ¿no? —dijo, ligeramente preocupada.

—Eso no hubiera impedido lo ocurrido. Se las habrían apañado. Y… no me quejo de la familia que vamos a formar —admitió—. Aunque cuando le tuvimos que confesar a Taichi que estábamos embarazadas me dio miedo que… se alejase de mi.

—Bueno, creo que no he criado a ningún cobarde —comentó Yuuko con orgullo—. Siempre pensé que el día que eso ocurriera… porque me temía que podía pasar, Taichi asumiría la responsabilidad. Y así ha sido.

—Es un chico muy bueno.

—Desde luego que sí. Me recuerda en cierto modo a su padre, cuando le conocí.

—Por eso te juntaste con él en la bañera, ¿no? —bromeó Sora.

—Pues no esperaba tan agradable sorpresa.

Se echaron a reír. Sora se había desinhibido un poco con la conversación. Pero había aprovechado para comprobar algo más. Como se temía, Yuuko se había excitado cuando le había practicado el sexo oral. Podía verlo desde aquella posición, sentadas en el sofá, dado que su sexo se veía húmedo. Y ahora era su oportunidad.

Sin que la mayor pudiera detenerla, un dedo travieso empezó a acariciar la intimidad de Yuuko. Se quedó paralizada. No lo había visto venir. Mejor para Sora. Jugueteó con sus dedos, provocando más placer en aquella mujer. Derrotada, se limitó a cerrar las piernas para aceptar el trato que le daba la joven.

—¿Ahora te vas a portar mal tú? —preguntó, intentando dominar su tono de voz a pesar de que era innegable.

—Eso depende de si te gusta o no —bromeó ella. Probó a introducir un dedo en su intimidad, y el cuerpo de Yuuko se contrajo—. Vaya… es fácil derrotarte —bromeó.

En respuesta Yuuko le dio un beso en los labios, pero Sora seguía dominando en ese momento. Probó a introducirle un segundo dedo y Yuuko gimió un poco más fuerte. Perfecto, la tenía justo donde la quería. Acarició su clítoris, aumentando el deseo que sentía Yuuko. Era verdad, sentía su orgasmo cerca y necesitaba alcanzarlo por fin.

Por suerte para ella a Sora no le apetecía jugar a la tortura. No, Sora deseaba poderla hacer culminar. Y sabía que había una forma de acelerarlo. Con suavidad pero con firmeza tiró de las piernas de Yuuko hasta que quedaron encima del sofá, y ella situada en medio. Acercó sus labios al sexo de la mujer y probó directamente de su néctar prohibido, saboreándolo todo lo que podía mientras la ayudaba a alcanzar el éxtasis.

Yuuko logró por fin liberar su orgasmo, y se quedó jadeando sobre el sofá. Sora buscó una posición cómoda para echarse con ella, y sintió un pequeño escalofrío cuando Yuuko le acarició el vientre.

—Desde luego, los pequeños van a nacer en una familia muy poco convencional —pensó Sora, en voz alta.

—¿Y eso te preocupa?

—No especialmente. Me basta con que sean felices. Como lo soy yo.

—Eres un amor —dijo Yuuko.

Pero había algo más que Yuuko quería mostrar a Sora. Pero para eso necesitaban la amplia superficie de la cama. Fueron hacia allí, donde las sábanas ya estaban recogidas al pie del colchón para taparse después del maratón sexual… si llegaba a terminar en algún momento. Sora se sentó en la cama mientras Yuuko buscaba algo en su armario. Y no tardó en dar con ello.

—Vaya —dijo Sora, sorprendida. No se esperaba que Yuuko, y por extensión su madre, fueran de las que empleaban juguetes. Pero le pareció bien.

—Esto nos puede dar placer a las dos a la vez —comentó Yuuko mientras se acercaba a ella con un consolador de doble extremo—. ¿Te gustaría probarlo?

—Seguro que es genial —dijo Sora mientras se metía más en el colchón, separando las piernas para su anfritriona.

Yuuko no perdió la oportunidad de volver a lamer el sexo de Sora, bajo la excusa de lubricarlo bien para el juguete, antes de introducirlo en su interior con suavidad. La pelirroja se dejó hacer mientras veía cómo el juguete se deslizaba dentro de ella, hasta que Yuuko se detuvo. Fue entonces cuando se acomodó con ella y muy despacio, empezó a aceptar en su interior la otra mitad del juguete.

—Es… extraño —murmuró Sora cuando, en un suave movimiento de caderas, Yuuko empezó a deslizar el juguete dentro y fuera de ella.

—Lo sé… ¿te gusta? —preguntó Yuuko.

—Sí… —admitió Sora—. Esto está bien.

Dejó su cuerpo libre al principio, disfrutando de aquella sensación, pero empezó a darse cuenta de la clase de ritmo que llevaba Yuuko. No tardó en empezar a jugar con ella, a la vez, disfrutando ambas en ese momento. Sus caderas parecían entenderse a la perfección y pronto el aire se llenó de jadeos, gritos, suspiros y deseo mientras se acercaban a un orgasmo más. Sora se dio cuenta de que Yuuko estaba culminando primero, pero eso no detuvo a la mayor para seguir dándole placer hasta que finalmente ella llegó al suyo.

—Ha sido maravilloso —jadeó Sora mientras se recuperaba de aquel momento.

—¿Estás muy cansada?

—No… no mucho —dijo con una sonrisa lasciva.

Y se vio en ese momento entre las piernas de Yuuko. Esta se había apoyado sobre el colchón con las piernas, lo que menos quería era aplastar a la joven. Lo que más quería era enterrar la cabeza entre las piernas de la pelirroja y empezar a lamer su sexo una vez más mientras Sora le correspondía. Aquello era muy placentero, demasiado incluso, aunque no podían negarse lo bien que lo estaban pasando.

Sin darse cuenta había empezado a competir por ser la que primero hiciera culminar a la otra, Pero en aquella ocasión Sora tenía las de perder. La técnica de Yuuko era demasiado buena, y no tardó en sentir su clímax recorriendo todo su cuerpo, solo unos momentos antes de que la mayor terminara también.

—Creo que ahora sí deberíamos tomarnos un descanso —dijo Yuuko.

—¿Hasta qué hora?

—No lo sé… Toshi me dijo que Hikari podía quedarse a dormir con ella… así que puedo hacerte la misma oferta.

Sora aceptó, encantada. Aquella tarde podía ser muy entretenida.


¡Hola a todo el mundo! Feliz año nuevo y eso.

Sí, hace más de dos meses que no actualizo, pero con las navidades y tomando notas para otros proyectos que tengo en mente, he tenido el fanfiction un poco abandonado. Pero bueno, finalmente ha llegado la actualización. Espero que os haya gustado.

MAZINGER-TAIORA: Espero que esta continuación te haya gustado también ;) Lo del mareo en el coche, nunca lo había escuchado, pero en este caso tenía más que ver con guardar las apariencias, en realidad a las dos les hubiera gustado ir delante con "su chico" ;) Nos leemos, y mucho cuidado con el Covid!

honter11: Eso me recuerda a la historia de "Night at Tai's" pero supongo que en esta ocasión solamente con Mimi, ¿no? Si me inspiro lo escribo.

Con esto me despido hasta la siguiente actualización. Lemmon rules!