¡Hola!
¿Qué si me tarde seis meses en publicar la actualización? sí ¿Qué si lo lamento? también ¿Qué si lo volvería a hacer? maybe. ¡Perdón! ¡Perdón! Sé que tardé muchísimo, no saben lo que me costó escribir este capítulo. Se supone que cuando la historia se termina debería ser más fácil de escribir, pero en mi caso es lo que más me cuesta. Se supone que ya puse todo "en su lugar", pero de repente me surgen dudas existenciales que lo arruinan.
La verdad pasó tanto tiempo que no sé si el ritmo de la historia se mantiene, además que seguramente me he olvidado de detalles; sepan perdonarlos. Después cuando tenga más tiempo los corregiré.
También quiero agradecer el apoyo infinito que ha recibido este fic, tal vez no es el mejor ni el más original, pero sin duda me sacó de las tinieblas durante el 2020 y ustedes me dieron tanto que no tengo corazón para abandonarlo. Aunque no puedo prometer fecha de actualización, como les digo me está costando el alma.
Por otro lado, quiero aprovechar el espacio para recordarles que tengo otros fanfics publicados por aquí. Mar de pasiones que se actualiza con más frecuencia y un one-shot llamado Alguien más, que creo que me gusta bastante y quisiera saber su opinión.
¡Si todavía estás aquí: Muchas gracias!
Besos, S.
Disfruten:
Capítulo 32.
La observa por el espejo retrovisor hasta que gira en la esquina y desaparece de su campo de visión. Se siente terrible de dejarla sola en esos momentos pero no tenía opción, por más que quisiera abrazarla y consolarla había cosas inmediatas más importantes.
El trabajo no estaba yendo bien, su posición como alfa estaba más comprometida que nunca. Después de que lo acusaron de ser el traidor los zorros no le quitaban un ojo de encima, parecían revisarlo con más esmero cuando entraba y salía del pozo, pese a que había hablado con Earl más de una vez no podía ayudarle. Estaba desesperado por demostrarles que era de fiar, por lo que su única opción era restaurar la confianza que tenía el canis en él.
La había perdido semanas atrás cuando entregó una memoria SD dañada y desde entonces no había podido recuperar los planos perdidos. No había día que no se lamentara por ser tan descuidado, no había nada que hacer, excepto seguirlo intentando.
Nadine había tratado de contactarlo en más de una ocasión, pero él la evitaba con maestría. Sabía que la forma más fácil de solucionar sus problemas, era infiltrarse en el departamento de nuevo, pero también era la que más repulsión le provocaba. Antes no había problema, era completamente libre de disfrutar su sexualidad como le placiera; ahora no. Lily era su máxima prioridad, la quería y nunca podría traicionarla.
A veces se reprendía por el cambio tan abrupto que había tenido su personalidad. Él no era así, se apartaba de la gente para no comprometerse demasiado y ahora estaba poniendo en riesgo su posición en la organización por cuidar la fidelidad con su pareja… No, debía haber otra opción y James la descubriría.
Lily pensaba que él se iba todos los días temprano a hacer su labor de lobo, pero no era así. Sus actividades de trabajo seguían igual que siempre, solo que ahora dedicaba mucho más tiempo a vigilar el domicilio de Nadine esperando el momento perfecto para irrumpir y recuperar los planos. Así habían pasado semanas, se escondía dentro de un auto rentado o detrás de matorrales durante horas hasta que caía el sol y debía ir al pozo.
Estaba harto, pero tenía la sensación de que la suerte muy pronto estaría de su lado.
En esta ocasión estaba tan cansado que decidió ir en su todoterreno, encontró un lugar alejado donde estacionarse y sacó los binoculares que habían sido de mucha utilidad. Enfocó la entrada vacía del edificio y después la ventana que sabía era del departamento de Nadine y su hermano. Su corazón se agitó cuando descubrió que podía ver al interior por la ventana con las cortinas corridas.
Alcanzó a distinguir a una pareja, Nadine y el que debería ser su hermano. Parecían discutir, él hacía movimientos bruscos mientras ella movía las manos con desdén. La chica se acercó a la ventana abriéndola de un movimiento, se inclinó en el alfeizar y encendió un cigarrillo.
James sonrió:
—No la cierres, preciosa —susurró—. Por favor, no lo hagas.
El hermano seguía hablando detrás mientras ella trataba de ignorarlo. Harto de la actitud arisca, la sujetó del cabello haciéndola trastabillar e iniciar una pequeña pelea. Nadine parecía furiosa golpeándolo en el brazo, incluso el cigarrillo había saltado de sus manos. Le dio un último empujón antes de salir del campo de visión.
James siguió pendiente de la ventana, donde se veía claramente al frustrado hermano atusando su cabello. Bajó los binoculares hasta la entrada del complejo habitacional, descubriendo a su antiguo interés sexual abandonar el edificio, llevaba un bolso grande y unos lentes oscuros.
Era una buena señal, sin duda. De buena fuente sabía que Nadine no solía irse sin más, pero después de una dura pelea con su hermano no cabía duda que tardaría en volver. El capo de los Orcos tampoco se quedaría demasiado tiempo, tendría trabajo, en algún momento debería salir a cumplir con su responsabilidad y James aprovecharía el momento para irrumpir en el departamento.
Durante más de una hora vigiló la ventana, seguía abierta y el hermano no había vuelto estar a la vista. Seguramente ni siquiera se había percatado del descuido. Era como si todas las estrellas se alinearan, no podía creer que por fin había una oportunidad de mejorar toda la mierda.
El sol ya se había escondido cuando por fin el capo abandonó el edificio, la camisa suelta y el caminar seguro indicaban que seguramente portaba un arma. No le preocupaba porque seguramente ni siquiera tendría que enfrentarlo, tampoco era estúpido, se suponía que nadie debería enterarse que él irrumpió en el domicilio.
Esperó media hora más por precaución antes de bajar de la todoterreno con cautela. Nunca lo admitiría pero estaba aterrado. Conocía el edificio y el departamento, sabía cuál era la habitación del capo y donde escondía la información que necesitaba, pero esta vez no tenía cuartada. Si alguno de ellos regresaba, él no tendría manera de justificar para estar en el lugar. Antes, siquiera, podía resolverlo diciendo que estaba con Nadine, ¿pero ahora?
Trató de apartar los pensamientos negativos de su cabeza mientras avanzaba al edificio. Llevaba ropa oscura como siempre, su cabello negro le ayudaba a pasar desapercibido en la oscuridad de la noche. Se deslizó hasta las escaleras de incendios y comenzó a subir sin contratiempos. Algunas cortinas estaban abiertas y podía ver al interior de los departamentos, la luz de la televisión iluminaba el recinto, el sonido de la tetera o alguna que otra pareja gimiendo con fuerza. La ventana de Nadine seguía abierta, lanzó una mirada al exterior antes de ingresar con cautela.
Era la ventana de la habitación de la chica. Conocía el lugar, había estado en más de una ocasión ocupando esa cama. La puerta llevaba al corredor y el cuarto de enfrente era el que buscaba. Todo estaba como lo recordaba, desordenado y con un aroma desagradable a sustancias. Levantó la ropa en búsqueda de la portátil que había usado antes, para su alivio estaba en el mismo lugar y la pantalla semi encendida, indicaba que había sido recientemente usada.
Con el corazón palpitando con fuerza, alerta de cualquier sonido que pudiera escuchar buscó en el escritorio la carpeta conocida. El capo era un poco imbécil, no utilizaba contraseña para acceder a la portátil y no camuflaba la información, todo estaba tan sencillamente colocado en una carpeta llamada «planos». Era como quitarle un dulce a un bebé.
Introdujo la memoria externa y se aseguró de copiar todo lo que necesitaba, más tarde podría revisar que realmente era lo que buscaba antes de entregárselo al canis. Pero ya lo había hecho una vez, confiaba en que nada estuviera diferente.
Sacó la memoria externa y estaba por dejar la portátil de donde la había tomado, cuando una ventana emergente apareció; se trataba de una mensajería instantánea. Muerto de la curiosidad deslizó el mouse hasta darle clic.
«El jefe acaba de anunciar el día de la reunión: será el próximo martes a las 2 a.m. No puedes faltar de nuevo».
Registró la información en su cerebro, era una reunión que se celebraría en pocos días, pero ¿dónde? ¿sería mucho riesgo preguntar?
Colocó las manos sobre el teclado y comenzó a escribir:
«¿Dónde?» —preguntó simplemente.
Su corazón se aceleró cuando el contacto llamado «Pato» escribía.
«Bodega. Donde siempre. »
Su mente comenzó a buscar en su memoria la ubicación de la bodega de los Orcos… No sabía, no, pero tal vez podría averiguarlo. Pato estaba escribiendo de nuevo, no pudo quedarse a averiguar qué era lo que quería porque escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose.
—Es un imbécil —dijo la voz de Nadine—, pretende que lo atienda como si fuera mi madre. ¿Dónde está la comida, Nadine? ¿Dónde está mi ropa limpia? ¡Qué se joda! ¿En serio tengo que limpiar su culo sucio cada vez que caga? No, señor.
Suspiró. Estaba sola, era una llamada telefónica. Dejó la portátil con cuidado de no hacer ruido, recuperó la memoria externa y de puntillas caminó hasta la entrada de la habitación. La puerta seguía abierta.
—Claro que no. De ninguna manera cederé. Tengo demasiadas cosas en que ocuparme.
Se asomó por el borde descubriendo que la chica estaba de espaldas sacando algunas cosas de su gran bolso. Era su oportunidad. Atravesó el corredor hasta la habitación de Nadine apoyando la espalda contra la puerta.
—Lo sé, Jane. De ninguna manera faltaré… Ya estoy en casa, me ducharé y estaré lista en diez minutos. Estoy harta de estar siempre encerrada y lo que diga Marcus no me importa, tengo suficiente edad para comenzar a disfrutar de la vida.
Avanzó lentamente hasta la ventana. Su corazón casi se salta un latido cuando la voz de la chica cada vez estaba más cerca. Brincó fuera de la ventana y tuvo que ponerse contra el metal sucio de la escalera para no estar en la línea de visión de Nadine.
—Sí, ya, ya. Estoy por meterme a la… Espera. Dejé la ventana abierta. Demonios. Gracias a Dios Marcus no se dio cuenta, podría matarme por el descuido —dijo acercándose un poco más. Su voz ya se escuchaba sobre él. James bajó la cabeza, estaba casi seguro que lo vería—. Está paranoico, cree que alguien irrumpirá en el departamento y robará quién sabe qué cosa… Para lo que me importa.
Y acto seguido cerró la ventana. James se sintió desinflar en su posición. El corazón golpeaba duro contra sus costillas y los ácidos de su estómago podrían haberlo hecho vomitar. Afortunadamente estaba bien, y al parecer había sido un éxito. Tanteó dentro de sus pantalones asegurándose que la memoria SD estuviera en su lugar y esperó unos minutos más antes de comenzar a descender por las escaleras.
Las calles estaban desiertas, era una zona de la ciudad peligrosa y poco transitada. Regresó a su todoterreno y, sin detenerse a considerar cualquier cosa, salió pitando del lugar.
El día siguiente se levantó temprano antes de irse a la brigada, por la tarde tenían la comida en casa de sus padres dónde les solicitarían apoyo para cursar el próximo ciclo escolar, y por la noche, tendrían que descargar mercancía en una de las entradas secretas de la bodega subterránea. No era cualquier descarga sino una muy grande que ocurría cada trimestre más o menos, sería a las cuatro de la madrugada y era de suma importancia hacerlo lo más rápido posible.
Así que, sabiendo lo que le esperaba el resto del día, no le quedaba otro momento libre para revisar la memoria SD que contenía la información que extrajo la noche anterior. Aprovechando que Lily seguía durmiendo, tomó la portátil que había dejado al lado de la cama haciendo deberes escolares y tratando de ser silencioso se deslizó escaleras abajo. Se sentó en uno de los bancos frente a la barra desayunadora, introdujo el dispositivo y, con el corazón palpitante, abrió la carpeta con el archivo.
Alzó el puño en señal de victoria al visualizar los planos de la bodega de los Orcos, era el mismo que había conseguido la vez anterior. Esta vez no sería tan imbécil y se aseguró de guardar un respaldo en la memoria interna de la portátil, poniendo un nombre clave, algo que sabía no llamaría la atención de Lily.
El peso de dieciocho toneladas que había cargado las últimas semanas lo abandonó de inmediato. La posibilidad de limpiar su nombre y recuperar su reputación al alcance de un clic lo volvía loco. Estaba más feliz de lo que estuvo en mucho tiempo. Guardó la memoria en su cartera, seguro que ese mismo día haría la entrega oficial. Pero todavía era temprano, así que mucho más relajado se dio la oportunidad de preparar un desayuno como Dios manda.
Mientras freía los huevos en el sartén escuchó a su pelirroja bajar las escaleras de metal, llevaba todo el pelo revuelto y una playera grande que reconoció como suya.
—¿Por qué estás despierto tan temprano? —preguntó Lily curiosa, reprimiendo un bostezo. Se sentó en uno de los bancos enfocando la vista en la portátil que seguía encendida, que esta vez reproducía un video de música.
—Tenía algunas cosas que hacer de la facultad —mintió haciendo brincar los huevos.
—¿En sábado?
Se encogió de hombros.
—Tal vez no pueda el resto del fin de semana, tengo mucho trabajo.
Miró a Lily por encima del hombro, notando su expresión adormilada convertirse en una decepcionada.
—¿Estarás ausente todo el fin de semana de nuevo?
Movió el sartén a una de las hornillas apagadas y se acercó tomando del rostro a Lily.
—Lo siento, amor —dijo sinceramente—; sé que no hemos pasado juntos mucho tiempo, pero ya lo habíamos hablado. Esto es importante.
Los ojos verdes somnolientos reflejaron intensa tristeza, esto casi destrozó el corazón de James.
—Creí que me ayudarías a buscar a Petunia… —susurró con los mechones de cabello rojo deslizándose frente a su rostro.
—¡Lo haré! Te lo prometo. Mañana en mediodía lo haremos, cruzaremos toda la ciudad si es necesario hasta que llegue la noche y nuevamente tenga que ir a trabajar.
Lily deslizó los brazos por su cintura todavía sentada en el banco, sin soportar la sensación correspondió al abrazo, apoyando la barbilla en la coronilla pelirroja.
—¡Ay! —Pegó un respingo cuando sintió un pellizco en su trasero.
Los ojos antes tristes, ahora tenían esa sombra oscura que aparecía frecuentemente. James pensó que su libido era superior al promedio masculino adolescente, hasta que se encontró con esa faceta de su novia que tanto le gustaba.
Realmente le sorprendía lo dispuesta y cachonda que estaba todo el tiempo, quería aprovechar cualquier oportunidad para hacerlo, pese a ese momento que se suponía que James tenía que ir a la brigada. Todavía tenía tiempo de desayunar, prepararse para irse y, quién sabe, tal vez para un rapidín.
Bajó su cabeza encontrando sus labios con el cuello deliciosamente blanco, lamió la vena que marcaba el pulso acelerado mientras deslizaba sus manos por debajo de la gran playera, subió por los muslos hasta el estómago tenso y sujetó uno de los redondos pechos. Sus bóxer de repente parecían tan apretados, afortunadamente Lily fue consciente del problema, y comenzó a deslizar la prenda por sus piernas con ayuda de los pequeños pies.
Cansado de estar inclinado y agachado para continuar la estela de besos por todo el cuello y clavículas, afianzó uno de sus brazos en el trasero de Lily alzándola en la superficie cercana más alta. La encimera tuvo la altura perfecta para presionar el pecho de Lily hacia atrás, elevar una de sus piernas sobre su ancho hombro y comenzar a besar desde el tobillo hasta la parte interna de sus muslos.
Cuando terminó el incansable recorrido notó como las bragas blancas parecían más oscuras de una pequeña área. Sin ceremonias coló uno de sus dedos, hundiéndose en la cavidad cálida y húmeda. La espalda de Lily se arqueó con el movimiento de su interior, solo quería prepararla un poco más. Solía lastimarlo en un inicio y no quería bajar su erección en ese momento, pues no tendría tiempo de recuperarla.
Al sentir que ya estaba lista, la tomó de los tobillos para acercarla más, completando su tarea con la mayor intensidad que pudo. Lily lloriqueó bajo su cuerpo, retorciéndose en repentinos espasmo de placer alcanzando el orgasmo muy rápido. Sus piernas colgaban débilmente por la encimera, mientras él todavía bombeaba en su interior, buscando la deliciosa liberación. Para ayudarse a completarlo más rápido, encontró el musculo que enviaba el placer más inimaginable en Lily, acariciándolo con el pulgar en círculos continuos. Las paredes se contrajeron de inmediato, amenazando con un segundo orgasmo que los alcanzó al mismo tiempo.
Jadeando y con las piernas débiles se separó de la pelirroja, no sin antes depositar un beso en el estómago, justo sobre la banda de las bragas que no se había retirado.
Giró sobre sus talones y regresó los huevos fríos a la hornilla para terminar el desayuno. Lily permaneció unos minutos en la misma posición, todavía respirando muy fuerte y en completo silencio.
—Ven, amor, ya está el desayuno —dijo suavemente ayudándola a incorporarse después de dejar dos platos frente a los bancos desocupados.
Después de comer echó un vistazo al reloj de la cocina, ya no tendría tiempo de ducharse. Recuperó los calzoncillos que todavía estaban en el suelo y se vistió lo más rápido que pudo.
—¡Después de la brigada iremos a casa de mis padres! —exclamó antes de plantar un beso en Lily que todavía estaba terminando su comida — Espero estés lista.
Sin decir más, abandonó la estancia de un portazo.
La brigada fue aburrida y cansada, ya estaban en las últimas etapas de la remodelación. A él por ser un chico, le tocó ayudar a cargar los muebles nuevos hasta colocarlos en su nueva ubicación. Las chicas terminaban de pintar las paredes mientras ellos hacían el trabajo pesado.
Debido a esto el buen humor que tenía por la mañana se extinguió casi por completo. Malhumorado llegó a su departamento para descubrir que Lily estaba todavía con la gran playera suya y el cabello despeinado, viendo un programa de televisión. Los platos que habían usado para desayunar seguían sobre la encimera, así como el resto de la losa sucia de los últimos días.
Trató de respirar varias veces antes de dirigirse a la pelirroja, pero tenía razones de peso para encontrarse un poco cansado de su holgazanería.
—¿Todavía no estás lista? —preguntó con tinte molesto— ¿Qué estuviste haciendo todo el día?
Lily asustada clavó la vista en el reloj.
—¡No puede ser! ¿Volviste tan pronto? Lo siento, me quedé viendo Locas por las compras.
Suspiró tamborileando el pie en el suelo, no quería desquitar su molestia con ella que no tenía nada de culpa, así que sin decir palabra se dirigió al cuarto de baño para quitarse la suciedad y sudor del día agotador.
Estaba templando el agua cuando Lily se coló en la habitación, sacándose la playera por la cabeza y deslizando las bragas por sus piernas. Sin decir palabra, brincó dentro de la ducha bajo el agua todavía muy caliente.
—¡Oye! —reclamó.
Lily alzó su mano indicándole que entrara.
Sin energía para negarse, accedió. Notando su mal humor, su novia le ayudó a tallar su cuerpo con el jabón, que muy pronto terminó en otro momento caliente que les hizo perder media hora más.
—No puedes arrastrarme a estos momentos —se quejó James cuando ya estaba listo, y evaluaba su aspecto frente al espejo de la habitación.
—¿Arrastrarte yo? —reclamó Lily sin ocultar su risa, sentada sobre la cama calzando las sandalias de tacón.
—Llegué tarde a la brigada y el imbécil de Noah me puso una nota que mi padre no estará contento cuando la vea. Se supone que ya deberíamos estar en su casa en estos momentos, pero ni siquiera has terminado de arreglarte el cabello.
Lily sacudió su cabellera pelirroja todavía mojada.
—Así me iré, ya no hay tiempo.
—Creí que querías causar una buena impresión.
—Lo hago —respondió con un ligero puchero.
Suspiró dramáticamente antes de dejarse caer en la cama.
—Está bien —aceptó—. Date prisa.
Lily le dio un beso en la frente antes de ponerse de pie y encender el secador de cabello.
Media hora después por fin subieron a la todoterreno. El camino era un poco largo, pese a que sus padres trabajaban en el campus tenían su casa ubicada en uno de los vecindarios más apartados. Era grande, tenía amplios jardines y áreas verdes, las casas eran grandes, mas o menos de las mismas dimensiones que el vecindario de Lily, pero aquí tenían un estilo georgiano, cuadrado y simétrico, muy comparado con la personalidad de sus padres adoptivos.
—Hunter —saludó con alegría al perro de la familia, que muy pronto se echó sobre sus patas traseras para brincar sobre James que lo atrapó al vuelo. —Este es Hunter —lo presentó a una pelirroja que tenía una sonrisa tensa mientras acariciaba la cabeza peluda.
—¿A tus padres les gustan los animales? —preguntó Lily observando el gato que estaba durmiendo sobre el felpudo de la entrada.
—Oh sí.
Se encaminaron hasta la puerta principal, todavía con el perro en brazos abrió apartando a Belly, la gata más holgazana, del camino.
—¡Llegué! —anunció como solía hacerlo.
Hunter brincó de sus brazos y corrió ladrando hasta la sala de estar que estaba del lado derecho.
—¡Bienvenidos! —gritó la voz de la señora Walsh que parecía lejana.
Notó como Lily estaba un poco tensa a su lado, así que deslizó sus dedos entre los de la pelirroja para darle un poco de seguridad. Tiró de ella hasta la sala de estar, donde había adivinado, su padre se encontraba tomando un café con un periódico en la mano. Ya nadie utilizaba ese tipo de medio de comunicación, tal vez su padre era el único que lo seguía consumiendo.
—Buenas tardes —murmuró Lily a su lado, con una voz que nunca había escuchado, se notaba el nerviosismo.
—Oh, chicos, es un placer verlos —saludó educadamente su padre, dejando la taza sobre la mesita y poniéndose de pie para estrechar la mano a la recién llegada. —Bienvenida, Lily, gracias por aceptar nuestra invitación.
—Gracias a ustedes por invitarme, y ayudarme en todo esto de la universidad —dijo tímidamente.
James sujetó su mano con más fuerza, recordándole que todavía estaba a su lado.
—No fue problema en lo absoluto —negó Fred Walsh, afable—; James me contó lo que habías pasado recientemente, la salud mental es muy importante en nuestra institución. No porque no se vea, significa que uno no esté herido. Justifica tanto una inasistencia como haberte roto el brazo.
La mano sudada y tensa pareció relajarse notablemente por sus palabras. James quiso agradecerle a su padre, pero fue interrumpido por su madre entrando en la estancia con un delantal de flores sujeto de su vestido verde.
Primero abrazó a James que no pudo evitar poner los ojos en blanco y responder con sequedad.
—Dios mío, eres preciosa —murmuró Eleonor Walsh tomando a Lily de las manos que se sonrojó escandalosamente—. Fred me había dicho que eras muy linda, pero no me esperé que nuestro muchacho conquistara a semejante belleza.
—En realidad, yo fui la que lo conquistó —susurró Lily tímidamente, ganándose una risa alegre de los dos mayores, James incluso esbozó una sonrisa.
—Debiste haber hecho algo muy bien, querida, porque este caballero de armadura impenetrable es difícil —río Eleonor tomándola del brazo.
Observó a su madre y su novia alejarse de la sala de estar, Eleonor hablando alegremente mientras la segunda asentía. Sabiendo que debían dirigirse a la cocina donde su madre estaría terminando el almuerzo o quizá preparando un postre, se dejó caer en el asiento continuo a su padre que nuevamente sostenía la taza de café.
—¿Se casarán? —preguntó de la nada Fred.
Si James hubiera estado bebiendo algo, seguramente se hubiera atragantado, simplemente pegó un respingo y miró acusatoriamente a su padre.
—Tengo diecinueve años —le recordó con insolencia.
Fred siguió fingiendo leer el periódico mientras decía:
—Tu casera llamó, te retrasaste este mes con el alquiler y dice que el cargo de servicios subió. Le pregunté si sabía de alguien más viviendo en tu piso y me dijo que había visto una chica entrar y salir del loft. Asumo que esa chica se trata de Lily.
Retuvo el aire en sus pulmones más tiempo de lo esperado, por lo que cuando lo soltó pareció un resoplido. Su padre seguía en espera de una respuesta, con la taza alzada y sus ojos detrás de los anteojos analizándolo. Odiaba cuando hacía eso.
—Sí, es Lily —aceptó sin más remedio.
No era que le avergonzara la situación, pero quería mantenerlo por un tiempo en privado. Sus padres le ayudaban a pagar el 30% del alquiler y la mayoría de los servicios corrían por su cuenta. No sabía que tan bien o mal se tomarían enterarse que sus gastos se habían incrementado debido a una persona que no era su hijo.
Por eso sus planes eran irse a un lugar más económico, donde el apoyo que le dieran sus padres alcanzara para subsanar más gastos.
—¿Cuándo pensabas decírnoslo?
La ceja de Fred sobresalió de los anteojos, demostrando su completa molestia.
—Bueno… algún día.
El mayor negó con la cabeza.
—Entonces, ¿se casarán? ¿o seguirán viviendo de esta forma?
Odiaba tener unos padres tan tradicionales, tal vez su madre por eso se había llevado a Lily. Saber que muy posiblemente la mujer que lo había malcriado supiera que su hijo tenía en su departamento a una chica que no era su esposa, lo hacía sentir terriblemente mal, pero no lo demostraría ni muerto. Aunque valoraba la opinión de sus padres, siempre había hecho lo que le venía en gana.
—No nos casaremos. Por lo menos no en un futuro próximo. Lily quiere terminar de estudiar.
—¿Lily? —cuestionó Fred, casi deletreando las palabras «¿y tú? ».
Ya no tenía más caso alargar la situación, ¿a quién engañaba? Había venido con ese propósito: pedir ayuda a sus padres.
—No regresará con su familia, ella ahora vive conmigo y se ha convertido en mi responsabilidad. Quiero apoyarla y ella quiere terminar de estudiar. Le propuse salirme de la facultad para trabajar, solventar los gastos y pagar su matrícula, pero ella también quiere contribuir.
—De ninguna manera dejarás la universidad —le advirtió Fred con las mejillas tensas, su boca se había convertido en una línea muy delgada.
Sabía que su padre diría eso. Por ahora la posibilidad de convertirse en un alfa se había reducido a prácticamente nada, debía hacer algo para obtener dinero, no sabía qué, pero mientras tanto podía obtener la ayuda de sus padres adoptivos económicamente bien solventados.
—¿Pensé en que Lily podría obtener una beca?
Fred negó, dejando la taza en la mesilla y el periódico a un lado, con un poco más de brusquedad de la que se necesitaba.
—Las becas son al inicio del nivel universitario, existen las becas extemporáneas pero dado sus registros es imposible. Me tomé la libertad de explorar su expediente, no goza de las mejores notas. Suele faltar a clases con regularidad y sus maestros se expresan de ella como una especie de fantasma en las aulas.
James insistió:
—Debe haber alguna forma.
En su interior deseaba que su padre dijera que ellos pagarían su matrícula, pero conforme analizaba la expresión de su padre, que si bien, no parecía tener ningún tipo de desagrado personal hacia Lily, sí parecía empeñado en no facilitarle las cosas.
—Tal vez podamos ayudarle a tramitar algún crédito universitario —sugirió Fred.
—¿Es eso posible?
No era la mejor alternativa, pero ayudaría a que Lily se hiciera cargo del crédito una vez que se graduara.
Escuchó el sonido de un móvil en la cocina, no le prestó atención, todavía en espera de la respuesta de su padre.
—Es posible. Con una recomendación no veo ningún problema en que sea asignada.
—Queridos, ya está servido el almuerzo —anunció Eleonor Walsh regresando a la sala de estar, ya no tenía puesto el delantal y sonreía amorosamente.
Se puso de pie, pasó el brazo por encima de los hombros de su madre atrayéndola, emocionada, ella se dejó querer. Disfrutaba tanto estar en los brazos de su hijo que no podía desaprovechar la oportunidad. James consciente de esto, esperaba que no compartiera la opinión de su padre.
—Lily es encantadora —le dijo mientras se dirigían al comedor principal.
—¿Te agrada? —sonrió en respuesta.
—Es un poco tímida, pero definitivamente me agrada. Haberte conquistado no debió ser una tarea fácil —murmuró riendo graciosamente.
James le siguió el juego aunque con un poco menos de entusiasmo.
La comida humeante ya estaba colocada en el centro de la mesa para doce plazas, pero solo estaban los platos y cubiertos de cuatro de ellos. James tomó lugar en su asiento usual, su padre a la cabeza y su madre a su derecha. El cuarto lugar disponible era su lado, que permaneció vacío hasta que Lily entró con el rostro sonrojado y una gran sonrisa. Todavía llevaba el móvil en la mano.
—¡James! —exclamó acercándose— ¡Me dieron el empleo! ¡No lo puedo creer! ¡Tengo un trabajo!
Contagiado por la alegría abandonó su lugar para reunirse con la pelirroja a medio camino, que no dejaba de saltar de la emoción, la abrazó con fuerza dejando besos repetidamente en su cabeza.
—¡Por Dios! ¡Felicidades!
Sus padres también se habían puesto de pie para felicitarla, genuinamente emocionados por la alegría del momento. Lily incluso no pudo contener las lagrimas, deslizando unas pocas dañando su maquillaje.
—Es la primera vez que obtengo algo por mí misma, no sabía lo que se sentía —confesó tallando su mejilla con el torso de la mano.
James captó la mirada de su padre, una con un dejo de admiración y empatía. De pronto, sin decir nada, entendió que obtendría lo que quería de él.
¿Aquel día podría haber sido mejor?
