El Cazador Acteón-5

Su cuerpo se activó, desconocía el motivo de tal anomalía, pero si había sido activado fue por algo, tal vez importante, tal vez casualidad, pero él no decidía eso en ese momento. Estaba debajo de escombros los cuales le impedían visibilidad y movilidad, pero en un intento de levantarlos termino por quitárselos de encima, con una fuerza sobrehumana que hasta ahora el mismo desconocía. Mirando a su actual entorno se encontró con lo que parecía un taller mecánico, había muchas herramientas y piezas de todo tipo, aunque todo el taller estaba desordenado y en muy mal estado, como si un terremoto lo hubiera azotado. Con un esfuerzo algo extenuante se logró sentar, como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo. Esto le permitió ver su cuerpo, el cual estaba vestido con un traje algo extraño y en perfectas condiciones, cosa que hacía contraste con su actual ambiente.

- Hola – Oyó una voz femenina y sintética dentro de su cabeza, probablemente una mala programación o un dato corrupto - Oye, estoy aquí – Nuevamente la voz se oyó, pero esta vez no venía dentro de su cabeza. Se giro para encontrarse con un objeto volador extraño, tenía un ojo de color azul en el centro y polígonos alrededor de él.

- ¿Qué cosa eres tú? – Pregunto el sujeto sorprendido a la par que retrocedía un poco.

- Oye, no soy una "cosa", soy un espectro y te acabo de resucitar, deberías estar agradecido – El pequeño dron hablo con él, como si le estuviera dando una reprimenda, de su voz salían chillidos bastantes extraños.

- ¿Eres un qué? – Pregunto el sujeto.

- Como lo oíste, soy un espectro, tu espectro – Respondió con voz dulce.

- ¿Y qué significa eso? –

- Significa que te resucite –

- Eso no responde a mi pregunta, y a que te refieres con lo de "¿te resucite?" – El sujeto quería respuestas.

- Lo que oíste – Le Respondió con obviedad – Estuviste muerto bastante tiempo, sé que tienes muchas preguntas, intentare responderlas a todas –

- ¿Que eres? –

- Soy un espectro –

- ¿Y qué significa eso? –

- No puedo explicarlo –

- ¿Porque me resucitaste? –

- Sentí una chispa en ti –

- ¿Y qué significa eso? –

- No puedo explicarlo –

- ¿Puedes explicar algo tan siquiera? – Pregunto casi con ironía.

- No realmente – Respondió con decepción.

- Así que me resucitaste sin saber ¿por qué? – Pregunto molesto.

- Claro que no, el Viajero me dijo que te salvara, que había algo diferente en ti, que haríamos grandes cosas – Dijo el espectro con voz más animada.

- ¿Y quién es el Viajero? –

- ¿No recuerdas al Viajero? ¿Una esfera gigante en el cielo? – Pregunto extrañada.

- No, ¿por qué debería? – Pregunto ignorante.

- ¿Recuerdas algo tan siquiera? – Le pregunto con duda.

Este se quedó pensando un largo tiempo, pero por más que intentaba, no recordaba nada, nada antes de su resurrección.

- ¿¡Que pasa!? ¡No puedo recordar nada! – Exclamo alterado.

- Tranquilízate – Dijo su espectro tratando de calmarlo.

- ¿¡Por qué no puedo recordar nada!? ¿¡Sufrí daños en la Cripta!? – Pregunto desesperado por una respuesta.

- La Cripta de la Piedra Profundo fue anterior a mí era, desconozco todo dato existente si es que lo hay – Respondió el espectro.

El sujeto ya alterado se intentó levantar, pero al hacerlo se tropezó con sus propios pies y se cayó de cuerpo completo, una caída bastante dolorosa.

- Te dije que te calmaras, estuviste muerto, caminar será algo dificultoso para ti – Hablo para volar cerca de él.

Este en cambio no le respondió y simplemente se sentó.

- Empecemos por lo básico, ¿qué recuerdas? –

Este se quedó pensativo un momento hasta que al fin respondió.

- Mi nombre –

- ¿Como te llamas? -

- Acteón, Acteón-5 – Respondió nostálgico.

- ¿Solo 5 reinicios? – Le pregunto sorprendida.

- ¿Es mucho? – Pregunto con duda.

- Para nada, conocí a exos con más de diez reinicios, es la primera vez que veo a uno con tan pocos – Le explico – ¿Que más recuerdas? -

- Recuerdo que me encontré con una...cosa, una criatura sombría que me ataco, eso es todo lo que recuerdo –

- Bueno, no es mucho, pero es un comienzo – Dijo el espectro sobrevolando el área – ¿Reconoces este sitio? –

Un recuerdo vago le llego de pronto.

- Mas o menos, creo que trabajaba aquí reparando naves y colibrís – Le respondió Acteón aun sentado en el suelo.

- ¿Reparas naves? – Le pregunto con sorpresa

- Yo armo naves – Corrigió Acteón.

- Bien, supongo que podrás reparar esta – Dijo el espectro señalando con su cuerpo el gran objeto metálico que estaba en esa habitación. Estaba considerablemente dañada, con las placas oxidadas y cubierta de polvo.

Acteón se intentó poner de pie nuevamente, aunque tuve que sujetarse a los objetos de su alrededor para no caerse. Este se acercó a la nave para examinarla.

- Claro que puedo, pero necesitare herramientas y componentes para hacerlo, tendré que salir y buscarlas – Dijo para empezar a caminar a lo que parecía la salida.

- No creo que sea buena idea, es mejor quedarse aquí de momento, yo saldré y buscare los componentes – Dijo preocupada.

- No es necesario, yo puedo encontrarlos por mi cuenta – Hablo para seguir avanzando, ya no necesitaba apoyarse para poder caminar.

- No, debes quedarte aquí, si sales puede ser muy peligroso para ambos – Hablo con autoridad.

- Tu no me vas a dar órdenes – Respondió Acteón molesto.

Este ya estaba a punto de salir fuera, su espectro no tuvo de otra más que seguirlo.

- Creo que no me estas entendiendo, afuera es una zona de guerra – Dijo severamente al igual que impaciente.

Pero Acteón la ignoro y salió a la superficie. Esta estaba completamente cubierta de nieve, con árboles que reflejaban lo horrible que se veían en invierno, coches y otros vehículos más grandes en pésimas condiciones, recordaban lo cruel que podía llegar a ser el tiempo. Pero lo más llamativo fueron los cráteres, troncos destrozados, coches en posiciones imposibles y cadáveres de seres humanos y humanoides con cuatro brazos repartidos por varias partes de la zona, estos últimos se asemejan a insectos.

- ¿Que son estas cosas? – Pregunto mirando a los seres insectoides.

- Los llamamos caídos, son una raza de piratas carroñeros, se dedican a saquear ruinas, buscando cualquier botín que puedan robar – Respondió el espectro con asco.

Acteón quito su vista de esos seres y se empezó a centrar en el ambiente devastado.

- ¿Que es este lugar? – Pregunto intrigado.

- Esto Acteón, es la zona de guerra de la que te hable – Respondió irritada.

- ¿Quien hizo esto? – Pregunto intrigado.

- Los Señores de la Guerra y los Señores de Hierro – Le respondió con desdén

- ¿Quiénes son? – Pregunto ignorante.

- Grupos de resucitados, igual que tú, utilizan los dotes del Viajero para demostrar su supremacía frente al otro bando –

- ¿Grupos de resucitados? ¿Hay más como yo? –

- Si, muchos más, de distintas razas, tanto humanos como exos, y cada vez aparecen más –

Acteón se quedó mirando el paisaje por un tiempo, aquella nieve se le hacía muy familiar.

- Si siguen apareciendo el mundo entero se volverá un infierno – Dijo con pesimismo.

- Es verdad, no solo los resucitados se ven envueltos en sus absurdas guerras, también involucran... -

¡BUM!

Pero no termino de hablar, cuando una explosión se vio muy cerca de donde estaban parados.

- Son ellos luchando de nuevo, hay que escondernos – Alerto para entrar en el taller.

Acteón por otro lado se quedó quieto mirando el conflicto que se desarrollaba frente a él, pese a las advertencias de su espectro. De pronto fijo su vista en una vara de metal bastante larga, se veía en buenas condiciones.

- ¡No te quedes hay mirando, vámonos! – Ordeno su espectro poniéndose al lado de él.

Gracias al espectro salió de su transe y se escondió en el lugar donde había resucitado, no sin antes tomar la vara metálica para después refugiarse en el taller, si no lo habían saqueado era porque desconocían su existencia, un excelente escondite, al menos de momento. Por un pequeño hueco vio como nuevamente se desarrollaba el conflicto entre ambos bandos.

- ¡Atrás lobos! ¡Esta gente y este territorio me pertenecen! – Hablo un sujeto a bastante distancia, este portaba una armadura bastante grande y pretenciosa.

- ¿Quién es ese? – Pregunto Acteón.

- Es un Señor de la Guerra, se hace llamar Kullervo, está en conflicto con algún Señor de Hierro – Respondió con desdén.

- ¿Por qué están en conflicto? –

- Mayormente pelean por territorio, aunque los Señores de Hierro luchan para proteger a la gente sin luz, pero en sus conflictos siempre se ven afectados, como un pueblo ya destruido que una vez visite –

Acteón simplemente observaba.

- Solo quedemos aquí y pasemos la noche, no nos atacaran, creo – Dijo con duda.

Acteón dejo de ver por el hueco y se sentó en el lugar más cómodo que vio. Estuvieron en silencia bastante, el espectro incluso creyó que se había dormido, pero no fue el caso cuando este paso a mirarla.

- ¿Como te llamas? – Pregunto intrigado.

- ¿Que? – Pregunto extrañada.

- Que como te llamas, tu nombre, ¿no tienes uno? –

- No lo había pensado –

Estos se quedaron mirándose el uno al otro por un tiempo, fue un poco incomodo, pero había pasado suficiente tiempo para que ese silencio y miradas incomodas ya no lo sean tanto.

- ¿Artemisa? – Pregunto en propuesta.

- ¿Que? – Pregunto su espectro.

- Artemisa, ese es tu nombre, ¿qué te parece? – Pregunto Acteón, parecía estar un poco animado. Y su espectro lo prefería de esa forma.

- Me gusta – Respondió Artemisa.

Acteón nuevamente se quedó mirando el horizonte durante bastante tiempo, su espectro levitaba cerca de su hombro, giraba su carcasa, ajustando los parámetros para poder hablar.

- Acteón, apresúrate – Artemisa apuraba a su guardián para que salga de su transe.

Este estaba caminando solo por el desierto, debido a que Aila propuso separarse unos de otros, para abarcar más terreno y por ende encontrar piezas que pudieran usar para reparar la nave. Cualquier situación peligrosa o un descubrimiento importante debía ser informado de inmediato. Por mucho que fuera la Tierra seguía siendo un planeta desconocido para ellos, no querían lidiar con situaciones desagradables.

- Acteón, quería preguntarte algo – Hablo el espectro dentro de él.

- ¿Que necesitas? – Pregunto el susodicho.

- ¿Por qué no invocas tu colibrí? Creo que no se dañó durante el aterrizaje – Pregunto con duda.

Este se quedo quieto por un tiempo, como si fuera algo realmente estúpido que no se hubiera dado cuenta. Así que Artemisa invoco el colibrí para poder ir a mayor velocidad por el desierto y encontrar algo útil. Este siguió su camino hasta una montaña de rocas, esta tenía una zona muy estrecha donde apenas pasaba el, así que tuvo que bajarse del colibrí para poder seguir avanzando y con suerte encontrar algo útil.

- Oye Acteón, ¿sabes a dónde vamos? – Pregunto Artemisa.

- No sé – Respondió sin más.

- ¿Ósea que vamos a la deriva? – Pregunto sorprendida.

- En cierto modo, pero eso es la gracia de ser un Cazador -

- Eres exasperante lo sabias – Pregunto irritada.

- Lo sé – Respondió orgulloso.

Hubo una breve pausa entre ellos.

- Sabes, todo esto me recuerda a ese Cazador que conocimos una vez en la Torre, ¿cómo se llamaba? – Dijo para sí misma tratando de recordar.

- ¿Andrés? – Le recordó Acteón.

- ¡Andy! ¿Lo recuerdas? Dijo que había estado en otra Tierra completamente diferente, y que había conocido a una chica zorro. Todos lo tachamos de loco – Bufo Artemisa.

Acteón no respondió y simplemente siguió su camino, Artemisa se guardó poco después.

Estos ya habían salido del camino estrecho y se habían encontrado con más desierto, cosa que lo estaba agobiando, era bastante estresante caminar por climas muy cálidos, pese a que él ya estaba acostumbrado a climas de todo tipo. Volvió a sacar el colibrí y fue a toda velocidad por la zona desértica, se había encontrado a varias máquinas en el camino, pero simplemente prefirió ahorrar munición y energía en evitarlas. Lo más raro era que tenían una columna enorme de cilindros, fácilmente llegaba a los diez pisos de altura y no tenían brazos, parecían no querer pelear, pero para él era mejor así. De pronto se encontró con un pequeño campamento o más bien una carpa, también se encontraba una máquina expendedora que por razones obvias no tenía nada dentro. Parecía que alguien había estado en ese campamento, las huellas en la arena se mantenían apenas visibles, aunque para un Cazador experimentado como él, verlas era algo sencillo. Podría quedarse a esperar a que el tipo apareciera y hacerle algunas preguntas.

Pero se distrajo con algo interesante. Se había encontrado con una ciudad en ruinas, con edificios dañados y apenas en pie, aunque se encontraban en mejores condiciones que los edificios del desierto. Probablemente podría saquear algo.

Así que se acercó al primero que vio, se metió dentro pero no había nada, solo lo que alguna vez fue una habitación, pero nada más.

Acteón salió del edificio y se metió en otro, este tenía cuatro pisos, pero al igual que el otro no tenía nada interesante.

- ¿Querías saquear algo útil? – Pregunto con ironía.

- Si – Le respondió con decepción.

- ¿Y qué esperabas? Son edificios en ruinas, obviamente no va a ver nada interesante – Dijo Artemisa reprendiendo a su guardián.

Pero Acteón no le hizo caso, y se fijó en una instalación de algún tipo, algo que le llamo la atención.

- ¿Qué es eso? – Pregunto a su espectro.

- No lo sé, no se parece en nada a lo que haya visto antes, aunque parece una especie de instalación militar – Dedujo Artemisa.

- Si es una instalación militar podre encontrar componentes para mi nave – Dijo para bajar del edificio y correr a la instalación que describió, pasando por un puente de dudosa estabilidad consiguió llegar, al hacerlo se metió dentro.

- Saluda al Rey del Bosque - Se había encontrado con varias máquinas dentro, aunque estas hablaban el idioma humano fluidamente.

Acteón no les prestó atención a sus comentarios, saco su revolver de su funda y se puso a disparar a diestra y siniestra, a cada maldita máquina que se acercaba le clavaba su cuchillo en la cabeza matándolas al instante, no le tomo mucho tiempo acabar con todas.

Guardo su arma en su funda y procedió a caminar por los alrededores, buscando algo que valiera la pena como armas, pero nuevamente no encontró nada.

Este dio un gran suspiro.

- Estoy empezando a creer que en este mundo no fueron a la Luna – Hablo Artemisa.

- Si es así estaré en un problema – Dijo preocupado.

- No te desanimes, de seguro encontraremos algo bueno en…algún lugar – Ella intento ser optimista, pero no se le ocurrió nada.

Acteón se rio entre dientes, parecía agradecer el esfuerzo.

Este avanzo hasta una puerta bastante oxidada, había más camino por donde seguir si conseguía abrirla.

- Artemisa, ¿crees que puedas abrirla? – Pregunto a su espectro.

- Claro que sí, solo dame un momento – Respondió para empezar a buscar una forma de abrirla hasta que la encontró. La puerta se había abierto, Artemisa volvía a él y empezó el recorrido.

Había llegado a una zona boscosa, esta tenía árboles que luchaban por ver quien era más grande a su vez que ocultaban la luz solar, era un ambiente bastante agradable luego de haber tenido que pasar por un desierto durante bastante tiempo. Exceptuando las máquinas armadas que venían en camino hacia él.

- ¡Apunten al androide enemigo! ¡Inicien modo de combate! ¡Luchen por nuestro rey! – Ordeno una máquina montada en lo que parecía una máquina caballo.

- ¡Por nuestro Rey! – Gritaron las máquinas para automotivarse a sí mismas y empezar a correr hacia su posición. Estas lo estaban confundiendo con un androide, o sabían que era una exo. Lo que le sorprendió un poco fue que estuvieran vestidas con armaduras. Pero después le dio igual.

Este saco una granada de su armadura, le quito el seguro y lo lanzo en dirección a ellas.

¡BUM!

Una pequeña explosión basto para matarlas a todas, ya le daba pereza el tener que matarlas una por una con su revolver.

- Estas máquinas son demasiado molestas – Dijo Acteón irritado.

- Yo me pregunto de donde salen tantas – Hablo Artemisa.

- Ni idea, pero hay demasiadas donde estamos ahora, será mejor moverse a una zona más pacifica –

- Espera Acteón, el radar detecta movimiento, algo se acerca – Alerto a su guardián.

- ¿Mas máquinas? – Pregunto con cansancio.

- No, no son máquinas, aunque si son formas de vida mecánicas, su núcleo desprende una energía similar, pero se diferencian en que... -

Su espectro no termino de hablar cuándo dos seres con formas humanas aparecieron frente a él, una tenía el cabello color azul y la otra de color negro, traían lo que parecía una especie de armadura negra que cubría las partes más vulnerables del cuerpo y estaban armadas con katana, lanzas y armas de todo tipo, excepto armas de fuego. Lo más raro era una especie de banda que les cubría los ojos. ¿Acaso podían ver? Se pregunto mentalmente.

- ¿Quiénes son ellos? – Pregunto mentalmente a su espectro.

- Son androides – Respondió con firmeza.

- ¿Estas segura? –

- Muy segura, si fueran humanos no desprenderían energía –

- Muy bien – Dijo Acteón saliendo de su mente - Por fin aparecen, llevo tiempo buscándolos – Decía Acteón, pero los androides frente a él no decían nada – Hay algunas preguntas que quiero hacerles –

En cambio, una de los androides miro a su compañera. Esta simplemente asintió con la cabeza.

- Quería preguntarles acerca de... - Pero no pudo terminar de hablar cuando una katana voló directo a su cabeza con el fin de cortársela. Gracias a sus reflejos logro esquivarla inclinando la cabeza con el tronco entero hacia atrás, pero no se detuvo hay, la androide avanzo hacia el con otra katana más grandes, dando un corte ascendente que Acteón pudo esquivar al girar hacia el lado.

Acteón se abrió distancia de ellas, claramente no venían en son paz.

- ¿Oigan que les pasa? No vine hacerles daño, solo quiero... - Pero no pudo terminar de hablar cuando un golpe descendente con una katana enorme lo mando a volar y estrellarse contra un árbol, su armadura había bloqueado el ataque, aunque la contusión aun le quedaba en el pecho, y el dolor de la caída no se la quitaba nadie.

Pero no pudo descansar, ambos androides se habían abalanzado sobre él, golpeándolo con las katanas más pequeñas repetidas veces, este bloqueaba lo que podía con sus antebrazos, pero los androides eran bastantes rápidos y se le hacía cada vez más difícil bloquear todos.

Así que usando la luz solar se impulsó para dar un giro de 360°, logrando quitárselas de encima, seguido de eso junto un puñado de cuchillos en ambas manos, los sobrecargo con luz solar y se los lanzo a los androides. Bastaba el más mínimo contacto para convertirlos en cenizas.

Pero para su sorpresa habían esquivado todos los cuchillos, aunque eran pocos comparados a los que podía lanzar.

- 5H, retrocede, está siendo más difícil de lo que pensé, atacaremos juntas y en coordinación ¿oíste? –

- Si 14B –

Los androides frente a él no parecían querer hablar, más bien, le querían robar. Y robar a un Cazador es la peor idea que se les pudo ocurrir.

Acteón se pudo en guardia, este no cargaba su cañón de mano, se había caído por ahí. Pero no lo necesitaba.

- ¡Ataca! – Hablo la androide para que junto a su compañera atacaran al sujeto de armadura extraña, pero cuando lo iban a apuñalar había desaparecido. Solo para aparecer de repente dándole un duro golpe a 5H que la tumbo en el suelo para luego desaparecer nuevamente.

- 5H, ¿estás bien? – Pregunto su compañera.

- Si...no te preocupes - Dijo poniéndose de pie nuevamente. Pero el sujeto frente a ellas no les dejo descansar, y empezó a darles múltiples golpes en las partes más vulnerables, al hacerlo desaparecía y aparecía de nada, haciendo que los androides estuvieran en problemas.

- Maldito seas – Dijo 14B dando un corte al aire que casi lo corta, pero logra esquivarlo, abriendo distancia de ellas.

- Este sujeto ya me tiene harta, 5H ¿estas lista? –

- Si –

- ¡Bien, vamos! – Ambas fueron juntas para atacarlo simultáneamente. Empezaron dando cortes, golpes, patadas y de más, pero el sujeto frente a ellas podía contra las 2 sin ningún problema, pese a la diferencia numérica. 5H le iba a dar un corte lateral en la cabeza, pero Acteón bloqueo el golpe con su antebrazo para darle un golpe en el rostro que la dejo aturdida. 14B intento darle un golpe con un guantelete, pero nuevamente desapareció y le dio una patada directa en la espalda, al hacerlo, se oyó un ruido extraño, como si algo se hubiera desprendido, esto la dejo tumbada en el suelo.

- ¡14B! – Grito de preocupación al ver a su compañera herida. Ella intento darle una puñalada, pero Acteón logro detener la katana y quitársela para después clavársela a ella.

- ¡NO! – Grito de furia por su compañera herida.

Acteón saco la katana de su pecho y esta se comenzó a desangrar. 14B solo pudo arrastrarse patéticamente hasta su compañera moribunda.

Acteón tiro la katana para después buscar su arma donde se había golpeado previamente, posiblemente se le hubiera caído justo hay. Y así fue, su arma estaba tirada en el piso, así que la recogió y se dirigió hacia los androides.

- Tranquila, vas a estar bien – Le decía su compañera tratando de detener la hemorragia, pero se dio cuenta que el sujeto con el que pelearon estaba frente a ellas. Este levanto el objeto por encima de su cabeza, al hacerlo todo su cuerpo se prendió en llamas.

- Espe...-

¡BAM! ¡BAM!

Acteón mancho las paredes con sus cenizas.

Guardo su arma en su funda y saco a su espectro.

- No pensé que los androides fueran tan agresivos – Hablo Artemisa para empezar a reparar su armadura.

- Yo tampoco. Tenemos que avisar a los demás – Dijo preocupado.

- Estoy de acuerdo –

- Aila, Ramírez, ¿están ahí? Respondan - Acteón hablo a través del comunicador integrado en su casco, pero solo oía estática - ¿Qué es lo que pasa? -

- Debe ser la conexión, estamos usando tu nave como canal de comunicación ya que no hay satélites, pero creo que los árboles están interfiriendo – Explicó Artemisa.

- Tendremos que buscar un lugar más alto –

- Por allá vi lo que parecía un castillo, creo que está lo suficientemente alto como para comunicarnos –

- Bien, es un comienzo –

- Pero estoy segura de que estará lleno de máquinas, espero que estés listo –

- Siempre estoy listo - Dijo soberbiamente.

Este empezó a correr, evadiendo a toda máquina que se le cruzaba, no tenía ganas ni tiempo para pelear con ellas. Había llegado a lo que alguna vez fue un puente que conectaba con la entrada del castillo, pero ahora estaba derrumbado, impidiéndole el paso. Pero eso no fue problema para él, simplemente dio un salto y llego a su entrada. Dentro había un montón de máquinas completamente hostiles vestidos con las mismas armaduras que las otras máquinas del bosque, saco su revolver y empezó a matar a todas y cada una. El castillo era enorme, en cada piso había una biblioteca con libros bastantes dañados e inentendibles, en algunas habitaciones había cuadros de personas con trajes y pelucas ridículas, casi le hacían gracia, solo casi. Este por fin había subido a lo más alto.

- ¡No avanzaras más! -

- ¡No cedan ni un paso! -

- ¡Protegeremos nuestra amada nación! – Las máquinas seguían hablando de cosas sin importancia para él. Acteón saco su revolver en mano diestra y cuchillo en mano zurda para empezar a disparar y cortar a todas. Tardo poco tiempo en matarlas a todas.

- Que molestas son estas cosas – Dijo con desdén – Ahora intentare... -

- Espera, hay otro androide, se dirige a nuestra posición – Alerto Artemisa a su guardián.

- ¿Otro más? –

- Si, y a toda velocidad, espero que estés listo –

- Siempre estoy listo – Dijo soberbiamente de nuevo.

Este se volteó para ver al androide detrás de él.

Esta tenía un cabello blanco y largo, tan largo que le llegaba a la cintura, no traía armadura, pero tenía dos espadas que flotaban en su espalda, una espada pequeña y otra más grande, no tenía idea de cómo hacia para que sus armas flotaran de esa forma. Los más raro era su piel, estaba casi completamente desgastada, como si se le estuviera cayendo.

Acteón no quería perder más tiempo, simplemente le daría un tiro en la cabeza para matarla rápidamente, no lo podría alcanzarlo desde esa distancia.

Cuando levanto su arma, una embestida repentina lo mando a volar, tal fuerza y velocidad no se lo esperaba. Ahora se encontraba en otra habitación, en pésimas condiciones, como básicamente todo el castillo.

Poco a poco se puso de pie.

Este busco su arma, pero se había dado cuenta que no lo tenía, se le había caído a unos metros de distancia de él. Cuando iba a recuperarla, la androide se puso en frente de ella, como si de alguna manera supiera del peligro que conllevara que él la tuviera.

Ambos se miraron por un largo tiempo, midiéndose el uno al otro.

Hasta que la androide decidió atacar con otra embestida, pero esta vez Acteón si la vio venir y la esquivo usando la fugacidad de la Luz de arco, pero ella no dándole tiempo de descansar lo volvió a atacar, esta vez usando sus espadas para tratar de cortarlo, pero Acteón los esquivaba con ciertas dificultades.

Este dio un esquive hacia atrás para abrir distancia.

Nuevamente se quedaron mirando el uno al otro, no para medirse, si no para predecir su siguiente movimiento.

La androide frente a él apunto su arma a la vez que la giraba. Lo estaba retando.

Y los Cazadores nunca rechazan un reto.

Así que saco una katana de su inventario, Colmillo Veloz, un arma de la compañía Veist. Tan ligera como una pluma y tan letal como el veneno.

Y empezó el combate.

Ambos chocaron sus armas, dando cortes, patadas, y golpes era el combate que se desarrollaba, la androide daba cortes precisos, casi quirúrgicos, y Acteón podía detener todos y cada uno gracias a sus reflejos impecables, aunque algunos les costaba bloquear y esquivar, incluso tuvo que usar un cuchillo para defenderse mejor, la androide era bastante rápida, pero él tenía la ventaja de ir con armadura y su fuerza era considerablemente superior.

En un momento la androide dio un gran salto para darle un corte descendente con su espada más grande, pero Acteón fácilmente logro bloquearlo con su katana, este intento darle una patada, pero se apartó antes de que pudiera hacerlo. Aún tenía su as bajo la manga, le lanzo el cuchillo directo a la cabeza, cosa que el androide logro esquivar sin ningún problema, pero ese no era el motivo del porque lo lanzo.

Este aprovecho toda la energía contenida en su katana para darle un golpe lo suficientemente potente como para partir la espada pequeña de la androide, este movimiento hizo que retrocediera.

Ya solo le quedaba su arma más grande y pesada, razón por la cual no la podía manejar tan bien, y Acteón lo sabía.

Este estaba a punto de darle un corte final para terminar con esto. Había luchado bien, mucho mejor de lo que habían luchado las dos androides de antes, incluso podría haberlas derrotado sin ningún problema si los hubiera encontrado, pero se había encontrado con él. Y ese fue su fin.

Pero algo extraño le estaba pasando, parecía que le dio una jaqueca terrible, se agarró la cabeza como si le fuera a reventar, y su cuerpo convulsionó un poco. De pronto una luz roja como la sangre emergió de ella, cosa que le pareció extraño. Pero antes de que pudiera hacer más preguntas la androide le ataco con una patada que lo mando varios metros lejos del lugar de donde estaba.

Acteón se dio cuenta que tenía una pequeña abolladura en el pecho de su armadura. Solo por esto se dio cuenta que estaba en problemas. Recogió la katana lo más rápido que pudo y saco un cuchillo para intentar defenderse, pero era inútil. La androide se volvió mucho más rápido que antes, haciéndole imposible el poder defenderse, además de que sus golpes eran más potentes, como si fuera golpeado por Shaxx, pero claramente no era el caso. Después de darle una paliza se había detenido, Acteón había tirado su espada por obvias razones, pero lo más preocupante era su armadura, muy abollada y cortada por donde se viera, había subestimado mucho a su oponente, y eso lo llevo a perder.

La androide tomo la katana que Acteón había tirado previamente, y la sujeto como si fuese suya, se iba acercando poco a poco para terminar el trabajo. Pero para su sorpresa, el sujeto se había puesto de pie, aunque se veía que le costaba un poco. Pero daba igual, sin armas no se podría defenderse, y estaba a una puñalada de morir.

Pero algo extraño paso, el sujeto frente a ella se cubrió de rayos azules, en su mano diestra había aparecido una vara con puntas en ambos lados, de esta también fluían los rayos azules.

No queriendo perder el tiempo se abalanzo sobre él, empuñando la katana del sujeto para terminar de una vez por todas.

Pero su sorpresa fue grande cuando el sujeto le dio un golpe ascendente tan rápido y fuerte que no pudo bloquear, si no fuera porque la katana amortiguo el golpe habría muerto irremediablemente. Esto le quito el brillo rojo de antes y la obligo a soltar la katana. Ella quería escapar para poder recuperarse y curar sus heridas, no sin antes ver al sujeto de pies a cabeza, cubierto de esos rayos azules tan extraños que aparecieron de la nada en él, aunque anteriormente ya lo había visto prenderse fuego de la nada mientras peleaba con un par de androides.

Acteón también la miro por un momento, se encontraba a las orillas de una caída que posiblemente la mataría, aunque no creía que fuera tan estúpida como para hacerlo. Pues resulta que si lo es, y se lanzó por el precipicio. Trato de seguirla, pero cuando llego a la orilla ya no había nadie, y tampoco podía ver nada al fondo. Se había escapado.

Busco su katana y su cañón de mano, los recogió y saco a su espectro.

- Pues, debo reconocer que es rápida – Dijo Artemisa.

Acteón se mantuvo en silencio.

Ella lo escaneo para calcular los daños - Menuda paliza te dio, esperaba que el hombre "siempre estoy listo" solucionara este problema sin despeinarse – Bufo para empezar a curarlo y reparar su armadura.

- Muy graciosa, ¿ya hay conexión suficiente para comunicarme? – Pregunto cambiando de tema.

- Pues de hecho, si – Le respondió Artemisa luego de curarlo.

- Aila, Ramírez, ¿están ahí? Respondan – Hablo a través del comunicador, hubo estática por un momento hasta que...

- ¿Acteón? – Pregunto una voz por el comunicador que reconoció al instante.

- Ramírez, ya era hora, llevo un tiempo tratando de comunicarme con ustedes, tengo algo importante que informar – Su tono paso a ser más serio de lo usual – Deben evitar todo contacto con los androides, son totalmente hostiles – Advirtió Acteón.

- ¿En serio? – Pregunto Ramírez sorprendido.

- Si, en cuanto me vieron me atacaron sin dudar, me encontré con un total de tres, todos igual de agresivos -

- Yo acabo de conocer a un par de androides bastante encantadoras –

- ¿Encontraste androides? – Pregunto sorprendido.

- Si, incluso colaboramos para acabar con una máquina enorme – Le respondió Ramírez.

- Pues yo acabo de encontrármelos y no eran para nada "encantadoras" – Dijo Acteón.

- Pues los abras asustado con tu apariencia, estas androides son bastante amables y pacíficas, por lo menos con los que no son máquinas –

- ¿Dijiste que colaboraron para acabar con una máquina enorme? –

- Si, era bastante grande, del tamaño de un pequeño edificio –

- Ya veo, por lo que pude concluir de todo esto es que no estamos seguros en este planeta, separarnos fue un grave error, necesitamos reagruparnos, acumular datos y trazar un plan – Sugirió.

- Podríamos juntarnos en el campamento que me ofrecieron Devola y Popola – Propuso Ramírez.

- ¿Devola y Popola? – Pregunto Acteón ignorante.

- Si, así se llaman los androides con los que me encuentro –

- Los que conocí no tenían nombres, parecían ser designaciones –

- ¿Designaciones? ¿Y cuáles eran? –

- Una se hacía llamar 14B y la otra 5H –

- Emm, eso es extraño, deja les pregunto – Dijo Ramírez para dirigirse a Devola y Popola.

- Espera, antes mencionaste un campamento de androides, ¿verdad? – Pregunto Acteón con duda.

- Si, ¿por qué? –

- ¿Te parece una buena idea? -

- Claro, ¿por qué no? – Pregunto en duda.

- ¿Ya se te olvido todo lo que mencione? – Pregunto con sarcasmo.

- No, pero creo que es mejor estar con androides pacíficos que estar en medio de la nada –

- No estoy seguro de esto –

- Espera un minuto... ¿Como dicen? ¿Desertores? ¿Androides tipo YoRHa? Pues eso explica muchas cosas – Parecía que Ramírez hablaba solo.

- ¿De qué está hablando? – Pregunto Acteón a su espectro.

- No lo sé – Le respondió ella sin más.

- Acteón, esos androides que encontraste, ¿tenían vestimenta negra y una visera en sus ojos? – Le pregunto Ramírez.

- Las tres tenían vestimentas negras y dos de ellas una especie de banda que les cubría los ojos – Respondió Acteón.

- Pues te encontraste con androides de tipo YoRHa desertores, androides que decidieron dejar su labor para hacer lo que les plazca –

- ¿Androides tipo YoRHa? Y que se supone que son... -

- ¿Hola? Ramírez, Acteón, ¿me escuchan? – Pregunto cierta Hechicera interrumpiendo su conversación.

- Aila, apareciste, llevo tiempo tratando de contactarlos, ¿dónde estás? – Le pregunto Acteón.

- Estaba en una aldea de máquinas pacifistas, me quedé conversando con su líder, se llama Pascal, fue muy agradable, discutí varios temas interesantes con el – Le respondió.

- ¿Una aldea de máquinas pacifistas? – Preguntaron Acteón y Ramírez al mismo tiempo.

- Si, por muy loco que suene es así, tengo una larga explicación que darles, pero por ahora será mejor encontrar refugio – Dijo Aila.

- Juntémonos en el campamento que me ofrecieron mis amigas, estaremos seguros ahí – Propuso de nueva cuenta Ramírez.

- ¿Campamento? ¿Tus amigas? – Pregunto Aila ignorante.

- Un campamento de androides que me ofrecieron Devola y Popola – Le respondió Ramírez.

- ¿Existe un campamento de androides? ¿Y los conociste? ¿Por qué no me lo informaron hasta ahora? – Pregunto molesta de que le ocultaran tal acontecimiento.

- No había conexión suficiente como para establecer una comunicación, recién ahora pude contactarlos, hay algo que también debo informarte – Explico Acteón.

- Cuando estemos en el campamento compartiremos todos los datos que hayamos obtenidos – Hablo Ramírez.

- Sigo sin estar de acuerdo con eso – Comento Acteón con duda.

- Pues es eso o ir de vuelta hasta la nave, y dudo que Ramírez quiera ir – Hablo Aila.

- No, el campamento es mil veces mejor, hay mucha sombra, además podremos conocer a su líder y a lo mejor obtener algunas respuestas – Propuso el susodicho.

- Pues ya está decidido, iremos al campamento. ¿Vienes Acteón? – Le pregunto a su compañero, aunque ya sabía la respuesta.

- ...Esta bien, vamos – Respondió resignado.

- Genial, entonces tendrán que venir a la ciudad en ruinas, les hare señales de Luz sutiles para que puedan verme – Dijo Ramírez para cortar la transmisión.

- Bien, nos vemos allá – Dijo Aila para hacer lo mismo.

Acteón también corto. Bajo de un salto de la cima del castillo, amortiguo la caída para no romperse las piernas, y volvió al bosque para moverse a la ciudad, él ya había pasado por ahí, solo tendría que seguir las "sutiles" señales para poder ubicarlo.

- ¿Confías en lo que dicen? – Le pregunto Artemisa.

- No del todo, pero es mejor que estar en un desierto cubierto de arena, aunque esta vez no bajare la guardia en ningún momento –

- Eso espero – Dijo Artemisa para invocar el colibrí - Bien, vámonos – Acteón se subió para dirigirse hacia su nuevo destino.