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SASUKE
Cuando acabamos, Sakura se metió en la ducha.
Se fue sin mediar palabra y con el pelo pegado al cuello por el sudor. Cuando se fue, parte de mi semen goteó desde su entrada y descendió por el interior del muslo. Me quedé mirando cómo bajaba hasta que Sakura desapareció en el cuarto de baño.
Joder, cómo me ponía.
Me quedé tumbado en la cama y oí como la ducha se ponía en marcha. Su cuerpo desnudo se encontraba bajo el agua caliente, su suave piel estaría mojada y resbaladiza. Yo también estaba cubierto de sudor, y ya no quería seguir tumbado en la cama.
Decidí unirme a ella.
Cuando entré la encontré bajo el espray de la ducha, masajeándose el pelo con champú. Las burbujas de jabón se le aferraban a varias partes del cuerpo, incluyendo las tetas. Sus curvas eran incluso más bonitas rodeadas de una nube de vapor.
No se dio la vuelta cuando entré, bien porque no le importaba o porque no se dio cuenta. La ducha era grande, lo bastante como para dar cabida a más de dos personas, así que no le estaba quitando espacio.
Me había quedado satisfecho con nuestra sesión erótica, pero quería estar con ella de todos modos. Había contado el número de veces que había pronunciado mi nombre.
Cuatro.
Puede que me odiase, puede que deseara que estuviese muerto, pero sin duda disfrutaba acostándose conmigo.
Aquello me hizo sentir como si hubiese conseguido algo importante.
Nunca olvidaría la visión de Sakura tocándose, mojándose pensando en mí. Ni siquiera se había dado cuenta de que había entrado en el dormitorio de lo perdida que había estado en el momento, con los pezones endurecidos y la respiración profunda e irregular. Había tenido los muslos separados a más no poder y se había estado frotando el clítoris húmedo con todo su ser.
Al acercar la boca a sus labios, había comprobado de primera mano lo húmeda que estaba.
Empapada.
Se volvió loca cuando empecé a comérselo. Casi me había hecho sangre con las uñas de lo fuerte que me había agarrado. Había flexionado las caderas y me había dado más de ella, y aquello sólo había hecho que quisiera incluso más.
Era increíble.
Nunca había tenido sexo tan bueno. Nunca había estado con una mujer tan preciosa. Sabía que era mi esclava y que no tenía escapatoria, pero no había sido un teatro. Había disfrutado de mí.
De cada. Puto. Centímetro.
Pegué el pecho a su espalda y me abracé a su diminuta cintura. Llevé los labios a su hombro y se lo besé, saboreando el jabón que acababa de untar en su piel. Prefería probar mi sudor en su cuerpo, pero aquello serviría.
Giró la cabeza para mirarme por encima del hombro.
―¿Querías hacerme compañía?
Quería hacerme compañía a mí mismo.
―No, sólo ahorrar agua. ―Bajé las manos por su cintura hasta romper el contacto y dejarlas colgando a mis costados.
―Muy noble de tu parte. ―Se dio la vuelta y echó la cabeza hacia atrás para poder enjuagarse en pelo. Tenía las tetas mojadas y jabonosas, redondas y perfectas. Era un cuerpo sin mácula y parecía que ni siquiera se daba cuenta.
Cogí el bote de champú y me eché un poco en el pelo. Me enjaboné mientras la observaba bajo la ducha, con el jabón bajándole por el cuerpo. Su humor era diferente cuando estaba satisfecha; era como pétalos de rosa volando con el viento. Tenía los ojos entrecerrados y estaba tranquila y en calma.
Era completamente opuesto a como había estado minutos antes.
La primera vez que me había acostado con ella había sido un buen polvo, pero cuantas más veces lo hacíamos, más mostraba su personalidad. Conocíamos mejor el cuerpo del otro, entendíamos los gustos del otro. Nunca había tenido relaciones tan a menudo con la misma mujer exceptuando a Koyuki, y aquello ni siquiera contaba. Nuestra relación fue corta y rápida; seguramente aquella fue la razón por la que no duró demasiado. Y Koyuki tampoco era tan buena en la cama. Pero Sakura, por el contrario, era increíble. Me pregunté si su lista de parejas sería tan larga como la mía.
Nunca me había preguntado si había dejado a alguien atrás. ¿Estaría viéndose con alguien cuando mis hombres la secuestraron de su cama? ¿O era promiscua como yo, saltando de hombre en hombre?
Imaginarla con otros de repente me hizo enfadar. No era que me opusiera a aquel modo de vida, simplemente no me gustaba pensar que otros hombres habían estado dentro de ella. Debía de ser porque era de mi propiedad. Ahora que era mía, me molestaba que hubiera sido de otra persona.
Tío, era un psicópata redomado.
¿Cómo podía molestarme por algo que había hecho antes de que la robase?
―¿Dejaste a alguien atrás antes de venir conmigo a Escocia? ―Lo dije de un modo mucho más apropiado del que quería.
―Ya te dije que Deidara es mi única familia. Tenía algunos amigos, pero nada más.
No había entendido mi pregunta.
―¿Dejaste a un hombre atrás? ―Si miraba sus cuentas de redes sociales, ¿diría que estaba en una relación?¿Estaría llorando cada noche algún tío decente mientras yo me la follaba? De ser así, no parecía que Sakura pensase en él mientras yo estaba dentro de ella.
―¿A un hombre? ―Se echó acondicionador en la mano antes de masajearse las puntas del cabello―. No, a ninguno.
La molestia que sentía en el pecho desapareció. De haber tenido a un hombre, la habría mirado de un modo diferente. Me habría sentido como si la estuviese compartiendo con alguien que ni siquiera estaba allí. Me coloqué bajo el agua de la ducha y me enjuagué el pelo, adoptando una máscara para que no supiese en lo que estaba pensando.
―¿Has estado con muchos?
Me miró de golpe, claramente ofendida por lo que acababa de preguntar.
–¿Disculpa?
Aquello había sonado mal. No había formulado la pregunta bien, pero estaba tan impaciente por una respuesta que ni lo había pensado.
―Eso ha sonado mal.
―Puedes estar seguro de que ha sonado mal.
Quise sonreír por su actitud luchadora. Si no se hubiese defendido ante mi comentario, habría perdido respeto hacia ella.
―Pareces experimentada; sólo me refería a eso.
Sakura continuó masajeándose el pelo.
No estaba sacándole nada, y no sabía cómo obtener respuestas.
–¿Has tenido algún novio serio? ―Aquello no era demasiado entrometido.
Se pasó los dedos por el pelo y embadurnó hasta el último mechón con el producto. Tenía mucho pelo, así que tardó un rato.
―¿Cuándo has empezado a irte por las ramas? Si quieres saber algo, pregúntamelo y ya está.
Mi pequeña fierecilla.
―¿Con cuántos hombres has estado aparte de conmigo?
Se metió bajo la ducha y echó la cabeza hacia atrás. Se peinó el pelo con los dedos mientras contaba mentalmente.
–Con cuatro.
¿Y ya estaba? Esperaba más que eso.
–¿Cuatro?
―Sí. ¿Por qué?
Le contesté con sinceridad.
―Eres increíble en la cama.
Dejó de masajearse el pelo un instante antes de seguir aclarándoselo.
–El tango es cosa de dos.
Sonreí ligeramente.
―Yo he estado con muchas mujeres. Podría haberme quedado tumbado sin hacer nada y habría sido espectacular de todas formas.
Sakura se encogió de hombros y se recogió el pelo con la mano para exprimir el exceso de agua.
―¿Quiénes eran esos cuatro?
―¿Qué importancia tiene? ¿Vas a contármelo todo de cada mujer con la que has estado?
―Lo haré si tú haces lo mismo.
―No me importan las mujeres con las que hayas estado ―respondió fríamente―. Seguro que ni siquiera las recuerdas todas.
Aquello no era verdad.
―Recuerdo a cada mujer con la que me he acostado. Tengo muchas asiduas en varios lugares. No siempre se trata de ligar con una desconocida antes de seguir con mi vida. ―No era tan frío. Les daba mi atención y mi respeto, pero aquello era todo.
―Pero dudo que significasen algo para ti.
Sólo Koyuki había significado algo, antes de que me apuñalase por la espalda.
―¿Qué más da si significaban algo o no?
Cerró los ojos mientras el agua le caía por el rostro.
―Supongo que nada.
―Háblame de esos cuatro tíos.
Se pasó las manos por el pelo otra vez y se apartó del chorro de la ducha.
–¿A qué viene tanto interés?
―Contesta a la pregunta. ―No importaba a qué viniese mi interés; sólo quería que contestase a la maldita pregunta.
―El primero fue mi novio del instituto. No duramos mucho, y ambos estábamos aprendiendo. El segundo fue en mi primer año de universidad. Fui a una fiesta a y conocí a un chico mono... ya sabes cómo va. El tercero fue en mi tercer año. Nos vimos un tiempo. Y el último fue en mi primer año en la facultad de medicina. Nos veíamos de manera casual; estábamos demasiado ocupados estudiando como para tener algo más serio.
Ahora que tenía mi respuesta, me sentía molesto. ¿Qué había esperado que ocurriese? No había respuesta que pudiese darme que me hiciese sentir mejor acerca de los demás hombres que habían estado con ella antes que yo.
―Así que no tengo mucha experiencia ―dijo―. Al menos no más que la mayoría.
Eso parecía.
Una vez más, se exprimió el agua del pelo.
―¿Se ha terminado el interrogatorio?
Ignoré la irritación que oí en su voz.
―No pretendía que fuese un interrogatorio.
―Si aprendieses a hablar con la gente correctamente, los demás se abrirían más a ti.
No quería dedicar el tiempo necesario para aprender algo así; quería recibir respuestas inmediatamente.
Sakura dejó la ducha en marcha y salió a coger una toalla. Su culo era respingón y sus muslos torneados. Quise subir y bajar la mano por la cara interior de su pierna, sentir la suavidad de su piel. Se secó el pelo con la toalla antes de acabar el trabajo con el secador de pelo e hidratarse la piel con crema.
Me quedé en la ducha y la observé de forma discreta, examinando cada centímetro de sus increíbles curvas. Su belleza había capturado mi atención, pero todo lo que tenía bajo la piel era todavía más fascinante. Su fiereza nunca disminuía y siempre luchaba por su amor propio, incluso cuando la insultaba. La mayoría de mujeres con las que lidiaba eran tímidas y asustadizas. Podía hacer lo que quería con ellas porque nunca me plantaban cara. Koyuki había sido así.
Sakura nunca lo fue.
Aquella oposición debería haberme molestado, pero no era así. Respetaba a una mujer que se respetaba a sí misma. Me excitaba el fuego que ardía sin pausa en la mirada de Sakura. La única ocasión en que se mostraba obediente era cuando mis órdenes se volvían sexuales. En aquellos momentos no tenía problemas a la hora de cumplirlas.
Porque le gustaba hacerlo.
Los dos teníamos muy poco en común, pero nuestra química era abrasadora. Me gustaba que me necesitase de vez en cuando; el resto del tiempo se las apañaba sola. No era una damisela en peligro. Apenas me necesitaba para nada.
Resultaba un cambio agradable.
Ver a Koyuki volver a mí con el rabo entre las piernas y admitir que se había equivocado me había repugnado. Nunca había fantaseado con que volviese conmigo, y la respetaba menos por ello. Había intercambiado mi amor por realeza porque yo no era lo bastante bueno.
Que la jodan.
Si algún hombre conseguía el amor de Sakura algún día, sería porque se lo había ganado. No era fácil de impresionar. No había nada que ningún hombre pudiese darle que ella no pudiese conseguir por sí misma. Era independiente y fuerte; era perfecta. Seguía luchando con uñas y dientes aun después de ser capturada. Cualquier otra habría estado llorando día y noche, pero ella nunca había derramado una lágrima.
Era dura como el acero.
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.
.
KABUTO me mandó un mensaje de texto.
Estamos listos, señor.
Me metí el teléfono en el bolsillo y entré en el dormitorio. Sakura estaba sentada en el sofá leyendo un libro. Nunca veía la televisión ni leía las revistas que mis hombres traían para ella; tenía un modo muy específico de entretenerse.
―Nos vamos.
Terminó de leer el párrafo en el que estaba antes de prestarme atención.
–¿Definitivamente?
―Sólo por esta tarde. Venga. ―No tenía ninguna reunión, así que estaba vestido con pantalones vaqueros y una camiseta. Había ido a mi gimnasio privado y luego a correr por la carretera de campo antes de que Sakura se hubiese despertado aquella mañana.
―No soy un perro. ―Cerró el libro de golpe―. ¿A dónde vamos?
–De compras. Hay un estudio de Valentino en Florencia.
―¿Un qué de Valentino?
Supongo que no debería sorprenderme que no reconociera el nombre de un diseñador famoso. La facultad la había mantenido demasiado ocupada como para preocuparse por la moda.
―Necesitas un vestido nuevo para la inauguración de dentro de unas semanas. ―Nunca había tenido que repetirme tanto con otras personas. Cada vez que ella y yo hablábamos, nuestros argumentos dibujaban círculos eternos.
―¿Vas a llevarme a la apertura de tu destilería?―preguntó sorprendida.
–Sí. Levanta para que podamos irnos ya.
Por fin se levantó.
―¿Por qué me llevas a mí?
―¿Qué pregunta es esa?
―No se me dan bien esa clase de eventos.
―Lo hiciste bien en la celebración de la Holyrood.
Enarcó una ceja.
―Apenas dije nada, y me quedé pegada a ti todo el tiempo. No era una gran compañía.
―Me gustan las mujeres calladas. ―Sonreí de oreja a oreja; sabía que aquel comentario la cabrearía.
Y así fue.
―Interesante. Y a mí los hombres silenciosos.
Me encantaban sus respuestas.
―No te llevo por tus habilidades de conversación, te llevo porque eres absolutamente despampanante, tanto vestida como desnuda.
El piropo no la afectó como lo habían hecho otros que le había lanzado.
–Lleva a otra persona, Sasuke. No quiero ir.
Enarqué las cejas por su desobediencia.
―No recuerdo haberte dado a elegir. ―¿Es que tenía que sacar el transmisor y recordarle lo que había en juego? ¿Que podía matar a su hermano con sólo pulsar un botón?
―Mira, no quiero ir. Lleva a alguien que vaya a disfrutar realmente de la noche y de tu compañía.
―Quiero llevarte a ti. Y punto. ―No quería oír ni una palabra más. Mi palabra era ley. Siempre me salía con la mía, sin importar de qué se tratase.
Sakura cruzó los brazos sobre el pecho y mantuvo su expresión enfadada.
―No.
Ahora sí que se había sobrepasado.
―¿Necesito recordarte que tengo la vida de tu hermano en mis manos? –Me acerqué a ella con la mandíbula tensa y la mirada pétrea. Estuve tentado de agarrarla del cuello y lanzarla sobre la cama, bajándole los pantalones hasta los tobillos. Quería azotarla hasta que tuviese el culo rojo como un tomate.
―No quiero estar en la misma habitación que ese psicópata. ―Habló en un susurro, pero le tembló la voz. Sakura nunca mostraba miedo ante nadie, ni siquiera ante mí, pero pensar en Bones claramente la hacía sentir incómoda. Era como si le hubieran clavado un cuchillo en las tripas―. No quiero mirarlo. No quiero que me mire. ―Por fin rompió el contacto visual y miró en otra dirección, como si se avergonzase de la confesión.
No la culpaba por estar tan perturbada. Bones era un hombre tan asqueroso que me había hecho cambiar de idea y al final no le había entregado a Sakura. Me había ablandado al imaginármela con aquella correa al cuello y abrazándose un brazo roto al pecho. No quería aquel destino para ella. Necesitaba hacer que Deidara pagase por lo que había hecho, pero no podía malgastar a una mujer tan perfecta. Se merecía algo mejor. Aquella mujer me había vuelto ligeramente compasivo, y eso era todo un logro.
―No te pondrá ni un dedo encima. Te lo prometo.
―Sigo sin querer mirarlo. ―Se apartó un poco, como si necesitase espacio―. No quiero estar en la misma sala que él ni respirar el mismo aire. Sólo puedo pensar en la manera en la que me agarró de los pechos y me dio un puñetazo, como si fuese un animal. ―Se giró del todo, ocultando el rostro.
Sospeché que tenía lágrimas en los ojos. La única vez que la había visto llorar había sido después de la pesadilla. Se negaba a mostrar debilidad ante nadie, pero me permitía ver fragmentos aquí y allá. Su interacción con Bones había sido limitada, pero el período de tres días que había pasado esperando a que aquel hombre volviera a por ella debió de ser igual de traumático. No había podido comer ni dormir porque sabía cuál sería su destino. Aquella parte debió ser la peor.
Me acerqué a ella por la espalda y le puse las manos en las caderas. Pegué la cara a su nuca y atrapé el olor de su pelo recién lavado. Había usado mi champú, pero en ella no olía masculino. Gracias a su propio olor lo convertía en algo floral y sexy. Acaricié las ligeras pero prominentes curvas de su cuerpo con los dedos y noté la manera en que respiró profundamente en cuanto la toqué.
―Siempre estarás a salvo conmigo, monada. No te mirará ni un solo hombre sin mi permiso explícito. No necesitas tener miedo.
―No sabes lo que es ser una presa... ―Ya me lo había dicho una vez.
―Me llaman el rey del escocés por una razón. Soy dueño de toda la industria, y muy pronto lo seré de todo el mundo. Y, como mi reina, no tendrás que temer a nadie. Eres mi posesión, y nadie te pondrá una mano encima. Te lo prometo.
Sakura volvió a inspirar, sintiendo como mis manos subían por su torso.
–Pero no soy tu reina, sólo tu esclava.
La abracé contra mi pecho y descansé la barbilla en su cabeza.
―Sea como sea, sigues siendo intocable. ―Había querido hacer de Koyuki mi reina, pero ser de la realeza en lo que concernía al whisky escocés no significaba nada para ella. Necesitaba a la mujer correcta para el puesto. Sakura no podía ser la elegida, no tenía la sangre ni la riqueza adecuadas, pero estaba muy lejos de ser insignificante―. Puedes mantener la cabeza bien alta y mirarlo a los ojos sin miedo, monada. Jamás te he visto doblegarte ante nadie. No empieces ahora.
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JACQUES MIRÓ a Sakura de arriba abajo, con el rostro convertido en una máscara mientras la examinaba. Era difícil decir lo que pensaba hasta que expresaba sus sentimientos de frente. Se puso los dedos en los labios mientras la rodeaba, tomando nota de sus medidas y de sus cualidades.
Estaba convencido de que sería sencillo conseguir que estuviese radiante.
Me senté en el sofá de color gris y su ayudante me trajo una cara botella de vino y dos copas. No tenía gusto por el vino, pero lo bebí por educación. Algunas marcas caras de champán eran agradables, sobre todo las que tenían un porcentaje de alcohol elevado. Crucé las piernas y observé a Sakura, de pie sobre el pedestal, con el pelo rosáceo cayéndole sobre un hombro y el cuerpo desplomado por la falta de confianza. Era impropio de ella tener aquel aspecto, pero en aquel momento un desconocido se estaba dedicando a juzgarla en silencio.
Tras cinco minutos sin decir palabra, Jacques por fin dio una palmada.
―Lo tengo. ―Desapareció en la trastienda donde se guardaban todos los vestidos. No sabía mucho de moda, pero sí que sabía que cada vestido era prácticamente una pieza única. Sólo los confeccionaban de las tallas treinta y cuatro a la cuarenta e, incluso entonces, había muy pocos. De no hacerlo así todos los ricos acabarían llevando exactamente lo mismo.
Sakura se miró en el espejo con una expresión ilegible en el rostro. Tenía los ojos muertos y los hombros caídos. Seguía sin querer asistir a la cena conmigo, pero había dejado de discutir.
Jacques regresó.
―Aquí tiene. ―Sostenía un vestido de noche con escote de corazón compuesto de una mezcla de tela morada y rosa. Conjuntaba bien y tenía un ligero brillo que no destacaba demasiado. Normalmente sólo prestaba atención al tipo de trajes de chaqueta que prefería, pero sabía que aquel vestido era extraordinario―. Póngaselo en el probador y enséñenoslo.
Sakura lo cogió por la percha, examinando la tela con los ojos como si la estudiase con verdadero interés. Entró en el probador y echó la cortina.
Jacques se me acercó, vestido con pantalones y camiseta negros. Para ser un experto en moda, siempre que lo veía llevaba el mismo conjunto anodino. No expresaba presencia alguna.
―Qué chica tan preciosa.
Al ser gay, su comentario no me molestó.
―Lo sé.
―Tiene las mejillas perfectas, los ojos perfectos... esa figura de reloj de arena sería perfecta para una pasarela. El vestido es un poco revelador para una ocasión elegante, pero sé que le quedará magnífico. En cuanto se lo ponga, caerá enamorada.
Sakura siempre me había dado la impresión de ser la clase de mujer que prefería ir con pantalones y camiseta. No parecían importarle ni mis coches caros ni mis propiedades; sus gustos eran muy singulares, como las flores frescas en un jarrón o el sol atravesando las nubes en un frío día invernal. No quería cosas materiales, sólo necesitaba algo con significado.
―Eso espero. No quiere asistir a la fiesta conmigo.
―Quizá el vestido la ayude a cambiar de opinión.
Sakura salió del probador un momento después y se subió a la plataforma circular que había en el centro de la sala. El vestido era del largo perfecto para ella, y se pegaba a su cuerpo tal y como Jacques había predicho.
Éste dio varias palmadas mientras se le acercaba por la espalda.
―Sabía que sería magnifiqué. ―Pasó los dedos por el costado―. El color es perfecto para su tono de piel, y sus hombros son ideales para el vestido. ―La rodeó mientras ahuecaba la tela del vestido, dándole aspecto de una modelo a punto de ser fotografiada. Subió con ella a la plataforma y le recogió el pelo rápidamente en una trenza adorable antes de sujetársela a la cabeza―. Pero tendrá que recogerse el pelo. Tiene una clavícula bonita, el cuello esbelto, el tamaño de busto perfecto... –Dio un paso atrás y la admiró―. Señor Uchiha, tiene que comprarle el vestido a la señorita. Insisto.
Reí entre dientes.
―Qué buen vendedor eres.
―Este vestido se hizo para ella. ―La rodeó―. Mírela.
Sabía que estaría preciosa, pero sin duda cortaba la respiración. Me dieron ganas de arrancárselo y follármela igual que lo había hecho la noche antes; con sudor y pasión. Sería el centro de atención de toda la apertura. La gente olvidaría por qué estaban allí nada más mirarla.
―¿Qué te parece, monada?
Sakura se miró en el espejo y se pasó la mano por la parte delantera.
–Es precioso.
―Pues queda decidido. ―Jacques dio una palmada―. Quíteselo y se lo envolveré. Ha hecho una buena compra, señor Uchiha. Acababa de rebajarse a diez mil euros.
Sakura se giró a mirarlo bruscamente.
―¿Es un vestido de diez mil dólares?
Por primera vez, Jacques pareció ofenderse.
―Es un Valentino, mujer. Vale cada céntimo.
Sakura cerró la boca, sabiendo que si decía algo más empeoraría el humor de Jacques. Bajó de la plataforma y regresó al vestidor para quitárselo. Jacques seguía alterado por el comentario.
―Algunos no entienden de calidad.
Sentí la necesidad de defenderla a pesar de no tener que hacerlo.
–Proviene de orígenes humildes. No te preocupes por eso.
―Bueno, creo que ya es hora de olvidarse de la humildad. Si está con usted, es una mujer muy rica.
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SAKURA y yo íbamos sentados en la parte de atrás del coche mientras Kabuto nos llevaba de vuelta a la casa. Sakura estaba callada; no tenía nada que decir tras su comentario en el estudio. Desde que le había dicho que sería mi acompañante para la noche de la inauguración, se había cerrado como una almeja.
No me importaba.
Pulsé el botón del techo y cerré el divisor entre Kabuto y nosotros.
Sakura se tensó, posiblemente sabiendo ya lo que estaba por venir.
–El vestido te quedaba como un guante. Espero que te guste.
Tenía las piernas cruzadas y estaba pegada a la ventanilla, como si intentase escapar de mí.
―Es precioso. Nunca creí que algo tan caro fuera a acabar sobre mi cuerpo.
―Yo he estado sobre tu cuerpo muchas veces ―dije con una sonrisa.
No dejó de mirar por la ventana.
―Me encanta, pero no me gusta el precio. Me parece excesivo.
―Lo que pagas es lo que obtienes.
―Ese vestido no puede haber costado más de unos cientos de dólares en su fabricación.
―Pero no se trata de eso; su valor va más allá de la tela. Te acostumbrarás a las cosas más selectas de la vida. Dale tiempo.
―No estoy muy segura...
No me gustaba aquella versión de ella, derrotada y apagada. Quería las agallas, la actitud que no dejaba pasar ni una tontería. Me gustaba la guerrera, no la conquistada.
―Espero que no estés considerando todavía lo de Bones.
―Ya no... en su mayoría.
Ahora sí que me había picado la curiosidad. Sus sentimientos no deberían importarme; sus emociones no eran mi problema. Sakura estaba allí para servirme, para hacer lo que yo le pidiese sin preguntas. Sus pensamientos y opiniones no importaban.
Pero me importaban de todas formas.
―¿En qué piensas?
Observó pasar los campos de cultivo antes de contestar.
―Si estuviese en casa ahora mismo, estaría estudiando para un examen o haciendo las rondas nocturnas en el hospital. No estaría saliendo con amigos ni pasándomelo bien; mi vida estaría centrada en el trabajo. Sería una vida anodina y aburrida, pero sería mía. Ahora estoy en Italia, comprando un vestido de noche carísimo y viviendo en una mansión. Soy tu prisionera sencillamente por estar emparentada con tu enemigo. Mi persona favorita del mundo entero es tu mayordomo. Todo ha cambiado tanto... que no sé qué sentir.
No debería tener lástima de ella; su tristeza no era asunto mío. Pero sí que me daba lástima, y mucha.
―Sabes que no puedo dejarte ir jamás, monada. Sé que es difícil para ti, pero es más sencillo aceptar sin más tu destino y no pensar en el pasado.
Negó con la cabeza.
―Lo peor es que eres el único amigo que tengo. ¿Es raro pensar en ti de ese modo?
Yo la consideraba del mismo modo.
―Para nada.
―¿Es raro tener sexo contigo y que me guste?
―A mí también me gusta. ―Mi miembro se endureció en los pantalones al oír su confesión. No había nada tan sexy como complacer a una mujer que quería ser complacida. Muchas veces Sakura me follaba más duro de lo que yo la follaba a ella.
―¿Y lo es que me sienta a salvo contigo?
―Deberías sentirte segura conmigo. ―Jamás dejaría que le pasase nada a menos que yo quisiera que ocurriera. La única persona que acabaría con su vida sería yo. No necesitaba mirar con miedo por encima del hombro.
―¿Y qué tal que me sienta realmente agradecida de que no matases a Deidara en cuanto te traicionó?
―Así es como deberías sentirte ―susurré―. He sido misericordioso.
Sakura apoyó el codo en el marco de la ventanilla y se sostuvo la barbilla con la punta de los dedos.
―Añoro mi antigua vida, pero agradezco que me capturases. Hay cosas peores que vivir contigo... como ser prisionera de Bones. Y mi hermano puede seguir siendo un hombre libre. Si me hubiesen ofrecido este trato, lo habría acertado sin pensar.
¿Tenía aquello algo que ver conmigo personalmente?
―Eres leal. Es algo difícil de encontrar hoy en día.
―Somos familia ―susurró ella―. Ahora que he conocido a personas como a Kabuto y a Bones, sé que hay hombres crueles de verdad ahí fuera. Tú no eres uno de ellos.
Aquello me ofendió.
―Soy cruel, monada.
―Nunca me has puesto la mano encima.
―Te he abofeteado algunas veces. ―Y me había gustado.
―Porque te estaba replicando o intentando huir. No me has dado ningún puñetazo en la cara con todas tus fuerzas como hizo Bones. Me alimentas, me vistes y no me pones cadenas en torno al cuello. Podría ser mucho peor, sólo digo eso.
―Eres una persona muy optimista. ―Si yo fuera ella y no tuviese modo de escapar, ya me habría suicidado.
Se encogió de hombros.
―O te gusto de verdad.
Puso los ojos en blanco.
―Ya quisieras.
La cogí con cariño de la mano y tiré de ella hasta que estuvo pegada a mí, esperando que se recostase sobre mi duro pecho en lugar de contra la ventanilla.
―Sé que te gusto.
―Te tolero; es muy diferente.
―No me lo trago.
―Pues deberías.
Le cogí la barbilla y giré su rostro hacia el mío. Sus labios carnosos parecían más que apetitosos, cubiertos con una ligera capa de humedad por su saliva. Entrecerró los ojos, preparándose para el beso antes de que yo siquiera me inclinase hacia ella. Sentí el escalofrío que la atravesó, o quizás sólo lo imaginé al sentir yo uno igual. Me acerqué a ella y le besé los labios, no sorprendiéndome cuando me devolvió el gesto. Sakura siempre me respondía con la misma pasión. Besaba de maravilla, era una pareja perfecta. Le metí la lengua en la boca y me encontré con la suya antes de empezaran a bailar. No me besaba tan bien porque me odiase, me besaba así porque disfrutaba de mí tanto como yo de ella. Me aparté una vez hube demostrado mi opinión.
―Como ya he dicho: no me lo trago.
