¡Hola queridos lectores!

Sé que es tarde, me he demorado mas de lo que esperaba revisando este cap, pero mejor tarde que nunca. Muchas gracias a todos por sus reviews!, a Sele17, Darkness1617, Candy01234, Aida Koizumi, Paty y ELF-CLOUD. Si he olvidado mencionar a alguien lo siento :c, pero fanfiction esta con problemas y me muestra aquí sólo algunos de los reviews, aunque los he recibido todos por correo asi que créanme que los he leído uwu.

Ahora que estoy a unos caps de terminar este fic me he dado cuenta de que los lectores y sus comentarios son parte MUY importante de la motivación para seguir escribiendo. Tenía la mala costumbre de ser lectora fantasma y con esta experiencia he aprendido que no lo seré nunca más sjdfnds asi que gracias de corazón, todos han sido un sol y el que les agrade mi historia me ha alegrado bastante la vida en este año 2020 lleno de coronavirus.

Sin mas relleno los dejo leer :3


'

Capítulo 39.- Proteger lo mas preciado

(Perspectiva de Inuyasha)

Miroku cerró la puerta y se acercó a mí, por primera vez en todos los años que llevaba viviendo allí el ascensor se demoró una eternidad.

– ¿Quieres que llame a la policía? – preguntó al llegar a mi lado.

– No sé si sea realmente una buena idea incluir humanos en problemas de youkais. – musité mientras apretaba el botón del ascensor otra vez, esperando que lo hiciera llegar más rápido al piso 20.

– Será más fácil encontrarla si toda la ciudad la está buscando, de seguro pondrán una alerta por persona extraviada. – Bien, en eso tenía razón, ya veríamos como los sacábamos del mapa después. Le asentí a modo de aprobación y el comenzó a marcar en su celular. – Buenas, quiero reportar una persona extraviada, su nombre es Kagome Higurashi, de contextura delgada, mide poco menos de 1.70, cabello castaño rojizo ondulado, ojos cafés. Hmm no sé. – Miroku me miró para hablar mientras tapaba el micrófono del aparato - ¿alguna característica distintiva de Kag?

– Sus pecas en el rostro y la marca youkai en su cuello al lado izquierdo.

– Tiene una marca de nacimiento violeta en el lado izquierdo de su cuello, y pecas que cubren parte de su rostro… Además está embarazada, aunque su abdomen no esta tan abultado aún. Bien, estaré atento, gracias.

Bajamos al primer piso en el ascensor y el conserje volvía a estar en la recepción, él podría tener algún tipo de información.

– Buenas tardes, mi novia, Kagome, ¿la ha visto salir hoy?

– Si, la vi salir con una mujer hace unos treinta minutos, pensé que era su hermana. – Okey, esa era descripción suficiente para identificar a Kikyo.

– La hermana, ¿pasó por recepción antes de subir? ¿Qué le dijo?

– No lo recuerdo…

Bueno, probablemente Kikyo lo había manipulado para dejarle pasar.

– ¿Vio en qué dirección se fueron?

– No señor, lo siento, de todas formas tengo las grabaciones de las cámaras de seguridad, por si quiere revisarlas.

– Por favor. – musité.

La grabación mostraba exactamente hace 36 minutos a Kikyo, pasando un brazo por encima de los hombros de Kag, fingiendo sonrisas mientras la sacaba del edificio. El rostro de Kag denotaba pánico incluso en la mala calidad del video y eso me hizo sentir mal, debía estar tan aterrada en estos momentos. De todo aquello logré sacar información importante: Kikyo había llegado en un auto gris y por fortuna, su poca inteligencia la había llevado a estacionar justo en el frente del edificio y la cámara enfocaba la patente a una distancia suficiente para leerla. Se la indiqué a Miroku quien captó el mensaje de inmediato, llamando a la policía para entregar nueva información.

Cuando estuvimos ya arriba de mi auto intenté concentrarme todo lo que pude.

Kagome, si puedes escuchar esto, estoy buscándote, necesito que me des alguna pista de dónde estás. – Esperé unos segundos… nada pasó.

– Deberías llamar a tu padre, él tiene mas influencias que toda la policía de japón junta. – Bien, tenía un punto.

Marqué el número de mi padre y sólo en ese instante pude notar como mis manos temblaban por la ansiedad.

– ¿Inuyasha? – sonó su voz fuerte y clara en el altavoz – ¿Cómo están tú y Kag?

– Te llamo exactamente por Kag, ella está desaparecida.

– Cómo que desaparecida, ¿Dónde estabas tú?

– En el trabajo, acabo de comprobar por las cámaras del edificio que Kikyo estuvo aquí y se la llevó, he llamado a la policía y he entregado la patente, pero creo que tu puedes ayudarme mucho más. – Escuché a mi padre suspirar estresado del otro lado antes de volver a hablar.

– Dame la patente, mientras consigo información viajaré ahora mismo para allá.

Corté luego de darle los datos y me quedé ahí con las manos agarradas con fuerza al volante sin saber a donde dirigirme ahora. Aki ladró en el asiento trasero.

– Podemos ir a casa de Sango mientras esperamos por información.

– No puedo quedarme sentado sin hacer nada… le prometí que la cuidaría, que no la dejaría sola, debe estar asustada y yo no estoy con ella.

– Kagome es una chica inteligente, y esta vez tiene la ventaja de que ya conoce a Kikyo, de seguro ha aprendido con la vez anterior a no subestimarla.

– Cuando Kikyo se dé cuenta de que está embarazada intentará dañarla para quitarme todo. – lo miré y por primera vez mis ojos se llenaron de lágrimas – Debí matarla cuando tuve la oportunidad.

– Hey, deja de martirizarte, ¿Qué motivaciones reales tiene tu ex para hacerle daño?

– No las tenía antes y lo hizo de todas formas. Kikyo no necesita motivaciones, la ultima vez apareció e hizo daño porque si, ni siquiera estoy seguro de si realmente me ame aún, esta obsesionada con algo que perdió y no pudo obtener de vuelta y ella ve a Kag como el obstáculo que había podido eliminar y que ahora volvió a aparecer.

– Kagome es mucho más fuerte de lo que era para ese entonces y creo que puede protegerse hasta que estemos con ella.

En eso tenía razón, Kag no era la misma youkai novata de hace tres años, no actuaría de forma precipitada ante el peligro. Además, si bien Kikyo era más fuerte, la fuerza de Kag había aumentado con creces. Encendí el motor para conducir en dirección a casa de Sango, poniendo toda mi confianza en lo inteligente que era mi chica.


'

(Perspectiva de Kagome)

Kagome, si puedes escuchar esto, estoy buscándote, necesito que me des alguna pista de dónde estás. – La voz de Inuyasha resonó en mi mente y de pronto ya no pude prestarle mas atención a la figura femenina sentada a mi lado.

Kikyo llevaba hablando varios minutos, completamente enajenada en su tema. Intenté concentrarme en algo característico del lugar a mi alrededor, no pude distinguir nada, parecía un galpón o alguna fábrica abandonada y el olor de la madera recién cortada me mareaba. Intenté concentrarme en darle esos datos, pero era tan nueva con ello que no pude sentir conexión con él. Apreté mis puños frustrada y sentí mis garras perforar mi piel.

– ¿me estás escuchando? – preguntó Kikyo y yo asentí con una sonrisa. Había aprendido hace años que ella era más fuerte de lo que parecía. Me abracé a mí misma intentando cubrir mi pequeña pancita todo lo que pude.

– Si, disculpa, ¿Cómo hiciste para entrar al edificio?

– Manipular humanos como el conserje es bastante sencillo. – tenía sentido… - Bien, continuemos con la historia… ¿Dónde quedé?

– En la gala de hace casi cuatro años.

– ¡Cierto! – me sonrió a modo de agradecimiento – Entonces, cuando abandonamos el lugar, Inuyasha y yo fuimos a mi habitación de hotel, en ese momento se acostó conmigo, supongo que lo mencionó después y por eso te fuiste.

– Si, terminamos por eso. – ella me sonrió, completamente orgullosa de su victoria en aquel entonces.

– Exacto y cuando te vi mudarte a Osaka… – me petrifiqué, ella sabía demasiado de mi – …Me relajé bastante, después de todo Inuyasha no fue por ti y eso me dio esperanzas… si no te buscaba como me había buscado a mi cuando lo dejé, quizás significaba que no te amaba tanto realmente.

– No entiendo… tú lo dejaste la primera vez, ¿no te diste cuenta de lo mucho que lo amabas en ese instante?

– Por supuesto que si… pero el miedo fue más grande… Nunca pude perdonarme por ser tan idiota como para dejarlo ir, él me ofreció el mundo y yo no supe valorarlo en su momento. Mientras estuve lejos permanecí relajada, pensando que no importaba cuanto tiempo estuviera lejos, él esperaría por mí hasta que volviera a su vida. Sin embargo, tú, Kagome, arruinaste todo eso cuando apareciste, ¿no podías simplemente ignorarlo?

– Já créeme, a veces pienso que mi vida quizás habría sido mas simple si hubiera decidido ignorarlo en aquella fiesta, pero él no me dejó hacerlo.

– Bueno, comprendo, Inuyasha es un hombre difícil de ignorar. Podría apostar que lo primero que te llamó la atención fueron sus ojos.

'

*flashback*

Mayo, 2014.

Luego de sonreír a Sango por primera vez, sentí un escalofrío en mi espalda, como si alguien hubiera estado observándome directamente. Apenas volteé me encontré con un par de ojos dorados que me miraban con fastidio, ¿era porque le había dado la espalda o porque le molestaba mi presencia ahí? ¡Ni siquiera lo conocía!

Soy Kagome, un gusto tú debes ser...

Inuyasha Taisho, un placer. – Extendió su mano hacia mí y pude notar como sus venas se marcaban bajo la piel sobre el dorso de esta, tuve miedo por un instante cuando noté que mi mano era diminuta comparada con la de él, pero la estreché de todas formas. Fue un apretón fuerte pero delicado, como si él supiera que podría haber quebrado mis huesos si así lo hubiera querido. Me extrañó lo formal de su saludo, los otros dos me habían saludado de beso en la mejilla y me encontré a mí misma deseando también un beso de él sobre mi piel.

-0-

Hola, ¿no es más divertido cuando bailas con alguien? – Él susurró en mi oído, con una voz que sonaba melódica incluso con todo el ruido a mi alrededor.

Hola... ¿Taisho cierto? - Exclamé sonriendo.

Puedes decirme Inuyasha, después de todo... la amiga de mi amigo es mi amiga ¿no?

S-si, entonces... Supongo que ahora que hemos dejado en claro aquello, ¿podemos bailar? – Exclamé segura, ¿de dónde había sacado la confianza?

Eso depende. ¿Me aseguras un buen rato?, tienes que seguirme el ritmo sabes, a veces es un poco difícil. – una sonrisa torcida y enigmática dejó a la vista uno de sus colmillos.

*Fin flashback*

'

– De todas formas lo tuviste a tus pies, buscándote durante un año. Yo lo conocí mucho después.

– Era una chica inmadura, no quería casarme, no aún.

– Era más fácil decirle que no.

– No estás en posición de reprenderme. – Su voz sonó molesta mientras sus ojos cambiaban a anaranjados y guardé silencio, de pronto había olvidado con quien estaba hablando. – Deja de interrumpirme, estoy a mitad de mi historia. – Me sonrió y un escalofrío me recorrió. Kikyo tenía una obsesión completamente patológica por Inuyasha y ella me odiaba por eso, porque según ella yo se lo había quitado. – El tiempo pasó e Inuyasha se deprimió bastante con tu perdida, fue en ese momento, cuando lo encontré más vulnerable que manipulé a Mika, para que se postulara como secretaria en el nuevo puesto ofrecido por las empresas Taisho, de ese modo podía mantener a Inu vigilado, Mika sería su secretaria personal.

– ¿Mika trabaja para ti? – Ahora entendía por qué había sentido tanta desconfianza con aquella chica de pelo rojizo.

– No conscientemente, ella no tiene idea de mi existencia, sin embargo la he manipulado a mi antojo y le he hecho olvidar quien soy cada vez.

– ¿Desde hace tanto tiempo?

– Sip.

– Tú has hecho que olvidara mis ordenes de mantenerse lejos de Inuyasha… Ella asintió.

– Si bien no estaba en los planes, Mika se enamoró de Inu también, era bastante predecible que sucedería; asi que de todas formas, decidí utilizar eso a mi favor, Mika es una chica bastante exótica y llamativa en apariencia, pensé que se le haría fácil meterse en la cama de Inuyasha y ganar su confianza, ¡pero él la rechazo durante dos años! Dos años en que Mika se servía en bandeja de plata ante él. Supongo que terminó cediendo cuando comenzó a superarte.

– ¿Dónde está Mika ahora? – de pronto me preocupó su bienestar.

– Escondida, estoy segura de que cuando Inuyasha note que no estás en el departamento llamará a la policía y la primera a la que buscarán será a ella.

– No le hagas daño.

– No tengo intenciones de hacerlo – exclamó. – Bien, ¿puedes dejar de interrumpirme?, gracias. Y ahora llegamos al peor momento: cuando volviste a aparecer. – exclamó con cara de asco. – Pensé que Mika podría mantenerte lejos, pero de pronto Inuyasha ya no pudo verla y tenía ojos sólo para ti.

– ¿Te enteraste de todo?

– La manipulé todas las noches para que me mantuviera informada. Yo planeaba volver a conquistarlo, había decidido dejar pasar el tiempo para que él olvidara su rencor hacia mí.

– Idiota, si lo amabas no debiste dejarlo en primer lugar. – exclamé con rabia, ¿de qué iba todo esto de hacerse la víctima cuando era ella la que lo había hecho sufrir?

Me miró fijo por unos segundos y luego me abofeteó en la mejilla. Mi rostro giró por la fuerza y sentí la rabia acumularse en mi interior y mis ojos arder, apreté mis puños con todas mis fuerzas intentado controlar mis ganas de abalanzarme contra ella.

– Controla tus dichos, hoy no tengo paciencia suficiente para soportarte. Unos meses después de mi encuentro contigo, descubrí que estaba embarazada, y ese niño no podía ser de otro más que de Inu. – mis latidos hicieron eco en mi cabeza.– Desde ese momento comencé a cuidarme, pero no sirvió de nada… tuve un aborto espontáneo al cuarto mes y sentí como mi mundo se desmoronaba.

Okey, probablemente esa era la causa de su obsesión.

– Lo siento mucho, debe haber sido horrible. – musité con empatía real, no me imaginaba lo doloroso que sería para mi ahora perder a mi bebé.

– No lo sientas. – se puso de pie y me miró con odio – Detesto que seas tan empática, tu deberías odiarme tanto como yo te odio, tú tienes la culpa de todo. Volviste a aparecer cuando creí que me había deshecho de ti y ahora estás esperando un hijo de Inuyasha y tienes todo lo que yo alguna vez deseé.

Mi corazón se estrujó y el pánico me hizo temblar. Por supuesto que ella lo sabía, si Mika lo sabía Kikyo también.

– No… he dicho eso a Inu para mantenerlo a mi lado. – intenté mentir con cero éxito mientras me esforzaba en hundir mi pancita lo más que podía debajo de mi camiseta holgada.

– Mentirosa, te he vigilado de cerca, Inuyasha te ha mantenido encerrada, en su intento de protegerte de algo que no sabía que estaba ahí acechando, pero podía presentirlo de forma innata.

– Inuyasha aún te ama, él… él aún te nombra en sueños de vez en cuando, eso me hiere, pero sé que nunca podrá olvidarte, eres importante para él… mucho más importante de lo que soy yo. – Sus ojos me miraron con ilusión por unos instantes y supe que por al menos una vez en la vida mi mentira había sonado creíble.

– ¿De verdad me nombra?

– Si… incluso puedo notar que cuando me mira no me ve a mi… te ve a ti en nuestro parecido.

– Tú no te pareces en nada a mí. – su tono cambió a uno enojado y me asusté.

– Si… tienes razón. Quizás… quizás si lo llamas y le dices que estoy aquí él venga y puedas conversar con él, intentar arreglar las cosas, yo prometo que no volveré a entrometerme. – La ví mirarme con atención mientras sólo pestañeaba una vez, luego su risa hizo eco en el lugar.

– Si que eres tonta, ¿De verdad crees que voy a ser tan estúpida como para llamarlo aquí? Ya me amenazó una vez con que si me atrevía a tocar un solo pelo de tu cabello una vez más él me mataría…

– ¿Entonces por que me has traído aquí?

– Mi plan es hacerte desaparecer. – tocó mi mejilla con delicadeza mientras decía la frase como cualquier otra.

– Inuyasha no va a perdonarte nunca si haces eso, ¿Qué no lo ves? Sólo empeorarás la distancia entre tú y él.

– Inuyasha puede no amarme ahora, pero las posibilidades mejoran para mi si me deshago de ti, él no tiene por qué enterarse de que yo estoy detrás de todo esto, tu podrías simplemente haber huido, tal como lo hice yo una vez…

– Él sabrá que fuiste tú, él sabe que yo no me iría de su lado.

– Estuve cerca cuando fuiste por tu segundo control de embarazo. – exclamó ignorándome mientras se ponía de pie – ¿pudiste sentir los latidos de su corazón?

Intenté buscar con mi mirada periférica la salida de ese lugar, si me concentraba en correr rápido quizás alcanzaba a escapar. La puerta del galpón era metálica y podía apostar a que pesaba bastante incluso para mí.

– Si… si pude oírlos. – Ya no tenía sentido intentar mentirle, sólo la haría enojar aún más y a estas alturas no sabía que esperar de sus reacciones. Intenté concentrarme otra vez en decir solo palabras sueltas, estaba contra el tiempo. Galpón, abandonado, olor a madera.

Esta vez sentí la conexión y medité la opción de quedarme allí o intentar escapar. Quizás podía intentar extender nuestra conversación.

– ¿Estuviste en Tokio todo este tiempo entonces? – pregunté intentando rellenar.

– Por supuesto, pero a una distancia prudente, asi él no podría notar mi presencia.

– ¿Y cómo te enteraste de que me fui a Osaka?

– Conozco mucha gente, no necesito moverme de donde estoy para conseguir información. – Exclamó mirándose las garras – Suficiente charla, voy a acabar con esto rápido…

– Espera, una sola pregunta más.

– Agh, que molesta eres, ¿Cómo te soporta? – preguntó haciendo alusión a Inuyasha. – Rápido, pregunta.

– ¿De verdad dejaste a Inuyasha hace casi siete años sólo por miedo? ¿No había otra razón? Él no te creyó la última vez que hablaron y la verdad a mi también me cuesta creerlo. Cuando estás enamorada nada puede aterrarte tanto como para alejarte de esa persona. - musité.

– Tú también lo hiciste, ¿no? También huiste de él hace años.

– Es distinto, yo... él había traicionado mi confianza...

– Si de verdad lo hubieras amado eso no habría importado.

– Sigue importando, el amor propio me hizo alejarme, en ese momento no podía perdonarlo, quedarme con él era ser hipócrita.

– Hmm... Bueno, como vas a morir de todas formas, da igual si te lo digo, yo había conocido a alguien más, unos meses antes de su propuesta de matrimonio.

– ¿Estuviste engañándolo? – Pregunté con rabia, eso la hacía menos digna de venir a reclamar ahora como si fuera suyo.

– Sólo algunos meses... Inuyasha y yo estábamos pasando por un mal momento, él estaba trabajando mucho y casi no pasaba tiempo en casa, yo me sentía sola...

– ¿Cómo ocultaste el olor del otro sujeto del olfato de Inu? – Él debería haberlo detectado de inmediato.

– Comencé a usar mucho perfume, perfume que opacaba cualquier aroma sobre mi cuerpo.

La vi sentarse frente a mi, tuve ganas de ahorcarla, de golpearla, Inuyasha la había amado con todo su corazón y al mismo tiempo había tenido que cumplir con sus obligaciones, sacar adelante la empresa de su padre no debe haber sido sencillo los primeros años. Kikyo sólo había pensado en ella y había traicionado su confianza.

Crispé mis manos y suspiré profundo para controlarme, ese ajuste de cuentas no me correspondía a mi. Lo importante de todo esto es que al parecer mi pregunta la había motivado a hablar durante más tiempo, no sabía cuanto, pero le daba a Inu más chances de llegar hasta aquí.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Mi padre había llegado a casa de Sango rápidamente luego de que le había enviado la dirección. Habíamos estado esperando por algún llamado de la policía, sin embargo aún no conseguíamos información. Su teléfono sonó unos minutos después y al cortar su frase me dio esperanzas.

– Según mis contactos el auto con la patente que me indicaste está frente a un galpón abandonado a unos 40 minutos de aquí, 20 si aceleras a todo lo que te permita tu automóvil.

Me puse de pie de inmediato, era demasiado tiempo, Kikyo podía destruir todo lo que amaba en menos de cinco.

– ¿Puedo dejarlos cuidando a Aki mientras yo voy? – pregunté mirando a Sango y a Miroku.

– Ni de broma, yo voy contigo. – Miroku se puso de pie y besó la frente de Sango – Volveremos pronto.

– Jódete, yo también voy. – Exclamó Sango segura – No puedes dejarme aquí mientras mi mejor amiga está en peligro, si Kikyo se ha atrevido a tocarle un solo pelo me encargaré de matarla yo misma.

– No, tu no vas. – La cara de sorpresa de Sango me dio a entender que ese tono dominante acompañado por un semblante serio en Miroku no era habitual para ella.

– Tu no me dices que hacer. – Agh, en definitiva éste no era el mejor momento para peleas maritales, sólo estaba retrasándome.

Galpón, abandonado, olor a madera. Mi mente repitió esas palabras un par de veces más y reafirmó la información de mi padre. Pude respirar un poco más tranquilo, si gatita había podido enviar ese mensaje y concentrarse lo suficiente significaba que aún estaba con vida.

– Sango, escúchame – exclamé tomando su rostro para que me mirara fijo – En esta ocasión Miroku tiene razón, Kikyo es peligrosa, sé que tu fuerza probablemente supere la suya, pero estoy seguro de que tiene sus estrategias que de todas formas te pondrán en desventaja. No quiero ser el responsable del sufrimiento de mi mejor amigo si es que algo llega a pasarte y no podemos reaccionar a tiempo. Con Kag en peligro es suficiente. – Vi como sus ojos se tornaban vidriosos, la frustración emanaba de su cuerpo.

– Tienes que salvarla, no puedes fallar en esto. – exclamó mientras se aguantaba las ganas de llorar.

– No tengo otra opción y créeme cuando te prometo esto: Si Kagome llega a salir lastimada, me encargaré de que Kikyo pague por ello.

Sango asintió y se alejó de mi para sentarse en el sofá con Aki. Mi padre, Miroku y yo nos subimos en el auto y aceleramos al lugar.


'

(Perspectiva de Kagome)

– El tipo era encantador... – Continuó – Pero era youkai y él que yo fuera humana constituía un obstáculo.

– ¿Él no podía transformarte?

– No, supongo que ya te enteraste de esto de que los youkais tienen sólo una oportunidad de transformar un humano, ya sabes, por esas cosas del amor verdadero y blabla. – Asentí, yo lo sabía, Inuyasha me había explicado de ello y él había usado esa oportunidad con ella. – Este sujeto ya lo había utilizado con alguien más...

– ¿Y no encontraste mejor opción que hacer que Inuyasha te convirtiera, para luego huir con este sujeto?

– Lo haces sonar pésimo... – exclamó.

– PORQUE ES PÉSIMO, JUGASTE CON SUS SENTIMIENTOS, LOS DESHECHASTE COMO SI FUERA UN JODIDO TRAPO SUCIO. – Sentí mis ojos arder y en ese instante supe que ya no podría controlar mi rabia.

– Vaya... si que te ha hecho enojar, ¿por qué te lo tomas tan a pecho?

– Porque él te amaba, de verdad te amaba, pasó meses buscándote, mientras tu estabas revolcándote con alguien más. – Me sentí empática porque yo había pasado por lo mismo con Hojo, al final... nuestro error había sido confiar y amar demasiado a la persona incorrecta, Inuyasha no lo había merecido. – ¿Qué ha pasado que decidiste volver por él? ¿Él otro sujeto se deshizo de ti de la misma manera? – Pregunté, con la intención de hacerle daño.

– Cállate. – exclamó. – Suficiente charla, terminaré con esto rápido. Querida Kagome, yo misma me encargaré de que no vuelvas a escuchar más latidos de ese bebé.

La vi ponerse de pie mientras metía su mano en uno de sus bolsillos y extrajo de él una daga que brillaba poco en la oscuridad del lugar, pero podía apostar a que era de plata.

– Espera, no… este bebé no tiene la culpa de mis malas decisiones, o de las decisiones de Inuyasha, tampoco es responsable por la muerte del tuyo.

– No me importa, si Inuyasha no quiere estar conmigo me encargaré de hacerle añicos su felicidad, es asi de simple. – Algo había cambiado en su mirada desde la última vez que me había enfrentado a ella. Sus rasgos de sociópata eran más marcados, y me miraba sin realmente enfocarme. El aborto se había llevado consigo lo poco de cordura que le quedaba.

– Por favor Kikyo, esta no es la manera de solucionar las cosas, si quieres que no esté con Inuyasha puedo aceptarlo, puedo irme lejos y no volver a molestar.

– Seguirías cargando su hijo en tu vientre de todas formas, ese es el problema, ¿es que acaso no lo entiendes?

La vi abalanzarse sobre mi en cámara lenta y mi respuesta innata fue usar mis garras, que por suerte habían vuelto a crecer. Moví mi mano hacia el frente intentando dañarla y para mi sorpresa lo logré. Cinco cortes profundos recorrían su rostro desde la frente al mentón, y uno de sus ojos parecía haber recibido daño suficiente como para no dejarle ver por él. Su grito enojado fue la señal para que escapara de ahí. Intenté correr lo más rápido que pude y para cuando llegué a la puerta metálica gigante me empeñé en tirarla hacia atrás con esfuerzo.

Kikyo me alcanzó sin mayores problemas y agarró mi cabello por detrás, lanzándome al suelo con toda su fuerza. Mi espalda chocó contra el concreto del piso y sentí un crack, asumí que provenía de una de mis costillas cuando inspirar se me hizo doloroso, okey, en definitiva la había hecho enojar.

Se puso a horcajadas sobre mi y movió la daga con rapidez hacia mi abdomen, en reflejó usé mi brazo como escudo, intentando proteger lo único que me importaba. El dolor de la plata cortando la piel de mi antebrazo asemejaba al ácido derritiendo todo a su paso, grité sin poder evitarlo y la sangre comenzó a escurrir oscura y espesa, ese corte no iba a cerrar, estaba segura de ello; pero no importaba, no era mi vida la única que estaba en juego.

Forcejeé con ella, sin embargo no sirvió de nada, llevó sus garras a mi marca youkai y las enterró con toda la intención de provocar el mayor daño posible. Nunca pensé que en mi vida pudiera llegar a sentir un dolor tan grande, capaz de arrebatarme el conocimiento de a poco. Usó la daga para provocar más daño en el lugar y mi instinto me hizo comprender que si no hacía algo ahora todo estaría perdido.

Mis ojos ardieron y algo similar a un gruñido abandonó mi garganta. Llevé mi mano sana a la suya, intentando evitar que usara la bendita daga una vez más. Me agarré como pude a la piel de su brazo con mis colmillos, desgarrando todo lo que estuviera a mi paso, el sabor de su sangre no se me hizo agradable. Ella se puso de pie intentando alejarse de mi mordida, al menos su brazo derecho colgaba en una posición que me hacía suponer que por ahora era inservible, y la daga estaba en el suelo a una distancia considerable, genial. Me levanté lo más rápido que pude e intenté alcanzar la pequeña arma que ella acababa de soltar.

– ¡Maldita zorra!, ¡Mira mi brazo! – gritó y su voz aguda hizo eco en el lugar.

Mi visión comenzó a hacerse más borrosa por la pérdida de sangre. Quise darme por vencida, quise rendirme y dejar que hiciera conmigo lo que quisiera, de pronto estaba tan cansada... El jadeo de mi respiración entrecortada hizo arder mi garganta. Tenía una sola oportunidad. Ambas nos lanzamos a toda rapidez para alcanzarla y por un momento pude sentirla entre mis dedos, hasta que ella la quitó.

La puerta metálica hizo ruido al moverse y la distrajo lo suficiente como para permitirme alejarme otra vez de ella, en mi estupidez corrí hacia el otro extremo, pensando que quizás algo peor entraría por ella. Ese fue el último movimiento que mi cuerpo me dejó hacer, la pérdida de sangre era tal que sentí todo mi cuerpo entumecido justo cuando el sol me chocó de frente a través de la puerta que acababa de abrirse y caí de rodillas contra el frío suelo.

– ¡KIKYO! – Una silueta masculina ensombrecida por estar a contraluz apareció y su voz me confirmó que era Inuyasha… él había venido por mi…


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Analicé la escena en un movimiento rápido y lo que vi hizo que se me revolviera el estómago. Kagome había corrido al otro extremo del galpón, lugar que por cierto estaba inundado en el aroma de su sangre. Ella había intentado alejarse de Kikyo y cuando ésta última escuchó mi voz la vi abrir sus ojos con sorpresa y correr hacia Kag . La agarró por el cuello y el cuerpo de gatita parecía de trapo.

– ¡ESPERA! – grité levantando mis manos – No le hagas daño.

– ¡Siento más gente afuera!, evita que entren y yo no le haré nada. – exclamó segura mientras mantenía la daga cerca del corazón de Kag, que a estas alturas apenas permanecía consciente.

Había pensado que entrar yo sólo en el lugar era la mejor idea, después de todo, así podía intentar hablar con mi ex. La expresión de Kikyo esta vez era completamente distinta a lo que yo recordaba y por primera vez tuve miedo de ella. Miré hacia atrás e hice una señal para evitar que mi padre y Miroku siguieran avanzando, no estaba dispuesto a poner en peligro a Kag por una mala decisión.

– Cierra la puerta tras de ti. – exclamó segura.

– Okey, pero no le hagas nada, por favor. – supliqué.

– Ciérrala. – repitió y yo asentí mientras movía la pesada puerta para cerrarla. La oscuridad del lugar me hizo sentir ansioso.

– Listo, ahora conversemos ¿sí? A eso he venido - intenté sonreírle, aunque estaba seguro de que lucía como una mueca deforme.

– ¿De verdad? – Un atisbo de ilusión se mostró en sus ojos desorbitados y yo asentí.

– Por supuesto, sólo quería hablar contigo, mi querida Kikyo. – la voz me sonó convincente por unos instantes. – Aún hay esperanza para nosotros, pero tienes que prometer que no dañarás a Kag, déjala fuera de esto y te prometo que iré a donde quieras que vaya, ya he cumplido mis promesas antes ¿no?

– Si… es verdad, lo has hecho. ¿Aún puedes amarme?

– Por supuesto, pero sólo si hablamos las cosas entre los dos y no te manchas las manos de sangre inocente, esa chica no tiene la culpa de nada.

– ¿Cómo que no? Se ha atrevido a amarte y tú eres mío.

– Siempre he sido tuyo, pero dejaré de serlo si la hieres, estoy hablando en serio. Suelta esa daga y ven aquí conmigo. – Abrí mis brazos invitándola a abrazarme. La vi dar un paso dubitativo hacia mí, pero se detuvo. Una sonrisa triste surcó sus labios.

– Yo también estaba esperando un hijo… y lo perdí, ha sido horrible vivir su perdida sola – musitó con la voz quebrada – ¡Debiste estar ahí para mí!

La información me choqueó un poco, sin embargo no había tiempo para preguntar.

– Yo… yo no podía saberlo, lo siento, pero ahora estaré contigo, lo prometo.

Me sonrió y miró a Kag bajo su agarre antes de volver a hablar.

– Mentira… mientras ella exista no estarás conmigo. Lo siento, tendrás que aprender a amarme después de esto. – soltó el cuello de su presa y en menos de un segundo cambió la daga de mano, tomó impulso y la enterró con fuerza en el centro del pecho de Kag. Casi pude ver todo en cámara lenta.

– ¡NOOO! – El eco de mi grito resonó en el lugar y mi garganta ardió como si se hubiera desgarrado por la potencia.

Ella no había tenido fuerzas para gritar, pero yo había gritado por ambos. Esa herida había podido sentirla como si fuera propia. Vi como soltó el cuerpo de Kag y como ésta caía al suelo inconsciente. Sentí mi sangre hervir por unos instantes al mismo tiempo que mis ojos ardían al extremo de hacerme sentir dolor. Podía escuchar su corazón latir aún, lo que significaba que aún estaba viva, pero estaba seguro de que no por mucho tiempo si no me encargaba de curarla.

Mi mente sólo pensó en una cosa: Kikyo no saldría de aquí con vida.


IIIHHH ESO HA SIDO TODO, releer el capítulo me ha dado tanta penita :c cuando lo escribí casi pude imaginarme la carita de Inuyasha gritando con rabia al final. No desesperen, ni me odien tanto, prometo que este fic no va a tener un final depresivo como game of thrones XD

Actualizaré entre viernes y sábado dependiendo de que tan cargada de obligaciones este mi vida para entonces jsdnfsj

¡Un abrazo virtual!

Frani.