Capítulo 47

Había estado esperando todo el día la llamada de Ken, pero no ocurrió, así que comencé a desesperarme. No me había podido concentrar en ningún momento, pero todos mis alumnos y colegas parecían entenderme e incluso hasta me preguntaron si sabía algo de Taichi.

No podía decirles que lo habían encontrado, no podía contarles que sabía que aún seguía con vida. No podía decirles el sufrimiento que cargaba al no saber si Taichi saldría del coma. ¿Despertaría? ¿Realmente despertaría?

Con esos pensamientos me despedí de mis compañeros y salí de la sala de maestros; sin embargo, me topé de pronto con un sujeto que iba en una silla de ruedas eléctrica, un hombre de cabellos rubios y ojos dorados, el cual me miró fijamente con uno de sus ojos, ya que el otro se encontraba bajo un parche, además, tenía una férula y un cabestrillo en el brazo derecho. Me sentí intimidado, pero no supe identificar la razón.

-Buenas tardes, debes de ser Ishida.

Había pronunciado mi nombre con desprecio.

-No has cambiado mucho, sigues teniendo la misma mirada perdida. No puedo entender qué es lo que te vieron esos dos.

Definitivamente ese tipo me conocía, pero yo no recordaba conocer a una persona tan bella.

-¿Qué te parece si te invito a comer? Me gustaría hablar contigo de algunas cosas.

Tragué en seco y me hice para atrás cuando él tomó mi mano izquierda.

-Lo… lo siento… ya tengo un compromiso.

Esa persona hizo un mohín y después me miró con mucho desprecio.

-No me gusta que me desobedezcan, Ishida, así que vamos.

Comencé a temblar, algo no me agradaba de todo eso. De repente, los pasos de otra persona se escucharon por el pasillo y nos encontró a ese sujeto y a mí.

-¿Qué haces aquí, Tsukasa? -la voz de Nagano retumbó en mis oídos y por un momento me sentí aliviado de tanta tensión.

-No te importa… -ese sujeto me soltó y dio medio vuelta con su silla de ruedas-… Luego nos vemos, Ishida.

Nagano dejó escapar un suspiro cuando ese hombre se alejó por el pasillo y se marchó.

-¿Es una persona que conozcas? -pregunté y él se sorprendió.

-Algo así -rodó los ojos-. Vine por ti porque necesitaba hablar de algo, sólo que no esperaba que Tsukasa estuviera merodeando aquí.

Tsukasa… seguramente se refería a esa persona.

-¿Ya te habló el inspector Ichijouji? -él preguntó y yo negué enseguida.

-He estado esperando todo el día su llamada, pero por más que estoy atento al celular, no se ha comunicado conmigo.

Él se quedó en silencio unos instantes y después hizo una mueca de disgusto, algo que me incomodó sobremanera.

-¿Qué te parece si te llevo al hospital? -él ofreció y yo sudé una gotita.

-No quiero ser grosero… -tragué en seco-… pero no creo que pueda… yo… estar… -obviamente no quería decirle que no quería estar a solas con él, pero él pareció comprender mis palabras a la perfección, aunque no las hubiese dicho.

-Entiendo, te da miedo estar conmigo por lo que sucedió. Es comprensible.

¿Comprensible? ¿Qué carajo era comprensible de eso?

-No sé si el inspector Ichijouji te vaya a decir esto -él se recargó en la pared contigua y me miró, aunque yo hui de inmediato a su mirada-, pero la razón por la que Taichi quedó en estado de coma no fue por la pérdida de sangre. Si alguien pierde más de tres litros de sangre es imposible revivirle, aún con la tecnología que tenemos es imposible. A no ser que Taichi fuera un Dios y pudiera revivir o que alguna deidad le otorgara nuevamente vida, no se podría.

-¿Entonces? -pregunté, sintiéndome confundido.

-Él perdió el conocimiento por los golpes en su cabeza. Su cráneo sufrió varias fracturas y su cerebro fue dañado por ello.

Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, sin que pudiera detenerlas.

-¿Qué fue lo que ustedes le hicieron a Taichi? -me sentía impotente, quería patearlo, pero el miedo que le tenía me frenaba.

-Tranquilízate, muñequita, nosotros no le hicimos nada. Bueno, Tsukasa y yo no tuvimos mucho que ver en eso.

Quise quejarme por el adjetivo de "muñequita" pero el sólo pensar en enfrentarme a ese hombre hacía que mis piernas temblaran como gelatina. Esa persona había sido capaz de circuncidarme sin anestesia y sin un ápice de piedad, me había destrozado hasta el punto de no poder dormir tranquilamente por las noches.

-¿Entonces qué pasó con Taichi? -pregunté, aunque no sabía si quería saber la verdad.

-En verdad me gustaría hablar de esto en privado -él hizo un mohín-. Sé que no toleras mi presencia, pero ésta conversación no es para realizarla en el pasillo de una escuela.

Cerré los ojos, él tenía razón, pero no quería ir con él.

-Podemos ir al hospital donde trabajo y charlar en mi despacho.

Apreté la manija de mi portafolio y negué.

-Pode…pode…podemos… -tragué en seco, ese sujeto me ponía muy nervioso-… podemos ir… a mi… despa…despacho.

Señalé una dirección y él asintió con la cabeza.

Caminamos por los pasillos de la universidad, mientras varios alumnos y maestros admiraban la belleza de ese tipo. La verdad parecía modelo de revista o actor de dramas.

Pronto llegamos a mi cubículo y lo invité a pasar, aunque yo estaba reticente a que entrara, algo que le causó un poco de gracia y a mí me molestó.

-Has hecho algo bueno de tu vida. Escuché que trabajaste para la NASA -fue lo primero que dijo al sentarse en la silla que se encontraba frente a mi escritorio.

-¿Gustas un café o un té? -pregunté y él asintió, así que fui a prepararlos.

-Sigues siendo muy bello -estuve a punto de tirar la jarra eléctrica que acaba de llenar con agua cuando escuché eso-. No has cambiado mucho desde la última vez que nos vimos.

-Tú sí has cambiado, ¿verdad? -suplicaba porque me dijera algo como: "Sí, ya no violo ni masacro gente como antes", pero no me daba muchas esperanzas al respecto.

-¿Piensas que soy un asesino o un violador serial? -él rio un poco al interpretar mi silencio- No te voy a decir que no hemos torturado a alguno que otro bastardo, pero por lo general ya no nos metemos con civiles, sólo con miembros del grupo o de grupos rivales.

Parpadeé.

-¿Eres miembro de un grupo yakuza? -pregunté y él sólo sonrió de lado- ¿Entonces también ese tipo rubio…?

-Sí, también.

Hice un mohín.

-Tu cabello es negro -lo dije al recordar que antaño él tenía el cabello rubio y no era ondulado, sino lacio.

-Sí, bueno… lo teñía y alaciaba porque no quería que me recordara lo mucho que me parecía a mi padre.

La palabra padre la había pronunciado con mucho desprecio, algo que llamó mi atención.

-¿No te llevabas bien con él? -la tetera sonó y yo acerqué una bandeja para poder llevar café y té y que él se lo prepara a su gusto, además abrí un bote con bocadillos y galletas que tenía.

-Al principio de mi vida sí, pero después no. Él era la persona que debía protegerme, pero no lo hizo cuando lo necesité.

Puse la bandeja en el escritorio y él agradeció con un asentimiento de su cabeza; después me di cuenta del guante negro que adornaba la mano izquierda de ese sujeto. Nagano comenzó a prepararse un café negro y procedió a tomárselo sin azúcar, algo que me recordó a Taichi.

-Tai también tomaba el café negro sin azúcar -traté de sonreír, pero no pude-, aunque ya no puede, por sus problemas con la presión.

-Sí, conseguí su historial médico para la operación que le realizaron en el hospital.

-¿Él va a despertar?

-El médico que lo atendió me dijo que hay muchas probabilidades de que sí, pero realmente no sabemos cuáles serán las secuelas que pudiera tener.

-¿Y por qué mentiste? ¿Qué es lo que tratas de ocultar?

Él dejó de lado el café y puso el tazón sobre el escritorio.

-No quería que Tsukasa supiera que Yagami está en ese estado por su culpa.

-¿Y qué tiene que ver ese tal Tsukasa con todo esto? ¿Por qué Taichi daría su vida por protegerlo?

Nagano cerró los ojos, pero después me miró fijamente.

-Las cicatrices que tú tienes, nosotros también las tenemos.

¿Las cicatrices que yo tenía? ¿De qué hablaba?

-¿Cicatrices?

Aquel hombre apretó los labios y me miró a los ojos, algo que causó dolor en mí, ya que su mirada tenía un dejo de dolor. Me senté en mi escritorio y desvié la mirada, concentrándome en preparar mi propia bebida.

-Tsukasa admiraba mucho a Yagami por mi culpa -hizo una mueca de disgusto-. Él se molestó mucho cuando supo que Yagami fue quien te recató de nosotros y se burló al principio de él por hacerlo, pero después comenzó a hablar de Yagami a cada rato, hasta que lo idealizó de alguna manera. Yo llegué a pensar que tú eras igual a nosotros, porque nadie se había enterado de que no habías llegado a casa, pero no estabas solo, tenías a tus amigos y a tus padres contigo. Sentí envidia y por ello hice que Yagami se fuera. Pero a pesar de todo, Yagami fue como un ejemplo para mi hermano menor y para Tsukasa. Ambos lo idealizaron al extremo de admirarlo. Fue por esto que, cuando Tsukasa se dio cuenta de que Yagami se vería envuelto entre el fuego cruzado de su familia, se burló de ti para que lo desligaran del juicio, pero no fue suficiente.

Abrí los labios, pero me quedé en silencio, porque no sabía cómo reaccionar a todo lo que me estaba diciendo Nagano.

-¿Entonces por qué si quería que Taichi estuviera fuera de ese problema, él quedó envuelto?

-Porque los familiares de Tsukasa encontraron una fotografía de Taichi en internet, ya que alguien publicó que tu hermano había mencionado que él era el Taichi Yagami que todos aclamaban y lo esperaron para emboscarlo antes de que llegara al tribunal.

Nagano me pasó su celular y mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a Taichi junto con Takeru en la universidad de Tokio.

-Pero no entiendo cómo es que tu amigo se vio envuelto, no entiendo nada -le devolví el celular a Nagano y él dejó escapar un suspiro.

-A pesar de que somos unos desalmados y no nos tentamos el corazón con nadie, repudiamos el abuso sexual infantil y la trata de menores. Pero una de las ramas de la familia estaba desobedeciendo nuestra orden y por eso accedimos en ayudar al inspector Ichijouji, así que se enojaron mucho, ya que perdieron una gran fuente de ingresos. Sabían que alguien había abierto la boca, pero como no podían ir contra nosotros, intentaron vengarse con Yagami, sólo porque les pareció algo sospechoso el comportamiento de Tsukasa al querer deslindar a Yagami del asunto.

-Eso significa que salió contraproducente.

-Tsukasa se dio cuenta y no me dijo nada, así que llegué tarde a rescatarlos. Tsukasa no me ha contado todos los detalles y Agumon me dijo que él llegó al último momento, así que no sabe qué fue lo que realmente pasó para que tu amorcito quedara en ese estado.

No sabía cómo reaccionar a aquellas palabras. Nagano continuaba con su rostro inexpresivo, bebiendo su café, mientras yo trataba de asimilar que Taichi había sido un imbécil al haber seguramente querido salvar a Tsukasa Hashimoto.

¿Por qué siempre era tan irresponsable? ¿Por qué no se había detenido a pensar que lo estábamos esperando en casa? ¿Por qué había sido tan imprudente y había salvado a uno de esos monstruos?

Hice un mohín al recordar las palabras de Nagano: "Las cicatrices que tú tienes, nosotros también las tenemos." Entonces ellos…

Me llevé ambas manos a la cabeza al molestarme conmigo mismo por intentar comprender a esos que desgraciaron mi vida.

-¿Qué va a pasar cuando despierte Taichi? ¿Hay probabilidades de que haya secuelas graves?

Nagano me miró a los ojos y trató de sonreír, pero falló vilmente.

-Por consejo de un colega intenté desinflamar el cerebro de Yagami en el trayecto al hospital al comprar bolsas de hielo. Cuando llegamos aún estaba medio consciente, pero se le tuvo qué inducir al coma para que su cerebro se recuperara.

-Aún no respondes mi pregunta -comencé a sentir mis ojos acuosos, sobre todo cuando él dejó escapar un suspiro.

-Realmente no puedo responder a tu pregunta en este momento; hasta el momento en que él abra los ojos sabremos las secuelas que pudieran tener las lesiones y la intervención quirúrgica. Mi colega es uno de los mejores neurólogos en el mundo, así que no hay que preocuparse por la cirugía. Sin embargo, si me preguntas por los efectos colaterales que Yagami podría tener, quizá podría haber perdido recuerdos, la vista, la movilidad, podría no despertar nunca o incluso morir.

Las lágrimas por fin fluyeron y comenzaron a resbalar por mis mejillas.

-No llores, aún tienes la esperanza de que él despertará.

-¿Y a qué precio? -apreté los puños.

-Todo tiene solución, menos la muerte. Te aseguro que si fuera al revés, Yagami te esperaría el tiempo que fuera necesario.

Cubrí mi rostro con mis manos y después intenté secar las lágrimas que mojaban mis mejillas y caían hasta mi quijada, pero era imposible, mi rostro se encontraba empapado con ellas.

-¿No me habías dicho que aún sin ser tu familiar, él iría a salvarte?

Me mordí los labios, no recordaba haber dicho eso a Nagano, pero de alguna manera sentí como si ya hubiera vivido momentos parecidos.

-Yagami hizo lo que yo no pude; él te salvó a ti, salvó a mi hermano y salvó a Tsukasa, e incluso creo que me salvó a mí. Él es una persona fuerte, así que yo también tengo la esperanza de que despierte pronto. Sólo ten cuidado, si pierde la memoria, Meiko, Tsukasa y seguramente mi hermano te lo intentarán robar.

-No estés bromeando -entrecerré los ojos y por fin las lágrimas dejaron de fluir.

Él se levantó de su asiento.

-Es tarde, tengo asuntos qué atender en el hospital. Si quieres puedo llevarte, o puedes llegar por tu cuenta.

Pensé seriamente si podría confiar en él, pero dejando de lado que aún me seguía pareciendo un jodido violador, también estaba el hecho de que por alguna razón extraña me había empezado a agradar.

-Sí, bueno, supongo que puedo irme contigo.

Él sonrió de lado y esperó a que tomara mis cosas para dirigirnos al estacionamiento de la universidad.


En todo el trayecto estuvimos hablando de lo que habíamos hecho los últimos años, casi como si fuéramos amigos de antaño. Nagano me contó que había heredado el hospital de su familia, pero como eran muy allegados a la familia Hashimoto, por eso tenían nexos con la mafia. Él se había casado por un arreglo y tenía un hijo, y al parecer Hashimoto había hecho lo mismo, sólo que él tenía dos hijas gemelas que vivían con Nagano.

Según me había dicho Nagano, su hijo se llamaba Yoshio, y las hijas de Hashimoto se llamaban Sango y Shinju, pero a Nagano le decían papá y a Hashimoto le decían "tío" porque no lo veían como a un padre, ya que él no quería tener mucho contacto con ellas, debido a algunos traumas que él cargaba.

Nagano me había explicado también que Tsukasa Hashimoto había heredado "el negocio familiar" pero que prácticamente era Nagano quien lo lideraba. Parecía que ellos eran muy buenos amigos, aunque la forma en como hablaba de ese tipo rubio me hacía pensar que ambos tenían más que una simple amistad, pero no quise preguntar, ya que no quería entrometerme en sus asuntos.

Pronto entramos en el estacionamiento del hospital y nos quedamos en silencio mientras él aparcaba. Ambos salimos del vehículo y nos dirigimos al elevador; sin embargo, cuando éste se abrió, un hombre de cabellos castaños con corte estilo militar y ojos verdes, saludó efusivamente a Nagano.

-Yuuma, me dijeron que no estabas, así que ya me iba. ¿Y ahora en qué están metidos tú y Tsukasa?

-¿Preguntas por los policías? -aquel sujeto alto hizo un mohín- Yo no hice nada, el idiota de Tsukasa hizo una estupidez y el novio de Ishida quedó envuelto.

Ese sujeto me miró de reojo y después hizo una mueca que no supe identificar si era de desagrado o de incomodidad.

-Ya decía yo que te me hacías conocido -ese hombre castaño dejó escapar un suspiro y me ofreció su mano-. Kinya Morimoto, quizá una presentación tardía y no en las mejores circunstancias.

Dudé si corresponder a su saludo, así que Nagano bajó la mano de su amigo y después negó con la cabeza, gesto que ese tipo entendió a la perfección.

-¿Con novio de Ishida te refieres a ese tipo que le gustaba a Takao? -se quedó pensativo- ¿Era un tal Yamada?

-Yagami -corrigió Nagano.

-Ah, sí, ese tipo tan enérgico; recuerdo que su hermana era muy guapa, igual que él -él rio con amabilidad-. Takao estaba perdidamente enamorado de él, pero recuerdo que dijo que la única persona que parecía gustarle a Yagami, era Ishida. También recuerdo que estuvo maldiciendo a Ishida como una semana después de que rechazara a Yagami.

En serio me sentí muy incómodo al escuchar aquello.

-En fin, eso no importa, sólo había venido a invitarte a mi boda, Yuuma.

-¿Boda? -Nagano negó con la cabeza- ¿Cuándo te divorciaste de tu última esposa?

-Hace como unos tres meses.

-Oye, ya párale, ésta es la cuarta esposa de la que te divorcias. ¿No puedes ser un poco más estable?

-Eso dices porque Tsukasa es tu única pareja, bueno, si a lo que ustedes tienen se le puede llamar de esa forma.

Ese tipo comenzó a alejarse.

-Te dejé la invitación con Meiko. Cuídate. Me dio gusto verte. Me regalas una caja de condones. Adiós, Ishida, espero que tengas una buena vida al lado de Yagami.

Ese sujeto castaño se subió a un vehículo blanco deportivo y después se marchó.

-Parece que siguen siendo amigos -dije, llamando la atención de Nagano.

-Sí, excepto por Takao, no me perdona que haya alejado a Yagami, pero de todos modos le hice un favor.

Me molesté al escuchar aquello, pero no externé demasiado mi disgusto. Ambos subimos al elevador, aunque yo tenía cierta reticencia a encontrarme en un lugar tan estrecho y solitario con Nagano.

Me quedé por unos instantes en silencio, mientras intentaba controlar a mi cuerpo, el cual se encontraba sudando en frío y temblando, quizá era porque ese día me había encontrado a tres de esos sujetos, o quizá era por el hecho de que tenía miedo de encarar a Taichi porque no sabía qué iba a pasar con él más adelante. Tragué saliva y después me recargué en una de las paredes del elevador. Las puertas se abrieron por fin y yo seguí a Nagano cuando salió de ahí. Caminamos por varios pasillos, hasta que nos detuvimos frente a una habitación con paredes de cristal. En unos sillones de espera, se encontraba Hikari, acompañada de Ken, mientras que dentro de la habitación se encontraban Mochizuki y los padres de Taichi.

Hikari se levantó de su asiento de inmediato y después se refugió en mis brazos.

-Mi hermano comenzó a quejarse hace rato, pero después ya no mostró ningún signo de despertar.

Abracé con fuerza a mi cuñada, mientras sentía cómo las fuerzas me abandonaban.

-Es normal -Nagano habló-; ahora el cerebro intenta reestablecerse, por lo que comenzará a tener ciertos intervalos de conciencia. De hecho ya había estado mostrando signos de conciencia, pero eran muy débiles.

-Pero sólo se quejó… -Hikari hizo un puchero.

-Y eso significa que está comenzando a percibir el dolor, así que su estado de conciencia es alto. Seguramente en unos días comenzará a preguntar por su príncipe azul.

Me sonrojé sobremanera, sobre todo cuando Ken y Hikari comenzaron a reír.

-No se burlen -entrecerré los ojos.

Meiko salió de la habitación de Taichi y después se tronó el cuello.

-Director Nagano, buenas tardes.

-Hola, Meiko, ¿qué haces acá?

-Bueno, vine a ver cómo estaba el superior Taichi -ella jugueteó un poco con la tableta digital que traía en sus manos.

-¿Y no podías mandar a alguien? -él entrecerró los ojos.

-Sí pude, pero él es…

-¿Tu amor imposible? ¿El que te gustaba en la adolescencia? ¿Tu amado Taichi?

El rostro de Mochizuki se pintó de mil colores al escuchar aquello.

-Bue…bueno… sí me gustaba, pero sólo estoy preocupada por él.

-Ajá… -Nagano sonrió altaneramente-… pero Ishida te lo quitó.

-Ya sé… -ella hizo un puchero-… Taichi no tenía ojos para nadie más, pero es que es tan lindo y tan guapo y tan…

Nagano sacó su pañuelo personal y se lo tendió en las manos a Mochizuki.

-Ten, para que te limpies la baba.

Mochizuki reaccionó de inmediato y después comenzó a quejarse.

-¡Director Nagano, no empiece! -ambos se alejaron por el pasillo, Nagano riendo y siendo perseguido por Mochizuki.

Hikari rio después, gesto que me hizo sentir un poco más tranquilo.

-Meiko y el director del hospital se llevan muy bien.

Yo sudé una gotita, aunque era obvio que Nagano y Mochizuki eran íntimos amigos.

-Meiko dijo que aún no saben cuánto fue el daño que mi hermano recibió. Nos dijo que cuando despierte lo sabrán.

Los ojos de Hikari se llenaron de lágrimas y después volvió a esconder su rostro en mi pecho, mientras me abrazaba con fuerza.

-¿Por qué mi hermano es tan imprudente? ¿Por qué ayudó a esa persona arriesgando su propia vida?

Yo acaricié su cabello con suavidad.

-Taichi es estúpido por naturaleza, pero es una buena persona -intenté contestar a su pregunta-. Él debió tener sus razones, así que cuando despierte quizá las sepamos.

Ella asintió, pero continuó llorando en mis brazos por unos minutos más.


Había regresado a la casa cerca de las nueve de la noche. La madre de Taichi se había negado a dejar a su hijo, así que no hubo poder humano que la hiciera abandonar esa habitación.

Me quedé frente a la puerta del departamento, pensando en qué iba a decirles a mis hijos. Estaba el hecho de que Taichi iba a despertar del coma, pero según nos había comentado Meiko, no sabían cuáles serían las secuelas de los golpes en su cabeza, ni el daño que había recibido en su cerebro, así que era impredecible lo que podría suceder cuando por fin despertara por completo.

Apreté los puños y coloqué la frente sobre la puerta, mientras respiraba profundo para evitar que el llanto me venciera. Al principio había sido difícil no saber qué había sucedido con Taichi, pero ahora, aunque supiera de él, la condición en la que se encontraba no me hacía sentir mejor.

Me mordí los labios y respiré hondo. Después abrí la puerta del departamento y me adentré en él, encontrando a mis hijos en la barra de la cocina, charlando tranquilamente mientras me esperaban para cenar.

-Mamá… -Taichi se levantó de su asiento inmediatamente y se acercó a mi-… ¿y mi papá cómo está?

Tragué saliva audiblemente y después traté de sonreír, pero fue en vano, así que el muchacho entendió inmediatamente las circunstancias en las que su padre se encontraba.

-No te preocupes… -él me abrazó con fuerza, algo que me sorprendió un poco-… si sucediera lo peor, o si su estado es muy crítico y necesita una mayor atención, puedo hacerme cargo.

El llanto me venció por completo y me abracé a él.

-No tengo miedo de eso -dije, aún enterrado en su hombro-, pero me duele.

-Lo sé, mamá, entiendo lo mucho que amas a mi papá.

El abrazo de alguien más me sorprendió, pero inmediatamente me di cuenta que era Natsu la que se aferraba a nosotros.

-Mi papá va a estar bien pronto y te aseguro que va a tener hambre cuando despierte.

Los tres nos separamos y me di cuenta que Agumon se encontraba mirándonos desde la sala, él también se encontraba preocupado por Taichi, así que le tendí mi mano y él se acercó a nosotros, estrechándonos también en un fuerte abrazo.


Respiré profundo, antes de entrar a la habitación de Taichi. Había convencido a la señora Yagami de que fuera a descansar y a tomar un baño a su casa, prometiéndole que me quedaría mientras tanto a cuidar de su hijo; el padre de Taichi me agradeció en silencio y ambos se marcharon, no sin que antes la señora Yagami prometiera que regresaría en la noche.

El sonido del marcapasos y el olor a los productos de limpieza del hospital me trajeron amargos recuerdos. Acerqué una silla a la cama de Taichi y tomé su mano, mientras las lágrimas escapaban sin que pudiera y quisiera detenerlas.

-¿Cuándo vas a despertar? -pregunté y después me tallé los ojos con el dorso de la mano izquierda- ¿Por qué eres tan estúpido?

Me alarmé cuando sentí que apretó mi mano derecha y después abrió los ojos, mientras intentaba mover los labios, pero después volvió a quedarse tranquilo, al igual que el marcapasos, el cual aminoró su pulso, hasta quedarse estable.

Comencé a llorar, esperanzado en que pronto despertara y todo volviera a la normalidad, aunque en el fondo sabía que había pocas probabilidades de que eso sucediera.


Regresé a la casa al anochecer. La señora Yagami se había quedado a cuidar de Taichi, así que no me quedó más remedio que marcharme. Sin embargo, no podía conciliar el sueño, así que me senté en el borde de la cama, respirando con dificultad. Por unos instantes me había quedado dormido, pero había tenido una pesadilla tan horrible que sentía que ya no iba a poder volver a dormir. El crujido de la madera de repente me asustó, sin embargo, una cara familiar se asomó por uno de los bordes de la puerta abierta de la habitación.

-¿No puedes dormir?

Pregunté y él se acercó a mí.

-No, lo siento. ¿Te desperté?

Agumon me miró directamente a los ojos, algo que me hizo sentir incómodo.

-¿Puedo pasar? -preguntó y yo asentí. Él se sentó a mi lado y me sonrió- La verdad me despertaron tus lamentos, ¿estabas llorando?

Me sonrojé por completo al escuchar aquella pregunta y de inmediato negué con la cabeza.

-No, no estaba llorando… -jugueteé unos instantes con mis manos, sintiéndome nervioso.

-Yamato… -la cama crujió y ese sonido me hizo dar un salto involuntario-… ¿de verdad estás…?

Agumon intentó tocar mi rostro, algo que me asustó, por lo que alejé su mano con un manotazo.

-Lo… lo siento… -mi cuerpo tembló involuntariamente-… hace frío, ¿no tienes…?

Aquel pequeño dinosaurio anaranjado me miró con dolor. Me sentí culpable por haberlo alejado de esa manera, pero solo había dos personas que podían tocar mi rostro sin que los alejara: Mi madre y Taichi.

-Taichi me pidió que te cuidara -Agumon me sonrió y volvió a sentarse en la cama-, al igual que Gabumon.

Parpadeé, sin comprender sus palabras.

-De alguna manera, nosotros estamos ligados a sus sentimientos, es como si nuestros corazones trabajaran juntos. Cuando el portal a éste mundo se abrió, solo a mí se me permitió pasar -él se recostó en la cama y después se quedó mirando el techo de la habitación-. Creo que el que estaba más desesperado por venir era Gabumon. Cada vez que él se acordaba de ti, una inmensa tristeza lo seguía por días. Él quería estar contigo, él decía que debía protegerte. Por eso, cuando de repente se abrió ante mí el portal a este mundo y, mientras evolucionaba, él me hizo prometerle que te protegería.

Mis ojos se nublaron y gruesas lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas.

-No quiero decir esto de una forma en que te lastime, pero Gabumon me contó que alguien hace tiempo te hizo mucho daño y que tú no podías dormir por eso -me sorprendí sobremanera al escuchar aquello, ¿cómo era que Gabu sabía eso?-. Cuando te escuché quejarte vine de inmediato, porque le prometí a Taichi y a Gabumon que yo te protegería. Algunas veces, mientras mirábamos el cielo, Gabumon me decía que podía sentir tu dolor y eso lo hacía sentirse triste, porque no podía abrazarte, pero no te preocupes, mientras no regrese Taichi y mientras yo esté aquí, voy a protegerte

-Gracias, Agumon, aprecio eso.

Él me abrazó y yo me sorprendí por su gesto, pero lo correspondí, sintiéndome feliz. No sabía si era porque Agumon tenía una personalidad muy parecida a la de Taichi, o si era porque de alguna manera sentía que Taichi y Gabu lo habían mandado a cuidarme y acompañarme.


Pasaron los días, días de incertidumbre y de dolor. El tubo de respiración había sido removido de la garganta de Taichi y le colocaron únicamente respiradores, por lo que ya no era tan impresionante entrar a la habitación y verle dormir con ese tubo en la garganta.

Me encontraba en la habitación de ese hospital, repasando los trabajos que había encargado a mis alumnos, cuando un suave susurro llamó mi atención, por lo que dejé de lado la carpeta que estaba revisando y miré detenidamente a Taichi.

-… a… ma…

Parpadeé, preguntándome si eso era un quejido.

-…ma…

Las lágrimas escaparon de mis ojos y me acerqué a la cama; Taichi tenía los ojos abiertos, aunque su mirada se veía perdida.

-Taichi, soy yo, Yamato, ¿me recuerdas?

-Mida…

Sudé una gotita y después solté una carcajada entre las lágrimas.

-¿Tienes hambre?

Él movió su mano izquierda, como si estuviera buscándome, así que yo la tomé entre las mías y después me venció el llanto.

-Eres un estúpido, me hiciste preocuparme tanto.

-¿i… chi…?

No comprendí sus palabras, así que lo miré detenidamente.

-Mi… -balbuceó, pero no entendía lo que quería decir.

-¿Qué pasa?

Me quedé esperando que dijera algo más, pero sólo soltó mi mano y se quedó dormido.

Dejé escapar un suspiro y apreté con fuerza su mano entre las mías.

-Te amo…

Susurré pero no volvió a reaccionar.

Llamé a Meiko, quien llegó rápidamente y comenzó a revisar los signos de Taichi; mientras tanto, yo continué revisando los trabajos de mis alumnos, sintiéndome más tranquilo por primera vez en varias semanas.

Continuará…