De cómo se enteraron de la verdad

Saga se quedó mirando el lugar por donde se había ido Alfa. Dohko aún lo sujetaba del brazo. Exhaló un suspiro y volteó a verlo.

—Tiene muchas explicaciones que darme.

Dohko asintió.

—Tenemos que decirle al Patriarca. Y todo esto también tiene que ver con tu hermano. Creo que sería prudente que se reúna

con nosotros.

Saga no dijo nada, tan sólo emprendió la marcha. Dohko se quedó unos segundos mirando la tumba de Déuteros, luego le hizo una última reverencia antes de irse tras los pasos de Saga. No dijeron palabra hasta que llegaron a Géminis. Ahí Saga llamó a su hermano, y lo único que le dijo fue que tenían que hablar con el Patriarca. Kanon miró a Dohko, pero éste nada más asintió, y sin esperar mayor respuesta, Saga abrió un portal. Kanon no tenía idea de qué se trataba el asunto, y ahora que lo pensaba, se preguntaba en dónde estaría Alfa. ¿Se habría peleado con su hermano de nuevo y por eso no iba con ellos? No, no lo creía posible, pero algo en la actitud de su gemelo evitó que preguntara. Suponía, además, que tarde o temprano se enteraría.

Dohko se había comunicado con Shion vía cosmo, y le dijo que estaban en camino para verlo, pero no le dio más detalles. En cuanto el Patriarca vio al trío entrar en la Sala, empezó a imaginarse hacia dónde iba el asunto. Decidió no llamar a la diosa, al menos no por el momento. Cuando se confirmaran sus sospechas tendría tiempo de hablar con ella. Saga, Kanon y Dohko le ofrecieron una reverencia al Patriarca una vez que se encontraron cerca. Dohko fue el primero en hablar.

—Alfa se ha enterado. Hace unos momentos estuvimos en el cementerio, en la tumba de Déuteros. Lo sabe todo.

Shion enarcó una ceja y miró a su amigo, luego a los gemelos. Exhaló un suspiro triste. Debió haberse imaginado que sucedería ese día, en el aniversario de la muerte de Déuteros. Asintió.

—¿En dónde está ella? —preguntó el Patriarca.

—Se fue. No me dijo nada, apenas me miró a los ojos. Tan sólo se fue —contestó Saga.

—¿Qué? ¿Abandonó el Santuario? ¿Por qué? —preguntó un desconcertado Kanon.

—Aparentemente porque se enteró de todo —contestó Saga con todo el sarcasmo del que fue capaz.

—Saga, no puedo reprocharte que estés molesto, pero tienes que comprender muchas cosas —dijo Shion.

—¡Claro! Me encantaría comprender si se dignaran a decirme qué mierdas acaba de pasar. Lo único que sé es que Alfa y el tal Déuteros, que asumo era compañero de ustedes dos, se relacionaron y luego él murió como casi todos durante la guerra. Pero eso no puede ser todo, ¿no es así?

—Okay, yo estoy perdido y también me encantaría que me explicaran. ¿Qué fue lo que pasó? —dijo un exasperado Kanon.

—Saga, Kanon, sí, Déuteros fue nuestro compañero de armas en esa Guerra Santa. Hoy es el aniversario de su muerte —comenzó a contestar Dohko—. Y también es verdad que Déuteros, en cierto sentido, la abandonó.

—¿A Alfa? —preguntó Kanon.

—A Antheia, para ser exactos. Antheia era una Saintia en esa época. Sí, Alfa es su reencarnación —dijo Shion.

Los gemelos se miraron.

—Bien, gracias, eso me queda claro, lo demás no —respondió Saga, de nuevo, usando el tono más duro que pudo lograr.

—Deben entender que, en esa época, las relaciones entre Santos y doncellas estaban completamente prohibidas. Sobre todo con las Saintias. Se supone que su vida está dedicada a la diosa, y debían permanecer vírgenes. En especial aquellas como Antheia, quien poseía habilidades.

—Así que de cualquier manera Déuteros y Antheia se enredaron. ¿Eso es todo? ¿Alfa se fue porque de algún modo, que no han explicado, recobró los recuerdos de su encarnación pasada? Es decir, entiendo que le haya dolido el recobrar esos recuerdos y encontrarse ahí, ante la tumba de ese hombre, pero no me parece motivo suficiente. Menos aún conociendo a Alfa —contestó Kanon.

—Tienes razón, Kanon, no es motivo suficiente. Pero la historia de ellos dos es complicada. En primer lugar, es verdad que esas relaciones estaban prohibidas, y que ellos se enfrentaban a un grave castigo si el Santuario se enteraba. La muerte para ella, muy probablemente. Pero fue una relación que no iba a ser posible detener. Tienen que comprender que ambos se amaban. Y se amaban lo suficiente como para fugarse juntos del Santuario. Yo les ayudé a irse. Déuteros se fue primero, a la isla Kanon. Poco tiempo después llevé a Antheia a ese lugar. Degel de Acuario, Asmita de Virgo y yo éramos los únicos que sabíamos de su relación. En fin, la dejé con Déuteros y vivieron ahí un tiempo antes de que la guerra empezara. Déuteros fue a pelear, como le correspondía, y Antheia se quedó. Fue también mi tarea informarle, luego de la guerra, que Déuteros había muerto. La traje al Santuario, al mismo lugar que el día de hoy, a que se despidiera de él.

—Y ella se suicidó —dijo Saga—. Eso fue lo que dijo. Se suicidó porque él murió en la guerra. Pero de todas maneras no entiendo, y como dijo Kanon, sigue sin ser motivo suficiente para que ella se fuera así nada más.

—Esa no es toda la historia —continuó Shion—. Esa persona, Déuteros, el hombre que Antheia amó y perdió, reencarnó al igual que ella.

Saga y Kanon enarcaron una ceja y se quedaron mirando al Patriarca. Shion miró a Dohko, luego de regreso a los gemelos.

—Por eso te pedimos que vinieras, Kanon —dijo Dohko—. Así como Alfa es la reencarnación de Antheia... tú eres la reencarnación de Déuteros.

Silencio. La sala se sumió en el más oscuro de los silencios. Kanon abrió la boca sin comprender del todo lo que le estaban diciendo. ¿Él había tenido una vida pasada?, ¿se relacionó con una Saintia? ¿Y ahora ambos estaban de regreso? ¿Qué? Pero él no recordaba nada de eso, ni siquiera se lo habría imaginado.

Saga no sabía qué pensar, pero esas palabras lo dejaron sin aire. Su hermano gemelo era la persona que Alfa había amado en el pasado. ¿En dónde los dejaba a ellos eso? ¿Significaba que en realidad Alfa no debió enamorarse de él si no de Kanon? Pero ella había también hablado de un hermano de ese hombre, ¿quién era él? Las manos comenzaron a sudarle cuando la chispa de una idea comenzó a formarse en su mente. Empezaba a entender las reacciones de la chica y el por qué se había alejado así, sin darle tiempo a decirle nada.

Shion y Dohko esperaban las reacciones, pero también sabían que no habían terminado de decirlo todo, así que Shion volvió a hablar.

—Ahí no termina la historia. Déuteros tenía un hermano gemelo. Su nombre era Aspros y era él, de hecho, el portador original de Géminis. En aquellos tiempos, el gemelo al que la armadura no elegía, estaba destinado a convertirse en su sombra. Déuteros tenía que mantenerse escondido, en silencio, siempre a la sombra de Aspros. Se le obligaba a usar una máscara que cubría sus facciones. No se supone que nadie supiera de su existencia, aunque era un secreto a voces. Todo eso en caso de que algo le pasara a su gemelo. Pero, Antheia y Déuteros terminaron por conocerse, cuando eran niños.

—Pero, eso no es todo —continuó Dohko—. Aspros, en su momento, intentó hacerse del poder del Santuario. Para ello quiso utilizar a su hermano como arma. Que fuera él quien hiciera el trabajo sucio y asesinara al Patriarca mientras Aspros lo controlaba con el Satán Imperial. Sin embargo Déuteros, con ayuda de Asmita, fue capaz de liberarse del poder. Detuvo a su hermano, casi matándolo, y Aspros terminó suicidándose. Saga: tú eres la reencarnación de Aspros.

Saga retrocedió un par de pasos. De pronto la frase "quienes no aprenden de su historia están condenados a repetirla" le vino a la mente y de la forma más sarcástica posible. Dohko no le dio tiempo de responder o salir de su asombro cuando habló de nuevo.

—Así fue como Déuteros terminó siendo el dueño de Géminis. Pero en la guerra, los gemelos se enfrentaron. Hades resucitó a Aspros, y Déuteros peleó contra él, poco después de dejar a Antheia. Aspros fue quien lo mató, por decisión de Déuteros. Poco después Aspros también murió, a favor de nuestra diosa.

Saga y Kanon no se sentían capaces de emitir palabra. Estaban en silencio, con demasiadas ideas rondando sus mentes. Saga no podía creerlo. Había repetido su historia, paso por paso. O quizá hasta Ares estaba enterado y con mayor razón lo eligió.

Y Kanon no tenía idea de qué pensar. De pronto él se convertía en el problema actual. Hasta ese momento no sabía nada de esa vida pasada. Se sentía de alguna manera culpable. Era obvio ahora que Alfa, al menos en parte, seguía amando a ese hombre, que era él, y él no podía recordarla. Ni siquiera sabía nada. Ahora todos aquellos sueños que la chica había estado teniendo, tenían significado. Él era el niño que aparecía en los sueños de Alfa. También ahora tenía sentido esa afinidad que sintió con la chica desde el primer momento. El por qué se hicieron tan amigos en tan poco tiempo, el por qué les era así de sencillo comunicarse.

—¿Cómo es que Alfa recuerda todo? —preguntó al fin Kanon.

Shion y Dohko se miraron. Saga también volteó a verlos.

—En realidad no lo sabemos. Tan sólo podemos especular que tiene que ver con los poderes que poseía cuando era Saintia. Y de alguna manera, su encarnación pasada comenzó a manifestarse en los sueños que ha tenido. Me gustaría hablar con ella —dijo Shion.

—Dudo que Alfa quiera regresar —dijo Saga—. Estoy asumiendo que desde que ella comenzó con sus sueños, ustedes se dieron cuenta de lo que pasaba.

—En parte sí. O mejor dicho: cuando sus sueños comenzaron, confirmamos la sospecha. Desde que la conocí supe que había algo en ella; algo que se me hacía familiar —confesó Dohko—. Ese sueño en el que salta de un acantilado, así fue como Antheia se suicidó, y fue lo último que necesité saber para convencerme de que era ella.

—¿Por qué no hicieron algo? Es decir, todos sabían de nuestra relación. Ustedes sabían lo que pasaba entre todos nosotros y no dijeron nada, aún cuando estaba mal.

—¿De verdad crees eso? ¿Hubieras preferido que interviniéramos en tu relación con Alfa? —preguntó Shion.

—De cualquier manera no hubieran podido detenerlos. Conoces a Alfa. Una prohibición no hubiera bastado para impedir que se relacionara contigo. Es decir, una ley del Santuario no evitó que se relacionara con... migo... Aunque estoy de acuerdo con Saga. Sí debieron haber hecho algo. Por lo menos decirnos.

—¿También crees que eso hubiera ayudado? ¿Qué les podíamos decir además de ésta historia? Y si hubiéramos dicho algo desde el principio, quizá Alfa ni siquiera hubiera entrado al Santuario en primer lugar. Saga, ¿hubieras preferido no conocerla? —preguntó Shion.

Saga bajó la vista un momento mientras las miradas de los otros se clavaban en él.

—Hubiera preferido saber la verdad. Conocerla hasta este momento no va a ayudar ya en nada. Alfa se fue y, conociéndola como la conozco, no va a querer regresar. Lo más seguro es que no quiera volver a saber de mi ni del Santuario. No me sorprendería saber que ya va en camino al otro lado del mundo con tal de alejarse. Muchas gracias por la no ayuda. Ahora, si no tienen más buenas noticias que darme, me retiro a mi templo. Con su permiso. —El mayor de los gemelos hizo una irónica reverencia y comenzó a alejarse.

Ninguno de los presentes intentó siquiera detenerlo. Sabían muy bien que necesitaba tiempo y que en ese momento, nada de lo que le dijeran iba a ayudar. Kanon se quedó en silencio un rato. Suspiró, miró al techo, se cruzó de brazos y comenzó a hablar.

—Me gustaría recuperar mis recuerdos. Quiero saber.

—Tal vez no sea lo más prudente —contestó Shion.

—¿Por qué no? ¿Acaso podría complicar más las cosas? Siento que tengo que hacer algo, y no puedo hacerlo si no sé bien qué pasó. De cualquier manera son mis recuerdos, y creo que tengo derecho a recuperarlos, en especial cuando tiene que ver con lo que está pasando ahora.

—Hacer eso no es tan sencillo, Kanon. Atenea tiene que dar su consentimiento y ella misma desbloquear tus recuerdos.

—Pues hagamos eso entonces. Si me concede una audiencia con Atenea, yo mismo le pediré permiso.

Shion y Dohko se miraron, pero terminaron por asentir y Shion se retiró en busca de la joven diosa. Cuando Saori llegó al Salón del Trono en compañía de Shion, miró a Kanon. Le dijo que ella misma no tenía el poder de desbloquear sus recuerdos, porque esa no era una de sus habilidades, que tendría que pedir ayuda a alguno de sus divinos parientes, y no sabía si accederían a ayudarlos porque, bueno, hay razones por las cuales los mortales en general no tienen acceso a esos recuerdos. Kanon le contestó que no había prisa, la chica se fue y no iban a poder hablar en un tiempo. Además, si desbloqueaban sus recuerdos, estaba seguro de que su gemelo querría lo mismo, pero él tampoco estaba en condiciones de hablar en ese momento. Saori asintió y lamentó lo que estaba pasando. Le dijo que hablaría con sus parientes y que esperaba que le dieran el permiso.