Este Fic es una adaptación de la novela "El beso del Arcángel" de Nalini Singh (y continuación de la novela "El Ángel caído")

el cual les comparto sin fines de lucro, sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo.

Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Cursivas, comunicación / vinculo mental

Capitulo 34

—Señor. —Hisagi plegó las alas a la espalda y esperó a que le dieran permiso para

hablar.

Ichigo alzó la mano y lo saludó con una inclinación de cabeza.

—Ven, hablaremos dentro. —El extraño sentido del honor de Unohana era una

garantía de que su hogar estaba libre de espías, tanto reales como tecnológicos.

La arcángel consideraría una enorme falta de educación inmiscuirse en la

intimidad de sus invitados.

Ya dentro, Rukia se apoyó contra la cómoda, e Ichigo y Hisagi se situaron

frente a ella. El tatuaje del ángel ya estaba casi completo. Era una obra de arte

viva que le cubría el lado izquierdo del rostro y que hablaba de ancestros

procedentes de tierras muy distantes entre sí. La historia de los padres de Hisagi

era considerada uno de los más importantes romances angelicales. Y durante un

tiempo, lo había sido.

—¿Tus hombres han conseguido averiguar algo más? —le preguntó a su jefe

de espionaje.

—Sea lo que sea lo que guarda en esa cámara de su fortaleza —dijo el ángel

de alas negras con una voz clara y una pronunciación perfecta—, ha sido

trasladado hasta aquí.

—¿Uno de los renacidos?

—Sí, pero uno especial. Se ha puesto un extremo cuidado en su protección

cuando venía hacia aquí. —Esa pronunciación perfecta se alteró lo suficiente

como para revelar la repugnancia que sentía—. Hay informes de una mujer

desaparecida en la ruta de la caravana.

—¿Alimenta a su renacido con personas vivas? —Matar humanos no estaba

prohibido, pero hacerlo para eso, de esa manera... ni siquiera Ikakku había

llegado tan lejos.

—No hemos sido capaces de encontrar ninguna prueba que lo confirme —

dijo Hisagi—, pero se han producido varias desapariciones a lo largo de la ruta de

la caravana... y si hubieran querido muertos, habrían encontrado enterramientos

recientes en todos los pueblos.

—Unohan es considerada una diosa —dijo Ichigo, que recordaba otra época, a

otro ángel convertido en dios—. Los lugareños no se quejarán de nada.—No.—

El pelo negro azabache de Hisagi reflejó la luz cuando el ángel

inclinó la cabeza para respirar hondo—. Y eso no es lo peor.

—¿Hay más? —La voz de Rukia mostró a las claras su asombro.

Hisagi alzó la cabeza.

—Corren rumores, muchos rumores, de que aquellos mortales de la corte que

no son elegidos para la Conversión...

—Madre de Dios... —susurró Rukia—. ¿Se les pide que se conviertan en

renacidos?

—Al parecer, se convencen a sí mismos al ver a los renacidos más recientes

—confirmó Hisagi—, a aquellos que se mantienen bastante tiempo en un estado

físico similar al de la vida a base de alimentarse con carne.

—¿Los jóvenes o los mayores? —inquirió Ichigo.

—Los mayores, pero creo que eso no durará mucho. —Hisagi hizo un gesto

negativo con la cabeza.

—¿Por qué? —Rukia miró a Ichigo. No entendía nada—.

Seguro que saben que tendrían una esperanza de vida mucho más larga si

dejaran que la naturaleza siguiera su curso.

Hisagi respondió antes de que Ichigo pudiera hacerlo.

—Es por la promesa de inmortalidad, por la esperanza de que Unohana

encuentre un modo de mantenerlos con vida durante toda la eternidad. Algunos

renunciarían a cualquier cosa por eso.

Rukia percibió algo en ese comentario, una corriente subyacente muy rica en

significados. Miró al ángel que siempre era una sombra y se fijó en su apuesto

rostro inescrutable, en esas alas como el carbón que le permitían desaparecer en

la noche.

—¿Por la promesa? —Rukia negó con la cabeza—. No puedo entenderlo,

porque en realidad se convierten en poco más que esclavos.

—Tú nunca has codiciado la inmortalidad —replicó Ichigo—. No

comprendes las ansias de aquellos que sí lo hacen.

Eso hizo que Rukia reflexionara un poco.

—Tal vez sí —dijo, aunque deseaba no comprenderlo—. Mi cuñado ama a mi

hermana, pero no esperó a que ella fuera aceptada como candidata. Quería vivir

para siempre mucho más de lo que deseaba que mi hermana estuviera a su lado.

—Y ahora Momo envejecería mientras su marido permanecía eternamente joven.

Toshiro había jurado permanecer al lado de Momo y, por alguna razón, Rukia

estaba convencida de que lo haría. Sin embargo, se preguntó si Momo aceptaría esa

devoción. ¿Sobreviviría el amor de su hermana a la idea de haber quedado por

detrás de sus ansias de inmortalidad? ¿Aceptaría que, después de su muerte,

Toshiro se quedaría solo y podría conocer a otra persona, amar a otra persona?

Miró a Ichigo a los ojos y sintió una dolorosa punzada en el pecho. Sabía que

también ella sería testigo de la muerte de su hermana. No voy a disculparme, Rukia.

Sería una falsedad... No podría soportar que me dejaras.

La sinceridad brutal de esa respuesta, la emoción que destilaba, sacudió sus

cimientos.

Lo olvidé, y luego recordé. Eso duele mucho más.

Momo se convertirá en polvo cuando llegue su hora, pero morirá sabiendo que

sus hijos estarán bajo la protección de un ángel.

Rukia realizó un breve gesto de asentimiento y enfrentó la mirada de Hisagi.

Se dio cuenta por primera vez de que sus ojos eran negros, tan negros que

resultaba casi imposible distinguir la pupila del iris.

—¿Se alzarán los cortesanos contra Unohana si les demostramos que el

renacimiento no equivale a la inmortalidad?

Las alas de Hisagi emitieron un susurro cuando el ángel las sacudió un poco,

pero incluso en ese lugar, en esa habitación llena de luz, Hisagi conseguía

encontrar una sombra con tanto éxito que Rukia tuvo que esforzarse para

distinguir la forma de las plumas.

—Tal vez consigamos convencer a unos cuantos, pero la mayoría están

acostumbrados a considerarla su diosa. La seguirán con los ojos cerrados allí

donde quiera llevarlos.

Lo que le proporcionaba a Unohana un suministro interminable de cadáveres

para su ejército de muertos.