Quédate: Parte Dos


Capítulo 10


Decir que estaba nerviosa era un eufemismo, mi corazón parecía estar a punto de salir de mi pecho, tenía la boca seca y tiritaba como una montaña de gelatina, me recosté en la camilla y me aferré a la mano de Ino como si yo fuera un náufrago y ella, mi tabla de salvación en medio del océano. No hice ningún comentario sobre el supuesto embarazo múltiple, solo esperé a que Gaara hiciera su trabajo y que mi amiga hablara.

—Doctor, esto es tan inesperado que la noticia nos tiene en shock.

—Solo es la impresión inicial, la experiencia me dice que apenas ven titilando el puntito en la pantalla, todos los miedos se espantan.

¿Puntito? ¿Y si son "puntitos"?

El frío del gel que esparcía el médico en mi vientre me hizo dar un gritito. Ino apretó mi mano.

—¡Jodida cosa ese gel! Pero "solo es la impresión inicial" —mi amiga me hizo reír con su parodia de Gaara en la frase final.

El ambiente distendido pasó a tenso cuando escuchamos unos gritos afuera de la sala, la puerta se abrió abruptamente y mi corazón dio un salto: un desmejorado Naruto, sentado en una silla de ruedas empujada por Sasuke, estaba en el umbral.

—Buenas tardes, doctor Sabaku no—la voz de Naruto fue gruesa un poco ansiosa.

—Señor Uzumaki, no puede estar aquí, estoy con una paciente y ayer usted tuvo una crisis grave. Si necesita algo de mí, hable con la secretaria y yo iré a verlo después, pero váyase a su cama.

Mis ojos se enfocaron en Naruto, era doloroso ver a mi precioso adonis, mi príncipe de cuentos, convertido en un hombre enfermo, un hombre que parecía haber perdido su batalla contra el monstruo que lo devoraba. Su aspecto era demacrado y ojeroso sin embargo no había disminuido su arrogancia, su rostro permanecía con esa mueca petulante que siempre me había llamado la atención.

—Gracias, doc, pero no. Estoy en el lugar que tengo que estar—hizo una de sus sonrisas ladeadas—. Ni usted, ni el puto aneurisma va a impedirme que vea a mi hijo.

Gaara me miró dubitativo.

—¿Señorita Hyûga?

Me aferré a la mano de Ino.

—Es el padre, —dije confirmando la pregunta no formulada del doctor Sabaku no, —fuimos novios hasta hace dos meses, puede quedarse si eso quiere—¡Dios, como me jodía tener que dar ese tipo de explicaciones!

—En ese caso.

Gaara hizo un espacio para que Sasuke acomodara la silla y Naruto pudiera ver el monitor, Ino acarició la mano que me tenía agarrada tratando de infundirme calma. Sin temor a convertirme en una cínica, relajé mi mente pensando en las otras cosas que podían pasar para que la situación fuese más bizarra.

—Muy bien, doc, ahora, muéstrenos a mi hijo.

La voz de Naruto, aunque cansada, tenía el orgullo de padre, me giré para ver la cara de mi amiga, ella me sonrió dulce y me acomodó el pelo, pero yo sabía que se mordía la lengua para no responderle a Naruto como se lo merecía.

—Verán algo parecido a un globo con algo adentro, yo iré haciendo mediciones y explicando las imágenes.

De inmediato comenzó a pasar el lector sobre mi vientre, en la pantalla apareció una especie de paisaje lunar que me resultaba imposible descifrar. Mi corazón martillaba y sentí como un pequeño escalofrío me invadía completamente.

—Tranquila, esto está frío, pero verás que con el roce, se entibia.

Cerró un ojo y me sonrió con coquetería.

—Va a coquetearle o hacerle el jodido ultrasonido—dijo, Naruto con evidente fastidio.

Gaara lo cruzó con una mirada ruda y luego lo ignoró.

—¡Vaya, vaya, Hinata! tú no paras de sorprenderme—el médico sonreía mirando la pantalla.

Yo también la miraba, pero solo lograba ver un cráter de volcán que tenía tres burbujas de lava en el centro. ¡Por lo más sagrado de todos los joderes del Olimpo, tres! Sí, había tres globitos que tenían algo latiendo adentro. Miré a Sasuke, él me miraba con los ojos brillantes y sonriendo.

—¡Voy a ser tía! ¡Santo Cielo, Hinata! La tribu que vamos a armar con tus hijos y los míos.

—¿Tres? —pregunté a la nada.

—Son trillizos.

La sonrisa de Sabaku no era brillante, supongo que los ginecólogos aman dar este tipo de noticias. Mi mente estaba en trance, solo podía observar el monitor, pero no alcanzaba a ver más que un maldito volcán.

—¿Seguro?

—Seguro.

Naruto, estaba en su silla, quieto y sin más gesto que su ceja izquierda levantada.

¿Estaba enojado? ¿Acaso vino con la esperanza de que no estuviera embarazada?

—Tenemos un gemelar doble y otro simple. Mira aquí—Gaara me trajo de vuelta de mi especulativo viaje, con un puntero luminoso recorría la imagen en el monitor—, en la parte superior podemos observar un primer bebé, en solitario, con su bolsa y placenta propia, aquí abajo tenemos a los gemelos simples, comparten una placenta pero cada uno tiene su propia bolsa—el láser se trasladó hasta ahí.

No sabía que decir así que opté por la pregunta más obvia —¿Están bién?

—Vamos a medir y a pesar, pero mi experiencia me dice que sí, que tienes tres maravillosos huevitos creciendo en tu útero. Necesito saber la fecha tu último ciclo menstrual.

Comenzó a preguntarme cosas y a hacer anotaciones. Yo contestaba, escuchaba a mi voz dando respuestas lógicas y concretas, mientras mi pensamiento una vez más, divagaba.

Me atreví a mirar de soslayo a Naruto, seguía quieto, en silencio, mirando la pantalla, Sasuke le acomodó la manta que cubría sus hombros y él se aferró a ella ¿Qué pensará ahora? era padre de tres hijos que engendró con una mujer que no amaba y se estaba muriendo. A lo mejor era lo que quería, desaparecer para no hacerse cargo de responsabilidades que nunca buscó.

¿Y si es como Sasuke dijo? Naruto no tenía por qué, era casi un niño cuando asumió la responsabilidad de Sasuke sin embargo, lo adoptó como hermano.

¡Ay Dios!, que poca importancia tenía todo eso, ahora: él se moría y yo iba a darle tres hijos.

Ni en mis más remotas fantasías había imaginado que yo sería madre, yo que fui la niña que nunca tuvo nada ahora tenía tres seres hermosos, tres pequeños milagros que vivían en mí. Sin siquiera notarlo mi felicidad se transformó en lágrimas que descendían sin descanso por mis mejillas.

Nunca más estaría sola, nunca más nadie me abandonaría, ahora tenía por quien luchar, un motivo de suficiente peso para superarme cada día más; tendría tres razones para seguir respirando y estaba empezando amar eso. Ellos eran reales, tan reales como el aire que respiraba. Ya eran parte de mí y así mismo los aceptaba. Mi entrega sería completa y no existiría fuerza en el mundo que me separara de ellos.

Un suave sollozo hizo que girara mi cabeza hasta donde estaba Naruto y lo que vi encogió mi corazón: tenía la cabeza entre sus manos, su cuerpo convulsionaba levemente y pequeños sollozos se escapaban de sus labios. ¿Por qué lloraba? Si de algo era consiente era que Naruto era el desgraciado más grande que había cruzado en mi vida pero, no podía odiarlo, su dolor era mi dolor, ambos estábamos tan cerca pero tan lejos y este milagro era una muestra de ello.

Como si supiese que lo observaba, Naruto bajó sus manos y despejó su cara, nuestras miradas se conectaron, sus ojos azules se veían emocionados y asustados, sus labios se extendieron en lo que me pareció una sonrisa, en ese momento quise correr hacia él decirle que todo estaría bien, sin embargo, no me moví simplemente observé su pecho subir y bajar con rapidez, antes que pudiera decirme algo volteé mi mirada hacia Ino que escuchaba atenta al doctor Sabaku no.

—¿Terminamos?—Ino observó mi repentina interrupción pero no dijo nada.

—Sí, quítate el gel y te espero afuera. Señores, démosle privacidad a la dama.

Invitó a Sasuke y a Naruto para que abandonaran la sala; aunque Naruto puso algo de resistencia terminó asintiendo a lo que fuese le haya dicho Sasuke. Cuando salieron Ino me dio una toalla para limpiar el gel, me ayudó a levantarme de la camilla y me dio un abrazo.

—¡Que felicidad tan grande! ¡Ay, Hinata, tendremos que buscar una casa! Tu departamento es pequeño para criar a los niños.

—¡Ino! déjame masticar primero la noticia, después veremos lo de la casa.

El nudo en mi garganta era grande y solo quería llorar, pero me controlé, ya estaba bueno de lágrimas puse mi mejor cara, algo me decía que la iba a necesitar.

—Tendremos que reorganizar la agenda, yo creo que debes tomarte, a lo menos, una semana. Después, bajar el ritmo de trabajo, eres primeriza y todos los embarazos múltiples son de riesgo.

—Ino ¿Por qué no esperamos a ver lo que tiene que decir el doctor Sabaku no?

Mi amiga hizo un gesto gracioso, cayendo en cuenta que iba a mil por hora, tomó mis cosas, y me dio un gran abrazo antes de abrir la puerta para mí.

En la oficina de Gaara estaban esperando Naruto y Sasuke.

—¿Cómo te sientes, Hinata?

—Todavía en shock.

—Es natural, pero yo estoy aquí para que tengas tranquilidad. Aquí tienes la orden de todos los exámenes médicos que deberás hacerte, fijaremos un calendario con tus citas médicas, tenemos un equipo multidisciplinario que velará por tu salud y la de los bebés.

—¿Cuándo empezamos?

—Mientras más rápido te hagas los exámenes, mejor. Con los resultados en la mano podemos saber el estado de los embriones y comenzar con un plan nutricional para ti, además de los medicamentos necesarios.

—¿Puede hacérselos hoy?—la voz profunda de Naruto intervino.

—Algunos, otros necesitan ayuno. Te daré diez días de permiso médico para que te los hagas todos.

—¿Diez días? ¿Tan poco?—otra vez Naruto— es un embarazo múltiple.

—Y primeriza—agregó Ino.

—Dejaremos los diez días, si necesitamos más, puedo extender el reposo ¿alguna pregunta, Hinata? —marcó mi nombre, era evidente que estaba molesto por las interrupciones.

—No.

—Muy bien, nada de movimientos bruscos ni levantar cosas pesadas.

—Gaara imprimió un par de fotografías, entregándome una a mí y otra a Naruto que la miró como si fuera lo más deslumbrante del mundo. —Nos vemos en la próxima cita.—Asentí levantándome para salir del consultorio.

Ino me tomó del brazo sonriendo.

—Tenemos que contarle a Kiba y a Sai, cena en mi casa tal vez— buscó su celular para marcarle.

Kiba...

—Hinata—la voz cansada de Naruto apenas se escuchaba.

Estábamos en el pasillo, en la zona en se dividía hacia neurología y toma de muestras. Aunque no quería girarme dividida entre la rabia y el amor que sentía por él lo hice.

—¿Sí?

—¿Podemos hablar por favor?

La mirada de mi amiga se enfocó en la mía, colgando la llamada que realizaba, respiré profundamente antes de hablar:

—Tú y yo ya hablamos, Naruto.

—Por favor.

—Naruto, estás agotado, debes ir a tu habitación, es hora de tu medicina. —Sasuke intentó detenerlo cuando él hizo trato de levantarse, sin embargo, no tuvo fuerzas y debió resignarse a que su hermano lo ayudara a sentarse en la silla nuevamente, sus ojos me observaban suplicante y me rendí.

—Deberías ir con Sasuke, yo me tomaré las muestras que Gaara ordenó y luego iré a tu habitación.

Él asintió y Sasuke lo llevó por el pasillo, me quedé unos minutos observando cómo se alejaban, luego me fui con Ino al consultorio de toma de muestras.

Aún sentía el piquete de la aguja cuando empujé la puerta de la habitación de Naruto, Ino había insisto en esperarme en la cafetería por si necesitaba ayuda, Naruto estaba solo, sentado en la silla de ruedas al lado de su cama noté que el lugar estaba mucho más iluminado que cuando vine a darle la noticia.

—Viniste—Sin duda, me estaba esperando, me pareció que hasta le brillaban los ojos.

—Dime lo que tengas que decir y salgamos de esto, Naruto, le dejé claro a Sasuke que no necesito ni de tu dinero, ni de tu apellido. El hecho que sean tres no cambia para nada ese mensaje.

—Lo siento—susurró con voz queda—, lamento haber sido tan cabrón el día de ayer.

—Es tu naturaleza.

—Hinata, mi tiempo esta contado. voy a morirme.

—¡Quieres morirte!—le increpé—, hay una opción y no quieres considerarla.

—Esa opción y la nada es lo mismo, es riesgosa como el infierno. No hay garantías.

—Es cincuenta y cincuenta, Naruto, tienes en tus manos la posibilidad de vivir.

—¿Tengo la oportunidad de vivir junto a ti?

Negué con la cabeza ¿Qué pregunta era esa? El Naruto coqueto estaba de vuelta.

—Debes sentirte muy bien si tienes ganas de hacer esa broma.

—No es broma, Hinata.

—¿Entonces?

—Te amo.

Escuchar esas palabras una semana atrás, me hubiesen hecho estallar el pecho de emoción, hoy...

—No lo digas porque estoy embarazada Naruto, eres más que eso...

—Es cierto... Te amo.

Sentí un golpe de adrenalina en mi sistema que me hizo dar un brinco.

—¿Lo descubriste antes o después de decirme coño fácil y mujer aburrida? —caminé hacia la ventana de su habitación, necesitaba aire.

—No tengo perdón, tú sabes cómo soy: si hay que ser idiota, soy el mejor. —podía verlo reflejado en el vidrio.

—No voy a discutir eso—él no dijo nada y el silencio nos invadió por un par de minutos respiré profundamente y me giré a verlo —¿era eso lo que querías decirme? Tengo una reunión con Hatake.

—Me enamoré de ti, Hinata, me estoy muriendo y no quería que sufrieras.

Estaba desesperado, podía ver su cuerpo tenso, intentando que yo le creyera.

—Para ti era mejor que sufriera desde antes. Sí, ¡qué grandiosa idea!—ahora estaba enojada.

—¡Quería protegerte! —refutó.

—Querías mantener tu imagen de seductor intacta.—Satiricé

—¡No! Yo me enamoré de ti y pretendí que tú no me amaras. —movió la silla y me aleje de él.

—¡Ya basta, Naruto!—apreté mis manos en puños—Estoy harta, olvidémonos de todo esto. Preocúpate de tu salud que yo me preocuparé de la mía.

—¿Y mis hijos? Hinata, se te olvida que estás embarazada Dulzura.

—¿Ahora soy Dulzura? —Negué con la cabeza—Si te interesan tus hijos, deberías acceder a la intervención quirúrgica.

—Me interesan mis hijos, pero también me interesas tú. — se acercó lo suficiente para tomar mi mano.

—No me jodas, Naruto Uzumaki, no me jodas. —Salí de la habitación rápido y tropezando con Sasuke, quería huir de la clínica, quería estar en mi casa, quería abrazar a Ino y dejar de llorar de una maldita vez, pero apenas sentí que las manos me sostenían, saltaron mis lágrimas.

—Mis sobrinitos estarán asustados con la cantidad de llanto que eres capaz de fabricar.

Buscó mi cara para hablarme, me causó gracia imaginarme a mis tres chiquitines con boquita y ojitos asustados por su mamá llorona.

—Tu hermano es un idiota...

—¡Sí, es muy idiota! —me giró para que viera que en medio del pasillo estaba Naruto de pie, con una bata de levantarse a medio poner y con las mangueritas de la intravenosa colgando de sus brazos.

—¡Dulzura, no te vayas!—gritó con fuerza, llamando la atención de todos.—. Recuerdas la pulsera, la frase en ella, no decía gracias por la oportunidad, dice "Ni la estrella más lejana me impedirá verte" porque es cierto Dulzura, si es verdad que existe el cielo yo iba a vigilarte desde allí— gritó apoyado al marco de la puerta de su habitación—. Main kya tum mere saath kiya tha pata nahin hai, lekin mujhe lagata hai ki main tumase pyaar karata hoon —gritó aún más fuerte—. Te lo dije en Año Nuevo, Hinata: "No sé qué hiciste conmigo, pero creo que te amo, ¿Tiene algún sentido mentir en este punto de mi vida?

Sasuke me soltó y corrió a sostener a su hermano, yo debía irme, pero estaba pegada al piso, mirando como ese magnífico hombre ‒que solo hacía unos meses entraba al ascensor y me anulaba con solo mirarme‒, lucía extremadamente débil y esperaba por una respuesta.

No lo pensé, seguí un impulso y encaminé mis pasos hacia él quien, al verme, se soltó de Sasuke, trató de arreglarse la bata y dio pasos hasta encontrarme. Sonrió con la misma sonrisa conquistadora de siempre, limpió las lágrimas de mi rostro.

—No me dejes solo, nena, por favor, no me dejes ahora.

Su cuerpo perdió fuerzas y sus piernas flaquearon, haciéndome sostenerlo hasta quedar abrazada a él.

—No debiste levantarte.

—Tenía que intentarlo—lo abracé con fuerza—Estoy desesperado y no me queda mucho tiempo, antes de morir quiero creer que si hay una vida más allá, que si existe el destino es junto a ti—su mirada no se despegaba de mí—. Quédate, conmigo, nena, solo un poco. Quiero sentir que al menos en mis últimos días pertenecí a alguien. Que te pertenecí a ti.

Sasuke agarró a Naruto y lo sentó en la cama, aun así, me sujetó con una de sus manos.

—Iré por una enfermera para que conecte nuevamente las intravenosas...Eres un paciente terrible—Sasuke negó con su cabeza—¿Me acompañas Hinata?

—No te vayas, Hinata

Yo amaba a este hombre, amaba a ese hombre, lo amaba ¡lo amaba!

—No me voy, Naruto—susurré. Vi como Sasuke abandonó la habitación dejándonos solos.

—Te amo, Dulzura, perdóname por...

—Tsks—coloqué mis dedos en su boca

—Quiero decirlo, hay poco tiempo y no quiero irme sin que te quede claro.

—No vas a morirte, ¿me escuchas? —Él negó y yo agarré su cabeza, enterrando mis dedos en sus cabellos tan carentes de vida.

—Hinata.

—Vamos a hablar con el doctor, Naruto, juntos vamos a enfrentar esto.

—Dulzura.

—Deja la cobardía—mis manos tomaron sus mejillas su barba rasposa lastimaba mis palmas— ¡No me quedaré junto a ti a esperar tu muerte cuando hay una opción!—él giró su rostro pero lo obligué a mirarme— ¿Quieres que crea en lo que dices? ¡Demuéstramelo, Naruto! No te dejes vencer, lucha por tu vida, por ti, por mí,—llevé mis manos a mi vientre— por ellos, no huiré si tú te mantienes firme.

» No puedo simplemente quedarme contigo y dejar que la vida se te escape por entre los dedos. No puedes dejarte vencer sin al menos intentarlo. Es perder la guerra sin haber dado la batalla justa —Naruto bajó la mirada, besando mis manos que seguían en sus mejillas—. Decide, Naruto... ¡Ahora!

Naruto asintió.

—Lo haré—susurró—, pero si algo falla—volví hacerle callar con mis dedos.

—Nada fallará.

La enfermera entró a la habitación y me alejé para dejarle hacer su trabajo, la mirada de Naruto nunca dejo la mía y tan pronto como nos quedamos solos nuestras manos estuvieron unidas de nuevo.

A los minutos, los miembros de la familia Uzumaki comenzaron a desfilar por el cuarto, todos saludaron amablemente y hablaron banalidades, evitando tocar temas que podían enojar a Naruto.

Quise darles un momento de privacidad así que salí de la habitación con la excusa de llamar a Ino, quedamos de acuerdo en que, dos horas más tarde nos veríamos en mi casa. Tsunade y Jiraya me abordaron y estuvimos hablando unos minutos, se debatían entre la ilusión y la fatalidad, entre la alegría y la desazón, yo traté de darles esperanza.

—Dejen de hablarle como si fuera la salvadora. Fue la maldita perra que lo hundió en el infierno y ahora se las da de heroína.

—¡Karin! —Jiraya la hizo callar.

—Karin, le debemos que tu hermano haya decidido operarse —Tsunade la amonestó

Decidí ignorar las palabras de Karin‒ella no era lo importante‒ hice un gesto de despedida y volví a la habitación, Sasuke hablaba con Naruto y un hombre que no conocía, pero por su bata blanca deduje que era su médico tratante.

—¡Hinata!

Hizo a un lado al médico y me llamó con un grito angustioso.

—Estoy aquí. —Tomé su cara con mis manos y le di un beso en la frente—. Te prometí que no me iría.

—Demoraste.

—Digamos que las agujas y yo no somos especialmente amigas, dejemos que el médico termine su tarea.

—Señor Uzumaki, he tenido pacientes difíciles y usted. —Y siguió auscultando y haciendo anotaciones.

—Doc, no me gusta que me manosees sin hablarme. —expuso Naruto.

El aludido se rió.

—Tienes las pupilas reactivas, Naruto, los valores están entre los rangos considerados normales.

—¿Cuándo vuelvo a casa?

—Tengo una nueva técnica para ti pero necesito saber ¿Estás dispuesto a escuchar esta nueva opción?

El doctor, podría tener la edad de Gaara, de ojos negros y penetrantes, de barba finamente recortada.

Naruto enfocó su mirada en la mía y yo apreté la mano que aún tenía sujeta, dándole a entender que teníamos que escuchar todas las opciones posibles. No muy convencido, él asintió al doctor

—Evalué tus exámenes junto con el doctor Archer y un par de colegas más, necesitamos intervenir, Naruto, es ahora o ahora. Como sabes bien existen dos técnicas para tratar los aneurismas cerebrales.

» Una técnica es la quirúrgica, que consiste en realizar una craniectomía, retiramos un segmento de hueso del cráneo y bajo control microscópico colocamos un clip de metal—Naruto negó—. La otra técnica es la oclusión endovascular, es un nuevo procedimiento, bastante seguro, aunque como toda intervención tiene sus riesgos, a diferencia de la primera técnica no tendremos que abrirte la cabeza.

—¿Podría explicarnos mejor, doctor? —pregunté.

Me miró y miró a Naruto.

—Hinata Hyûga, mi mujer.

Volvió a mirarme y me hizo un gesto breve que interpreté como saludo, le respondí de igual forma. Me obligué a ignorar el "mi mujer".

—Este procedimiento tiene como único objetivo el ocluir y excluir de la circulación a los aneurismas, para evitar su ruptura, lo que quiero decir es que introduciremos un catéter por la arteria femoral y navegaremos por la arteria hasta llegar al polígono de Willis, ahí es donde está alojado el aneurisma.

» Los catéteres están constantemente irrigados con agua y dosis baja de anticoagulante para evitar formación de trombos y coágulos en los dispositivos. El aneurisma es de cuidado y está entre los rangos de longitud y tamaño a usar por esta técnica.

—Todo eso se escucha muy bien, doctor, pero necesito saber los riesgos.

—Naruto. —Sasuke le indicó al doctor que continuara. Noté que Tsunade y Jiraya habían vuelto a entrar a la habitación.

—Es importante para mí—su voz era dura y clara—. Ya no debo solo pensar por mí —apretó mi mano suavemente.

—Por favor, lo prometiste, el riesgo es mejor que nada—lo miré a los ojos, necesitábamos esto, él besó mis nudillos.

—Doctor Kankuro, necesito conocer los riesgos.

Pasó la mano por su rostro y apretó el puente de su nariz.

—Te sientes bien, Naruto. ¿Algún tipo de dolor? —Naruto negó—. Necesito que estés tranquilo, nada de alteraciones que puedan afectar tu presión sanguínea, eso nos haría las cosas muy difíciles.

—Los riesgos doctor Kankuro, necesito saber a qué me estoy enfrentando. —Pueden ir desde isquemia cerebral, infarto cerebral, hemorragia subaracnoidea por ruptura, crisis convulsivas.

Cada riesgo era como si me dijeran que iba morir, era agónico y espeluznante, una punzada directa a mi pecho; las esperanzas eran muy pocas, me sentía pésimo por haber pensado tan mal de él. Ayer decía que me daba lo mismo su muerte cuando sabía que mis fuerzas serían muy pocas si él no estaba conmigo.

Por primera vez en mi vida recordé que existía Dios y si él existía podía aferrarme a él, de hecho, me aferraría a cualquier cosa, en este momento me sentía casi sin aire, eso sin contar la mano de Naruto que temblaba levemente ante la mención de cada riesgo.

—¿Algo más? —dijo Naruto irónico.

—Naruto, quiero que entiendas que estas posibilidades son muy poco frecuentes. Estás en manos de especialistas, he hecho este tipo de operaciones anteriormente y han sido exitosas, solo que no lo había considerado para tu caso. Tus exámenes marcan valores estables, no sufres de ningún tipo de enfermedad secundaria, lo que hace todo un poco más sencillo, si estás de acuerdo podemos programar la operación.

La mirada de Naruto se posó en la mía por breves segundos antes de asentir.

—Prepare todo, doctor—Un suspiro de alivio se escapó desde lo más profundo de mi ser y en un acto no medido, besé sus labios.

—Está bien Naruto

Jiraya y Sasuke se fueron con el doctor, Tsunade se acercó a su hijo dándole un beso en la frente, no había visto a Karin, segundos después Tsunade se disculpó saliendo de la habitación, Naruto ordenó que me recostara a su lado y aunque al principio estuve renuente al final lo hice, acaricié sus cabellos hasta que se quedó profundamente dormido.

—Hinata... —murmuró Naruto con voz adormilada. Me giré para mirarlo. Estaba junto a la ventana observando el atardecer; momentos antes había llamado a Ino para decirle que estaba bien y que pasaría la noche con Naruto, no quería alejarme de él—Aquí estoy—caminé de vuelta a la cama y tomé su mano.

—Pensé que había sido un sueño—besó mi mano—. Tengo miedo, Dulzura, ahora que te tengo no quiero morirme.

—No vas a morir, es natural que sientas miedo, no serías humano si no lo tuvieses, tenemos que mantener las esperanzas, el doctor es un experto y lo viste, estaba tranquilo.

—Es su trabajo, Dulzura, dar tranquilidad.

—¿Con todas las contra que te enumeró? Pensé que se estaba empeñando en que desistieras.

—Contigo y con los niños a mi lado, ¡jamás! Haré esto Hinata —Lo miré y regalándole una sonrisa

—¿Por qué no comes?, la nutrióloga dejó esto para ti.

Destapé una bandeja que contenía una sopa rojiza y algo parecido a un mousse de fresas y me alejé para que comiera tranquilo.

Al parecer tenía hambre ya que se comió todo.

—¿Tú no comiste?

—Sí, Sasuke me trajo algo.

—¿Segura?

—Tengo que alimentarme, debo cuidar a los chiquitines. —¡Ven aquí! —volvió a hacerme un lado en su cama.

—Señor Uzumaki, estamos en un hospital—le dije coqueta.

—Ven aquí—insistió, divertido.

—Ino y Sasuke arreglaron para que me quede a pasar la noche contigo— me hice la interesante.

Su cara se iluminó y no ocultó su sonrisa.

—Si no vienes, voy a buscarte y serás la culpable de tener que llamar a la enfermera de nuevo para que acomode la intravenosa.

—En ese caso —me saqué los zapatos y con mucho cuidado, me instalé pegadita a su lado.

—Los dos cabemos aquí.

—Solo un momento, pronto traerán una cama para mí.

—Gracias, Dulzura—besó mi frente apretándome más a él.

—¿Por qué?

—Por estar aquí y perdonar lo cabrón que fui contigo—volvió a darme un beso en la frente, su barba me hizo cosquillas, haciéndome reír.

—Tu barba me hace cosquillas—estaba feliz—. Pareces un hippie inglés, con ese aspecto desaliñado.

—¿No te gusta mi look vagabundo? —enarcó una ceja y yo negué—. No tenía para quien verme bien. Cuando pase todo esto, si salgo vivo del quirófano—tapé su boca con mis manos y él dejó un beso antes de apartarla —, me quitaré lo que no te gusta, volveré a ser Naruto sexy Uzumaki.

—Puedo ayudarte con el pelo y la barba si hay alguna máquina de afeitar en tu equipaje—dije mirándolo a los ojos.

—Mañana, ahora solo quiero que me abraces—deslizó un brazo bajo mi cabeza, dejando que descansara sobre su pecho y la mano libre la deslizó hasta mi vientre, levantó la camisa y tocó mi piel—. ¿Hicimos un bebé?

—De hecho—sonreí— hicimos tres.

Fue su turno para sonreír, respiré profundamente atesorando esto. Él y yo juntos cuando hasta hace unas horas, todo era incierto.

—Te amo, Hinata—susurró suavemente, me levanté hasta quedar a la altura de sus hermosos ojos azules— ¿Puedo besarte, Dulzura? Hace mucho que no lo hago y muero por hacerlo.

Iba a decirle que yo lo había besado antes que se durmiera pero, asentí, un roce de labios no contaba como un beso de Naruto Uzumaki.

Él humedeció sus labios antes de posarlos levemente sobre los míos. Sus labios estaban resecos y rasposos, pero aun así el beso me supo a gloria, como si nuevamente estuviera en casa.

—¿Por qué yo Naruto? —Hinata y su afán de boicotearse—¿No sé ni el día de tu cumpleaños?

Naruto sonrió acariciando mi mejilla.

—Mi cumpleaños es el 10 de octubre y—suspiró—la pregunta sería, ¿por qué no tú?—me apretó aún más a él— No lo sé, cariño, podría decirte muchas cosas y a la vez nada, solo sé que contigo me siento en casa. Tú eres mi hogar.

Suspiró.

—Mañana tenemos un día difícil, nena, si no sob...—volví a tapar su boca, lo haría todas las veces que él fuese negativo en cuanto a la operación.

—No lo digas, Naruto.

—Pase lo que pase, Dulzura, ten siempre presente que eres mi hogar y, si salgo con vida de ese quirófano, prometo hacerte feliz, porque nadie más que tú lo merece.

Tragué el nudo en mi garganta, respirando fuertemente para no llorar. No quería que Naruto me viese triste, quería darle esperanza, decirle lo mucho que lo amaba, que él también era mi hogar, quería ver atardeceres y amaneceres junto a él.

Pasé mi pierna sobre su cuerpo y me dejé caer sobre él sin ningún deseo sexual, solo quería escuchar su corazón.

—Te amo—las palabras brotaron de mí antes de poder pensarlas.

—Te amo a ti también, nena testaruda—sus manos acariciaron mi espalda hasta posarse sobre mi trasero— ¡Joder, amo tu culo, Dulzura!, no voy a morirme teniendo este par.

Apretó suavemente mis nalgas, yo me reí, Doctor Sex estaba de vuelta.

—De haberlo sabido, me habría paseado por todos lados con mi trasero al aire.

Su risa y un palmazo en mi trasero fueron la respuesta.

—¿Hinata? —Levante la cabeza para observar su rostro— ven aquí y bésame que tenemos que recuperar tiempo.

—¡Sí señor!—sonreí antes de alcanzar sus labios con los míos.

Nos besamos sin prisas hasta que el cuerpo nos pidió aire. Me bajé de su cuerpo cuando su entrepierna quiso saludarme, sonreímos y me acomodé en su pecho cerrando los ojos, deseando que todo saliera bien. Su mano libre acarició la piel bajo mi ombligo y yo coloqué mi mano sobre la suya. Estábamos en casa.

La mañana siguiente desperté algo desorientada y con muchas ganas de vomitar— habían traído la cama auxiliar cuando Naruto se había quedado dormido así que me había bajado con cuidado para no despertarlo y me había recostado en mi propia cama sin dejar de mirarlo. Observé a Naruto, dormía plácidamente.

Caminé con cuidado para no despertarlo. Una vez estuve en el baño vomité toda lo que había comido, tomé una ducha rápida y me cambié de ropa. Afortunadamente, Ino había enviado una bolsa con Sai que contenía todo lo necesario para mi. Peiné mi cabello con las manos, cuando salí del baño Naruto estaba despierto.

—¿Estás bien? —Se veía preocupado.

—Sí.

—Te escuché vomitar.

—Son los bebés, ahora que se han visto descubiertos están haciéndose sentir. ¿Cómo dormiste? —Me acerqué a su cama

—¡Hey, niños, pórtense bien con mamá!—Reprendió mi estómago, traté de sonreír. No me sentía para nada bien, estaba algo mareada.

—En cuanto a tu pregunta, estoy bien Dulzura. Me regalas un beso de buenos días—rocé mis labios contra los suyos.

—Debo ir a hacerme los exámenes, ¿estarás bien? Si no, me los hago mañana.

—Ve, es importante saber cómo estás. Aunque, yo te miro y no puedo encontrarte más buena.

Negué con mi cabeza

—Te amo, vuelvo enseguida, no pelees con la enfermera.

—Mi barba de Hippie Inglés te esperará para que la rasures. —Su voz sonó triste, por un momento dudé en dejarlo.

—Es solo cruzar el pasillo, si hay mucha gente en espera, lo hago mañana.

—Ve, ve. —señaló la puerta con su mano.

Afortunadamente, todo fue expedito a la hora de tomar las muestras, a la salida me encontré con Karin.

—Naruto me dijo que estabas aquí. — Su tono de voz era culposo.

—Si quieres decirme algo, dejémoslo para después—el después me dolió en el alma—, ahora estoy ocupada.

—Como desees.

No dijo nada más y se marchó algo enojada, no me importó, yo tenía cosas mucho más importantes en que pensar.

Cuando entraba a la habitación, una enfermera salía con la bandeja de desayuno de Naruto, noté que la cama auxiliar había sido retirada.

—¿Listo para afeitarte?

—Bañado y alimentado. —Me tendió su mano y yo le di la mía y Tiró de ella acercándome para besarme suavemente—¿Tomaste desayuno?

—No, pediré un jugo de naranja con un croissant de chocolate.

—¿Eso es un antojo? Yo debería ir a traerlo.

—Pueden traerlo de la cafetería Sonreí.

—Ya habrá tiempo para que recorras la ciudad a las tres de la mañana buscando papas o chocolate con albahaca. —Su mirada se entristeció, me maldije por lo estúpida ¿cómo podía hablarle de futuro si era algo que lo angustiaba?—Vamos al baño—cambié de tema.

Mientras él caminaba a paso lento hacia el baño busqué en su maleta y saqué la espuma y su máquina de afeitar. Cuando entré al baño, Naruto me esperaba sentado en un taburete, debería verse ridículo con la bata clínica pero no, a pesar que había bajado varias libras se veía jodidamente sexy, tal como lo recordaba.

Él abrió sus piernas y me atrajo a su cuerpo mientras colocaba su frente en mi vientre, pasé mis manos por sus cabellos y se los peiné con los dedos hasta que él me dio un sonoro beso en el vientre y alzó su mirada hacia mí.

—¿Has pensado cómo los llamaremos? —preguntó.

—Nop—remarqué la "p"—, apenas hace dos días me enteré que existían.

—Quiero que tengan nombres poco comunes y que denoten una personalidad y que sean nombres que nadie más en la familia tenga —Nombres originales.

—¡Sí! ¿Me dejarías que yo eligiera sus nombres?

—Aún no tenemos el sexo, no sabemos si son niñas o niños —dije comenzando a embetunar su cara con la espuma

—No importa, deja que yo les dé sus nombres.

—Mientras no sean "Esquina", "Manzana", "Puente" o "Canela", estará bien.

—Se llamaran...— acallé su boca con un beso rápido sobre sus labios.

—Me dirás sus nombres cuando salgas de la operación, ahora déjame ponerte guapo.

Naruto rio, cerró los ojos y sus manos vagaron lentamente hasta tocar de manera sutil mis pechos, la corriente de deseo que recorría mi cuerpo cuando él me tocaba no hizo esperar, me obligó separarme de él mirándolo a los ojos, ese par de orbes hermosos que hacía que me perdiera en ellos, había picardía y lujuria ahí, quizás la misma que mi mirada reflejaba. Baje sus manos a mis caderas haciéndolo sonreír antes de retomar mi trabajo con la maquinilla, el muy bribón movió sus manos hasta mis muslos.

—Naruto...

Sonrió y centró su mirada en mi rostro y sus ojos estuvieron en los míos hasta que terminé con el vello facial.

Salí del baño escapando de la tienda de campaña en su entrepierna y de sus comentarios sucios y soeces. Su sentido del humor parecía haber regresado, aún era él y amaba eso, amaba que a pesar del trance aterrador por él que pasaba todavía seguía siendo aquel del que me enamoré, así, pervertido, burlón y dulce.

Arreglé la camilla y encendí la televisión en un vago intento de distraer mis ganas de devolverme y encerrarme en aquel baño junto al hombre que amaba. No pasó mucho tiempo cuando sentí su mirada calentar mi piel y me giré observándolo en su pose de depredador, su sonrisa torcida y sensual adornaba su rostro y su mirada se paseaba por mi cuerpo deseosa y ardiente, vestía solo un pantalón que se sostenía de sus caderas, marcando aún más su estrecha cintura.

Tragué grueso viéndolo caminar hacia mí como un felino encarcelando a su presa, y sus brazos me atraparon entre la cama y su torso. Mi cuerpo tembló al observar sus intenciones, su postura, su piel, su mirada, todo en él emanaba sexo, coloqué mis manos en su pecho intentando alejarlo de mí, mis piernas temblaban levemente y mis bragas empezaban a empaparse y si se acercaba más iba a saltar sobre él.

Naruto se apartó sonriendo antes de bordear y recostarse en la cama haciéndome una invitación silenciosa para que yo hiciera lo mismo, me acerqué y me acosté de medio lado dejando que mi espalda se amoldara a su pecho.

—Tienes una barra de metal ahí o estás feliz de verme—dije entre risas nerviosas pretendiendo quitar el ambiente tenso y sexual que se cernía sobre nosotros.

—¿Tú qué crees? —besó el lóbulo de mi oreja pegando su cadera a mi trasero, no pude evitar temblar entre sus brazos.

—¡Naruto! —lo reprendí en un jadeo ahogado.

—Lo siento. No, sabes que no lo siento—sonrió—. Fue en Villa Uzumaki.

Giré mi cabeza, mirándolo sin entender.

—¿Qué cosa?

—Tu fantasía sexual, ¿la recuerdas? Cuando lo hicimos con las olas de testigo. —Le di un golpe en su pecho.

—¡Mentiroso! Lo dices para que me sonroje.

—Las semanas concuerdan.

Saqué las cuentas.

—Tienes razón—le di un beso donde antes lo había golpeado.

—He pensado en los nombres mientras me duchaba: tres de niña y tres de niño.

—Es pronto para pensar en ello... —dije reprimiendo un bostezo no eran aún las nueve de la mañana y ya tenía sueño.

—Quiero decírtelos por si...

—Basta, Naruto. No quiero escucharte hablar con pesimismo —expresé molesta, él se quedó en silencio.

—Hay que ser realista. —dijo unos minutos después.

—Vas a salir bien de quirófano, vas a regresar a mí, a nosotros, por favor Naruto—las lágrimas picaron en mis ojos, Naruto me besó.

—Lo siento.

—Solo quiero que vuelvas a mí, que te quedes con nosotros.

—Volveré, Dulzura—me atrajo a su pecho mientras tarareaba una melodía. Aunque lo intenté, no pude evitar caer en la inconciencia.

Mi celular sonaba en alguna parte de mi cabeza, abrí los ojos adaptándome a la claridad de la habitación, estaba sola en la cama. Me sobresalté, pensando que algo grave había pasado con Naruto, pero la calma volvió a mí cuando lo vi sentado en el sofá junto a su madre.

—¿Sucede algo, Dulzura?

—¡Perdón!, me quedé dormida ¿Qué hora es?

Busqué mi celular para ver la hora y no lo encontraba.

—Las diez y veinte.

—¡Qué tarde!

Naruto se operaría a una de la tarde, a las doce se lo iban a llevar a pre operatorio y yo ¡perdiendo el tiempo en dormir!

—No te preocupes, cariño, son mis nietos los que te dan guerra.

—Tsunade te trajo esto: tu jugo de naranja y el croissant de chocolate que querías .

No había tomado desayuno y tenía hambre, me bajé de la cama y recibí el colorido vaso y la bolsita de pan.

—Gracias, tengo hambre.

Iba por el segundo mordisco, cuando sonó otra vez mi celular.

—Ha estado sonando varias veces, pero creí que era mejor dejarte dormir, es un número privado.

Tomé el celular justo cuando volvía a sonar, bebí un sorbo de jugo y aclaré un poco mi garganta antes de contestar.

—Hinata Hyûga.

—Señorita Hyûga, soy Richard Parker el abogado del señor Õtsutsuki, ¿cree usted que podríamos reunirnos en una hora?

—Tendrá que disculparme, señor Campbell, pero estoy con problemas de salud en este momento.

—Espero que no sea complicado, si me lo permite, la volveré a llamar en dos días para ver como está, quizás podamos fijar una fecha para reuniros.

—Genial, en eso quedamos.

—¿Quién era?

No pude contestar, salí corriendo para el baño a vaciar mi estómago, Sasuke, quien entró mientras conversaba al teléfono, me siguió.

—¡Mis sobrinos están fabricando hormonas como locos!

—Sasuke, ¿por qué no la llevas donde el ginecólogo? —Naruto, preocupado, hizo sonar su pregunta como una orden.

—¡Noo! Yo no me muevo de aquí hasta que entres al quirófano.

Claro que no, no lo iba a dejar solo.

—Estás vomitando todo desde esta mañana—arqueé una ceja—, además, atrasaron la operación en una hora .

—¿Por qué? ¿Hay algo malo?

—No, el doctor Archer consideró que era mejor.

—Gaara te espera en diez minutos, tiene tus exámenes listos. —Sasuke, todavía con el teléfono en la mano, dio la noticia.

—No quiero...—hice un puchero infantil—tenías todo fríamente planeado.

—Deja de rezongar, —me dio un suave beso—ve y me traes noticias de cómo están mis campeones.

—¿Puedo acompañarte? —Tsunade preguntó tímidamente. Miré a Naruto, él, siempre tan cuidadoso de su intimidad, tal vez quería que el embarazo solo fuera cosa de nosotros dos pero, me hizo un gesto de aceptación.

—Sería genial. —sonreí y me giré de nuevo hacia Naruto, la chica pudorosa y tímida que era yo se había ido y en su reemplazo floreció la mujer enamorada que sin pudor, abrazó al hombre que amaba y le dio un intenso beso en la boca.

Tsunade me estaba contando divertidas historias de Kiba y Naruto cuando llegamos a Neurología, las dos nos asustamos al ver que toda la familia estaba fuera de la habitación, eso ocurría cuando los médicos estaban haciendo algún procedimiento.

—¿Dónde está Naruto?

Jiraya abrazó a Tsunade y la calmó .

—Quiso estar solo con su abogado.

¿Abogado? Ignoré las preguntas a Sasuke sobre la visita a Sabaku no y empujé la puerta. "Hagas cumplir mi voluntad" fue lo que alcancé a escuchar, Naruto hablaba con alguien y le entregaba una carpeta verde.

—Hola, Dulzura—me dio su sonrisa torcida y estiró su mano hacia mí, yo la atrapé y anudé mis dedos con los suyos—. Mi prometida, Theo, Hinata Hyûga.

—La escritora.

—Sí, ¿y tú eres?

—El Abogado y tengo que irme, necesito agilizar esto— agitó la carpeta.

—¿Y eso es?

—Documentación sin importancia—terció Naruto.

—Exactamente—él abogado estrechó la mano de Naruto—. ¡Que todo salga bien!

—Gracias, confío en ti y en que harás muy bien tu trabajo.

—Señorita Hyûga, hasta pronto. —observé a Naruto con incertidumbre, esa frase "cumplir mi voluntad" y el "hasta pronto" del abogado decían algo y para mí estaba claro: algo tramaba y estaba segura que tenía que ver con su operación, mi futuro y el de los trillizos, mi corazón se apretó ¿Qué podía hacer? ¿Quejarme? ¿Insistir en mi capacidad para hacerme solo cargo de mis hijos? ¡No! Iba callarme y hacerlo feliz, no era el tiempo de discutir y enojarme así que fui hasta él y lo abracé muy fuerte.

—¿Qué te dijo el médico?

—Todos los exámenes salieron bien, me dio un medicamento para reducir las náuseas, hierro y multivitamínicos.

—¿Nada más?

—Cita con una nutrióloga.

—Mi chica por fin comerá comida sana. — Se burló y le di un golpe suave con mi puño en su pecho.

—Tengo tres pequeñines a quienes cuidar.

Sonrió mirando mi vientre.

—¡No seas mala, déjame decirte los nombres que pensé!

Volvió a lo que era su tema favorito, parecía un niño en mañana de Navidad, su emoción y entusiasmo me hacían pensar que sí había esperanza. Me acerqué a su rostro y lo besé, por la simple razón de que necesitaba hacerlo.

—¡Ejem, ejem! ¿Puedo? —dos golpes a la puerta abierta, giramos la cabeza Kiba estaba en la puerta de la habitación con una gran sonrisa.

Naruto se puso rígido, yo acaricié su espalda y relajó el músculo.

—No seas pudoroso, ya estás adentro Caramelito—dije recordando algo que me había dicho Tsunade minutos antes.

Kiba se burló con una de esas carcajadas que hacía mucho tiempo no le escuchaba, llegó hasta Naruto y se fundieron en un abrazo, las diferencias estaban salvadas.

La conversación fue amable, se centró en los trillizos y en la nueva editorial. A la puerta cerrada le dieron nuevos golpes, me solté del abrazo de Naruto, para ir a abrir y me encontré con los hermanos y sus respectivas parejas, tenían cara de preocupación, mi primer impulso fue cerrarles la puerta en la cara pero, recapacité recordando las buenas enseñanzas de mi abuelo, controlé mis hormonas, los saludé amablemente antes de dejarlos pasar.

—Vuelvo en cinco minutos—rocé mis labios con los suyos y salí de la habitación, Kiba como buen escudero salió tras de mí.

—¡Baño! —No supe cómo, pero en cosa de segundos estaba en un lavamanos expulsando un contenido espumoso de mi boca mientras Kiba me veía desde la puerta.

—¿Comiste algo que te hizo mal?

—No te respondo como quisiera, hay tres menores escuchando. —Le guiñé un ojo y me acaricié mi vientre. Él me miró con ternura, me abrazó antes de salir del baño.

—Siempre estaré para ti, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé Kiba. —lo apreté fuerte contra mí.

—Y para los mocosos —indicó entre risas. Lo golpeé en el pecho, separándome de él—. ¡Qué! ¡Son tres, Hinata! tres ladillas.

—¡No escuchen al tío Kiba, niños!— simulé tapar oídos en mi vientre y reí.

—Eso es, bonita, ríe siempre, ahora tienes tres razones para sonreír— me atrajo nuevamente a él—. Sé que estás asustada, es una operación complicada.

Suspiré y luego asentí, con lágrimas en mis ojos.

—Tengo mucho miedo, a ti puedo decírtelo.

—Prométeme que pase lo que pase no te dejarás vencer. No puedes vencerte, tres vidas dependen de tu fortaleza—tomó mi barbilla con sus dedos fijando sus ojos oscuros en los míos— ¡Promételo, Hyûga!

—¡Hinata! ¡Hinata! —Limpie mis lágrimas y me giré para ver a Sai y a Hanabi

—¡Hanabi! —Corrí a abrazar a mi hermana—¿Qué haces aquí?—miré a Ino.

—No me mires, yo solo la fui a buscar—se justificó con un gesto gracioso.

—Naruto habló conmigo anoche, sé que está enfermo y que estás embarazada—unas pequeñas lágrimas surcaron sus mejillas, —mi hermana estaba aquí—. Estoy aquí para ti, hermanita, no importa el diario, no importa nada, lo que importa es que tú eres mi hermana y me necesitas.

Fue solo verla para que toda mi fortaleza empezara a desmoronarse y rompí a llorar, ella me llevó hasta una silla, se sentó junto conmigo y limpió mis lágrimas. —Hay que pensar positivo, él va estar bien.

—Cariño, los bebés —acotó Ino.

—¡Ahí está! Tú lloras y los mocosos vengativos te hacen vomitar.

—¡Kiba!

—Bienvenida a casa, enana del infierno.

—Gracias, estúpido troglodita, pero mis sobrinos no son ningunos mocosos.

Sonreí, Hanabi y Kiba nunca se llevarían bien. Un extraño sentimiento de paz me albergó, nunca más estaría sola. En efecto, gracias a Ino, a Sai, a Kiba y ahora, a mi hermana, nunca lo había estado. Me sequé las lágrimas ¡Jod...! ¡Complicado esto de las hormonas!

—Debo volver con Naruto.

—¿Dónde está mi cuñado favorito? —Tomé la mano de mi hermana. Al entrar, la familia de Naruto abandonó la habitación, Jiraya, al pasar por mi lado, me dio las gracias con un beso, tenía los ojos llorosos, al igual que los del padre de mis hijos.

Caminé hacia él y pasé mi mano por sus cabellos mientras unía nuestras frentes. No se asombró de ver a Hanabi, se saludaron breve y efusivamente y ella salió dándonos intimidad.

—Acuéstate a mi lado, Dulzura.

Naruto se corrió, dejándome espacio para acostarme. Me aferré a su camisa, y coloqué mi cabeza sobre su pecho y que su corazón me arrullara, no había palabras solo las respiraciones pausadas de Naruto y el sonido de su corazón y el mío.

Inspiré su aroma natural mientras sus brazos me sostenían, no tan fuertes como hacía un par de meses atrás pero, era él y me amaba, la habitación quedó en absoluto silencio mientras sentía su barbilla apoyada en la coronilla de mi cabeza y su mano vagando en mi vientre, subí mi rostro para observarlo y mi mano se deslizó hasta su mejilla, todo lo que quería decir en ese momento se quedó en mi garganta.

Naruto me observaba con amor, en su mirada había ternura y temor ante lo desconocido; yo también tenía miedo, ahora que sabía que lo tenía y que él era mío no quería perderlo, necesitaba a Naruto, lo necesitaba junto a mí. Nuestras miradas se sostuvieron por varios segundos y me moví hasta dejar nuestros rostros frente a frente, apreté su mejilla y uní nuestros labios en un beso suave en donde ambos expresábamos lo que sentíamos sin palabras, cuando el beso terminó, descansé mi frente en la suya disfrutando el momento.

Sentimos cómo la puerta se abría minutos después mostrando al doctor Kankuro, al doctor Archer y a Gaara Sabaku no. Me levanté de la cama quedando sentada mientras Naruto se acomodaba mejor.

—Ha llegado la hora, Naruto—el doctor Kankuro entró colocándose frente a nosotros—.Tú, estos señores y yo nos vamos de viaje, vamos a aplicarte anestesia general y no sentirás nada hasta cuando terminemos, después, podrás disfrutar de tus hijos y tu esposa.

Me sonrojé ante el término esposa puesto que Naruto y yo éramos solo dos conocidos con un decálogo que había terminado, un amor que nació sin querer y un embarazo en común.

—Más le vale, doctor. —Kankuro sonrió.

—El doctor Archer me asistirá en la operación. Gaara, Jiraya y tu hermano nos acompañarán desde el hemiciclo.

—¿Cobró un ticket, doc? Si es así, tiene que darme mi porcentaje.— Mi Naruto estaba bromista y me hacía sentir segura. Esto saldría bien.

—Tu operación es de alto interés científico, este hospital es una fundación que perfecciona a los especialistas, los mejores de los mejores están aquí, así que estará lleno de observadores y no te preocupes, tu identidad está resguardada.

Me miró con cierto resquemor cuando entró el enfermero con la silla de ruedas, pero se rehízo y decidido, se fue a sentar.

—Salgamos de esto de una buena vez.

Fuimos los primeros en salir, la silla la empujaba el enfermero y yo iba a su lado, en silencio y tomada de su mano, al llegar al ascensor, la silla se detuvo.

—Señora, hasta aquí puede acompañarlo.

—Dulzura—me haló hasta sentarme en sus piernas—, pase lo que pase recuerda que te amo —su voz se entrecortó—. Los amo mucho.

—También te amamos—hice una pausa para controlar un sollozo—. Vuelve a mí, Naruto, vuelve a nosotros, es todo lo que te pido.

No contestó, besó mi boca y mis manos, me puse de pie, se abrazó a mi cintura apoyando su frente unos segundos en mi vientre y luego lo besó como si fuera lo más sagrado. El ascensor se abrió, el enfermero empujó la silla y la última imagen me regalo fue su cara sonriente y su mano diciéndonos adiós. Vuelve, mi amor Vuelve a mí.

Vuelve por mí.

—Vuelve...

Los brazos de Ino y Hanabi me arroparon y me dejé llevar mientras escuchaba la voz temblorosa de Tsunade quien informaba hacia dónde debíamos dirigirnos.

El tiempo transcurría lento, como si los minutos fuesen horas, Hanabi y Kiba habían ido por té y galletas saladas ¿si los nuevos antojos hacían que estos se dieran una tregua bienvenidos eran? Todos estábamos dispersos, pero al tiempo estábamos juntos, orando porque todo saliera bien.

Suspiré fuertemente y pasé la mano por mi vientre, tenía tres vidas ahí. Pasé la mano por mi cabeza y busqué en mi bolso toallitas húmedas para refrescarme.

—Té y galletas para las náuseas. —Sonreí, aunque no tenía ganas de comer nada.

—Todo estará bien—susurró Hanabi sentándose a mi lado.

Asentí queriendo estar tan positiva como ella y mi mirada se fue hasta Tsunade que con rosario en mano hacía una plegaria silenciosa. Sakura y Karin estaban junto a ella y por mucho que quisiera unirme lo sentiría muy hipócrita, yo no era muy creyente, empezar ahora... Me levanté de la silla y caminé pasando las manos por mi pelo nuevamente.

Suspiré por tercera vez, pegando mi frente a la pared, debía confiar en el doctor Archer y el doctor Kankuro.

Caminé un par de veces más. Ino se había ido, aunque hubiese deseado quedarse junto a mí, mi amiga era madre y tenía un empleo, me había prometido volver en un par de horas y esperaba que fuera cierto porque en estos momentos la necesitaba.

Hipócrita o no un par de horas después había terminado sentada junto a Tsunade pero sin acompañarla en su plegaria, Karin y Sakura me miraron con pesar pero ninguna de las dos me habló. Hanabi, que había bajado a comer, se sentó conmigo y en silencio me abrazó y me obligó a que descansara la cabeza en ella. Recordé la hoja doblada que Naruto me había entregado antes de salir de la habitación.

—"Salga vivo o muerto de esa habitación me gustaría que ellos se llamaran así" —cuando intenté abrir la hoja él la tomó mis manos con fuerza— "no la abras hasta que haya entrado a la operación, por favor"

No pude evitar reírme, eran nombres extraños pero exóticos muy de él, un hombre cuyo 90% del tiempo era empleado para conocer, actuar y hablar sobre sensualidad. No me gustaron, pero tampoco pude resistirme a su puchero y a su mirada penetrante que vino a mi mente, sabía que él saldría de esta y tendría tiempo de rebatir esos nombres.

Cerré los ojos un instante apoyando mi cabeza en el hombro de mi hermana, habíamos creado vida, vida, cuando él creía que la suya acababa, cuando yo pensaba que la mía no existía y todo fue esa noche cuando me tomó entre sus brazos y me enseñó como la fantasía a veces puede hacerse realidad.

—¿Tienes náuseas?—Negué—Entonces come—animó mi hermana.

Estaba a punto de comer una de las galletas cuando todos se giraron para ver quien salía del ascensor. Seguí la dirección de todas las miradas, para ver a Sasuke observarnos con congoja y con los ojos rojos por el llanto.

Apreté mi vientre con la estúpida idea de protegerlo de lo que vendría y las palabras "Quiero sentir que al menos en mis últimos días pertenecí a alguien. Que pertenecí a ti, Hinata" cobraron sentido.

Continuará...