Harry Potter pertenece a JK Rowling.

Tokyo Ghoul pertenece a Sui Ishida.

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Este es un Fic con una Fem-Harry (llamada Artemisa, en esta versión), podríamos decir que es como otra versión del Fic "La Chica del Rayo".

Aquí Artemisa será un Ghoul (Estilo Tokyo Ghoul).

Aquí los padres de Artemisa, están vivos, y tiene dos hermanos menores.

Harem: Hermione Granger, Padma Patil, Daphne Greengrass, Susan Bones, Tōka Kirishima, Lily Potter y Stephanie (su hermana menor OC).

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Artemisa: The History of The Queen Ghoul

Capítulo 34: El Enigma del Huevo.

Artemisa, Fleur, Viktor y Cedric, debían de averiguar el mensaje del huevo.

Pero cada vez que era abierto, surgía un grito ensordecedor.

―No es posible que el resto de pruebas, sean tan difíciles, como lo del dragón ―dijo Hermione algo pálida.

―Por ahora, es... encontrar como abrir esto, sin que grite ―dijo Artemisa. ―Así que relajémonos. Chicas, todas a sus Salas Comunes, ya mañana nos reuniremos, para revisar lo del huevo, por ahora, vamos a relajarnos ―todas rieron y tomaron sus caminos a sus Salas Comunes. A medio camino, de entrar al castillo, la familia Potter se interpuso en el camino de la primogénita, cosa que hizo sonreír a la pelinegra de ojos verdes.

A comienzos del mes de diciembre, y durante la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, estuvieron leyendo sobre los Abraxan y vieron de cerca a los caballos alados, que tiraban del carruaje de Beauxbatons. Aquella fue una buena clase.

Pero la siguiente clase que tuvieron, volvieron con los Escregutos de Cola Explosiva, cosa que a Artemisa le hacía desear estar ante el dragón, y el 90% de la clase, prefería a cualquier otra criatura, por muy peligrosa que fuera, siempre y cuando no volvieran a tratar con los Escregutos de Cola Explosiva.

Así mismo, Rita Skeeter estuvo presente en una de las clases, para poder ver como desestimar a Dumbledore.

Artemisa usó el hechizo Colovaria y se colocó el cabello gris, como si fuera hija de la profesora Rolanda McGonagall (de soltera Hooch), y así se evitó que la mujer deseara entrevistarla.

― ¡Misa! ―dijo Hermione, con un tono, como si hubiera recordado algo repentinamente, antes de agarrar la muñeca de su novia, llevarla hasta el cuadro del frutero, cerca de las bodegas, y de la Sala Común de Hufflepuff, entraron al hacerle cosquillas a la pera, la cual lanzó una risita, el cuadro se hizo a un lado y detrás, estaba la cocina, donde había cientos de elfos domésticos, y entre ellos, estaba Dobby, aquello le alegró la tarde a Artemisa. ― ¿Y bien, que tal esta sorpresa?

― ¿Solo me trajiste, para ver el nuevo trabajo de Dobby? ―preguntó Artemisa, con una ceja levantada y la castaña se apresuró a asentir. ―Hermione, si estuviéramos en España y en una corrida de toros, serías la primera, en crear un plan extravagante, para... ―los Elfos les acercaron alimentos, sin querer ser grosera, tomó un plato de pollo y champiñones, comenzando a comer, se despidieron de los elfos quienes estaban alegres. ―Como decía: ¿deseas liberarlos, a los elfos?

―Deseo que trabajen por gusto, pero se ve que ellos así lo hacen ―dijo ella.

―Volvamos a la Torre, tengo que averiguar cómo descifrar el enigma de ese huevo dorado. ―Pidió la Ghoul, con una nota de cansancio en su voz. ―Hermione, lo digo en serio: No puedes liberar a los Elfos Domésticos. Y no lo estoy diciendo... ―continuó inmediatamente, para evitar ser interrumpido por su novia. ―Porque me guste su comida o por todo lo que hacen, ni que yo misma, no pudiera conseguir mi comida. No, tampoco lo digo, porque los patéticos Sangre Pura, no vayan a poder aprender a cocinar en casa y traer comida, o que sus madres no vayan a enviársela. Lo digo, porque los Elfos Domésticos, son Simbiontes Mágicos, necesitan tener una fuente de magia constante para poder seguir vivos, su núcleo mágico, no es como el nuestro, ellos no pueden... producir magia, por eso se vuelven esclavos, no de un mago, sino de una familia entera: necesitan magia constante, para seguir vivos. Por eso son tan desgraciados cuando les entregan una prenda de vestir, pierden su trabajo, su fuente de magia y de vida, y es muy difícil que consigan otro mago que quiera tenerlos como su... "ayudante". ―Se giró para mirarla. ― ¿Sabes cuanta magia posee Hogwarts?, las escaleras, los cuadros, las puertas falsas, entre otros. La magia del colegio, es más que suficiente, para alimentar a todos estos Elfos Domésticos.

―No estoy pidiendo que sean liberados ―dijo Hermione. ―Estoy pidiendo, que tengan un... un salario, un uniforme, ¿viste que los Elfos tenían fundas de almohadas por ropa?, solo estoy pidiendo eso.

―No son solo los magos, Hermione ―llegaron al séptimo piso y comenzaron caminar, por el pasillo. ―Así se les educa desde que son pequeños, a los Elfos Domésticos, para servir a una familia, hasta que sean liberados, o hasta el día de su muerte, muchas veces, dejando a sus hijos, nietos, y demás, al servicio de esa misma familia. No solo las familias de Mortífagos tienen Elfos Domésticos, también la familia Potter, y bueno... mi padre se acostumbró a ellos. Quizás nosotros, también acabemos teniéndolos, incluso si ni mis hermanos, ni yo, apoyamos la esclavitud, pero ellos a veces no lo ven como esclavitud, ni todos los Elfos se sienten desgraciados como Dobby. Tener nuevas ropas, o recibir un salario, para ellos podría ser una desgracia. Por milenios, la sociedad se ha mantenido en base de la sangre de los más desafortunados. Para los Muggles serían sus pares de clase baja, y en nuestro caso, los Elfos Domésticos.

Ambas se sorprendieron, al encontrarse ya, ante la gárgola de Ravenclaw.

«Un galán yo conocía, que daba y nada tenía»

―El reloj, al dar los cuartos de hora. ―Dijo Hermione, desanimada. Ambas ascendieron por la escalera de caracol, hasta una puerta, que se abrió.

―Artemisa ―dijo Padma apareciendo en la puerta de la Sala Común, Ravenclaw al completo, aplaudió.

Artemisa recibió elogios, por haber logrado la misión del dragón.

Le pidieron abrir el huevo, y luego cerrarlo, cuando este chilló.

Un chico de séptimo, dijo creer entender algo, pero que lo diría al día siguiente.

Todos asintieron, lo mejor sería descansar.

Artemisa se despertó, creyendo por un instante, que algún Mago Oscuro se había metido en la Sala Común y estaba torturando a alguien. Rápidamente, alcanzó su varita de ébano y pétalo de orquídea de sangre, y bajó hasta la sala: compañeros de sexto y séptimo, habían tomado el huevo, para tratar de descubrir su secreto, pero lo cerraron, por el chillido. ―Gracias por querer ayudarme, a resolver este misterio, chicos.

―De nada ―dijeron todos.

―Intentemos con algo más ―dijo Travis Orland.

― ¿Cómo qué? ―preguntó Monique Ferrell.

―Bueno... ―pensó Travis en voz alta. ―En tierra firme, en el aire, solo se escucha un chillido, pero... ¿y si lo colocamos en otro elemento? ―aclaró.

― ¿Agua, quizás? ―preguntó Monique sonriente.

―Gracias, chicos ―dijo Artemisa feliz. ―Hogwarts, ganará, eso lo prometo.

―Cho Chang, es también de nuestra casa y es la novia de Cedric ―dijo Monique. ―Cuando derrotes a Cedric, quizás busque golpearte.

―Quizás ―dijo Artemisa feliz.

Una luz roja repentina apareció, iluminando la sala, el calor comenzó a subir, todos se giraron y vieron a Monique haciendo levitar el huevo y a Travis incendiando el huevo, hasta volverlo rojo, Nathan apareció para ayudarlos, y usó el Alohomora, para que el huevo se abriera, pero el mismo chillido se escuchó y lo cerró rápidamente, usaron el hechizo de hielo, para enfriar el huevo.

―El fuego parece ser el elemento equivocado. ―Dijo Artemisa con una sonrisa nerviosa. ―Vamos a desayunar, más bien.

Todos asintieron y fueron a desayunar, dejando el huevo en una caja transparente.

La clase de Encantamientos estaba ya finalizando.

―Tengo una noticia que darles, es importante, pero no es de vida o muerte ―dijo la profesora Potter, haciendo que todos se relajaran. ―Lo que sigue, es un baile tradicional que se hacía en estas fechas, por el Torneo de los Tres Magos. Es una oportunidad de relacionarnos con nuestros invitados extranjeros, y solo deberían de asistir alumnos de cuarto año, en adelante, aunque pueden traer a alguien de otros años. Espero que todos, tengan sus túnicas de gala.

― "La mía parece más bien un vestido para quinceañera Muggle" ―gruñó en un susurro Artemisa. Padma, quien estaba a su lado, se cubrió la boca rápidamente.

― ¿Quieres que vaya contigo, Misa? ―preguntó Padma.

―En realidad, querida, creo que tengo a Susy algo... abandonada ―dijo Misa sonriente. Todas salieron de clase y, nada más girar en una esquina, las tres Ravenclaw, se encontraron con una Susan, con rostro acongojado, haciendo una rara mueca, y tan rígida como una tabla, por un instante, creyeron que un segundo que había un segundo basilisco en el colegio.

―Ar... Arte... Misa... ―le costaba hablar a la pelirroja. ― ¿Y...? ¿Ya ti-tienes par-pareja...?

―Venía a buscarte, quería preguntarte, si te interesa ir conmigo al baile de navidad ―dijo Artemisa.

― ¡¿De verdad?! ―chilló feliz, haciendo que Artemisa, se encogieran debido al susto, del grito de felicidad de Susan. ― ¡¿YO?!

―Sí, si es que, eso quieres ―dijo sonriente la pelinegra, antes de recibir un abrazo de una feliz pelirroja y un beso en la mejilla.

― ¡SÍ, IREMOS JUNTAS AL BAILE, ARTI! ―Chilló la pelirroja muy feliz, haciendo reír a su pareja, quien le besó la mejilla.

Aun así, ni siquiera con las vacaciones encima, el profesor Snape les dejó tiempo libre y los tuvo preparando antídotos.

Lo mismo con el profesor Binns, quien podía volver eventos sangrientos, como la rebelión duende francesa del siglo VII, en un evento somnífero.

Así mismo, Artemisa comenzaba a desesperarse con el misterio del huevo.

Y en un momento de ira, frustración y algo de locura, llevó el huevo hasta un lado del patio y lo enterró bajo toneladas de nieve, antes de usar el Incendio, generando una piscina, rápidamente, se hizo más hondo y la nieve se volvió de piedra.

― ¡Artemisa, veo que descubriste el secreto! ―era Cedric Diggory sonriente.

― ¡¿Secreto?! ―preguntó. ― ¡Estoy desesperada Cedric, ya no sé qué más hacer con este estúpido huevo, lo próximo será hacerlo explotar!

Cedric le sonrió. ―Mete la cabeza bajo el agua y luego ábrelo. ―Extrañada, obedeció y escuchó un acertijo.

Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,

que sobre la tierra no se escuchan nuestros cantos.

Y estas palabas medita mientras tanto,

Pues son importantes, ¡no sabes cuánto!:

Nos hemos llevado lo que más valoras,

y para encontrar tienes una hora.

Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!

demasiado tarde, ya no habrá salida.

Ya ha pasado media hora, así que más vale que te apresures

porque lo que se queda aquí siempre se pudre.

―Gracias, Cedric, te debo una ―dijo ella sonriente. Lo siguiente que haría, sería destruirlo con su Kōkaku.

―No. Yo te la debía, por la alerta de los dragones ―dijo él, tendiéndole la mano. ―Que el mejor gane.

―Que el mejor gane.