Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo treinta y tres

En el momento que una rubia insípida abre la puerta la reconozco.

Estoy convencido que Renee también lo ha hecho porque corre a la cocina a refugiarse.

Sin pedir permiso ni mucho menos me adentro en la estancia, tras ella.

― ¡Si no te largas ahora mismo llamaré a la policía! ―advierte a la vez que sacude su móvil frente a mí.

Me acerco. Tengo una necesidad imperiosa de apretar su cuello y estoy seguro que no me sentiré mejor.

― ¡Hazlo! ―rujo con toda mi rabia brotando de mí― quiero ser testigo de cómo se llevan a tus hijos los de servicios sociales.

Su rostro se contrae en una mueca de… ¿terror? No. Esta maldita mujer no puede tener miedo de nada.

― ¡Maldito! ―se abalanza contra mí intentando golpear mi cara, detengo con facilidad sus manos y la llevo al rincón entre la encimera y mi cuerpo cuando empiezo apretar con fuerza sus mejillas, mis dedos están marcando su piel.

― Escúchame bien ―exijo, ejerciendo más fuerza en mis dedos― No. Te. Vuelvas. Acercar. A. Isabella. ―Pronunció cada palabra lentamente pera que entienda y razone lo que estoy diciendo.

Aunque su rostro blanquecino luce rojo, sus ojos azules siguen mirándome con soberbia. A pesar de ser yo quien sostengo sus mejillas, ella se cree con más poder. No cabe duda que Renee es esa clase de mujeres que no se merece nada, mucho menos haber parido a una mujer excepcional como Isabella.

― Poco hombre ―susurra al tiempo que la dejo libre mientras soba disimuladamente sus mejillas―. ¡Maldito bastardo!

― ¡Perra! ―con uno de mis brazos echo al piso todo lo que hay sobre la encimera cayendo por doquier platos, jarrones y todo tipo de estupideces que se hacen pedazos al caer, volteo a mirarla y sé que está asustada―. ¿Dónde está Carlisle?

Eleva su barbilla enfrentándose conmigo.

― No sé ―su voz tiembla.

― ¡Mami trajimos el desayuno!

Un pequeño niño rubio de ojos expresivos se queda detenido en la entrada mirando todo el desastre que hay en el piso, segundos después llegan más chicos de diferentes estaturas y complexiones junto a un hombre fornido que trae una bebé en brazos, supongo que es el padrastro de Isabella.

El tipo me escruta con autoridad en un duelo de miradas al verme salir por un lado de él.

Camino de regreso a la entrada de coches y estoy por subir a mi camioneta.

― ¡No vuelvas a acercarte a mi familia! ―grita el hombre haciéndome volver frente a él en cuestión de segundos, ya no trae consigo a la bebé. El tipo recula cuando lo enfrento y me doy cuenta que sus pupilas se dilatan al vernos cara a cara.

― Disfruten de esta casa el tiempo que puedan, porque te aseguro que no será mucho ―presiono con fuerza mi dedo en su pecho― Y dile a tu mujer que no vuelva acercarse a Isabella, de lo contrario me encargaré de que todos esos niños tengan un mejor hogar lejos de ustedes.

.

De pronto echo mi cabeza hacia atrás cubriendo mi boca.

― ¿Qué sucede? ―indaga Jacob fijando su atención en mí mientras sigue probando sus waffles―. Te pusiste pálido, ¿estás bien?

― Tengo días sufriendo de acidez al grado que siento... ―aprieto mis labios al sentir las malditas nauseas. Cierro mis párpados momentáneamente y después de unos minutos suspiro cuando el ardor desvanece―. Creo que tengo dañado el estómago.

Jacob mastica con su boca cerrada mirándome con un gesto de preocupación.

― Puede ser que las comidas de Bella te hayan dañado. Me decías que condimentaba cada alimento como si fuese lo más natural.

Solo hago un pequeño y disimulado movimiento de cabeza dejando los cubiertos de lado al momento que el camarero aparece con dos tazas de café servidas en la mesa.

La sensación de quemazón en mi garganta me ha quitado el apetito.

― ¿Por qué no haces una cita médica? ―Jacob continúa con su interrogatorio al notar que mi apetito desapareció―. Tal vez con algún medicamento estés mejor.

Hago un asentimiento dispuesto a beber mi café. El aroma empieza a molestar mi olfato, es quizá un poco fuerte. Apenas doy un sorbo y decido alejar la taza.

― Si que estás raro ―dice Jacob.

Bebo un poco de agua para disminuir la sensación de náuseas que sigo experimentando. Black solo sigue mirándome con algo de inquietud en sus ojos antes de pedir retirar las tazas de café de la mesa.

― ¿Mejor? ―inquiere.

― Algo.

― Sigo sin creer cómo diablos desapareció Carlisle cuándo ya estaba por ser atrapado ―reconoce fijando su atención en su desayuno―. Tal vez unos malditos minutos hicieron la diferencia ¿no crees?

― Probablemente. Cuando Mike me avisó que estaba afuera del edificio solo pasaron 23 minutos para llegar hasta ahí y ya se había ido al igual que Renee.

― Maldita mujer, debiste llevarme contigo cuando fuiste a Arizona, esa perra merece un par de bofetadas ―medita por un momento y sus ojos se achican―. Por cierto, ¿cómo sigue Bella?

El solo hecho de nombrar a Isabella hace que me sienta pésimo.

No estoy acostumbrado a medir lo que digo porque simplemente no me gusta mentir y esto mismo lastimó a Isabella. ¡Qué irónico! Estuve tratando de cuidar mi boca por largo tiempo, sobre todo evitando que saliera de mis labios lo pésima cocinera que es y terminé siendo mucho peor. Haberle dicho que solo mendigaba cariño la hirió profundamente, a pesar de mis disculpas, ella no quiso quedarse. Y hoy estoy pagando las consecuencias. Ella había decidido que nos diéramos un tiempo cada uno por su lado, hecho que no estaba dispuesto a cumplir porque debía cuidarla.

― Parece que a pesar de que se dieron un tiempo ―señala el anillo de plata que está en el dedo anular de mi mano izquierda― Bella quiere que todas sepan que tienes dueña ¿no? Eso parece más una alianza de matrimonio ―sonrío al darme cuenta que tiene razón― ¿cuándo vuelven de Nueva York?

No puedo dejar de ver el anillo que adorna mi dedo: es ancho, tosco y con el nombre de Isabella grabado en su interior.

― Bueno, hombre, cambiemos de tema ―dice Jacob al ver que no respondo―. Me dijo Tanya que habías ido a buscar a Kate al consultorio y que no te recibió.

Dejo escapar un soplo de aire por mis labios perdiendo mi vista entre los comensales. La mayoría son personas de negocios que están pulcramente vestidos mientras yo, bueno, a mí no me gustan las corbatas, ni los trajes.

― Necesito hablar con ella, pero por algún motivo no quiere hacerlo.

Jacob deja los cubiertos y bebe de la copa de vino tinto sin quitar sus ojos oscuros de mí. Parece debatirse consigo mismo.

Resopla al dejar su vaso de jugo en la mesa.

― Te daré la dirección de Kate. Sé dónde se está viviendo.

Me inclino por sobre la mesa.

Jacob tuvo que darse cuenta de todo el desazón que estoy cargando porque si no fuera así no estaría dándome la ubicación de Kate.

.

Presiono el timbre dos veces más apareciendo una pequeña niña de cabellos rojizos tras de la puerta.

― ¡Hanna, no vuelvas abrir la puerta sin mi permiso!

Escucho la voz de Kate reprendiendo a su hija. Motivo por el cual la niña desaparece dando media vuelta y siendo reemplazada por la figura de su madre que se detiene del marco de la puerta al verme.

― ¿Qué haces aquí? ―intenta cerrar la puerta y yo no le permito al interponer una bota dentro de su apartamento―. No quiero verte, Edward, entiende, por favor.

― Necesitamos hablar, Kate. ―Adentro de manera pacífica y sin invitación en su estancia. No veo detalles, solo que es una amplia habitación con lo necesario para vivir cómodamente, llevo mis manos a los bolsillos y la miro en espera de que decida hablar de una vez―. Y bien, ¿por qué te fuiste?

Se cruza de brazos al acercarse la señora que la ayuda y le murmura algo al oído porque la joven mujer asiente mirándome de pies a cabeza para volver a perderse en el pasillo.

― No has cambiado nada, Edward.

No sé si es un cumplido, pero no me detengo a pensar en ello. Kate Medio sonríe y me indica que me siente en el sofá frente a ella

― ¿Te gustaría beber algo?

Niego.

Nuestra conversación inicia lenta y algo incómoda. Kate empieza a contar sin ahondar detalles de lo que fue de su vida en estos años. Se casó y tiene dos hijas y hoy en día está finalizado su divorcio. Menciona que su intención no era volver a la ciudad pero su mejor amiga sufrió un accidente y tuvo que acceder a su petición de cubrir su puesto.

También le cuento un poco de mí, nombrando en todo momento que estoy en una relación de meses con la mujer más importante de mi vida.

Seguimos conversando de nosotros hasta que un inquietante silencio nos invade. Sé que llegó el momento de enfrentarnos y hablar de lo verdaderamente importante.

― ¿Una de tus hijas es mía? ―pregunto sin rodeos.

Ella parpadea nerviosa, se cruza y se descruza de piernas varias veces buscando un ángulo cómodo que le permita seguir respirando porque parece que ha dejado de hacerlo. Acomoda un largo mechón rojizo tras de su oreja y relame sus labios rosas.

― No lo sé ―su voz es casi ininteligible, mi mira a los ojos y me doy cuenta que está a punto de llorar―. Nunca he querido saberlo.

No sé cómo sentirme. Puede que sienta rabia, tristeza, no sé, son muchos sentimientos encontrados que se amontonan en mi pecho. Ella está confesando que me engañó o…

Me incorporo caminando alrededor del sofá, abro mis manos y las cierro con fuerza. Quiero reclamar, echarle en cara su abandono.

― ¿Edward? ―su voz se quiebra cuando sujeta mi brazo― no te engañe.

Me vuelvo a ella. Veo sus ojos ahogados en lágrimas y soy capaz de distinguir el terror que está sintiendo, frotó sus brazos de forma suave.

― ¿Qué ocurrió, Kate?

En lugar de responder empieza a sollozar de forma ahogada. La consuelo, envolviendo mis brazos sobre su cuerpo y frotando de forma suave su espalda.

― Tenía que irme ―dice entre hipidos haciéndome sentir impaciente y tan extraño al mismo tiempo― me violaron ―revela en un susurro al tiempo que entierra su rostro en mi pecho.

Siento mi sangre arder que acuno su rostro anegado en lágrimas y la hago mirarme.

― ¡¿Qué dices?! ―mi voz es un rugido fuerte.

Kate sacude su cabeza.

― ¡Me violaron! ―sus puños golpean mi pecho de forma débil― entraron a mi apartamento y lo hicieron, lo hicieron una y otra vez.

― ¿Quién? ¿Cuándo? ―las preguntas salen de mi boca, me siento mal al verla tan desgarrada que mi pecho duele. No la protegí como debería hacerlo, le fallé.

― Fue la noche… ―cierra sus párpados como si estuviera volviendo a ese día― cuando salí de mi trabajo llegué al apartamento y… ocurrió después.

― ¿Por qué no me dijiste nada? ―en la desesperación meso mi pelo.

― Tú no estabas en la ciudad, habías ido a uno de tus viajes por el bosque.

― ¿Por eso te fuiste? Cuando regresé no volví a verte.

― Debía huir. No quería que lo supieras, no quería que me vieras de esa forma.

Le doy la espalda y pellizco el puente de mi nariz. No puedo soportar saber esa verdad. Saber que la mancillaron y no hice nada.

¡Dios! Es una impotencia abrumadora la que siento recorrer mi cuerpo.

― Edward… ―murmura mi nombre intentando hacerme voltear a ella, pero me niego a hacerlo― no te culpes ―me abraza por la espalda― ya pasó, lo he superado gracias a la terapia. El tiempo fue un gran antídoto y curó mis heridas. Pude sanar y aprendí a seguir… sin ti.

Me vuelvo a ella.

Su rostro luce en paz y más tranquilo.

¿Cómo puede lograrlo?

― ¿Sabes? En todo este tiempo he creído firmemente que Bree es tuya ―confiesa con una débil sonrisa― tiene muchas manías de ti, desde lo intrépida hasta lo enojona.

Exhalo. Froto mi rostro manteniendo mi cabeza fría, debo elegir las palabras correctas para no lastimar más su corazón.

― No podemos quedarnos con suposiciones. Necesitamos averiguar si es mi hija, quiero saberlo.

Kate retrocede.

― Dos años después del nacimiento de Bree rehice mi vida al lado de Garret, ella cree que es su papá, incluso tiene su apellido. No puedo alterar su vida de esta manera, Edward, no quiero dañarla.

― Comprendo lo que me dices, sin embargo no lo acepto. No podemos continuar como si nada pasara, ella existe y las posibilidades de que sea mía son muchas, Kate, no puedes dejarme con esta duda. No lo hagas.

― Tengo miedo.

Me acerco y vuelvo a acunar su rostro.

― Estoy contigo, lo estaré sin importar el resultado.

Asiente no muy convencida.

.

No sé si sea a base de la culpabilidad que siento por no haber cuidado de Kate o por el cariño que mantengo por ella, solo admito que después de visitar su casa por primera vez nos hemos vuelto inseparables. No estoy hablando de nada romántico entre nosotros, sino de una verdadera amistad que ambos estamos tratando de salvar.

Habíamos ido a un laboratorio hace una semana y después de dejar muestras de saliva seguíamos en la espera de los resultados mientras nosotros continuamos conviviendo y debo decir que me iba encariñando de sus niñas.

― ¿Estás saliendo con Kate?

Esa voz llena de reproche es de Pat. Detengo mi andar y lo veo sentado en el sofá comiendo otro tazón de cereal con leche ¿cuántos llevaba este día?

― No, no estoy saliendo con ella.

― Pues eso parece y no me gusta que esté aquí todo el tiempo con sus niñas chillonas. Me enfada que intenten colarse a mi habitación y sus risitas traviesas también me molestan. Además Bella me cae mejor y por tu culpa ya no viene.

― Isabella me pidió tiempo y se lo estoy concediendo.

― Pero ella no está saliendo con otro y tú sí.

Sacudo mi cabeza.

No me voy a poner a explicarle a mi hijo algo que no me compete, como el hecho de que Kate está ilusionada con otra persona y está por dar otro paso en su vida saliendo del armario al lado de su mejor amiga. Ella me pidió discreción y debo cumplir.

― Estaré entrenando ―cambio de tema siguiendo mi camino siendo interrumpido por el timbre.

― Kate, ¿qué te sucede? ―la sostengo en mis brazos apenas abro la puerta porque está a punto de caer― ¿qué ocurre?

Estoy alarmado al verla bañada en lágrimas y entre sollozos. Remuevo algunos cabellos de su rostro y trato de controlar su estado histérico que no le permite hablar.

― Por favor, Kate, trata de respirar lento, hazlo despacio ―empiezo a frotar su espalda en círculos entretanto sus hijas nos observan con suma curiosidad―. Vayan con Pat ―les pido― él les pondrá algunas películas.

Mi hijo solo bufa, nos da una mala mirada y a regañadientes las guía a la habitación de juegos mientras sigo sosteniendo a Kate en la entrada de la casa.

― No es tuya, Edward, no es tuya ―susurra aferrándose a mí con toda su fuerza― y yo quería que lo fuera. Lo había soñado siempre.

Bree no es mi hija.

La opresión que siento en mi pecho supera mi rabia al comprender que la niña es producto de una violación.

― No quiero que sea de él ―murmura en medio del llanto― no quiero que sea de Carlisle.


¡Hola! Espero estén muy bien, aquí les comparto otro nuevo capítulo donde descubrimos que la hija de Kate no es de Edward, sé que muchas creían que lo era, pero no fue así. Entre ellos también renacerá una hermosa amistad, ambos estarán muy cerca ahora que todo se haya descubierto. Aquí Edward aún no sabe que Bella se va con Esme. Olvidé mencionar que Renee tendrá su merecido al igual que Carlisle, eso será mas adelante. Espero que me puedan dar sus opiniones acerca del capítulo. ¿Creen que Kate denuncie a Carlisle? ¿Qué hará Edward?

*Nos leemos el viernes para otro capítulo revelador.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Iza: Renee es mala. ClaryFlynn98: muchas gracias por todos tus comentarios. ALBANIDIA: sí, ella es peor, bueno para mí los dos. solecitonublado: sí, Edward menciona que cuando llegó al apartamento ya se habían ido Renee y Carlisle. Diannita Robles: eso mismo averiguará Edward. PaolaValencia: muchas gracias. Flor Mcarty: tienes razón. Dulce Carolina: aún no sé, porque si hago eso Bella querrá cuidar de todos sus hermanos. Jade HSos: ellas necesitan empezar de nuevo y así será. Adriu: así será, ya estoy ansiosa por narrar esa parte de su nueva vida. (Guest): tendrán su merecido, no te preocupes. Lily: a ti. Andrea: sí, Bella merece que el pasen solo cosas bonitas en su vida, ya sufrió demasiado. Anke: Danke dir. Moni: te soy honesta, es una locura actualizar seguido termino muy cansada mentalmente pero me entretiene hacerlo. joabruno: tenías razón, estaba que se lo llevaba el diablo y por eso buscó a Renee. Lili Cullen-Swan: Muchas lo han mencionado, Bella al fin tendrá una figura materna. cocoa blizzard: thanks. Lizdayanna: a Bella le eso tan cosas bonitas en su nueva ciudad. GLORIA CULLEN: muchas gracias por la oportunidad. (Guest): gracias a ti. Kony Greene: muchas gracias por la oportunidad para la historia. Maris Portena: oh, lo siento, es que una persona en otro capítulo comentó lo mismo y no le había podido responder por esto mismo pensé que eran la misma, saludos y lo siento. gina101528: muchas gracias por la oportunidad para la historia, trato de variarle en cada capítulo para no aburrirlas. Lore562: Bella recordó cuando discutía con su madre que cuando tenía 6 años le propuso irse con un hombre a cambio les darían una camioneta, fue el caer la venda de sus ojos y descubrir que Renee nunca la ha querido. ANATXP: muchas gracias por dejar comentario, los valoro demasiado. Pameva: ambos son de lo peor tienes razón. Vero Morales: gracias a ti por dejar tu comentario. (Guest): es un placer responder sus dudas. jenni317: sanará, no te preocupes. Jane Bells: claro, Carlisle seguirá por aquí, veremos cómo van esos cambios. Ana: muchas gracias. Alizce: es una mujer soberbia y sin un gramo de amor para su hija. Antonella Masen: ella tendrá mucho apoyo y amor de parte de Esme. Pepita GY: ah, pero eres Alfa y parte importante de esta historia. Patty: sí, tienes mucha razón. Torrespera172: es curioso como cuando los seres humanos son de lo peor se les premia con hijos (no en todos los casos por supuesto) este es el caso de Renee. rociolujan: sé harán buenas cómplices, tienes razón. Isis Janet: sí, Carlisle tendrá su merecido. mrs puff: gracias a ti. Lidia: sí, lo es. Ximena: no lo haré. Bell Cullen Hall: muchas gracias por comentar.

¡Gracias totales por leer!