DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen pero la historia sí, por lo que NO AUTORIZO para que ésta se modifique o publique en otro lugar.
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Capítulo 34: El Secuestro.
Sesshomaru cabalgaba a todo galope, no hizo ninguna parada y ni siquiera recordó que tardaba horas en llegar al pueblo costero donde antes vivía su esposa y que su caballo tal vez necesitaba agua o descanso (él tampoco ni había comido y menos dormido algo). No, sólo tenía una idea fija en mente, un pensamiento que se coló como un relámpago que de pronto surcaba el cielo en una tormenta. Cuando la sirvienta había dicho el secreto de Kagome, aquel que pensaba revelarle durante la cena de esa noche, sus más grandes miedos afloraron y el pavor se apoderó de él. Y entonces el pensamiento había aparecido en su cabeza. Kagome había sido invitada, insistentemente, por lady Kagura ¿acaso esa mujer tenía algo que ver? ¿por qué insistió en que fuera?
Y allí se dirigía. Era la única pista que tenía en ese momento. Por ahora. Yuka no había dicho nada más, luego de revelar lo del embarazo, la muchacha había caído casi en un estado de histeria que el médico debió sedarla. Era eso o la mujer podría morir. Así que muy a su pesar, debió abandonar la consulta médica pero ya sabiendo dónde acudir esta vez y no dando palos a ciegas. Si no obtenía la información que necesitaba volvería donde la sirvienta y esperaría hasta que volviera de la inconsciencia y pudiera revelar más detalle del secuestro.
Cuando la doncella avisó que Lord Sesshomaru necesitaba verla, lady Kagura, que no había dormido casi nada supo de inmediato porqué él estaba ahí. Se asustó y palideció al instante. Apretó los labios mientras la sirvienta esperaba su respuesta. Kagura finalmente se tranquilizó y le dijo que lo hiciera pasar a su despacho. Alisando su faldón de color azul, se irguió y alzó la barbilla altivamente esperando verlo. Sabía que tendría que afrontar las consecuencias y cuando se le pidió el favor había estado de acuerdo en hacerlo, sin pensar en nada más. Pero ahora no podía evitar preguntarse si sería peligroso para ella. Intentó tranquilizarse y mentalizarse que todo estaría bien.
Sesshomaru no esperó que le abrieran la puerta, él mismo entró como un vendaval, se acercó a ella con mirada de demonio y la agarró de los brazos zamarreándola sin piedad. El delicado peinado de la lady se desarmó y la mujer lo miró horrorizada, tragando con fuerza y sintiendo como se le erizaba los vellos de la nuca.
- ¡Me dirá ahora ahora mismo dónde esta mi esposa!- Bramó el Lord como si estuviera a punto de desgarrarle la garganta.
- No… no sé… yo no…- Balbuceó, mirándolo con los ojos desorbitados casi, viendo como en los ojos dorados de aquel amante incomparable, aparecían matices rojizos en el iris- No…
Sintió como él la zamarreó una vez más, como si fuera una muñeca de trapo y luego la soltó con brusquedad. Ella cayó al suelo y desde ahí, aterrada, vio como Sesshomaru palpaba el arma que llevaba al cinto y la desenfundó, la levantó y la dirigió hacia ella, dispuesto a todo. La mujer dio un grito y lo único que pudo hacer fue poner los brazos en un inútil intento de protegerse del inminente disparo que iba a recibir, pero entonces para protegerse, gritó.
- ¡Fue Naraku!
Había cerrado los ojos y temblaba por completo, esperando su tonta muerte por arriesgarse a ayudar a tan asqueroso hombre. Pero es que sentía tanta rabia por Kagome, tantos celos por acaparar la atención de su amado Lord, que no había podido rechazar ayudarlo. Aún sabiendo que arriesgaba el cuello cuando se supiera la verdad.
- ¿¡Qué dice!?- Musitó, y aunque la rabia e ira lo dominaba, escuchar el nombre del culpable lo hizo casi retener el aliento. Podría haber sido cualquiera, pero con extrema preocupación y un miedo que no conocía, comprendió el real peligro que corría su esposa.
Ella abrió poco a poco los ojos, con lágrimas en ellos y estaba segura que con diez años más encima debido al terror que le causaba morir asesinada por el mismísimo Demonio Blanco. Él aún tenía el arma apuntando hacia ella, pero la miraba con aparente turbación, y aunque era un hombre de piel pálida, la mujer notó que ahora parecía más un fantasma. Lady Kagura cerró nuevamente los ojos con fuerza. Había sido estúpida en ayudar a Naraku, aunque no conocía sus planes realmente.
- Me lo pidió en la velada del Rey…- Sollozó, mientras sus manos se encrispaban de rabia y miedo en su carísima alfombra-… dijo que invitara a Kagome a que viniera a verme. Sólo eso me pidió. – Luego abrió los ojos otra vez y se atrevió a mirarlo con súplica-… no sé nada más, sólo tenía que invitarla… era todo. ¡Oh, por favor! ¡se lo ruego! ¡créame!
Sesshomaru se controló rápidamente. Apretó los labios, alzó la barbilla y enfundó una vez más el arma, como si nada.
- Gracias. Espero jamás saber de usted. Y si a mi esposa le sucede algo, créame, que la buscaré y cobraré su vida con la suya- Declaro. Kagura se llevó una mano a la boca aterrada, él esbozó una mueca burlona- Así que ore… ore para que la encuentre con vida.
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Escuchaba un murmullo a lo lejos, algo que de alguna manera parecía tranquilizarla, a pesar de todo. Pero arrugó el entrecejo al notar el terrible dolor de cabeza que sentía. Luego, percibió voces, lejanas y distorsionadas. Kagome se sentía débil y algo dentro de ella la obligaba a permanecer despierta a pesar de que quería seguir sumergida en el sueño y así olvidar ese dolor de cabeza. Quiso moverse, pero el cuerpo le dolió demasiado, casi no le respondía, intentó finalmente abrir los ojos y al hacerlo, tuvo que entrecerrarlos debido a luminiscencia del lugar en donde se encontraba. Mientras parpadeaba y sentía el viento mover sus cabellos, su corazón brincó alertándola finalmente. ¿Dónde estaba? Percibió el aroma a sal y luego, un graznido que, aturdida como estaba, no logró reconocer de donde provenía. Parpadeó una vez más e intentó moverse, pero sentía algo que la retenía, aparte de un ardor en las muñecas y en los tobillos, cuando finalmente abrió los ojos miró con estupor y desazón su alrededor.
Estaba en el piso, era de madera y y vio que estaba en una pequeña habitación, un camarote. Tenía una ventana pequeña y ovalada que estaba abierta, por ahí entraba el viento, la luminiscencia del lugar y desde ahí podía ver algunas gaviotas revoloteando un cielo azul. Percibió ahora el vaivén de las olas y desde la posición sentada en donde se encontraba observó el lugar con detención. Había una cama, pequeña y desarmada, cerca había una mesa con artilugios que ella reconoció porque había visto algunos de ellos en el Bakusaiga.
El cuarto debía ser del capitán, pero no tenía nada que ver al reconfortante y casi lujoso camarote de Sesshomaru. Este era austero, pequeño y tenía pocas cosas. Entonces comprendió, que estaba en un barco.
Abrió los ojos con sorpresa y quiso moverse, las manos no le respondieron, se dio cuenta que las tenía atada a su espalda y también sus tobillos, aparte llevaba un paño en su boca que le impedía querer gritar o pedir ayuda. Lo primero fue pensar que estaba teniendo una pesadilla, una muy real porque el dolor de cabeza y el de sus muñecas y tobillos era muy perceptible, así que sacudió la cabeza y cerró con fuerza los ojos ¿qué estaba pasando? Casi sentía los latidos de su corazón en la boca junto con las náuseas.
Cuando volvió a abrir los ojos estaba en el mismo lugar, y entonces se aterró. Oh, Kami ¿cómo había llegado ahí? ¿qué había ocurrido? Intentó tranquilizarse, el dolor de cabeza impedía de alguna forma el recordar los últimos acontecimientos y tardó un momento en hacerlo. Hasta que las imágenes se apoderaron de su cabeza y con horror comprendió, que lo que estaba viviendo no era una pesadilla.
Había sido secuestrada.
Oh, Kami, su mente le devolvía el rostro de terror de Yuka y luego el corte en el cuello con un cuchillo que un bandido maloliente y degenerado le daba a su pobre sirvienta, sonriendo sádicamente mientras ella gritaba y era arrastrada fuera del carruaje por brazos y manos lascivas. Al voltearla violentamente un hombre horrible sonreía mostrando una dentadura podrida y a pesar de eso un diente era de oro. Dijo algo, se burló de ella, quiso tocarla pero entonces, otro hombre de cabello negro y algo largo, de un rostro que bien podría pasar por un noble, se acercó a ellos y se la arrebató al otro. Lo miró con horror y luego de eso sólo recordó un terrible dolor en la cabeza y ya nada más podía recordar.
Seguro le habían golpeando la cabeza, por eso le dolía tanto.
Oh, Kami, gimió y sollozó aterrada ¿Por qué estaba ahí? ¿por qué la habían secuestrado? Oh, y estaba en el mar ¿cómo iba a escapar? ¿cómo sabría Sesshomaru que estaba ahí?
Sesshomaru. Tragó con dolor y agachó la cabeza mientras las lágrimas caían por sus mejillas, sus ojos se dirigieron a su estómago plano aún pero que ella sabía, albergaba una pequeña vida. Lo había sabido durante la mañana, antes del viaje a su pueblo, mientras su esposo estaba en la capital ella había acudido a un médico, junto con su sirvienta, debido a ciertos malestares y alguna sospecha de su estado. Y el médico se lo había confirmado. Ella estaba embarazada. Y fue feliz porque hacía semanas se sentía distinta y extraña, agradablemente rara, y luego le había comentado a Yuka que le daría la sorpresa al Lord en la noche, a la hora de la cena.
Apretó los labios y volvió a sollozar cerrando los ojos con fuerza ¿pero quién la había llevado hasta ahí? ¿quién? Tragó con fuerza y luego se calmó. Debía hacerlo. Estaba embarazada y ella sabía los cuidados que debía tener gracias a conversaciones con Sango. Así que a duras penas suspiró y alzó el rostro, deseó limpiarse las mejillas, pero amarrada como estaba no podía. Tenía que sobrevivir y salir de aquella situación sin lastimarse. Miró a su alrededor. Era un barco, no podía ser tan grande como el Bakusaiga, pero no era un bote. Se escuchaban voces de hombres, no muchas, pero debían estar en la bodega, tal vez comiendo, estaba amaneciendo. La habían dejado sola ahí, debió estar inconsciente toda la noche, encerrada, quizás por eso tenía el cuerpo agarrotado y las rozaduras de las amarras dolorosas. Movió las manos intentando desatarse, pero las cuerdas estaban firmes, sólo provocó más dolor y tal vez una herida debido a la rozadura. Lo intentó con las piernas y ahí tuvo más suerte, después de un par de movimientos su pie derecho pudo deslizarse entre las ataduras, soltándose estas y así pudiendo sacar el otro y liberarse.
Estaba feliz, casi eufórica. Se levantó a duras penas afirmando la espalda en la pared y luego caminó tambaleándose por el barco. Llegó a la puerta, esta ni siquiera estaba con llave, así que con las manos amarradas pudo abrirla, no sin dificultades y salió finalmente de la habitación. Observó el barandal del barco y supo que debía llegar allí. Cayó un par de veces y luego volvió a levantarse. Cuando llegó al barandal su frente se perló completamente de sudor, observando el mar azul oscuro ondulante. Luego alzó la mirada y se dio cuenta que no estaban cerca de la costa, al contrario, estaba en altamar.
- Milady.
Ella volteó asustada y vio con pavor al hombre del día anterior, aquel que no tenía aspecto de un simple ladrón o pueblerino, más bien parecía alguien de la nobleza, con su rostro atractivo, varonil, limpio y bien vestido. Llevaba pantalones bombachos negros, botas largas negras y una camisa blanca holgada, no era el traje típico de un capitán, o de la marina, ni de un pirata, más bien parecía la de un caballero listo para cabalgar. Kagome volteó otra vez y miró el mar fijamente. Si saltaba, atada como estaba, moriría ahogada.
- No va a saltar ¿verdad?
Lo escuchó reír y luego él se acercó rápidamente. Ella volteó y lo enfrentó dándole una mirada de rencor. El hombre le quitó la mordaza de la boca inesperadamente.
- Maldito…- Masculló y apoyó la espalda en la baranda, tratando de mantener distancia del hombre- ¿por qué me secuestró?
Muso sonrió como si nada y se cruzó de brazos con desfachatez.
- Recibiré una muy buena recompensa. – Alzó una ceja- Vale bastante dinero ¿sabe? Era imposible no aceptar tal trabajo.
- ¿Usted no sabe quién soy?- Intentaba estar tranquila pero notaba que el tono de su voz era muy agudo, debido al miedo- Mi esposo es…
- Lord Sesshomaru Taisho- La interrumpió Muso, con burla. Kagome se quedó con la boca abierta, mirándolo sorprendida y luego tragando con fuerza- Sé perfectamente quién es su esposo. Todo el mundo sabe. Es muy famosa ¿sabe?
Kagome volvió a tragar con fuerza, temblaba por completo, el hombre lucía tan tranquilo, pero su sonrisa era siniestra y le daba escalofríos. Volvió a mirar de lado, por la barandilla, la verdad es que lo único que deseaba hacer era escapar, aunque fuera saltando al mar.
- Si salta, se ahoga, usted lo sabe. Sus manos estan aún amarradas- Luego la miró de abajo hacia arriba- Y va vestida. Conozco los ropajes de las damas- Sonrió y la muchacha se sonrojó pero mantuvo la mirada en él – Son bastantes capas de ropa, se hundiría, sin remedio.
- Maldito…- Masculló la muchacha agudizando la mirada en él, envalentonándose más- ¡Dígame quién lo mandó!
Muso sonrió aún más y se acercó a ella, Kagome sintió la baranda del barco casi enterrarse en la espalda para poder evitarlo, el hombre acercó su mano a un mechón de ella y lo acarició. La joven se sonrojó y dejó de respirar. Lo miró fijamente a pesar del miedo que tenía, estaba más atenta que nunca ante él. Muso suspiró y alejó la mano.
- Tiene suerte. Mi recompensa es bastante grande sólo si la entrego intacta.
Y entonces Kagome tragó una vez más con fuerza. Muso la tomó entonces del brazo y caminó con la joven con poca delicadeza hasta el lugar donde ella había despertado, la obligó a sentarse y entonces alzó la mirada al horizonte.
- Mejor quédese aquí – Y cerró la puerta.
Poco rato después escuchó voces y apareció nuevamente aquel hombre, muy serio. Se acercó a la muchacha y la levantó del camarote, la arrastró sin decir nada fuera y se dirigió con ella rodeada de sus malolientes hombres que le sonreían descaradamente, hasta la baranda. Kagome vio que había otro barco. Uno grande, tan grande como el de Sesshomaru. La levantó saltando hasta la borda y la dejó en el suelo al tiempo que ella vio, con profundo terror, quién era el que estaba detrás de todo esto.
- Milady. Me alegro tanto tenerla al fin, en mi barco.
Naraku sonreía. Sonreía y la observaba embelesado de pie a cabeza haciéndola estremecer y aterrarse. Naraku, Naraku estaba detrás de todo esto. Oh Kami, ella sabía perfectamente, lo peligroso y degenerado que era él. A pesar del miedo que sintió, irguió la espalda y alzó la barbilla mirándolo con desafío. Kagome no era una muchachita miedosa o histérica, la vida aunque había sido privilegiada para ella en sus inicios, había pasado también por situaciones bastantes duras. Tenía que mantener la calma, si quería salir ilesa de la situación en que se encontraba.
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- ¡Ey! ¡Sesshomaru! ¡Sesshomaru!
El hombre volteó con la mirada fiera y el rostro casi desfigurado de la rabia y el malestar. No podía ser cierto. Con todo lo que estaba ocurriendo, con la alarmante noticia que acaba de conocer hacía poco y que lo tenía al borde de la desesperación y el delirio, no podía aparecer justo ahora su despreciable medio hermano.
Inuyasha se acercaba a él con decisión y seriedad. Llevaba su cabello largo y negro medio desordenado, vestía el uniforme de la milicia pero bastante arrugado y el cuello de la camisa abierta. Bajo los ojos de él se notaban sombras negras como si no hubiera dormido hacía un par de días ¿cómo él? No podía ser.
- ¡Qué diablos quieres!- Rugió, arriba de su caballo a punto de pedirle al policía más hombres para que ayudaran a averiguar el paradero de Naraku. Él sabía perfectamente que la tarea de encontrarlo le iba a resultar difícil, era un hombre poderoso y podía estar tanto en tierra, en uno de sus numerosos castillos o casas solariegas o en el mar. Y el mar era extenso. Pero para él no del todo desconocido. Pero perdería tiempo buscando.
- Vine por ella- Le respondió sin más sosteniendo la rienda del caballo de su hermano, mientras este casi lo asesinaba con la mirada- No me importa que te enojes. Es tuya, lo sé, pero vengo para ayudarte a encontrarla.
- Inuyasha…- Gruñó, como si no le creyera del todo. Él podía estar seguro que su hermano aún tenía sentimientos románticos por Kagome.
- ¿Qué? ¿estas celoso? – Lo contra atacó, burlón. Sesshomaru golpeó las costillas de su caballo dispuesto a ignorarlo, pero su hermano sostuvo más fuerte las riendas del caballo, inmovilizándolo- Vengo a ayudarte, estúpido.
- ¿Tu?- Preguntó el otro desde su altura, perdiendo la paciencia volvió a instar a su caballo a voltear, pero Inuyasha no lo soltó- ¡Inuyasha!
- Escúchame. Lo hago porque la considero mi amiga, y parte de nuestra familia- Le respondió agitadamente y con fervor- Déjame ayudarte, conozco mucha gente, recuerda que fui soldado.
- Fuiste…- Lo corrigió el otro, frunciendo el ceño.
- Soy- Respondió Inuyasha también arrugando la frente- Mientras tú estabas en el mar yo estaba en tierra y te aseguro, conozco a mucha gente. Y he hablado ya con esa muchacha moribunda, estoy seguro que la descripción que me dio del maldito con el diente de oro ese me suena conocida.
Sesshomaru cambió de expresión de inmediato. Si era de ayuda no le importaba que lo acompañara.
- Entonces qué esperas para subirte a tu caballo- Le reclamó, siniestro.
Inuyasha sonrió burlón.
- Ya sabía yo que me dejarías ayudarte.
Fue hasta su caballo y luego se acercó a él rápidamente, mientras galopaban Sesshomaru habló.
- Lo hago sólo porque me sirves para encontrar a MI esposa.
Inuyasha entornó los ojos.
- Ya sé que es tu esposa. Lo hago porque aún la quiero mucho. A ti no.
Sesshomaru ladeó el rostro y lo miró como si quisiera asesinarlo, pero el otro instó a su caballo a galopar más rápido mientras sonreía, así que el Lord olvidó el comentario, que en todo caso era bastante infantil, y lo siguió. Lo importante era encontrar a Kagome. Lo demás no importaba.
Continuará…
N/A: Ahora sí, el próximo capítulo es el final. Serán 35 capítulos sin epílogo. Gracias a todos han leído hasta aquí y me han dejado su valioso comentario o impresión a cerca de la historia, si Dios quiere llegaremos a los 700 reviews y eso ya es un logro enorme por ser un fic de sesshome (al menos para mi)
Nos vemos
Un abrazo.
Lady.
