CAPÍTULO 4 – QUID PRO QUO

Quid pro quo:

frase en latín que en español traduce como: 'algo a cambio de algo' o 'una cosa por la otra'. Designa un error, una confusión, un malentendido; también puede ser utilizada para referirse a una transacción, al intercambio de una cosa por otra equivalente

Coautora:MelGA_0420

Tomaste tu ropa y trataste de ponértela lo más rápido que pudiste, y lo lograste, aunque por las prisas terminaste pareciendo una niña de 3 años. Pero lo hiciste, lucías desaliñada pero cubierta, y gracias al cielo porque fue justo antes de que Piers comenzara a patear la puerta con intención de tirarla.

El capitán te tomó fuertemente del brazo y te llevó con él. Se puso detrás de la entrada para sorprender al joven teniente por la espalda. Te tapó la boca con una mano y te sostuvo con la otra para evitar que le lanzaras una alerta a tu novio.

Estabas horrorizada, ¿serían capaces de enfrentarse, a pesar de todos los años que llevaban de conocerse y de la amistad que se había formado entre ambos? ¿Por ti?

Nivans dio una última patada en la que empeñó todas las fuerzas que le quedaban, y con ello logró que la cerradura cediera. La puerta se abrió y rebotó golpeando a su regreso el brazo del capitán, quien, al ver que Piers ya había entrado a la habitación, decidió soltarte y lanzarse sobre él.

Lo tacleó con la pesadez de un oso. Piers recibió el fuerte golpe en la espalda y esto provocó que se desorientara y gritara de dolor. El capitán comenzó a ensañarse con su rostro; Piers metía las manos como podía para defenderse. La diferencia de tamaños era mucho más evidente, ahora Chris lucía mucho más grande e intimidante. Mirabas horrorizada como le estaban desfigurando la cara a Piers. Te acercaste a Chris para tomarlo por los brazos y tratar de separarlos, pero no lograste nada, era tan difícil de mover como una enorme roca.

—¡Chris, por favor, para ya! —le gritaste a Redfield.

Del miedo que sentías no notaste que habías comenzado a llorar.

No los separaste, pero tu acción ayudó en algo. Al sentirte y escuchar como seguías llamándolo, Chris se desconcentró de la pelea para tratar de quitarte, acción que fue aprovechada por el teniente para voltear completamente la situación. Ahora era él quien tenía la ventaja, era su turno de repartir golpes por toda la cara del capitán. Piers jamás imaginó ni en la peor de sus pesadillas que estaría haciendo algo como aquello, pero eras tú, tu bienestar estaba de por medio, y por ti estaba dispuesto a dar la vida si así lo requerías.

Era obvio que no duraría mucho siendo el dominante, Chris era más fuerte que él, más preparado, más experimentado. No le tomó sino un poco de esfuerzo quitárselo de encima, pero quedó agotado y Piers tumbado a unos pies de distancia. Ambos estaban aturdidos, con el cuerpo adolorido y la adrenalina en las nubes. Te acercaste a tu novio para verificar que estuviera bien.

—Piers, Piers... por favor, dime que estás bien —hablaste asustada y con los ojos llorosos.

Nivans no te respondió. Acercó la mano al porta-armas que estaba en su pierna y sacó su pistola; apuntó a un objetivo enfocando la mirada certeramente. Volteaste al oír que Chris se ponía de pie, lo viste prepararse para disparar también. No podías hacer nada para evitarlo; fue como verlo todo en cámara lenta.

Antes de que el capitán siquiera levantara un poco el cañón del arma, Piers actuó con rapidez encajándole un disparo en la pierna izquierda. Permaneciste estática. Chris no hizo más que caer en medio de un gruñido de dolor, y una vez en el suelo, su primer impulso fue presionar la herida causada por la bala.

La sangre salía a borbotones, Piers y tú no lograban ni moverse ni dejar de mirar atónitos. El capitán perdió la conciencia al cabo de pocos segundos. La gresca no había durado ni 5 minutos, pero a ti te pareció una eternidad de violencia y miedo. Cuando entendiste que Chris se había desmayado, reaccionaste y con un par de zancadas saltaste hasta él. Rompiste la manga de tu blusa y trataste de detener el sangrado con un torniquete improvisado. Piers salió de su estupor y se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Se trasladó casi gateando para ir a ayudarte.

—¿Estas bien? —preguntó consternado.

—Yo sí, pero él no... tenemos que llevarlo al hospital.

Piers no dijo nada más. Sacó su teléfono y llamó a emergencias. Afortunadamente, la ambulancia tardó menos de 10 minutos en llegar y llevarse al capitán. Ambos subieron detrás de la camilla. Ahora lo importante era salvarle la vida a Chris.

Llegaron al hospital, los paramédicos lo trasladaron directamente al quirófano. Tendrían que realizar una operación para retirar la bala y detener el abundante sangrado; el proyectil había rozado la arteria femoral.

Piers jamás de habría podido predecir que tu secuestrador fuera el mismísimo Chris Redfield. Había llegado a aquel motel creyendo que se enfrentaría a algún loco o algún terrorista menor, y que luego podrían continuar intentando rescatar a su superior y amigo. No lograba comprender tan extraño comportamiento, pero estaba seguro de que todo debía tener una explicación lógica. Sin embargo, antes de indagar en el asunto, tenía que asegurarse de que no te había hecho nada. Después de todo, te secuestró; cualquiera se preocuparía. Un evento así ponía en duda su moral y su intachable reputación. Y no solo eso, sino que todo el tiempo en la ambulancia y desde que habían llegado a la sala de espera, no habías pronunciado ni una sola palabra. Cargabas una expresión asustadiza y no te atrevías a mirarlo a los ojos.

—Cariño...

Estabas tan concentrada pensado en todo lo que... había pasado; todo lo que te había dicho el capitán, las extrañas citas sacadas del libro, su insistencia en referirse a ti como se refería el doctor Lecter a la detective de la novela. Comenzabas a contemplar la posibilidad de que, aparte de la evidente amnesia, quizás Chris sufría algún tipo de trastorno mental.

—Amor... —te sacudió levemente.

—¿Mmm? —por fin reaccionaste.

—¿Qué fue lo que sucedió en... en el motel? El capitán... Chris... ¿te hizo algo? Necesito que me cuentes todo lo que pasó, ¿sí?

Palideciste por lo directa que fue la petición. La pregunta correcta sería: ¿qué no te hizo?

No podías decir la verdad, ciertamente fuiste una víctima. Chris Redfield había abusado de ti, te había privado de tu libertad y te había utilizado para su torpe juego de rol, simulando que era un psicópata se aprovechaba de su prisionera. Pero, a pesar de eso, ¿por qué te sentías tan sucia? Desde luego, eras culpable de haber disfrutado cómo te hizo hecho suya. Con todo lo que gritaste en sus brazos, serías muy hipócrita si tuvieras las agallas de acusarlo o fingías sufrimiento por todo lo vivido. Una violación implica haber dicho que no claramente, y que se haya sobrepasado tu negativa, pero... no te habías opuesto a nada en ningún momento, ¿o sí? Aparte, estaba más que claro que el capitán Lecter no tenía facultad mental alguna, así que decidiste contar solo la mitad de los hechos.

—Pues... cuando Chris te noqueó en el bar, fui tras él. Después sentí como alguien me tomaba del cuello, perdí la conciencia... y luego... desperté en ese lugar...

—Pero... ¿no te agredió? ¿Te lastimó de... alguna forma? —la preocupación de Piers era genuina.

Ese hombre realmente te amaba, te sentías una mierda por haberlo traicionado permitiendo que tu deseo momentáneo tomara el control de tus acciones y desbordara tu ética.

—No... solo me mantuvo encadenada y me soltó cuando te escuchó llegar.

—¿Segura? Puedes confiar en mí, lo sabes...

—Completamente segura. No me lastimó de... de ninguna forma, solo estuve encerrada. Supongo que... no lo sé... supongo que creía que éramos sus enemigos, que queríamos capturarlo... o... algo.

Piers soltó un suspiro de alivio y te tomó entre sus brazos, te sujetó por más de dos minutos en un fuerte abrazo. Tus palabras lo habían tranquilizado, aunque lo más probable es que más tarde volviera a insistir en preguntarte. Seguiría sospechando que eso no era todo, especialmente porque insististe mucho en no presentar cargos. Piers te apoyó en tu decisión, no le dejaste muchas opciones de todas formas. Le explicaste tu teoría sobre que el capitán estaría sufriendo amnesia y que no era completamente su culpa haber actuado como un loco.

Pasaron varias horas sin tener novedades sobre el estado de salud del herido. En ese tiempo aparecieron amigos y familiares, y justo cuando todos estaban a punto de perder la paciencia, el doctor salió a ponerlos al tanto. Dijo, en resumen, que por fortuna no había sido nada demasiado grave, y que Chris ya se encontraba en una habitación a la espera de que la anestesia cediera.

Jill y Claire fueron las que hicieron la mayoría de las preguntas, de algo había que hablar en tanto Chris recuperaba la conciencia. Todas las dudas fueron aclaradas por Piers, tú no tenías ni las ganas ni la cara tan dura para hablar de nuevo sobre todo eso.

Cuando se hizo de noche, una enfermera anunció que el paciente se encontraba despierto y que podían pasar a verlo. El capitán Redfield se veía decaído, casi enfermo; no era para menos. Se les permitió pasar a los 4. Lo último que querías era verlo, pero no pudiste negarte; era preferible aguantar la incomodidad de estar delante de él, luego de todo lo que pasó entre ustedes, a levantar algún tipo de sospecha.

—Chris , ¿cómo te sientes?— Claire fue la primera en hablar, con algo de miedo de no ser reconocida.

—¿Claire?– una hermosa sonrisa iluminó el rostro de Claire al escuchar su nombre.

—¿Si te acuerdas de mi?— dijo con toda su emoción.

—Claro, eres mi hermanita... ¿por qué no me acordaría de ti?

Te sentiste aliviada. Todo había vuelto a la normalidad, ¿para qué seguir preocupada?

—Capitán, en serio lamento...—Piers llamó la atención de Chris.

—¿Piers? No, no... no tienes que disculparte.

—Lo haré de todas formas, es mi culpa que esté en esa cama —habló con la mayor sinceridad.

—Pues... Estoy algo confundido, pero... algo debí haber hecho para que me dispararas ¿o no?

—Tranquilo, eso ya quedó atrás —interferiste alarmada, con miedo de que algo se le saliera por la confusión.

—¿Fue muy grave? —insistió mirándote muy serio. El correcto capitán Redfield había vuelto en sí.

—No, descuide —trataste de poner una sonrisa, pero en cuanto tus ojos se encontraron con los suyos, te recordaste arrodillada ante él... lo recordaste entre tus piernas... sus gestos y sus gemidos mezclándose mientras lo hacían sin importarte ni una pizca de comino ninguna de las personas que estaban en esa habitación; ni Jill, ni Piers, ni mucho menos Claire...

Se instauró la plática y así se quedaron por varios minutos, más de los que tu decencia podía resistir sin empezar a acusarte de cínica.

Decidiste que usarías la menor excusa para escapar de esa asfixiante habitación de hospital, y el pretexto perfecto llegó cuando Chris pidió su teléfono, interrumpiendo la amena charla. Dijo que tenía que hacer varias llamadas. Parecía ansioso por volver a sus labores regulares como capitán de la BSAA. Jill le prestó el cargador de su móvil, los viste ocupados conectando el aparato al muro y supiste que era el momento ideal para esfumarte.

Saliste del cuarto y los viste retomar la plática desde el otro lado de la ventana. Respiraste más tranquila, pero tu tranquilidad duró lo mismo que tu suspiro.

Recibiste un mensaje.

Frunciste el ceño extrañada al desbloquear tu teléfono y ver el nombre del remitente, ¡Capitán Redfield!, pero cuando leíste lo que decía, se te heló la sangre.

"Dime, Clarisse, ¿han dejado ya de gritar los corderos?"

Borraste a la velocidad de la luz el mensaje y levantaste la vista aterrada. Una incognita apareció en tu mente, junto con una sensación de sentirte ingenua y atrapada, pero muy complacida a la vez. Te quedaste contemplando a través del cristal. Chris sostenía su teléfono como si no acabara de mandarte directo al abismo con sus palabras. Se veía muy tranquilo platicando y sonriéndoles a todos.

Todo este tiempo, ¿fue él realmente? ¡Jamás hubo amnesia! ¿Qué clase de trastorno mental te hace elaborar un juego tan macabro? ¿y qué clase de loca disfruta de ser parte de él? Todas... él podría enloquecerte a ti y a cualquier mujer las veces que quisiera, cualquier día que se lo propusiera.

Sentiste tu corazón latir con toda su fuerza, tu respiración fue acelerándose cada vez más y el aire empezó a faltarte. Todo este truco lo usó solo para...

Tus deducciones finales se interrumpieron cuando Chris volteó a verte de súbito. Te sobresaltaste. El capitán sostuvo su mirada en la tuya como si quisiera poner un sello de silencio al evento del motel, como si te advirtiera que va a irte muy mal si te atreves a develar lo que realmente ocurrió.

Y en su mirada podía leerse también que está seguro... seguro de que, si te lo pide, vas a volver a dejarte encerrar mil millones de veces. Él lo sabe, tú lo sabes, el que no tiene que enterarse nunca es tu novio...

Lo miras con complicidad, sientes que vas a desmayarte y no sabes si será por el miedo o por la emoción. Casi puedes escuchar la frase salir de sus labios, la misma que el doctor Lecter le dice a la detective Starling para proponer un pacto de intercambio; pero pronunciada por la voz suave y profunda con la que el capitán Redfield se dirige a los demás, aparentando ser un respetable hombre... la misma voz que usó y usará para llevarte a la completa locura cuando te hable al oído.

"Quid pro quo, Clarisse, quid pro quo..."

~FIN~

A todos los que leyeron, muchas gracias. De corazón, esperamos que les haya sido entretenido. Este capítulo fue magistralmente narrado por la coautora MelGA_0420. Buena oportunidad para invitarlos a visitar su perfil y descubrir sus fabulosos fanfictions.

La siguiente historia será sobre Piers

Y luego de esa habrá una con Leon en colaboración con Cazzleen

Muajajajajaja...

No dejen de soñar...
con Chris...