No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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El sonido del timbre de la puerta sacó a Isabella de su lánguido sueño. Le tomo un momento recordar que estaba en casa, no en el bus del tour.

El timbre sonó de nuevo. Algunos rayos de sol se filtraron alrededor de los bordes de las cortinas de su cuarto. ¿Ya era de mañana? Isabella salió de la cama, aun con la ropa que había usado el día anterior.

El timbre sonó otra vez. Varias veces en una serie. Seguido del ruido del golpeteo de la puerta.

¡Edward! lo había hecho.

―Ya voy. ― Gritó mientras se apresuraba hacia la puerta.

Le quitó la llave y la abrió, con una brillante sonrisa en su rostro.

Ésta desvaneció instantáneamente.

―Buenos días, querida. ― saludó Jeremy. Sus brillantes ojos azules barrieron su cuerpo de pies a cabeza. ― ¿Dormiste con ropa anoche, mi vida? Eres un desastre. ― Él no lo era. Muy bronceado, rubio, alto, atlético, y guapo, parecía como un anuncio andante de un club de campo. La boca de Isabella se esforzó en producir palabras, pero no salió nada. Todo su cuerpo se había entumecido. No se podía mover. ― Toma, te traje flores. Sé cuánto de gustan las cosas frívolas. ― Él le metió un enorme ramo de flores variadas en su pecho. Ella las agarró automáticamente. Jeremy avanzó con su alto y ágil cuerpo hacia el apartamento y cerró la puerta. ― Te dije que nos veríamos pronto. ¿Por qué pareces tan aturdida?

―¡Déjame! ― Se las arregló para gritar.

―¿No estás feliz de verme?

―Por supuesto que no estoy feliz de verte. ¡Lárgate de mi apartamento! ― Él estiró su mano para tocarle el pecho y ella gimió de miedo. Jeremy dejó caer su mano y sus cejas rubias se juntaron con preocupación.

―No voy a lastimarte, querida. Ya no me emborracho más. ¿Ves? Huele mi aliento. ― El aliento mentolado de su enjuague bucal le lavó la cara. Ella se estremeció. No podía evitarlo. Estaba aterrorizada de él.

―Ese no es el punto, Jeremy. No se supone que te acerques a trescientos metros de mí. Si no te vas a la cuenta de tres, voy a llamar a la policía.

―Isabella, tan solo escúchame.

―Uno.

―Me doy cuenta lo idiota que fui y he venido a pedirte perdón.

―Dos.

―He estado en tratamiento, Isabella. El pensamiento de que podemos estar juntos de nuevo es la razón por la que necesito permanecer sobrio el resto de mi vida.

―Tres. ― Isabella arrojó las flores al piso y se volteó para buscar su teléfono. Ella recordó que se había quedado dormida con el contra su pecho la noche anterior. Se apresuró hacia su cuarto para recuperarlo.

―Espera. ― Jeremy la siguió hasta la sala de estar. El sonido de sus pasos detrás de ella hizo que su corazón se acelerara. Se cubrió la parte trasera de su cabeza con una mano y camino de lado así ella podría mantener un ojo encima de él. No se pondría junto a él para que le diera un golpe en la cabeza en el segundo que le diera la espalda. ― Tan solo dame una oportunidad. Por favor, Isabella. Escúchame. ― Sus fuertes dedos le agarraron el brazo.

Ella se congeló, temblando incontrolablemente. No podía respirar.

―¿Cómo me encontraste, Jeremy?― dijo ella, jadeando. ― ¿Cómo? Yo hice todo bien.

Él dio una risita.

―Esa parte fue fácil. No hay muchos Thunderbirds del 57 registrados en este estado. ― Por supuesto. Su carro. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? ― ¿Por qué estás temblando? Te dije que no te lastimaré. No tengas miedo.

―¿No tengas miedo? ¡No tengas miedo! ― Ella se volteó y lo empujó con ambas manos. ―Tú me llevaste al hospital, eres un loco hijo-de-puta. Casi me matas.

―Ese no era yo, cariño. No era yo. Estaba borracho y tú me estabas engañando con el encargado de la gasolinera. Perdí el control. Pero no pasará de nuevo. Lo prometo. Nunca te lastimaré de nuevo. Nunca. ― ¿El encargado de la gasolinera? ¿De qué demonios estaba hablando? Ella nunca había salido con el encargado de la gasolinera. Ni siquiera conocía un encargado de una gasolinera. ― Ya no soy ese hombre. ¿Recuerdas el hombre encantador del que te enamoraste? ― él sonrió y ella casi pudo recordar el hombre con el que se había casado, pero recordó un rostro retorcido de rabia y un par de duros puños más vívidamente. ― Está de vuelta. Soy yo. ― continuó, presionando una mano en su pecho, ― Estoy de vuelta y podemos volver, Isabella. Regresar a la forma en que eran las cosas cuando empezamos. Te gustaría eso, ¿cierto? Nunca quise lastimarte, mi vida. Tienes que creerme. Soy mejor ahora. He cambiado. Mucho. De verdad. Te amo. Tú me crees, ¿cierto? ― El estómago de Isabella se revolvía con el sonido de esas dos palabras deslizándose entre sus labios. Nada había cambiado. Esto era exactamente como cada vez que él le había hablado para que volvieran. Bueno, una cosa había cambiado. Ella lo había hecho.

Conocía el amor verdadero con un buen hombre. Edward le había mostrado la diferencia.

Ella sacudió la cabeza hacia Jeremy.

―Incluso si te creyera, y no lo hago, no importaría. No te amo. Tengo un nuevo novio. Uno que me respeta y me trata bien. Él no piensa que soy una zorra o me acusa falsamente de engañarlo. ― Los ojos de Jeremy se endurecieron y su labio superior se frunció. Un escalofrío de miedo corrió por su espina dorsal. Como sospechaba, la oscuridad en él fue cuidadosamente velada detrás de sus mentiras y sus intentos de manipulaciones. Después de varios segundos, Jeremy se relajó y sonrió.

―Oh, sí. Edward.

―¿Te conozco? ― preguntó Edward desde la puerta principal abierta.

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¡Que intenso! ¿Qué opinan? No olviden dejar un lindo comentario.

¡Nos leemos pronto!