Jane abrió la puerta del salón de conferencia, sosteniendo una bolsa de papel y un porta vasos desechable con dos cafés. Maura se encontraba con los codos apoyados sobre la mesa y la mirada fija en el monitor de la portátil.
-¿Dónde están? -Sacó un vaso y lo colocó al lado de la portátil.
-Bajaron hace poco para hablar con el Dr. Doster. Creo que necesitaban un cambio de ambiente.
-No has comido nada desde que desayunamos -explicó cuando Maura miró la bolsa-. Se sentó en la silla a su lado y rodó para acercarse un poco más a la vez que sacaba un sándwich de la bolsa-. Tú favorito.
-No tengo mucho apetito. -Cerró los ojos al degustar el café. Era el tercero de ese día.
Habían estado encerrados en ese salón de conferencia por varios días y Jane ya comenzaba a sentir claustrofobia. Estaban agotados. Durante esos días, Jane se mantuvo en silencio, simplemente observando; eso era lo que Cavanaugh quería. Pero comenzaba a desesperarse siempre que miraba la pared con fotos del caso y las mismas preguntas que tenían desde un principio. Sentía que no habían hecho ningún progreso. Comenzaba a sentir que el caso nunca terminaría.
-Debes comer. -Sacó otro sándwich-. Y no quiero comer sola. -Hizo un puchero y Maura suspiró cerrando la portátil a la vez que intentaba no sonreír porque Jane sabía el poder que ese puchero tenía sobre ella.
-Solo porque no quiero que almuerces sola.
-Deberías descansar cuando vuelvas al loft -comentó Jane al terminar de masticar la primera mordida de su sándwich-. Podrías dormir unas horas.
-Eso estaba pensando. Quiero estar descansada para la exposición -suspiró.
-Espero que estar aquí no te esté dando muchos problemas con el trabajo -dijo después de unos minutos en silencio mientras comían. No habían hablado sobre el trabajo o del hecho que Maura llevaba casi una semana en Boston. Pero Frost había hecho un comentario esa mañana y desde entonces Jane no había dejado de pensar en ello.
Los movimientos de Maura cesaron; la taza de café apenas rozaba sus labios.
-Sobre eso...
-¿Hmm?
-Estoy desempleada. Estoy aquí por cuenta propia, Jane.
-¿Qué?
-Renuncié.
-Perdón... creo que no estoy entendiendo ¿¡Renunciaste!? ¿Por qué? Oh no. Te dio problemas estar aquí trabajando en el caso ¿verdad? Sabía que tarde o temprano esto no...
-No, Jane. No tiene nada que ver con el caso. Renuncié por cuenta propia.
La morena seguía mirándola boquiabierta.
-Pero Maura... eras la jefa forense del estado de Nueva York. No es una posición que simplemente se pueda dejar así de fácil. Pensé que te gustaba tu trabajo.
-Me gusta. Precisamente por eso lo dejé; se transformó en algo que ya no reconocía. Puedo conseguir trabajo cuando desee. Me sobran las calificaciones.
-Eso no lo dudo -resopló y Maura sonrió cuando, por fin, la vio sonreír-. Gracias por ayudarnos con el caso-. Se acercó un poco más para acariciar su mejilla-. Has estado tan agotada y el que no pueda ayudarlos...
Maura cubrió la mano sobre su mejilla, cerrando los ojos por un instante disfrutando de la calidez que emanaba de Jane. Tomó la mano entre las suyas antes de mirarla a los ojos.
-Nos has ayudado, Jane. Tal vez no cómo te gustaría, pero nos has ayudado mucho estos días.
Jane comenzó a negar con la cabeza y Maura cubrió los labios de Jane con el dedo índice.
-Estás con nosotros, apoyándonos, y eso es suficiente. Lo es.
Jane asintió presionando los labios en una fina línea. No le gustaba quejarse por su inhabilidad de poder hacer más cuando sus compañeros y Maura estaban dando todo de ellos para el caso. Korsak volvió a quedarse en el motel en la esquina los dos últimos días y por otro lado estaba preocupada por el aumento de consumo de cafeína de Frost. Todos estaban esforzándose con el caso y ella solo se estaba quejando por cosas insignificantes.
-Lo siento...
-No tienes que disculparte por nada, Jane. Hmmm. ¿Cómo suena si vuelves al loft conmigo? Así te aseguras de que me relaje.
Los labios de Jane se separaron, sorprendida ante la proposición.
-Estoy segura que podría ayudarte a relajarte, pero no descansarías. -Alzó una mano antes de que Maura pudiera interrumpirla- Y por muy tentada que esté... quedé en ir con Frankie para prepararnos. Está un poco nervioso -confesó.
-¿Irás con traje o vestido?
-Eso será una sorpresa, doctora Isles. -Miró por encima de su hombro para asegurarse de que la puerta aún estuviera cerrada, y se acercó un poco más-. Asegúrate de descansar -susurró en un tono ronco antes de rozar sus labios, aprovechándose de que los labios de Maura se habían separado al escucharla, y tomó el labio inferior entre sus dientes tirando suavemente antes de separarse con una sonrisa traviesa.
-¿No tienes una más oscura? -preguntó Jane y Frankie asintió antes de desaparecer en el closet otra vez.
Angela los observaba en silencio sentada sobre la cama.
-No, el azul marino. Espera, el rojo vino mejor.
-¿Seguro?
-Pruébatelo a ver.
Jane examinó el vestido en el perchero y tragó en seco; era el vestido más revelador que tenía. El escote era bastante bajo en forma de uve y la abertura en la pierna llegaba a medio muslo. Jane agarró el vestido y cerró la puerta del baño tras ella.
-Esto me recuerda a la noche de Prom -dijo Angela, emocionada.
Frankie se rio al escuchar el gruñido de su hermana del otro lado de la puerta. Habían pasado muchos años desde la noche de prom de Jane, pero sí recordaba la resaca que tuvo al día siguiente. Nunca había visto a una persona vomitar tanto como su hermana ese día.
-¿Estás segura que no quieres ir en mi lugar? -preguntó Frankie, indeciso entre dos corbatas.
-Hazle caso a tu hermana y busca una más oscura. Y estoy segura. ¿Cómo vas a encontrar a una buena mujer si no haces más que ir a la academia, comer y dormir?
-Tengo vida social también, Ma.
-El tiempo que te pasas en casa de tu hermano o la mía no cuenta. Estoy segura que Jane podrá acompañarte para salir más. Ya ninguno de ustedes dos son tan joven.
-Guau. Vale. No sé si sentirme un poco herido con esas palabras, Ma.
-No cuenten conmigo para eso -advirtió Jane, saliendo del cuarto baño y ambos se quedaron boquiabiertos, mirándola- ¿Qué? ¿Está muy mal? Muy revelador ¿cierto? -preguntó con una expresión de preocupación e inseguridad. -Creo que mejor me pongo el azul marino.
-¡No! -exclamó Frankie, sorprendiéndolas a las dos-. Te queda perfecto, Jane. Además, imagino que habrá mucho rojo en la exposición.
-No es necesariamente una exposición de Navidad...
-Pero es por Navidad.
-Concuerdo con tu hermano. Y te ves hermosa con el pelo suelto, deberías dejarlo así.
Angela se puso de pie y se acercó a su hija que no hacía más que mirarla como si no hubiera entendido sus palabras. Jane sintió los dedos de su madre rozar su mejilla, recogiendo una porción de su pelo hacía atrás y luego dejó caer un mechón hacia adelante.
-Te ves hermosa así. -Se giró hacia Frankie, aun sosteniendo el cabello oscuro con una mano- ¿Qué opinas Frankie?
-Le va a encantar -dijo sin pensar y los ojos de su hermana se abrieron como platos. Frankie se aclaró la garganta-. Digo, te va a encantar.
Angela alzó una de sus cejas, intercambiando la mirada entre los dos. Jane se separó de ella para acercarse al espejo, suspirando al ver que su madre volvió a agarrar su copa de vino y se sentó sobre la cama.
Frankie fue el primero en bajarse del auto para dar la vuelta y abrir la puerta del pasajero, esperando a que Jane saliera.
-¡Te dije que te pusieras una chaqueta y no me hiciste caso! -reprendió cuando Jane se estremeció por el frío de diciembre.
-Estaré bien adentro, Ma. -Puso los ojos en blanco; ya habían discutido el tema de la chaqueta. Simplemente no iba con el vestido.
-¿Estás segura que no quieres entrar? -Volvió a preguntar. Maura le había enviado una invitación después de que Jane le había contado sobre la conversación que tuvo con Frankie de si llevarlo a él o su madre. Para sorpresa de ambas, Angela decidió no acompañarlos porque ya tenía "planes" para esa noche.
-Segura. Y recuerden usar un Uber de regreso -advirtió.
-Disfruta de tu noche, Ma -dijo Frankie cerrando la puerta del auto. Angela bajó la ventanilla y ambos se giraron hacia ella, esperando.
-¡Se ven hermosos, mis hijos!
Los dos permanecieron de pie sin moverse, siguiendo con la mirada el auto de su madre que se alejaba con cada segundo.
-¿Son ideas mías o nuestra madre tiene una cita esta noche?
-Por cómo se arregló diría que sí. Entremos que me estoy cagando de frío. Por cierto ¿sabes quién es? -preguntó Jane, agradecida cuando su hermano la tomó del brazo, caminando junto a ella, entrando en el espacio de la exposición.
-Ni idea. No he visto a nadie visitarla, por lo menos no cuando estoy por allá.
-Claro, ¿si fueras tú tendrías a alguien cuando ella esté alrededor?
-Claro que no. Pero aun así...
-Dios... ¿Crees que sea alguien del trabajo?
-¿Stanley?
-Frankie... por favor... -Se detuvo para mirarlo, seria y haciendo una mueca. No podía ser Stanley. Por favor que no sea él.
-Quién sabe. Si fuera él pues... no nos quedaría de otra que aceptarlo ¿no? Después de todo es su vida.
-Pero Ma no soporta a Stanley. O sea, es amable, pero ella es así con todos.
-La verdad es que ha estado muy alegre últimamente. Me gusta y realmente no me importa quién sea.
-Tienes razón. Solo me gustaría que tuviera más confianza con nosotros para conocerlo.
-¿Cómo tú tienes para hablarle sobre Maura?
-Frankie...
-Guau... esto es... hermoso -susurró asombrado, mirando el techo con tantas luces que parecían estrellas sobre ellos.
-No sé cómo Constance lo hace, pero cada una de sus exposiciones me deja sin palabras.
-Oh, muchas gracias. -Agarró dos copas del joven mozo que pasó por su lado y le entregó una de las copas a Jane-. ¿Qué? Has tenido unos días largos esta semana, te mereces una buena copa de... -olió el contenido antes de probarlo-, mierda que bueno está esto -susurró entre dientes y Jane soltó una carcajada antes de probar el contenido de su copa.
-Es vino.
-Deberíamos expandir nuestros gustos de bebidas alcohólicas en vez de siempre comprar la misma cerveza.
-Habla por ti. He estado tomando vino por meses.
-Ajá, eso solo gracias a Maura. Por cierto, -se aclaró la garganta- iré a dar una vuelta y tú busca a tu chica. Ya quiero saber qué opina de este vestido.
-No te pongas como Ma, por favor -Jane se acercó para acomodar el nudo de la corbata de su hermano que era del mismo color que su vestido-. Sé un caballero esta noche, ¿sí?
-¿Quién acaba de decir que no fuera como Ma? -hizo una mueca antes de tomar otro sorbo de vino.
Jane no dejó de sonreír, siguiendo a su hermano con la mirada hasta que se perdió entre la multitud de invitados. Maura tenía que estar en algún lugar en ese espacio y estaba emocionada por verla, aunque apenas habían pasado unas seis horas desde que se vieron en el trabajo. Habían sido unos días largos y frustrantes. Los cuatros habían estado encerrados en la habitación de conferencias, revisando cada nuevo detalle del caso y lo que habían encontrado. Habían terminado con nada. Como habían empezado: más preguntas que respuestas.
Al segundo día Jane se dio cuenta del hombre que la estaba siguiendo. Imaginó que era la protección que Cavanaugh había pedido. Le había tranquilizado cuando se dio cuenta que le tomó tanto tiempo para darse cuenta que él era su protección, por así decirlo. Era bueno. Pero seguía sin agradarle la idea de ser vigilada constantemente.
-Jane, te ves hermosa.
Jane se giró sonriendo al reconocer aquel tono de voz y aceptó el abrazo como saludo.
-Gracias, Ella. Guau, te ves estupenda también. -Exclamó con sinceridad. Casi siempre la había visto con trajes, pero esa noche un vestido blanco de manga larga moldeaba el cuerpo de la mujer. Ella tenía una figura de envidiar y a su edad se conservaba tan bien que hasta ella misma deseaba estar así regia.
Ella sonrió, notando la mirada de Jane.
-Tuve suerte con mis genes.
Jane se aclaró la garganta, apenada por haber sido tan obvia.
-¿Ya viste a Maura?
-Aún no, recién llegué con Frankie. Él fue a chequear los cuadros; es la primera vez que viene a un evento como este.
-La última vez que la vi estaba por allí. -Señaló con su mano y la mirada de Jane la siguió, asintiendo.
-Ha de estar ocupada con los invitados. Creo que daré una vuelta primero. Amm... creo que Constance te quiere -avisó moviendo la cabeza hacia la mujer que le hacía una seña con la mano.
-Perdona, Jane. Este evento de Navidad siempre la estresa un poco más.
-Creo que viene hacia acá -dijo sin dejar de sonreír.
-¡Jane! ¡Te ves hermosa! -exclamó Constance, saludándola con un breve beso en la mejilla.
-Eso mismo dije -comentó Ella con una leve sonrisa.
-Este color va precioso con tu tez. ¿Y tu hermano no vino? ¿Angela?
-Frankie está explorando y mi madre, emm... creo que tenía una cita. Lo siento.
-Oh, por favor, ¡no te disculpes por eso! ¿Quién rechazaría una cita para venir a una exposición de arte? Me encantaría estar en su lugar.
-Debiste decirme entonces, querida.
Jane apenas pudo disimular el atoro con el sorbo de vino que estaba tomando. El rostro de Constance se sonrojaba más con cada segundo que pasaba y Ella apenas podía contener su sonrisa, satisfecha.
-Ella... -Su mirada lo decía todo.
Jane volvió a tomar un sorbo de vino simplemente para mantener la boca cerrada.
-¿Has visto a Maura? -preguntó Ella casualmente como si no hubiera pasado nada. Jane notó que el brazo de la mujer se movió lentamente, pausando en la espalda baja de Constance antes de volver a cruzar las manos, reposándolas sobre su abdomen. Aquel simple toque pareció calmar los nervios de Constance al instante.
Constance sostenía su copa de vino con ambas manos y asintió antes de recorrer el piso con la mirada.
-Estaba por acá, aunque ya no... -Se quedó callada y su mirada volvió rápidamente a la de Ella como si estuvieran teniendo una conversación en privado- ¿Lo invitaste? -preguntó Constance y Jane intercambió la mirada entre las dos, confundida.
Ella entrecerró los ojos antes de alzar la mirada para luego suspirar.
-Siempre invitamos a su familia, aunque suele ser su hermano el que viene...
-Perdón, pero, ¿qué está pasando?
-¡Constance!
La mujer se giró al escuchar su nombre. Constance miró a Jane y luego a Ella que simplemente asintió.
-Vuelvo rápido -le dijo como explicación a Jane antes de alejarse de ellas para saludar al hombre de cabello plateado.
Ella suspiró antes de mirar a la morena a los ojos.
-¿Me vas a explicar que acaba de pasar?
-Invitamos a la familia Fairfield, como cada año. Este año ha venido Garret Fairfield -explicó y estaba a punto de preguntar si lo conocía, pero se ahorró la pregunta al ver el cambio de expresión en el rostro de Jane-. Maura está allí. -Descruzó sus manos para señalar y Jane alzó la mirada.
Los dos estaban enfrente de uno de los cuadros. Uno al lado del otro, tan cerca que sus brazos se rozaban. La mujer estaba de espalda en un vestido azul marino de mangas largas de encaje y la espalda totalmente al descubierto. El cabello lo tenía recogido en una cola de caballo tan alta que la punta del cabello dorado apenas rozaba la piel de su espalda. Era Maura. Indiscutiblemente Maura.
-¿Por qué reaccionó de esa forma Constance? Prácticamente se fue corriendo.
Ella asintió, aprovechando de agarrar una copa de uno de los mozos y tomar un largo sorbo.
-No me sorprende que te hayas dado cuenta. Fue un poco... complicado cuando... -dudó por un momento.
-Sé que estuvieron comprometidos -dijo y Ella volvió a respirar.
-Al principio Constance no entendía la decisión de Maura. Eran una buena familia, él era un buen hombre. Y Maura simplemente lo terminó de la nada. Por lo menos así lo vio Constance.
-¿No fue así?
-Conoces muy bien a Maura ¿Acaso hace algo sin tener una razón? Esas razones son de ellas para contar, no mías.
-¿Constance sigue pensando lo mismo?
Ella negó con la cabeza.
-Con el tiempo ha podido ver cómo es él realmente. También ayudó que hablara con Maura. Como cualquier madre, solo quiere lo mejor para ella y siempre la apoyará en sus decisiones, aunque al principio le cueste entenderlas.
Jane asintió y se terminó la copa de vino antes de aceptar otra en cambio de la vacía.
-Gracias, Ella. Creo que es momento de que vaya a saludarla -dijo entre dientes al ver que el hombre colocaba su mano en la espalda baja y desnuda de la rubia.
-Ujum -tragó en seco sin dejar de mirarla-. Ay Dios... -susurró antes de tomar otro largo sorbo.
Jane caminó directamente hacia ellos sin apartar la mirada de aquella mano sobre la espalda baja de Maura. Su mandíbula se tensó al notar que el pulgar acariciaba la piel desnuda y cuando alzó la mirada se detuvo en seco al ver que Maura giraba la cabeza hacia él con una sonrisa, diciéndole algo que no alcanzó a escuchar. El hombre se mostró sorprendido por un instante antes de sonreír y mover la mano para sostenerla de la cadera, acercándola un poco más a su cuerpo.
Jane sostenía la copa de vino con tanta fuerza que estaba segura que podría romperla en cualquier momento.
"...es la última vez que te lo pediré amablemente" dijo Maura en un susurro entre dientes
-¿Interrumpo algo?
Jane hubiera jurado que Maura dio un brinco al escucharla, y aprovechó la interrupción para alejarse del hombre.
-Jane. Llegas...te. -Su voz se entrecortó a la vez que su mirada recorrió el cuerpo de la morena, deteniéndose por un segundo en la piel de la pierna que la abertura del vestido dejaba al descubierto, antes de volver a los ojos oscuros que no estaban mirándola a ella sino al hombre a su lado.
Jane la miró por varios segundos en silencio, intentando descifrar su expresión. El hombre a su lado la miró por encima del hombro antes de girarse hacia ella; parecía molesto, pero luego sonrío.
-Guau. ¿Rizzoli? Casi no te reconozco. ¡Quién lo diría!
-Y por lo que veo tú no has cambiado mucho -dijo con un tono neutral, pero con la mandíbula tensa. Era como si le costara sacar las palabras para hablar con él. Y él se dio cuenta.
-Podrás ponerte un vestido, pero su actitud no cambia, detective Rizzoli. Eso sí la delata. ¿Cómo se conocen ustedes dos? Siendo de mundos tan apartes.
Maura se tensó al sentir el brazo del hombre sobre sus hombros. Estaba incómoda.
-Garret. Retira tu brazo. Ahora. -Ordenó en voz baja; Jane nunca había escuchado ese tono y Garret al parecer sí porque retiró de inmediato el brazo y de un paso se alejó de ella.
-¿Entonces? -volvió a preguntar como si ese momento incómodo no hubiera ocurrido del todo-. ¿Cómo se conocen?
-Maura y yo... -Se mordió el labio, buscando la mirada de la rubia que asintió levemente, ofreciéndole una suave sonrisa-. Maura y yo... trabajamos juntas.
Jane sintió que el estómago se le revolvió cuando la expresión de Maura se volvió seria y la sonrisa que apenas se asomaba despareció en una fina línea. Parecía decepcionada con su respuesta.
-Ah. Eso tiene sentido. No se me había ocurrido, verdad que eres forense -decía el hombre, haciendo una mueca-. Eso explica mucho -dijo con un aire de superioridad.
-Disculpen.
Maura no les dio tiempo ni siquiera a pensar cuando se dio media vuelta y se marchó. Jane se giró, siguiéndola con la mirada y una expresión confusa.
-Creo que algo la hizo enojar -comentó el hombre y Jane lo miró de reojo antes de alejarse, siguiendo a la rubia que había salido por la puerta trasera.
-Hey, hey ¿a dónde vas con tanto apresuro? ¿Pasó algo?
Su hermano la detuvo con dos copas de vino en las manos.
-Solo saldré por un poco de aire fresco. ¿Dos copas? Por favor no te emborraches en un evento de Constance Isles...
-Cómo crees, Jane. Una es para mí y otra es para ella. Mira disimuladamente a tus ocho, vestido verde.
-¿En serio?
-¿Es hermosa verdad? No creo estar en su liga, pero la estoy haciendo reír bastante -dijo emocionado-. Creo que la está pasando bien. -Tomó un sorbo de vino por el nerviosismo.
-Haz lo tuyo, hermanito.
-¿Y Maura?
-Creo que metí la pata... iba hablar con ella...
-¿Ahora?
Jane asintió.
-¿Y qué estás esperando? Anda, después me puedes contar.
-Sí -respondió automáticamente.
-Jane -llamó y su hermana lo miró por encima del hombro, deteniéndose-. No vuelvas a meterla.
La morena sonrió y se tomó lo que le quedaba de vino, entregándole la copa vacía a su hermano que tuvo que arreglárselas para sostenerla.
El aire helado la estremeció cuando abrió la puerta trasera. El callejón estaba iluminado con luces de navidad y fue fácil ubicar a la mujer, apoyada en la pared a unos metros de la salida. No se había dado cuenta de su presencia.
-Maura.
Maura abrió los ojos, sorprendida al escucharla, pero se mantuvo en silencio, mirándola.
-Háblame.
-¿Qué quieres que te diga, Jane?
-Se veían muy cariñosos. -Soltó y se mordió el labio porque eso no era para nada lo que quería decir.
-¿En serio? -preguntó con un tono indignado, arrugando la cien.
Jane respiró profundamente, intentando comprender lo que estaba sintiendo. No era un sentimiento desconocido, pero había pasado tanto tiempo desde que lo sintió que casi no lo reconoce.
-Celos -admitió en voz baja-. Sentí celos al verlos juntos. Como te tocaba -dio un paso y Maura quedó entre ella y la pared-. Su mano... -Cerró las manos en puños, intentando deshacerse de la memoria.
-Le pedí varias veces que se alejara. No quería hacer un espectáculo.
-Eso... ¿Era lo que pedías amablemente?
Maura ladeó la cabeza al no entender, pero luego recordó sus palabras y asintió. ¿Desde qué momento Jane había estado escuchando?
-Sí.
-Maura... lo que dije...
-¿Que trabajamos juntas?
Jane apartó la mirada al bajar la cabeza, apoyando una mano en la pared de ladrillo al lado de la cabeza de Maura. Ambas temblaban y ninguna de las dos estaba segura si era por el frío o algo más.
-Lo siento...
-¿Lo sientes? Es cierto lo que dijiste. Tal vez lo único que lo sea.
Jane sintió la frialdad de esas palabras mucho más que la ráfaga de viento que agitó su cabello y la estremeció de pies a cabeza.
-Maur, no.
-Lo entendería. Solo quiero saber cuál es mi posición. No quiero hacerme ilusiones, Jane. Más de las que ya me he hecho. Trabajamos juntas, somos amigas, tenemos sexo.
-Detente.
-No quiero vivir una vida en las sombras. Si esto -lo que sea esto- te avergüenza...
-Por Dios, para. -Pidió más fuerte y aun así su voz sonó temblorosa. Jane apoyó ambas manos a los lados de la cabeza de Maura y con cada respiro sus alientos condensados por el frío se mezclaban-. Te dije que no estaba avergonzada de ti. No lo estoy, Maura. Te dije que quería cambiar, que quiero besarte, aunque estemos en público. Cuando me miraste de esa forma ahí dentro supe que podía decir que te conocía porque estabas conmigo y aun así dije esa estupidez. Y me duele tener que hacerlo, pero en estos momentos es lo mejor; no sabemos quién nos está observando o escuchando. Y mi prioridad, por encima de todo, es hacer todo lo posible para protegerte... y en estos momentos eso significa que debemos aparentar que seguimos siendo solo amigas...
Maura mantuvo la mirada en aquellos ojos oscuros.
-No fue una estupidez, Jane... Por un momento olvidé la realidad que estamos viviendo en estos momentos.
-No me agrada cuando te refieres a nosotras como amigas que tienen sexo. -Sus ojos se abrieron por la sorpresa ante el cambio de expresión en Maura. Fue entonces que se dio cuenta que había dicho esas palabras en voz alta-. Quiero estar contigo. Oficialmente.
-¿Qué estás diciendo?
La voz de Maura sonó tan temblorosa como la de Jane.
-Que no quiero ser una amiga con "beneficios". Quiero ser tu pareja. Tuya. Quiero poder tomarte del brazo y caminar a tu lado sin tener que pensar en lo que dirían. Besarte cuando quiera y donde sea. Lo que intento decir es... Maura Isles... ¿Quieres salir conmigo? -tragó en seco, nerviosa, mirando aquellos ojos claros que se habían achinado por la amplia sonrisa que se había dibujado en sus labios.
-¿Tu novia? ¿Quieres que sea tu novia?
Las manos de Jane abandonaron la frialdad de la pared de ladrillos; una terminó sobre la cadera y la otra acarició suavemente la mejilla de Maura.
-Sí, Maur. Quiero que seas mi novia -rio nerviosa y esperaba que ella también riera, pero Maura simplemente la miró con una sonrisa y tanto amor en su mirada que la estremeció mucho más que el frío de aquella noche-. Y cuando esta pesadilla termine quiero que todos sepan que estoy locamente enamorada de ti.
-Sí.
-¿Sí?
-Quiero serlo. Tu novia.
-Te voy a besar ahora.
-Ya no tienes que avisarme -susurró sobre sus labios, divertida.
Los brazos de Maura rodearon los hombros de Jane, estrechándola con fuerza, dejándose llevar por el beso. Se habían besado tantas veces y, de alguna forma, ese beso se sentía diferente. Como si fuera la primera vez que la besaba, que sentía las manos ardientes de Jane deslizarse lentamente por su espalda descubierta.
La puerta trasera se abrió y un grupo de amigos salieron riendo y varios chiflidos se escucharon cuando fueron vistas. Jane se separó para mirarlos, pero el grupo ya se había olvidado de ellas mientras encendían cigarrillos y hablaban entre sí. Maura iba a preguntarle algo, pero fue acallada por labios una vez más.
Estaban jadeantes cuando se volvieron a separar por la falta de aire. Los labios de Maura rozaron su mejilla hasta la oreja, susurrando:
-Este vestido es tan erótico...
Y Jane apoyó la frente sobre el hombro de Maura cuando sintió una mano deslizarse por su muslo.
-Maura... si sigues haciendo eso no responderé y te voy a hacer mía contra esta pared, aunque tengamos un público.
-De un extremo a otro. Qué atrevida, detective Rizzoli. Me detengo solo con una condición -avisó, retirando su mano.
-Dime. -Se separó ajustándose el escote, notando que Maura no dejaba de mirarla.
-Te lo quitaré.
Jane se quedó boquiabierta con la boca seca, siguiéndola con la mirada. No había sido una pregunta, en sí ni se había sentido como una condición sino una promesa. El cambio de temperatura cuando entró fue brusco, pero acogedora. Maura sonreía mirándola, ahora sosteniendo una copa de vino en una mano. Estaba hermosa, realmente hermosa.
-¿Quieres una? -Alzó la copa y no pudo ocultar su sorpresa cuando Jane se acercó y entrelazó un brazo con el de ella.
-Eso suena perfecto.
-Te mostraré mi cuadro preferido -dijo Maura, pero la atención de Jane estaba en su hermano que la miraba fijamente desde el otro lado de la exhibición, con una sonrisa de oreja a oreja y guiñando un ojo.
