Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 34
Ichigo
Corro por la playa de buena mañana. Casi no había amanecido cuando salí de la
cama y cogí mi ropa de deporte. Rukia se dio cuenta pero no dijo nada, sintiendo que
necesitaba esto. Ayer casi no hablamos. No podía decir nada más, estaba agotado
emocionalmente. Rukia no se despegó de mi lado y aprovechaba cualquier ocasión
para acariciarme o robarme un beso. Es increíble lo bien que me conoce y cómo me
da tiempo para que me adapte a lo nuevo. Nunca más allá de la policía que me
interrogó tras despertar, había contado a nadie que pasó o lo que sentí. No podía. La
noticia no trascendió fuera de la policía, no interesaba que se supiera que un superior
casi mata a sus hijos. No sé como lo hicieron, pero consiguieron que la noticia no
llegara a los medios. Por eso nadie sabe nada. Dijeron que yo había estado enfermo
por otra cuestión y la gente se lo creyó. Les daba igual que yo no fuera el mismo. Mi
padre era un hombre respetado en el pueblo y no les importaba nada más.
Desde lo sucedido, para entender la mente de mi padre empecé a investigar que le
había podido llevar a eso. Sus cosas seguían en esa casa y registré cada palmo de ella
hasta que encontré en el suelo un azulejo suelto, ahí fue donde encontré toda la
información de "Arrancar" y su banda, dónde supe que mi padre había estado infiltrado
y, por sus notas, a punto de coger al responsable de ello. Pero prefirió no ejercer su
deber. Ser un mal padre y un mal policía. Me quedé todas sus notas y las escondí,
decidido a seguir su estela y demostrar a todos y, sobre todo, a mí mismo, que no era
como él.
Por eso dejé de lado mi sueño de tener mi propia librería y me centré en seguir sus
pasos y ser mejor detective que él. Y, por supuesto, en atrapar a ''Arrancar'' que, tras
veinte años, ha creado mucha destrucción y asesinatos. Cosas que se podrían haber
evitado si mi padre hubiera hecho su trabajo. ''Arrancar'' tiene muchos confidentes en la
policía, personas corruptas que siguen sus órdenes pero que no saben quién es. Han
hecho falta veinte años para que quiera meter a alguien nuevo en su círculo interno.
Alguien que esté cerca de la policía y domine a todos estos corruptos. Y si ahora ha
bajado la guardia es porque, pese a todo, mi padre llegó lo suficientemente lejos
como para que piense que yo, como hijo suyo, soy tan corrupto como él. El que en
todo este tiempo haya sido una persona fría ayuda a que crea que no tengo escrúpulos
y no me importará ser un corrupto como lo fue mi progenitor. Estoy a punto de entrar
dentro de ese círculo tan estrecho. De saber quién es "Arrancar" y atraparlo, haré que
sobre él caiga todo el peso de la ley para pagar por todos los crímenes cometidos. No
puedo dejar el caso, y menos ahora que sé que es posible que los padres de Rukia
estuvieran relacionados con este engendro. Si los padres de Rukia mataron a uno de la
banda de ''Arrancar'' éste habrá ido tras ellos para matarlos, y si sabe que Rukia estaba
allí, querrá hacer lo mismo. Tanto Byakuya como yo pensamos que los padres de
Rukia están muertos, sólo nos falta encontrar si es así, dónde pasó y, sobre todo,
cuándo, para saber si ha pasado el tiempo suficiente para creer que ''Arrancar'' no sabía
nada de Rukia.
Siento que estoy cerca, muy cerca, y sé que Rukia no llevará bien que me marche.
Y menos ahora que, tras mi confesión, estamos muchos más unidos. Es como si tras
contarle lo ocurrido hubiera retirado todas las estúpidas defensas que he puesto a mi
alrededor estos años y ella pudiera al fin entrar del todo dentro de mí.
Y así lo sentí cuando hicimos el amor mientras caía la noche. Sin prisas y
diciéndonos sin palabras lo mucho que nos queremos. Mi instinto me dice que ella no
me dejará ir y que esta misión es mucho más peligrosa de lo que estoy dispuesto a
aceptar.
Llego a mi casa y el olor a café recién hecho me hace ir a la cocina. Rukia está
preparando el desayuno. Lleva uno de sus sencillos pijamas anti morbo que tanto me
gusta quitarle... sonrío y voy hacia ella. La abrazo por detrás.
—Estás sudado... —me dice, con una sonrisa bailando en sus labios. Se gira y se alza
para besarme antes de apartarse y terminar el desayuno—. ¿Qué tal tu paseo?
—Bien, pero mejor cuando me dé una ducha. Si te apetece...
—No tenemos tiempo. Tu madre ha llamado hace unos minutos que vienen hacia aquí.
—¿Sabe que son las ocho de la mañana?
—Lo que me sorprende no es que llame a las ocho de la mañana, es que haya tardado
tanto en hacerlo y no llamara ayer. O se presentara en tu casa —le conté a Rukia que
mi madre sabía de lo que íbamos a hablar.
—Sí, mucho tiempo nos ha dado. Ahora bajo.
Asiente y sigue preparando el desayuno. Me ducho y me pongo ropa cómoda. Bajo
a mi despacho para ver si tengo alguna llamada en mi móvil de guardia y veo una de
Byakuya Lo llamo y no me lo coge. ¿Qué puede querer un domingo a estas horas?
Nada bueno, me temo.
Le devuelvo la llamada y me cuelga, me manda un mensaje para decirme que me lo
dirá mañana en comisaría. Lo dejo estar porque ahora mismo no estoy recuperado del
todo tras recordar lo vivido con mi padre y tras pasarme toda la noche soñando con
ello. No he dormido apenas, cada vez que cerraba los ojos era su mirada la que veía.
Decido dejar de pensar en él. No pienso dejar que me amargue más momentos. Por
su culpa casi pierdo a la única mujer a la que he amado y no quiero cometer más
errores por su recuerdo.
Mis padres no tardan en llegar con los mellizos y Kaien se pasa por casa a media
mañana. Nadie dice nada sobre lo que hablamos ayer Rukia y yo. El ambiente es
relajado. Los mellizos picándose, Kaien metido en sus cosas y mis padres que no
dejan de mirarse y de mirarnos a Rukia y a mí, maquinando alguna cosa que seguro
que tiene que ver con fiestas o bodas. Es cuando estamos sentados en la mesa para
comer la comida que han preparado mi hermana, mi madre y Rukia, cuando veo a
través de los ojos de Rukia lo que siempre he tenido y no he sabido apreciar. Una
gran familia. Rukia los mira con ilusión, feliz y contenta, atesorando este momento
como algo único. Pienso en lo que le pasó y en cómo tuvo que huir sola. Ella no tenía
un hermano que le cubriera las espaldas ni nadie que velara por ella como ha hecho
por mí mi familia. Y pese a que yo lo tenía todo, pensé que esa noche lo había
perdido todo, porque no era capaz de apreciar cuánto seguía teniendo.
Es lo que sucede cuando lo tienes todo, que no eres realmente consciente de ello. Y
otra persona que no ha tenido nada lo aprecia, sin más.
Le debo a Rukia muchas cosas pero, sobre todo, le debo el que haya entendido al
fin que el camino por el que iba no era el correcto. Aún me queda. Dudo que cambie
de la noche a la mañana y, en el fondo, tampoco quiero cambiar de golpe. No al
menos hasta que acabe mi misión. Necesito la mente fría para cerrar por fin ese caso
que inició mi progenitor.
—Daremos una fiesta —siento la atenta mira de mi madre. Estamos sentados en los
sofás del salón tomando el postre y el café. Todos me observan y, sobre todo, Rukia,
que no puede esconder la sonrisa cuando se percata de que no tengo ni idea de que
están hablando—. ¿Dónde estabas, hijo?
—Aquí. ¿De qué fiesta hablas?
—Una fiesta para presentalos en sociedad...
—No. Yo paso de esos actos. No necesito decirles a cuatro idiotas que Rukia es mi
novia.
—Esos cuatro idiotas son clientes potenciales de tu negocio —me recuerda mi
padre, lo que me hace poner mala cara.
Miro a Kaien, éste me devuelve la mirada y asiente. Sabía que él entendería qué le
estaba preguntando.
—Está bien, hagan lo que tengan que hacer, pero yo me iré cuando me dé la gana.
Le pregunté a Kaien si era necesario, y la resignación en su mirada me dijo más que
su asentimiento. A esa gente le gusta esto, y mi madre lo sabe. Como también sabe
camelárselos con fiestas así y luego cuando hace una cena benéfica, nadie puede
negarse y acaba por recaudar mucho dinero para una buena causa. Mi madre un día me
dijo, que había que saber cómo hacer que las cartas que te habían tocado fueran
favorables para ti. Y ella lo sabe hacer muy bien.
Se pasan el día aquí, hasta cuando me retiro a mi despacho a trabajar y Kaien a su
casa. Ponen una película en la tele y me llegan sus risas. A media tarde me asomo y lo
observo. Rukia se percata de que la estoy mirando y se lleva la mano al pechoi zquierdo,
sobre el corazón, para decirme sin palabras cuanto me quiere. Hago lo mismo y me
retiro a mi despacho, conmovido por el momento. Un día daré voz a lo que siento.
Llego a la comisaría, enfadado con mi médico porque considera que no estoy
preparado para que me den el alta. Que necesito más tiempo. Él que sabrá. Busco a
Byakuya.
—Si buscas a Byakuya, está en su despacho —Me dice Aizen—. ¿Cómo estás,
muchacho?
Como siempre, va desaliñado, está claro que se ha pasado la noche aquí. Vive por
y para el trabajo y son muchas las personas que están entre rejas gracias a él.
—Estaría mejor si el médico me dieran el alta y pudiera volver a trabajar —se ríe.
—Te conozco lo suficiente para saber que en tu casa no andas quieto.
No lo contradigo y me despido para ir a buscar a Byakuya. Llamo a su despacho y
me dice que pase y cierre la puerta. La seriedad en su cara me hace ver que lo que
tiene que decirme sí es importante.
—¿Qué ha sucedido?
—He encontrado a los padres de Rukia —me recorre un escalofrío. Sé que no es
bueno lo que va a decirme y me siento.
—¿Por qué no me lo dijiste ayer?
—Porque ayer necesitabas estar con tu familia. Vi a tu padre tras llamarte y me
contó el paso que has dado. Me alegro mucho.
Byakuya es la única persona de este pueblo que lo sabe todo, es el mejor amigo de
mi padre de toda la vida. No es de extrañar que mi padre se lo contara. O eso es lo
que creo que pasó, nunca le he preguntado a mi padre por qué se lo contó. Un día
Byakuya me dijo que lo sabía todo y di por hecho que era cosa de mi padre.
—¿Qué has encontrado?
—Tras saber que habían estado tomando drogas y que la muerte que presenció Rukia
pudo tratarse de un ataque en defensa para no pagar lo que debían —Byakuya aparta
la vista y me mosquea lo que he visto en sus ojos, como si se callara algo—. Comencé
a investigar todos los casos que se conocían desde hace entonces de muertes a manos
de la banda de ''Los arrancars'' y que habían sido archivados por ajustes de cuentas entre
ellos. Me costó dar con ellos porque su nombre real no era el que Rukia conocía. Y
me tocó mirar una a una las fotos y ver que coincidieran con las del vídeo que hay
suyo en la televisión —me informa—. Están muertos, Ichigo. Los encontraron muertos
en su coche con un tiro cada uno. Fue hace catorce años, al poco tiempo de que
huyeran. Lo que te debería relajar, pues de haber querido encontrar a Rukia, ya lo
hubieran hecho —siento tal alivio que no encuentro las palabras—. Lo malo es quién
eran ellos.
—¿Quiénes eran?
—Por nuestros informes, se cree que eran la mano derecha de ''Arrancar'' y trataron de
robarle algo importante. Y por eso los mataron, por robarles.
—¿Y se sabe qué es lo que les robaron?
—No, sólo sabemos esto porque uno de los de su banda que estaba preso cuando
fueron encontrados muertos le dijo a un policía que se lo merecían por haber robado a
su jefe algo tan importante.
—Pero no sabemos de qué se trata.
—No, tampoco sabemos por qué si eso que buscaban era tan importante los
mataron de un tiro en vez de interrogarlos.
—Eso es porque sabían que lo tenían y que su muerte no les haría encontrarlo.
—O porque ya lo tenían. Lo que fuera era lo suficiente importante como para que los
mataran por ello.
—Tal vez nunca sepamos qué fue. Pero hay que pensar que si creyeran que Rukia
sabe algo, ya hubieran ido a por ella.
—Sí, es cierto. Han pasado muchos años y Rukia aunque ha tratado de huir, su pista
hubiera sido fácil de seguir. —Byakuya asiente.
—¿Se lo vas a contar?
—Tengo que hacerlo. Pero no sé cómo.
—¿Quieres que se lo diga yo? Me cayó muy bien tu chica.
—No, se lo diré yo. Encontraré el modo.
Byakuya asiente. Me despido de él tras llevarme un informe de su investigación.
Ya en mi casa lo reviso todo y tomo notas. Me vuelven a llamar la atención los
números de teléfono que su padre hacía aprenderse de memoria a su madre y que
cuando no lo hacía bien la insultaba y Rukia se los aprendía para ayudarla. Están
anotados, a simple vista sólo son tres números de teléfono. Los miro con más
detenimiento, ahora sabiendo que tras ellos había un secreto. Hay varios números que
se repiten siempre. Otros van cambiando. Pero hay cinco que siempre están en el
mismo sitio, que no varían en ninguno de los teléfonos. Busco en internet el nombre al
que pertenecían estos números, de esa supuesta amiga o clienta de los padres de
Rukia, y me aparecen varias cosas; entre ellas, un banco con cajas fuertes. Demasiado
sencillo para ser cierto. Lo reviso de nuevo. Cojo el coche y voy hacia ese banco, que
está a unas dos horas de aquí. El viaje se me hace largo ya que me duele el hombro.
Maldigo cada vez que tengo que parar. He escrito a Rukia que tenía que salir por algo de
mi trabajo, me ha respondido recordándome que estoy de baja. Como si eso fuera
a detenerme.
Llego al banco casi a mediodía, por suerte no han cerrado. Entro y les digo que tengo
una caja aquí pero que he perdido la llave. El hombre me mira alzando una ceja. Le
digo el número.
—¿Y espera que sin llave le dejemos abrirla? Es usted más tonto de lo que parecía.
Y por si no lo sabe, cosa que ya veo que no, nuestros códigos son de doce dígitos y
usted sólo me ha dado cinco.
Le enseño mi placa.
—No soy tonto, soy detective y estoy buscando algo muy importante en la
investigación que estoy llevando a cabo. Necesito saber qué tienen dentro, y si no
fuera posible, sólo saber a qué nombre está. Es importante. Si quiere puede hablar
con mi superior.
Claro que quiere, y llama a Byakuya, quien me sigue la corriente y le pasa una
orden policial para que pueda abrir la caja. Luego me escribe para decirme que un día
mis prisas me van a costar caras y que está de camino. Parece enfadado.
El hombre va hablar con su jefe. Me hacen pasar a una sala de espera. Saco las notas
y cuento los números, que no están puestos en el mismo orden siempre y son doce, la
clave no estaba en las semejanzas, si no en las diferencias. Ahora más que nunca sé
que no es una coincidencia que haya encontrado esto y que aquí había algo importante.
Se lo digo al hombre para que busque la caja correcta. Conforme pasa el tiempo, me
paro a pensar que Byakuya tiene razón y que tenía que haber tomado otro camino, lo
peor es que si actúo así es porque no soy racional cuando se trata de Rukia. Byakuya
llega antes de que me dejen pesar. Estoy lo suficientemente mosqueado para que él lo
note y no diga nada al respecto de lo que he hecho.
Cuando nos llaman entramos a un despacho grande y vemos que sobre la mesa hay
varios dosieres.
—Ha costado mucho dar con ello. Siéntense —lo hacemos—. Esa caja ha sido
abierta en varias ocasiones.
—¿Está usted seguro? —pregunto. Asiente—. Lo que nos interesa saber es quién
tenía en propiedad la caja hace catorce años.
El hombre asiente y revisa el dosier. Duda y Byakuya le entrega la orden donde le
obliga a presentarnos las pruebas.
—Hace catorce años vino a por su contenido una niña de unos doce años.
—¿Qué descripción tiene de ella?
—Ninguna, pero firmó con el nombre de Rukia Yamada y tenía la llave de la
caja —nos pasa el papel y miro tenso a Byakuya. Esto no lo sabía y es más
importante que lo que hay anotado en la libreta de Rukia. Por un instante temo
haberme equivocado con ella. Que me haya engañado.
—Normalmente no se entrega a niños, pero esta niña tenía la llave y decía que era lo
único que tenía de sus padres. Está todo anotado. El que lo anotó puso también que le
dio lástima porque sintió que algo malo les había sucedido a los dueños de la caja y
que, como tenía la llave y el código, y en el registro teníamos anotado que los dueños
de la caja tenían una hija de esa edad, no se le dio más vueltas. Yo me lavo las manos.
Y por lo que parece, la niña recogió la caja y su contenido y se marchó. Después de
eso han pasado otros dueños.
—Muchas gracias, eso era todo. Y espero que no salga nada de aquí —el hombre
asiente tras las palabras de Byakuya y salimos de aquí—. No saques conclusiones
erróneas hasta hablar con ella. Fíate de tu instinto, Ichigo. No la condenes antes de
que tenga opción de defenderse.
—Es mi vida...
—Ichigo —me dice, cuando llego mi coche y entro en él dispuesto a irme y a exigir
respuesta.
¿Por qué no me dijo lo de la caja? ¿Que contenía esa caja que era tan importante
para que ella callara y no lo anotara?
Llego a mi casa, agotado y con dolores terribles en el brazo. Esto va a retrasar mi
reincorporación. No debía haber conducido de vuelta tan rápido. Busco las llaves del
piso de Rukia. Algo me dice que me detenga, que no lo haga, que le hable, que le
pregunte. El problema es que tengo los recuerdos de mi padre tras mi confesión tan a
flor de piel que temo una vez más tener las evidencias ante mis ojos y no darme cuenta
por lo que siento por ella.
Entro a su casa y siento que estoy cometiendo un gran error, registro con minuciosidad
y cuidado. No encuentro nada que sea llamativo. Abro un cajón y veo una caja de lo
que parece ser un reloj. Lo abro y me quedo helado cuando veo que está grabado y
pone su nombre y el mío y debajo la palabra: siempre juntos. Hay una nota con un
montón de tachones cerca de la caja donde ha borrado las palabras "te quiero", la
palabra "amor" y al final dice que no sabe cómo expresar lo que siente sin usar esas
palabras. Al final ha escrito: cuando lo mires recuerda que no hay segundo del día
en que no piense en ti. Me siento en el cama, devastado y con el reloj en la mano,
consciente de que, una vez, más he tomado el camino fácil.
