OS 47. Melodía Dañada

POV NARRADOR

Habían pasado ya varias semanas desde la caída de Viggo, y aunque los jinetes habían controlado en un principio las explosiones del enojado volcán, cada día que pasaba, se hacía más fuerte, más indomable y más destructivo liberando su fuerza en grandes grietas que prometían acabar con toda la isla.

Después de un debate interno, Hipo aceptó la realidad, era tiempo de dejar la isla, pero primero debía estabilizarla, había docenas de dragones que vivían ahí y otros más que ellos mismos habían reubicado, no podían dejarlos a su suerte.

Tras varios experimentos, el jefe de los jinetes y Patapez lograron encontrar una fórmula que combinaba el ámbar de Canto Mortal con el Hierro de Gronckle, que les permitía soportar la presión y con gracia de los dioses salvar a la isla.

Dispuestos a probar su efectividad todos los jinetes se reunieron alrededor de un cráter observando como Hipo derramaba tal compuesto sobre él.

-No puedo creer que realmente funcionara- se alegró el chico cuando quedó sellado por completo aquel cráter

-No debemos felicitarnos así de antemano- le recordó Patapez -eso fue lo último de ámbar de Canto mortal y aunque consiguiéramos más, Albóndiga no puede hacer suficiente hierro de Gronckle para estabilizar toda la isla-

-Bueno necesitamos Gronckle y cantos mortales...- ordenó el chico -bien sabemos dónde encontrarlos ¿no?-

-No hay forma de que vaya a la isla melodía- advirtió Patán cruzado de brazos -la palabra mortal está en el nombre del dragón por una muy buena razón-

-Astrid y yo obtendremos el ámbar- respondió el castaño con los ojos en blanco, Astrid despreocupada solo asintió.

-Bien, me gusta ese plan- afirmó el vikingo aliviado de no tener que ir él.

-Patapez, tú te quedaras y reunirás los ingredientes para el hierro de Gronckle, encuentra un lugar para almacenar el metal líquido- le ordenó el líder al atento chico, no había nadie más preparado para este trabajo que Patapez.

-Ohh sigue hablando, este es el mejor plan de todos- se burló Patán

-¿Y nosotros que?- preguntó Brutacio mientras él y su hermana alzaban las manos -¿Qué haremos?-

-Reunir un grupo de Gronckles...- los gemelos asintieron sonrientes ante tal tarea tan sencilla -de oscuridad profunda- la sonrisa se les fue de inmediato

-Ohh idiotas... ¿Por qué abrieron su eno...-

-Y Patán tu iras con ellos...- lo interrumpió Hipo –felicidades-

-Este es el peor plan que he oído- se quejó molesto el pelinegro.

Sin tiempo que perder y una isla que salvar todos salieron a sus tareas asignadas, cuando Hipo y Astrid aterrizaron vieron una isla muy diferente, casi desolada con solo rastros de ámbar, sin dragones atrapados y sin dragones que atraparan.

-Esto es muy extraño- dijo el chico mirando de un lado al otro

-Y no estoy oyendo nada- afirmó la chica al notar que la constante melodía del canto mortal estaba silenciada

-No hay cantos mortales- dedujo curioso Hipo, pero en el momento justo el sonido al fin se hizo presente y un dragón apareció a sus espaldas

-¿Decías?- dijo Astrid tomando su hacha, mismo movimiento repetido por Hipo encendiendo su espada, Tormenta y Chimuelo se pusieron en posición de ataque.

Pero el dragón no atacó, contrario a ese se dejó caer al suelo rendido, lo que vieron los jinetes los dejó aterrados.

No había una sola zona del cuerpo del dragón que no tuviera heridas graves, sangrantes y seguramente dolorosas, en su cuello había un grillete con una cadena rota y un grupo de flechas estocaban su espalda.

-Estas heridas son recientes- dijo Hipo acercándose al apenas vivo dragón

-¿Cazadores de dragones?- preguntó Astrid guardando su hacha y acercándose un poco más cautelosa

-Nada que hayamos visto antes, esto es más que brutal- tragó saliva el chico realmente afectado por ver el estado del dragón, el cantó mortal comenzó a tratar de cantar, pero no era aquel sonido clásico, era más bien una canción muy conocida por los jinetes -Se parece a... imposible ¿Garff?-

-Ah Thor mío es el- contuvo el aliento Astrid al reconocer también aquel canto, sin más precaución se acercó a él y lo abrazó

-Oye está bien, está bien- trató de tranquilizarlo cuando este se quiso levantar.

-Hipo, si Viggo se fue, entonces... -

-¿Quién es el líder de estos cazadores? Y ¿Qué es tan importante como para luchar de igual a igual con un canto mortal- adivinó las preguntas de la ojiazul.

-Garff- se lamentó la chica sin soltar su abrazo al adolorido dragón, el castaño se armó de valor y se puso de pie

-Tenemos trabajo- le recordó a la chica, pero ella no se movió simplemente se quedó ahí un momento, abrazada a él, después de unos segundos suspiró fuerte y se dispuso a trabajar hasta que los brazos de Hipo sobre sus hombros le impidieron levantarse –yo lo recolectaré... tu quédate con él- le ordenó, el la conocía, sabia a la perfección cuando en verdad estaba afectada, y aunque el compartía ese pesar con ella, se forzó a ser esta vez el valiente.

Hipo, Tormenta y Chimuelo recolectaron todo el ámbar que pudieron, el herido dragón de repente expresaba alguna queja de dolor y Astrid solo le murmuraba cosas tranquilizadoras, si se ponía atención incluso podían escucharla tararearle la canción que a Garff tanto le gustaba.

Queriéndole brindar un poco más de comodidad sacó su cuchillo y tronó despacio la cerradura del grillete -Ya se Garff, está bien...- lo tranquilizaba mientras hacía a un lado tal artefacto y liberaba su cuello, el dragón ya ni siquiera pudo levantar un poco la cabeza.

-Estamos listos- le avisó tratando de ser frío el chico y convencerse que tenían que salvar la orilla

-Hipo, no creo que vaya a sobrevivir- Hipo respiró pesado, él lo sabía desde el comienzo, regresó al dragón acariciándolo un poco más -Vete, yo me quedaré aquí con Garff- el chico la miró con recelo -Te veré haya hipo, te lo prometo, me quedare aquí con Garff hasta... - no pudo terminar aquella dolorosa frase

-Si algún cazador sigue por aquí- se negó el castaño

-Voy a estar bien... la tengo a ella- le aseguró señalando con la mirada a Tormenta -no podemos perder la orilla Hipo, hay que detener a los cazadores antes de que le hagan esto a otros dragones- insistió Astrid -sabes que tengo razón...-

-Ten cuidado- le suplicó el chico, ella asintió tranquila mientras un beso en su frente era depositado por Hipo, el chico se levantó y sostuvo su frente en el cuerno del canto mortal en forma de despedida. Una vez que se fuera, estaba seguro que no volvería a ver con vida al querido dragón.

Cuando Hipo desapareció en el horizonte Astrid se quedó paciente, sacó su cantimplora y le dio agua suficiente para refrescar su lengua -Muy bien, aquí tienes, eres buen chico, aquí estoy Garff, aquí estoy- la chica entonces se concentró en las flechas, arrancó una por una causando un enorme dolor al dragón, cuando llegó a la última se preguntó si valía la pena lastimarlo más, después de todo, eso no haría diferencia.

-Quisiera poder hacer algo más por ti- se lamentó la chica decidiendo por un momento dejar ahí la última punta –a menos que...-

Rápidamente la chica se levantó –vigílalo nena- le ordenó a su dragona mientras tomaba uno de los contenedores que traía para el ámbar y salía corriendo hacia la costa.

-Tienes que estar por aquí... tienes que estar por aquí...- repetía constantemente mientras miraba al suelo –bingo ¡- dijo emocionada tomando toda la raíz de espino negro que pudo guardar y yendo al mar a llenar el contenedor, deshaciendo aquella planta poco a poco se combinó con la sal y el agua y formó una pasta, un cauterizante simple y no muy poderoso que Patapez le enseño hace muchos años para usarlo en caso de emergencias.

Tan rápido como sus pies se lo permitieron llegó con los dragones y comenzó a cubrir cada una de sus heridas con aquel compuesto, la capa de la pasta hacia que el dragón dejara de sangrar, pero ella sabía que no era suficiente para las posibles infecciones y daños internos que pudiera tener –solo resiste- le pidió mientras sacaba la última flecha, ella no se rendiría.

Sacó de la maleta de Tormenta carboncillo y un papel y clavó la nota en el suelo con la flecha.

-Vámonos nena- ordenó a la dragona quien con sus patas levantaba al moribundo dragón –ve despacio, no queremos lastimarlo... más-

-¿Astrid Hofferson?- dijo la reina al verla aterrizar en la zona de curación dejando en el suelo a un prácticamente muerto dragón

-Mala... necesito que lo ayuden- le suplicó ni siquiera saludando –sé que ustedes pueden hacerlo-

-Throk... que se alisten todos- ordenó Mala mientras todos comenzaban a caminar de un lado a otro con sus claras tareas -¿Qué es lo que paso?-

-La caída de Viggo no fue el final de los cazadores- Mala tragó saliva y asintió informándole con un gesto a Astrid que sabía lo que es significaba

-Necesitaremos un par de manos extras- le ofreció la reina

-Por supuesto- dijo Astrid siguiéndola

Con sus característica habilidad para poner atención miraba y memorizaba lo que todos hacían con las heridas –detener el sangrado de esta manera fue muy ingenioso- la felicitó Throk.

Todos, incluida la chica, limpiaban aquella pasta y ponían hojas muy grandes humedecidas en escancias y aceites que lo ayudarían a que no se infectara y que cerraran rápidamente, el dragón no tenía ningún daño interno, solamente un ala muy lastimada, junto a un grupo de 4 defensores estiraron el ala y la mantuvieron así hasta que terminaron de hacer una tabilla con troncos y lazos.

-Toma algo de agua- le dijo tranquila la chica con un bowl con líquido que tenía integrado un té para tratar de sanar un poco su dolor, el dragón apenas podía abrir el hocico y en un acto de valor y suma confianza Astrid le ayudo a hacerlo dejando a merced de su hocico la mano de la rubia. Mala la miró con orgullo, no cualquiera tendría el valor de hacer eso con un dragón herido y que ni siquiera tiene control de su propio cuerpo.

-Deberíamos dejarlo descansar- recomendó la reina –ahora solo queda esperar... lo hiciste bien Astrid Hofferson, lo hiciste bien-

-¿Nada de ella?- le preguntó Patapez al angustiado Hipo, la noche ya había llegado a la mitad de su tiempo, la Orilla estaba estable, pero Astrid no regresaba

-Por el estado de Garff, debió perder la batalla hace mucho tiempo- afirmó Hipo, él estaba seguro que solo le tomaría un par de horas que su vida se extinguiera –ya debió regresar-

-Si algo hemos aprendido de tus presentimientos, es que debemos escucharlos... - le dijo Patapez subiéndose a Albóndiga –así que mejor vayamos a echar un vistazo-

-¿Qué?... oye al fin estaba pudiendo dormir después de meses con tranquilidad, y tengo que levantarme porque el paranoico de Hipo no encuentra a la loca de su novia... de nuevo¡- se quejó de malas Patán

-No te pedí que vinieras- le respondió con los ojos en blanco –solo te avisamos que iríamos-

-No me voy a quedar en esta isla solito- dijo señalando a los gemelos que ya estaban listos y dispuestos para volar –así que acabemos con esto-

Cuando llegaron Hipo estaba atónito, sin dragones y sin Astrid. Se revelaba la gran mancha de sangre que el dragón había dejado y cerca de ahí una flecha clavada con una nota.

-Chica lista- murmuró después de leerla y montando a Chimuelo

-Eh Hipo?- preguntaron todos aun en el suelo haciéndole notar que casi los olvida

-Oh si... vamos con los Defensores del Ala-

-Mala- saludó el jinete en cuanto llegó, el amanecer tenía un buen rato de haber llegado

-Mi hermosa Mala- la saludo coquetamente Patán haciendo que Hipo pusiera los ojos en blanco

-¿Astrid?- preguntó el chico que no podía encontrarla con la mirada

-Sígueme- le ordenó la reina. Cuando llegaron a la zona de curación encontraron a un dragón recuperándose dormido, una nadder despierta, echada y vigilando su entorno y recostada en ella protegida por su cuerpo, dormía profundamente una rubia –lo cuidó toda la noche, apenas se quedó dormida hace un par de horas-

-¿Garff estará bien?- Mala asintió

-Se recuperará... ella le salvó la vida- Hipo le dio una sonrisa de lado –Detener el sangrado y traerlo aquí fue un movimiento muy inteligente-

-Sí, es uno de sus múltiples talentos-

-Meter su mano en las mandíbulas de un dragón adolorido solo para que tomara un tranquilizante fue un movimiento muy osado... casi estúpido-

-Ese es otro... - le respondió riendo el chico

-Aquella muchacha es una verdadera joya... espero que la aprecies y la trates como tal- lo amenazó palmeando su espalda dejándolo después.

Hipo se acercó a Garff, lo acaricio solo un momento para no despertarlo, pudo ver como sus heridas estaban comenzando a sanar y su respiración ya era constante y fuerte. Se recargó en Tormenta y acomodó a su rubia en su pecho dejándola dormir otro rato más.

Normalmente los dragones y tratar de mantenerlos con vida y sin daños era el departamento de Hipo, pero esa noche, fue una obstinada rubia la que decidió que a ese pequeño al que conocieron desde que salió del huevo, educaron, protegieron y al final lo pusieron a salvo aun tenia demasiado por vivir.