Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XLVII: Cuenta saldada.

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Los intensos ojos de Mitsuki observaron a los de su hijo por un periodo de tiempo indefinido, le tomó tiempo el escuchar sus palabras y sacar una reacción inmediata porque sencillamente para ella no había concordancia con lo que Katsuki estaba diciendo. Su hijo pudo reconocer la mirada confusa de su madre tras explicarle que About Life Coffe, la empresa cafetera con años de trayectoria, ya no se conocería como tal.

Ambos se encontraban en una reunión privada en la oficina que le correspondía a su madre, ella sentada tras su escritorio mientras que su hijo y el abogado de la familia descansaba en el asiento junto al primero, ambos observándola con atención después de soltar la tremenda noticia que atentaba a todo lo que ellos conocían, a la estabilidad que poseían y a la falsa verdad con la que vivían.

―No harás eso ―soltó entonces Mitsuki rompiendo el mutismo reciente y mirando a su hijo como si acabara de perder la cabeza; por su parte, Katsuki enarcó una ceja sin mucho interés en iniciar un pleito con su madre―. No puedes eliminar la compañía como si nada, Katsuki. Es ridículo.

―No te estaba pidiendo tu opinión ―respondió sin inmutarse en la expresión que su madre le dedicó―. Torino me envió la lista con los nombres de todas las compañías afectadas por Shoen, la indemnización destinada para esas familias junto a las que recibirán los actuales empleados de ALC ayudará a limpiar el apellido de los Bakugo antes de que Chisaki trate de hundirnos. El plazo de su acuerdo es hasta mañana, no correré riesgos.

―¿Qué te hace pensar que las familias afectadas por tu abuela aceptarían tu indemnización? ―Preguntó Mitsuki―. Han pasado más de cuarenta años. No salvarás a nadie.

―¿Y cuál es tu opción si toda esa información sale a la luz y deciden intervenir a la empresa? ―Katsuki no estaba de humor para el cinismo de su madre―. De todas formas, ALC ya no tiene futuro. O lo hunde Chisaki o lo haré yo.

Los ojos rubíes de su hijo eran directos, honestos, no había sombra de codicia en ellos, Mitsuki lo reconocía, tenía los mismos ojos que su difunto esposo; No todos los Bakugo somos malas personas, recordó a Masaru diciéndolo y tenía la misma intensidad que Katsuki expresaba en esos momentos. Mitsuki negó para sí.

―Ésta empresa es el legado de tu padre, Katsuki…

Una risa seca soltó su hijo, ella lo miró con su ceño fruncido y sintió el desprecio en la mirada de Katsuki.

―Ésta empresa sólo tiene de legado la mentira y la estafa ―respondió―. Papá fue una víctima de ésta misma empresa. Tú misma lo has dicho. ―Mitsuki apartó su mirada de su hijo y él notó aquella reticencia a sus ojos―. ¿Por qué te opones? ¡La vieja de Shoen te hizo su esclava por tantos años, permitiste que ella te usara a su antojo y ¿para qué?!

―¡No hables de lo que no sabes, mocoso! ―Su madre se puso de pie y así también su hijo.

Shoto estaba bastante incómodo en su sitio, pero tomando la manga del saco en su jefe intentó frenarlo. No era momento de perder los estribos con su madre, necesitaba aliados, no fragmentar aún más los pocos lazos que le quedaban.

―Sí, trabajé para Shoen soportando sus constantes maltratos para que tú, pedazo de malagradecido, tengas a tu familia contigo. Tu padre sacrificó su libertad por ti, ésta empresa…

―¡Ésta empresa le quitó todo a todos, con una puta mierda! ―Gritó Katsuki―. Estoy harto de que intentes maquillar lo que nunca existió.

Katsuki se zafó del agarre de Shoto, acomodó su traje y mirando a su madre con reproche, añadió.

―No vine a pedirte permiso, como te lo dije, sólo vine a ponerte al tanto. ―Mitsuki frunció aún su ceño―. Tienes el dinero correspondiente a papá y lo que Shoen te dejó; no tienes que preocuparte por tu estabilidad económica, pero ésta empresa es mía y haré con ella lo mismo que hizo la vida con Shoen: reducirla a cenizas.

Su madre intentó decir algo más pero Katsuki le dio la espalda y caminó lejos de ella hasta dejar su oficina; su hijo tenía las cosas claras, no era alguien que se dejara influenciar con facilidad y si había decidido algo, lo haría. Mitsuki, por su parte, veía a su hijo en ese modo tan decidido a acabar con las mentiras de la empresa, la hacía cuestionarse a sí misma.

Shoto se puso de pie y con una reverencia de respeto, dejó la oficina de Mitsuki, dejándola sola. Cerró con cuidado la puerta, visualizó la figura de Katsuki no muy lejos de él y apuró el paso hasta llegar a éste.

―Bakugo ―llamó el abogado, los pasos de Katsuki no se detuvieron pero las palabras del rubio salieron de su boca sin mirarlo.

―Convoqué a una junta laboral para ésta tarde, usaremos el salón multiusos para dar la noticia. ¿Tienes preparados los cheques? ―Shoto asintió―. Bien, necesitaremos contener la oleada de disconformidad que se creará con esto pero Torino hizo su parte y aún resta hablar con la lista de personas que me dio.

―Me encargaré de eso…

―No. ―Bakugo frenó su caminar y mirándolo a los ojos, dijo―. Esto es algo que debo hacer por mi cuenta.

Shoto lo miró disconforme.

―No tienes que asumir las culpas de tu abuela, Bakugo.

―¿Y qué debo hacer entonces? ―Preguntó. El de ojos con heterocromía se encogió de hombros―. No trato de ser un héroe, créeme; sé que no tengo la culpa de lo que hizo Shoen, sin embargo, ésta empresa no puede seguir funcionando de igual forma.

―Lo sé ―respondió y una pequeña sonrisa se escapó de los labios de Todoroki―. Has madurado, Bakugo. Me alegra que hayas asumido la presidencia.

Las mejillas de Katsuki se sonrojaron ligeramente y éste siguió caminando dejando a Shoto atrás.

―¡No te pago para que digas esas tonterías! Ve y haz tu puto trabajo, Mitad-Mitad ―respondió.

Todoroki lo vio marcharse, había diversión en su sonrisa. Hace no mucho tiempo, Bakugo era un hombre que no le interesaba la vida de otras personas, sólo cuidaba sus intereses y sus deseos; el asumir la presidencia, por más que haya sido a la fuerza, lo cambió de muchas maneras pero sin duda, la gran estafa que Shoen había realizado décadas atrás, sirvió para que Katsuki decidiera hacer algo al respecto.

Y verlo actuar de ese modo, hacía que Todoroki Shoto estuviese feliz de trabajar para alguien como Bakugo Katsuki.


Eijiro ingresó al área de espera dentro del sector de terapia intensiva con la respiración desbocada y los ojos bien abiertos buscando a Ashido Mina. Cuando regresó a Tokio esa mañana, no dudó en llamar a Mina para buscarla después de su trabajo pero ésta le había dicho que estaba en el hospital aún; aquella noticia lo tomó por sorpresa y un miedo se apoderó de él. No pidió muchos detalles, sólo fue a la estación que lo dejara más cerca del hospital en donde se encontraba ella.

Llegó y su atención se encontraba muy dispersa, estaba aletado imaginándose lo peor.

―¿Eiji? ―La voz de Mina llegó a él y éste, al verla de pie junto a él con una botella de agua en su mano, lo hizo sonreír. No dijo nada, sólo la atrajo hacia sí para abrazarla con todas sus fuerzas, hundiendo su rostro en sus rulos rosas―. ¿Qué sucede, cariño?

―¡Creí que te pasó algo! ―Explotó y las enfermeras cercanas a ellos lo hicieron callar. Él se disculpó reiteradas veces, volviendo su atención a su novia―. Dijiste que estabas en el hospital y pensé lo peor.

Mina sonrió divertida para volver a abrazarlo. No habían hablado desde aquella discusión en el departamento, ha sido una situación complicada para ambos; ella pasó la noche en el hospital junto a Tsuyu y Chieko, estaba agotada así que sentir los brazos de su novio rodeándola de ese modo, la reconfortaba.

―Te extrañé ―susurró Mina acariciando su cabello rojizo. Eijiro sonrió y la apretó aún más entre sus brazos.

―No volveré a irme de ese modo ―respondió Eijiro separándose de su novia para mirarla a los ojos con toda la seriedad que el asunto implicaba―. Resolveremos las cosas juntos, lo prometo. Seré un mejor novio y no te haré pensar que no eres suficiente para mí. Eres todo lo que necesito y más. De verdad, no te merezco y…

―Eiji, cariño, podríamos hablarlo en otro momento ―dijo Mina sonrojada hasta la orejas, tomó el rostro de su novio entre sus manos y miró divertida a las personas que los observaban con atención―. Ya sabes, cuando no haya tantas personas pendientes de nuestra reconciliación.

―Oh ―comentó―. Entonces, ¿no te pasó nada? ―Volvió a preguntar.

―¿Tokoyami no te lo ha dicho? ―Preguntó Mina―. Tsuyu le puso al tanto de la situación del padre de Ochako, vinimos a pasar la noche con ella y su madre. No queríamos dejarla sola en una situación así.

―Creo que mencionó algo pero no presté verdadera atención, lo lamento ―respondió apenado.

Mina sonrió para atraerlo a ella nuevamente, no le interesaba que haya personas observándolos con atención, atrajo su rostro hacia el suyo y besó los labios del hombre con dulzura, con cariño, como hacía tiempo deseaba hacerlo pero el dolor se lo impidió. Kirishima se relajó ante el tacto de la mujer y rodeó su cintura con sus grandes manos apegándola a él, sintiéndola mejor.

―Hey, par de tórtolos ―escucharon e inmediatamente, Kirishima se alejó de su novia sonrojado y apenado, hallando a Camie con una sonrisa mirándolos―. Al parecer el sexo de reconciliación será fascinante.

Camie y Mina comenzaron a reír entre ellas dejando a un Kiri muy sonrojado sin saber a dónde mirar.

―Creí que tu turno en la farmacia ya inició ―comentó Mina a su amiga. La rubia asintió.

―Así es, sólo vine a traerles un poco de comida y saber si tienen noticias del padre de Ochako. ―La mirada de Mina se apagó un poco al escuchar sus palabras y pudo dar a entender tanto a Eijiro como a Camie que la situación no mejoraba.

―No hay mejoras desde que te has ido ―comentó―. Tratamos de que Ochako coma algo pero se niega a dejar a su padre.

―¿Tan mal está la situación? ―Preguntó Kirishima y Mina sólo pudo encogerse de hombros―. Lamento que Uraraka esté pasando por una situación así.

―Gracias por tus atenciones, Camie ―dijo Mina sonriéndole a su amiga, la rubia le tendió la bolsa con algunas cosas que había comprado―. ¿Qué sabes de Iida? La noche anterior, se fue tan repentinamente.

Utsushimi se encogió de hombros, abrazándose a sí misma.

―Ocurrió un accidente, al parecer alguna falla de circuitos ocasionó un incendio en un departamento de Shibuya. No hubo muertos pero sí heridos y uno de gravedad ―explicó―. Tenya se está encargando de llevar adelante el caso pero al parecer, fue un accidente.

―Eso es terrible ―comentó Eijiro―. ¿Sabes quién es la persona que está en estado grave?

Camie negó con la cabeza.

―No lo conozco, pero su nombre es Chisaki Kai.

Mina reconoció el nombre enseguida, lo había escuchado en varias ocasiones que Ochako mencionó el problema actual que afrontaba Bakugo. Camie se despidió de ellos una vez que dejó la bolsa con provisiones y tanto Kirishima como Ashido regresaron hacia donde se encontraba Tsuyu y Chieko.


El vapor del café se elevó entre sus dedos, sentía el golpe de calor acariciar las yemas de sus dedos mientras el oscuro líquido en la taza de porcelana en tonos crudos se armonizaba hasta dejar de ceder a las vibraciones que recibía de la mesa en donde se hallaba descansando. Sus rubíes ojos dejaron de observar su taza de café centrándose en las personas que fueron tomando asiento en el salón al cual fueron convocados.

Hombres jóvenes, mujeres por igual, algunos rostros un poco más mayores, en fín, personas que dependían enteramente del trabajo que tenían bajo el nombre de About Life Coffee. Y ese día, él los despediría.

Cuando había propuesto desmantelar la empresa que, con engaños, había llegado a ser todo lo que era en la actualidad, no sonaba mal; de hecho, seguía creyendo que lo mejor que podía hacer era borrar ALC del mercado y devolver todo el dinero que no le correspondía. Era utópico, lo sabía, sabía todo lo que su madre le había dicho ya pero él no pretendía ser un héroe, sólo estaba cansado de las mentiras que su familia, principalmente las que su abuela había dicho para poner a todos bajo su control.

Antes de convocar a esa reunión, él había ido al hospital nuevamente para ver a Ochako y saber si necesitaba algo más. Ella había sido, prácticamente, obligada a dejar la sala de su padre para comer algo; Chieko le explicó que su hija había dejado de salir desde hace horas y que no había dormido desde la noche anterior para estar junto a su padre. Él no podía juzgarla, pero tampoco podía dejar que estropee su salud.

Depositó en las manos de Ochako una bolsa con un paquete de mochis, no era lo ideal pero sabía que entre muchas cosas, ella preferiría comer mochis antes que otra cosa. Ochako tenía ojeras bajo los ojos y no se había cambiado de ropa desde el día anterior, estaba exhausta podía leerlo en su sonrisa triste, la que le entregaba como una forma de decirle "no tienes que preocuparte", "estoy bien", pero él sabía que era mentira.

La atrajo hacia él y la rodeó entre sus brazos, hundió su rostro en su cuello y cerrando los ojos, aspiró su aroma a cansancio. Ochako se abandonó en su tacto, hasta parecía que era lo que ella necesitaba para recargar un poco de energías. Estuvieron un momento prolongado de ese modo, ambos de pie en la sala de espera del sector de terapia mientras Chieko la suplía en la sala de Kiyoshi.

―¿Cómo te sientes para hoy? ―Preguntó Ochako acariciando su espalda, ninguno pretendía soltarse por, al menos, un minuto más.

Él sonrió contra su cuello. Él debía hacer esa pregunta viendo el estado de su novia pero ella siempre parecía más preocupada por los demás que por sí misma. Besó su cuello, besó su mejilla y también su barbilla, besó la punta de su nariz y finalizó con un beso en la frente. Con sus manos acarició su rostro y ella lo miró con amor. Verla era la forma que tenía para decirse a sí mismo que él no estaba solo y que, llegada la noche, él la encontraría. Uraraka Ochako se volvió el hogar al que él siempre deseaba regresar.

―Comienzo a pensar que no fue una buena idea ―respondió Katsuki sentándose en uno de los asiento de la sala de espera, fue imitado por Ochako al tomarse un sitio junto a él―. Quizá terminen incendiando la oficina y estarían en todo su derecho.

La expresión de Ochako pareció opacarse un poco por una capa de tristeza que no pasó desapercibido por su novio.

―¿Qué sucede? ―Preguntó. Ochako lo miró un momento, parecía estudiar sus palabras antes de soltar lo que tenía atorado en su garganta.

―Cuando mencionaste el incendio, recordé algo que Mina me contó ―dijo Ochako jugando con sus dedos―. Hubo un incendio la noche anterior en el barrio Shibuya; no hubo muertos pero sí un herido de gravedad. ―Los ojos castaños de Ochako buscaron los rojizos de Katsuki, él comenzaba a temer por la noticia que parecía costarle decir a su novia―. Chisaki acabó con quemaduras muy profundas, no sabemos su estado pero según Iida-kun, ingresó a terapia intensiva.

―Vaya suerte la de él ―comentó exhalando un suspiro―. Quería adelantarme a revelar los hechos punibles de la vieja para no darle esa satisfacción al idiota de Chisaki pero esto…

―De todas formas, deberías hacerlo, Katsuki. ―La mirada de Bakugo fue a la de Uraraka, ella tomó su mano entre las suyas y acarició con cariño cada dedo, cada cicatriz que su piel albergaba; Ochako le gustaban las manos de Katsuki, le recordaba a las de su padre porque ambos tenían cicatrices por cortes y quemaduras, todas hechas por el amor a la cocina. Ella no pudo evitar sonreír al pensar en su padre―. Eres distinto a tu abuela; tú no ganas nada con mantener a flote una empresa como el de ella. Siempre te admiré, Katsuki pero lo hice aún más cuando me hablaste de borrar a ALC y devolver el dinero que tu abuela robó a los afectados.

―Sólo quiero hacer bien las cosas ―susurró bajando la mirada a su mano entrelazada a la de Ochako. Él quería hacer bien las cosas por Ochako, para sí, porque quería una vida en la cual los demonios que lo atormentaban constantemente, ya no estuviese recordándole sus infiernos, que los fantasmas desaparecieran y que lo único que habite en su interior sea una vida de la cual no se arrepienta.

―Lo estás haciendo ―respondió. La mano de Ochako tomó el mentón de Katsuki para hacer que la mirase. Le entregó una sonrisa antes de continuar―. Y no sabes lo orgullosa que me haces sentir.

Las mejillas de Katsuki se encendieron con sus palabras, abrazó a su novia y besó su cabeza para no soltarla. Se sentía como un niño enamorado cada vez que ella decía esas cosas que le hacían temblar el alma.

Y aún guardaba esa sensación en su pecho en esos momentos que tenía a toda la empresa sentada frente a él, cada uno con expresiones de curiosidad por no saber la razón de suspender sus actividades para encontrarse en esa sala de usos múltiples. Todoroki se acercó a la mesa en donde él reposaba tomando asiento junto a él, Bakugo lo miró y el hombre de ojos bi-color le dedicó un asentimiento de cabeza indicándole que ya podía proceder a iniciar la junta.

Bakugo Katsuki era no sólo respetado por sus empleados, también era temido porque en sus ojos se expresaba una fuerza arrolladora, tan imponente como lo era la mirada de la ex presidenta de la compañía, Bakugo Shoen; pero a diferencia de tiempos anteriores, ese día en particular, los hombros de Katsuki no se mostraban tensos y tampoco enseñaba un semblante furibundo, muy por el contrario, hallaban seriedad e incluso preocupación.

El presidente de About Life Coffee se puso de pie, apoyó ambas manos sobre la superficie de la mesa que lo separaba de sus empleados y tomando aire, los miró.

―Gracias por venir ―inició. Muchas personas asintieron a su agradecimiento pero el ambiente seguía siendo una mezcla de preocupación y curiosidad. Katsuki podía leerlo con facilidad―. Los he convocado debido a un asunto que compete plenamente a la empresa. Muchos de los aquí presentes han trabajado por años para los Bakugo y vieron crecer ésta empresa como lo que hoy es… Pero la empresa como lo conocemos, fue producto de algo que nunca debió existir. ―Dejó escapar un suspiro, su mirada pasó a su abogado y éste comprendió a qué se refería. Todoroki tomó el control del proyector y lo encendió―. A mi espalda verán documentos que comprometen a la compañía, documentos falsos que mi abuela, hace cuarenta y cinco años, ha malversado para estafar personas inocentes, llevando a sus empresas a la quiebra y lo que fue el fin de muchos, se ha convertido en los cimientos para lo que muchos llaman "El Imperio de los Bakugo".

La sala comenzó a alterarse, todos estaban observando con ojos incrédulos lo que les estaba siendo enseñado. Fotografías de documentos con la firma de Shoen, los números adulterados, el fraude desenmascarado. Bakugo no quería mirar a sus espaldas, sólo quería concentrarse en lo que tenía frente a él.

―He dado con el anterior administrador de mi abuela, Torino Sorahiko y él me ha confirmado lo que está ante ustedes. ―Katsuki cerró los ojos un momento, respirando pausadamente―. About Life Coffee tiene sus bases en la mentira y el engaño.

Más de un empleado se puso nervioso ante lo que veía, hablaban entre ellos, veía la decepción, el enojo y la incertidumbre en sus expresiones, en su cuerpo. Katsuki se enderezó y pausando a las fotografías, tomó un puñado de papel en su diestra, llamando la atención de todos.

―Ésta fraudulencia no quedará impune, por más de que mi abuela esté muerta, queda bajo mi responsabilidad el tomar acciones al respecto y por ese motivo, he decidido cerrar la empresa. ―Las voces en sus empleados se hicieron aún más audible, la preocupación estaba en ellos y él no podía culparlos―. Los he llamado a cada uno de ustedes porque han sido víctimas tanto como lo fueron las personas afectadas por los hechos de mi abuela y por ese motivo, se les pagará una indemnización por despido colectivo cuya suma, les ayudará a mantenerse el tiempo aproximado que lleva a un ciudadano retomar sus actividades laborales. Todoroki Shoto tiene el expediente de cada uno por lo que nos será sencillo acreditarles el dinero que les corresponde en el transcurso de hoy y mañana. No pasará más tiempo para que cada uno obtenga lo que se merece.

La sala guardó silencio un largo rato antes de que uno de los más veteranos empleados se pusiera de pie. El hombre con su cabello blanquecino y su expresión avejentada lo miró en silencio, parecía juzgarlo.

―He trabajado para ALC desde hace cuarenta años, ya no tengo la edad para estar buscando un trabajo nuevo, Bakugo-san ―dijo el hombre―. ¿Qué sucederá con nosotros? Los que ya no nos encontramos en condiciones para continuar trabajando.

Bakugo asintió a las palabras del hombre, enseñando aquel manojo de papeles que tenía en su mano.

―Las personas que hayan cumplido el tiempo que, por ley, permite el retiro con jubilación, están aseguradas de recibir todo lo que les corresponde por jubilación ―respondió y el hombre le dedicó un asentimiento de respeto.

―Entonces, Bakugo-san, usted… ―Otro empleado se puso de pie para hablar―. ¿Qué sucederá con todo el dinero de su familia? Se destinará a sus empleados y… ¿Qué sucederá con usted?

―Eso es un asunto mío. Mi preocupación actual radica en que todo empleado o afectado por About Life Coffee quede bien recompensado de tal forma que lo cometido por mi abuela, pueda ser, de alguna forma, expiado ―Habló el presidente de la compañía y caminando para dejar la mesa en donde se encontraba, se paró delante de todos sus empleados y con una reverencia, añadió―. Lamento todo lo que mi abuela causó.

Todas las personas en la sala guardaron silencio antes de ponerse de pie y devolver la reverencia al hombre delante de ellos. Todoroki se puso de pie por igual y acudió hacia Bakugo para tocar su hombro y llamar su atención, enseñándole la respuesta de sus empleados. Katsuki dejó escapar un suspiro de alivio.

―About Life Coffee ha saldado su deuda ―dijo Shoto con calma.

―Aún no por completo… ―Respondió Katsuki.


Mitsuki volvió a exhalar el aire en su interior con toda la frustración que sentía en ella. Volvió a mirar el reloj en su muñeca y maldijo de forma inquieta; en esos momentos, su hijo estaba tomando la decisión más grande en su vida y ella sentía que era la equivocación más grande en la suya. Volvió a dirigir el cigarrillo a sus labios, permitiéndose saciar un poco con la nicotina, cerró los ojos, lo concentró un momento en su interior, permitiéndose el ingreso a su sistema para volver a dejar salir el humo.

No hubo manera de convencer a Katsuki de olvidar el asunto de su abuela, de dejar las cosas como estaban y se sentía molesta consigo misma por haber sugerido tal cosa a su hijo. Dejó las instalaciones de ALC porque no quería ver cómo su hijo destruía el imperio que los Bakugo habían construido por años, regresó a Meraki's Place con una impotencia descomunal que la hizo comprar cigarrillos para fumarlos sola.

Katsuki era distinto en muchos sentidos a su abuela, incluso a sí misma, tenía tanta nobleza en su interior que salía a relucir en los peores momentos.

Escuchó unos pasos acercándose al pasillo en donde se hallaba, se había mudado al viejo departamentos de Katsuki desde que el inicio de las obras en la Casa Bakugo inició. Salió a fumar al área permitida dentro del predio de Meraki's Place y disfrutar un poco de la calma del sitio y para su sorpresa, los pasos de Uraraka Chieko se cruzaron con ella.

La mujer tenía uno o dos años menos que ella, llevaba el cabello castaño y largo por debajo de los hombros, algunas canas relucían entre sus hebras y el cansancio podía leerse en las bolsas bajo sus ojos. La mujer le dedicó una sonrisa al reconocerla, sabían quién era cada una.

―Bakugo-san ―saludó Chieko―, creí que estaría en la oficina.

―Tengo vacaciones indefinidas ―respondió intentando tomarlo con gracia―. En estos momentos, mi hijo está haciendo añicos la empresa de su abuela.

―Oh, creo que Ochako me lo mencionó. ―Chieko bajó la atención al cigarrillo que Mitsuki cargaba entre sus dedos―. ¿Te molesta si te hago compañía?

―¿No ibas al hospital? ―Preguntó Mitsuki.

―Así es, es sólo que… ―Chieko se encogió de hombros. Mitsuki leía cansancio en ella, no podía culparla―. Me gustaría pausar un momento todo.

A diferencia suya, Mitsuki perdió a su esposo de forma inmediata, no hubo tiempo para despedidas ni sufrimiento previo. Fue una llamada que la dejó por el suelo y en su momento, deseó que haya sido distinto, que haya tenido tiempo para prepararse, para despedirse y asimilar la situación que se avecinaba. Pero veía a Chieko de pie junto a ella, llevaba el agotamiento en su cuerpo y la tristeza en sus ojos.

No lo pensó mucho para tomar uno de los cigarrillos de su cajetilla y tendérselo, Chieko miró un momento antes de aceptarlo.

―Mi esposo solía fumar a escondidas ―dijo Uraraka con un poco de diversión en su voz. Mitsuki sonrió al verla así, le acercó su encendedor―, fingía que no me daba cuenta pero sabía que a la perfección que compraba perfumes de mala calidad para ocultar su aroma.

―El cigarrillo es un mal vicio, te lo digo por experiencia ―habló Mitsuki―, pero a veces, suele ser lo único que me ayuda a serenarme.

Chieko observó a Mitsuki un momento, lo siguiente fue llevarse el cigarrillo a los labios y aspirar profundo. Una tos atacó su garganta y la hizo echarse para atrás, Mitsuki rio con ganas al verla tosiendo de ese modo.

―Te acostumbras con la tercera calada ―comentó―. Katsuki y yo comenzamos a fumar después de la muerte de Masaru. Él lo dejó hace unos meses pero yo aún finjo que una calada bastará.

Uraraka sonrió a Bakugo y ambas volvieron a dar otra calada.

―Así que la empresa de tu familia acabará el día de hoy ―dijo Chieko y Mitsuki asintió―. Has trabajado durante muchos años allí, ¿no es así?

―Veintiocho años ―comentó―. Veintiocho años y no sé qué mierda hacer con mi vida ahora que esa empresa desaparecerá.

―Bakugo-kun ha tomado una buena decisión ―dijo Chieko distraídamente exhalando el humo de sus labios―. Ochako solía hablar de su jefe, sabía que ella intentaba desahogarse y sacar toda la frustración que le generaba Bakugo-kun en su trabajo pero de todas maneras, ella no dejaba de elogiarlo. ―Mitsuki sonrió al escucharla―. Inconscientemente, ella lo ha admirado de sobremanera y el día que lo conocí entendí por qué.

―¿Cuánto tiempo te tomó saber que ellos no eran pareja? Al menos al principio ―preguntó la rubia. Chieko dirigió su atención a ella.

―Nunca lo había cuestionado, si te soy sincera; tenían una química que me hacía creer que ellos eran novios desde el inicio. ―Chieko sonrió para sí―. Pero Kiyoshi era más reacio, él no confiaba en la palabra de Ochako, sabía que le estaba ocultando algo. Kiyoshi siempre fue más atento a esos detalles en nuestra niña. ―Entonces, Chieko observó a Mitsuki―. A pesar de las constantes pujas entre mi esposo y Bakugo-kun, Kiyoshi ha sentido una conexión fuerte con tu hijo, tanto así que fue al único que habló en primer lugar sobre las condiciones que había decidido sobre su vida y… Sobre su muerte. Bakugo-kun es un chico honesto, por eso nos agrada tanto a Kiyoshi y a mí. No me sorprende que desee despojarse de sus privilegios para enmendar un error del pasado.

Mitsuki aguardó en silencio, escuchó con atención las palabras de la mujer a su lado y una pequeña sonrisa afloró en sus labios. Ella sabía que su hijo hacía lo correcto y el dudar de eso fue lo que más le molestaba de sí misma. Katsuki tenía razón: tanto su padre como ella misma fueron víctimas de Shoen y la mejor forma de darle fin al infierno que su suegra creó era eliminando ALC.

―Bien, creo que ahora sí debo marcharme ―comentó Chieko―. Mina y Tsuyu deben regresar a sus actividades así que debo volver al hospital cuanto antes. Fue un gusto hablar con usted, Bakugo-san.

―Llámame Mitsuki ―dijo la rubia con una sonrisa―. Y déjame acompañarte. Tengo el auto, podremos llegar enseguida.

Chieko sonrió a la mujer junto a ella para asentir y marcharse.