Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 34
Estacionamos en la entrada de mis padres pasadas las seis y merodeo en la camioneta de Edward por un momento.
—¿Estás nervioso? —pregunto, mayormente en broma, pero entonces capto su expresión y me pregunto si lo está.
—No diría nervioso, pero supongo que no sé qué esperar.
—Estará bien. Más que bien. Mis padres son realmente buenos.
—Sí. Eso he deducido. Tu mamá me dio tu dirección cuando estabas enferma, después de haberme visto dos veces, entonces...
Mi risa es suave como el sentimiento en mi pecho. No puedo decir que esté furiosa con Renée por darle mi dirección. Esa noche fue un punto de inflexión para Edward y yo.
—¿Phil también es fácil de trata como ella? —pregunta Edward.
—Algo así. Es un poco más serio, pero no de mala manera.
—Entonces, ¿él no va a advertirme si rompo tu corazón o algo incómodo como eso?
—Phil es inofensivo en ese sentido —río—. Si alguien fuera a amenazarte, ese sería el amigo de Charlie, Emmett, pero es pura charla. Y no está aquí esta noche.
—Entendido. —Edward sonríe antes de volverse un poco más serio—. Y no les molesta... —Baja la mirada, y pausa lo suficiente para que comprenda lo que está preguntando.
—¿Tus tatuajes? —pregunto, observando sus brazos expuestos.
—Sí.
—Edward, no. Ellos nos son así. —No tengo que expandir para que entienda que digo que ellos no son como su papá. Él no luce aliviado por la información, pero asiente de todas formas. Entonces, me inclino hacia él y lo beso, borrando la mancha de labial debajo de su boca—. Vamos. Vayamos a presumirte.
Él toma la botella de vino que insistió en traer, a pesar que le dije que no tenía que hacerlo.
—Te van a amar —le aseguro, enlazando mis dedos con los suyos y cargando la mochila olvidada de Liam sobre mi hombro antes de entrar.
Se puede escuchar una suave risa por la casa, y la música sonando en el patio trasero.
—Deben estar en el patio.
Nos dirijo por el pasillo, pero Edward se detiene a mirar algunas fotografías que adornan la pared, las que paso sin prestar atención cada vez que estoy aquí.
—Eras jodidamente adorable —dice, sonriendo a la Bella de segundo grado sin dientes.
—Era de terror.
—Lo dudo.
—Piensa en Liam, pero diez veces peor.
Él suelta una risa divertida mientras escanea la pared, sus ojos revoloteando por diferentes recuerdos. Entonces, aterrizan en una foto de Charlie y yo. Observo el sutil parecido, recordando que compartíamos los mismo ojos y la misma sonrisa.
—¿Ese es tu papá?
Puedo sentir la mirada de Edward en mi rostro mientras soy transportada a ese momento. Estábamos en Disneyland, y me encuentro sobre los hombros de Charlie, orejas de ratón y todo.
—Creo que tenía cinco. Mi mamá odiaba su bigote —me río—. Estoy muy segura que lo creció para molestarla.
—Eso es impresionante. —Puedo escuchar la diversión en su voz—. Te pareces a él.
—Mi mamá dice que también me río como él, y que tengo su actitud impaciente —mascullo, aclarándome la garganta.
—No creo que seas impaciente. Para nada.
Le sonrío, apretando su mano. Cuando intento hacernos avanzar, él se se queda quieto, manteniendo nuestros dedos enlazados.
—Espera, ¿qué es esto? —Señala a un cuadro pintado a dedo con las iniciales BS en la esquina con pintura verde.
—Literalmente no es nada.
Edward me da una mirada.
—No es nada.
—Estoy algo avergonzada de que mi mamá haya encuadrado tal monstruosidad.
—Mi novia, la artista —comenta.
—Cállate. Renée pasó por una fase abstracta donde fingía que todo lo que yo hacía era brillante.
—Mmm. Definitivamente es... abstracto.
—Es horrible.
—Sí que lo es —concuerda, riendo—. Te sigo amando, a pesar de tu falta de habilidades artísticas.
Entrecierro los ojos en broma antes de besarlo.
—Más te vale.
—Agh —dice Liam cuando pasa por nuestro lado.
—Hola a ti también, gusano —digo, agradándome el nuevo apodo que acabo de pensar para él. Al juzgar por su cara de pocos amigos, a él no—. Estoy bromeando, niño. Ven. Toma esto. —Le entrego su mochila, y él me ignora por completo, alegrándose cuando gira hacia Edward.
—¿Puedo mostrarte mi tarántula luego?
Un escalofrío recorre mi cuerpo, pero Edward asiente, claramente no afectado por la aracnofobia.
—Claro, amigo.
Liam sonríe, amplio y contento, mientras corre por las escaleras.
Atravesamos la cocina y digo.
—Juro por Dios, si saca a esa cosa de su jaula, quemaré esta mierda hasta las cenizas —Edward se ríe. Él cree que estoy bromeando. No es así—. El niño podría haber tenido un perro. Un gato. Incluso un conejillo de indias. Pero no. Quería la cosa más espantosa, asquerosa y arrastrante.
Edward me da otro beso antes de dirigirnos a afuera.
—No te preocupes. No dejaré que se te acerque con ella.
Mi tono es desesperado cuando digo:
—Gracias.
Renée y Phil están sentados alrededor de la mesa, ya bebiendo vino y riendo sobre algo cuando salimos.
—¡Estoy tan contenta que hayan llegado! —dice Renée, sonriendo de oreja a oreja. Le echo un vistazo a Edward, y su sonrisa es igual de genuina.
—Gracias por invitarme a cenar —dice Edward educadamente, ofreciendo a Renée la botella que trajo.
Si ella no estaba impresionada ya, ahora lo está.
—Eres muy dulce. —Sonríe, admirando la etiqueta—. El perfecto Pinot para nuestra cena.
—Phil, este es mi novio, Edward. —Phil se pone de pie, y Edward se cierne sobre la mesa para estrechar su mano, pero es interceptado por un puño.
—¿Qué onda? —dice Phil.
—Phil —mamá y yo gruñimos al unísono.
—Me instruyeron que no avergüence a Bella —Phil le dice a Edward, volviéndose a sentar—. Pero tengo que hacerla sufrir un poco. De todas formas, es un placer conocerte. He escuchado mucho de ti.
—¿Sí? —pregunta Edward, mirándome por un instante cuando nos unimos a ellos en la mesa.
—Liam te alaba con entusiasmo por tus clases. ¿Y Renée me estaba diciendo que estás en una banda?
Edward asiente, luciendo un poco más tranquilo.
—Así es, sí. He estado en ella por casi tres años.
—Y es un tatuador —comento—. Uno muy talentoso, que puede que me haya hecho mi primer tatuaje hace solo unas horas.
Mi mamá jadea.
—No me dijiste que ibas a hacer eso.
—Te lo estoy diciendo ahora.
—¿Y bien? ¿Qué es? Muéstranos.
—Está aquí —digo, llevando mis dedos por sobre la zona que está cubierta por mi camiseta—. Te lo mostraré en un rato. —Sé que se pondrá emocional que sea por Charlie, y no lo sé. Como que quiero que sea un momento para las dos.
—¿Sabes? Nunca me he hecho un tatuaje, pero siempre he querido uno —dice melancólicamente.
—Bueno, no estás muerta. Todavía puedes hacerte uno —la aliento.
—Oh, no. —Agita su mano—. Ese momento ha pasado. Pero tu padre tenía un par.
Estas son noticias para mí.
—¿Sí?
—Si recuerdo bien, había una calavera y tibias cruzadas, o algo así, sobre su hombro derecho. Él y Emmett lo tenían. —Renée pone los ojos en blanco ante el recuerdo—. Algo para conmemorar su amistad. Pero, vaya si no le hice pasarla mal por ello. ¡El hombre ni siquiera me dijo que se lo haría! Y lucía espantoso.
—Suena como papá. Pide disculpas, no permiso —me río—. ¿Qué más tenía?
—El primer tatuaje fue tu fecha de nacimiento, en números romanos, sobre su corazón.
No esperaba eso o la emoción que trajo a mi pecho el escuchar esto. Porque el primer tatuaje que Charlie se hizo fue por mí. Y mi primer tatuaje fue por él.
—Vaya —es todo lo que puedo decir.
Mi mamá aprieta mi mano y cambia de tema, con lo cual estoy agradecida.
—¡Lo siento, me fui de tema y me olvidé de ser una anfitriona! ¿Puedo traerles bebidas?
—Estoy bien con lo que sea —dice Edward con facilidad, y concuerdo.
—Phil, trae la botella de tinto que trajimos de Italia. Yo traeré dos copas más.
—¿Quieres lo bueno? —cuestiona Phil, y Renée asiente.
—Por supuesto. Es una ocasión especial. ¿Por qué no?
Desaparecen adentro, y Edward se acerca, jalando de mis dedos.
—Tu papá parece que fue un tipo genial.
Sonrío con tristeza.
—Lo era. ¿Pero un tatuaje de calavera y las tibias? —Bufo—. Pensé que tenía mejor gusto que ese.
Edward ríe en acuerdo. Nos quedamos en un silencio incómodo, y lo veo estudiar todo, desde el gran patio hasta la piscina que usan tal vez dos meses al año.
—Este es un buen lugar —murmura.
—Lo es.
—¿Esta es la casa en la cual creciste?
—Algo así. Nos mudamos aquí cuando tenía once o doce años.
—Entonces, ¿tienes un cuarto arriba?
—Ya no. Mi mamá lo convirtió en su gimnasio.
—Ah.
—¿Por qué? ¿En qué estabas pensando? —pregunto, bajando la voz—. ¿En deshonrar mi cuarto de la infancia?
Él se ríe.
—Solo quería ver cómo lucía tu cuarto. Ya sabes, mirar tu arte abstracto o lo que sea. Pero... deshonrar es divertido también.
—Desafortunadamente para mí, estoy segura que mi mamá sacará algo para avergonzarme pronto.
—Bien. Entonces, ¿cuál es la ocasión especial?
—¿Qué?
—Tu mamá dijo que era una ocasión especial antes de irse. ¿Están celebrando algo?
—Oh. —Sonrío y lo codeo suavemente—. La cena contigo es un gran evento, al parecer.
Él traga, luciendo inseguro de qué decir. Luce algo nervioso, y me pregunto si estaba conteniéndose antes, en el coche, cuando dijo que no estaba ansioso por esta noche.
Pero lo entiendo. Las cenas en el pasado con su propio padre no parecen haber ido bien.
Esta noche será diferente, quiero decirle. Así es cómo las cenas con los padres deben ser. Renée te adulará, y Phil te hará preguntas, genuinamente interesado en tu vida, pero jamás presionando sobre temas delicados. Habrá risas y bromas y mucho vino. Al final de la noche, recibirás un abrazo cálido, algunas sobras, y una invitación para volver la semana siguiente.
Pero no quiero abrumarlo. Parece ser mucho para decir.
En cambio, dejaré que lo vea por sí mismo lo cariñosa, maravilla y acogedora que una familia puede ser.
xx
En algún momento de la cena, después que Renée ha tenido demasiadas copas de vino, ella desaparece adentro por un segundo, y la música que estaba sonando cambia a una de Midnight Sun.
Le envío una mirada a Edward que con suerte expresa «Lo siento, mi mamá es una loca total, pero tiene buenas intenciones.»
En caso de que mi expresión no haya sido clara, decido asegurarme que mi punto se entienda.
—Ella es una loca —digo, tomando un bocado de mi carne—. Lo siento.
Phil lleva su frente hacia su palma, murmurando:
—Me disculpo, Edward. Ella escuchó tu música todo el día. Tuve que obligarla a que la cambiara antes de que llegaran porque no quería que te asustara.
—Está bien —dice Edward, luciendo tanto divertido como avergonzado—. Estoy feliz que le guste.
Renée vuelve a salir, con una sonrisa arrogante y un poco arrepentida en el rostro.
—¡Lo siento! Simplemente son muy buenos.
—Son buenos, pero... vamos —le digo, dándole una mirada—. Cálmate.
Ella agita una mano en mi dirección, pero en secreto me encanta lo excesiva que está siendo con Edward. El halago de Renée puede ser exagerado, especialmente cuando está algo ebria, pero es cómo ella demuestra afecto. Eventualmente, él se acostumbrará.
—¿Qué instrumentos tocas? —pregunta Phil.
—Eh... guitarra. Bajo. Piano...
Renée se ilumina con esto, y ya sé lo que está por pasar. Su capricho por comprar un piano de media cola ha estado sin tocar por años, y sin duda está por pedirle que toque.
—No —le digo, y ella solo se ríe.
—¿Por favor? —pregunta, y Edward nos mira confundido.
—Él no tocará el piano para nosotros, mamá.
—Solo pido un tema. ¿Por favor?
—No... —Edward ríe suavemente, dejando su servilleta sobre su plato vacío—. No he tocado en un tiempo.
—¿Solo una canción? —Ella intenta de nuevo.
Edward me mira, sonriendo pero luciendo inseguro.
—Puede que necesite unas copas más de vino, pero...
—¡Hecho! —dice Renée, felizmente servicial mientras se dirige adentro en busca de otra botella.
A mitad de nuestra tercera botella de vino, los cuatro entramos en la casa, dejando nuestros platos sucios en la mesa del patio, y nos ponemos cómodos en la elegante sala.
Edward se siente en el banco del piano, y exhala lentamente, lo que se transforma en una risa.
Destapa el teclado y toca unas teclas, el sonido retumbando en la sala. Entonces, nos mira expectante, pasándose una mano por el cabello.
—¿Algún pedido?
—Lo que sea que quieras —dice Renée despreocupadamente.
—Mmm. —Él vuelve hacia el piano y piensa por un segundo antes de tocar nerviosamente Chopsticks, ganándose unas risas de nuestra parte. Me siento un poco mal por dejar que mi madre lo meta en una situación incómoda, pero ella tiene buenas intenciones. Lo estudio de cerca, entonces me levanto y me siento a su lado en el banco.
—¿Sabes cómo tocar? —pregunta, frunciendo el ceño.
—Mi habilidad para tocar el piano es tan buena como mis habilidades artísticas —le digo, y él tira su cabeza hacia atrás, riéndose.
Jugamos por un segundo, tocando "Heart and Soul". La cago un par de veces, y él se ríe un poco más, al parecer más tranquilo.
—No creo que sepa algún otro dúo —murmuro—. ¿Qué quieres tocar tú? —pregunto.
—A mi mamá siempre le gustó Sam Cooke, así que me sé algunas de sus canciones. —Comienza a tocar la intro familiar de "Nothing Can Change This Love", y habla sobre las notas, riéndose, manteniendo la vista sobre las teclas—. No esperes que también cante, ¿de acuerdo?
Deseo que lo hiciera, pero no presionaré.
Escuchamos mientras toca la hermosa y dulce canción, sus manos moviéndose sobre las teclas, añadiendo incluso su propio estilo a la música para que suene un poco más de estilo jazz. Él es tan jodidamente talentoso, y odio la forma en que minimiza sus habilidades.
Renée tararea, y entonces comienza a cantar.
Horriblemente.
Debe estar realmente ebria.
Con mi espalda hacia ella, intento contener mi risa. Le echo un vistazo a Edward, que lucha por contener la suya, y comienzo a fallar un poco.
Amo a mi mamá, pero ella está loca esta noche.
Afortunadamente, un minuto o dos después, la canción llega a su fin.
Me seco las lágrimas que se han juntado en mis ojos por mi risa silenciosa.
—¿Estás llorando? —pregunta Renée cuando me doy vuelta.
—Simplemente fue... tan hermosa —miento.
—Oh, sí que lo fue, Edward —le dice mi mamá, sonriendo—. Gracias. —Por la mirada en su rostro, uno creería que Sam Cooke acaba de tocar un concierto privado para ella. Miro a Edward, y sus mejillas se enrojecen mientras tapa las teclas.
—Fue tan bueno —concuerdo—. Pero la música. No tu canto, mamá.
Ella y Phil se ríen conmigo, porque así es cómo somos entre nosotros. Edward luce nervioso de unirse a la risa, quizás pensando que estaría de acuerdo con que la voz de mi mamá es horrible. Pero sus ojos brillan con diversión, así que al menos sé que la está pasando bien.
—Está bien, está bien —dice Phil, poniéndose de pie—. Gracias por consentirnos, Edward. ¿Podemos dejar en paz al chico ahora?
—Por supuesto —dice Renée, luciendo algo ofendida.
—No es problema —dice Edward.
Phil y Renée salen de la sala para limpiar, pero nosotros nos quedamos en el banco por un segundo. Me inclino para besarlo, agradecida de tener un momento a solas.
Estoy por preguntarle cómo lo está llevando, porque mi familia es un poco intensa, cuando Liam aparece.
—¿Puedo mostrarte mi cuarto ahora? —le pregunta Liam.
—Claro, amigo.
No me gusta la expresión traviesa en los ojos de Liam, pero me encojo de hombros.
Edward me mira, señalando con su pulgar por encima de su hombro.
—Voy a...
—Me parece bien. Te esperaré aquí abajo. No me acercaré a esa maldita tarántula. —Liam sube las escaleras, y beso a Edward castamente, susurrando—. Lo siento. Mi familia parece estar obsesionada contigo.
—Está bien. —Se ríe de buena manera—. Me agradan. Ya vuelvo.
Cuando se dirige hacia las escaleras, voy a ayudar a Renée y Phil con la limpieza.
—Él es maravilloso, Bella. Simplemente maravilloso —dice mi mamá cuando estamos sentadas afuera de nuevo, solo las dos, y murmuro en acuerdo.
Los últimos rasgos del día abandonan el cielo, y las lámparas exteriores que rodean el patio se encienden automáticamente, iluminando todo.
—¿Quieres ver mi tatuaje?
Ella se ilumina.
—Sí.
Jalo del cuello de mi camiseta y le muestro el tatuaje. Unas horas después de que el tatuaje fuera hecho, fui capaz de quitar la venda, lavarlo, y ponerle un poco de loción. Me sigue pareciendo una locura que tenga un tatuaje, algo que marcará mi piel para siempre.
Ella se acerca, observándolo.
—¡Oh, me encanta! Muy único. ¿Cuál es la canción?
—Una de las canciones de papá.
Su voz es más suave esta vez.
—¿Qué?
—Sí. Supongo que Edward escuchó algo de la música vieja de papá, y estas notas son del coro.
Veo que su rostro se retuerce con emoción.
—Oh.
—Lo sé.
—Muéstramelo de nuevo. —Se inclina, inspeccionando el tatuaje—. Vaya.
—Lo sé —vuelvo a decir, tragando el nudo en mi garganta que se formó ante su reacción.
—Ese chico te ama. Puedo verlo por la forma en que te mira.
—Si ese no fuera un indicio suficiente, diría que cómo ha estado satisfaciéndolos toda la noche también es testimonio de su amor.
Renée me da una mirada.
—No hemos sido tan malos.
Sonrío hacia mi regazo. La última vez que Renée y yo estuvimos aquí afuera, bebiendo vino, nuestra conversación fue completamente diferente. Edward estaba siendo tan frío conmigo, y no estaba segura de que algo pasaría entre nosotros. Y ahora, solo dos semanas después, estamos en otro lugar tan diferente.
—También lo amo —admito—. ¿Pero no crees que es demasiado pronto?
—Para nada. Supe que amaba a Charlie en menos tiempo. —Su sonrisa es nostálgica—. Estoy feliz de que haya funcionado, cariño.
—Yo también.
Su sonrisa melancólica se vuelve afectiva cuando dice:
—Tu papá lo hubiera amado.
Mi pecho vuelve a llenarse de emoción, y todo lo que puedo hacer es asentir en acuerdo.
xx
—Es oficial —anuncio cuando entramos al departamento de Edward—. Mi familia te ama.
Su sonrisa es dulce, algo orgullosa mientras cierra la puerta detrás de él.
—También me agradan. Esta noche fue muy buena.
—¿No crees que sean locos?
—Son graciosos —dice amablemente—. Y es obvio que se quieren. Excepto Liam —añade—. No puedo creer que haya puesto su tarántula sobre ti.
Pequeño maldito. Me estremezco al recordarlo.
—Y dijiste que no permitirías que la acercara a mí —me quejo.
—La quité de tu hombro, ¿o no?
Lo hizo. Usó el tenedor de su postre para hacerlo. Y luego la cosa despreciable se arrastró por debajo de la mesa. Renée gritó y saltó sobre su silla, mientras que Phil sacudió su cabeza, murmurando que deberían haber conseguido un perro.
Fue entonces que decidí terminar la noche.
Dejo caer mi cabeza en mis mano, riéndome, porque por mucho que esto se haya sentido como un desastre en el momento, creo que mi familia realmente se llevó bien con él.
Son pasadas las once, así que me dirijo hacia el baño para prepararme para dormir, y Edward me sigue.
—Obviamente estás invitado de nuevo el próximo domingo. Si quieres —le digo, parándome frente al lavabo para lavarme el rostro.
—De hecho, voy a estar en Portland el próximo fin de semana. Pero la semana que sigue, claro que sí.
—Oh. —Son noticias para mí—. ¿Portland?
Encuentro su mirada en el espejo.
—Desde el miércoles hasta el lunes.
—¿Para qué?
—Un amigo con el que solía trabajar abrió su estudio, y voy a ser un tatuador invitado allí por unos días. —Su voz está algo amortiguada mientras se cepilla los dientes—. Iba a decirte.
Me encojo de hombros y echo agua sobre mi rostro, luego vierto mi crema de limpieza en mi mano.
—Está bien. Suena como una buena oportunidad. Para crear nuevos contactos y eso. Pero ibas a decirme... ¿el miércoles por la mañana?
—No. Me preguntó hoy temprano, y me olvidé de contártelo. Y concuerdo, es una buena oportunidad. —Se inclina sobre mí para escupir en el lavabo, luego lleva una palma de agua hacia su boca—. Ven conmigo.
—Ja, ja.
—Lo digo en serio.
—También tengo trabajo.
—Cierto. Pero si puedes, me encantaría que vinieras al menos el fin de semana.
Me lavo el rostro, entusiasmándome con la idea rápidamente.
—Hablaré con Esme. Pero, quiero decir... ¿llegar tarde? ¿Avisar que faltaré con solo unos días de anticipación? Eres una mala influencia, jovencito.
Él se ríe y besa mi mejilla a pesar que sigue mojada. Me inclino hacia él y su boca se abre camino por mi mandíbula hasta mi cuello.
—Como si eso te enojara —susurra en mi oído.
Llena de besos mi cuello, y se detiene en mi clavícula, justo sobre mi tatuaje nuevo.
—Deberíamos limpiarlo de nuevo.
—Okey.
Se lava las manos con jabón y agua, y yo me quito la camiseta y el sostén, sentándome sobre la encimera. Hay un brillo en sus ojos mientras se ubica entre mis piernas y suavemente enjabona con jabón antibacterial mi tatuaje. Lo enjuaga con agua fría, luego lo seca con una toallita de papel.
—¿Sabes? Puedo hacerlo yo —le digo, observando la concentración en su rostro. Levanta la mirada hacia mí, luego hacia lo que está haciendo.
—Me gusta cuidar de ti. —A mí también me gusta, y mi vientre da vueltas por su admisión—. Casi termino —dice, frotando un poco de loción sobre el tatuaje—. Creo que sanará jodidamente bien.
Bajo la mirada.
—¿Sí?
—Sí. ¿Crees que quieres otro o fue muy doloroso? —Sus dedos rozan por debajo del tatuaje, luego giran alrededor de mi pezón, haciéndome jadear.
—Estoy segura de que me haré otro, pero puede que espere un poco.
—Me parece bien.
—¿Me seguirás amando a pesar de que no esté cubierta de tatuajes?
Luce algo herido, quizás por mi pregunta, y dice:
—Siempre, Bella.
Estaba mayormente bromeando, pero es bueno saberlo, de todas formas.
—Entonces, ¿Portland? —pregunta, besándome antes de bajarme de la encimera.
—Hablaré con Esme, pero no puedo prometer nada.
—Quiero decir... ¿puedes prometerme que al menos tendremos videollamadas todos lo días si no vienes?
—¿Qué haremos en videollamada exactamente? —pregunto con falsa modestia.
—¿Hablar?
—¿Eso es todo?
Él sonríe ante mi insistencia.
—Podríamos haber lo que no podemos hacer en persona.
—¿Y qué podría ser eso? —murmuro.
En vez de responder con palabras, me toma en brazos, me lleva a su cama, y me lo muestra.
Ya nos quedan dos capítulos, espero terminar esta historia esté año, queda en manos de ustedes eso.
Gracias a las que siempre comentan y nos leemos en el próximo :)
