Mokuba descendió las escaleras ofuscado. La expresión en su rostro no indicaba en lo más mínimo que estaba acudiendo a una fiesta. Primero Seto queriendo dejarlo en ridículo ante todos y ahora Zybil engatusando a Jonouchi y con todo su entusiasmo puesto en aprovechar cualquier circunstancia para hacerle la vida imposible.

"Maldito el día que nos cruzamos" pensó.

Dejando a un lado sus pensamientos sobre la pelirroja divisó a su alrededor. La inauguración se desarrollaría en el espacio recreativo del hotel, a cielo abierto.

El lugar era inmenso. El deck de la piscina sería utilizado como escenario, donde obviamente Anca Tepes daría su discurso de apertura y presentaría a los competidores y el fixture. Habían acondicionado la plataforma con un telón y efectos luminosos, de forma tal que todos los participantes resplandecieran durante su aparición.

Las primeras filas estaban organizadas en mesas largas que albergaban ocho personas cada una. Esos lugares estaban reservados para duelistas, los accionistas de la empresa organizadora, personalidades importantes de la sociedad rumana y del rubro videojuegos a nivel mundial. Entre esos debía estar su asiento y el de su hermano.

El espacio posterior se completaba con varias filas de asientos para los espectadores aficionados.

Y en los laterales del área de amenities, donde estaban las barbacoas, ya se habían dispuesto distintos tipos de alimentos y bebidas.

"Una organización para nada extraordinaria" murmuró encaminándose hacia los primeros lugares. Había muchísima gente y cada dos o tres pasos se veía obligado a pedir permiso.

De pronto una mano sujeto su hombro. ¿Sería Seto?

"O Zybil…" consideró volteandose.

Ambas suposiciones eran erradas. Frente a sí había una chica de cabellos castaño lacios, que apenas repasaban sus hombros, y ojos marrones inmensos, aunque podría tratarse de que los había abierto demasiado.

"¿Una fan?" se preguntó, consciente de que no la conocía. Era una chica de su edad que en realidad no resaltaba del resto ni por su aspecto físico ni por su forma de vestir, a diferencia de Zybil. "¿Querrá un autógrafo mío?" especuló.

"O que le consigas uno de Seto…" su voz interior sugirió.

"Cállate" se ordenó, molesto, en su mente.

"Soy tú."

Al ver como fruncía el ceño, la chica consideró que quizás no había sido una buena opción entrar en contacto con él; se veía enfadado.

—Soy Mihaela —le dijo, extendiendo su mano para saludarlo, aunque había perdido un poco de la convicción que al principio tenía.

—Yo soy Mokuba —el menor de los Kaiba respondió el saludo aún sin sacar nada en limpio sobre ella—. Es un placer, Miguela.

—No… no se pronuncia así— dijo con horror, negando con ambas manos frente a su rostro, en un gesto exagerado.

—Es como tú lo dijiste…

—¡Claro que no! Tu pronunciación fue terrible —le reprochó—. Jamás habían humillado mi nombre de esa forma.

Mokuba la observó atónito. ¿Realmente era para tanto? ¿Por qué era tan exagerada?

—¿Y a qué viene esto? ¿Qué quieres? ¿Mi autógrafo?

Mokuba, que ya estaba fastidiado, no quería seguir perdiendo el tiempo, y menos con una desquiciada.

De pronto Mihaela perdió toda expresión en su rostro. Lo observó dejando caer sus brazos a un lado. Y con cara de nada le dijo:

—Vine a buscarte porque mi hermana me pidió que te indicara tu asiento y el de tu hermano. Así que si me sigues podré cumplir con mi trabajo.

Sin decir más pasó junto a un sorprendido Mokuba rumbo a la mesa que estaba justo enfrente al escenario.

Mokuba necesitó unos segundos para procesar aquello y comprender la situación. Enseguida, entusiasmado de que por fin iba a cruzarse con la empresaria, siguió a una Mihaela que lucía seria e indiferente, pero que en realidad estaba muy molesta.

—Eres la hermana de Anca, jeje… Debiste empezar por ahí— tras unas zancadas logró quedar a un lado de la rumana.

—Quizás estés en lo cierto— Mihaela le respondió sin dirigirle la mirada—. Por cierto, iba a pedirte un autógrafo…

"¡Lo sabía!"

—…de tu hermano.

Mokuba se detuvo en seco, con su orgullo herido. "Te lo advertí" le recordó su voz interior. Humillado, continuó avanzando. Mihaela ya estaba junto a una de las mesas, donde otras cinco personas completamente desconocidas para él estaban sentadas. Ni rastro de Anca Tepes.

Uno de ellos, más joven que los otros, quizás de su misma edad, se levantó de su asiento y se le acercó.

—Soy Iván Nowinsky— se presentó extendiéndole una de sus manos mientras la otra se escondía en una de los bolsillos de su pantalón.

—Es un placer. Soy Mokuba Kaiba— sonrió, estrechando su mano. Realmente no le sonaba su nombre para nada.

—¡Sí! Todos conocemos a la mascota de Seto Kaiba— y tras decir esto lanzó una carcajada.

—Ubícate, Iván— dijo uno de los que estaba sentado en la mesa antes de que Mokuba pudiera responder. Se trataba de un hombre joven, de casi treinta años, con ciertos rasgos hindúes.

—Era una broma— dijo el chico rubio, sonriendo y posando un brazo por encima de los hombros del menor de los Kaiba— para que Moki entre en confianza.

—Soy MOKUBA— de un empujón se sacó su brazo de encima. Este chico le recordó a Otogi.

—Oye, cálmate. ¿Qué acaso no tienes sentido del humor?

—Ignóralo, Mokuba— Mihaela intervino, en cierta forma para evitar un altercado en el torneo de su empresa y, por otro lado, porque ella no soportaba al duelista—. Su victoria en el campeonato se le subió a la cabeza.

—¿Qué campeonato?— consultó Mokuba, desconociendo los antecedentes.

—Señor Mokuba— dijo Iván con sorna—, usted tiene el honor de hablar con el Campeón Juvenil de Europa. Fue un torneo muy duro hasta la final. A partir de ahí ganarlo fue ridículamente fácil— rió.

—¿A quién le ganaste?— preguntó Mokuba más interesado en conocer esos detalles que en preocuparse por las burlas del otro presumido.

—A mí— contestó Mihaela, con la mirada perdida.

—¿Tú vas a competir?— Mokuba evitó profundizar en el torneo anterior y se concentró en el presente.

—Claro.

—¿Entonces podrías hacerme un favor?

Mihaela lo miró fijamente, con curiosidad.

Zybil y Jonouchi comenzaron a atravesar las filas de asientos hasta llegar a la mesa donde Yugi, Shizuka, Honda y Ryuji estaban sentados. Era una de las mesas que estaban en primera línea, pero más próxima a un extremo lateral. De todas formas, la vista al escenario no era despreciable.

La pelirroja se sentó junto a Otogi, quedando frente a los otros tres, y Jonouchi se sentó a su lado. Aún había dos asientos libres, uno de esos seguramente para Anzu.

—Te ves espectacular— Otogi acompaña su cumplido con una amplia y seductora sonrisa.

—Gracias— Zybil respondió con una fingida modestia que a todos les resultó de lo más genuina—, sé que por lo general me visto horrible…

— Eso no es cierto— le reprochó Jonouchi—, tu estilo es único.

—¿De veras lo crees?— no fue nada difícil para la pelirroja fingir timidez.

—¡Claro que sí!— Jonouchi no podía creer que Zybil dudara tanto de su aspecto.

—Lo que no entiendo mes por qué usas un gorro de aviador— interrumpió Yugi la lluvia de halagos, realmente curioso.

—Oh…eso— "¡Bingo!" pensó, viendo la pregunta como una oportunidad para simpatizar más con el actual Rey de los Duelos—. Es para recordarme mi sueño. Desde pequeña quise ser aviadora. El cielo es tan hermoso que siempre quise acercarme…— el volumen de su voz fue descendiendo progresivamente al comprobar que Yugi desviaba su atención a un lugar en particular.

Zybil dirigió su mirada hacia esa dirección para comprobar que era Anzu a quién esa campeona observaba. Esa chica no dejaba de ser un estorbo; la lealtad de Yugi hacia ella parecía ser inquebrantable. Y Anzu Mazaki era una de las principales razones por las que Yugi siempre se alzaba victorioso, constantemente recordándole el valor de la amistad. Pero hoy por hoy, la castaña sobraba. Tendría que actuar cuanto antes para destruir ese lazo.

Anzu sintió varios pares de miradas fijarse en ella. Ya había notado que sus amigos se encontraban sentados en una mesa en primera fila, pero como no tenía intención de soportar a Zybil durante lo que se suponía que era una fiesta, optó por buscar otro lugar donde presenciar la inauguración.

¿Acaso Mai no podía estar por ahí? ¿O Lyon? ¿O alguien?

Tampoco pensaba en darle a Zybil el placer de verla sentarse sola mientras ella disfrutaba de sus amigos.

De pronto visualizó la única cara conocida que no estaba en el grupo de la pelirroja. Mokuba estaba de pie junto a una mesa, conversando con una joven. Decidida se aproximó a ellos.

—¡Anzu!— Mokuba levantó la mano al verla. La castaña lo notó muy animado, quizás por la chica que lo acompañaba o quizás por la fiesta misma. Quién sabía…

—Mokuba, pareces más grande— rió mientras saludaba a ambos.

—Y tú hermosa, como siempre.

—Soy Mihaela Tepes— interrumpió tras carraspear.

—¿Eres algo de la organizadora?— preguntó Anzu.

—Soy la hermana— respondió sin ninguna emoción.

—Ella participará del Torneo— agregó Mokuba.

—Sí, porque soy la hermana.

Mokuba la observó confundido. La chica que acababa de responder parecía completamente distinta a la que se arrimó para saludarlo. Como si se hubiera apoderado de ella una suerte de autodesprecio de un instante a otro.

—Oye, estás aquí porque eres Vicecampeona Juvenil de Europa, lo cual no es nada despreciable.

—Y porque soy la hermana. No puedo negar ninguno de los dos aspectos, pero nuestro parentesco es determinante— sin dar lugar a que Anzu o Mokuba le dijeran algo continuó:—. Escuchen, mi hermana es muy exigente. Lleva meses planeando esta competición. Dedicó mucho tiempo en investigar a todo duelista que se presentaba a cuanto torneo se llevó a cabo, y se esmeró al máximo para reunir a cada uno de los campeones. La única perdedora que va a participar soy yo, y si no fuera su hermana, no sería así. Soy la única que no tiene títulos. Eso lo dice todo.

Mokuba quedó estupefacto; parecía no haber forma de convencerla de lo contrario.

—Quizás estás en este torneo para que sea tu primer título.

Mokuba sonrió, Anzu siempre sabía cómo animar a los demás.

—¿Tú crees?

—¡Pues claro! Nadie tiene el torneo ganado aún, Mihaela.

—Esa pronunciación es la correcta – le dijo a Mokuba la menor de las hermanas Tepes—. De todas formas, si gano este torneo todo el mundo creerá que estaba arreglado porque soy la hermana.

Mokuba tenía razón, no había forma de sacarle esa idea de la cabeza. Por eso decidió cambiar de tema.

—¿Y tu hermana?

—Debe de estar ultimando detalles… Se está retrasando un poco, ¿no?

—¡Seto! – Mokuba exclamó aliviado de que el cabello de su hermano luciera prolijo— Te hiciste desear – rió.

—Quería ahorrarme algo de aburrimiento, pero veo que no lo logré. La inauguración está retrasada casi media hora, lo que denota una organización deficiente.

Seto cerró los ojos y cruzó los brazos, convencido de lo que acababa de decir.

—Realmente es cierto que te haces desear.

Anzu, Mokuba y Mihaela dirigieron su mirada hacia Anca. Seto reconocía esa voz. Y en cierta forma le provocaba cierto placer que la ceremonia se hubiera retrasado sólo porque él no estaba presente. ¿Qué otro motivo podría haber?

—Será mejor que los duelistas vayan tomando lugar detrás del telón – pasó su mirada por Mokuba y luego la depositó en su hermana. Después, sin decir nada más, se retiró.

Anzu observó cómo se alejaba, con un poco de curiosidad. Le resultaba llamativo que aquella mujer no los saludara como correspondía, y más aún que no le diera unas palabras de aliento a su hermana. ¿Por qué todos los empresarios tenían que ser unos engreídos?

—¿Mokuba, me acompañas? – Mihaela sacó entusiasmo quién sabe de dónde y sonreía.

"Es bipolar" se dijo el menor de los Kaiba, cada vez más contrariado.

—Claro…

—Por cierto… Anzu, puedes ocupar mi asiento. No creo que vaya a usarlo de todos modos – le aclaró Mihaela señalando el asiento libre de la punta, frente a donde estaba Iván—. El de al lado es el de Kaiba.

—Oh… ¡Gracias!

Anzu estaba un poco más aliviada sabiendo que no iba a sentarse sola. Seguramente cuando los duelistas fueran presentados Mokuba regresaría. Observó a los otros cinco que tenía enfrente. Ninguno hablaba, ni siquiera entre ellos. El que estaría frente a Mokuba era un hombre de unos veinticinco años quizás, de cabello castaño claro y por los hombros, de ojos celestes cubiertos con lentes y vestía un traje gris.

El segundo, que estaba frente a Kaiba, sin dudas era afrodescendiente. Su piel morena, sin embargo, lucía pálida en comparación con sus orbes negros. Ambos estaban subrayados por unas notorias ojeras. Su cabello azabache, que no llegaba a los hombros, estaba totalmente despeinado y vestía un buzo blanco que le quedaba exageradamente grande. Tenía un aspecto desaliñado que no facilitaba determinar su edad aproximada.

El tercero, de ascendencia hindú, lucía mayor que los otros dos. Tenía el cabello corto y negro, y vestía un smoking negro como Kaiba.

Los otros dos se habían retirado junto a Mihaela y Mokuba.

Anzu tomó asiento, notando que Kaiba también lo hacía. Eso le extrañó, había creído que el mayor de los Kaiba competiría. Quizás, sabiendo que él solía no respetar las reglas ajenas, esperaría hasta último momento para subir al estrado o ni lo haría, considerando ese tipo de presentaciones innecesarias o absurdas. Luego recordó que Mokuba les había mencionado que no sería así al arribar al hotel.

Sintiéndose un alíen en esa mesa de desconocidos se decidió a entablar conversación con la única persona que conocía; al menos mientras aguardaba a que Mokuba regresara.

—¿Tú no vas a competir?

Seto no reaccionó; o mejor dicho, reaccionó como si no la hubiera escuchado. Lo que sí hizo fue colocar los codos sobre la mesa y entrelazar sus dedos, dejando sus manos frente a su cara y mirando hacia el estrado.

Anzu decidió no molestarse, sólo a ella se le ocurría querer socializar con Kaiba.

—No me hables – Seto le dijo, con un volumen de voz muy bajo. Anzu lo observó, él aún continuaba sin dirigirle la mirada. Para su mayor sorpresa, continuó hablando—. Conozco a la prensa de este país. No quiero que me asocien contigo, y tú no querrás que te asocien conmigo.

Mazaki miró a su alrededor. Si bien era cierto que había muchos fotógrafos, reporteros y camarógrafos en la ceremonia, ninguno estaba siguiéndole los pasos al empresario. Sin dudas Kaiba se creía el centro de atención.

La única persona que los observaba con cara de nada era el componente afrodescendiente de la mesa. No les sacaba los ojos de encima, no sabía bien si observaba a Kaiba o a ella misma.

Anzu se replanteó su decisión, porque a fin de cuentas se había sentado con unos desconocidos; a excepción de Seto, claro. Pero él no le hablaría.

Se levantó de su asiento y se dirigió al baño, sin percatarse de que alguien la estaba observando.

—¿Qué sucede? – preguntó Jonouchi, alarmado por la forma repentina y mecánica en que Zybil se puso de pie. Al notar que ella no le estaba prestando atención, dirigió su mirada hacia el mismo lugar en que ella la estaba fijando: era Anzu.— Zybil— insistió asiendo su brazo.

Zybil lo miró unos instantes, cayendo en la cuenta de lo que preocupaba al rubio, y luego sonrió.

—Iré a disculparme.

Y sin decir más se dirigió al baño.

Jonouchi la contempló mientras se alejaba. Evidentemente Zybil sentía un remordimiento terrible por la forma en que se había comportado con la castaña y no podía aguantar más tiempo para disculparse.

Anzu se observó en el espejo que cubría casi toda la pared, sobre las piletas de mano. Tenía que aclarar sus pensamientos. De nada le servía ahora desear nunca haber viajado. Ya estaba allí, y debía pasar esta estadía de la mejor forma posible. Y lograr lo que se había propuesto.

De repente la puerta se abrió y se cerró y la agobiante pelirroja se posicionaba a su lado con una expresión de triunfo totalmente insoportable. Anzu le dirigió su mirada de máximo desprecio. Y era la primera vez que la ponía en práctica.

—No me mires así. Jonouchi insistió en que viniera a disculparme— rió mientras observaba la reacción de Anzu a través del espejo. Antes de que Anzu le dejara claro que jamás aceptaría sus disculpas, continuó:—. Lo no se imagina es que tú no vas a permitírmelo.

Zybil comenzó a lavar sus manos de la forma aparentemente más natural, pero Anzu sabía que no había venido sólo para eso. Y cada segundo que pasaba la situación se hacía más cargante.

Hasta que Mazaki amagó a retirarse.

—¿Aún no lo has notado?— dejó caer mientras se secaba las manos. Anzu le clavó su iracunda mirada aguardando a que la otra explicara mejor a qué se refería, aunque una parte de ella le decía que era mejor ignorarla y regresar a la ceremonia.

Zybil levantó la vista y la depositó en la bailarina.

—Estás de más— y sonrió. Y levantó su brazo a la altura de su rostro. Y se abofeteó.

Anzu quedó inmóvil observando cómo la pelirroja se golpeó a sí misma. ¿Acaso se había vuelto loca?

—¿Por qué me atacas?— le preguntó mientras se rasgaba una de las tiras de su vestido negro, dejando su hombro descubierto—. ¡Anzu, no!— gritó, mientras se cacheteaba una y otra vez— ¡Detente por favor!

Anzu se liberó de su estupor y la tomó de las muñecas sacudiéndola.

—¿Qué diablos haces?— le recriminó, consciente de que los gritos se escucharían desde afuera.

Zybil se percató de que alguien abría la puerta y se arrojó al piso, a la vez que Jonouchi, Honda y Yugi ingresaban. Anzu comprendió entonces lo que la retorcida colorada trataba de hacer.

—¡Zybil!— Jonouchi se aproximó a su lado, ayudándola a ponerse de pie.

—¿Qué demonios te sucede? – le reprochó Honda, totalmente extrañado.

Yugi se dio media vuelta y salió del baño. Anzu lo siguió, lo tomó del brazo y lo detuvo.

—Yugi, no es lo que crees.

Anzu no recordaba haberse sentido tan mal en su vida como en el momento en que Yugi se volteó, con duda y decepción claramente reflejadas en sus ojos. Quizás podría compararse a aquélla vez que Atem se fue definitivamente.

—Tengo que subir a la presentación – le dijo Yugi desviando su mirada. Siguió caminando, sin darle a su mejor amiga tiempo de reaccionar.

Anzu, volviendo en sí, notó cómo Jonouchi y Zybil salían del baño y subían las escaleras. Notó también cómo Shizuka se acercaba a la pelirroja preocupada, y como Honda le explicaba lo ocurrido. Y vio a Otogi acercándose a donde ella se había quedado parada. No estaba de ánimos para discutir con él ni con los otros, tampoco quería cruzarse con Zybil o Jonouchi en los palieres del hotel.

Regresó a sentarse en el asiento de Mihaela, aturdida.

Y notó enseguida que Kaiba la estaba observando, seguramente molesto con que regresara. Anzu lo miró con la expresión de mayor irritación que le salió, pero se sorprendió al notar que el empresario la observaba con curiosidad. Al ver que tenía su atención, Seto le espetó:

—¿Por qué no estás haciéndole porras a Yugi?

Obviamente, se cuidó de decirlo en voz baja.

Anzu estaba demasiado irritada cómo para tolerar a Kaiba y sus groserías.

—¿Por qué no estás jugando a la mamá gallina con tu hermano?

Seto abrió los ojos sorprendido, luego los cerró y sus labios se curvaron en una mueca sardónica.

—Tú no eres tan buena cómo quieres hacerles creer a todos.

Zybil tratando de destruir la amistad con sus amigos y Kaiba divirtiéndose con su ira. Y ese insoportable chico que parecía no quitarle los ojos de encima.

—¿Y tú qué miras?— le recriminó harta de tanta observación. El otro ni se inmutó, pese a que todos los presentes en la mesa los observaron. Tampoco dejó de mirarla. Anzu se mordió el labio con fuerza.

—Kaiba, ¿por qué no nos presentas a tu novia? – dijo el moreno de la nada.

—¡Ella no es mi novia!

—¡Él no es mi novio!

En un instante cientos de cámaras se enfocaron en esa mesa, más específicamente en Seto y Anzu. Ambos, conscientes de que haber gritado había sido un grave error, no sabían dónde meterse. Kaiba observó amenazante al chico y le aclaró:

—Considérate un hombre muerto.

El aludido pestañeó una vez. Y otra. Y otra. Y sin cambiar su expresión de nada dijo, dejando a Seto y a Anzu estupefactos:

—Soy una mujer.

Anca Tepes respiró hondo y se paró tras el estrado. Llevaba meses planificando esa instancia, y que le salieran con este tipo de sorpresas a último momento no le daba ninguna gracia.

Miró detrás del telón donde los duelistas estaban posicionados, y se mordió el labio, no convencida de lo que iba a hacer.

Volvió a observar hacia el público, y cientos de flashes impacientes obstaculizaron su visión.

Era hora de comenzar.

Anca comenzó por presentar al campeón Japonés, Yugi Moto, y al vice campeón, Jonouchi Katzuya. El público ovacionó al actual Rey de los Duelos, pero cuando el segundo telón se levantó y el duelista rubio no estaba detrás, los espectadores comenzaron a murmurar y murmurar sin parar. La irritación de la empresaria era indisimulable, ya se imaginaba los titulares de la prensa al día siguiente, aludiendo a la poca seriedad con la que los duelistas se habían tomado la ceremonia.

Esforzándose en mantener su compostura, Anca presentó al campeón latinoamericano y a la campeona norteamericana. Los murmullos cesaron progresivamente, permitiendo que continuara su discurso con normalidad.

La empresaria presentó al campeón juvenil de Europa, Iván Nowinsky, y a la vice campeona Mihaela Tepes. Procedió a presentar al Campeón Europeo Sénior, Engel von Schlafendër, duelista de origen alemán y conocido diseñador de ropa, y al vice campeón del mismo torneo, el griego Paris.

Llegó el turno de la campeona de África, Ariadna Adze, ghanesa mundialmente conocida como "Ad" y famosa por su aspecto desaliñado y andrógino.

Anca miró el último telón, preguntándose si lo que iba a hacer le quitaría toda la seriedad al torneo, repleto de duelistas de élite…

—Y por último, les presento a nuestro invitado especial, en su primer presentación en torneos oficiales… ¡Mokuba Kaiba!