Estoy algo triste. Oficialmente esta es la última historia que publicaré en 2020, ¿por qué triste entonces?, porque no publiqué tanto contenido como me hubiera gustado.

De todos modos, espero disfruten esta pequeña historia de comedia, he estado viendo parte de JJBA, y si, como su nombre lo dice, es un anime muy bizarro. No soy un experto, pero los stands me han gustado, así que decidí hacer esto como especial.

Agradecimientos especiales a mi mentor, "Insanity G" por haberme ayudado con el nombre del Stand de Frisk Murakawa, a mi hermano de otra madre "Eien no Hiryu" por haberme explicado más sobre la mitología navideña, y a mi colega "Hero" por haberme aconsejado respecto a algunas escenas.

Multiverso.

One-shot: Una aventura de locura.

Au: Undertale Clásico.

.

.

.

-[Fragmento 1: Una plática antes de navidad]-

CLACK

El golpeteo que vino del cristal cuando las manitos de Francisca Murakawa cayeron en el mismo fue fuerte. La pequeña usuaria de rosa apegó su rostro a más no poder a la ventanita, usando sus ojitos para ver al cielo lo más que podía, buscando señal alguna del trineo de Santa Claus. No importando cuanto tratara, lo único que alcanzaba a vislumbrar eran copos de nieve cayendo sin cesar, y por supuesto, las luces que plagaban tanto calles como casas.

"Ya párale Frannie, Santa no está aquí todavía"

Acostado en su colchón, Richard Murakawa, su hermano mayor, observaba un libro de cuentos con visible interés, la historia del soldadito de plomo siempre había sido una de sus favoritas, aún a sus trece años de vida conservaba gusto por las historias infantiles, quizás porque el haber sido hermano mayor a la corta edad de cuatro germinó semillas mixtas entre paternidad y fraternidad en él.

O tal vez, simplemente gozaba de su infancia por un tiempo más extenso que sus pares. No era muy usual ver a un niño de doce años compartiendo con pequeños de ocho, incluso si dos de los tres eran sus hermanos.

Francisca: ¡Santa si va a venir, hermano! -exclamó la pequeña usuaria de amor, no volteando a ver a perseverancia pese a sus modales. Obviamente, Richard sabía muy dentro de sí que Santa Claus no existía, había descubierto los regalos de sus padres en el ático cuando tenía seis años, para su buena suerte, Frisk y ella eran demasiado pequeños como para darse cuenta, y aún mantenían esa inocencia junto a la pequeña Pauline.

Santa era tan real como los monstruos.

Mitos, en resumidas cuentas.

Pero debía mantener las apariencias hasta que ellos mismos se dieran cuenta de la verdad, iba a esperar pacientemente el día en el que dejaran de enviar cartas, y si necesitaban llorar mientras la magia navideña perdía su hermoso tono multicolor, él iba a estar allí para darles consuelo cuanto quisieran en compañía de sus padres, aunque ese día estaba lejos de llegar todavía.

Por algo estaban los cuatro juntos pasando la noche en el ático en cuestión, mientras muy probablemente, sus padres programaban sus alarmas para despertarlos a las siete y que pudieran acomodar los regalos antes de su despertar, debía darles crédito eso si, porque este año no los consiguió encontrar por más que buscó.

Mientras Francisca gastaba sus energías empañando el vidrio con sus suspiros, Frisk y Pauline estaban acostados a su alrededor, cual dos pequeños cachorros acurrucados al lado de su padre, era algo irónico. Había abierto aquel libro únicamente para poder entretenerse él solo, y sin embargo, terminó transformándose en una lectura silenciosa entre tres personas.

Aunque ninguno de los dos iba a durar mucho más.

Richard: ¿Ya te estás cansando, hermanito? -cuestionó mirando a su alrededor, Frisk tenía unas pequeñas marquitas oscurecidas debajo de sus ojos, las ojeras por falta del sueño, que pronto iba a llevárselo. Pero se rehusaba a dormir, creyendo que iba a lograr ver al rojo bonachón, en compañía de su mejor amiga. Para ser la primer pijamada que pasaban juntos -y en el maldito ático, ¡por todos los cielos!- había durado bastante.

"Mhmm..."

La respuesta que le dio fue pesada y lenta, casi tanto que le dieron ganas de reír. Mirando a su derecha, Pauline Starline mantenía un rostro sereno, si bien no mostraba signos de cansancio tan marcados como los de su hermano más pequeño, el bostezo que soltó segundos después la delató. Como siempre, la estrella azul y el cielo rojo competían, probablemente sobre quién se dormía primero.

Era adorable y lindo, el cómo ambos parecían haber nacido para ser rivales.

Le hacía preguntarse, ¿qué les depararía el futuro a ambas familias?

"Yaaaawn~"

Otro bostezo llegó a sus oídos, esta vez de sus propios labios. Aparentemente, el ser responsable y dormirse antes de las once estaba empezando a pasarle factura, sin duda alguna iba a dormirse pronto. Bueno, no es como si tuviera que preocuparse por algo, Alexander junto a Stelle se aseguraron de limpiar hasta el último rincón de aquel sitio, matando a todas las arañas y alimañas que pudieron encontrar luego de que sus padres quitaran las cajas en la tarde.

Apagando las luces, escuchó los quejidos de su hermanita, luego sintió su cuerpo acomodarse en el colchón; como era de esperarse, él estaba en medio de los tres, Frisk y Pauline abrazándose -o eso intuía por el pequeño peso que sintió hacía unos momentos encima de él, alguno de ellos había pasado por encima para ir con el otro-, y Francisca durmiendo en una esquina.

Richard Murakawa cerró los ojos con una sonrisa, esperando impaciente las reacciones de aquellos tres niños en la mañana.

Pero en la penumbra, dos pequeños pares de brazos se buscaron mutuamente, para concretar un abrazo. Frisk, sin vergüenza ni temor alguno, pasó por el cuerpo de su hermano hasta llegar donde había visto por última vez a la rubia de orbes celestes, el calor nato de su alma trayéndole una sensación de relajo extremo, que añadió potencia al cansancio que experimentaba desde hacía rato.

Pauline le abrazó sin rechistar, como era de esperarse, ambos dándoles la espalda a Francisca y Richard respectivamente, estando en el medio.

"¿Crees que Santa venga, Estrella?"

Hubiera caído dormida de no ser por la voz del muchacho, quien aparentemente, estaba al borde de caerse dormido. Una pequeña sonrisa apareció entre los labios de Pauline, mientras su mano acariciaba cariñosamente la espalda de su primer y mejor amigo, asintiendo delicadamente. Ella también creía fervientemente en que iban a recibir cientos de regalos, Santa Claus sabía dónde estaban los niños después de todo.

Papá y mamá se lo habían dicho, y todos sabían que los padres nunca mentían.

Pauline: Por supuesto, Cielo... -contestó soltando otro bostezo no mucho después. Un "hemos sido buenos" en forma de pregunta vino de parte de Frisk, cosa que ella confirmó. Lo último que Pauline escuchó antes de quedarse dormida fue un "Te quiero mucho", que la hizo feliz.

Para ser su primera pijamada en un ático... con Frisk, Francisca y Richard aquí, no tenía miedo en absoluto.

.


.

-[Fragmento 2: Oh-ho-ho dios]-

Cuando abrió los ojos, no fue porque hubiese sentido pisadas en el techo o a alguien escabulléndose por la chimenea como había esperado. En su lugar, despertó con la cara mirando al suelo, y con Frisk tirado a su costado izquierdo, no entre sus brazos. Pauline, quien era una chica lista, se levantó de inmediato teniendo un mal presentimiento.

Richard y Francisca no estaban con ellos, tampoco había señales de sus padres, más bien... la casa estaba completamente vacía sin contarse a si misma junto al castaño.

Solo entonces, cuando dejó de pensar e hipotetizar, reconoció la musiquita inconfundible de las luces navideñas en el árbol de la familia Murakawa, lo que la hizo mirar hacia atrás. Sus ojos se abrieron como platos al ver, una montaña de regalos brillantes cubriendo la base del mismo, regalos que ciertamente, no habían estado ahí anteriormente.

¿Santa había pasado, y ni siquiera la despertó?

"¡FRISK!, ¡FRISK!, ¡DESPIERTA, DESPIERTA, ES SANTA, YA ESTUVO AQUÍ!"

Exclamó con todas sus fuerzas, corriendo hasta donde estaba su compañero, agarrándole de los hombros para empezar a moverlo de forma violenta, no importándole estar arrugando su pijama color azul. Poco a poco, el hijo de Angélica y Jonathan empezó a gruñir entre sueños, abriendo los ojos lentamente, pues siempre se caracterizó por tener el sueño pesado.

La silueta inconfundible de su exaltada estrella azul le recibió, junto a las luces del árbol navideño que armó junto a su familia el primero de Diciembre.

Y luego vio los regalos.

Adrenalina llenó su cuerpo y su grisácea alma en ese preciso momento, y fue como si todo el sueño en su pequeño ser hubiese desaparecido por completo, siendo reemplazados por una excitación y emoción que únicamente sentía al ver aquellos presentes en fechas como aquellas. Lo primero que hizo, fue gritar, luego levantarse, y correr para abrazar el primer paquete que encontró.

Uno de color carmesí con listón verde.

Frisk: ¡SANTAAAAA!, ¡REGALOS, REGALOS, REGALOOOOS! -gritó desde lo más profundo de su ser, casi aguantando las ganas de llorar, al igual que él, Pauline se lanzó a demostrar su amor a las cosas materiales tan pronto como le fuese posible, aunque inevitablemente su emoción disminuyó, no por completo, pero si lo suficiente para notar que estaban solo él y ella en aquel cuarto- Oye, Pauline, ¿dónde están Frannie y Richard?, ¿y mamá y papá?, ¡tienen que ver esto, Santa vino!

Por supuesto, la realidad golpeó a Paciencia otra vez. ¿Dónde estaba todo el mundo?, Regalos, luces, música, pero por lo oscuras que estaban las ventanas, aún era de noche. No había amanecido todavía, ¿tal vez dormirían?, pero de nuevo, si estaban todos dormidos, ¿cómo terminaron ellos dos ahí abajo?, se suponía que pedirían ayuda a Richard para abrir la entrada del ático en caso de querer salir.

Mientras más lo pensaba, más extraño le parecía todo.

Tal vez, y solo tal vez, las cosas no eran tan bonitas como quería creer.

"O-oye cielo, ¿por qué no vamos a buscar a los demás primero y luego abrimos los re-"

"HARRRRGHHH~"

Su incertidumbre probó ser cierta.

Pauline cerró la boca en el momento que escuchó algo más que su voz o la de Frisk, optando por seguir sus propios instintos. Sus piernas actuaron solas, y, como si hubiera decidido iniciar un combate, se lanzó contra él extendiendo los brazos. El Cielo rojo de Ebott, sorprendido, no tomó represalias. En su lugar, se dejó empujar hacia atrás, viendo con ojos abiertos como una figura oscura se lanzaba hacia el regalo que anteriormente había estado abrazando.

La pareja de niños rodó por el piso en un par de ocasiones, lastimándose ligeramente debido a la madera, más ninguno salió del rango que tenían las luces navideñas. Pauline terminó encima de Frisk, quitándose instantáneamente, pues los sentidos de guerrera que había curtido mediante sus combates e indicaciones de parte de su maestra, le decían que no había tiempo para titubear.

Murakawa se puso de pie no mucho después, aún sorprendido.

Frisk: ¡¿Q-q-qué es esa cosa?! -musitó, observando más de cerca aquella abominación; no tenía características físicas distinguibles más allá de los puntos blancos que tenía como ojos, y una boca llena de dientes similar a los tiburones o cocodrilos, la atención de esa cosa negra estaba lejos de estar puesta en él o la rubia, de eso se dio cuenta casi de inmediato, junto al nombre de la etiqueta- ¡O-OYE!, ¡ESE REGALO ES DE MI MAMÁ!

Solo entonces, se dignó a mirarlo. El marrón perteneciente a ojos humanos, contra aquellos enormes puntos blancos. Poco a poco, los dientes se curvaron, trayendo escalofríos al pequeño cuerpo de Keppler Murakawa Lone. Esa sonrisa no traía nada bueno, y por como estaba alzando uno de sus brazos, poniendo los dedos en posición para atacar...

CRRRASH~

"¡NOOOO!"

Tenía razón.

De un solo zarpazo, destrozó el regalo completo frente a sus ojos. El papel de regalo, la caja, el listón, y por supuesto, su contenido: un hermoso set de tazas navideñas, justamente lo que ella le había dicho, pidió en su carta. Siguió atentamente el pedazo de porcelana con el rostro de Rodolfo el reno, girando hasta que cayó en la alfombra, desapareciendo en un manto de oscuridad como si nunca hubiese existido.

El regalo de su madre había sido destruido, y ni la magia navideña pudo salvarlo.

Lágrimas no tardaron en salir de sus ojos, los cuales cerró. El regalo de su madre, el bendito regalo de su madre había sido despedazado y devorado por la negrura. ¿Cuánto tiempo habrían pasado los duendes construyendo aquellas tacitas, pintándolas, una a una?, ¿cuánta tristeza tendría mamá al levantarse la mañana de navidad, y ver que no había nada para ella?

¿Lloraría?

¿Mamá iba a llorar, en el día de navidad?

"¡Frisk, no puedo usar mi magia!"

La desesperación que tenía aquél tono, esa frase tan corta, le hizo abrir los ojos. Pauline, parada a su lado, estaba igual de desesperada que él, porque nuevamente, aquella cosa había agarrado otro regalo más. Ciertamente, él tampoco era capaz de utilizar su magia para impedir el nuevo acto de destrucción que planeaba cometer, peor aún, este regalo era para su hermano mayor.

Con una risa gutural bastante potente, acercó sus garras hasta el preciado obsequio, dispuesto a hacerlo pedazos una vez más.

Esa fue la gota que rebasó el vaso.

Frisk: ¡DETENTEEEEEEEEE! -ahora no era solo dolor y tristeza lo que traía su voz, sino ira también. Navidad era una época familiar, una época para regalar, para disfrutar, para pasarlo con sus seres queridos, pero también era para recibir, todo lo que con tanto esmero prepararon Santa y sus elfos durante trescientos sesenta y cuatro días. Aún sin magia, no podía permitir que esto siguiera pasando; iba a lanzarse a pelear por la Navidad si era necesario.

Pero, para su suerte, no lo fue, pues sucedió algo que ninguno de los dos pequeños estaba esperando. Una silueta de tonos dorados pareció desprenderse del cuerpo del muchacho, llegando en un instante hasta donde estaba al silueta. Si bien, no podía comparar su tamaño con un adulto, su altura era similar a la de un adolescente, y aparentemente lo mismo podía decirse de su fuerza.

Porque hizo su puño derecho hacia atrás, con la cara de aquél ser oscuro como su objetivo.

"[MERRYYYYYYY]"

Tras impactarlo, con aquel grito de guerra como advertencia, lo apartó lanzándolo cual misil de regreso a la oscuridad cubriendo el resto del salón, justo por donde había venido.

Pero la cosa no terminó allí; aún podían verse los ojos blancos de la criatura, por lo cual aún tenía un rastro que seguir. Teletransportándose, más partes aparecieron, o mejor dicho un par de piernas, la derecha se impactó contra la columna del ser de manera ascendente mandándolo al techo, al mismo tiempo que un grito de dolor bastante horrible salía de su boca.

Flotando hasta arriba, con un último "Merry", le agarró de la espalda, dirigiéndose juntos hacia el suelo como si se tratara de un misil, estrellándose en el piso y rompiendo parte de la madera en el proceso. Para cuando todo terminó, la sombra había desaparecido en partículas blancas, aparentemente derrotada y muerta por todo el maltrato al que fue sometida.

Tanto la rubia como su compañero de toda la vida tenían la boca y los ojos abiertos, no pudiendo creer lo que habían visto. La silueta dorada se paró en frente de ambos muchachos, con la vista fija en Frisk. Pauline hubiese atacado de no ser por dos motivos; número uno, su magia no estaba respondiéndole en absoluto. El segundo y más importante de todos... eran los ojos de aquella cosa humanoide.

Esos ojos tan dóciles, como si estuviera mirando a un maestro.

Al pasar los segundos, su apariencia fue definiéndose; cabello dorado largo, una corona color carmesí junto a una capa verde, y para rematar, una armadura blanca similar a la de un caballero. Lo que más resaltaba de todo, era la curiosa emblema que tenía en su pecho; era una corona navideña. De hecho, ahora que lo miraba más de cerca, poseía múltiples adornos navideños colgándole en algunas zonas, como campanas o hasta esferas rojas.

Un guerrero navideño-fantasma.

El pequeño Murakawa, saliendo de su estupor, fue el primero en querer acercarse.

Frisk: ¿H-hola?... -si bien, no estaba seguro de estar siendo entendido, el ver como los ojos tranquilos, sin deseo alguno por dañarle le devolvían la mirada muy intensamente, dejaba en claro que estaba entendiéndole. El silencio fue su respuesta, por lo que se incomodó un poco más, lo suficiente como para hacerle voltear hacia el lado, Pauline asintió moviendo sus manos, en forma de apoyo- Gracias por... salvarnos... ¿cómo te llamas?

De nuevo, no hubo respuesta.

Una pequeña gotita de sudor apareció en su nuca, perdiéndose entre su piel hasta hacerse una con su pijama. Esto empezaba a ser incómodo y frustrante hasta cierto punto, Pauline por el contrario, se hallaba mirando al suelo con un rostro pensativo. Estaba pensando en los acontecimientos, aquél tipo había salido del cuerpo de su amigo, empezando a desarrollarse durante el pequeño combate que tuvo con esa alimaña negra.

"¿Tal vez no habla porque está vinculado a ti, Frisk?"

En un principio, no le creyó, eso era obvio. Pero, mientras más reflexionaba, más sentido tenía: ¿había salido de su cuerpo cuando deseó lastimarlo no?, y justo había salido esta cosa para proteger el regalo de Richard, matando a la sombra tal cual deseó.

Aunque esto le generaba otras preguntas más al pequeño niño; ¿dónde había quedado su magia y la de Pauline?, ¿ella también tenía uno?, ¿entonces habían perdido sus poderes para ganar estos nuevos?

Orilleye dejó a Lone reflexionar en su sitio, ella por su parte se quedó viendo al ser en frente de este, llegando a conclusiones parecidas: si Frisk no tenía su magia pero si a aquél guardián o espíritu, entonces ella probablemente tenía que tener un poder similar, si no es que igual. Era la opción más lógica, pero ahora la cosa era como activar el suyo. El castaño tuvo que experimentar desesperación e ira para poder lograrlo.

¿Tendría ella que pasar por lo mismo?

Pauline: Oye, Frisk... ya que esta cosa es tuya... -Empezó a caminar alrededor del guardián espiritual -o lo que pamplinas fuera- que creó su amigo, detallándolo más de cerca. Tenía un aspecto navideño, ¿tal vez podría considerarse un milagro/maldición por lo perdido?, su eterna rivalidad natural con Frisk estaba empezando a manifestarse mediante celos, se suponía que debían estar en las mismas condiciones- ¿No deberías ponerle nombre?

Como siempre, ella iba un paso más adelante.

Ya que era temporada navideña, su vestimenta tenía incontables detalles relacionados a la misma, lo único que se le ocurrió fue llamarlo de una manera similar.

Frisk: Podría llamarlo... -sus manitos se juntaron en un gesto tímido. Había tenido una idea, pero no estaba seguro del todo. Siempre había sido más inteligente y ocurrente que él. Era como una prueba, así que, determinado a no dejarse ganar por sus propias inseguridades, miró seriamente a su estrella- Holy night. Quiero llamarlo Holy Night, Pauline.

Insistió dos veces, buscando remarcar su punto.

Aquella cara sorprendió a la rubia. Esas cejas fruncidas, junto a aquella mirada intensa que le dirigía, parecían estar viendo directamente hacia su alma. Era la misma expresión cuando solían tener sus combates para entretenerse, rehusando a rendirse, no queriendo estar detrás suyo. Era el deseo, la llama de querer caminar y ser su igual en todo.

Un rostro... determinado.

Starline solo se limitó a sonreír, plantando su mano en el hombro derecho de su amado.

"Me parece un nombre genial, Frisk. Siempre me han gustado los villancicos"

Sus ojos se iluminaron con confianza, alegría y tranquilidad, para gusto de Starline. Aunque también habían tonos verdes entremezclados con rojo, provenientes del juego de luces del árbol a sus espaldas. Estaba feliz, ella también. Aunque ahora que lo recordaba, no tenían ningún villancico preparado para la mañana navideña, tal vez podrían terminar todo esto e ir a cantar algo, porque dudaba de que pudieran volver a dormir.

Riendo, los dos muchachos entrelazaron los dedos, él ofreciendo su izquierda, ella la derecha, para luego disponerse a entrar juntos a la oscuridad.

No había nada que temer si estaban juntos.

Pero, oh, pobres niños estúpidos.

La oscuridad era enemigo natural del ser humano, porque daba cabida a lo desconocido, y por culpa de su propia confianza ciega, terminarían mal.

"GRAAAAARRGGHHHH"

Lo había visto. Había alcanzado a girarse, pero no tenía forma alguna para defenderse. Siempre había sido más atenta, con reflejos superiores a Frisk, pero solo por esta vez... por esa única vez, falló en protegerse a si misma o a él.

Tres sombras nuevas salieron desde tres puntos diferentes, abalanzándose sobre ellos en lugar de los regalos. Paciencia consiguió protegerse el rostro de las garras, cubriéndose la cara con los brazos en forma de equis para poder ver, pero la sombra que le tocó a ella siguió arrastrándose, terminando con la cara tocando madera y sus rodillas encima suyo.

Frisk no tuvo tanta suerte.

SLASH SLASH

"AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH"

Las otras dos restantes habían ido a por él desde adelante y atrás, en un ataque combinado. Aquellas uñas horribles se clavaron tanto en su pecho como espalda, destrozando su carne y piel. Frisk cayó de rodillas, observando las gotas rojas manchándole los dedos.

El dolor era insoportable, tanto así que se puso a llorar.

Esto no era para nada como sus combates con Pauline, donde siempre había conseguido bloquear o desviar cada ataque que ella le lanzaba, por primera vez, Frisk Keppler Murakawa Lone estaba experimentando el dolor de una verdadera batalla.

Y no le gustaba; ardía.

Ardor, ardor, ardor, ardor.

Dolor, dolor, dolor.

Normalmente, había alguien para reconfortarlo. Ya fuera su padre, su madre, o cualquiera de sus hermanos, y cuando ninguno de ellos estaba cerca, Pauline era quien tomaba ese lugar. Siempre había alguien a su lado para reconfortarlo, para decirle que todo estaba bien, para alejar la tristeza, el dolor, la soledad. Para ser el soporte de confianza y valor que necesitara.

Pero ahora, cuando alzó la cabeza queriendo ver el bello celeste devolviéndole una mirada dulzona... solo encontró blanco.

Blanco vacío, blanco brillante... un blanco horroroso.

"Gegegeh~"

Un blanco burlón, acompañado de risas horribles. Sus captores, aprovechando su estado mental y físico, lo pusieron en la misma posición en la que Pauline a unos metros suyo estaba; uno en el costado izquierdo de su espalda, otro en el derecho, presionando todo el peso de sus cuerpos mediante las rodillas. El castaño, no rindiéndose, comenzó a moverse cual gusano intentando escapar.

No había caso.

No había luz, amor o estrellas.

Solo dolor, oscuridad y risas.

En una situación como esa, lo único que le quedaba, era la desesperación.

"¡MAMÁAAAAAAA!"

.


.

¿Uh?

Fue como un eco.

Una reacción instintiva.

Pauline miró con otros ojos a su amigo de la infancia. Sus constantes luchas contra la sombra que la tenía aprisionada se detuvieron. ¿Frisk había gritado?, si, Frisk había gritado.

Poco a poco, su mandíbula se separó, formando un rostro de incredulidad. El pequeño charco rojo formándose debajo del cuerpo de su Cielo rojo le dio escalofríos, ¿cuándo lo habían lastimado?, ¿había sido mientras la habían tacleado o cuando estaba siendo aprisionada contra el piso como una presa cualquiera?, el rostro de sorpresa poco a poco se transformó en uno de pánico.

Los caminitos transparentes, su piel enrojecida...

Estaba llorando.

"¡MAMÁ, PAPÁ!, ¡FRANNIE, RI-HIHICHARD!, ¡TENGO MIEDO!"

Su voz estaba empezando a distorsionarse por el llanto.

No fue la familia Murakawa la que respondió aquellas súplicas, sino los demonios riéndose. "Gegege, gegege" hacían, como si pudieran entenderlo. ¿Pero realmente podían entender el sufrimiento de su querido amigo, o simplemente estaban riéndose de que ahora se viese patético debajo de ellos?, Paciencia concentrada empezó a moverse otra vez, intentando salir.

Tenía que salvarlo.

Tenía que ser su estrella.

Sus piernas empezaron a moverse como si estuviera en una bicicleta, intentando patear la espalda del que tenía sobre su espalda. Hicieron contacto, claro, pero ni de cerca estuvo de dañarlo. En su lugar, la sombra se acercó hasta su cabeza, mirándola fijamente con aquella boca blanca, para luego reírse. Se divertía, no poco, sino mucho. Eso la hizo enfurecer.

Pauline: ¡SUÉLTAME!, ¡DÉJAME IR, MALDITO! -Exclamó, empezando a perder la cordura. Sus hombros y brazos empezaron a retorcerse intentando sacarlos de abajo de su cuerpo, pero el peso pareció incrementarse. Antes, las piernas únicamente estaban sobre su columna vertebral, pero parecieron extenderse, porque ahora las sentía sobre las suyas propias, como si estuviera siendo una montura.

Estaba incrementando de masa, hasta ser una especie de gorila monstruoso.

No iba a tener escapatoria.

Regresando con impotencia la vista hacia Frisk, que había dejado de llorar y gritar, se encontró con algo que no estaba esperando.

Lo habían alzado tomándolo desde el cuello, como si fuera un costal. Ahora podía ver claramente como la sangre descendía desde sus heridas hasta el piso, ensuciándole parte del pijama. Eran como telarañas o ramas, extendiéndose en múltiples caminos, todos terminando en el charco expandiéndose a cada segundo.

Inamovible.

Su amigo no se movía.

"¿F-Frisk?"

Las risas llegaron, acompañadas de miradas. Era como si supieran su dolor. ¿Lo habían matado?, no, eso era imposible. Cuando un humano moría, su alma se hacía pedazos fuera de su cuerpo, así que o estaba inconsciente, o estaba en un estado tan debilitado que era incapaz de contestarle, cualquiera de las dos opciones era mejor que haberlo perdido.

El que estaba sosteniéndole del cuello, volvió a mirarlo.

"Ge... ge... ge..."

Su boca empezó a abrirse de una forma horrible; el brillo blanco que escapaba por sus cuencas se incrementó, como si fuera un farol. Era lo único que llevaban adentro, después de todo, y sentía curiosidad por probar la carne humana de un niño malcriado, especialmente si podía causarle algo de agonía a los dos en el proceso, no había nada que perder y muchísimo por ganar.

Así que lo hizo.

MUNCH

Sus dientes se clavaron en el hombro derecho del ojimarrón, haciéndolo gritar. Frisk recuperó el conocimiento, retorciéndose entre sus captores mientras agitaba las piernas. Esta vez, los bramidos que pegaba ya no eran humanos, solo intensos. Los dientes eran incontables y afilados como nada que hubiera penetrado su piel antes.

Pauline: ¡NOOOOOO!, ¡SUÉLTALO!, ¡DÉJALO! -demandó, ahora si empezando a alzar la voz. El calor en su rostro eran las lágrimas saliendo, no porque su columna estuviera sufriendo la tortura de tener a un gigante encima suyo, sino por su amigo. Cerró los ojos y apretó los dientes, producto de su propia impotencia. Esto no podía estar pasando, lo habían lastimado, lo habían dañado... y ahora querían devorarlo.

¿Cómo podía ser tan débil e inútil?

Se suponía que se protegieran juntos, que fueran rivales, mejores amigos, inseparables en las buenas como en las malas.

Pero allí estaba él, sangrando y siendo mordisqueado como un filete.

"Déjalo... déjalo ir..."

Susurró, con sus emociones a flor de piel. Mechones rubios habían tapado su rostro, pero podía ver claramente como la boca se movía de adelante hacia atrás en el hombro de su amigo, arrancándole lentamente un pedazo de carne. No iba a faltar mucho más para cumplir el proceso. El sudor de sus manos entre su estómago, el aplastante peso en su espalda.

Los llantos de Frisk.

Y el maldito sabor de sus mocos descendiéndole por la garganta, la llevaron a límite.

"¡QUÉ LO SUELTEEEEEEEEEEEEEEEEES!"

WSHHHHHHH

.


.

Un rugido de agonía salió del que estaba encima de ella tras el resplandor.

Justo como pasó con Frisk Murakawa, Pauline habia caído lo suficientemente bajo como para poder despertar su nuevo poder; la corpulenta sombra pese a todo su peso y gran cuerpo fue alzada por una mano emergiendo de la espalda de su prisionera, alzándolo en el aire justo como estaba sucediendo con el pobre chiquillo; el torso se manifestó al mismo tiempo que los dedos se clavaban en su mandíbula, y luego el brazo izquierdo.

WHAM

De un solo puñetazo, lo alzó aún más hacia arriba.

Otro grito, la sombra en esta ocasión chocó contra el techo de la casa, rompiéndolo un poco. Parte de la madera aún clavada en su espalda, cayó: Pauline se levantó y alzó su cabeza para ver a su antiguo captor, su guerrero espiritual manifestó ahora la cadera y la pierna izquierda, moviéndola hacia atrás como si fuera una guillotina, preparándose para recibirlo.

SWASHHHH

Y cuando el talón hizo contacto con el cuerpo ennegrecido, lo partió a la mitad. Las piernas y el torso se separaron bajo la impactada mirada del par aún sosteniendo a Frisk, llegando a soltarlo.

Su compañero se desintegró sin siquiera haber terminado de caer, como señal de que la fuerza física que se le otorgó era muchísimo más alta que la del espíritu protegiendo a su amigo.

Satisfecha con su trabajo, Paciencia sonrió un poco antes de voltear a ver a los últimos dos que quedaban, saliendo de su estupor. Obviamente no estaban dispuestos a rendirse, pero ahora mismo, habiéndose encargado del grandote con extrema facilidad, esos otros solo eran unas estúpidas cucarachas intentando prolongar lo inevitable.

"GRAAARGH"

Desaparecieron a gran velocidad, casi como si supieran teletransportación. Tal vez no podía seguirles el paso, pero tampoco iba a molestarse; iban a atacarla, así que en algún momento tenían que aparecer a su alrededor.

Aterrizando detrás de ella, la rubia giró un poco la cabeza hacia atrás para ver al primero; tenía la mandíbula manchada en sangre, el que había empezado a comerse a Frisk. Su único ojo visible se contrajo; no iba a permitirle vivir ni un solo segundo más por aquel pecado.

Poniendo sus brazos hacia adelante, se disparó como misil contra la fémina queriendo utilizar la misma táctica que su compañero y él emplearon para la emboscada, estando confiado en que funcionaría.

No obstante, Pauline ni siquiera se movió: su ayudante de cabello largo agarró al mismo de la muñeca, deteniéndolo en pleno vuelo, para su sorpresa. Comprendiendo que necesitaba ayuda, la última sombra se manifestó queriendo atacarla ahora que estaba desprevenida, empezando a correr hacia Starline, pues estaba dándole la espalda. Los dedos de su mano se separaron, surgiendo sus uñas.

Iba a cortarle el cuello para matarla con un solo zarpazo.

Pauline: Eres patético -Más, en un movimiento impensable, Pauline dejó ir la fuerza de sus piernas, tirándose de espaldas al suelo para esquivar el proyectil que había lanzado; encima de ella pasó el cuerpo del primero que la había atacado, colisionando con su compañero para su gran satisfacción, oír a ambos quejarse una vez se estrellaron fue extremadamente gratificante.

Levantándose, apuntó como si fuera un general ordenando a un ejército hacia sus objetivos, los cuales empezaban a recomponerse.

Para su buena suerte, también había sido bendecida con una gran velocidad; en un gesto similar a Frisk, su guerrero hizo su brazo izquierdo hacia atrás, golpeando con este a ambas sombras, luego el izquierdo, aturdiéndolos.

Ahora sí, era el remate.

"[¡JNGLE!]"

Una lluvia de puñetazos comenzó a llover sobre ambas abominaciones de la oscuridad. Poco a poco, grietas brillosas empezaron a manifestarse en sus cuerpos; un puñetazo derecho en el hombro, luego otro en el pecho, los nudillos izquierdos se encontraron con la cara del que mordió a Frisk, luego los derechos destrozaban el brazo de su compañero.

Mentiría si dijera que no estaba disfrutando esto.

Estaban sufriendo bastante por lo que oía, esas grietas eran más dolorosas de lo que parecían, ¿tal vez estaba escapándose su esencia con cada golpe que les daba?, fuera como fuera, ahora ella tenía todo el control sobre sus existencias.

En un gesto de despedida, chasqueó los dedos como una orden final, que su esclavo captó de inmediato.

"[JIIIINGLEEEE]"

Y, con un último puñetazo, gritó con todas sus fuerzas, dirigiéndolo cual taladro hasta el centro, traspasando a los dos. Sus nudillos quebraron carne y todo lo que tocaran, hasta terminar asomándose por la espalda del que trató de devorar a Frisk, ni siquiera estar apegado a su compañero pudo protegerlo de aquel ataque definitivo; lo último que vio antes de desaparecer, fueron aquellos puntos celestes observándole con una frialdad extrema.

.


.

Tras desaparecer el último trozo de sus enemigos, Pauline suspiró, sintiendo todo el estrés que había estando acumulando hasta el momento desaparecer; fue efectivamente, muy satisfactorio, pero no tenía tiempo para regodearse en su triunfo más reciente.

Ahora había otras cosas que atender.

Pauline: ¡FRISK! -corrió hasta donde había quedado su pobre compañero, desesperada. Lo habían tirado al suelo, por suerte cayó de espaldas; otro charco más había empezado a formarse debajo de él, no solo de los rasguños en espalda y pecho, sino también ahora de la gran cantidad de círculos que dejaron los dientes al clavarse en su piel- Oh por... dios... ¿me escuchas?, ¿Frisk?

Como guerrera en entrenamiento, sabía que estaba vivo porque aún emitía calor, al no tener la piel pálida podía asegurar que no había perdido la suficiente sangre, pero ¿cómo podía sanarle todo eso si perdió su magia y con ella la única forma que tenía para curarlo?, necesitaba sanarlo, de cualquier modo, pero salir del rango de las luces podía ser peligroso.

Nada le aseguraba que no hubiera más de esas cosas rondando por ahí.

Y aún si salía, podrían llevarse a Frisk para terminar de comérselo.

¿Qué hago?, maldita sea... ¡¿QUÉ DEMONIOS HAGO?!, ¡NECESITO CURARLO!

La situación parecía insostenible. Todo lo que quería era sanarlo, pero estaba tan herido, tan dañado, tan... desangrado. Pauline sostuvo a Frisk entre sus brazos, temiendo que efectivamente no pudiese hacer nada por él. Aún así, se veía tan tranquilo, como si estuviera durmiendo... la idea de que no volviese a ver esos ojos achocolatados devolviéndole la mirada era aterradora.

Lo único que se le ocurrió, fue ponerse a llorar.

Snif... snif snif...

"Lo siento... lo siento tanto, Frisk..."

Musitó con una voz rota, apegando su frente a su pecho, no importándole que su cabello se manchara con la sangre que aún escapaba de los hoyos en su hombro. Poco a poco, su cuerpo empezó a temblar, tal vez no llorase tan fuerte como él, pero lo sentía; una parte de ella estaba muriéndose con él, al paso de los segundos. Iba a perderlo, sin poder evitarlo.

La escena entre ambos niños era observada atentamente por el espíritu que había combatido instantes antes. Sus ojos, impasibles, miraban como lágrimas descendían desde los ojos de su dueña, si bien su expresión no cambión, pudo sentir inmediatamente el sufrimiento que sentía, así como los fuertes deseos por salvar a aquel muchacho.

Así que, justo como ella deseaba, debía sanar a aquel muchacho.

Fwshhhh~

Pauline: ¿Uh? -Sintiendo el sonido y calor extra expandiéndose por el cuerpo de su amigo, Pauline alzó la mirada; la palma abierta de su compañero estaba colocada sobre la mordida que dejó la sombra al tratar de comerlo. Si antes estaba sorprendida por la hazaña que desplegó Frisk cuando invocó al suyo, ahora si que no podía creerlo, porque estaba curándolo.

La sangre dejó de salir, y los rasguños junto a las mordidas se cerraron, no dejando cicatriz alguna.

No hubo tiempo para sorprenderse, porque casi de inmediato, Frisk comenzó a toser, como si le hubiesen sacado de las profundidades del océano. Una vez, dos veces, hasta que por fin pareció calmarse, y lentamente, abrió los ojos como señal de que estaba de vuelta en el mundo.

"¿Pauline?"

Escucharle decir su nombre fue como consumir un delicioso trozo de pastel sabor naranja. No contestándole ni esperando a que se recompusiera, volvió a abrazarlo tan fuerte como pudo, moviendo la cabeza de izquierda a derecha en un gesto cariñoso. Como era de esperarse, el hijo de integridad y justicia no tuvo ni idea alguna del por qué su mejor amiga actuaba tan desesperadamente.

Cuando se puso de pie -con su ayuda, por supuesto- le explicó todo.

Desde la emboscada, hasta cuando despertó su propia versión de aquella fuerza nueva, cosa que obviamente, él pudo contemplar con sus propios ojos.

Era gracioso, otra vez, sus magias estaban vinculadas y terminaron en resultados bastante similares.

Acostados entre los regalos, ambos niños rieron mientras se abrazaban; el brazo de Frisk Murakawa fue a parar debajo del de Pauline, buscando rodear su espalda, y ella al mismo tiempo abrazó su cabeza protectoramente, recibiéndole sin problema alguno, pues al tener parte de su pijama destrozado, era obvio que tendría frío por el resto de la noche.

Entre las luces navideñas y regalos, Frisk Murakawa junto a Pauline Starline sonrieron, sintiendo la magia navideña en aquellas cajas de distintos tipos rodeándoles, como una canción de cuna o las historias que Richard les contó arriba en el ático antes de irse a dormir.

"Tal parece que tendré que encargarme yo mismo de ustedes dos, par de pelmazos..."

.


.

-[Fragmento 3: De la magia navideña nadie se adueña]-

Al parecer, la noche aún no había terminado.

TAP... TAP... TAP...

El piso empezó a retumbar producto de pasos. Los regalos, e incluso el árbol también se movían, indicando que fuere quien fuere, era extremadamente grande y pesado. Pauline se puso de pie primero, tomando la mano de Frisk para ayudarle a salir de entre los presentes en los cuales habían estado hacía un momento, ambos poniéndose de pie, encararon a la oscuridad.

Más cerca empezaron a escucharse, hasta que su nuevo contrincante finalmente se asomaba poco a poco.

Primero una pierna; cubierta por pelaje negro bastante descuidado, con una pezuña en lugar de dedos. Frisk abrió los ojos, pegando un paso hacia atrás cuando el resto del cuerpo se reveló al llegar la pierna derecha: totalmente cubierto por aquellos pelos negros, un ser humanoide con una larga lengua y ojos amarillentos había entrado a su hogar, dos cuernos enormes en su cabeza.

En una mano, un saco del mismo color que su pelaje, junto a una cola que se movía.

Starline tomó la mano de su amigo, intentando parecer valiente, pero poco le servía pues sus piernas también estaban temblando; lo primero que se le vino a la cabeza fueron las leyendas de las guerras entre humanos y monstruos que habían supuestamente, sucedido en la edad media. Pero eso no podía ser posible, ¿verdad?, el D.A.M era un grupo de lunáticos, todas esas cosas eran historias contadas para asustar.

Y sin embargo, ahí estaba en frente de ella, una especie de cabra antropomórfica con pelaje negro.

"Ah... ah..."

Las palabras no salieron correctamente. Murakawa comenzó a tartamudear, no habiendo visto nada similar a aquella criatura ni siquiera en sus peores pesadillas, las cuales generalmente estaban relacionadas con arañas o bosques aterradores, pero esto era totalmente diferente. Por la forma en que se relamió aquellos horribles labios con esa lengua reptiliana, y como le seguía con la mirada, había disfrutado de su miedo.

"Kukuku... bien, los niños muertos de miedo me gustan, pero los que lloran tienen un sabor más delicioso..."

Todo tuvo sentido en ese momento.

Santa era real, de eso no había duda alguna para la pequeña del dúo. Pero ante ella tenía la prueba definitiva: siempre cuando había luz, tenía que existir la oscuridad. Bien y mal, cielo y tierra, negro y blanco... por lógica, Santa Claus tenía que tener una contraparte, pero había preferido no pensar en ello hasta la noche de hoy.

Pauline: Tú eres... Krampus, el hermano de San Nicolás -la sonrisa de dientes afilados que ganó fue una confirmación silenciosa. Su brazo se enrolló aún más en Frisk, imitando la forma en la que Richard generalmente le tenía junto a Francisca, pese a tratar de parecer valiente, ella misma conocía sus propios límites: el sudor en su piel o la saliva que ahora estaba tragándose no le mentían, y a él tampoco- ... ¿qué haces aquí?, Krampusnacht terminó hace más de veinte días.

WHAM

Cadenas cayeron al suelo, destrozándolo. El ser antropomórfico sonrió, al mismo tiempo que en su mano se manifestaba un trinchador, como los que usaba su padre para cortar carne. Paciencia entrecerró los ojos, soltando a Frisk, quien se puso en posición de combate, aún con temor.

"Mi trabajo..."

Con todo dicho, Krampus lanzó su arma hacia ambos chiquillos. Tanto Frisk como Pauline se separaron, invocando cada uno a su guerrero en cuestión: el de Pauline ya empezaba a definirse más, contrario al de Frisk que tenía una armadura blanca, éste estaba manifestando una color verde. La de orbes celestes apuntó hacia el hermano de Santa Claus al mismo tiempo que este giraba sobre si mismo, dirigiendo su arma hacia ella.

"[JINGLE]"

Emitiendo su clásica frase, el ser pelinegro dirigió su puño hasta el arma que venía a por su ama, desviándola en el proceso, pero gracias a que Krampus estaba haciendo un movimiento giratorio, pese a estarse acercando el arma fue más rápida, había aprovechado para imbuirla en su propia magia para causar daño extra. Pauline detuvo el avance de Jingle, haciendo que se cubriera con ambos brazos.

SWASHHHH

Desgraciadamente, cuando colisionaron, para su gran sorpresa, aún salió herida. Jingle fue empujado hacia la oscuridad del resto del cuarto cuando el trinchador impactó en sus brazos, sus heridas parecieron transferirse a la rubia, quien en un gesto de dolor, dobló las piernas y dejó sus brazos colgando, incapaz de soportar aquella energía negruzca.

Krampus alzó su mano, recuperando su fiel instrumento justo a tiempo para cuando Holy night estaba abalanzándose sobre él; el rubio empezó una lluvia de puñetazos al mismo tiempo que el hermano del bonachón carmesí bloqueaba una y otra vez, moviendo con una maestría extrema la muñeca, Frisk tenía sus ojos entrecerrados para poder afilar su vista, buscando una apertura.

PAM PAM PAM PAM PAM PAM

Las ondas que soltaban los nudillos de su guerrero al colisionar contra el metal eran muchas, casi ni siquiera él mismo podía ver lo que estaba pasando, únicamente borrones blancos contra borrones negros. Al pasar los minutos y repetirse la palabra "Merry", también empezaron a dolerle los nudillos. Krampus, tranquilo, seguía bloqueando sus ataques.

Krampus: Que habilidad tan extraña... -comentó el demonio, sus ojos siguiendo con relativa facilidad cada uno de los múltiples puñetazos que estaba recibiendo, una ligera gota de sudor descendió por su grisácea y horrible piel, la mano le temblaba un poco, pero podía sentir como disminuía tanto fuerza como velocidad, lo que le hizo sonreír- esta habilidad tuya... parece estar conectada a ustedes dos. Tu amiga tiene los brazos heridos, y a ti te están doliendo las manos...

Frisk, por supuesto, no estaba de humor para escucharle.

"¡CÁLLATE!"

Bramó, dándole una orden mental; el guerrero de armadura blanca pegó un último puñetazo apuntando directo a la muñeca de Krampus, haciéndole alzar su trinche para protegerse, pero sorpresivamente, retrocedió. Posteriormente, gracias a que poseía la habilidad de flotar, pegó una patada con el pie derecho apuntándole a la cabeza, esperando noquearlo o destrozarle uno de esos horribles cuernos.

Más, no hizo contacto, porque Krampus se protegió a si mismo empleando el antebrazo, aún así, salió volando.

El castaño no estaba concentrado en su amiga por el momento; colocando ambos brazos hacia adelante de si, Holy Night salió disparado como un proyectil buscando interceptar al hermano de Santa antes de que cayera, como hizo Pauline con la sombra corpulenta mientras él estaba inconsciente. Atento, el de pelajes negros sonrió mientras sus ojos brillaban.

La oportunidad perfecta.

Llevando su otra mano al mango de su tridente, desprendió nuevamente las cadenas que anteriormente había desaparecido, girándola tras de si dos veces, para luego enviarla con un aumento de velocidad extra hacia el rubio, quien no pudo prevenir a tiempo el ataque, ni tampoco Frisk para ordenarle que esquivara.

"¡NO!"

Para Krampus, la desesperación de Frisk fue exquisita. Su cadena se desprendió de su trinchador, enrollándose alrededor de las piernas y brazos de Holy night, como si fuera una equis gigante, las puntas se conectaron en la oscuridad. Frisk también se quedó quieto en donde estaba, tratando de liberarse a si mismo o a su compañero, pero no había caso.

Estaban atrapados juntos.

Queriendo tomar ventaja de la situación, tomó su saco. Si succionaba a aquella proyección, sin lugar a dudas el chiquillo iba a venir atraído como un imán hacia él también, después de todo, estaban ligados en cierta medida.

"Prepárate para experimentar la oscuridad, niño..."

Con aquellas palabras, Krampus finalmente abrió su saco de niños malos, sus dientes expuestos en una horripilante sonrisa del tamaño de un tiburón. El aire empezó a ser succionado hacia adentro como si se tratara de un agujero negro, así mismo, las cadenas oscuras también parecían estar cooperando, extendiéndose para llevarse a Holy night al interior.

WSHHHHHHH

El castaño observó con un rostro de incredulidad como su alma -si, aquel corazoncito blancuzco- salía ahora no de su pecho, sino del de Holy night. Pronto empezó a sentir los efectos de la gravedad también, como sus piernas parecían debilitarse, al punto en el que se doblaron; sus rodillas terminarían tocando el suelo tarde o temprano, y no iba a poder resistirse.

Su enemigo, por supuesto, no pudo evitar reír.

Krampus: ¡HAHA HAHA HA!, ¡ES INÚTIL RESISTIRSE, PELMAZO!, ¡SOLO VEN Y SÉ MI CENA NAVIDEÑA! -Exclamó, lleno de gozo y emoción al ver como poco a poco, las fuerzas y la vitalidad del muchacho iban desapareciendo. No faltaría mucho para que se uniera en cuerpo y alma a todos los mocosos ahogados en lo profundo de su oscuridad, iba a disfrutar cocinar a fuego lento a cada uno de esos miserables en el inframundo- ¡YA NO HAY NADA QUE TE SALVE!

Que equivocado estaba.

Ahogado en su supuesta victoria, el hermano de Santa Claus dejó de lado la cruda realidad; este combate no era uno contra uno, sino dos contra él.

"[JIIIIINGLEEEEEEE]"

Jingle Bells estrelló su pierna derecha con todas sus fuerzas en el estómago de Krampus, haciéndole detener su técnica. Debilitado, su vista se nubló una vez el pie hizo contacto, Pauline no detuvo los ataques, sus brazos estando ligeramente sanados, propinó un puñetazo en el rostro de la criatura caníbal aprovechando que estaba mirando al suelo, aturdiéndolo aún más.

Para rematar, extendió los dedos de su palma como si fuera una guillotina, apuntando directamente hacia su cuello cual karateca. La ahogada voz del cuernudo junto a una gran cantidad de saliva salió por sus labios, no pasando mucho para que su espalda tocara el piso. Pauline desapareció a su propio colega, acercándose a Frisk, quien ya empezaba a liberarse al estar debilitadas las cadenas.

SWASH SWASH

Se rompieron justo a tiempo. Murakawa cayó al piso, ligeramente cansado. Eso había sido aterrador, y casi había sido tragado por segunda vez, pero para su buena suerte, no estaba solo en esto.

Pauline: ¿estás bien, cielo? -llamó la de orbes celestes, poniendo a su guerrero espiritual en posición defensiva, sujetándolo para ayudarle a ponerse de pie, permitiéndole poner su brazo detrás de sus hombros, poco a poco él se recompuso, hasta estar perfectamente de pie, le replicó con un simple "si" mientras se limpiaba el sudor de la frente, puede que no tuviera muchos rasguños, pero estaba visiblemente perturbado, lo cual mermaría su eficiencia en el combate actual.

Starline tomó una decisión: colocándose adelante de Frisk, cambió la pose de Jingle Bells a una de ataque.

"Mis brazos ya están casi totalmente sanados. Déjame tomar tu lugar mientras tú te relajas."

No le permitió contestarle, pues se lanzó inmediatamente al ataque cuando vio que otra vez, el devorador de niños se puso de pie, visiblemente enfurecido.

WHAAAAMMM

Justo a tiempo para contrarrestar un puñetazo del moreno, quien otra vez comenzó a atacarle con su lluvia de puñetazos, no obstante, Krampus en esta ocasión comenzó a esquivarlos en lugar de bloquearlos con su trinchador. Pauline sonrió notando como seguía sus puñetazos, por lo tanto, no estaría del todo atento a sus piernas: rápidamente pegó un pisotón a la pierna derecha del cuernudo, llegando incluso a quebrarle una pezuña.

"AAARGHHHH"

Su grito de agonía fue callado muy pronto, porque Jingle Bells ahora le pisó con todas sus fuerzas la rodilla, si bien no quebrándosela, si dejándolo en una posición vulnerable.

Preparando su puño, le golpeó con todas sus fuerzas en la cara usando el dorso de su mano para enviarlo a volar, yendo detrás de él con la intención ahora si de darle una lluvia completa de golpes. Krampus no obstante logró recomponerse lo suficiente como para volver a manifestar su cadena, enviándola contra él para dejarlo aprisionado justo como con el castaño.

Pero, previendo esto, la rubia hizo rotar a su guardián en el momento justo; impactado, Krampus vio en cámara lenta como Jingle bells giraba sobre si mismo, dejando pasar la punta de su cadena rozándole el cuerpo, hasta que estuvo cara a cara con él una vez más. Esta vez, no consiguió protegerse de los ataques.

Primero fue un derechazo a su mejilla que le hizo girar la cabeza, luego un izquierdazo ascendente que la dejó hacia arriba, posteriormente un codazo directo a su estómago que le hizo escupir saliva una vez más, sujetándose la barriga, Pauline hizo a Bells golpearle los dedos con los que se protegía la zona herida con todas sus fuerzas, lastimándoselos.

Luego apuntó hacia su hombro: no había que ser muy inteligente para saber que las sombras que les atacaron anteriormente estaban vinculadas a él de alguna forma, así que era normal que le dañara de la misma manera que lastimaron a Frisk. Estirando sus dedos, los clavó a toda velocidad como si fuera una lanza o flecha, tal vez no consiguió penetrar carne o destrozarle el hueso, más si consiguió dislocárselo.

Gruñendo de ira, el demonio se impuso ante el dolor, sus ojos brillando al mismo tiempo que evadía el brazo derecho de Jingle Bells, tirándose al suelo al cargarse sobre su hombro, consiguió agarrar uno de los pies del moreno, para luego lanzarlo con todas sus fuerzas contra la pared más cercana para evitar que usara su habilidad flotadora y resistiera el impacto.

CRASHHHH

El dolor que la muchacha sintió en su espalda fue insoportable, tanto así, que consiguió hacerla arrodillarse.

"¡Pauline!"

Sudorosa, Paciencia comenzó a sudar y a jadear. Aún no dominaba del todo este poder, y Frisk tampoco. De hecho, pese a que tenía sus brazos en un estado casi perfecto, sus energías ya estaban disminuyendo, sobre ello nada podía hacerse. Krampus, por el otro lado, se puso de pie, aún con todas sus heridas él les seguía superando en ese aspecto.

Era una batalla de resistencia que estaban a punto de perder.

Furiosa con la situación, la de orbes azulados volteó a mirar a Frisk, marrón contra celeste, el cielo y su estrella, él preocupado, ella rabiosa por todo lo que había estado sucediéndoles.

Pauline: Tenemos que terminar con esto antes de que nos quedemos sin fuerzas -no era un consejo, sino una afirmación. Frisk, entendiendo que no había tiempo para sentimentalismos si quería seguir viviendo, asintió, cambiando su rostro a uno más serio de acorde a la situación- Ataquemos juntos; yo golpearé adelante, tú destrózale la espalda con todas tus fuerzas.

"Entendido"

Krampus terminó de recomponerse justo a tiempo; cuando alzó la cabeza invocó su trinchador justo a tiempo para bloquear con este y su brazo libre los puñetazos en conjunto de Holy Night y Jingle Bells con sus antebrazos, aunque eso no pudo hacer nada por aminorar el dolor, de igual manera rugió en un gesto intimidante para intentar debilitar la moral de ambos.

Luego hizo sus brazos hacia arriba, había vuelto a arreglar su hombro mientras se levantaba, así que pudo empezar a suministrar estocadas a Jingle Bells quien ahora estaba esquivando.

SWSH SWSH SWSH SWSH

Conforme la cabeza del pelinegro se movía de izquierda a derecha evadiendo todos los intentos de apuñaladas que estaba dándole el hermano de Santa Claus, tanto él como su usuaria se sentían aprisionados. Frisk había aprovechado que él estuviese concentrado en ella para poder escabullirse por detrás, pero estaba tomándose su tiempo. La magia negra había, una vez más, cubierto las dos puntas de aquella cosa.

Krampus: ¡QUÉDATE QUIETO! -exclamó el devorador de niños mal portados, emitiendo un bufido furioso. Aire caliente salió de sus fosas nasales, solo necesitaba acertar un único golpe con todo su poder a ese maldito, la punta derecha consiguió tocar parte del cabello azabache, pero no hacer contacto con el cráneo, por toda la fuerza que estaba usando, un único contacto sería suficiente para dejar su rostro en muy mal estado y tener su oportunidad para meterla dentro del saco- ¡DEJA DE PROLONGAR LO INEVITABLE!

La posición que tomó le trajo un mal presentimiento: Pauline se cruzó de brazos, los mechones colgándole por la frente habiendo colocado un ligero sombreado en su rostro, permitiendo brillar como luceros a sus ojos color cielo, para rematar, recargó su peso en su espalda ligeramente, con una sonrisita juguetona.

"Tienes razón. Dejémonos de tonterías y acabemos con esto, ¡AHORA, FRISK!"

Cayó en la trampa completamente.

Krampus giró su cabeza hacia atrás, encontrándose con los nudillos envueltos en metal blanco de Holy Night, cuyos ojos estaban brillando intensamente sin piedad alguna, justo como los de Pauline. Estaba acorralado entre ambos, sin oportunidad alguna de escapar.

"[MERRY MERRY MERRY MERRY MERRY MERRY MERRY MERRY]"

La lluvia de puñetazos que empezó a darle fue más intensa y dolorosa en esta ocasión; Frisk estaba apuntando los pueñtazos a todas partes, a los hombros para intentar replicar la acción que hizo Pauline cuando le dislocó el hombro, a la columna vertebral para debilitar su postura, a la nuca intentando quebrarle el cuello, cualquier zona, cualquier lado valía.

Todo con tal de hacer caer a esa maldita abominación de una vez.

No podía perdonarlo; había querido destruir los regalos de su familia con esos esbirros oscuros, luego intentaron comérselo, y ahora venía él, aún intentando llevárselos para convertirlos en cena.

¿Por qué?, ¿qué habían hecho, si siempre habían sido niños buenos que se iban a dormir temprano?

Solo quería matarlo.

"[JINGLE JINGLE JINGLE JINGLE JINGLE JINGLE JINGLE JINGLE]"

Bells también empezó a imitar su actuar, atacando desde adelante justo como Pauline había dicho que haría; Starline mantenía su pose, observando impasible como la sangre finalmente brotaba desde el cuerpo del ser con pelaje oscuro, ahora mismo que lo tenían juntos a su merced, era como si sus fuerzas hubiesen regresado multiplicadas a la décima potencia.

Lo único que tenía en su mente, era desahogarse por todo el sufrimiento pasado.

Sus puñetazos fueron también a los brazos, a aquella enorme barriga, probablemente entrenada para devorar carne humana viva, sus piernas, el puño derecho se estrelló con tanta fuerza en la izquierda que estaba segura, logró destrozarle el fémur cuando le vio tambalearse hacia atrás, pero los puñetazos de Holy Night lo devolvieron de inmediato a su posición original.

CRACK

Finalmente, un cuerno -el derecho, más específicamente- se desprendió de su cabeza.

Pero ambos niños estaban lejos de terminar con su escarmiento.

Ira empezó a transitar las venas de Orilleye, ¿cómo podía ser que ese miserable hubiese tratado de comérselos?, ¿a cuántos más se habría comido?, no podía concebir a padres entregando a sus hijos o permitiendo que esta bestia se los llevara solo porque cometieran un error o dos, en la escuela le habían enseñado que estaba bien cometer errores.

Los adultos también fueron niños, y también fueron mal portados alguna vez.

Por eso... por eso...

No tendría piedad.

"¡MUERE, MALDITO!, ¡ESTO ES POR TODOS LOS NIÑOS QUE TE HAS COMIDO, MISERAAAAABLEEEEEE!"

Su furia pareció incrementar la intensidad en los golpes de su protector, a tal punto que incluso se conseguían ver como dejaba agujeros en el cuerpo. Frisk si bien se mantenía en silencio, ordenó a Holy Night golpear también más fuerte, pues las cosas de seguir aquel ritmo, terminarían muy mal para él. No pasó mucho tiempo para que uno de sus propios golpes destrozara la columna de Krampus, haciéndole chillar.

Aunque ahora dudaba de haber sido él.

Pauline hacía rato que había destrozado sus costillas por completo, quizás algunos de sus golpes lograron también alcanzar la espina dorsal, o posiblemente solo era su propia imaginación; pero estaba seguro que la sangre saliendo a chorros de ese rostro era tan real como los regalos aún descansando en el árbol cerca suyo.

Ya era momento de terminar todo, incluso Pauline lo sabía.

"¡AHHHHHHHHHHHHHH!"

Con un último bramido de guerra, los dos dirigieron los puños al mismo lugar; la cabeza.

El cráneo ya estaba bastante debilitado por todo el rato que habían estado golpeándolo, así que, cuando sus puños se dirigieron directo a su cabeza, no fue gran sorpresa que hayan conseguido hacerla explotar. Los nudillos de Holy Night y Jingle Bells se encontraron, con restos de carne, hueso y materia gris entre ellos, para luego desaparecer de inmediato.

El cuerpo de quien fuera la contraparte malvada de Santa Claus cayó al suelo, tras él los dos amigos que con tanto esfuerzo consiguieron derrotarle.

Mirando el techo del hogar Murakawa, Pauline sonrió, jadeando muy lentamente, gozando de cada bocanada de aire que llegaba hasta sus pulmones, permitiéndose llenarlos a tope para luego exhalar muy lentamente. Frisk, a su lado, se hallaba en una situación parecida, pero sus ojos lejos de estar viendo el techo de su hogar, estaban fijos en una esferita carmesí que se había caído de su árbol.

"Lo hicimos, Frisk... salvamos... la navidad... "

Exhausta, cerró los ojos, él imitándola no mucho después. Ahora mismo, tenía muchísimas ganas de echarse una siesta y, aún si fuese a salir el sol en esos momentos, estaba dispuesto a volverse un niño nocturno con tal de tener todas las horas de sueño que su pequeño cuerpo estaba rogándole en esos instantes.

Frisk: Sí... creo que sí... -contestó sin fuerzas para abrazarla como la vez pasada que se fueron a dormir, cuando habían estado compartiendo cama ellos, Richard y Francisca en el ático. Ahora que lo pensaba con mayor detenimiento, debía encontrar a su familia una vez abriera los ojos, pero por ahora, solo iba a dejarse consumir por las ansias de ir a dormir- Buenas noches, Pauline...

"Buenas noches, Frisk"

Fue lo último que escuchó de los labios de quien era su compañera, rival y amiga, aún con la música navideña proveniente del juego de luces, y estas mismas parpadeándole en su carita, no tuvo problema alguno para llegar a las tierras de Morfeo.

Porque Pauline Starline estaba dormida a su lado.

.


.

-[Epílogo: Feliz navidad]-

"¡NIÑOS, BAJEN YA!, ¡ES NAVIDAD, SANTA LES TRAJO CIENTOS DE REGALOS!"

La voz de Angélica Amanda Lone Stall sacó a su hijo menor de sus sueños. Frisk abrió los ojos muy pesadamente, encontrándose con el rostro mañanero de Pauline, pero pronto sintió como Richard se removía atrás de él, y de un solo tirón, Francisca se levantaba como si hubiera recibido una inyección directa de azúcar a sus venas.

Francisca: ¡SANTA, SANTA!, ¡YA ES NAVIDAAAAAAAAD! -gritó la de orbes rosados, corriendo en dos pasos hasta la trampilla, la susodicha fue abierta por su padre, la pequeña de un solo brinco bajó hasta el segundo piso de su hogar, Jonathan alcanzó a agarrar a su pequeña entre sus brazos con una risita, pero las piernas inquietas de Franie empezaron a patearle, demandando que la soltara- ¡SUÉLTAME PAPÁ, TENGO QUE IR A VER MIS REGALOOOOOOOS!

Ni un beso, ni un saludo, la mayor de los mellizos salió volando hasta el primer piso donde estaban sus objetivos. Aún arriba, Frisk se levantó visiblemente sorprendido, no solo él, Pauline también, pues le tocó el pecho buscando las marcas de garras dejadas por las sombras que Krampus había enviado antes de aparecerse a enfrentarlos, pero nada.

Su pijama estaba en perfectas condiciones.

Richard volteó a mirar a su hermano menor con una sonrisa, colocando su mano sobre su cabello para revolvérselo en un saludo mañanero, gesto que imitó con Pauline casi de inmediato, una clara señal de que le siguieran. Primero bajó él, sin ayuda de papá, no obstante los amigos no tuvieron la misma suerte. Ni a Integridad ni Justicia les gustaba que sus hijos anduvieran descalzos por la casa.

Pero al ser la mañana de Diciembre veinticinco, estaban dispuestos a hacer excepciones.

BEEEP BEEEP

Angélica: Deben ser tus padres, querida -comentó la madre de los hermanos Murakawa Lone, viendo a Pauline caminar lado a lado con su pequeño, Pauline alzó su cabecita para verla, lo que la hizo sonreír. Jonathan se había adelantado a ellos tres para ir a preparar el desayuno y de paso, contener a Francisca de abrir todos los regalos, incluidos los de ellos- de seguro vinieron a traerte los regalos de Santa~

Ambas féminas rieron, Pauline asintió con evidente emoción. Comprendía muy bien que el bonachón de barba blanca hubiese dejado sus obsequios y juguetes en su verdadero hogar, pues aquí solo estaba de visita, pero no quitaba el hecho de que fuera un hermoso gesto por parte de sus padres el traerle todo para que lo abriera junto a la familia de castaños.

Frisk, por su parte, sujetó la mano de su madre mientras sacaba el pecho con orgullo.

"Salvamos la navidad, mamá"

Dijo, contándole sobre la aventura que había tenido. La única hija de la familia Starline asintió, comenzando a contarle sobre lo que habían vivido, ambos convencidos pese a las pruebas de que no fue un sueño, sino un milagro navideño.

Angélica escuchó atentamente el relato contado en conjunto por su hijo y la pequeña Pau, no perdiendo su sonrisa en ningún momento, pues siempre era un deleite para su persona ver lo que ambos se traían entre manos.

Aunque, el que hubieran relatado lo mismo perfectamente, le dejó una semilla de duda en lo más profundo de su ser, decidió atribuirlo a que su hijo tenía una gran imaginación, y una conexión inigualable con aquella chica.

DIIIIING~ DOOOONG~

El timbre de la entrada sonó, y las voces de los padres de Pauline resonaron en la casa, haciendo que se iluminaran los ojos de la susodicha.

La navidad no había terminado, recién estaba comenzando para todo el mundo.

Y Francisca lo dejó bien en claro cuando gritó a todo lo que daban sus pulmones infantiles.

"¡MI ESPADA ESPARTANAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Frisk y Pauline apresuraron el paso, desligando sus dedos de los de Angélica, quien los miró correr hacia las escaleras con una sonrisa, siguiéndoles no mucho después para evitar accidente alguno.

Ciertamente, los álbumes familiares iban a tener fotos nuevas muy pronto.

Fin.

Bueno, creo que eso es todo. Créanlo o no, hacer este especial fue un verdadero reto, pero lo disfruté mucho. Lo terminé a las 4 de la mañana del 24 de diciembre del año 2020, como dije, un verdadero reto que gocé bastante.

Feliz navidad a todos, y un muy próspero año nuevo.