5

SAKURA

Volvimos a Escocia en el jet privado de Sasuke junto con el resto de su equipo.

Incluyendo a Karin.

Ésta estaba sentada al otro lado del pasillo, ocupada en su portátil. Teníamos un acuerdo mutuo en el que pretendíamos que la otra no existía.

Sasuke se acordaba de mi miedo a volar, porque me agarró la mano en cuanto nos sentamos y me la sostuvo durante todo el despegue. Me habló de Italia para que no me concentrase en el terrible proceso, e incluso consiguió mantenerme tranquila.

Mi miedo a volar era irracional. Tenía que olvidarme de ello y seguir con mi vida.

Sasuke me lo ponía mucho más fácil cuando era dulce conmigo. Sus momentos de ternura se habían vuelto más frecuentes; me abrazaba cuando tenía pesadillas, escuchaba mis miedos con simpatía y, cuando le había dicho que estaba asustada, me había asegurado que estaría a salvo.

Ya no parecía un monstruo.

Así fue como supe que tenía que hacer algunos cambios.

Tenía que salir de allí.

Me habían lavado el cerebro, era como si sufriera el Síndrome de Estocolmo. Mi captor me parecía compasivo y comprensivo, pero en realidad me estaba reteniendo en contra de mi voluntad. No debería sentirme agradecida hacia él por nada. Era preferible a Bones, sí, pero quizás su intención nunca había sido la de entregarme a él. Quizás todo aquello no había sido más que un engaño para que lo apreciase.

Que Sasuke me gustase, que disfrutase tirándomelo y pasando el tiempo con él, era un gran signo de peligro. Debería sentir exactamente lo mismo que solía sentir cuando me resistía a él a cada oportunidad que tenía. Que me hubiese suavizado tanto, que me hubiese apoyado en él, me decía que me estaba volviendo loca.

Tenía que escapar.

Pensé una y otra vez en lo último que me había dicho Deidara; ocupó mis pensamientos durante todo el vuelo. Sasuke se tomó unos vasos de whisky y se quedó dormido con la cabeza apoyada en el asiento de cuero. No se había afeitado aquella mañana antes de irnos, y empezaba a vérsele la sombra de una barba poblada. Era tan guapo dormido como despierto.

Sentí mariposas en el estómago cuando la atracción me recorrió.

Quería besarlo.

Era ridículo. Lo único que debería querer era asesinarlo.

El plan de Deidara era lo único que tenía a mi disposición por el momento.

Jamás volvería a ser libre a menos que me metiera en la cabeza de Sasuke. Si hacía que se enamorase de mí, si conseguía que me amase perdidamente, podría conseguir que me dejase marchar. O que me permitiese escapar sin repercusiones. Si no hacía algo, aquella acabaría siendo mi vida.

Sería su esclava.

Viajaría por todo el mundo con él y le haría compañía. Pasaría algunas noches con sus demás putas. Y luego volvería a mí en cuanto terminara de entretenerse. Se casaría con alguien adecuado, tendría hijos y yo seguiría siendo la amante cuando perdiera el interés en su esposa.

Jamás me casaría.

Ni tendría hijos propios.

Ni practicaría la medicina.

Jamás tendría la libertad de decidir por mí misma.

Todo aquello me dio de lleno en el pecho e hizo que me costase respirar. Me habían quitado todos mis derechos, y jamás sabría qué vida habría estado destinada a tener. Lo peor de todo era que lentamente estaba empezando a encariñarme de Sasuke.

Me ponía celosa cuando estaba con otras.

Lo echaba de menos cuando no estaba.

Necesitaba que durmiese a mi lado cada noche.

¿Cómo había pasado?

Tenía que ponerle fin. Tenía que controlarlo para que hiciese lo que yo quería que hiciese.

Tenía que convertirme en su reina.

.

.

.

EL CASTILLO SEGUÍA SIENDO TAN majestuoso como había sido cuando nos marchamos, con sus impenetrables muros de piedra y los jardines llenos de rosas y hortensias; era una pieza maestra de la historia. Adoraba la casa de Italia, pero prefería los antiguos pasillos de Escocia. No había explorado mucho la última vez que había estado allí, pero quizás Sasuke me permitiese vagabundear.

Los hombres llevaron nuestro equipaje a los aposentos reales y Sasuke se fue a la ducha.

Había pensado en mi plan durante todo el vuelo, pero no se me había ocurrido un modo apropiado de ejecutarlo. Nunca había hecho que un hombre se enamorase de mí. No sabía cómo ser sensual, ni lo que Sasuke estaba buscando.

Sabía que le gustaba el sexo.

Sabía que le gustaba que yo lo necesitase.

Sabía que le había gustado verme con aquel vestido de noche.

Si me concentraba por completo en esas cosas, quizás pudiese conseguirlo.

Me desvestí y me metí con él a la ducha. Su cuerpo de casi un metro noventa era esbelto y marcado con músculo. Tenía una piel sin mácula, a excepción de algunas pecas aquí y allí. Cada vez que movía los brazos, veía los músculos moverse bajo la piel. Era poderoso y hermoso a la vez.

Aparecí a su espalda y le di un beso entre los omóplatos.

―¿Te importa que me duche contigo?

Se frotó una barra de jabón por el pecho y la volvió a dejar en la estantería de azulejos.

–En absoluto.

Le rodeé la cintura con los brazos y sentí el jabón en la yema de los dedos.

―Gracias por hacerme sentir mejor en el avión.

Colocó un brazo sobre los míos.

―No ha sido nada, monada. ―Se giró hacia mí. Su vello facial seguía siendo denso; todavía no se había afeitado. Solía hacerlo justo después de salir de la ducha, cuando su piel estaba húmeda y suave. Me rodeó la cintura con los brazos y me miró el pecho con lujuria.

Tenía que ser sexy. Necesitaba ser diferente de las otras mujeres con las que había estado. Tenía que darle lo que quisiera. Me olvidé de mi vergüenza y me sujeté los pechos. Empecé a masajearlos lentamente, pasando el pulgar sobre los pezones. Cogí un poco del jabón de su pecho y lo extendí en el valle entre mis tetas.

Sasuke observó todos mis movimientos.

Al principio me sentí tonta, pero cuando vi la mirada ardiente que me lanzó ya no me sentí tan estúpida. Los pezones se me endurecieron por la excitación. Ningún otro hombre me había hecho sentir tan deseable. Era obvio cuánto me anhelaba, y ningún hombre me había enseñado nunca tal nivel de interés sexual. Me habían pedido salir, habían intentado ligar conmigo en bares, pero nunca había recibido una mirada con la que Sasuke me estaba dirigiendo en aquel instante.

Su miembro se endurecía más y más contra su vientre cuanto más me miraba. Veintitrés centímetros emergieron de la nada; la sangre caliente circulaba por su miembro en erección.

Continué tocándome antes de lamerme los labios.

Sasuke gimió lo bastante alto como para que pudiese oírlo por encima del ruido de la ducha.

Fui un poco más allá y me puse de rodillas. Las baldosas del baño estaban duras y la posición resultaba incómoda, pero mi incomodidad alimentaría aún más su deseo. Dejé las manos en mis pechos y abrí la boca, con la lengua pegada a la parte inferior de ella, preparada para lo que seguía.

A Sasuke se le oscurecieron los ojos y se agarró la hombría por la base, preparándose para meterla en mi boca. La última vez que se la había chupado había sido siguiendo sus órdenes. Ahora lo hacía por voluntad propia, preparada para que me ahogase con su placer.

Lo miré con la lengua fuera, pidiendo su sexo en silencio.

―Joder... ―Me agarró de la parte de atrás de la cabeza y pasó lentamente su erección sobre mi lengua. Cambió de posición y empujó, hundiendo los dedos en mi cuero cabelludo mientras se erguía sobre mí, conquistándome.

Sentí su glande golpearme el fondo de la garganta, pero no me permití tener una arcada. Pude saborearlo de inmediato, jabón mezclado con su excitación. Estiré el cuello y engullí su miembro una y otra vez, tomándome mi tiempo para acostumbrarme a tener la garganta tan llena.

Volví a jugar con mis pechos mientras me movía, lamiéndole la base del glande antes de volver a tomarlo por completo en mi boca.

Sasuke cerró los ojos un segundo mientras lo disfrutaba, poniéndome las manos en el hombro para mantener el equilibrio.

Me moví más rápido, queriendo darle más, pero cuanto más me movía, más lo disfrutaba yo también. Me gustaba que los ojos se me llenasen de lágrimas de lo grande que era. Me encantaba que me doliese la garganta por su longitud. Adoraba que no dejase de producir líquido preseminal en mi boca. Me fascinaba que el deseo ardiese en su mirada al querer más de mí.

Se suponía que aquello era para él, era manipulación pura. Pero acabé disfrutándolo tanto como Sasuke.

―Mírame.

Mis ojos subieron hacia los suyos mientras continuaba.

Su gran mano me acunó la mejilla mientras seguía embistiendo dentro de mí, hundiéndose en mi garganta más fuerte que antes. Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas, y Sasuke las secó con la yema del pulgar.

―Monada. ―Se sujetó los testículos y los masajeó sin apartar la mano de mi mejilla―. Enséñame la boca antes de que tragues.

―Sí, señor.

Gimió otra vez mientras se introducía en mi boca, follándome con agresividad y dilatándome la garganta. Sus dedos descendieron hasta mi cuello y me agarró con fuerza antes de explotar.

―Abre la boca.

Abrí la boca y saqué la lengua.

Apuntó con su erección y dejó escapar varios chorros de semen blanco sobre mi lengua, dándome tanto que hasta sentí su peso. Se acarició mientras acababa, con ojos medio cerrados.

―Joder... ―Miró su obra, con los dedos manchados de su semilla―. Traga.

Retraje la lengua.

―Sí, señor.

Sus ojos se oscurecieron por completo de nuevo.

Tragué, haciendo que todo bajase a mi vientre. El agua caliente siguió golpeando las baldosas, y yo seguía de rodillas. No noté lo incómodo que era hasta que se acabó la diversión; ahora tenía las rodillas doloridas y el pecho rojo de tanto masajearlo. A pesar de haber tragado ya, seguía sintiendo su sabor en la lengua.

Sasuke me acarició el labio inferior con el pulgar.

―Ahora me toca a mí arrodillarme.

.

.

.

CUANDO ME DESPERTÉ a la mañana siguiente, Sasuke no estaba.

Seguía sin saber sus horarios. A veces estaba ahí cuando me despertaba, y otras no. Solían traer una bandeja de desayuno a mi habitación, pero comer a solas no ayudaría con mi situación.

Examiné el armario y encontré un vestido rosa de verano ceñido y una bonita chaqueta de punto. Era algo lujosa, pero se ceñía a mis curvas de un modo que las hacía más notables. Me arreglé el pelo y me maquillé, esforzándome más que nunca en mi apariencia.

Bajé las escaleras y vi a Kabuto en el enorme vestíbulo, en el puesto exacto que solía ocupar. Hice todo lo que pude por ignorarlo mientras cruzaba la gran sala en dirección al resto del castillo. Sasuke seguramente estaría en la salita o en el jardín.

―¿A dónde crees que vas?

Ignoré el frío tono de Kabuto y seguí andando con la cabeza alta.

―Te he hecho una pregunta, zorra. ―Se me acercó. Sus pesados pasos parecieron todavía más ruidosos en la sala.

Me di la vuelta antes de que pudiese agarrarme y empezar otra guerra, pero mantuve las distancias.

―Busco a Sasuke. A él no le preocupa que huya, así que a ti tampoco debería.

Sus pobladas cejas se unieron en una línea recta. Tenía una nariz muy grande, del tamaño de mi puño, y un gran lunar justo en la barbilla. No era nada guapo, y estaba más que claro que era mala persona.

―Cuando se trata de zorras como tú, siempre me preocupo.

Si me tocaba, le daría una patada en las pelotas lo más fuerte que pudiese.

—Sólo quiero hablar con Sasuke. Como su mujer, tengo derecho a hacerlo.

―Tú no eres su mujer ―dijo riendo entre dientes―. Sólo una de sus putas.

Mi genio explotó como una bomba. Le di un puñetazo justo en la nariz, con un poderoso gancho de derecha que ni siquiera vio venir. Sentí como se le rompía bajo mis nudillos, y me invadió una increíble satisfacción ante el daño que le había provocado.

―Vuelve a llamarme así y veremos.

Kabuto se tambaleó hacia atrás, con la sangre chorreándole por la cara. Tardó un instante en darse cuenta de que mi golpe había sido la causa, pero en cuanto lo procesó todo, me miró como si quisiese matarme.

Pero de verdad.

Sacó la pistola.

Mierda.

―¡Sasuke! ―Corrí lo más rápido que pude, a pesar de que sabía que jamás podría ir más rápido que una bala. Si Kabuto me atrapaba, era mujer muerta―. ¡Sasuke!―No tenía ni idea de dónde se encontraba. Sólo esperaba que fuera en el castillo y que pudiese oírme.

Kabuto me hizo un placaje y me derribó con fuerza, haciendo que me deslizase por el suelo.

―¡A ver qué pinta tienes con la nariz ensangrentada, zorra! ―Me cogió del cuello y me lo apretó tanto que no pude respirar. Levantó la culata de la pistola, listo para golpearme con ella en la cara.

Joder, aquello iba a doler.

―Quítate. De encima. Ya. ―La voz autoritaria de Sasuke fue suficiente para parar a Kabuto antes de que me golpease. Se detuvo a centímetros de mi cara, con el metal de la pistola casi aplastándome la nariz. La fuerza del golpe la habría hecho explotar un geiser de sangre y me habría desfigurado permanentemente.

Kabuto se quedó encima de mí pero bajó su arma.

―Pero ella...

―Quita de encima. ―Sasuke le dio una patada en el estómago para que se bajase. Se arrodilló y me examinó a pesar de que sólo tenía algunos arañazos en los brazos tras la caída sobre el suelo de piedra―. ¿Estás bien, monada? ―Sus poderosos brazos me abrazaron. Me miró la cara atentamente en busca de heridas.

―Estoy bien. ―Me miré los brazos y vi las quemaduras de fricción por haberme deslizado por el suelo.

Kabuto se puso de pie y se limpió la sangre con la manga.

–Intentaba escapar...

Sasuke sostuvo una mano en alto.

―Desaparece de mi vista.

Una mueca se extendió por el rostro de Kabuto, una ira explosiva que apenas pudo mantener dentro de sí. Quiso hablar, pero sabía que desafiar a Sasuke era mala idea. Se guardó la pistola en la funda y se marchó con los hombros tensos, amenazantes.

Sasuke me apartó el pelo de la cara y continuó examinándome.

–¿Seguro que estás bien?

Asentí.

―Estaba pasando por aquí y Kabuto me dijo unas cosas...

–Yo me encargo. No te preocupes más por él.

Esperaba que aquello significase que lo iba a despedir. Kabuto la había pagado conmigo desde que aparecí. Aquella era la tercera vez que me había pegado.

Sasuke me ayudó a ponerme en pie antes de abrazarme contra su pecho. Me puso una mano en el pelo y con la otra me rodeó la cintura. Me miró como si estuviese examinándome otra vez, asegurándose de que estaba bien.

–Si te hubiese dejado alguna cicatriz, lo hubiese matado. No puedo llevar a mi cita amoratada a la inauguración del fin de semana que viene.

Me ofendí de manera automática. No le importaba mi seguridad, sólo mi aspecto. Hacer que se enamorase de mí pareció más imposible en aquel momento.

Me frotó la mejilla con el pulgar antes de levantarme la barbilla.

–¿Qué ha pasado?

―Pasé por delante de él, me llamó puta... y le di un puñetazo.

Sasuke suspiró y negó con la cabeza.

―No me extraña que se lanzase a por ti.

―Bueno, no aprecio eso de que me llamen puta. Cada vez que salgo de la habitación me trata como a una criminal.

―¿Qué hacías?

―Buscarte.

―¿Se lo dijiste?

―Sí. Ya te he dicho que ese tío me odia.

Ahora que sabía que estaba bien, Sasuke se detuvo a examinar mi conjunto. Pareció gustarle, porque su humor mejoró un poco.

―Estás muy guapa.

―Gracias... ―El piropo parecía sincero, y aquello hizo que me derritiese como la mantequilla.

―¿Para qué querías verme?

Me encogí de hombros.

―Te echaba de menos. ―Contuve el aliento tras decir aquello, insegura de cómo se lo tomaría. Estaba exagerando mis muestras de afecto y temía que reconociese mi falta de sinceridad. Había pasado de cortar en seco sus avances a cada oportunidad a decir que lo necesitaba. Sasuke no era estúpido; podía averiguarlo todo.

Pero no pareció sospechar nada. Sus ojos se suavizaron y movió el pulgar a la comisura de mis labios. Me los miró antes de inclinarse y besarme; fue una caricia suave y gentil que me hizo sentir como algo más que su prisionera.

―Pues aquí estoy. A tu servicio.

―¿Podemos desayunar? Y volver luego al dormitorio.

―Ya he comido. ―Me miró el vestido y se detuvo en mi escote―. Pero tengo algo de tiempo libre...

.

.

.

ME SUBÍ A LA CAMA, con las piernas separadas y los zapatos de tacón aún puestos.

Sasuke se me acercó desde atrás y se quedó inmóvil al darse cuenta de que no llevaba ropa interior.

―Jesús... ―Se desabrochó los pantalones de vestir y permitió que su sexo saliese, pulsante y grueso. Se posicionó en mi entrada y se enterró en mí con un movimiento fluido.

Me incliné ligeramente hacia adelante y cerré los ojos, sorprendida de lo increíble que era tenerlo dentro.

―Sasuke...

―Monada, me encanta que digas mi nombre. ―Me aferró la nuca y me empujó la cara contra el colchón, obligándome a curvar la espalda en un ángulo más marcado para que mi vagina quedase más accesible. Dejó que su erección descansase en mi interior un segundo antes de empezar a embestir.

Quería que disfrutase de mí, que me disfrutase como nunca había disfrutado con las demás. Necesitaba seducirlo con sexo y afecto, así que hice algo que nunca había hecho antes: me chupé uno de los dedos y lo introduje en mi otro agujero para que pudiese verlo.

Freno el ritmo mientras me observaba, y sus jadeos se convirtieron en gemidos.

―Sakura...

Era la primera vez que me llamaba por mi nombre durante el sexo.

Normalmente usaba «monada», pero nunca mi nombre. Me dilaté con más ahínco, introduciendo y sacando el dedo. Nunca había hecho nada de anal, por lo que aquello fue incluso más extraño de lo normal. Pero haría lo que fuese necesario para sobrevivir, y nadie podía juzgarme por ello.

―Maldición, eres increíble.

Cuanto más excitado estaba él, más mojada estaba yo. Sentí su miembro aumentar de tamaño dentro de mí, llegando a un nuevo nivel de dureza. Mi vagina empapada le proveyó de una lubricación ideal para poder entrar y salir con una fricción perfecta.

―Quiero tu semen...

Enterró los dedos en mis caderas.

―Ya viene, monada. Sigue metiendo los dedos en ese culo tuyo y llegará.

Gemí sin detener mis acciones, excitándome aun cuando no había creído que fuera a disfrutarlo. No había esperado disfrutar nada con Sasuke, pero me había dado cuenta de que con él tenía el mejor sexo de mi vida. Nunca había esperado llegar al orgasmo cuando me había acostado con otros hombres, y cuando llegaba a pasar, lo agradecía. Pero con Sasuke me corría siempre, era un estándar que guiaba mis expectaciones. Me habían robado la vida, pero al menos estaba recibiendo el mejor sexo del siglo.

Gemí contra la colcha al correrme, aferrándome a su erección hasta estrangularla. Sentí como salía más líquido de mí debido al orgasmo. Ahora estaba tan mojada que hasta estaba mojando la cama.

―Joder. ―Sasuke entró y salió unas cuantas veces más hasta quedarse dentro, penetrándome hasta el fondo. Se liberó dentro de mí a la vez que me cogía de la muñeca y me la apretaba. Embistió unas cuantas veces más en mitad de su clímax, haciendo llegar su semen todavía más dentro de mí.

Aquello, saber lo mucho que quería que aceptase su semilla, me volvió a hacer gemir.

Sasuke me rodeó el pecho con un brazo y tiró de mi hacia arriba, haciendo que mi espalda se pegase a su camisa. Respiró en mi oído y su miembro fue recuperando su estado natural en mi interior. Me sacó el dedo de entre las nalgas y me lo dejó en el muslo. Mi respiración seguía siendo muy agitada.

―Me encanta. Este. Coño. ―Movió el pene con cuidado en mi cuerpo, moviéndose entre los líquidos provocados por los orgasmos de ambos―. Tantísimo.