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¿QUIERES QUE TE TOQUE?

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"¿Y Nathan?" dijo Delia, inclinándose en el sofá. "¿Crees que es lindo?"

Amelia suspiró, mordiendo la punta de su uña. "¿Por qué lo preguntas?"

"¡Sólo quiero saber!" respondió ella, jugando con sus rizos rubios. "A veces es divertido hablar de chicos."

Ella sonrió mientras sacudía su cabeza.

Podría pensar en chicos, pero no cuando Draco era lo único que pasaba por su cabeza. Desde el día de su 'encuentro' en la habitación, no la había dejado de mirar. Apenas se hablaban pero las miradas decían muchas cosas.

Tampoco se había olvidado de Ocluir. Tuvo que hablar con Hermione para retomar sus prácticas con ella.

"¿Realmente necesitas de mi ahora?" preguntó ella cuando se lo pidió. "No me siento con la fuerza para enseñarte Ames."

"Te lo ruego Mione." suplicó ella, haciendo pucheros. "Necesito aprender a Ocluir. No sabemos si aquellas barreras pueden frenar la Legeremancia."

Hermione rechisto, levantándose de su cama para caminar hasta uno de sus estantes. "Te daré mi libro, pero jura que los cuidaras con tu alma."

Amelia sonrió, corriendo para abrazar a su hermana por la espalda. "Lo juro, lo juro, lo juro."

Hermione puso los ojos en blanco, poniendo el libro en sus manos.

Desde ese día había pasado tardes leyendo. Había aprendido la parte teórica de la Oclumancia y las maneras en que podría llevarla a cabo. Ideó sus zonas de seguridad y arrimó todos sus pensamientos en un vacío oscuro y perdido.

Hasta que llegó al segundo tomo del libro, Legeremancia, y un montón de pensamientos llegaron a su cabeza. ¿Podría ella leer la mente de Draco también? Suponía qué él sabía mucho más del tema y su poder podría no ser suficiente.

Aunque valía la pena intentarlo.

Introducirse en la mente de alguien tenía más complicaciones que la Oclumancia. Implicaba más poder y fuerza, e incluso, si llevabas a cabo la Legeremancia de manera perfectas, podrías llegar a ver las imágenes.

Amelia quería leer la mente de Draco, pero eso llevaría algo de tiempo. Pensó en practicar con los del bunker pero sentía que no podría invadir su privacidad. La mente es algo tan personal e íntimo que temía pasar ese límite entre la imaginación y la realidad.

"¿Podrías dejar ese jodido libro en paz Granger?"

Ailaa apareció en la sala, moviendo su cabello y lanzando una mirada de desaprobación hacia las dos chicas recostadas.

"¿En qué te afecta Rose?" preguntó Delia, incorporándose en su lugar. "¿Estás celosa de que al menos Amelia sepa leer?"

Ailaa sonrió, poniendo los ojos en blanco. "Tus estúpidos insultos son música para mis oídos Sukre. Además, le hablé a Amelia, no a ti."

"Bien," respondió ella, dejando el libro de lado. "Podrías solo cerrar la boca y dejar tu estúpida arrogancia a un lado."

Ailaa rechisto, acercándose al sillón antes de sentarse. "Está bien, seamos las lindas amigas que hablan de todo."

Amelia lanzó un sonrisa sarcástica antes de alcanzar su vaso de agua que reposaba en la mesa de centro.

"Bien, Ailaa." habló Delia, mirando a su alrededor. "Hablemos cosas de chicas."

Ella se encogió de hombros ante la idea. "Bien."

"Entonces, ¿quién es el más atractivo de éste bunker?"

Amelia golpeó a su amiga en el brazo a lo que ella fingía dolor, refregando la parte posterior de su hombro.

"Eso es fácil." dijo Ailaa. "Malfoy."

La garganta de Amelia ardió y sintió el rubor subir por su cuello. Ahogó sus labios en su vaso, tomando agua para calmar la ira en su pecho.

"Merlín, si..." respondió Delia, suspirando. "Dejaría que Malfoy hiciera lo que quiera conmigo. ¿Has visto sus músculos?"

"He visto más que eso..." murmuró Ailaa mordiendo su labio con fineza.

Amelia quería pararse y golpearla en ese mismo instante, pero no tenía razones. Sus celos eran estúpidos y sabía que Ailaa decía ese tipo de cosas a propósito.

El problema era, que probablemente eran ciertas.

Ailaa Rose fue una de las primeras 'novias' de Draco durante su cuarto año. Ella estaba locamente enamorada de él e hizo todo lo posible para llamar su atención, cosa que no fue muy difícil. Ailaa era una Slytherin de buena familia, tal como Draco, y juntos eran la pareja más afanada de Hogwarts.

"¿Tú que crees Amelia?" preguntó la chica, mirándola con burla.

Ella trago saliva a lo que dejaba su vaos a un lado. "Bueno... creo que -"

"¡Bien!" habló Harry desde el pasillo, entrando a la sala junto a los demás. "Tenemos algo de lo que hablar."

Blaise y Pansy venían abrazados mientras Theo los molestaba a su alrededor. Luna conversaba con tranquilidad con Nathan mientras se apoyaban en una de las paredes. Vio a Noah sentarse junto a Ailaa antes de que su mirada cayera en Draco, quien casi con sigilo se apoyaba en el marco de entrada de la sala, cruzandose de brazos mientras miraba la escena.

Se veía natural, relajado y tranquilo. ¿Podría ella practicar su Legeremancia ahora?

"Tenemos indicios de que los Mortífagos podrían estar cerca." declaró Harry, caminando entre Hermione y Ron quienes se encontraban a sus espaldas. "Ésto es sólo una especulación pero, más vale prevenir ya."

La voz de Harry se desvaneció cuando Amelia comenzó a concentrarse en Draco. Tenía la suerte de que él estuviera mirando hacia sus manos, moviendo los anillos de un lado a otro. Inundó todo su poder en la mente y fulmino a Draco, abriéndose paso en medio de la oscuridad.

Cerró los ojos con fuerza cuando logró sentir que abrió paso dentro de su consciente, pero aún estaba lejos de llegar. Un fuerte dolor le hizo palpitar la sien cuando sintió su fuerza chocar. Supuso que aquello era su barrera. El muro que protegía sus pensamientos. Amelia se esforzó y comenzó a golpear, alineando todas sus fuerzas e implantado la idea de que aquel muro caería para ella.

"¡Amelia!"

Ron sacudió su hombro, haciéndola abrir los ojos para ver al pelirrojo frente a ella.

"¿Estás bien?" preguntó él, enderezando su cuerpo para volver con Harry.

Ella asintió, pasando la mano por su frente. "Si... tenía un pequeño dolor de cabeza es todo. ¿Pasa algo?"

Harry, quien seguía hablándole al grupo restante, le asintió. "Haremos guardias nocturnas para cuidar el bunker. Necesitamos que hayan al menos dos o tres persona que pasen la noche aquí abajo, revisando el perímetro y la protección."

Hermione tomó un pequeño cuaderno y un lápiz, tomando nota de las palabras de Harry. Amelia respiró suavemente, intentado acaparar el dolor que caía por su cuello. Alzó la cabeza con nerviosismo para mirar a Draco y su corazón explotó cuando él también la miraba a ella, su rostro pensativo y analizante.

"Bien," dijo Hermione. "Armaremos los grupos. Necesitamos comenzar hoy mismo."

Harry comenzó a mirar los rostros, planificando la organización dentro de su mente. "Entonces... Delia, puedes ir con Luna."

La pluma de Hermione se movía con rapidez sobre su hoja mientras seguía las palabras de Harry.

Resultó ser que él tenía una buena perspectiva de todos, ya que las siguientes parejas terminaron siendo casi perfectas para coexistir. Blaise con Pansy, Noah con Ailaa, Nathan con Theodore.

Harry se cruzó de brazos, viendo las personas restantes. "Amelia... tu te quedarás con..."

"Conmigo." dijo Draco, poniendo las manos en sus bolsillos. "Sabes que dejaras a Granger con Weasley, y sobrarás, pero es mejor que te mantengas alejado del peligro, al fin y al cabo, es a ti a quien quieren muerto."

Potter ignoró su comentario, asintiendo hacia Amelia. "Bueno, irás con Malfoy, lamentablemente..."

Amelia sintió un nudo en su estómago. Pensar en pasar más horas con Draco la hacía querer hundirse, pero en el fondo, era eso lo que había querido siempre. No había momento para arrepentirse.

Entraste en su juego.

"¿Quién irá primero?" preguntó Hermione, dando un vistazo a todos los rostros.

La mayoría se quedó en silencio, esperando a que alguien alzará la voz, y así pasó. Draco se reclino sobre su cuerpo dando pasos hacia Hermione.

"Supongo que a Amelia no le molestará que lo hagamos, ¿verdad?"

Ella sintió las miradas posarse sobre sí y asintió suavemente, intentando aliviar la tensión de su pecho.

"Bien, entonces Amelia y Draco se quedarán aquí." dijo Hermione, haciendo pequeñas anotaciones en su cuaderno. "Es mejor que descansen antes de que caiga la noche. Deben mantenerse despiertos y no hay la suficiente cafeína para mantenerlos en pie."

Amelia se puso de pie, sintiéndo que podría desmayarse en cualquier momento. "Claro, es lo que haré exactamente ahora."

Esquivando a Hermione y Ron, se adentró en el pasillo, pero en vez de subir las escaleras, sus pies siguieron a la puerta de entrada, saliendo lo más rápido posible del lugar. Corrió por el pasillo hasta los arbustos y corrió un de ellos dejando un pequeño hueco.

Cuando estuvo fuera inspiró. El sol se había escondido y no quedaba más que un cielo rojizo que cada vez se volvía más oscuro.

Sabía que la Legeremancia era dificultosa pero no esperaba terminar de esa manera. El libro no hablaba de los efectos del cuerpo ante tal tipo de magia y estaba segura que el hecho de que hiciera tanto esfuerzo solo la hizo debilitarse aún más.

"¿Qué se supone que hacías ahí dentro?"

Un suspiro salió de sus labios, y se dio la vuelta quedando frente a él. "No se de que hablas."

El sonrió, marcando sus mejillas con pequeños hoyuelos. "¿Querías leer mi mente Amelia?"

Ella bajó el rostro, jugando con su pie contra las hojas secas. "No..."

Sus labios se secaron cuando Draco se paró frente a ella. Sus chaquetas rozandose entre sí. Temía alzar la cabeza, él era más alto que ella por lo que a su lado se sentía aún más pequeña de lo que ya era.

Los nervios le estaban ganando este juego y cuando sintió sus dedos tomar su barbilla para acariciarla, un fuego la atrajo a él, queriendo aún más.

"¿Quieres saber lo que pienso sobre ti?" preguntó el, en un tono tan suave y casi dulce que Amelia se cuestiono todos aquellos años en Hogwarts donde había sido frío y arrogante.

Con nerviosismo, mordió su labio, tratando de mirar hacia cualquier lugar menos su rostro.

"No hagas eso Amelia." ordenó él, pasando el dedo por su labio. "Sólo haces que quiera morderlo también."

Sus piernas temblaron y resistió el sentimiento de apartarse. Draco era un gigantesco mar y Amelia estaba segura que se hundiría en él. No encontraba la manera de explicar el por qué sus palabras le afectaban tanto, pero lo hacían.

Él tenía ese poder.

"Entonces..." susurró, bajando su mano para ponerla en su bolsillo. "¿Querías encontrar pensamientos sobre ti?"

Su cuerpo vaciló antes de poder hablar. "Lo siento Draco. No debí hacerlo y es algo -"

"No es necesario que entres a mi mente." murmuró él. "Puedo demostrarte todo lo que pienso acerca de ti Amelia, pero créeme, son demasiadas cosas."

No reprimió el jadeo que salió de sus labios, mordiendolos entre sus dientes cuando el hormigueo la desvaneció, recayendo en su punto débil.

"Te lo diré una vez más, Amelia." dijo él, está vez, en un tono de voz más severo. "Si no dejas de hacer esas cosas -"

"¿Hacer qué?" preguntó ella, frunciendo el ceño con incomprensión.

Draco lamio la esquina de su boca, bajando la mirada desde el centro de su cuerpo, pasando por el dobladillo de su abrigo hasta llegar a sus piernas.

"Morder tu grueso labio..." susurró. "Apretar tus muslos... mirarme de esa forma."

Amelia, por obviedad, junto sus rodillas, intentando aliviar la presión que se ejercía en su núcleo. Quería Ocluir, porque su mente no hacía más que pensar en él, tomandola en ese mismo instante. Sus manos apretando sus muslos antes de poder enredar las piernas alrededor de sus caderas. La presión de sus labios contra su garganta, bajando por su cuello, su pecho -

"¿Lo piensas no?" susurró él, lamiendo la parte inferior de su labio. "¿En quién piensas Amelia?"

Sintió sus ojos lagrimear mientras él calor de su cuerpo la abrazaba por completo.

Acabas de entrar en su juego, pensó.

Con toda la fuerza, miró sus ojos. Aquellos ojos que no mostraban más que lascivia hacia ella y contestó. "En ti..."

La energía se liberó de su cuerpo, y una sensación de alivio la llenó. Pudo ver a Draco gruñir en voz baja antes de dar un paso más hacia ella, apoyando solo la yema de sus dedos sobre su cintura.

"Eres tan buena chica Amelia." murmuró, curvando levemente su labio. "Tan inocente..."

Sintió que su corazón comenzaba a saltar bajo su piel. La sola idea de pensar que él podría tener control sobre ella la alteraba. Si había tenido la capacidad de hacerla correr solo con palabras, ¿que otro tipo de cosas podría hacer con ella?

"Quién diría que una chica tan pura pudiera querer que la follen hasta no poder respirar."

Las imágenes de Draco amarrándola cruzaban su mente. Todas sus fantasías ahora le pertenecían también y el sentimiento de control se había vuelto nulo hace bastante tiempo para ella.

"¿Eso es lo que quieres Amelia?" preguntó, en un tono seductor y grave. "¿Quieres sentirte dominada? ¿Que te digan palabras hasta sentir que tus paredes se contraen para luego follarte hasta más no poder?"

La noche estaba cayendo y la luz de la luna era lo único que le permitía ver sus facciones. Sus pómulos, sus mejillas, sus labios.

Un año de fantasías podrían transformarse en quizá, la realidad misma.

Draco apretó su cadera, llamando su atención. "Una respuesta es lo que quiero Amelia."

Ella volvió a suspirar, subiendo una mano para tirar de su cabello hacia atrás. Sentía el frío congelar su piel, sus labios secándose y su nariz enfriandose hasta el punto de doler.

Amelia lo quería. Realmente ansiaba saciar el vacío provocado por el extenso tiempo que se había mantenido intacta hasta por ella misma. Necesitaba volver a sentir lo que era ser tocada y admirada por alguien. Ansiaba vivir otra experiencia, y Draco Malfoy estaba ahí y ahora, frente a ella, cautivandola y arrullandola entre sus palabras.

Ella lo quería, y él la quería a ella.

"¿Qué es lo que esperas que responda?" preguntó Amelia, manteniendo sus miradas conectadas. "¿Qué es lo que esperas de mí, Draco?"

Pudo verlo. Ella sintió una corriente de energía a través de sus dedos. "Sólo espero que estés consciente de lo que vas a responder." dijo él, soltando su mano. "Porque si cedes, no hay vuelta atrás."

Ella lo tenía claro. Pansy también se lo había advertido.

Pero lo que también le dijo la azabache, era que debía dejar se pensar. Privarse del deseo no haría más que agravar sus sentimientos y luego se arrepentiria de ello.

"Si quiero."

Las palabras salieron de su boca como si ansiaran hacerlo, y pronto se sintió volando, en la cúspide de la nada, esperando que él respondiera.

Draco la miró, con un aspecto de alegría, pero luego todo se disolvió, cuando su mano se separó de su Cadera y su cuerpo dio un paso atrás. "Te daré el beneficio," dijo él. "de poder arrepentirte de tus palabras Amelia."

"¿Y si no?" preguntó ella al instante. "¿Y si esto es lo que quiero?"

Él sonrió, pero fue una sonrisa vacía. "Sólo piénsalo."

—§—

Amelia había pasado su tarde haciendo lo único que podía despejar su mente además de leer.

Cocinar.

Ella y Hermione acostumbraban a preparar pequeños bollos con crema cuando sus padres hacían reuniones en casa. Era algo así como una tradición para ellas, y hoy, habían decidido hacerlos para salir de su rango de cada día.

Si bien acostumbraban a alimentarse de una manera basta, Hermione se permitió usar magia para obtener algunos de los ingredientes y así recrear su receta.

"Vamos Ames..." murmuró Nathan, rodeandola en la cocina. "sólo un trozo y ya, lo prometo."

"No." respondió ella. "Si pones las manos sobre esos dulces Nathan, te golpeare. Oh, y llamaré a Delia para que me ayude."

Nathan sonrió, enrollado sus brazos alrededor de su hombro. "Sería un honor ser tocado por dos señoritas tan bellas."

"¡Deja a mi mujer asqueroso Ravenclaw!" gritó Pansy, acercándose a ellos desde la sala.

Nathan alzó sus manos, encogiendose de hombros con indiferencia. "No he tocado a tu mujer, Pansy."

"Más te vale." gruñó ella, tomando a Amelia de la mano para llevarla a un lugar privado.

Caminaron hasta el pasillo, ocultandose en la oscuridad tras la escalera.

"Y bien," dijo Pansy con entusiasmo. "¿Qué dijo él?"

Amelia frunció el ceño y resopló. "Merlín Pans, ¿acaso me espías?"

"Sólo dímelo." rogó ella. "Estoy haciendo todo por ayudarte, merezco los detalles."

Finalmente cedió, apoyando su hombro en la pared a su lado. "Bueno, creo que... él de cierta manera admitió que quiere... algo conmigo."

"Sexo." recalcó Pansy.

"Si..." murmuró ella. "Sexo."

"¡Eso es fantástico!" exclamó, tomando sus hombros para sacudirla. "Amelia, estás jodida."

"Lo has dicho un par de veces si..." respondió ella, ahora, volviendo su rostro serio. "Hay algo que me llamó un poco la atención."

Pansy se detuvo, borrando la sonrisa de sus labios. "¿Paso algo?"

"No... es solo que, él dijo que me daba el 'beneficio' de arrepentirme." contestó ella. "Eso... ¿qué significa?"

Pansy sacudió su cabeza, volviendo a mostrar serenidad. "El debe estar algo asustado ahora." le respondió. "Te dije, él no es de analizar a la hora de acostarse con alguien, y extrañamente contigo lo ha hecho. Quizá está dándote la oportunidad de pensarlo, ya sabes, por lo de sus gustos."

"Pero él no sabe que lo sé."

"Ames, somos amigas y Draco me conoce lo suficiente para saber que te conté todo sobre él."

Amelia suspiró, echando su cabeza hacia atrás mientras apretaba los ojos. "Pansy..."

"Lo sé, lo siento, debí decirlo antes."

No era algo nuevo para ella sabe que Pansy hablaba de más. Pero el problema era que también escondía demasiadas cosas, exactamente las más importantes. A pesar de todo no podría arrepentirse de ser cercana a ella. Pansy Parkinson le había ayudado más en un año, que cualquier persona dr Hogwarts en siete.

"Ames siento molestar," dijo Blaise, apareciendo desde la parte superior de la escalera. "pero necesito robarte a Pansy."

Ella hizo un gesto con la cabeza mientras la azabache corría escaleras arriba. Se acercó hacia la sala, que ahora, se encontraba vacía. Miró un pequeño reloj que mantenía colgado sobre la chimenea.

23:37 pm

No sintió ruidos en ningún lugar del bunker y asumió que todos estaban en sus cuartos. Parte de su organización era mantenerse en su zona antes de las once de la noche, pero se permitían romper algo de aquel tonto reglamento.

Caminó hasta la chimenea, agregando algo de leña para mantener el fuego vivo. Miró a su alrededor, antes de sentarse en el largo sillón, concentrando su mirada en el crepitar de las llamas.

Un crujido le dio la atención a la presencia de Malfoy, quien sin muchas palabras, se acercó a la cocina, sacando una taza de uno de los estantes.

"¿Quieres café?" preguntó él, apenas mirándola.

Amelia separó su mirada del fuego, asintiendo antes de decir 'Si'.

Sus manos estaban sudando por lo que comenzó a refregarlas sobre sus jeans. Pensar en pasar una noche entera junto a Draco la hacía temblar. Apenas podía sobrevivir minutos de una conversación. ¿Cómo podría convivir con él por más de siete horas?

"Toma." su visión cobró vida y recibió la taza que Draco le alzaba antes de sentarse a su lado.

Ella enrollo sus dedos en la tibia porcelana, concentrándose en mantener su Oclumancia.

"¿Qué se supone que debemos hacer?" preguntó Amelia, intentando cortar la tensión del silencio.

Draco dio un sorbo a su taza antes de contestar. "Sólo cuidar el lugar."

"Umm"

Nuevamente silencio.

Amelia estaba sufriendo y esto le parecía una tortura. No quería mirarlo porque de cierta forma sabía que él también la miraría y aquello era demasiado en ese momento.

"¿Lo decías en serio?" preguntó Draco, casi en un susurro que, si no fuera por el vacío, no podría haber escuchado.

Ella entre abrió los labios antes de mirarlo. "¿Qué cosa?"

"Realmente quieres..."

El aleteo en su estómago la revolvió, haciéndola inclinarse hacia atrás mientras sus dedos apretaban con fuerza la taza. "Fue mi respuesta."

Él se movió, dejando la taza de café en el centro de la mesa, para luego girarse en su lugar en dirección a Amelia. "Pude hacerte correr con palabras Granger." murmuró, con ojos oscuros. "¿Crees que logre hacerlo con mis propios dedos?"

Ella ya no podía pensar. Mucho menos cuando sintió su mirada bajar hasta sus muslos, como si fueran un tesoro para él. El brillo en sus ojos más la iluminación tenue de la chimenea la hacían querer dejarse. Ceder a todas sus palabras.

"Sólo hay una forma de averiguarlo..." susurró ella, dejando la taza a centímetros de la de Draco.

Él sonrió, mordiendo el interior de su mejilla al tiempo que se acercaba a ella, cada vez más oscuro. Los centímetros de hicieron milímetros cuando él estaba a su lado, rozando con su mano el pómulo de ella. Lo sintió suspirar al tiempo que miraba sus labios, bajando su mano hasta la comisura de su boca.

"Amelia, ¿Quieres que te toque?"