¡Hola lectores!

Entre mis cosas de la u y el estreno de hanyo no yashahime he estado a full. Comprenderán que no dormí para ver el estreno de japón y que para estas alturas he visto el cap al menos unas 10 veces sjnfdsj. Todo me ha parecido PERFECTO, la relación de Inu y Kag, su sincronía al pelear, y obviamente las 3 niñas principales, que son preciosas ;-; aunque mi corazón lo ha derretido Moroha, con sus actitudes tan similares a las de su padre. ¿Qué les ha parecido a ustedes? ¿Habrían cambiado algo o les ha gustado? He visto algunos reclamos con la animación de los personajes clásicos, ya que se ven un poco más infantiles, aunque para mi si bien hay detalles que me han hecho ruido, estoy conforme, de todas formas se veían preciosos :3 Y ESPERÉ 11 AÑOS POR ESTO ASI QUE NO VOY A VENIR A QUEJARME, ESTOY FELIZ SJNFSDJ.

Muchas gracias por sus reviews a darkness1617, candy01234, ELF-CLOUD, C. BENNINGTON, Aida Koizumi, un anon y una persona nueva: chelytahisho500. Sepan que son ustedes los que me motivan a escribir.


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Capítulo 40.- Cuesta arriba

(Perspectiva de Inuyasha)

Vi a Kikyo desaparecer en un movimiento rápido y borroso cuando me acerqué e intenté atacarla. Intentó correr hacia la salida y antes de que pudiera siquiera abrir la puerta la tomé por el cuello lanzándola con fuerza contra el suelo.

En un instante estuve sobre ella y en un instante llevé una de mis manos a su cuello enterrando mis garras con todas las fuerzas que pude encontrar. Su nívea piel se desgarró con facilidad y pude ver como intentaba dañarme con el arma aún en sus manos. Sentí un gruñido gutural involuntario provenir desde mi pecho y el miedo en sus ojos no causó ningún efecto en mí.

– ¿No lo entiendes? No puedes… matarme, tú… me amaste en algún momento. – Su voz apenas emitió sonido por la presión sobre su cuello.

– El peor error de mi vida. – Mi voz sonó casi como un gruñido. Su sangre tibia comenzó a escurrir entre mis dedos.

– He hecho… todo por ti.

– Lo nuestro estuvo muerto desde que te fuiste hace 7 años. Te advertí que si llegabas a hacerle daño te mataría, asi que mírame hacerlo.

Tomé su mano con la daga y la guíe a su pecho en un movimiento rápido y sin dudar, girándola cuando estuvo enterrada en su corazón. Pude ver como poco a poco sus ojos perdieron el brillo sin dejar de mirarme, sin embargo, su último semblante mostró una sonrisa. Unos segundos atrás mi idea era rescatar a Kag y dejar que la policía se encargara de Kikyo, la rabia había hecho lo suyo y ahora mis manos acababan de quitarle la vida a alguien que había amado hace algunos años atrás.

Me acerqué con rapidez desmedida a Kagome, pude sentir a Miroku y a mi padre acercarse luego de abrir la puerta, de seguro mi grito había sido señal suficiente.

– Kag, gatita. – moví su rostro levemente, no había color en sus mejillas y sus ojos estaban cerrados.

Mordí mi muñeca con fuerza y la desgarré en la desesperación. La pegué a sus labios y noté como mi sangre manchó parte de su rostro. No sentí sus labios moverse contra mi piel y el pánico aceleró mis latidos cuando el líquido pareció llenar su boca, pero como ella no tragaba parte de él se desbordaba por sus comisuras. Aún podía escuchar sus latidos bajos y apagados, aún podía salvarla.

– Kagome, abre los ojos, despierta… di algo por favor. No me dejes solo… por favor Kag. – mi voz se quebró y miré su cuerpo. Había tres heridas profundas, una en su brazo, otra en su marca y la del pecho, la peor de todas.

Mi padre se acercó a paso rápido y mi instinto volvió a actuar incluso contra él; lo miré con mis ojos inyectados en rojo mientras ponía mi cuerpo como escudo sobre el de Kag, intentando mantenerlo lejos… No iba a dejar que nadie se acercara a ella, nunca más.

– Tenemos que sacarla de aquí y tú lo sabes– Se mantuvo a distancia, comprendiendo que yo no podía ir contra mi instinto.

Era verdad, pero tenía miedo de moverla sin antes curarla un poco. Volví a morder mi muñeca, llevándola a sus labios otra vez, cada vez estaban más fríos, pero yo no podía darme por vencido con ella. Su corazón pareció perder fuerza y sentí mi cuerpo temblar.

– Inuyasha… - Miroku habló tras de mi tomándome por el hombro – Ya basta, no estás logrando nada. – sacudí mi hombro para quitar su toque.

– Cállate. – exclamé sin mirarlo. Enterré mis garras sobre mi muñeca y el corte profundo me hizo jadear. Quise entregar toda mi sangre por ella, si eso la mantenía con vida nada más importaba.

Escuché a mi padre decirle a Miroku que luego se encargarían del cuerpo de Kikyo, y que por ahora quitara la alerta de la policía.

Mis esperanzas de mantenerla con vida cada vez eran más pequeñas, sentí mis sollozos hacer eco en el lugar y sólo en ese instante pude notar que estaba llorando; yo no podía perderla, no después de todo lo que habíamos pasado para estar juntos otra vez.

De pronto su latido pareció cobrar un poco más de fuerza y yo aguanté la respiración. Acaricié su mejilla y la miré expectante. Ella entreabrió sus ojos y me enfocó por unos instantes.

– Inu… yasha. – Intentó moverse y la vi arrugar su frente por el dolor y evocar un grito ahogado.

– No te muevas gatita , estoy aquí, yo me haré cargo de ti, estás bien. – ella apenas me sonrió y la vi cerrar sus ojos otra vez. Me relajé cuando escuché latir su corazón a un ritmo constante, incluso con ella inconsciente. Puse toda mi concentración en sentir el eco de unos latidos más rápidos junto al suyo, y aunque apenas eran audibles aún estaban ahí.

– La llevaremos con tu madre, en nuestra casa hay una sala para estos casos de urgencia, por suerte Izayoi pensó hace algunos años que sería necesario en algún momento y estamos bastante cerca. Miroku y yo nos encargaremos del resto, tu sólo preocúpate de ella. – Lo miré agradeciendo con el alma tener su apoyo en estos momentos y asentí.

Rompí parte de mi camisa para vendar el corte del brazo de Kag, y la tomé en brazos mientras mi padre hacía presión sobre la herida del pecho, que si bien ya no sangraba tanto, aún permanecía abierta.


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Inu no, condujo con Miroku como copiloto mientras yo iba atrás, con la cabeza de Kag apoyada en mis piernas. Me concentré todo el camino en darle toda la sangre que pude, manteniendo el corte de mi muñeca abierto, llegué incluso a marearme luego de unos minutos.

Llegamos a la mansión Taisho más rápido de lo que esperaba y trasladamos a Kag a la sala que mi padre había mencionado, sala que por cierto yo no había conocido hasta ahora. El lugar no tenía nada que envidiarle a una sala de urgencias de un hospital, de hecho, creo que era incluso más completo.

Recosté a Kag sobre la camilla y mi madre apareció rápido con una mujer vestida con traje clínico, la reconocí como amiga eterna de la familia, recordé que "Haru" era su nombre. De seguro Izayoi se había comunicado mentalmente con su esposo y había preparado todo.

Cinco enfermeras acompañaban a la mujer mientras se encargaba de poner oxígeno y otras cosas para estabilizar a Kagome. Fui empujado hacia atrás y alejarme tan sólo un poco de ella me hizo entrar en modo alerta. Fue mi padre quién me trajo de vuelta a la realidad al palmear mi hombro.

– Iré a encargarme de lo que quedó en el galpón. Te avisaré cuando todo esté listo.

Lo miré a mi lado y asentí.

– Gracias padre, si hubiera estado solo yo… yo no habría sido capaz de soportar tanto.

– La familia nunca abandona, en las buenas y en las malas, no lo olvides nunca. Tu madre y yo moveríamos montañas por ti.

En efecto, mi madre continuó a mi lado con sus ojos llorosos mientras ambos esperábamos que Haru pudiera hacer algo. Kag permanecía inconsciente, si bien su corazón latía con un poco más de fuerza, a pesar de que me esforcé en escuchar los latidos más rápidos acompañando los suyos no pude. El pánico me invadió y me acerqué a la camilla.

– Dime que tú puedes escuchar los latidos del bebé, por favor, porque yo no puedo oírlos. – mi voz se quebró y pude asumir que mi rostro mostraba tal desesperación que Haru acercó su fonendo al abdomen de Kag de inmediato.

Lo movió buscando sonido por unos segundos que se me hicieron eternos mientras mi corazón me ensordecía.

– Lo tengo, bastante débil, pero está ahí, muy bajito, quizás por eso no puedes oírlo, tus habilidades tienen límite… – me permití volver a respirar – Haremos una ecografía apenas ella esté un poco más estable ¿te parece? – yo asentí.

Podía cargar con la culpa de haber asesinado a Kikyo a sangre fría, porque si bien estaba seguro de que tendría pesadillas con su rostro de desesperación antes de morir, podía soportarlo. Lo que estaba seguro de que me destruiría por completo era perder a Kag y al mismo tiempo perder un hijo que aún no conocía.

– Por favor… no permitas que sus corazones se detengan, yo… no podría con ello.

– Pondremos todos nuestros esfuerzos en evitarlo Inuyasha. Sin embargo, quiero que estés consciente, de que el riesgo existe. Ella está recuperando fuerzas, pero la vida del bebé depende de que tan rápido las recupere. – asentí, había cosas que simplemente no podían acelerarse.


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Sentí el auto de mi padre llegar unas horas mas tarde, solo bastó un gesto de su cabeza para saber que había cumplido con su cometido. No quise enterarme de como lo había hecho, pero el olor a cenizas que emanaba su ropa me daba indicios de que habian quemado el cuerpo.

Por primera vez me permití salir de la habitación y dejar a Kag sin mi compañía por unos segundos. Miroku se acercó a mi.

– Me he comunicado con Sango, quería venir, pero creo que ver a su mejor amiga en ese estado le hará perder los estribos. Le dije que era mejor que se quedara cuidando a Aki.

– ¿Cómo está Aki?

– Bien, Sango me dijo que le compró comida y ya comió sus dos porciones restantes del día – tenía sentido, ahora que me permitía mirar hacia el exterior, el cielo ya no estaba claro, y las estrellas brillaban en él. - ¿cómo sigue Kag?

– Relativamente estable, aunque aún inconsciente.

– ¿Y el bebé?

– No lo sé, sólo sé que sus latidos son débiles, pero aún están ahí, ahora sólo depende de ella... – Miroku me abrazo intentando darme ánimos.

– Tu chica es una mujer increíblemente fuerte, ese galpón estaba lleno de su sangre, incluso tu padre se ha sorprendido. Si logró hacerle frente a Kikyo y mantenerse viva hasta que llegamos, incluso perdiendo esa cantidad, ella superará esto, te lo prometo.

– ¿Quitaste el aviso de la policía?

– Si, no digamos que ayudaron mucho, asi que tampoco hicieron mucho drama cuando les dije que ya la habíamos encontrado, no preguntaron nada.

– Perfecto, Gracias Miroku.

Kagome había dado todo de sí para mantenerse con vida, pero estaba seguro de que su esfuerzo no había sido por sus ganas de vivir, en su situación de desventaja era más fácil rendirse; Kagome lo había hecho por mantener a nuestro pequeño a salvo. Recordé como hace algunos días me había preguntado si sería buena como madre, esto me aseguraba que si, ella había estado a punto de dar su vida por ello.

A pesar de que no quería alejarme, decidí que era buena idea ir por ropa limpia para cuando Kag despertara, asi que dejé a mi madre a cargo de ella mientras me ausentaba, con la orden estricta de que si algo pasaba debía llamarme de inmediato.


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El camino al departamento se me hizo increíblemente depresivo en la oscuridad y soledad del camino. Tuve todo el tiempo del mundo para traer a mi mente imágenes horribles que probablemente nunca podría quitar de mi memoria. En ese momento el instinto había actuado por mi y matar a Kikyo se me había hecho sencillo, ahora la culpa me carcomía, y no precisamente por quitarle la vida, si no por ser causa principal de todo el problema. De hecho, el primer error había sido hace 7 años, cuando había decidido transformarla en youkai.

¿En que momento habia pensado que podria pasar el resto de la eternidad con alguien como Kikyo? Lo peor de todo el asunto era que yo mismo le habia dado el poder para destruir a la mujer que llegaría tan solo 3 años después, destinada a encontrarme y yo a encontrarla a ella. Y a pesar de ello… estaba seguro de que la vida de Kag sería mucho mas sencilla si no me hubiera conocido, probablemente seguiría siendo hanyou sin siquiera enterarse, viviendo una vida comun y corriente como humana y cumpliendo con sus metas, metas que ahora se habian trancado por estar embarazada, situación de la que también era medianamente culpable. Para mi conocerla habia sido lo mejor que pudo haberme pasado, para ella sólo habia traido rabia, desilusión y problemas.

Cuando llegué al departamento la recepción estaba vacía. Subí al piso veinte sin poner demasiada atención al ambiente que me rodeaba y caminé mirando hacia el suelo en modo automático a mi puerta.

– Inuyasha. – La voz de Mika hizo eco en los pasillos y levanté mi vista en su dirección. Ella estaba agachada a un lado de mi apartamento, abrazada a sus piernas; su rostro denotaba cansancio, evidenciado por las ojeras bajo sus ojos verdes.

– ¿Qué haces aquí?

– Kagome… ¿Kagome está bien? – La miré incrédulo por unos segundos ¿Cómo tenía el descaro de venir aquí y preguntarme por Kag?, llevé una de mis manos hacia su garganta con rapidez y la levanté del suelo para acorralarla contra la pared. – Espera… necesito… decirte…

Vi sus ojos enrojecer debido a la falta de oxígeno y la solté, cayó como muñeca de trapo sobre el suelo.

– Entra, ahora. – Mika me miró con miedo, pero pude notar que comprendía la situación, si ella intentaba escapar, las cosas no terminarían bien.

La tironeé de su brazo para sentarla a la fuerza en el sofá. Me quedé de pie mirándola con asco.

– ¿Trabajabas para Kikyo?

– Creo que si… pero no conscientemente, no sé como lo ha hecho, pero ha jugado con mi mente ¿entiendes? – exclamó mirándome con lágrimas en sus ojos desorbitados, mientras agarraba su cabello con fuerza entre sus manos. Mika estaba al borde de la locura. – He estado soñando con esta chica muy similar a Kagome desde hace algunos años y no entendía por qué, yo no la conocía. Sin embargo, hoy ha ido temprano a verme y me ha dicho que debía esconderme, que vendrían por mí. Y yo… yo no entiendo nada, ella mencionó a Kag y a su bebé… no recuerdo nada, ni siquiera sabía que la conocía, ¿cómo es posible?

– Tu misma le has dado la información a quien la ha lastimado y vienes aquí a montar esta farsa. – exclamé enojado y me acerqué a ella. - ¿crees que soy idiota?

– N-no, yo no lo sé. – sujetó su cabeza con fuerza mientras su cabello rojizo se enredaba en sus dedos – Necesito que me ayudes por favor, me estoy volviendo loca. – miró a su alrededor con los ojos muy abiertos como si tuviera miedo de estar siendo observada y tuve la leve impresión de que no mentía.

Lo que ella mencionaba me hacía pensar que había sido manipulada por Kikyo todo este tiempo… y era probable que le hiciera olvidar cada vez que la veía, sin embargo, el subconsciente de la chica frente a mi había guardado leves recuerdos.

– Yo… envidiaba a Kagome, pero no quería hacerle daño ni a ella ni a su bebé, tienes que creerme. – Comenzó a llorar mientras temblaba.

La tomé del mentón para mirarla fijo.

Vas a decirme toda la verdad, ¿Qué hizo Kikyo contigo?

– Me manipuló todo este tiempo para entregarle información sobre ti.

– ¿Desde cuando?

– Desde hace casi cuatro años, postulé como tu secretaria porque ella me lo ordenó. – sonreí con rabia, después de todo al parecer también tenía la culpa de esto, yo habia contratado a Mika, yo había decidido dejarle ganarse mi confianza, hasta en mi cama la habia metido… jodido idiota.

¿Ganarse mi cariño también estaba dentro de las órdenes?

– No… realmente llegué a amarte, aunque ella lo utilizó a su favor, me obligó a hostigarte y la misión era lograr acostarme contigo. – por supuesto que esa era la misión.

¿Le entregaste información de Kag?

– Toda la que pude, apenas volvió a aparecer en tu vida los planes cambiaron, la prioridad era hacerla desaparecer…

La solté y ella pestañeó sin comprender. Bien, en definitiva me llevaba el premio al mayor estupido de todos los tiempos, error tras error, cada uno de ellos habia llevado al desenlace de hoy, con Kag viva apenas y con el riesgo de perder a nuestro hijo.

Apreté los puños intentando contenerme. La rabia me carcomía por dentro y junto con ella las ganas de destrozar a Mika por ser una soplona, soplona que por cierto habia llegado a considerar una amiga cercana, mi única amiga cercana en el periodo en que incluso Sango me había dado la espalda, nuevamente, todo debido a mis errores.

Inhalé y exhalé contando hasta 10. Ya había matado a alguien, no necesitaba cargar con otra muerte. Mika habia sido manipulada por Kikyo y si bien fue un dolor de cabeza los últimos meses, no habia sido sólo su culpa, ella habia sido obligada a cumplir una misión en específico. Podia comprender eso, y su delirio me generó un poco de lastima. La obsesión de Kikyo habia sido tan grande como para llegar incluso a destruir la mente de una persona inocente, persona que ella consideró como marioneta para sus planes. Sólo había una solución para ello y no era hacerle daño a la chica frente a mí.

Escuchame bien – exclamé – Olvidarás tus últimos tres años y siete meses de vida completamente y todo lo que tenga relación conmigo, olvidarás haber trabajado para mi, olvidarás haber conocido a Kagome y al resto de mis seres queridos. Nunca compartimos, nunca te acostaste conmigo. Borrarás mi número de teléfono y te alejarás de mi todo lo que la vida te permita, porque no quiero verte nunca más, ni cerca mío ni cerca de Kag. ¿Entendido?

– Entendido.

– Perfecto. – La tomé del brazo y la llevé a la puerta de entrada. – Ah por cierto… sólo preocúpate de vivir tu vida plena y feliz, olvida a Kikyo.

Ella asintió y me sonrió, que fácil era devolverles la salud mental a los humanos. Salió del departamento y cerré la puerta tras de ella. Ojalá se fuera a vivir al otro extremo del planeta, porque si bien no era culpable directamente, bastante había aportado al caos.

No me preocupé por que volviera a guardar pequeños trozos de recuerdos en su subconsciente, el hecho de que pudiera recordar a Kikyo era simplemente porque ésta era demasiado nueva para sacar el máximo provecho de sus habilidades.

Caminé a mi habitación y el aroma a vainilla y fresas me envolvió, sonreí con tristeza mientras buscaba ropa para Kag; mientras antes estuviera con ella, mejor.


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Una hora después estaba ya en casa de mis padres, caminé directo a la sala donde ella se encontraba. Miroku me detuvo en el camino.

– Tu padre quiere hablar contigo primero. – exclamó serio y el pánico volvió a aparecer dentro de mí.

– ¿Pasa algo? ¿Kag está bien?

– Acompáñame. – la voz de mi padre sonó autoritaria tras de mi – Créeme, si Kag estuviera muriendo ahora mismo serías el primero en entrar en esa habitación. – Yo asentí.

Entramos en la sala de lectura y Haru estaba ya ahí, de pronto el ambiente se me hizo muy pesado.

– Okey, ahora si estoy asustado, ¿puedes decirme que pasa? – pregunté mirando a mi padre.

– Haru me ha recomendado después de evaluar a Kag inducir un coma en ella. – bien, los términos médicos no eran parte de mi fuerte, pero la palabra "coma" me descolocó un poco.

– ¿Cómo se le induce un coma a un youkai?

– Para un youkai sano es casi imposible, necesitarías inmensas cantidades de fármacos anestésicos para lograrlo, pero Kagome está tan débil que es posible mantenerla con dosis normales en un sueño profundo. – interrumpió Haru.

– No entiendo la utilidad de esto.

– Las lesiones de Kagome son muy profundas y dolorosas, como youkais todos aquí sabemos que las heridas hechas con plata duelen cuando son hechas y cuando están cicatrizando, en su caso puede que tarde bastante.

– Puedo darle de mi sangre.

– No será suficiente, no si ella no tiene fuerzas suficientes para incrementar su regeneración, tu mismo lo has visto, si bien tu sangre la mantuvo con vida en minutos cruciales, las heridas siguen igual de profundas que cuando llegó aquí. Si le induzco un coma disminuye la energía que su cerebro utiliza y la cantidad de trabajo que tendría que hacer por si misma para mantenerse con vida.

– ¿Y el bebé?

– Está recién en el inicio de su segundo trimestre, nos encargaremos de suplementarla vía sanguínea con todo lo que necesita para que tu hijo siga creciendo y obviamente de administrar fármacos que no le afecten de forma negativa.

– Hay un riesgo en todo esto… riesgo que no me estás diciendo. – exclamé seguro, mirándola serio.

– Podría haber complicaciones con el embarazo, esas complicaciones incluyen un posible aborto espontáneo, pero de todas formas las hay ahora, ella no está manteniendo los niveles sanguíneos apropiados para mantener vivo al feto, está con una anemia severa por la pérdida de sangre.

– ¿Por cuánto tiempo?

– Días, quizás semanas, depende de que tan rápido cierren sus heridas, tenía un par de costillas fracturadas que por suerte no perforaron su pulmón, y ya han regenerado. Sin embargo, la plata retrasa el cierre del resto. Ella está viva ahora solo porque el corte punzante del pecho sólo rozó su corazón, unos milímetros más hacia la izquierda y no habrías podido hacer nada.

Analicé la situación por unos momentos y miré a Inu no.

– No lo sé padre, si el coma pone en riego al bebé estoy seguro de que Kag no querría hacerlo. – Mi padre guardó silencio.

– Si lo hacemos es cierto, existe una pequeña posibilidad de que tu hijo no sobreviva… – exclamó Haru y yo sentí mi corazón apretarse. – Pero… si no lo hacemos vas a perderlos a los dos, Kagome necesita curaciones intensivas y necesita dejar de sentir dolor, es eso lo que está destruyendo todas sus posibilidades de vivir en estos momentos.

Bien, aquel ultimatum tenía pésimas opciones, podía quizás perder sólo a mi bebé o podía perderlos a ambos, ninguna de las dos opciones me hacía feliz, sin embargo tenía que tomar el riesgo.

– Iré a verla, luego de eso te diré que decido. – Mi padre asintió y yo salí del lugar.


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Entré en la habitación, pude notar que Kagome seguía en la misma posición en la que la había dejado hace algunas horas, su rostro seguía pálido bajo la mascarilla de oxígeno y su aroma característico estaba opacado por un aroma que me hizo sentir impotencia: el del dolor y el estrés. Su expresión era pacífica, pero ese maldito aroma me confirmaba lo que la doctora acababa de decirme, ella estaba sufriendo mucho.

Me senté a su lado y tomé una de sus manos, con cuidado de no sacar las vías sanguíneas y cables conectados a máquinas y a sueros, la sentí tan fría que un nudo apareció en mi garganta.

– Gatita, tengo que tomar una decisión que yo sé que no te gustará, probablemente me gritarías si pudieras escucharla. – exclamé mientras la miraba. – Pero… no puedo perderte, no puedo perderte ahora.

El pitido constante de las maquinas que controlaban sus latidos y su oxigenación fue la única respuesta que recibí.

– Te amo, te amo más de lo que puedes imaginar, haré que el dolor se vaya, y de esa forma curarás más rápido, lo prometo.

Me puse de pie y besé su frente con cariño, me acerqué a su pequeña pancita bajo las mantas y la acaricié por unos segundos.

– Y tú… perdóname por ponerte en riesgo… – Sentí mi voz quebrarse y tuve que respirar profundo para seguir hablando – …pero puedo prometerte una cosa: si sigues luchando con mucha fuerza igual que tu mami, me encargaré de protegerte día y noche cuando salgas al mundo que te espera.

Me acerqué para besarla sobre las mantas y salí para buscar a Haru, quien me estaba esperando afuera. Sólo asentí y ella hizo el mismo gesto en respuesta.

– Es la decisión correcta. – exclamó mirándome

– Quiero estar con ella.

– Por supuesto, puedes estar con ella siempre, tu eres el único con permiso libre para entrar en este lugar. Sin embargo, después de inducir el coma limpiaremos sus heridas y pondremos algunos puntos, para ayudar a que cierren mejor y minimizar las cicatrices, en ese momento tendré que pedirte que salgas.

– Lo entiendo, no te preocupes.

Dos enfermeras más aparecieron y comenzaron con el procedimiento. Las máquinas cada vez marcaron menos latidos por minuto mientras mas anestésicos inyectaban en Kag.

– Listo – exclamó – Créeme que si ella pudiera agradecértelo, lo haría. – En efecto, el aroma del estrés cada vez disminuyó más hasta desaparecer, al menos sus heridas ya no dolían.

Salí antes de que ella me pidiera salir, mientras antes hicieran las limpiezas y cerraran las heridas mejor.

Pasaron horas en que me quedé esperando por que me dejaran entrar otra vez. Pude ver el amanecer para cuando Haru salió.

– Bien, hemos cerrado todos los cortes, eso debería acelerar el proceso de curación, veremos cuanto tarda en presentar mejorías, en el mejor de los casos la terapia quizás sólo dure algunos días. – yo asentí.

– Muchas gracias, por todo.

– agradéceme cuando ella esté despierta y vuelva a sonreírte, porque lo hará. – sonreí y asentí.

– ¿Puedo entrar ahora?

– Por supuesto, de hecho, ahora haremos la ecografía que te prometí, estoy segura de que querrás estar presente.

Mi cara de ilusión debe haber sido demasiada explícita porque ella me sonrió y abrió la puerta para dejarme pasar. Me acerqué a la camilla y acaricié la mejilla de Kag con cariño. La vi colocar gel sobre su abdomen y esperé ansioso por la imagen en el ecógrafo. Pude distinguir de inmediato una cosita pequeña chupando su dedo justamente como lo había hecho en la ecografía que habíamos visto hace un mes.

– Tú bebé esta bien. – exclamó – Kagome protegió su pancita muy bien, no hay señal de lesiones en útero. Haré algunas mediciones para comprobar como va su desarrollo.

– Si… la verdad su abdomen no ha crecido mucho.

– Hmm… es que igual es pequeño para tener 4 meses, pero puede ser porque ella es mamá primeriza ¿no?

– Lo es.

– Okey, esa es una realidad entonces, los bebés de mamis primerizas muchas veces suelen ser más pequeños, hay ocasiones en que el crecimiento es mas durante el último trimestre. De todas formas, con ella haremos ecografías bastante seguidas, al menos mientras siga aquí.

– Genial. Quería hacerte una pregunta hace un rato.

– La que quieras.

– Ahora que está en coma… ¿hay forma de darle de mi sangre de algún modo? ¿Ayudaría en algo?

– Por si sola no, pero ahora que está sin dolor y ocupando menos energía, podemos intentar administrarle un poco diariamente por un tubo esofágico, para eso podríamos sacarte sangre en un par de horas.

– Perfecto.

– Ahora deberías dormir… necesitas recuperar un poco de energía.

– Dormiré aquí con ella, en el sofá.

Haru me miró preocupada, pero asintió. Anotó algunas cosas luego de examinar a Kag y cuando salió de la habitación acerqué el sofá a la camilla para estar lo más cerca posible. Gatita no tenía idea de lo que ocurría a su alrededor, pero yo no quería que estuviera sola. Me apoyé cerca de sus manos y me dormí en aquella posición incómoda.

Desperté algunas horas después con el ruido de las enfermeras paseándose mientras regulaban las máquinas.

– Buenas tardes señor Taisho, la doctora nos mencionó que debíamos sacarle sangre.

– Ah, sí. – exclamé aún desorientado.

– Bien, traeré los implementos necesarios.

Vi la bolsa de sangre llenarse lentamente, cuando estuvo repleta la enfermera me sonrió y quitó la aguja de mi brazo.

– Listo señor, le recomiendo comer algo.

Salí de la habitación y la primera persona con la que me encontré fue Miroku, quien estaba con Aki a su lado.

– ¡Aki! – exclamé con alegría y el can corrió a mis brazos. - ¿Cómo has estado?

– Super. – Miroku contestó por él – De todas formas, estaba llorando con Sango, creí que su ánimo mejoraría viéndote. – El cachorro ladró y lamió mi nariz, yo sonreí con su gesto.

– Muchas gracias Amigo.

– ¿Cómo sigue Kag?

– Ahora en un coma inducido, probarán darle de mi sangre para ver si cicatriza más rápido.

– Entiendo… Sango quiere venir mas tarde, ya no puedo mantenerla al margen. – exclamó.

– Comprendo, dile que venga, de todas formas esta casa tiene infinitas habitaciones para invitados, puedo entender que no soy el único preocupado por Kagome.


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(Perspectiva de Kagome)

Permanecí acostada sobre algo esponjoso, no pude discriminar que era. Comencé a sentir frío e intenté abrigarme con mis propios brazos, al mismo tiempo mi cuerpo dolía como si le hubiera pasado un tren por encima. Intenté ignorarlo. El aroma de Inuyasha me llenó de golpe en aquel sueño.

Gatita, tengo que tomar una decisión que yo sé que no te gustará, probablemente me gritarías si pudieras escucharla. – La voz de Inuyasha sonó lejana, casi en un eco, intenté abrir mis ojos, sólo vi oscuridad. – Pero… no puedo perderte, no puedo perderte ahora.

– ¿Perderme? Pero si estoy aquí, contigo. – exclamé. No recibí respuesta. – ¿Inuyasha?

Te amo, te amo más de lo que puedes imaginar, haré que el dolor se vaya, y de esa forma te curarás más rápido, lo prometo.

– ¿Curarme? – Otra vez silencio como respuesta. Ahora si comencé a desesperarme.

Sentí el toque de sus labios sobre mi frente, o quizás me lo había imaginado, a estas alturas no sabía que era real y que no, de hecho, ni siquiera sabia si esto era un sueño… uno muy extraño tal vez.

Luego sentí presión sobre mi abdomen, sólo en ese momento recordé que estaba embarazada. Espera… ¿Qué había pasado?, de pronto ya no pude recordar nada. mi bebé…. ¿Mi bebé estaba bien?

– Inuyasha, no entiendo nada, ayúdame a salir de aquí. – supliqué, no obtuve respuesta.

Y tú… perdóname por ponerte en riesgo… – Esta vez su voz sonó quebrada – …pero puedo prometerte una cosa: si sigues luchando con mucha fuerza igual que tu mami, me encargaré de protegerte día y noche cuando salgas al mundo que te espera.

¿Yo estaba luchando?

Me concentré en intentar moverme y el dolor punzante apareció. Sentí ardor, sentí punzadas y el cuerpo destrozado, tuve ganas de llorar.

– Quítame el dolor… por favor quítamelo. – pensé. Me sentí tan sola y asustada.

No volví a escuchar su voz, esa preciosa voz. Tampoco pude moverme, el dolor no me lo permitió. Sentí agujas traspasar mi piel e incluso eso molestó. Poco a poco sentí el aire denso y el sueño fue venciéndome. ¿Cómo era posible? Pensé que ya estaba dormida.

Dejé de sentir y agradecí internamente… ahora sólo quería descansar.


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Eso ha sido todo por hoy, Inu ha tenido que tomar una decisión compleja :c. Prometo actualizar entre lunes y martes. Un abrazo virtual!

Frani.