Octubre

Las semanas pasaron con rapidez para Clarisse.

Al parecer, el hecho de que sus días fueran relativamente igual, hacia que las horas pasarán casi volando para ella. Aunque, aún así, las cosas habían mejorado un poco.

Estaba terminando de estudiar Teoría de las Artes Oscuras. Repasó cada hechizo, encantamiento, pocion, y sus funcionamientos, aprendiendo así también, movimientos, tácticas y planificación de ataques.

Mientras tanto el grupo había estado tranquilo.

Theodore se había vuelto el más cercano a ella. Pasaban noches en el cuarto de Clarisse en las que sólo conversaban, otras en las que no paraban de leer, a veces se escapaban de la sala para ir a la cocina por sobras. Todo el tiempo, siempre estuvieron ahí.

Por otro lado Blaise la había estado apoyando en la organización de sus estudios. Él era muy bueno en materias que a Clarisse no se le daban muy bien, por lo que siempre que podía dedicaban horas a estudiar o hacer algunas tareas juntos.

Marcus era distinto. A veces se comportaba de muy buena manera, era atento y simpático, pero repentinamente podía ponerse frío e intolerante. Clarisse había aprendido a llevarlo, de hecho, le parecía muy curiosa su forma de ser e intentaba siempre buscar las maneras de entenderlo.

Y por último Draco. Ellos casi no hablaban, y las pocas palabras que cruzaban eran más que nada por cuestiones de opinión. A veces Malfoy quería que todos pensaran como él, y Clarisse le hacía entender que las decisiones se tomaban por todos. Aunque le costaba, intentaba comprenderlo, pero no podía, siempre actuaba de la misma manera.

Estar con aquellos cuatro chicos, tan diferentes entre sí, era una completa montaña rusa para ella. Nunca habría pensado que personas tan distintas podrían llegar a ser amigas, pero aquí estaba el vivo hecho de que eso, podía ser.

También habían sucedido otras cosas dentro de Hogwarts. Los hermanos Carrow tenían aterrorizados a la mayoría de los alumnos. Los muchos estudiantes que habían tenido castigo con ellos, los definían como enfermos e inescrupulosos, caracterizándose por su violencia y anti-empatia con todos.

Cada vez que Clarisse tenía clases con alguno de los Carrow, rogaba a Merlín que no la tomarán como presa, y hasta ahora había funcionado. Nunca, en todas estas semanas, habían siquiera pronunciado su nombre.

Con Snape, la cosa era distinta. Buscaba todas las maneras de sabotearla, a ella y a los chicos, parandolos en los pasillos, cuestionando sus actos, y preguntándoles cada día si planeaban algo extraño.

Aunque se negaran, sabían que con el profesor Snape sería difícil mantener el secreto, él es se enteraria, de la manera que fuera.

"Pero podemos decírselo." volvió a hablar Zabini. "Estoy seguro que nos dijo eso porque está confundido."

"Definitivamente no." respondió Clarisse sacando su libro y dejándolo sobre la mesa. "El está enfocado en atraparnos Zabini. Si estuviera verdaderamente de nuestro lado, el nos dejaría en paz."

La biblioteca estaba casi vacía, pero todos hablában en un susurro, temiendo que las paredes pudiera oírlos. La magia es demasiado amplia, cosas como esas podrían pasar.

"Debo decir -" Marcus pasó su brazo por la cintura de Clarisse, apoyándose de la mesa que estaba tras ellos. "que en estoy estoy de acuerdo con Liss. Prefiero mantener esto en secreto."

Clarisse miró los rasgos de Marcus, quien estaba demasiado ocupado escuchando lo que decía Draco. Sus ojos eran claros, de un color miel, parecían brillar tras las luces. Su mandíbula perfectamente tallada se tensaba cada vez que apretaba los dientes, y sus labios se veían un poco gastados debido a los mordiscos que se daba cuando estaba enfadado.

"- y por eso, debemos seguir, cueste lo que cueste." fue lo último que ella logró escuchar de Malfoy.

"Entonces que sugieren." habló Theo, aburrido de tanta platica. "¿Que Clarisse se la chupe a Snape para que nos deje en paz?"

"¡Theodore!" rechisto ella, intentando que nadie los oyera. La imagen mental le dio asco y podria decir que estuvo a punto de vomitar. "Eres tan asqueroso."

"No es mala idea." siguió Blaise, riendo junto con Theo.

Clarisse se cruzó de brazos y miró a Marcus, que aguantaba la risa mientras mordía su dedo. Cuando la miró, su rostro trató de ponerse serio, fallando en el intento. "Vamos Liss." se acercó a ella y recostó su cabeza en su hombro.

La chica puso los ojos en blanco y Draco soltó un suspiró abrumador.

"Bien, hablando en serio -" murmuró Clarisse, volviendo su mirada a los chicos. "¿Qué haremos con Snape?"

"Sugiero que solo lo olvidemos." respondió Draco, tomando su bolso, dispuesto para irse. "No estamos más que perdiendo el tiempo en buscar maneras de que no nos atrapen, cuando podríamos estar aprovechando las horas antes de que lo hagan."

"Está bien." se encogió de hombros Theo, tomando también su bolso. "Deberíamos irnos a practicar ya ¿no?"

Clarisse y Marcus asintieron al unísono, separando sus cuerpos que aún seguían apoyados entre sí. Ella arregló su túnica mientras Marcus tomaba las cosas restantes. Le iba a quitar el bolso de sus manos, cuando él se lo corrió.

"Yo lo llevaré por ti Liss."

Se alejó de ella y Clarisse no pudo evitar sonreir. Era una estupidez pero, a ella realmente le gustaban los pequeños gesto que podían tener las personas. Por muy minuciosos que sean, siempre podían significar algo más grande.

Dio pequeños saltos hasta llegar al lado de los cuatro chicos que, siendo tan altos, caminaban muy rápido.

Recorrieron los pasillos, cruzaron el pequeño patio interior, pasaron por las mazmorras y por la torre de Ravenclaw hasta llegar al sector prohibido, adentrándose en la oscuridad y llegando al gran pasadizo vacío.

No habían venido aquí desde que Malfoy la había hecho lanzar un Expelliarmus, que claramente fue un fallo inminente para ella. Juró haber sentido todo lo que debía, ella creía que lo estaba logrando, y falló.

"¿Con qué comenzaremos grandes maestros?" preguntó Theodore, burlándose de los chicos.

Draco sacó su varita y sonrió con maldad, se paró frente a Theodore y lo apuntó inesperadamente, haciendo que este saltará y lo apuntara a la vez.

"¿Conoces las Maldiciones Imperdonables, Nott?" preguntó, con oscuridad en cada una de sus palabras.

Theo miró a los demás, que estaban inmóviles en sus lugares, mirando al rubio posicionarse.

"Vamos Nott, ¿quieres que te las enseñe?"

"No jodas Malfoy." gruñó Theo mientras el rubio bajaba la varita y reía con arrogancia.

Clarisse se quitó la túnica, quedando solo con su falda y camisa. Arregló el dobladillo de sus mangas y notó la mirada de Marcus sobre ella. Cuando alzó la vista, el no se preocupo en disimular como la desnudaba, y ella se sonrojó al instante, agachandose para tomar su varita.

"¿Perdiste algo, Lestrange?" dijo, casi avergonzada de estar avivando el fuego.

"Claro que sí..." murmuró, sin dejar de mirarla.

Un golpe de electricidad la dejó en un estado de debilidad y tuvo que darse la vuelta para no mirar el rostro de Marcus, evitando que el notará su sonrojo. Abrió su bolso y sacó una de las paletas que le había mandando su padre.

Necesitaba azúcar, si no, se desmayaria ahí mismo.

Rompió el papel y colocó el dulce en su boca, volviendo a enderezarse para ir junto a los demás al centro de la sala.

"Bien, un Expelliarmus es sencillo." explicaba Malfoy mientras jugaba con su varita entre los dedos, griandola de un lado a otro. "Solo deben concéntrarse, imaginar cómo el poder sale de cada uno de ustedes."

"Tengan la imagen en su mente, piensen en estar quitándole el objeto a su oponente." añadió Marcus, sin quitar la mirada de Clarisse. "Imaginenlo, indefenso, listo para cazarlo y devorarlo."

Si antes estaba acalorada, ahora ardía. Ella ya había notado las miradas y comentarios de Marcus antes, pero siempre creyó que sólo lo decía por jugar. Ahora podía ver algo distinto en sus ojos, podía ver como la atrapaban y envolvían.

"Bien, entonces, quiero que te pongas aquí -" Draco empujó a Marcus frente a él, quedando a unos pasos. Se dio la vuelta y avanzó al menos uno o dos metros lejos de él, a una distancia que valiera la pena.

Blaise, Theo y Clarisse admiraban la función, listos para ver el encantamiento en todo su explendor. Draco apuntó a Marcus con su varita y se relajo, sus hombros estaban sueltos pero su mano agarraba con firmeza la varita, movió la muñeca en un tiempo menos que segundos, y la varita de Lestrange voló de sus manos, cayendo a unos cuantos centímetros de él.

Theo comenzó a aplaudir con gracia, empujando a Marcus de su puesto y colocándose él. "Es mi turno, pido la varita."

"Bien -" gruñó Lestrange, tomando la suya del suelo y colocandose a un lado de Clarisse, quién respiró temblorosamente cuando sintió la mano de él rozando la suya.

"Ahora, estira tu brazo." ordenó Malfoy, rodeando a Theodore para mirarlo desde todos los ángulos.

Nott hizo exactamente lo que le pidieron, alzando su brazo frente a él en posición de duelo.

"Ahora -" prosiguió Draco. "harás un movimiento de varita simple. Abajo y dos vueltas en dirección de a las agujas del reloj."

Clarisse frunció el ceño y caminó hacia ellos, sacando la paleta de su boca para poder hablar. "Estás mal, son abajo y tres vueltas anti horario.".

Draco la miró alzando las cejas, se veía disgustado pero no molesto, sólo estaba siendo antipático. "Perdón ¿quién es el que acaba de hacer el puto hechizo, White?"

De todos, Draco era el único que seguía llamándola por su apellido. Supuso que era una manera de seguir sonando tan frío como siempre.

"Si, y yo leí todo un libro de Artes Oscuras con la explicación de cada encantamiento, así que también lo sé, Malfoy."

El curvo sus labios hacia abajo, alzando las cejas. "Bien, revisemos tu maldito libro para saber quién tiene razón."

"Con gusto." respondió ella, volviendo a poner el dulce en su boca. Se dio la vuelta y caminó hasta su bolso, agachandose para buscar el libro.

Mientras tanto escuchaba los murmullos de los chicos, que reían entre sí y hablaban del encantamiento.

Clarisse revisaba, revisaba y revisaba, pero nada.

El libro no estaba.

Respiró ondo. No podía ser, ella lo había puesto ahí. Recordaba haberlo hecho por la mañana.

Y ahora. Ahora no estaba.

"C-chicos." los llamo, sin dejar de mover las manos dentro de su bolso.

Escuchó los pasos tras ella y vio por sobre su hombro a Marcus, mirandola desde la altura. "¿Pasa algo?"

Ella se paró lentamente, seguía pensando. Lo tomó por la mañana, fue a clases lo sacó durante el almuerzo, fue a clases, estuvo con él en el campo de Quidditch, volvió al castillo.

Sacó nuevamente la paleta de su boca. "Yo... mierda, lo perdí."

"¿Qué perdiste?" apareció Zabini a su lado, apoyándose en una de las ventanas.

Clarisse lo miró pero seguía pensando y re-pensando todos los lugares en los que había estado hoy.

"Liss perdió su libro." le respondió Marcus por ella. "Pero, no entiendo por qué es tan importante."

"¿Que pasó?" llegó ahora Nott junto con Draco, quedándose a un lado de Lestrange.

"Ella -"

"¡Perdí el maldito libro!" grito ella, interrumpiendo las palabras de Blaise.

Todos quedaron en silencio, algo asombrado por la reacción de la chica. Todos excepto Malfoy, quien siguió hablando.

"Sólo hay que buscarlo, White, no es para que te pongas como una imbécil."

Ella alzó la mirada, enfurecida. "El libro tenía mi jodido nombre, Malfoy, si alguien lo encuentra, estoy muerta."

•~᯽~•

Llevaban media hora recorriendo el castillo. Entraban a cada salón de clases en el que Clarisse había estado durante el día, pero ninguno hallaba el valioso libro.

"Haz memoria Liss." jadeaba Marcus, cansado de caminar por todos los pasillos. "¿Dónde fue la última vez que lo viste?"

"¡Simplemente no lo recuerdo!" exclamó ella abrumada. Caminó hasta una de las paredes y se apoyó en ella, maldiciendose a sí misma por ser tan descuidada.

"Déjame pensar -" dijo Blaise, apoyándose a su lado en el muro. "Hoy te vi en Historia de la Magia, pero tu libro -"

"Estaba guardado claro, con Alecto sería imposible." respondió ella, frotándose las sienes con los dedos.

"Luego, fuimos al campo de Quidditch pero -"

"Allí no lo sacó, lo recuerdo perfectamente." se introdujo en la conversación Theo. "Estabas haciendo tu pergamino de Transformaciones."

Clarisse asintió, recordando que aún debía terminar aquella tarea. McGonagall les habia pedido cinco planas, y ella apenas llevaba dos.

"Y el último lugar en el que nos vimos fue -"

"¡La biblioteca!" exclamó ella, como si hubiera encontrado un Eureka en su vida. "Cómo no lo pensé."

Clarisse salió casi corriendo y los cuatro chicos tuvieron que salir tras ella.

Doblaron unos cuantos pasillos.

Izquierda, derecha, derecha, izquierda, derecha.

Hasta que finalmente llegaron a las grandes puertas de la biblioteca. Clarisse ni siquiera se preocupó de no hacer ruido, sólo entró apresuradamente para llegar al fondo de la sala, entre los estantes de libros. Corrió y corrió hasta que divisó los sillones que suelen utilizar. Y cuando llegó a la mesa -

No estaba.

"Carajo Liss." suspiró Nott cuando llegaron todos a su lado. "No creí que fueras -"

"Mierda, realmente lo perdí."

Los cinco se quedaron mirando la mesa vacía, como si estuvieran esperando alguna respuesta para saber que hacer.

Clarisse estaba de muerte. El libro tenía tallado su nombre, fue una estúpida cuando lo hizo. Había pasado la pluma sobre el en un momento de aburrimiento, y ahora, cabo su propia tumba. Era increíble el poder que tenía un simple libro.

"Entonces -" habló Nott, girandose sobre sus talones. "¿Vamos a cenar?

•~᯽~•

Ella ni siquiera comió. De hecho, ni siquiera tocó su plato. Las ideas volaban por su mente. Pará muchos es un simple libro, un par de hojas, pero para Clarisse era todo lo contrario. Las Artes Oscuras estaban mal vistas, no es normal que un mago porte un libro como aquellos.

Si Snape la llegará a encontrar, llamaría a sus padres, y sabía que ellos se molestarían, no por el hecho de que lo tuviera, si no, porque podría estar exponiendo al Señor Tenebroso, y aquello si era una sentencia de muerte.

"Deja de darle vueltas." habló Nott, acercando su plato a ella por tercera vez consecutiva. "Lo encontraremos."

"No, no lo haremos, porque alguien más lo encontró." respondió la chica, corriendo el plato para recostarse en la mesa.

La puerta se abrió de golpe y Snape entró a paso apresurado, dejando su túnica volar tras él. A Clarisse se le paró el corazón y se sentó de golpe, esperando que el hombre llegara hasta su lugar.

Snape pasó por su lado, pero en cambio, siguió de largo. Tras él, Alecto y Amycus caminaban lanzado miradas mortíferas a cada quien se les cruzara. Pero no fue nada más que eso. Llegaron al Gran Comedor sólo a divisar y poner orden.

"¿Ves?" susurró Theo en voz baja. "Quizá sólo lo tomó otro alumno."

"Demonios, Lestrange." gruñó Draco, parándose de su puesto y lanzando la servilleta de tela color verde a la mesa. "¿Tú limpiarás mi maldito pantalón ahora?"

En el centro, junto en la entrepierna, una mancha más oscura que el mismo color negro del traje, lucia sobre la tela, Marcus había derramado sin querer su jugo y ahora el pantalón de Malfoy estaba húmedo.

Clarisse se había quedado pegada mirando la mancha, hasta que se dio cuenta de el lugar donde estaba posicionada. La evilla del cinturón brillaba por sobre el cierre de su pantalón y ella trago saliva cuando vio los ojos de Draco puestos sobre ella.

Intentó evitar mirarlo pero no lo logró, y cuando lo hizo, los labios del rubio se curvaron en una pequeña sonrisa. Jamás había visto sonreír a Malfoy, y fue algo entre incómodo y adictivo, porque, si fuera por ella, ojalá Draco sonriera siempre.

Tenía una sonrisa perfecta y cautivadora, aunque sabía que tras ella, sólo había maldad y malos pensamientos.

De reojo vio cómo Draco pasaba la lengua por sus labios, humedeciendolos lentamente. Clarisse tosio por segundos y apartó la vista, centrándose en el plato de comida frente a ella.

"Iré a mi habitación." murmuró él finalmente, tomando su chaqueta de la mesa. "Los veo mañana, tropa de idiotas."

"¡Cuida tus bolas Malfoy!" grito Zabini, lanzando le una sonrisa burlesca.

El solo rió, lanzandole una última mirada a Clarisse. Ella solo lo ignoró, pero lo que no podía ignorar era el revoloteo que sintió en su estómago.

«Mierda, por qué eres así Clarisse»

"¿Quieres que leamos un poco hoy?" le preguntó Theodore, con algo de cansancio en su voz.

Ella lo notó y negó con la cabeza. "Estas cansado, bueno, estamos cansados. Solo quiero dormir y no pensar en ese libro."

"Es solo un estúpido libro Liss." le respondió Marcus desde el otro lado de la mesa. "Mañana lo encontraremos nos te preocupes."

"No es solo un libro, Marcus." respondió ella, pasando los dedos por su largo cabellos. "No sabes cuanto me mataran por esto."

"No se enterarán." dijo Lestrange, bajando su mano al muslo de la chica.

Clarisse se tambaleó por un segundo mientras los dedos de Marcus recorrían su piel, adentrándose en su falda y volviendo a bajar a la luz.

Eran movimientos delicados y suaves pero estremecedores y enérgicos. Clarisse podría derretirse en ese mismo instante si no fuera porque Marcus no la estaba mirando. Si lo hiciera, estaba segura que caería rendida ante sus ojos miel.

"A todo esto -" dijo Theo, sin notar lo que sucedía bajo la mesa. "¿Saben que habrá una reunión para navidad?"

"¿R-reunión?" preguntó Clarisse temblorosa cuándo la palma de Marcus apretó con fuerza su pierna.

Lestrange dio dos pequeños golpeteos en su pierna antes de volver a subir la mano a la mesa. "Si, reunión. Me llegó una carta hace algunos días."

"Lo mismo." señaló Nott. "Decía algo sobre -"

"¿Por qué no me lo dijeron?" susurró Clarisse, pensativa. Los dos chicos se miraron, como si prepararan una explicación, pero Clarisse los frenó antes de tiempo. "No, no. No ustedes. Mis padres."

Ella le había pedido a su padre como favor que le contará todo lo que sucediera durante su estadía en Hogwarts, pero desde que llegó no ha recibido ni una sola carta de él ni de su madre, por lo que tendría que ser ella la que les enviaría un recado pidiendo los motivos por los cuales no le habían comentado nada.

"Quizá sólo lo olvidaron Liss." respondió Theo, tomando el último pedazo de pollo frente a ellos.

Marcus asintió, jugando con su vaso. "O te lo dirán en otro momento, aún faltan semanas para navidad."

Clarisse asintió, esperando que lo que sus dos amigos decían fuera cierto, y nada malo estuviera ocurriendo.