Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capitulo 35

Rukia

Entro en mi casa tras el trabajo en la librería y al ver luz pienso en Ichigo, lo busco

por la estancia hasta que mis ojos reparan en que mi armario está abierto, la cómoda

también y Ichigo está sentando en mi cama, cabizbajo y dando vueltas al reloj que le

iba a regalar pero no sabía cuándo.

—¿Me has registrado, Ichigo? ¿Otra vez? ¿Por qué? —le digo con un hilo de voz,

sin comprender por qué mi novio, que se supone que confía en mí para contarme lo de

su padre, me registra la casa. Estoy temblando por la furia, pero cuando Ichigo alza

sus ojos ámbar hacia mí, lo veo tan perdido y devastado que mi furia remite y espero

antes de juzgarlo.

—Lo siento, Rukia. Entiendo de verdad que ahora mismo quieras gritarme. Mandarme

a la mierda o romper este reloj... —cierra el puño en torno a él, como si quisiera

defenderlo—. Hay una parte de mi padre que no te conté y sólo si lo hago entenderás

lo que ha pasado hoy —espero a que hable—. Mi padre no sólo era detective, era

policía secreta. Estaba investigando a la banda de ''Arrancar''. Sus apuntes indican que

estaba a punto de dar con ellos. De saber quién era el cabecilla y poder pillarlo, pero

su obsesión con mi madre le hizo mandarlo todo a la mierda. Llevo, desde que lo

descubrí, obsesionado con detenerlos yo, con dar caza a ''Arrancar'' y demostrar de esta

forma que estoy mejor que mi padre... llevo, desde entonces, investigando a un

asesino y a un vendedor de droga, y es por eso que cuando descubro algo de ellos,

suelo obsesionarme...

—¿Qué tengo que ver yo ten todo esto, Ichigo? Porque no te entiendo... —pero sí

entiendo lo justo; que Ichigo piensa seguir investigando a esa persona tan peligrosa.

—''Arrancar'' es el creador de la droga que tomaba tu padre, pensamos Byakuya y yo

—me aclara—. Que tu padre tal vez tuviera algo que ver con esta banda. Y que lo que

tú viste aquella noche fue un ajuste de cuentas, y que la persona que mataron era

alguien que los había encontrado y quería cobrar lo que le debían —asiento—.

Empezamos a buscar muertes por ajuste de cuentas que tuvieran algo que ver con "Arrancar".

Me apoyo en el sofá cuando las piernas me fallan, por la mirada de Ichigo ya sé por

dónde va a ir.

—Los de banda de ''Arrancar'' mataron a tus padres al poco de tratar de matarte a ti,

porque alegaban que habían robado algo importante a ''Arrancar''.Asiento, me quedo paralizada.

No los quería, o tal vez de pequeña pensaba que sí.

Me trataron de matar, pero saber qué les sucedió no me hace sentir feliz. No sé cómo

me siento. Es raro. Me siento liberada porque sé que no tendré que huir más y, a su

vez, no dejo de verlos muertos... y lo más triste es no sentir dolor por ellos. No sentir

nada.

—Rukia...

—Sigue contándome qué te trajo aquí. Nada de eso explica que hayas registrado mi

casa —le digo, con frialdad por lo descubierto. Por este cúmulo de emociones.

—Al descubrir que buscaban algo, miré tus apuntes y me fijé en los teléfonos que le

hacía recordar a tu madre, y los estudié desde otra perspectiva, ahora que sabíamos

con certeza que los de la banda buscaban algo que ellos les robaron. Descubrí que el

nombre de la amiga de tu padre era el nombre de un banco con cajas fuertes y fui hasta

allí —me cuenta que Byakuya le tuvo que ayudar, que él había ido sin pensar, cegado

por el deseo de descubrí que me unía a ''Arrancar''—. Nos dijeron que fue una niña de

doce años a retirar el contenido de la caja y firmó con tu nombre.

—¿Y era mi firma? ¿Era mi letra? —Ichigo me mira desconcertado—. Me has visto

escribir, sabes cómo es mi firma o mi letra y que alargo las y griegas y, con doce

años, te aseguro que escribía muy bien y era muy parecida a la de ahora. ¿Lo miró,

detective Kurosaki? —le pregunto con chulería, pues ya sé qué es lo que le ha

traído aquí; él pensó que yo tenía lo que fuera que había en esa caja y no se lo dije

aunque era importante ya que era algo de mis padres y según yo le había dicho todo lo

que sabía de ellos.

—No.

—Lo mejor es desconfiar de mí en vez de preguntarme. ¡Pensé que confiabas en mí!

—le digo, perdiendo la calma— ¡Creí que el que me contaras lo te padre nos había

unido lo suficiente para que en vez de registrar mi casa me preguntaras, Ichigo. Tú no

confías en mí...

—Rukia —Ichigo se ha levantado y trata de tocarme pero me alejo—. Está muy

reciente lo de mi padre, no dejo de pensar en ese día. De sentir lo que sentí y todo se

confundió en mi mente. Yo confío en ti.

—No es lo que parece. Déjame sola, Ichigo. Necesito de verdad estar sola.

—Rukia... —en su voz hay una súplica. Lo miro de reojo y lo veo devastado.

—Vete, Ichigo.

—Rukia...

—¡He dicho que te vayas!

Ichigo se queda cerca y retrocede. Deja sobre la encimera el reloj y antes de irse

me dice:

—No puedo perderte, esa era mi miedo cuando me cegó la posibilidad de que tuviera

que decirte adiós. No es una excusa. Pero es la verdad. Confío en ti, Rukia.

No añado nada pues no puedo hablar ahora mismo. Ichigo se va y en cuanto cierra

la puerta corro al servicio, creyendo que sus paredes ocultarán el sollozo y nadie se

enterará de mi dolor.

Salgo de la ducha y me seco con una toalla. Me duelen los ojos de llorar, la cabeza.

No lloro por el dolor de lo sucedido a mis padres sino por no sentir nada. Es raro

¿no? Y también estoy triste por lo sucedido con Ichigo, porque desconfíe de mi de esa

forma. Mientras me visto, me doy cuenta de que no me ha vuelto a preguntar si era yo,

si fui, tal vez ha visto en mis ojos que no, que no le hubiera ocultado algo así. Aunque

de hacerlo tampoco pasaría nada. O no lo haría si Ichigo no estuviera metido en ese

lío. Enciendo el ordenador tras cambiarme de ropa y ponerme el pijama y busco

información de "Arrancar". Lo que leo y descubro hace que contenga la respiración por

lo que esa droga hace a la gente que ya tienen ideas peligrosas, como pasó con Kugo.

Y por lo peligrosos que son los de esa banda y el hecho de que Ichigo esté tratando de

pillarlos. Tiemblo de miedo por Ichigo. Tiemblo tanto que me castañean los dientes y

no sé hasta qué punto me merece la pena seguir con él si corre ese peligro. No quiero

que le pase nada. Apago el PC y me meto en la cama. Siento frío, no paro de temblar y

me pongo dos mantas más para sentir su peso. Para sentirme más protegida. Pero

nada, sigo temblando por todo lo que he descubierto, por dónde está metido Ichigo,

por mi miedo. Por no tener nada. No sé qué hora es cuando escucho la puerta abrirse.

Ichigo no tarda en entrar en la cama y me abraza como si hubiera sentido que lo

necesitaba para alejar este frío, o para aliviar el suyo, ya que está helado. No me

resisto, ni cuando me deja creer en su pecho, ni cuando me acaricia la espalda sin

decir nada. No hace falta, que esté aquí lo dice todo. Ichigo está luchando por mí. Y

no quiere dejar que me marche de su lado.

Está amaneciendo cuando me despierto gritando.

—Rukia, no pasa nada. No pasa nada... —su voz me trae de vuelta y poco a poco el

latido de mi corazón se normaliza. Ichigo me acaricia la mejilla, cierro los ojos y

disfruto de su caricia.

—Sigo enfadada contigo.

—Pero no lo suficiente como para pedirme que me vaya —me acurruco contra él—.

Lo siento, Rukia... no te imaginas lo perdido que me sentí cuando me pediste que te

dejara sola. No sabes lo que fue esperar tras tu puerta sin saber si debía o no entrar. Y

lo peor es que sentí que estabas mal...

—Te necesitaba. Pero sigo enfadada —Ichigo se ríe por mi intento de seguir

dejando claro que no me gusta lo que hizo.

—Sé que tú no fuiste, lo vi en tus ojos y antes de haber registrado tu casa debí haberte

preguntando. No lo haré más.—Lo dudo mucho, he perdido la cuenta de las veces

que me has registrado la casa.

—Tú puedes hacer lo mismo. Es lo justo.

—Lo pienso hacer —nos quedamos en silencio.

—No siento nada por lo de mis padres... y eso me entristece.

—Es su culpa que no supieras valorarte —asiento.

—Ichigo, ¿quién fue la persona que cogió esa caja?

—No lo sé, pero lo averiguamos.

Asiento. Me alzo para besarlo y nos quitamos la ropa lentamente mientras nos

acariciamos sin dejar ningún resquicio de nuestra piel por mimar. Ichigo me hace el

amor con ternura y diciéndome de esta forma todo lo que le importo. Cuando caigo

entre sus brazos, rendida, el placer no ha conseguido que me olvide de algo

importante del trabajo de Ichigo.

El malestar sigue ahí, muy presente. Salgo de la cama y voy a por el reloj, se lo pongo

sabiendo que ha leído la nota y que espero que cuando lo mire, piense en lo mucho

que lo quiero.