Clarisse apenas había podido cerrar un ojo por la noche. Aún pensaba y pensaba quién podría haber tomado el libro y rezaba por que sólo haya sido un alumno curioso.

Tenía la idea que podría haberlo tomado Madame Pince y esperaba que lo confundiera con uno de la sección prohibida, pero, nadie puede pasar por alto encontrar un libro Oscuro, en manos de estudiantes.

Ella necesitaba dormir y dejar de hace teorías conspirativas. Estaba tan cansada que sus ojos se cerraban sólos, y la sensación de poder descansar su vista al fin era -

"¡White!"

Clarisse saltó en su asiento y se colocó erguida mientras Alecto se acercaba a ella, palmeando la varita en su mano. Por su rostro supo lo que venia. La sonrisa que tenía esa mujer era horrible, y estaba segura que no aguantaría mirarla a la cara por mucho tiempo.

"¿Estás durmiendo?" dijo con una voz burlesca, obviamente sabiendo la respuesta. "Crees que vengo aquí cada día, a ver sus estúpidos rostros, ¿para que estés durmiendo?"

"Perdón prof -"

"Cierra la boca." un golpe en la mesa la hizo quedarse en completo silencio. Estaba tan asustada como sus compañeros que la miraban con compasión desde sus puestos. "Mira, White, no tengo ninguna pizca de paciencia como ya lo habrás notado. Lo único que te mereces en este momento... es un castigo."

"Pero -"

"¿Vamos a seguir Clarisse?" preguntó, caminando hacia su mesa.

Todos estaban inmóviles en sus lugares, mirando cada movimiento de la mujer. Ella abrió uno de sus cajones y tomó un libro. Un libro muy conocido para Clarisse.

"¿Quieres más razones por las cuales enviarte a detención, White?"

Sus ojos se posaron en el libro que Alecto tiró con fuerza sobre su puesto. Ella saltó e intentó mantener la calma.

Ellos lo sabían.

"No puedo mentirte White, me enorgullece que que te gusten las Artes Oscuras pero, ¿debo fiarme de que no estás armando planes en contra de alguien?"

"Eso es estúpido."

La voz de Malfoy se alzó en un tono amenazador, haciendo que para Alecto, ya no fuera tan importante regañar a Clarisse.

La mujer se enderezó y dio pequeños pasos hasta el puesto del chico, mirándolo con frialdad a los ojos. "Señor Malfoy... ¿usted también desea ser castigado?"

Draco no miraba a nadie, de hecho Clarisse llegó a pensar que ni siquiera estaba mirando algo. Su rostro parecía pensar y re-pensar, como si supiera que lo que hacía estaba mal.

"Es lamentable que tenga que comunicarme con Lucius." siguió diciendo la mujer. "No estará nada feliz de que su hij -"

"¡Me importa una mierda si llaman a mi padre!"

Pequeños murmullos soltaron las bocas de los demás alumnos pero Alecto estaba emceguecida de furia, por lo que no hizo nada al respecto.

Clarisse estaba aterrada. Ella no entendía las razones por las que Malfoy estaba haciendo esto, y aunque las supiera, no lo comprendería. Pensaba en Lucius, él los mataría. Tomando en cuenta que sus padres no tienen idea de lo que están haciendo, lo más probable es que se molesten cuando se enteren, y claro que ya se iban a enterar.

"Detención." fue lo único que logró articular Alecto. "Detención para ti y White." se dio la vuelta dándonos la espalda para caminar nuevamente al frente de la sala. "Oh, y... les escribiré a sus padres."

•~᯽~•

"Entonces, ¿no te lo devolvió?"

Theodore y Clarisse caminaban rumbo a la biblioteca con la esperanza de poder entrar a la sección prohibida. Alecto había sido clara, pero ellos no se rendirian ahora, menos por culpa de ella.

"Claro que no, Theo. ¿Crees que me devolverían un libro de Artes Oscuras?" dijo con sarcasmo, mientras abrían las puerta del lugar. "Esto es - no se que haremos si esto no funciona Theo."

Nott agarró su mano con fuerza para calmarla. "Esto funcionará Liss, solo se positiva alguna vez en tu vida."

Clarisse suspiró hasta que llegaron al área restringida de la biblioteca. Allí estaba oscuro, apenas una lámpara iluminaba el angosto pasillo. La sección prohibida estaba separada de todo, y una reja de metal dividía a su cuerpo de los libros.

Theodore sacó su varita y miró hacia todos lados. Clarisse se asomó por el siguiente pasillo, divisando que ningún alumno se acercara a ellos.

"Alohomora"

El candado emitió un pequeño chirrido, pero no se abrió, quedó intacto ante el hechizo de Nott. Clarisse se acercó a él y tomó su varita para hacer el mismo procedimiento.

"Alohomora"

Esta vez, ni siquiera un chirrido fue lo que vino de aquel candado.

"Esto no está funcionando Liss." habló Theo, metiendo su varita nuevamente a su túnica.

"Créeme, me di cuenta." la chica suspiró y metió una mano entre su cabello. "Tendremos que hacerlo al más puro estilo Muggle."

"¿Estilo Muggle?"

Clarisse guiño un ojo y saco un pequeño broche de cabello. Envolvió en sus manos el candado y comenzó a meter el objeto por la entrada de la llave, simulando abrir el candado. Luego de unos movimientos el clip sonó dejando abierto el lugar para ellos.

"Mierdas de Muggles." dijo Theo sonriendo mientras entraban al pequeño espacio. "Tendrás que enseñarme eso."

Ella sonrió y comenzaron a revisar cada libro, cada tapa, cada hoja, buscando lo más parecido que pudieran encontrar al libro de Clarisse.

Allí había mucho material, pero el libro de la chica era muy específico, además, había tardado semanas en hacer anotaciones en él, necesitaba encontrarlo, no quería una copia.

"¿Qué tal este?" preguntó Nott, dándole un grueso libro en sus manos.

"Mmh." ella lo miró, le dio la vuelta, lo abrió, pero no era lo mismo. "Demasiada información y poca utilidad."

"Qué exigente." se burló el, a lo que Clarisse le dio un leve golpe en las cosillas. "Auch."

Siguieron buscando. En algún punto Clarisse ya ni siquiera recordaba que buscaban, hasta que la voz de Alecto aparecía en su mente y todo volvía a hacerse realidad.

"¿Por qué no tienen uno igual aquí?" preguntó Theodore, rindiendose al fallar en el intento. "Digo, cuando se hacen libros, copian muchos ejemplares ¿no?"

"Muy inteligente Nott." respondió ella, sacudiendo su mano para hacer una corriente de aire. "Pero ese no es cualquier libro."

"¿A no?"

"No. Ese libro es único Theo. Me lo regaló mi padre, y lo escribió mi abuelo, es por eso que no existen más."

"Espera, ¿tu abuelo lo escribió?" dijo Theo, sorprendido. "Mierda, tu familia es siniestra."

Pasaron minutos, quizá hasta horas, buscando un libro, dejaron prácticamente todo desordenado. Theo terminó recostado sobre una de las mesas leyendo un libro Muggle que había encontrado. En cambio Clarisse intentaba reordenar todos los tomos que habían sacado haciendo paracer que nada allí había pasado.

"¿Qué hacen?"

Theodore se había sentado de golpe en la mesa cuando vio la sombra frente a ellos, la chica había soltado en libro que tenía en sus manos provocando un gran estruendo que supo, debió escucharse hasta fuera.

"Nos encuentran, ¿por qué siempre nos encuentran?" se quejó Nott, volviendo a recostarse sobre la mesa.

"¿Tan obvios somos?" preguntó Clarisse, volviendo a tomar el libro entre sus manos para posicionarlo en el último estante.

Marcus se acercó a ella y se posicionó detrás de su cuerpo, pasando las manos por la cadera de la chica. Ella se revolvió al sentir su tibio calor en el cuello, su nariz rozando suavemente su delicada piel.

"Sólo vine a ver como estaban." respondió Lestrange. Apretó las manos con fuerza en las caderas de Clarisse y la dio vuelta, quedando frente a frente. "A ver como tú estabas."

Era increíble el poco control que tenía sobre su cuerpo. Con tan sólo palabras podía vacilar y caer rendida. Aunque, Marcus, era experto en ello, de seguro traía así a muchas chicas, es imposible resistirse a alguien de su calibre. Conocía a otras estudiante que, sin siquiera conocerlo, darían lo que fuera por pasar un momento con él, y ella, ella pasaba día a día con aquel chico, y ahora, lo tenía frente a ella, a escazos centímetros de su rostro.

"Nott, podrías dejarnos solos." habló Marcus en tono de pregunta, pero sonó cómo una orden.

Orden que Theodore obedeció sin rechistar, levantándose de la mesa y lanzándole una última mirada a Clarisse, quien rió al ver como el chico levantaba las cejas en forma de jugueteo hacia ella.

"Marcus -"

"Qué, Clarisse, esto ¿te incomoda?" preguntó el chico, finalmente soltandola.

Tuvo que rearmar su cuerpo. Apretó los dedos contra uno de los libros para seguir con su trabajo, pero le era imposible sabiendo que Marcus estaba tras ella, mirando cada uno de sus movimientos.

Dejó el libro en el estante y caminó hasta una de las mesas cercanas donde habían dejado la torre de ejemplares que tomaron. Cuando Clarisse tomó el primer libro la voz de Lestrange volvió a estremecerla.

"Sube a la mesa." ordenó él, tirando de su corbata con la mano, dejando el comienzo de su camisa algo desarmada.

Clarisse lo miró y no dijo una sola palabra. Por un segundo creyó que las palabras fueron invención suya, su mente jugaba con ella debido a la situación, pero cuando Marcus volvió a repetirlas se dio cuenta que nada podía ser más real que esto.

"Dije, sube a la puta mesa Clarisse, ¿no comprendes o tendré que hacerlo por ti?"

Ella estaba atrapada. Su temperatura corporal comenzó a subir y sus mejillas se calentaron en sólo unos segundos. No sabía que hacer, no sabía cómo reaccionar, no sabía si lo decía como una broma o realmente se lo estaba ordenando, no sabía -

"Mierda Clarisse." rechisto el chico.

En dos pasos ya estaba frente a ella. Quitó el libro de sus manos y lo lanzó al suelo, tomando las caderas de Clarisse y elevandola sobre la mesa, dejándola apoyada contra el muro tras ella. Los labios de ella se separaron levemente, intentando respirar sin parecer tan exaltada como realmente estaba. Marcus la miraba con hambre, como si necesitará devorarla allí y al instante.

Inconcientemente Clarisse jadeo en busca de aire, y Marcus gruñó al oírla, tan indefensa, tan sutil.

"No me mires así, Liss." susurró él. "No me hagas esto."

Clarisse volvió a jadear cuando sintió las caderas de Marcus pegarse a las de ella, frotando su viva erección entre la tela de sus ropas. Ella, posicionó una mano sobre su hombro, acercándose más a su rostro, podía sentir su cálida respiración contra ella.

"Sabes que te follaria aquí mismo, sobre esta pequeña mesa." señaló, tomando con más fuerza sus caderas para encajar perfectamente entre sus piernas. "No sabes cuanto he estado esperando un momento como este. Estar aquí -" bajó la mirada a donde sus cuerpos se encontraban unidos. "entre tus jodidas piernas."

"M-marcus" susurró, cerrando los ojos al sentir pequeñas punzadas en su parte íntima. Su estómago hormigueaba e internamente quería más. De él podría querer todo en este momento. Su sexualidad se encontraba tan alejada que cualquier situación que se diera sería perfecta para ella.

"¿Sabes lo difícil que se me hace ver como los demás te miran?" añadió, pasando una mano por la espalda baja de Clarisse, agarrando las puntas de su cabello para tirar de él suavemente. "Me jode tanto que pases demasiado tiempo con nosotros."

"¿P-por qué?" fue lo único que pudo articular ella.

Marcus sonrió, su lengua pasó por el interior de su mejilla. "Veo como te miran, Liss. Ellos son tus amigos ahora pero, se que sienten lo mismo que yo hacia ti."

"Yo... no me había dado cuenta." sentía su garganta raspoza y trago saliva cuando él apretó sus manos contra ella, dando un pequeño quejido cerca de su cuello.

"Ese es el puto problema, Clarisse. No te das cuenta de nada."

Una última estocada entre sus cuerpos y Marcus se alejó, con una sonrisa de satisfacción en su rostro que dejó a Clarisse en un estado de arrepentimiento.

Comenzó a pensar, él se burlaria de ella por tener tan poco autocontrol. Él la lastimaria como había visto que hace con otras chicas porque, a pesar de sus buenas intenciones y amistad, él era de los tipos que no buscan nada serio, y ella aún tenía una pizca de esperanza en lo que era el amor.

Dio un último respiro antes de bajarse de la mesa y arreglar su falda. Pasó las manos por su pelo fugazmente y se agachó a recoger el libro que Lestranga había lanzado al suelo.

No quería mirarlo pero él estaba clavado en ella, admirando cada paso, cada movimiento y cada gesto.

"Esto solo resolvió mis dudas." dijo finalmente, sacando una pequeña cajetilla del bolsillo de su túnica.

Sacó uno de los cigarrillos y lo prendió con un pequeño fósforo que traía en la misma caja. Verlo poner el tabaco entre sus labios, inhalar, botar aquel embriagador humo.

«¿¡Por qué eres tan sexy, Marcus!?»

"¿Dudas?" preguntó ella, sin dejar de mirar sus labios.

Marcus dio una calada y habló. "Si, mis dudas." volvió a incorporarse, caminando hasta donde estaba Clarisse, inmóvil. Se acercó a ella por el lado izquierdo de su rostro, dejando que sus labios rosaran levemente su lóbulo. "Ahora sé, que quieres esto tanto como yo."

Clarisse apretó sus manos con fuerza, enterrando las uñas en sus palmas. Apretó sus piernas intentando mantenerse estable, pero así estaba perdiendo todos los estribos.

Marcus era la definición de la incomprensión. Era un chico tan difícil de llevar. A cualquier persona le molestaría alguien tan tóxico y manipulador, pero a Clarisse.

A Clarisse eso solo la llenaba de curiosidad.

Una persona con sed de poder y atención. Un chico con una vida alterada y difícil. Un chico malo. Un chico capaz de todo.

Ella lo quería, en eso tenía razón, aunque más que querer, para Clarisse era una necesidad. Anhelaba el contacto físico, piel con piel en un movimiento rítmico. Ella quería eso y más.

"Clarisse, Clarisse..." murmuró el, notando las tensiones en su cuerpo. "Algún día de estos, cuando menos lo esperes, te tendré en mis brazos, y Merlín sabe cuanto lo disfrutaré."

•~᯽~•

"Si no te apuras no te ayudaré con nada Liss." amenazó Zabini mientras juntos caminaban hasta las mazmorras.

Blaise le había prometido a Clarisse que la ayudaría en sus estudios sobre Historia de la Magia. Ella nunca había sido buena para ello, y ahora con Alecto, las cosas se le tornaba más difíciles.

"Puedes dejar de quejarte Blaise, estoy cansada." murmuró ella, corriendo a un paso rápido al lado del moreno.

Blaise sacudió la cabeza, mirando sus pies moverse ágilmente. "No entiendo como es que te va mal en Historia de la Magia."

"Solo no me gusta." explicó ella, intentando arreglar su túnica. "Además, con Alecto las clases se hacen aún más tensas, lo único que puedo pensar es en que no me tome como objeto de humillación."

"Alecto sólo es una zorra sin gracia que siente la necesidad de tener poder por sobre -"

"¡White, Zabini!"

Esa voz...

«Mierda, mierda, que no lo haya oído»

Clarisse se dio la vuelta y fingió su mejor sonrisa. "Profesora Alecto..."

La mujer se acercó a ellos, dando pasos firmes y duros contra el suelo. Su cabello recogido en una coleta hacia que su rostro se viera aún más redondo y sus ojos eran penetrantes, intimidando a cada quien se cruzará con ellos.

"White, ¿no pensaras evadir tu castigo?" preguntó la mujer, planteándose frente a ella.

Clarisse negó. "Por supuesto que no, yo solo iba a -"

"Mi oficina, 8 pm en punto." soltó la mujer, dando la vuelta y caminando nuevamente por el pasillo. "Y tenga la cordialidad de decirle al señor Malfoy también."