Hot Touchdown

CAP 48

Mientras Emmett subía las escaleras de la casa en penumbra, su corazón comenzó a latir con el ritmo lento y pesado de la anticipación. Hace un par de horas habían tenido sexo telefónico, lo cual lo había dejado muy cachondo y con ganas de más. De camino a casa, no había pensado en otra cosa más que en hacerla suya hasta que saliera el sol. No quería despertarla, pero el sueño que ella le había contado horas atrás lo había dejado inquieto y quería volvérselo realidad. Además, Emmett estaba deseando tenderse a su lado otra vez, solo por sentir el tenue calor de su cuerpo y el dulce olor de su piel. Pero por la mañana... Rosalie tendría la tez sonrosada por el sueño, y se desperezaría, indolente, con aquella gracia felina. Entonces, la haría suya de nuevo.

Entró en la habitación sin hacer ruido, cerrando la puerta a sus espaldas. Ella estaba en la cama, inmóvil y menuda, ajena a su presencia. Se quedó contemplando a su mujer antes de entrar al cuarto de baño. Cuando salió, unos minutos después, dejó la luz del baño encendida para poder verla mientras se desvestía.

Miró hacia la cama otra vez y todos los músculos de su cuerpo se tensaron. El sudor perló su frente. No habría podido apartar los ojos de ella ni aunque un desastre hubiera acontecido en ese instante.

Ella estaba tumbada boca abajo, con las sábanas apartadas a los pies de la cama. Tenía la pierna derecha extendida y la izquierda flexionada. Llevaba puesto uno de aquellos delicados camisones de seda que le gustaba ponerse, y en el transcurso de la noche se le había subido hasta el trasero. La recorrió lentamente con la mirada, recreándose en la contemplación de las curvas de sus glúteos desnudos y en los suaves pliegues de su sexo, que anhelaba acariciar.

Se estremeció convulsivamente, apretando los dientes. Se había excitado tanto y tan deprisa que todo su cuerpo palpitaba dolorosamente. Rosalie estaba profundamente dormida. Su respiración era lenta y regular. La de Emmett se hizo trabajosa y comenzó a sudar. Sin apartar los ojos de ella, comenzó a desabrocharse la camisa. Necesita poseerla; no podía esperar. Rosalie era cálida, femenina, vulnerable... y era suya. Emmett se deshacía con solo mirarla, su autodominio se tambaleaba, su sexo palpitaba enloquecidamente. Era increíble el deseo y los sentimientos que su mujer le seguía provocando a pesar que llevaban varios años casados. Claro, su matrimonio no había sido perfecto. Al contrario, hubo veces en las que sus personalidades y fuertes caracteres chocaban entre sí, aunque evidentemente la prensa rosa tuvo mucho que ver en sus problemas, hasta el punto de separarse por un tiempo. Todo para darse cuenta que no podían vivir el uno sin el otro.

Dejó sus ropas en el suelo y se inclinó sobre ella, girándola suavemente para que yaciera de espaldas. Rosalie dejó escapar un gemido suave y se acomodó sin despertarse. El deseo de Emmett era tan apremiante que ni siquiera se molestó en despertarla; le subió el camisón hasta la cintura, le abrió los muslos y se colocó entre ellos. Intentando dominarse, la penetró suavemente y un gruñido bajo y áspero escapó de su garganta al sentir que la carne cálida y húmeda de ella se cerraba alrededor de su sexo.

Rosalie dio un leve respingo, arqueándose y, alzando los brazos, le rodeó el cuello.

–Oh mon amour–musitó, medio dormida. Y él se hundió desesperadamente en ella, intentando fundirse en su cuerpo de forma tan irrevocable que nada pudiera separarlos.

–Oh mi ángel–susurró con la voz crispada, hundiendo la boca abierta en su cálida garganta.

Ella se removió, arqueándose hacia él de nuevo mientras su mente emergía de un letargo tan profundo que rozaba la inconsciencia. Pero hasta dormida reconocía las caricias de sus manos, y su cuerpo respondió inmediatamente a ellas, abriéndose para él, dándole la bienvenida. No le preguntó nada; sencillamente, estaba allí, y eso era lo único que importaba. Un gran estallido de amor, tan intenso que Rosalie estuvo a punto de gritar, redujo todo lo demás a la insignificancia. Estaba ardiendo, con los sentidos erizados, y gimió en su boca cuando sus nervios detonaron en un arrebato de placer.

Emmett la sujetó con fuerza, utilizando para ello sus muslos y sus brazos musculosos, apretándola mientras ella se retorcía salvajemente bajo él, y la sensación que le produjeron las convulsiones de sus pliegues interiores lo llevó a un éxtasis cálido, dulce y embriagador.

No podía separarse de ella. Incluso cuando todo acabó, no pudo soltarla. Empezó a hundirse en ella otra vez. Necesitaba poseerla de nuevo para satisfacer un deseo tan intenso que seguramente nunca podría saciarse.

Rosalie gemía débilmente y se aferraba a él, con ojos luminosos. Pronunció su nombre con voz temblorosa. Emmett no permitió que su excitación se aplacara, sino que mantuvo su cuerpo tenso por el deseo. Se movió lentamente y suavemente, atrayéndola hacia el éxtasis en vez de arrastrarla hacia él.

Sin embargo, no por ello la culminación de su placer fue menos devastadora.

Era casi de día cuando Rosalie se acurrucó en sus brazos. Ambos estaban exhaustos. Justo antes de que ella se durmiera, dijo con leve asombro:

–Has vuelto muy pronto.

Él la abrazó con fuerza.

–No podía soportar pasar otra noche lejos de ti –Besó su cabeza.-Te amo, Rose.-Buscó sus labios y ella lo recibió gustosa.

-Y yo te amo a ti, Emm.

Emmett se despertó poco después de la una, molesto por el sol que daba directamente sobre la cama. El calor en verano se volvía insoportable algunas veces. Lo que necesitaba ahora era una ducha fría para sacudirse el aturdimiento que le causaban el cansancio y el calor. Salió de la cama sin hacer ruido, con cuidado de no despertar a Rosalie, a pesar de que sus labios duros se curvaron en una sonrisa al ver que el camisón estaba tirado en medio del suelo. Ni siquiera recordaba habérselo quitado, y mucho menos haberlo tirado al suelo.

Se metió en la ducha, sintiéndose completamente saciado y satisfecho. Estos días lejos de su familia habían sido muy largos. Amaba el football pero había extrañado a su familia mientras su equipo andaba de gira. Emmett Cullen a sus 38 años era toda una leyenda de la NFL, haciendo historia, rompiendo récords cada vez que podía, y claro rompiéndose un par de huesos en el camino. Cosa que no hacía para nada feliz a su esposa Rosalie, quien se preocupaba por él y le había rogado que se retirase. Por supuesto, habían tenido muchas discusiones por eso, sin embargo Emmett tenía muy claro que se retiraría hasta cumplir 40.

Por otro lado, Rosalie hace unos años había decidido retirarse de las pasarelas, y desde entonces se había convertido en una actriz ocasional. Participaba en proyectos sobretodo de cine europeo, cosa que Emmett no celebraba con mucho entusiasmo por diversos factores, entre ellos los rodajes en el extranjero y por supuesto, sus co-estrellas. Al principio, fue duro para él acostumbrarse ver a su mujer en pantalla protagonizando escenas subidas de tono con otros actores. Sin embargo, tuvo que aprender a lidiar con ello y verlo desde una perspectiva artística-profesional y no tomarlo personal. Por supuesto, le costó mucho trabajo hacerlo pero Rosalie le había demostrado el amor incondicional que le tenía solo a él en muchas ocasiones. Una prueba de ello, eran sus dos retoños. El mayor, Stephen y la pequeña Candice. No pudo evitar sonreír al recordarlos. Vio el reloj y se dio cuenta que dentro de unas horas tendrían que pasar a recogerlos.

Desnudo, regresó a la habitación y se puso unos boxers y unos vaqueros. Rosalie era como un imán que atraía su mirada una y otra vez. Dios, qué hermosa era, con aquel pelo dorado que brillaba a la luz del sol, y aquella piel que refulgía suavemente. Estaba tumbada boca abajo, con los brazos bajo la almohada, ofreciéndole una visión completa de su espalda esbelta, de sus trasero firme y redondo y de sus piernas largas y esbeltas. Emmett admiró sus curvas gráciles y femeninas, y sintió el deseo apremiante de tocarla.

Se acercó a la cama y se sentó a un lado, acariciando su espalda desnuda.

–Despierta, perezosa. Son casi las dos.

Ella bostezó, aferrándose a la almohada.

–¿Y? –esbozó una sonrisa, negándose a abrir los ojos.

Él se echó a reír.

–Levántate, anda. Ni siquiera puedo vestirme si te veo así. No puedo apartar los ojos de... –

-Iggggghh.-Se sobresaltó.-¡Los niños!-Chilló agitada mientras se sentaba en la cama.-

La carcajada profunda de Emmett no se hizo esperar. Los años pasaban y algunos hábitos jamás cambiarían... Rosalie seguía siendo una dormilona. Sin embargo, cuando se trataba de sus pequeños, hacía a un lado su pasión por dormir.

-¡Deja de reírte!-Exclamó molesta y un poco ruborizada.-¿Por qué no me despertaste antes? ¡Mira la hora qué es!-Se movía agitada y antes de que se levantara, el grandullón la detuvo.

-Relájate. Tengo todo bajo control.-Frotó sus brazos suavemente intentando que se calmara. Él besó su frente y ella pareció tranquilizarse.

-Te extrañé.-Enredó sus brazos en su fuerte cuello.

-Yo también, nena.-Pasó una de sus grandes manos sobre su rostro. Perdiéndose en su belleza. Ella cortó la poca distancia que quedaba entre ellos y lo besó lentamente al principio haciéndose cada vez más intenso. Antes de que pasara a más decidió cortarlo e ir a tomar una ducha.

Luego de almorzar se prepararon para ir a casa de Esme y Carlisle, que hace unos años se habían mudado a la Gran Manzana. Cuando ésto sucedió, la rubia se asustó y preocupó temiendo lo que esto significaba. Sin embargo, su relación con su suegra había mejorado considerablemente desde el nacimiento de sus dos hijos. Claro, había estado encima de ellos durante su primer embarazo y el nacimiento de Stephen, esto hizo que Rosalie tomara precauciones para su segundo embarazo, dado que Esme había intervenido demasiado y pues la rubia necesitaba un respiro. Además esa época fue oscura para la vida de Emm. Tanto su carrera deportiva como su matrimonio no atravesaban por un buen momento. Llevaba una mala racha con los Gigantes desde la partida de varios de sus compañeros de equipo, incluyendo al pilar de la defensa, su mejor amigo, Sam. Debido a la presión que eso le generaba había decidido entregarse por completo al equipo, prestándole poca atención a su hijo y esposa provocando que su matrimonio se enfriara, y haciendo así de su vida personal un desastre.

Además su relación con Rose no era la mejor. Desconfiaba demasiado de ella, parecía tragarse todo lo que la prensa decía sobre ella y su compañero de reparto de la exitosa película que promocionaba en ese momento. Su rotundo éxito, no solo se debía gracias a las excelentes actuaciones sino que también a la evidente química que existía entre ellos, la cuál se plasmaba perfectamente en todas sus escenas y mucha gente aseguraba que su romance iba más allá de la pantalla. Mas la verdad, era que se habían convertido en muy buenos amigos. Pero Emmett no lo veía así hasta el punto de reaccionar mal ante la noticia del segundo embarazo de Rose, llegando a dudar sobre si en verdad era suyo. Era una especie de Dejá Vu, como aquella falsa alarma en la que Rose no estaba segura si el supuesto hijo que esperaba era de él o de Garret y aún así había decidido casarse con él. El miedo y el coraje de que algo así pasará otra vez provocó que el grandullón hiciera comentarios sarcásticos e hirientes que dañaron profundamente a su esposa quién decidió marcharse por un tiempo junto a su bebé y a la nena que llevaba en su vientre.

Decidió regresar a la ciudad que la vio nacer y en la cuál su hija lo haría en unos meses. Pese a que sus padres, hermanos y amigas estuvieron con ella durante todo el proceso, eso no era suficiente. Extrañaba al idiota de su esposo y solo esperaba que algún día se reconciliaran. Desgraciadamente, su embarazo se complicó a tal punto que su nena nació meses antes de lo previsto. Emmett, al otro lado del Atlántico se había deprimido. Incluso buscó ayuda profesional, para mejorar su temperamento. La terapia le había ayudado considerablemente, ya no era un hombre tan explosivo. Además ese tiempo solo le había hecho comprender que no podía vivir separado de su mujer y su hijo, así el bebé que llevaba ella en su vientre fuera suyo o no. No le importaba, decidió dejar de lado todo su orgullo y recuperar a su familia.

Carlisle les abrió la puerta y saludó a ambos con un abrazo. Cuando Stephen escuchó a sus padres, salió disparado muy emocionado a saludarlos pero no se había fijado que traía las cintas de sus zapatos sin amarrar, por lo que tropezó y estuvo a punto de aterrizar en su madre pero Emmett reaccionó rápido y lo interceptó en el camino evitando que se lastimará.

-¡Eh campeón! Ten más cuidado.-Lo alzó en volandas sin ningún esfuerzo y haciendo al niño de mejillas redondas y coloradas reír. De hecho, se parecía mucho a Emmett de niño excepto por el color de sus ojos y su cabello rubio que había heredado de Rose. Aunque su mirada traviesa y su sed de travesuras y aventuras la había heredado sin duda de su padre.

-¡Papi Mami!-Chilló, mostrando una amplia sonrisa despreocupada a la que le hacían falta dos dientes y les dio un abrazo de oso a ambos. Haciendolos reír.

Luego llegó Esme con la pequeña Candice agarrada de la mano. A diferencia de Stephen, Candy, como la llamaban casi siempre, tenía un aspecto más menudo y frágil al lado de su robusto hermano.

Su cabello era rubio levemente ondulado no tan rizado como el de Emm. Tenía los mismos ojos azules y labios llenos como los de Rose. El parecido entre ambas era sorprendente.

Orgulloso de su pequeña nena de cabellos rubios, su padre al verla la alzó en sus bazos. Desde el primer momento en que la sostuvo así, aquel día en el hospital, sus estúpidas dudas e inseguridades que habían hecho que se separara de la mujer que tanto amaba se disiparon para siempre. Cuando la pequeña abrió sus ojitos supo que esa nena hermosa era suya, era su pequeño ángel. No pudo evitar derramar lágrimas al comprender que se había equivocado y estuvo a punto de perderlos. Rose se conmovió tanto al ver la escena que le costó menos de lo que esperaba perdonar a su esposo. Y desde entonces, se habían convertido en una familia muy unida.

-¡Papi!-chilló emocionada.-¡Te extrañé!

-Papi también te extrañó, princesa.-Exclamó Emmett antes de comerse a besos a la pequeña haciéndola reír a carcajadas.

-¿Para mamá no hay nada?-Rose miró a los 3 amores de su vida embelesada. Ella también quería su parte.

-¡Mami! ¡Si para ti siempre hay muchos besitos!-dijo divertido Steve. Haciendo reír a los adultos.

-El cupo de besos lo marco yo.-dijo la rubia divertida. Los niños se lanzaron a sus brazos mientras ella los llenaba de besos.-Los amo. Muchísimo.

-Nostros también, má.

-Hola Rosalie.-Esme le dedicó una sonrisa amable. Después de todo lo que habían pasado ya se llevaban mejor.

-Hola Esme.-la rubia sonrió.-Espero que no te hayan vuelto loca.

-¡Qué va!-Dijo divertida.

-Alegran nuestros días.-Acordó Carlisle.

-Mami hicimos galletitas con la abue.-Dijo emocionado Steve.

-Oh ¿En serio? Vamos a ver.

-Si mami.-Respondió la niña. -Steve se bañó de harina-Agregó riendo mientras contaba la anécdota.

-¿Por qué fue eso?-dijo Rosalie mirando a su suegra.

-Oh-rió quitándole importancia.-Steve es como su padre. Todo un revoltoso.

-Gracias, mami.-dijo Emmett rodando los ojos.

-Mami es que yo quería coger chocolate para ponerle más virutas a las galletas y pues... ¡la harina se esparció toda!-dijo culpable. La pequeña Candice estalló en una carcajada recordando a su hermano lleno de harina.-Después la abue me bañó.-sonrió. Sí, había heredado los hoyuelos de su padre. Rose suspiró. Su hijo era demasiado travieso. Como aquella vez que andaba pintando un dibujo con pintura de manos y mientras ella estaba pendiente de que Candice no se cayera cuando estaba aprendiendo a andar le estampó el relieve de sus dos manitas en su falda de diseñador. Arruinándola por ó recordándolo.

Emmett rió.-¿Recuerdas aquella vez, amor?-Preguntó mientras pasaba un brazo sobre su cintura acercándola a él. Ella lo vio.-Cuando nuestro revoltoso andaba de artista.-Agregó divertido.-Fue a estampar sus manitas en tu trasero.

Ella se llevo una mano a la cara recordando.-Oh sí cuando arruinó mi Valentino.

Esme y Carlisle rieron ante la anécdota que su hijo estaba contando. Rosalie no pudo evitarlo y también lo hizo. En su momento fue una tragedia pero ahora resultaba gracioso.

-Mami ya te dije que lo sentía.-dijo su hijo, había llegado con un plato con galletitas que Esme había colocado cuidadosamente.-¿Quieres uns galletita de la paz?

-Awwwww cielo.-sonrió y tomó una.-Claro que si.

-Abue.-Candy llamó a Carlisle el cual la miró con devoción.-¿Podemos ver una película ahora?

-¡Si, abue!-su hermano la secundó.-¡Podemos comer en la sala! ¡Por favor!-Esme se lo pensó por varios segundos pero acabó cediendo. Para que están los abuelos ¿sino para consentir?

Así que hay estaban los 6 comiendo en la sala, viendo una película de Disney. Emmett besó en el cabello a su mujer. Se sentía tan afortunado de la familia que habían creado juntos. Ella se giró y con la mirada se entendieron perfectamente. Ella le dio un apretón a su mano y se acurrucó más en él

Más tarde se reunieron a celebrar el cumpleaños de la nena de los Uley, la traviesa Aaliyah quien era igual de extrovertida y parlanchina como su madre, a diferencia de su hermano, Darriel, quien era muy tímido y menor que Aaliyah apenas por unos meses. Aún así era más alto que la mayoría de los niños de su edad. Probablemente en el futuro sería un gran basketbollista.

En la fiesta también estaban presentes Bella y Edward con su pequeña Renesme y Jasper y Alice con su hijo Théo. Los adultos se ponían al día mientras que los pequeños revoloteaban por todas partes.

Hasta que se escuchó el llanto de una nena. Emmett se puso alerta al reconocerlo. Se trataba de su hija. Inmediatamente interrumpió la conversación que sostenía con Sam y fue dónde ella. Pero su esposa ya la tenía en su regazo.

-Ya pasó mi amor.-Repetía mientras la acariciaba el cabello y su carita con ternura.

-¿Qué sucedió?-Preguntó Emmett con el ceño fruncido levemente preocupado.

-Solo estaban jugando.-Contestó ella.

Emmett no satisfecho con la respuesta de su esposa pasó su mirada por el lugar y se dió cuenta que el único niño que se encontraba en esa habitación y además se veía realmente apenado y tenía la mirada clavada en el piso era Darriel. Achicó los ojos y justo cuando iba a acercarse a él Leah tomó a su pequeño de la mano y lo sacó de ahí.

Sam palmeó el hombro de Emmett.-Son solo niños.

-Alguien podría explicarme, ¿qué ha ocurrido?

-Tu hijo es todo un casanova.-Sonrió Alec burlesco mientras pasaba por ahí. Yo alcé una ceja.

Sam suspiró.-Mi hijo intentó besar a tu hija pero lo único que hizo fue chocar con su cabeza.-dijo divertido Sam.-O al menos eso es lo que Leah me contó.

-¿Y eso te parece gracioso? Tengo que hablar con ese jovencito.-murmuró Emmett entre dientes.

-Tranquilo papá oso.-Sonrió Sam despreocupado.-No ha sido nada grave.

-Estamos hablando de mi nena.-Murmuró Emmett enfadado.

-Emmett, amor.-Rose apareció a su lado y tomó su brazo, acariciándolo. El grandullón pareció tranquilizarse.-Ven conmigo.

-¿Dónde está mi nena?

-Está jugando con Aaliyah y sus amigas. ¿Ves?-Las señaló con la cabeza.

-¿Y dónde está ese niño roba-besos?-Frunció el ceño buscando a Darriel.

-Para que lo sepas fue Candy quien lo besó primero.-Sonrió Rose.

-¡¿Qué?!-Su mandíbula se desencajó al escuchar eso.-¿Cómo es eso? ¿Dónde aprendió esas cosas?

-Tal vez influya el hecho de que papi y mami se pongan muy cariñosos a veces.-respondió divertida Rose mientras enredaba sus brazos en el cuello de su marido estirándose para alcanzar sus labios. Emmett respondió el beso satisfecho inclinándose y posando sus manos en su cintura.

-No trates de distraerme Rose.-Suspiró Emmett cuando se separaron.-Esto es serio.

Rose rodó los ojos.-Solamente fue un inocente beso en la mejilla.

-Parece que seremos consuegros, Cullen.-Apareció Leah en escena.

-No vengas con tonterías, Leah.-murmuró Emmett

-No son tonterías. Son hechos.-Sonrió con superioridad y señalando con su copa.-Nuestros bebés se gustan. No puedo decir lo mismo de Aaliyah y Steve... Pero ellos...-Emmett desvió la mirada hacia donde estaban sentados en un taburete y se dió cuenta que su pequeña estaba muy entretenida acariciando el cabello afro del nene, mientras él miraba hacia abajo apenado y ligeramente ruborizado tomando su mano de vez en cuando.

-Son adorables.-Comentó Rose con ternura.-Momentos antes del incidente habían compartido helado.

-Te lo dije, Cullen. Aquí hay futuro.-Agregó Leah.

-¡Stephen Cullen! ¡¿En dónde te has metido?!-Chilló Rose alarmada al ver a su hijo cubierto de lodo y barro de pies a cabeza.

-¡Mamá fue asombroso!-Exclamó emocionado.-¡Soy el más rápido y el mejor!-A Rose parecía que led daría un ataque en cualquier instante. A Emmett las hazañas de su hijo le parecían graciosas y divertidas.

-Claro demostró ser más rápido y veloz que el viejo Rocco.-Exclamó Aaliyah en el mismo tono irónico que su madre. Una de las tantas cosas que había heredado de ella.

Rose no tuvo más remedio que llevar a su hijo a darle un baño y prestarle algo de ropa de Darriel a Leah.

La fiesta de cumpleaños de la pequeña Aaliyah fue un éxito. Los niños no pararon de jugar durante toda la tarde y los adultos pudieron disfrutar de una velada agradable con sus amigos e hijos. Ya eran casi las 8.

-Mami pero yo no me quiero ir todavía.-Candice se acercó a sus padres. Normalmente su hermano se hubiera unido a sus reclamos pero estaba tan cansado de jugar toda la tarde que se había quedado dormido en brazos de su padre.

-Cielo, ya es hora de irnos ¿si?-sonrío ayudando a su nena con el abrigo.-Nos van a echar de la cafetería, mi vida.

-Está bien.-bufó cansada.

La pequeña Candy no fue la única que se quejó. Pero era la hora de irse a casa así que todos tuvieron que tratar de convencer a sus pequeños para que no hicieran un berrinche ahí mismo.

-Candice.-La hija de los Uley llamó a la pequeña.-¡Mira!-le enseñó uno de los regalos que le habían hecho por su cumple. Por supuesto Candice fue corriendo a su llamado.

-Parece ser que separarlas nos va a costar algo más de lo que creíamos.-apareció la morena divertida en dirección de Rose.

-Lo sé.-sonrió la rubia.-Son uña y carne.

Finalmente lograron convencer a sus pequeñas de irse a casa. Sin embargo, no contaban con que un grupo de paparazzis estuviera a las afueras del local en el que horas atrás celebraron el cumpleaños de la traviesa Aaliyah.

La pequeña cumpleañera pareció no haberse percatado de su presencia pero Candice si se sintió algo incomoda por lo que apretó la manita de su amiga. Ella lo ignoró restándole importancia, solo le sonrió para infundirle seguridad. De un momento a otro todo el grupo de paparazzi había comenzando a cantarle el cumpleaños feliz a la nena.

-¡Candice!-Rosalie llamó a su hija que no tarde en refugiarse en ella. Leah se acercó donde estaba su hija. Encantada de la atención que estaba recibiendo y le dio la mano sonriendo. Mientras Sam estaba atrás con Darriel de la manita.

-¡Gracias! Es increíble que sepan mi nombre.-Exclamó haciendo reír a todos.

Emmett iba al lado de Rose quien llevaba a su nena en brazos. Estaba escondiendo su carita en su cuello. Estaba un poco asustada. Emmett suspiró molesto y se abrió paso entre los paparazzis.

Rosalie caminó tras su marido. Se despidieron rápido de sus amigos y se metieron en su coche de camino a casa.

-Ya puedes abrir los ojitos, amor.-le dijo Rose a su nena.-Ya estamos en el coche.

-¿No hay más flashes?-preguntó desconfiada. Su madre negó suspirando antes de besar su cabeza.

-No, mi amor.-Ella finalmente suavizó su agarre y fue levantando su cabezita poco a poco.

Emmett murmuró molesto mientras abrochaba su cinturón de seguridad.-Esos sujetos no tienen límites. Me parece increíble que hayan invadido una fiesta infantil.-Bufó.

-Está bien, amor.-Rose sonrió mirando por el espejo a su marido que suavizó su mirada.-Era algo que podía pasar.

-Lo que también me parece increíble es la reacción de la nena.-dijo asombrado cuando Candice estaba con los audífonos viendo sus dibujos mientras seguía abrazada a su madre y Steve seguía durmiendo.-Ni siquiera se ha inmutado. Ha hablado con ellos como si nada, Rose.

-Es una pequeña diva,Emm.-rió divertida.-Igual que su mamá. O ¿alguna vez has visto a Leah intimidada? Yo solo la he visto molesta con los paparazzi cuando no está de humor.

-Ya pero aún así... es una niña, Rose.-volvió a decir mirando a su mujer cuando estaba en rojo.

-Emm, no estaba sola. Sus padres estaban con ella.

Emmett iba a replicar pero Rose se adelantó.-Ya déjalo, ya pasó.-Suspiró, él ya no dijo nada y condujo en silencio a casa

Los niños habían quedado exhaustos luego de pasar casi toda la tarde jugando así que no costó mucho que se durmieran. Emmett que acababa de acostar a sus pequeños regresó a la habitación que compartía con su esposa hace ya unos años.

-¿Se durmieron?-Preguntó ella mientras salía del baño.

Emmett asintió con una sonrisa y dio unas palmaditas a la cama invitando a Rose. Ella fue y se sentó a su lado compartiendo un largo beso.

-No quiero que crezcan.-Suspiró Emmett cuando se separaron.

Rose lo vio confundida.-Los niños.-Explicó él.

-Emmett, Steve apenas tiene 8 y Candy 5.

-Pero mi nena pronto cumplirá 6. Y cuando nos demos cuenta ya estará en la secundaria y tendrá novio.

Rose no pudo evitar reír. Emmett la vio ofendido.-¿No crees que estás acelerando mucho las cosas? Apenas está en kinder.

-Lo sé.-Suspiró él.-Pero el tiempo pasa volando sino mira a Audrey, hace nada la estábamos cuidando y ahora ya está en la secundaria y tiene novio.

Rose se arrodilló y se puso tras su esposo abrazándolo por detrás, le dio un par de besos en el cuello antes de acariciar su ancha espalda haciendo que sus músculos tensos se relajaran poco a poco con su masaje.

-Amor, no tienes por qué estresarte antes de tiempo. Insisto... Aún falta mucho para que lleguemos a la etapa donde nos toque lidiar con adolescentes hormonales.-Bufó ella.

Emmett gimió.-No sé si seré capaz de hacerlo.-Admitió.

-Ni yo.-Reconoció ella.-Pero somos un equipo, ¿lo recuerdas?-Tomó su mano justo donde tenía la

alianza.-Podemos hacerlo juntos.-Lo animó.

El sonrió y se giró para acariciar su rostro. Perdiéndose un instante en su belleza.-No sabes cuánto te amo.-Suspiró finalmente.

Las semanas transcurrieron y finalmente llegó el día en que la familia Cullen pasaría unos días de vacaciones lejos de NY, específicamente en la Côte d'Azur. Lugar que se había convertido en el destino predilecto para terminar el verano.

Rosalie y Emmett habían comprado una hermosa y rústica casa de campo en el corazón de Grasse la capital mundial del perfume. Y se había vuelto costumbre pasar lo que restaba el verano ahí antes de que iniciara la temporada regular de la NFL.

Los niños iban en el asiento trasero de la camioneta emocionados hablando entre ellos. Rosalie los iba viendo de vez en cuando, completamente enamorada.

Emmett iba sosteniendo su mano mientras conducía se iba riendo de las ocurrencias de sus pequeños.

-¡Mami!-llamaron los pequeños al unísono. Rosalie rió.

-¿Qué sucede?-dijo divertida. Casi siempre hablaba en francés con sus hijos, al igual que lo había hecho su madre con ella. Era algo a lo que le guardaba mucho cariño.

-¿Cuanto queda?-dijo la pequeña desesperada.-¡Steve deja de tirarme del pelo!

-Ya no queda mucho, amor.-sonrió.-Steve...deja a tu hermana.-advirtió a su hijo que tras mirarla dejó en paz a su hermanita.

-¿Me haces de traductor?-dijo Emmett suspirando.-Nena no me entero de nada y lo sabes.-todos rieron ante la frustración de Emmett.

-Amor, los niños quieren llegar ya.-sonrió dándole un besito en la mejilla.

-Ya no queda nada, enanos. Estaremos en la casa antes de que puedan parpadear.

-Yo ya he parpadeado papi.-dijo Candy culpable haciendo reír a su hermano.

-No era de manera literal, tonta.-le sacó la lengua.

-¡Ah, tonto tú!-le dio un manotazo a su hermano.

-¡Niños!-Rose llamó su atención, le recordaban tanto a ella y sus hermanos.-Ya está bien ¿por favor?-ambos asintieron quedito.

Finalmente llegaron a la casa. Los pequeños corrieron emocionados. Rose y Emmett bajaron. Emmett se acercó a Rose y pasó un brazo sobre sus hombros. Ella se recostó sobre su pecho. El grandulon se inclinó un poco y fue en busca de los labios de su esposa. Ella encantada fue a su encuentro y compartieron un largo beso.

Cuando se separaron Emmett suspiró.

-Me encanta lo que hemos hecho.-Dijo Emmett señalando a sus pequeños que andaban agitados corriendo de un lado a otro emocionados.

-Lo sé.-sonrío.-A mi también.-se rió encantada cuando su marido comenzó a darle besos por toda su cara. El sonido de una llamada les interrumpió.

-¡Vaya! Es mi madre.-sonrió Rose-¡Bonjour mami!-lanzó un besó mirando a la cámara de su móvil.

-¿Cómo estás Chloé?-Emmett sonrió a su suegra. Después de todo lo que habían vivido, ella siempre había sido amable con él.

-¡Hola!-volvió a sonreir.-Stefan ¡ven!-llamó emocionada a su marido.-¿no querías hablar con los niños?

-Hola pequeña.-saludó a su hija.-Emmett, ¿como está mi yerno?

-Muy bien, señor.-sonrió.

-¡Steve, Candy! Los abuelos Chloé y Stefan al teléfono.

-Abue, abue.-Los dos pequeños comenzaron a saltar emocionados. Cogieron el teléfono y se fueron a hablar con sus abuelos sentados en el césped de la gran casa. Emmett y Rosalie estaban tan tranquilos cuando escucharon gritos.

-¡Steve! ¡Qué ya has acabado! ¡Tienes que devolverle el móvil a mamá!-decía la pequeña enfadada.

-¡Eres una chivata! Solo quería ver un vídeo en YouTube.

-¿Qué pasa aquí?-Emmett salió a ver por qué discutían sus hijos.

-Papi, Steve no quiere devolverle el teléfono a mamá.-La pequeña sin dudarlo acusó a su hermano.

-A veces eres tan odiosa.-Se quejó su hermano.-¡Eres insoportable!

-Bueno, niños ya dejen de discutir.-Se acercó Rose. El niño le devolvió el teléfono a su madre de mala gana y se fue adentro.

Candice tenía un pucherito en sus labios parecía que iba a llorar en cualquier momento porque su hermano le había gritado. Emmett lo notó y la alzó en brazos. Rose fue adentro a hablar con su hijo.

-Tu hermano no hablaba en serio, princesa.-Le dijo Emmett.

-Si papi.-dijo triste.-El de verdad me odia. Y yo no quiero que me odie porque somos hermanos.-hipó.-Y los hermanos tienen que quererse.-se abrazó a su papá llorando.

-Ey nena.-Emmett abrazó a su pequeña y besó su cabello.-Steve te ama. Siempre está ahí cuando tienes miedo por las noches a qué si.-La nena asintió limpiándose las lágrimas.

-Siempre dice que si viene los monstruos el los matará con su espada láser.-rió la pequeña recordando como su hermano tenía una de esas en la mesilla de noche por si alguien decidía aparecerse por las noches en los sueños de su hermanita.

-¿Ves? Él te quiero mucho, mi vida. Solo que a veces no le dejas cometer sus travesuras.-sonrió cómplice y le hizo cosquillas a lo que la nena rió.

-Candy.-se oyó la voz arrepentida de Steve bajando las escaleras con su madre.-Lo siento.-dijo mirando al suelo.

La pequeña le pidió a su padre que la bajara y él la colocó en el suelo.

Ella en respuesta simplemente abrazó a su hermano quien se veía apenado. Y dejó un par de besitos en sus mejillas regordetas haciendo que se sonrojara adorablemente.

Rose sonrió enamorada ante la escena y Emmett la abrazó viendo también muy complacido como sus pequeños hacían las pases.

Tras eso habían merendado smothies de fruta y pancakes de avena que sus padres les habían hecho. Se acercaba el atardecer y Rose quería practicar algo de yoga en la terraza del living. Tenía unas vistas al mar maravillosas. Respiró profundo y sonrió. Que bien se sentía volver a Francia. Para ella siempre sería su hogar.

-¿Mami?-la voz de su pequeña la sobresaltó mientras estiraba.

-¿Que ocurre corazón?-sonrió Rose a su pequeña.

-¿Puedo hacer yoga contigo?-preguntó y Rosalie casi se muere de amor.

-Claro que si, cielo.-Sonrió y se puso de pie para ir por otra tapete y extenderla a su lado. -Ven aquí.-La tomó de la manita.

La niña era muy lista y mientras Rose le explicaba ella iba copiando sus movimientos.

En eso Emmett se cruzó por ahí y le enterneció tanto la escena que vio que sacó su celular y tomó una foto. Era una auténtica copia de Rose. Se había puesto un chándal parecido a su madre y llevaba una coleta alta como ella. La pequeña era adorable, miraba concentrada a su madre y trataba de copiar todo.

-Papá también quiere unirse a sus dos princesas.

-¿Papá no recuerda aquella vez que se lesionó cuando trató de hacer yoga?-sonrió divertida Rose terminando de estirar.

-Si mamá.-dijo molesto.

-Papá ¿te lesionaste con la yoga?-Steve se acercó riendo.

-Gracias, Rose.-Emmett suspiró molesto.-Tu mamá está en exagerando.-Rodó los ojos.-Mejor vamos a jugar al fornite.-Despeinó a Steve.

-¡Si!-Chilló emocionado mientras hacía el baile del juego haciendo reír al resto de su familia.

-Ve. Ya te alcanzó.-Dijo Emmett y el niño salió disparado como una bala mientras él se acercaba dónde estaban sus rubias.

-Son las mujeres más hermosas del mundo.-dijo acercándose para besar a ambas. Candice se colgó de su cuello riendo.

-¡Pero papi yo no soy una mujer soy una niña!

-Lo sé.-dijo Emmett resignado.-Y espero que lo seas por muuuuucho tiempo.-Rose rió.

-Te queremos mucho, papi.-la rubia le dijo sonriendo en su dirección. Emmett se agachó para besar los cabellos de ambas y se fue con Steve que ya lo estaba reclamando desde la sala.

Después de disfrutar la tarde en familia, era la hora del baño así que Emmett se encargó de bañar a su hijo y Rose de la pequeña Candy. Cuando ambos terminaron se ducharon y comenzaron a preparar la cena.

-¿Disfrutas con esto eh?-Rose miró divertida a su marido desde la gran isla de la cocina. Los niños estaban en el sofá esperando la cena. Emmett alzó las cejas mirando interrogante a la rubia.-Esto. Hacer la cena como todo un papá oso.

-Ah eso.-Emmett rió.-Sabes que me encanta, nena.

-A mi también.-sonrió y fue a abrazarse a su espalda.-¿Sabes? Mis papas son geniales, pero nunca teníamos escenas tan familiares. Tú sabes. Kaure era la que preparaba la cena y esas cosas.-sonrió recordándola.

-Bueno nosotros estamos intentando darles una vida más 'normal' a nuestros pequeños.-Acordó el grandote con una sonrisa.

-Si.-Suspiró la rubia.-Aunque resulte imposible algunas veces.-Bufó soltando a Emmett.

-Oye, aquí estamos aislados y para nada expuestos a los medios.-Extendió un brazo Emmett acercándola a él en un abrazo y dejando un beso en su cabeza.-Así que disfrutemos de nuestro paraíso personal mientras regresamos a Nueva York.

-Vaaaaaale.-suspiró.-Déjame probar eso.-le miró sorprendida.-¿Estás haciendo guacamole casero?

-Si, nena.-rió el grandote.-Pero no va a quedar nada si te lo comes tú sola. Venga vete. Te aviso cuando todo esté.

-Está bien, papá.-salió riendo de la cocina para ver qué hacían sus pequeños.

-Mami, mami.-Steve llamó a su madre. Daba igual los años que tuviera. Siempre iba a tener devoción por su madre.

-¿Qué ocurre, amor?-se sentó entre ambos y besó sus cabezas.

-¿Comeremos comida mexicana?-su madre asintió.

-Y...¿podemos ver Coco, mami?-Rosalie rió. Les puso esa película cuando sus niños le preguntaron cuando volvió de un viaje a Mexico y desde entonces su pequeña se había enamorado.

Cenaron viendo la película los 4. Luego de eso prepararon a los niños para dormir.

Finalmente Rose y Emmett tendrían un momento a solas. Lo cual desde que los niños habían llegado a sus vidas se habían visto limitados a básicamente 2 momentos en el día ,cuando ya era bien entrada la noche y algunas veces temprano en la mañanas antes de que sus inquietos hijos despertaran. Esto evidentemente cambiaba cuando los dejaban bajo el cuidado de los abuelos. Dónde podían follar a la hora que quisieran.

-¿Sabes?-Suspiró Rose al sentir como Emmett besaba el punto más sensible de su cuello.

-Hmm.-Gruñó Emmett en tanto continuaba dejando un camino de besos por todo el cuerpo de su esposa.

-Creo que necesito un bronceado.-Continuó ella.-Y a ti también te hace falta uno.-Gimió al sentir la lengua de Emmett en su centro.

-Nena.-rió Emmett contra la piel de su esposa mientras le daba un beso en el muslo. Cosa que la hizo estremecerse.-¿Justo ahora estás pensado que necesitamos broncearnos?

Rosalie lo miró divertida levantándose y se colocó a horcajadas sobre él.

-¿Porque no vamos mañana a la playa? Podemos pasar el día con los niños.-sonrió mientras besaba su cuello y él apretaba su trasero.

-Me parece una idea estupenda, amor. Sabes que las líneas de bronceando me parecen muy sexy.-Su mujer rió encantada.

-Emmett, a ti todo te parece sexy. Casi cumples 40 y sigues igual de calenturiento que un adolescente.

-No tengo remedio.-Reconoció él mientras iba nuevamente a devorar sus labios.-Tú eres la culpable, nena.-Dijo cuando se separaron.-Siempre me pones.

Rosalie chilló mientras sentía como Emmett la estaba haciendo llegar al clímax así que Emmett fue acallarla con más besos.

Cuando acabaron ella se encontraba recostada sobre su pecho.-Je t'aime mon amour.-Fue a besar sus labios.

-Yo también te amo. Mi hermoso ángel.-Contestó él mientras acariciaba su rostro y volvía a besarla.

-Emm...-Lo llamó ella mientras él dibujaba círculos en su piel desnuda.

-¿Si?

-¿Has pensado en tener más hijos?-Preguntó ella mordiéndose el labio.

El grandote se tensó. Emmett aún se sentía muy mal por el último embarazo de Rose. Ella notó el cambio de Emmett.-Hey.-Acarició su fuerte brazo que estaba rodeándola.-No es para que te pongas así tampoco.-Volvió a verlo cuando notó que Emmett no decía nada. Su mandíbula estaba tensa.

-Nena no es eso.-suspiró y la miró. Era demasiado hermosa.-Es que.-tragó duro. Su mujer lo miró cautelosa.-Casi te pierdo. Y no solo a ti, casi perdemos a Candy y no quiero que pases por eso otra vez.

-Ay mi amor.-Rose miró emocionada a Emmett y sorbió por la nariz. No pudo evitar recordar esos días en el hospital en los que ni siquiera podía sostener a su nena porque estaba en la incubadora rodeada de cables.

-Ey nena.-Emmett acercó a Rose a su pecho y acarició su espalda.-No quería que te sintieras mal. Lo siento. No quería que recordaras todo eso.

-No.-sonrió quitándole importancia.-Entonces...¿solo es por eso? ¿Te da miedo que pase algo así de nuevo? ¿No es porque no quieres volver a ser padre?

-No nena para nada.-Emmett contestó sincero.-Solo me da miedo que algo pueda pasarte de nuevo. Pero sería el hombre más feliz del mundo si me dijeras que estás esperando otro bebé.

-Pues...-Rose se acercó y abrió el cajón de la mesilla donde había una caja. La tomó y se la dio a Emmett mientras lo miraba y se cubría con la sábana. Dentro había un test de embarazo. Rose esperaba que su marido lo entendiera a la primera.

Él inmediatamente lo abrió con manos temblorosas. Cuando se dió cuenta de que se trataba se llevó a una mano a la cara. Y tragó y parpadeo varias veces sin poderse creer la noticia.

-Oh Dios.-Dijo conmovido con un nudo en la garganta. Mientras negaba aún en shock.

-Hey.-Se acercó Rose a su marido y sobó su espalda.-Estaremos bien.-Intentó animarlo. Al ver que había comenzado a llorar. Rosalie lo abrazó y él se refugio en su pecho mientras se calmaba. Emmett sin duda se había vuelto un hombre muy sensible desde entonces.

-Dios.-Se secó las lágrimas y sorbió por la nariz.-Ésta vez no permitiré que te quedes sola en ningún momento. Si es necesario vamos a contratar a una niñera, o a una enfermera que esté pendiente de ti y el bebé a toda hora. No puedo permitir que se compliquen las cosas otra vez.-Pero seguía siendo incluso más sobreprotector que antes. Sería un verdadero dolor de trasero si se ponía en ese plan.

-Emmett por favor, relájate.-Acarició su barba.-Luego pensaremos en esos detalles, ¿De acuerdo?

-Está bien.-dijo mirándola. Rose no supo descifrar esa mirada.

-¿Estás contento?-preguntó cautelosa.-Emm yo también tengo algo de miedo. Pero estoy segura de que todo saldrá bien, esta vez.

-Rose.-tomó sus manos.-Soy el hombre más feliz del mundo. Y ya amo a ese bebé. Quiero que eso te quede claro.-apoyó su cabeza en el vientre de su mujer.-Y a ti enano, tienes que cuidar mucho de mamá ¿si?

-Emmett.-Rose rió divertida.-Ahora tiene el tamaño de una lentejita.

-Pues es la lentejita más perfecta de todas. Te quiero, Rose.

-Yo también, Emmett.-sonrió.-Mucho. Vamos a dormir ¿si? Mañana será un día de playa muy divertido.

A la mañana siguiente, Rosalie despertó primero. Sintió el cuerpo caliente de Emmett en su espalda. Se abrazó más a ella impidiendo que se levantara.

-Quedemonos 5 minutos más así.-Pidió Emmett.-Por favor.

Ella sonrió divertida acariciando su fuerte brazo que la rodeaba. -De todas formas no puedo ir a ningún lado si me tienes así.

Emmett sonrió y aflojó un poco su agarre mientras dejaba besos chillones en su espalda descubierta provocándole cosquillas.

-Oh Emmett ya.-Chillaba Rosalie-Sabes que eso me pone nerviosa.-Se quejaba mientras se reía.

Emmett hizo oídos sordos ante las protestas de Rose y se colocó sobre ella continuando su ataque de besos y cosquillas.

Segundos más tarde paró dejando a una súper agitada y ruborizada Rosalie.

-Buenos días, mi hermoso ángel.-Sonrió divertido mientras se inclinaba y dejaba un beso en su mejilla.

Rosalie rodó los ojos mientras intentaba recuperarse.

-Buenos días.-dijo haciéndose la molesta fallando en el intento.

-Nena...-sonrió el grandote divertido.-No puedes resistirte a mi.-le dio otro beso.-Y lo sabes.

En ese momento la puerta se abrió de golpe y los dos pequeños entraron corriendo a despertar a sus padres.

-¡Mami! ¡Papi!-se subieron a la cama de sus padres y comenzaron a saltar.

-¡Oye!-Rosalie y Emmett se miraron sonriendo aliviados. Desde que sus niños cogieron la costumbre de entrar en su habitación sin llamar nunca se quedaban desnudos.-¿No os dicen papá y mamá que se llama antes de entrar?-ambos asintieron con la cabecita gacha.

-¿Quién quiere venir a hacer el desayuno con papá?-Emmett se levantó.

-¡Yo papi!-la pequeña Candice salió corriendo de la cama y su padre la tomó encantado en brazos. Steve se quedó con su madre en la cama 5 minutos más antes de bajar a desayunar y prepararse para pasar un día en la playa.

Luego de desayunar se prepararon para ir a la playa. Los niños estaban emocionados andaban correteando inquietos de un lado a otro mientras sus padres verificarán que no se les quedará algo.

-¿Toallas?

-Listo.

-¿Bloqueador solar?

-Si, suficiente.-Contestó Emmett divertido al ver muchos botes en la maleta.

-¿Ropa? Hmm si.

-Creo que no se me olvida nada.-Dijo pensativa mientras se mordía el labio.

-Si, se te olvida lo más importante.-Dijo Emmett en tono serio y ella lo vio preocupada.

-¿Qué cosa?

-Esto.-Emmett se agachó y le robó un beso.

-Ay Emmett no me distraigas.-Se quejó ella intentando sonar seria.

-Nena, estamos a 3 minutos de la playa. Ya no te agobies de más.

-Tienes razón.-Intentó tomar la maleta.

-Eh ¿Qué estás haciendo? Deja eso.-Inmediatamente se la quitó el grandulon.-Recuerda que no puedes cargar nada.

-Emm.-Rose suspiró algo molesta.-Estoy embarazada, no invalida ¿si?

El moreno la miró desconfiado.-Está bien. Aún así yo lo llevo.-le guiñó y Rose suspiró.-Soy un caballero amor.

-Claro que si. Vamos anda.

Rosalie salió a buscar a sus niños y Emmett encantado fue tras su mujer. La casa tenía un camino privado a la playa. Así que tenían su propio terreno de playa donde nadie podía molestarles.

-¡Mami!-La pequeña Candice llamó a su madre. Estaba adorable con su bañador a juego con el de Rose.-¡Vamos a hacer un castillo!

-¡Papá!-dijo Steve fastidiado.-¡Yo me quiero bañar!

-Vamos campeón a bañarnos entonces.-Dijo Emmett divertido mientras cargaba a su travieso hijo.

-Emmett.-lo llamó Rose inmediatamente y este se giro.-No olvides el bloqueador.-Se lo lanzó y él sin ningún problema lo agarró con su mano libre.

-¡No!-Se quejó Steve cuando su padre lo puso en el suelo y comenzó a correr huyendo de él.

-Oh vamos enano. Te vas a quemar si no lo usas. Mira a tu hermanita.-Señaló Emmett a su pequeña quien estaba en el regazo de su madre mientras le colocaba bloqueador.

-¡No quiero!-Chilló y siguió corriendo. Emmett suspiró y lo dejó correr un poco más

-Vamos, enano.-suspiró.-Si te lo pones vamos a bañarnos ¿si?

-¡No!-chilló enfadado y comenzó a correr dirección al mar. A su padre no le quedó más remedio que atraparlo en contra de su voluntad y llevarlo con su madre para que le echara la crema solar.

-Steve, amor.-Rosalie llamó a su pequeño travieso.-¿Por qué no quieres echarte el bloqueador?

-Es pegajoso mami.-bufó.

-Si no te lo echas tendrás que ponerte bajo la sombrilla todo el tiempo sin que te dé el sol...¿Prefieres eso?-dijo divertida.

-¡No!-Chilló negando varias veces. Haciendo reír a todos.-Entonces ven aquí, mi amor.-Lo llamó y el niño fue dónde su madre quien ya no se quejó ni dijo nada al respecto. Emmett lo veía incrédulo porque parecía que le obedecía más a su madre que a él. Frunció el ceño.

-Papi, mira.-Lo llamó su pequeña nena haciéndolo volver en sí. Candy estaba empezando a construir su castillo de arena. A Emmett le dió ternura verla como con su baldecito y su palita estaba recogiendo arena.

-¿Quieres qué te ayude, princesa?-Se acercó embobado hacia dónde su nena.

La pequeña rubia asintió mientras le pasaba a su padre las cosas para que le ayudara.

Pasó un rato en el que Steve también se unió a su hermana y a su padre y Rosalie pudo descansar un poco y respirar el mar. Era una sensación que la relajaba sobremanera.

-¡Mami!-Steve la sobresaltó.-Perdón.-sonrió apenado al ver que había asustado a su madre.

-No es nada, cielo.-sonrió colocando su gorrita para el sol.-¿Qué ocurre?

-Vamos al agua.

-Está bien.-rió.-La manita a mamá. Eso es.

-¡Hey mamá!-Candice gritó molesta y fue tras su madre. Pero Emmett fue más rápido y tomó a su pequeña en brazos para irse a bañar en familia.

Más tarde fueron a comer a un restaurante cerca de la playa.

Los niños estaban alegres y no paraban de hablar. Rosalie y Emmett se veían de vez en cuando mientras sonreían y trataban de seguir el hilo de las locuras de sus pequeños.

Después del día de playa los niños seguían demasiado enérgicos.

-Nunca se cansan.-dijo Rose divertida a su marido mientras ya iban de vuelta a la casa.

-Tu también estás más cansada de lo normal, nena.-sonrió haciéndole cosquillas en la tripa. Ella rió.

-¿Lo has dejado listo?-Emmett asintió a la pregunta de su mujer. Antes de irse a la playa Emmett había colocado un enorme regalo junto a la chimenea donde sus hijos descubrirían que tendrían un nuevo hermanito o hermanita.

Los niños siguieron corriendo dentro de la casa hasta que Emmett los llamó.

-¡Un regalo!-Chilló la nena emocionada y salió corriendo para abrirlo pero su hermano que era mucho más grande que ella llegó antes.

-¡Es mío!-Chilló agarrándolo así que ella lo empujó para que lo soltara. En respuesta él hizo lo mismo solo que al tener más fuerza que su hermanita, la pobre cayó un poco más lejos sentada. Al instante empezó a llorar.

Emmett intervino y Rose fue tras él.

-¡Stephen Cullen, disculpate con tu hermana!-dijo Emmett enfadado.

Rose estaba consolando a la niña que seguía llorando.

-Papá ella me empujó primero.-Se quejó.

-Se supone que debes cuidar de tu hermana, no lastimarla.-Exclamó Emmett enfadado haciendo que el pequeño revoltoso agachara la mirada y se mordiera el labio. Estaba a punto de romper en llanto también.

-Así no son las cosas, Steve.-suspiró Rose.-Tu hermana es más pequeña, debes cuidar de ella, mi amor.

-¡Pero que ella me empujó primero mamá!-gritó el niño con lágrimas en los ojos. Después de tantas afirmaciones Rose miró a su hija.

-Candice... ¿empujaste a tu hermano?

-Si mami.-puso un puchero.-Pero no es lo mismo el es más grande que yo.

-Pero igualmente está mal, amor.-respondió su padre.-¿Si? Vamos discúlpense y vayan a ver el regalo.

De mala gana el par de rubios fue a disculparse y luego se concentraron en el regalo. Cuando finalmente lo abrieron se quedaron sin palabras. Era un libro ilustrado muy grande.

-¿Mi nuevo hermanito?-Preguntó Steve mientras leía el título frunciendo el ceño.

Candice fue abrir las páginas y se concentró en los dibujos.-¿Vamos a tener otro hermanito?-Preguntó.

-¡No por favor!-Se quejó Steve.-No más mocosos suficiente con la llorona de Candice.

Emmett y Rose se volvieron a ver. No esperaban esa reacción.

-Pero...-Rose dijo sin saber realmente qué decir.-¿No les hace ilusión tener otro hermano?

-¡No! ¡Claro que no mamá!-dijo Candice.-Yo quiero ser la pequeña siempre, mi amiga Alisson es la del medio. ¿Sabes lo que significa eso? ¡Que tus padres te dejan olvidado! Y yo no quiero que me olviden.-puso un puchero.

-Demasiado tengo con ser el mayor de una ahora con otro más.-dijo molesto Steve.-Me van a echar las culpas de todo.

-Tu tío Edward es el del medio. Y los abuelos no le dejaron olvidado, Candy.-dijo Rose divertida.

-Tú no puedes hablar.-dijo enfadada.-¡Eras la pequeña y siempre lo serás!

-Eso ni siquiera importa.-Intervino Emmett.-Los queremos a todos por igual.-Aseguró el grandote.

-Bueno... -Pareció pensarlo un poco Steve.-Supongo que estaría bien tener alguien con quién jugar a las luchas.-Se encogió de hombros.-¡Creo que otro niño sería genial!-Exclamó emocionado.

Candice seguía con un pucherito y de brazos cruzados.

-¿Y tú qué piensas, princesa?-Emmett la sentó en sus piernas.-¿No te gustaría tener alguien más con quién jugar?

-Si es como él.-Señaló a su hermano.-No gracias.-La pequeña de rizos rubios seguía reacia ante la idea.

-Amor.-Emmett volvió a insistir. Rose le miró.

-Está bien cielo.-Rose se agachó y Emmett la miró confundido.

-Mami.-su pequeña la llamó y Rose la miró expectante.-Tiene que ser muy pequeñito para que quepa ahí.-señaló su vientre.

Rose sonrió-Si mi amor. Ahora es muuuuuy pequeñito.

-¿Y cómo hace para entrar ahí?-Preguntó curiosa. Emmett rió.

-Si, mamá nunca me explicaste cómo se hacen los niños.-Se acercó Steve.

-Bueno...-Emmett veía divertido la situación sin intervenir.

-¿De dónde vienen los bebés?-Preguntó ahora Candice.

-Pues... Emmett, explícales.-Se dirigió a su marido que se estaba aguantando la risa.

-Pues verán.-su padre comenzó divertido y Rose estaba rezando de que no dijera algo de lo que luego fueran a arrepentirse.

-Espera papi.-dijo Steve.-Candice, ¿en verdad no lo sabes?-El pequeño dijo orgulloso sus padres lo miraron cautelosos.-Los bebés vienen de París, duh. Los trae la cigüeña.

-¿Y como hace la cigüeña para meter al bebé en la tripa de mamá eh, listo?

-Oh pues... Bueno.-Titubeó un poco.- Yo solo sé que los trae la cigüeña pero aún no me queda claro como se hacen.-Se rascó la nuca.

-Es algo que solo los adultos hacemos, campeón.-Guiñó Emmett.

-¿Entonces? ¿No vas a explicarnos papi?-insistió una vez más Candice.

-¡Ah ya sé!-volvió a interrumpir enérgico Steve.-Aaliyah me contó que los papás se dan besitos y se abrazan muy fuerte. Pero solo los adultos pueden.-miró a su padre que le guiñó divertido.-Y bueno, ambos hacen un bebé. Pero solo se puede cuando los papás se quieren mucho.

-Así es mi amor.-Acordó Rose viendo divertida a Emmett.-Papá y mamá se dieron un abrazo muy fuerte y con mucho amor uniendo sus semillitas.

Emmett rió.-Así es en el se abrazo papá tenía una semillita que se ha unido a la otra que tenía mamá y a partir de ahí crece el bebé.

-¿Y por dónde entra esa semillita?-Preguntó Candice ahora.

-Ya suficientes preguntas por hoy, princesa.-Dijo Emmett alzandola en brazos.

Tras las maravillosas vacaciones que habían pasado en Francia donde Emmett se había enterado que su Rose estaba nuevamente embarazada tenía que volver a la realidad de los entrenos. Cada año, Emmett seguía en su racha de ser el mejor pero tenía que esforzarse más si quería seguir siendo MVP. Aún así, nunca más dio de lado a su familia.

-Hey hombre.-Emmett saludó con un abrazo a su amigo Sam. ¡Qué de cosas habían pasado juntos! Habían crecido y se habían convertido en hombres hechos y derechos con familia. Todo ese camino lo habían recorrido juntos.-¡Es bueno tenerte de vuelta!-Le dió un par de palmadas en la espalda. Su amigo había decidido retirarse hace un par temporadas, mudándose a Miami con su familia. Sin embargo, había regresado de nuevo a la ciudad debido a que no pudo rechazar la oferta hecha por los Gigantes, con la condición de que sería únicamente por una temporada. Así que ahora debutaría como coordinador defensivo bajo las órdenes del implacable coach Gable.

A lo largo de su carrera, tanto Sam como Emmett, habían recibido ofertas, claro, pero para ellos, los Gigantes de Nueva York significaban ''casa''.

-Si.-sonrió emocionado.-Ya no aguantó como antes.-Rió.-Además se me da bastante bien leer y analizar las jugadas.-Aseguró divertido.-Me luciré desde el banquillo.

-Tendrás que lidiar más de cerca con Gable, quien con los años se ha vuelto más cascarrabias.-Comentó Emmett divertido haciendo reír a Sam.

-No lo dudes. Oye, a propósito felicidades porque de nuevo serás papá.-

-Y por partida doble.-Se rascó la nuca Emmett un poco nervioso.

-¡¿Qué?!-Preguntó el moreno sorprendido.-¿Hablas en serio?

Emmett asintió.-Recién nos enteramos que vienen dos ositos en camino.

-¡Vaya!-Sam seguía anodado.-Supongo que con esto definitivamente se cierra la fábrica de bebés.

-Sí justo después que nos enteramos de eso pasé al quirófano.-Se encogió de hombros Emmett...-Ya sabes.-Hizo un ademán haciendo referencia a la vasectomía.

-¿Y dolió?-Preguntó Sam visiblemente preocupado.

-No como te estás imaginando.-dijo divertido.-Es más molesto que doloroso. Y bueno he tardado solo un par de días en recuperarme.-se dio de hombros.-Aún así todavía tengo que hacerme controles con el médico.-Sam le miró divertido.-Ya sabes, él es el que determina cuando ya no hay soldaditos ahí abajo.-rió y su amigo con él.

-¿Cómo está Rose?-preguntó el moreno.-Seguro que alucinó.

Las dos familias seguían manteniendo el contacto. Cuando los Uley decidieron irse a vivir a Miami para tener una vida más tranquila junto a sus hijos después de que Sam se retirase y Leah colgase sus alas en VS se prometieron que seguirían viéndose. Por supuesto, Candy y Aaliyah no se tomaron bien el separarse pero sus padres les prometieron que siempre pasarían un par de semanas de vacaciones juntas así que a regañadientes habían aceptado.

-Se quedó en shock.-sonrió Emmett recordando el momento.-Y la verdad amigo, no voy a mentirte. Estoy preocupado ¿sabes? Después de lo que vivimos con Candy... un embarazo de gemelos ya es un riesgo de por sí y si algo le pasa a Rose... Después de todo lo que hemos pasado...

-Ey, Emm.-sonrió su amigo orgulloso, quería a Rose más que a nadie y eso Sam lo sabía.-Todo saldrá bien. Debes confiar en Rose y en que los médicos harán un excelente trabajo ¿si? Todo irá bien, viejo.

-Echaba de menos tus charlas de Oprah.-Emmett rió divertido.-¿Y Leah? ¿No se anima hacer otro bebé contigo? Ahora que ha colgado las alas...-Leah decidió retirarse de Victoria's Secret el año pasado. Después de casi 20 años trabajando para la marca. Quería explorar nuevos horizontes en el mundo de la moda. Y bueno, todos habían estado ahí para apoyarla en ese momento tan emotivo. Hasta VS le hizo un increíble homenaje durante el show que hizo llorar a más de uno.

-No.-rió el moreno.-Estamos bien así, Emm. Con nuestros dos pequeños es suficiente. Y bueno, sabes que Aaliyah cuenta como más de uno.-rió el moreno mientras pensaba en su pequeña diva de 8 años.-Además, desde que ha dejado VS está centrada en su faceta de diseñadora y empresaria.-sonrió divertido.

Y es que Leah se había dedicado a explorar un poco sobre el diseño de lencería y trajes de baño creando así, su propia marca, Le by Leah Clearwater.

Mientras tanto Rose y Leah se encontraban charlando en tanto sus pequeños revoloteaban por ahí en la práctica abierta que tenían los Gigantes de NY. Se estaban poniendo al día sobre lo que había sucedido en sus vidas.

-Gemelos-Repitió Leah aún sin creérselo.

-Tal y como lo oyes.

-¡Joder! ¿Si eres consciente que ya serían 4 personitas las que dependerán de ti y demandarán todo tu tiempo?-Leah seguía anonadada.

-Lo sé aún es muy difícil de procesar para mí.-Respondió Rose mientras acariciaba su vientre.

-Pero me imagino que después de esto ya no habrán más ¿o si?

-¡Absolutamente no!-Chilló Rose.-De todas formas eso ya no será posible porque Emmett... -Se mordió el labio.

-¡No!-Chilló divertida Leah.-¿Lo obligaste a que se operara?

-Él solito lo decidió.-Rosalie rió y Leah estalló en una carcajada.

-¡Mami, mami!-la pequeña morena venía corriendo hacia las dos amigas. Su madre la miró divertida.

-¿Qué pasa, cielo?-Leah acarició los cabellos rizados de su hija con ternura.

-Candy dice que tía Rose tiene dos bebes ahí dentro.-dijo asombrada.

-Así es, Preciosa.-contestó la rubia muriendo de amor.

-¿Podemos tener otro bebé en la casa? ¡Yo también quiero ser hermana mayor!

-Nena.-Leah trato de hablarle con paciencia a su hija.-Ya eres hermana mayor.

-¡Sí! Pero otra vez, duh.-Dijo como algo obvio.

-¿Le has preguntado a tu padre?-dijo la morena divertida. Ella estaba bien así pero pensaba en otro bebé como los que había hecho y la verdad le daba que pensar.

Aaliyah se encogió de hombros.-Papá siempre quiere hacer niños contigo.

Rose se aguantó la risa. Leah se había cortado un poco.-Nena... ¿A qué te refieres con eso?-Preguntó con cautela.

-Tal vez escuché, hmm ¿algo?-Contestó despreocupada viéndose las uñas.

-¡Aaliyah Janelle Uley!-chilló Leah con indignación en su voz.-¿Qué te he dicho sobre escuchar pláticas de adultos?

-No era una conversación exactamente.-Apuntó la pequeña traviesa y Rose se marchó antes de estallar en una carcajada al ver la cara estupefacta de su amiga.

-¿Qué es eso que te hace tanta gracia, nena?-Emmett apareció detrás de su esposa y acarició su tripa mientras dejaba un beso en su cuello.

-Algo me dice que tiene que ver con mi nena.-dijo el moreno divertido mirando la escena de Aaliyah y Leah, mientras la regañaba.-¿me equivoco?-Sam miró divertido a Rose. Esta asintió.

-Al parecer tu pequeña terremoto quiere tener otro hermanito.-le guiñó.-Y bueno, tratando de hacerla entrar en razón tu mujer se ha puesto colorada.

-¿Por qué ha sido eso ahora?-sonrió divertido.

-Oh.-la rubia rió.-Al parecer tiene pruebas irrefutables de que su papá siempre quiere hacer bebés con mamá.-se dio de hombros causando la risa de todos.

-Iré con ellas.-Se marchó en su dirección.

-¿Qué fue lo que en realidad pasó?-Preguntó Emmett.

-Pues al parecer Aaliyah descubrió a sus padres haciéndolo.

Emmett estalló en una carcajada y Rose rió con él. Su momento se vio interrumpido cuando la pequeña Candy apareció frente a ellos traía un puchero.

-¿Qué ocurre mi amor?-Preguntó Emmett cargándola en brazos.

-Ustedes me mintieron con lo de la cigüeña y las semillas.-Sus padres intercambiaron una mirada.

-¿Por qué dices eso, cielo?-Preguntó la rubia.

-Porque...-dijo triste mirándose las manitas.

Justo en ese momento, Steve llamó la atención de su padre. Estaba jugando a lanzarse la pelota con Darriel.-¡Papá! ¡Papá!-el rubio miró a su padre emocionado.-¡Cógela!-dijo gritando mientras Darriel le pisaba los talones. Bajó a su nena al suelo y divertido atrapó la pelota sin esfuerzo y se tiró al suelo.

-¡Touchdown!-gritó el pequeño corriendo hacia su padre. Emmett lo recibió encantado pero se percató de que el pequeño de los Uley se había quedado parado. Emmett sonrió con ternura y lo invitó a unirse a su celebración.

-Ambos han ganado.-les revolvió los cabellos a ambos.-¿Si?

-¡Yey!-gritaron de nuevo. Darriel tomó la pelota y volvieron a correr para seguir jugando. La pequeña Candy se les unió.

-¡Jueguen con cuidado!-Les gritó Emmett al ver que la niña se les había unido. Se quedó abrazando a Rosalie mientras acariciaba su vientre. Pronto se sumarían dos niños más a la familia y no podían estar más felices por eso.

-Te amo nena.-Besó su cabeza.

-Y yo a ti, Emm.

-Gracias por la familia que me has dado.-En respuesta ella se acurrucó más en su pecho en tanto se dejaba mimar por las caricias que Emmett le daba.

FIN

Et voilà. C'est fini!

Bueno hemos llegado al final. ¿Qué les pareció? Las leo.

Gracias chicas por acompañarme durante todo este tiempo. He disfrutado mucho sus comentarios y reacciones a lo largo de la historia. Espero haber cumplido con sus expectativas y que se hayan divertido con el fic que con mucho cariño ha ido desarrollándose para ustedes.

Un saludo especial para Nelita, Vane y Fanitalian. Así como los guest y todas las demás lectoras. Un abrazo para todas. Que estén muy bien!

Y de nuevo gracias a mi amiga Paula. Yo ya no estaré por aquí pero pueden pasarse a leer sus historias que son sobre esta pareja. (Pauhaledecullen) se las súper recomiendo.

Ha sido un gusto compartir con ustedes. Deseo que cumplan sus metas, sus sueños, que enfrenten sus miedos y que sean felices. No pongan en duda su potencial. Ánimo y muchos éxitos en todo lo que emprendan!

Con cariño,

-D.-