Oliwis!
Me paso por aquí para darles las gracias a tdos los que han esperado con ansia un nuevo capitulo y me han mandado mensajes ¡Muchísimas gracias!
En especial quiero agradecerle a Yatzura, espero que este capítulo te guste tanto como los anteriores :)
Además, les tengo que avisar de que no quedan muchos capitulos para el final de esta hermosa serie, pero sí que quedan muchas sorpresas, el final de esta serie sólo acaba de empezar.
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Cap 34: "Podemos con esto"
Los primeros días fueron los peores ¿Cómo demonios tenía que asimilar todo esto? Nadie te explica cómo fingir ser la novia de tu exnovio momentánea o permanentemente amnésico.
Volver a ser su novia…
Por mucho que lo estuviera fingiendo y todo eso de volver a ser novios fuera un teatro, la farsa no le quitaba la sensación de pesadilla a la experiencia.
Estos últimos días había estado hablado con Chizuru y Nel para que me pasen contactos del instituto que pudieran ser cercanos a Ishida porque sus padres siguen sin contestar. Además, no somos capaces a desbloquear el teléfono de Ishida, lo único a lo que se puede acceder es a contactos de emergencia, lo cual no es de mucha ayuda.
Mentiría si dijera que no me genera curiosidad qué es lo que les ha podido pasar a los padres de Ishida para que no respondan sus llamadas y no quieran saber nada de su hijo. Por lo que yo recuerdo sus padres viajaban mucho y dejaban mucha independencia a Ishida, nunca le controlaban o decían qué podía o no hacer, lo único que le pedían era que fuera el mejor en todo; en los exámenes, como delegado, en el club de tenis, en el de debates…
Ahora que lo pienso coincidí con sus padres en contadas ocasiones, pero siempre me parecieron personas serias, parcas de palabras, pero educadas y amables fuera de la vida laboral. La madre de Ishida era la secretaria del padre en una selecta firma de abogados de la capital, debido a eso se pasaban la mayor parte del día en el trabajo
Cojo el móvil de la mesita la cajonera y miro la hora, estaba a media hora de llegar tarde al trabajo y Ulquiorra hoy no me podía llevar, estábamos a martes y llevaba todo el fin de semana hablándome de que hoy tenía una reunión importante con no se quién de una discografía, se le veía bastante optimista pero últimamente es como si mi cerebro no funcionara correctamente y el único pensamiento perenne es Ishida y toda esta maldita pesadilla de fingir ser su novia.
Debería de preguntarle que tal le ha ido, pero ni siquiera estoy segura de a qué hora lo tenía.
Será mejor no decir nada, así cuando le vea en casa puedo preguntarle sin que se dé cuenta de que no estaba escuchando tan atentamente como debería.
Sí, eso sería lo mejor.
Ichigo me da un leve codazo señalándome que presente atención a la clase, asiento con la cabeza en otro lugar.
¿Qué te pasa Orihime? Céntrate de una vez…
Estos últimos días habían sido una pesadilla en más de un sentido. Por una parte, estaba el hecho de que tenía que mantener una farsa insostenible dado el trato de mierda que le daba a Ishida, me dedicaba a responderle con monosílabos y a no dejarle que iniciara conversación conmigo, la mayor parte del tiempo estudiaba con los cascos puestos de esa forma esperaba que entendiera que no quería hablar ni que me hablaran. Por otra parte, podía ver la mirada de desesperación de Ishida, como su mirada se nublaba cuando pensaba que no le veía, y sabía que ese Ishida que ahora lo pasaba mal era el mismo Ishida que me rodeó de amor cuando más lo necesité, sabía que no era el Ishida que me había dejado tirada en nuestro aniversario para irse a acostar con otra, pero aún así… No era capaz de separarlos como dos realidades diferentes, la realidad por muy extraña que me pareciera es que ambas personas son las mismas separadas por un cuerpo y una mente que se niegan a unirse en unas sola
-Menuda mierda, las clases de la tarde son lo peor ¿No crees Orihime?
-¿Eh? Ah, sí, claro…- Kurosaki permanece sentado en el taburete mientras yo me apuro en recoger mis cosas y meterlas todo lo rápido que puedo en el bolso, ni me había dado cuenta de que la clase había acabado hasta que él no ha hablado.
-¡EH, EH ESPERA! ¿Qué haces recogiendo tan rápido? Aún son las…
-Lo siento Ichigo, pero ya debería de estar cogiendo el autobús que por supuesto he perdido así que voy realmente tarde a trabajar ¿Te importa si terminamos esta conversación mañana?
-¿Tú ERES BOBA? Habérmelo dicho antes, vamos, te llevo a trabajar- Se levanta del asiento y los dos salimos corriendo hacia el aparcamiento.
-¿Y bien?- Me giro en su dirección esperando a que continúe- ¿Cómo llevas todo lo de Ishida?
-Mal-El fin de semana en el que paso todo, hablé con Kurosaki, de alguna manera se había convertido en la figura más parecida al hermano que había perdido, aunque Sora nunca podría ser reemplazado por nadie. Aparto la mirada, aún así no quería dejarle ver mis pensamientos, aún no, necesitaba aclarar mis ideas primero.
-¿Y Ulquiorra?- Vuelvo a buscar su mirada pero él no me mira, sus ojos siguen fijos en la carretera.
-Bien, mejor de lo que lo que pensaba la verdad. -Pregunta normal, respuesta normal. ¿Era verdad? Sinceramente… no lo sabía, últimamente había estado demasiado ocupada metiéndome la cabeza en el ojete, como para mirar que demonios estaba pasando a mi alrededor.
A ver, no mentía, Ulquiorra me apoyaba y me ha ayudado en todo lo que ha podido, realmente no me puedo quejar. Pero en ningún momento me he parado a pensar cómo lo estará llevando. Me imagino desde el otro lado del espectro y sinceramente no me hace mucha gracia que mi novio finja ser novio de su ex porque mágicamente ha perdido la memoria… Cuanto más lo pienso, más surrealista me parece todo esto.
-Me alegro, enserio… ¿Sabes? -Nos paramos en un semáforo y aprovecha para mirarme- Estaba preocupado de que las cosas entre vosotros se enfriaran después de lo de Ishida, justo ese día habíais vuelto a tener algo y justo tu ex decide hacer su gran aparición dramática. No sé, si no fuera porque es imposible pensaría que está todo planeado – Se ríe- Pero claramente no puede ser que este chico se haya lanzado a un coche así porque sí.
Me quedo callada mientras vuelve a acelerar.
Mentiría si dijera que no lo había pensado, pero Ishida no era imbécil, siempre había sido una persona racional, pros y contras conformaban su mantra de vida. La ventaja más importante ganaba cualquier contra que pudiera prever, pero en este momento no tenía ninguna ventaja, si en realidad hubiera sopesado tirarse a un coche hubiera hecho el acto mínimo de racionalizar que su mayor contra era la muerte, y no creo que Ishida hubiera previsto una ventaja mayor en todo esto.
Ni siquiera podía prever que yo iba a ir, y menos después de lo fría y distante que había sido con él.
-Sí, es imposible que todo esto sea planeado- Suspiro- de ser así o es un gilipollas o en un genio y, sinceramente, nunca me pareció otra cosa que no fuera un cabrón.
Casi sin ganas me río imitando su carcajada.
No podía ser todo un plan, era imposible.
…
Pasé el resto de la tarde atendiendo clientes, sin duda había sido uno de los días más agotadores de la temporada. Pero lo agradecía, el vaivén incesante de clientes me había hecho olvidar mis preocupaciones.
Cierro la tienda y corro hacia el bus con la cartera en la mano, podéis imaginaros mi cara de velocidad mientras la bufanda se me cruza en la cara y mi mano decide dar visos de un párkinson precoz mientras intento sacar la tarjeta del autobús.
¿Quién dijo glamur habiendo prisa?
En fin, entro en el autobús atestado de personas, y cual buena lagartija, me cuelo entre la gente buscando un sitio en la parte trasera. Tampoco había que ser muy inteligente para darse cuenta de que, si había tanta gente arremolinada en el pasillo del autobús, sería porque no había sitio en ningún otro lugar… Pero ya sabéis, soy un ser mononeuronal al que la cabeza no le da para más.
Después de unas paradas el autobús empieza a vaciarse y hay más asientos, pero no me compensa moverme cuando ya sé que la siguiente parada es la mía.
A partir de ahí todo mi cuerpo se mueve como por control remoto, bajo del autobús, camino el paso de zebra, subo la pequeña escalinata hasta la entrada del hospital y comienzo mi recorrido ya memorizado por sus laberínticos pasillos hasta la sala de ascensores. Pulso el botón de la planta de traumatología, la 4, poco a poco más gente entra en el ascensor y quedo relegada a un segundo plano mientras las voces de una decena de personas llena la estancia y las conversaciones son interrumpidas por el pitido que señala la llegada de una nueva parada. Cuando se anuncia la llegada a la cuarta planta me abro camino entre la multitud y salgo del ascensor, saludo a una amable señora que siempre que me ve me sonríe y dedica un cariñoso "hola" y vuelvo a caminar por esos entresolados pasillos menta, habitación 486.
Entro intentando no hacer ruido, tal vez esté dormido y si es así, me alegro, otra charla insulsa que me ahorro. Desgraciadamente no es así.
-Hola Orihime- Ahí está, el Ishida sonriente y soñador que desearía no ver. -Tan guapa como siempre - giro la cabeza, me niego a volver a ver su sonrisa.
-Hola Ishida.
Camino hacia el sillón azul marino que decora la habitación y me dejo caer en él. Coloco el bolso en el reposabrazos y saco los apuntes ¿Donde demonios he metido los cascos?
- ¿Hoy tampoco me vas a hablar?
-Veo que vas pillando la idea- Asiente ausente
Malditos cascos, me los he debido de dejar en el trabajo… Genial Orihime, enserio, te mereces un puto premio amiga…
Pensemos en algo ¿Qué fase del fascículo de "la inexistente memoria de Ishida nos toca revelarle hoy"?
Ya le he dicho que ha perdido la memoria y que no estamos en nuestra ciudad.
Supongo que me toca decirle que nos hemos distanciado.
- ¿En qué mes estamos?
-Mediados de abril- Cierro los apuntes.
- ¿Qué paso en esta época hace dos años? - Él sigue mirando por la ventana.
-Emh… Bueno, si no recuerdo mal, era el cumpleaños de Yasutora -kun, el capitán del equipo de boxeo.
- ¿Y cómo éramos entonces? ¿Nos llevábamos bien?
-Sí, bueno, erais bastante cercanos de aquella, pero no sé si ahora seguís en contacto- Sinceramente viendo lo melancólico que estaba no era capaz de decirle que no nos había cogido el teléfono.
-No me referido a él y a mi- Se gira intentando hacer contacto entre su mirada y la mía- me refiero a ti y a mi, a cómo nos llevábamos entonces.
Por un momento dudo ¿Porqué demonios dudo?
-Bien, de aquella aún estábamos bien.
- ¿Entonces qué fue? ¿Qué fue lo que lo jodió todo? Por más que lo pienso… yo no…- Se lleva la mano sin escayola a la cara- … No consigo recordar como hemos acabado así- La aparta para señalarnos a los dos y puedo ver cómo las lágrimas humedecen sus mejillas descubiertas.
Me levanto para sentarme junto él cuando veo cómo empiezan a subirle las pulsaciones.
-Nosotros…- Justo cuando pienso en decírselo todo, las palabras del médico resuenan en mi cabeza.
"No sé que tipo de relación tengan ahora mismo, pero lo mejor sería que poco a poco le fuera comentando los cambios que han ocurrido en su vida, decírselo todo de golpe podría confundirlo y supondría más presión intracraneal lo que derivaría en…"
Daño cerebral.
-Pasaron cosas, que nos distanciaron por eso ahora, nos llevamos así. Por ahora no pienses en eso ¿Vale? -Mientras hablaba vi como en el monitor sus pulsaciones disminuían mientras se tranquilizaba. - Vamos a ir poco a poco- Asiente
El silencio se hace más pesado entre nosotros y parece como si toda la tensión que llevamos días cargando se hubiera convertido en una espesa niebla que, aunque invisible, nos pesa cada vez más en los hombros.
- ¿Sabes? Estos días he pensado mucho en nosotros, en cómo arreglar lo que sea que pasó porque cada vez que te veo no puedo evitar recordar el día que nos conocimos, o esos fuegos artificiales en los que nos besamos por primera vez… Aún me acuerdo de la primera vez que fuimos juntos al mar ¿Te acuerdas?
-Sí…- Creo que ese fue nuestro primer viaje, imaginad unos adolescentes que cogen el autobús aprovechando que sus padres no están y se vamos de viernes a domingo. Creo que no es necesario decirlo, pero cuando digo sus padres en tercera persona evidentemente sólo me refiero a los suyos, yo estaba viviendo sola desde hacia un año.
-Creo que uno de mis recuerdos preferidos es el festival de invierno, habíamos quedado a las cinco y llegabas tarde, te llamé varias veces al teléfono, pero no contestabas. Pensé que te habéis olvidado o que en realidad no te gustaba el plan y me ibas a dejar plantado.- Aparta la mirada de la ventana y me mira, se ríe y no puedo evitar pensar que quiero saber que se le ha pasado por la cabeza para reír así-Levaba una hora esperando y ya estaba por irme, entonces te vi, llevabas el pelo alborotado, un abrigo de tela rojo y unos leotardos color carne con unas botas negras, venias corriendo, tropezándote a cada paso y completamente empapada de pies a cabeza, con la nariz completamente roja y con las manos agrietadas. Cuando te vi lo único que quería preguntarte era si estabas bien, pero tu empezaste a llorar antes de que hablara ¿Te acuerdas de lo que me dijiste? -Niego con la cabeza- Me dijiste que habías perdido el autobús y que habías venido andando, pero como había tanta nieve te habéis caído varias veces por el hielo. No parabas de decir que de verdad lo sentías mucho, que querías llegar a nuestra cita como fuera porque realmente tenías ganas de verme. Te sequé las lágrimas y te tendí un pañuelo para secarte un poco, entonces vi que se te habían roto los leotardos que traías. Habías venido corriendo con las piernas ensangrentadas porque realmente querías verme, y recuerdo que lo único en lo que podía pensar en ese momento era en lo loco que estaba por ti, en las ganas que tenía de abrazarte y no soltarte jamás, pero el pensamiento que se apoderó de mi mente fue que no sabía como lo había hecho antes de conocerte, pero después de estar contigo no podría vivir sin ti.
¿Qué?… ¿Qué estaba diciendo Ishida?…
Le miraba sin poderlo creer… ¿Realmente había pensado todo eso en ese momento? ¿Cómo podía acordarse de detalles tan pequeños cuando yo ni siquiera me acordaba del festival de invierno?
Su mirada era profunda como el mar, sentía que si le miraba demasiado tiempo me perdería dentro y no tendría el oxigeno necesario para seguir respirando. De repente volvía a tener 16 años y sentía todo lo que sentí la primera vez que vi a Ishida.
- Miles de recuerdos pasan por mi cabeza, y todos son buenos, por eso no te quiero perder…- Su mano viaja hacia mi rostro, pero en el último instante se lo piensa mejor y la reposa en mi mano.
De repente no sé que decir ni qué hacer, evidentemente no quiero nada con Ishida, pero tampoco puedo ser tan brutalmente honesta como me gustaría porque le haría daño, daño físico y mental.
- ¿Molesto?- Me giro hacia la puerta y me separo bruscamente de la cama de hospital.
-Ulquiorra, no…
-Sólo venía a recogerte, ay se ha hecho tarde - Busco el móvil en el bolsillo izquierdo de mi pantalón, era cierto, llevaba casi dos horas en el hospital.
-Ah, sí, recojo las cosas y nos vamos - Asiente
-Muy bien, te espero fuera
-Vale…
Me acerco al bolso y empiezo a guardar todas las cosas dentro, me pongo al abrigo y cojo el bolso para salir de la habitación cuando Ishida vuelve a hablar.
-Dile que no ha pasado nada, no parece haberle hecho mucha gracia vernos hablando.
-Ulquiorra no es como tú piensas- Asiente resignado
Camino hacia la puerta, y cuando estoy por abrirla le oigo decir
-Por cierto, me ha gustado hablar contigo.
No contesto, abro la puerta y la cierro detrás de mí. Miro a Ulquiorra, él l no me mira, se mantiene entretenido mirando a través de la ventana del pasillo, es el taconeo de mi bota acercándome a él lo que llama su atención en mi dirección, pero no dice nada, se limita a mirarme de soslayo.
Nos miramos en silencio y lo entiendo, no hace falta decir nada porque él lo sabe todo.
Le sonrío.
-Ya estoy.
-Sí- Me sonríe de vuelta mientras camina hacia mí, pero esta vez no era una sonrisa fantasma, era una sonrisa real, de esas que te suben hasta los ojos empequeñeciéndolos. Me pone una mano en la espalda y atrayéndome hacia su pecho deposita un beso en mi frente- Vámonos a casa.
El camino de vuelta a casa lo comenzamos cogidos de la mano, como si temiéramos que nos separaran.
Silencios sin tensión, verdades calladas y secretos que era mejor mantener bajo el baúl nos perseguían.
Pero no me importaba, aprieto más fuerte su mano mientras busco su mirada con la mía, ya nada me importa cuando me pierdo en el fuego valyrio de sus ojos, en la forma en que la comisura de sus labios se deshace en una sonrisa, en como sus manos grandes y huesudas parecen estar hechas para amoldarse a las mías, para cargar en ellas el peso de mi pasado, mi presente y nuestro futuro.
Sonrío mientras me mira extrañado, todo da igual mientras le tenga a él tan cerquita mío como ahora, manteniéndome anclada al suelo no dejando que se me nuble el pensamiento con los fantasmas del pasado que parecen volver a perseguirme.
Me ayuda a colocarme el casco y nos subimos en la moto, y es justo eso, el zumbido de la moto y el latir de Ulquiorra lo que me proporcionaba la tranquilidad que necesitaba.
Bajamos de la moto y entramos cogidos de la mano en su casa.
El calor de la calefacción y un leve olor que sólo puedo definir cono "el" me envuelven y lo noto, este es el calor de hogar que llevaba años echando de menos.
