El partido estaba por comenzar, cuando llegamos a nuestros asientos pude contemplar una inmensa cantidad de luces y bellos globos de colores que abrazaban todo el estadio. Los equipos habían llegado, todos enloquecieron al ver a Viktor Krum, me limité a ver la cara de Ron, casi se desmayaba. El partido había terminado, las fotocopias bailaban y cantaban como solían hacerlo.
-¿Le gustaría bailar conmigo señorita Snape?- Preguntó Fed mientras extendía su mano hacia mi.
-Claro que sí, señor Weasley- Contesté. De un momento a otro estábamos bailando de maneras muy graciosas. Comencé a reír y no pude parar.
-Me duele el estómago.- Dije mientras continuaba riendo en el sillón.
-No existe nadie como Krum.- Dijo Ron molesto, todos comenzaron a mirarlo.
-¿El tonto Krum?- dijo uno de los gemelos.
-Por la forma en la que vuela parece un ave.- Decía Ron serio, mientras los gemelos comenzaron a gestificar lo que Ron decía.
-Es más que un atleta.- Agregaba Ron.
-Krum, Krum, Krum...- Susurraban los gemelos y yo solté una carcajada junto a Hermione.
-Es un artista..- Seguía diciendo Ron.
-Creo que estás enamorado.- Agregó Ginny con una sonrisa pícara, yo volví a reír.
-Viktor te amo..- Canto a un gemelo.
-Eres mi héroe..- Cantó el otro.
Comenzaron a cantar todos hasta que se escucharon gritos, pensamos que estaban festejando, pero no fue así. Luego todo se complicó, los mortífagos comenzaron a aparecer, algo no estaba bien. Arthur dijo que volvamos al trasladar, todo comenzó a quemarse.
Toda la gente corría y perdimos a Harry. Los gemelos me agarraron de ambas manos para que no me escapara entre la enloquecida multitud.
-Harry.- Dije en un susurro.
Logré safarme de sus agarres y corrí tras él. Lo vi caer al piso y la gente comenzó a pisarlo, corrían y gritaban. Llegué a él e intenté despertarlo, se había desmayado. El tiempo pasó hasta que nadie más pisó aquel campo. Escuché ruidos y vi un destello en el cielo, la marca tenebrosa.
-No..- Susurre, nada bueno vendría después.
Continué intentando que Harry despertara y así lo hizo. Un hombre comenzó a acercarse e intentamos escapar.
-¡Harry, Chiara!- Escuché gritos.
-¡Harry, Chiara! ¿Dónde están?- Escuché gritos nuevamente, eran de Ron y Hermione. Aquel hombre salió corriendo y nuestros amigos llegaron. Allí vieron la marca tenebrosa y Harry comenzó a quejarse del dolor.
-¡Desmaius!- Escuchamos, destellos de varitas apuntaban a nosotros.
-¡Deténganse, él es mi hijo!- Gritó Arthur mientras corría hacia nosotros.
Luego de todo un escándalo, me sentía desagradable. Sabía que algo andaba mal y mi padre tenía conocimiento sobre eso.
-Mortífagos- Dijo un hombre, perteneciente al grupo que nos había disparado aquel hechizo.
Yo intente que no vieran mi cara, si me reconocieran todo terminaría mal y yo castigada. Luego de hablar otro rato nos fuimos de aquella terrorífica escena. De camino a la madriguera nadie me dirigió la palabra. Cuando llegamos mi único movimiento fue ir a la habitación y recostarme en una de las camas. Podía notar como las miradas se posaban en mi. En aquella habitación las lágrimas no tardaron en aparecer, grandes gotas caían por mis mejillas. Hermione entró.
-Chiara..- Dijo, pero frenó al verme llorar.
Ella me abrazó, Ginny llegó e imitó la acción al ver lo que estaba pasando. Un largo rato después ambas chicas me miraron fijamente.
-Yo.. no sé.. nada.. de esto..- Comenté mientras sollozaba.
-Oye..- Ginny levantó mi mentón.
-No tienes la culpa.- Agregó, Hermione no me dirigía la mirada.
-¿Ambas.. son conscientes de que... esto no es bueno?- Anuncié nuevamente.
-Si..- Respondió Hermione sin mirarme.
Volvieron a abrazarme y así estuvimos un largo rato. Alguien tocó la puerta de la habitación separándonos de aquella cálida unión.
-¿Si?- Contestó Ginny parándose.
-Chiara, ¿Podemos hablar?- Dijo Arthur mientras abría la puerta lentamente, tenía una cara cansada y triste, pero intentó sonreír.
-Si.- Dije, secando mis lágrimas e incorporándome.
Salí de aquella habitación y seguí a Arthur. Pude ver a Fred y a George mirándome tristes, no aguantaba que me vieran así. Al igual que Ron y Harry. Cuando bajé las escaleras detrás del Señor Weasley, Charlie, Bill y Percy me observaban. Se veían igualmente tristes, excepto Percy, él estaba enojado. Nos dirigimos a la puerta y salimos de aquel cálido hogar.
-Chiara, ¿Sabes algo de esto?- Me preguntó sincero.
-No, lo lamento.- Contesté de igual manera.
-Tu padre debe de estar relacionado..- Dijo mirando al suelo.
Sabía cuál era la respuesta, pero también sabía que no debía hablar de eso. A pesar de que yo confiaba plenamente en ellos, eran como mi familia, pero mi padre estaba involucrado. No podía hablar de eso, sabiendo que las consecuencias caerían en mi y en él, tarde o temprano.
-No creo, ya pasó mucho tiempo..- Contesté actuando como ingenua.
-Ve con tus amigos, te estarán esperando.- Dijo él.
-Chiara..- Yo paré en el lugar donde me encontraba.
-Te creemos, eres una Weasley.- Agregó con una sonrisa sincera, como si pudiera leer mi mente.
-Gracias.- Contesté. Caminé hacia la puerta e ingresé a la casa. Cuando entré, Bill y Charlie estaban ahí. se acercaron a mí y me abrazaron.
-Nos alegra que estés bien.- Dijo Charlie un poco triste.
-Es lo único que importa, eres como una hermana para nosotros.- Agregó Bill con una notable y triste sonrisa. Percy bajó las escaleras y me siguió con la mirada. Él me odiaba, pero nunca nos dirigimos la palabra, somos muy diferentes.
-No le hagas caso.- Agregó Bill mientras seguía mi mirada.
-Gracias chicos, buenas noches.- Contesté y subí las escaleras.
Subía las escaleras cuando Fred me frenó y me abrazó. Solo se limitó a llevarme a su habitación. Me miró a los ojos y volvió a abrazarme. Comencé a llorar nuevamente, estuvimos ahí mucho tiempo. Cuando me encontraba mejor me miro nuevamente a los ojos.
-Eres hermosa, ¿Lo sabes?- Habló por primera vez, colocando una bella sonrisa en su rostro.
-No..- conteste sincera, mientras miraba recorriendo sus ojos hasta llegar al suelo.
No dijo nada más y de un momento a otro él se acercó más a mi. Nuestros labios se encontraron nuevamente, era extraño, pero dulce. Él era mi hermano, pero se sentía reconfortante, se notaba que lo hacía con cariño. Puso sus manos en mis mejillas y las acariciaba, era realmente tierno. El beso era salado, ya que anteriormente me encontraba sollozando. Nos separamos cuando el oxígeno escaseaba. Amaba las maneras en las que Fred, sin decir absolutamente nada, podía hacer que volviera a sonreír.
-Te amo.- Me dijo con una hermosa sonrisa de lado.
-Yo también Fred.- Contesté con otra sonrisa.
Nos dimos un último beso y chocamos nuestras frentes. Me dirigí a la habitación de las chicas sin decir una palabra, mi miraba perdida y mi cabeza mirando hacia abajo explicaban todo. Mientras pude sentir las penetrantes miradas de las otras cinco personas restantes, tome mi pijama y me encerré en el baño. Me sentía horrible, sentía que mis amigos ya no querían hablar conmigo, en especial Hermione. Comencé a ponerme un short ajustado y una holgada remera gris que ocultaba la prenda anterior. Cuando salí sentí nuevamente las miradas, me limité a ver el suelo y salir de la habitación. Entré a la otra, donde se encontraba Fred con su torso desnudo mientras se colocaba otra remera. Lo único que mis ojos hicieron fueron mirar su cuerpo. Me sonrió al igual que yo lo hice cuando lo ví, se hizo el tonto al ver a donde se dirigian mis ojos. Decidí dormir con Fred, él me reconfortaba y necesitaba eso. En ese instante entraron los tres chicos que faltaban en aquella habitación.
-Te queremos.- Dijo Harry al ver mi cara de angustia mientras me sentaba en la cama donde se encontraba Fred.
-Yo también.- Contesté mientras me abrazaban.
-Hermione me odia.- Me limité a decir mientras se separaban.
-Ella no te odia, sabes como es.- Contestó Ron, corriendo con su mano un mechón de pelo que tenía en la cara.
-Chiara, eres una gran amiga. Todos aquí sabemos que no eres capaz de hacernos daño.- Acopló Harry sincero, mientras me miraba fijamente a los ojos. Sonreí ante su comentario.
-Eres mi Weasley favorita.- Dijo George sonriendo.
-Gracias chicos, son todo lo que tengo.- Contesté jugando con mis manos.
La mano de Fred se extendió hasta las mías y las acarició con una sonrisa. Ellos fueron a cambiarse y luego se acostaron en sus respectivas camas. No habían preguntado qué hacía yo allí, ya se habían dado cuenta previamente. Me acosté junto a Fred, quien ya lo estaba anteriormente y cerré los ojos, él beso mi frente, su mano se deslizó desde mi muslo hasta mi cintura. Así quedándonos plenamente dormidos.
