"Tal vez la vida sea un estudio de las cosas que no tenemos pero que nos gustaría tener y de las cosas que tenemos que nos gustaría no tener".

La bailarina de Awschwitz

-Edith Eger-


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Capítulo XXXIV:

En razón del proceso de recuperación médica de Levi y por de su nueva condición le fueron prohibidos la ingesta de bebidas alcohólicas, vino con mayor frecuencia de consumo, y el cigarrillo: en primera instancia rechistó solo, entregándose, luego, a la resignación de abandonar la nicotina, despidiéndose de las volutas aromatizadas de tabaco. Asumiendo por supuesto su nuevo estilo de vida. Y el tema del juicio le llevaba carcomiendo la tranquilidad que tanto le profesaban debía mantener, la sensación de ahogo por lo injusto del asunto era cosa que se veía en necesidad de saciar. Con Hanji hablaba de aquello, y también de otros apartados: aunque Hanji estuviera saturada de obligaciones siempre le llevaba una conversación burlesca de la cual tenía que mofarse muy a su estilo.

Para cuando fue dado de alta de la clínica, el permiso especial de Mikasa casi expiraba por lo cual ella retornó a Los Ángeles. Durante ese tiempo fue de gran ayuda o soporte para Hanji, encargándose también de algunos asuntos que competían a Levi fuera de cualquier tipo de negociaciones o referidas al trabajo como tal, sino a temas humanitarios. Mikasa hizo lo que más pudo en su corta estancia.

En otro asunto, como finalmente Levi se lo había dicho a Hanji respecto a la petición de Erwin:

—Pregúntale, eso es todo—. Había dicho Levi a Hanji señalándole a Dave.

Con voz dubitativa Hanji prosiguió a comentar con su hijo frente a Levi si quería o necesitaba una visita del profesor Smith, a lo que Levi muy paciente se dedicó a escuchar una negativa. Se sorprendió a sí mismo sobresaltándose ante aquello. Dave a ambos declaró sin circunloquio alguno su afectividad hacia el mencionado Smith (un aspecto que era ya muy bien asumido por los padres). ¿Entonces por qué no? Luego explicó que no podía verlo, primera razón para él: profesor, segunda razón para él: desconfianza. Con esas dos razones dichas una tras otra aclaró que no desconfiaba de Smith, ni algo relacionado al hombre.

Lo que Dave quería decir, en sus enredadas palabras, era que desconfiaba de muchos prácticamente. Con ayuda de Hanji pudo articular que estaba errado en su pensar y sentir, manifestando que le desagradaba absolutamente esa aberrante desconfianza que llevaba dentro suyo. Llevaron una conversación larga respecto a aquello, los tres, desarticulando pensamientos por temas hasta la noche concluyendo en que su situación de desconfianza seguramente mejoraría: aún tenían un camino largo que recorrer en su proceso psicológico. Quizás fue la primera vez que estaban tanto tiempo juntos y hablando después del suceso, ya que principalmente Dave transcurría en su habitación o con Gretchen y Levi con Hanji que respondían a sus obligaciones, tratando de ganar tiempo para su hijo. Incluso Levi reanudó enseñarle sobre piano, habiendo Dave faltado a algunas clases tenía los dedos obsoletos. Sí, Levi también parecía cansado, sin embargo, encontró cierto encanto sobre el instrumento: dejando hacer a sus dedos, no se dignó a perder la concentración.

—Parece difícil—. Le había dicho Dave una noche, sentado a su lado en el banco del piano que era poco tocado en casa.

—Después ya no le es tanto—. Le respondió Levi, capturando en una fotografía mental del par de pupilas tamborileras de Dave sobre sus dedos.

— ¿Así como aprender a conducir?

—Sí puede ser. Al principio duelen las piernas, pero luego ese dolor parece desaparecer con la práctica. Ha no ser que lleves conduciendo horas sin descansar o relevo de conductor.

Con todos ocupados en todo, añadiendo una sobrecarga emocional: trabajaban para que fuera lo mejor posible. Una familia, su unión: como virtud inequívoca que pendía al crecimiento.

Una mañana:

—Hoy tengo que dar clases de inglés, no puedo evadir esa responsabilidad así que me preguntaba si quieres acompañarme. ¿Qué dices hermanito? —. Preguntó Gretchen preparando una maleta con útiles escolares, eran sus instrumentos de enseñanza.

—Y… ¿Quiénes estarán allí? —. Preguntó sin mirarla, tenía los ojos puestos en el cielo tras la ventana.

Últimamente, Dave se levantaba temprano.

—Los niños y unas mamitas. Podrías ser mi asistente el día de hoy. ¿Te animas? —. Cerró la mochila y esperó con calma algunas palabras.

Había prometido quedarse con él, pero casi olvidaba sus propias obligaciones con los niños, por ello, quiso adentrar a su hermano en sus actividades. Si era el caso en que él no tenía o quería hacer algo más. Se dirigió al tocador, se miró su reflejo en el espejo: se cepilló el cabello dejándolo suelto detrás de sus hombros. A través del espejo vio a Dave abandonar la ventana y dirigirse hacia ella.

— ¿Y bien?

—No veo por qué no si es contigo—. Dijo y abrió los ojos acompañando a esa su expresión relajada y locuaz.

Y con un brinquito se levantó de la butaca, evidentemente emocionada de que él aceptara. Le dijo que solo se pusiera un abrigo encima y la acompañara a la cocina. Una vez allí, Margarita ya estaba preparando los sándwiches que luego los empacaba en bolsas plásticas junto con fruta lavada y un jugo natural: todo que figuraba como un lunch para sus alumnos. Un poco más tarde, aun siendo temprano por la mañana, partieron hacia una comunidad rural que tenía por distancia una hora en auto saliendo de la ciudad. En casa se quedó Hanji, tenía muchos pendientes de su trabajo por hacer, además de que al medio día de ese sábado se reuniría con Levi y los abogados. Echó un resoplido de aliento tibio de entre sus labios resecos, se llevó el puño de su mano hacia el pecho y deseó ferverosamente que el día fuera de provecho para su hijo, que se despreocupara o relajase del proceso de investigación mientras servía como asistente de su hermana, como la misma Gretchen se lo había dicho.

Ella tenía algunos meses inmersa en el programa de inglés al cual ingresó Gretchen por medio de una Fundación como maestra voluntaria de idiomas a niños extranjeros en modalidad de campo, aunque también la fundación impartía las mismas clases en sus instalaciones, pero a niños dentro de la ciudad. Supo del programa por labios de Marco, quien, pese a sus obligaciones arduas para el gobierno, estaba comprometido con una causa, algunas más bien: estando inmerso en la búsqueda del financiamiento para el programa educacional de lenguas. Él decía: «Muchos niños que han migrado con sus padres a este país tienen una tarea ardua para aprender nuestro idioma. El no poder entender o hablar puede convertirse en una excusa para fomentar el racismo en algún niño u otra persona.» Motivada por esas palabras, Gretchen decidió que debía darle un noble uso a su saber en lenguas. Descubrió que se sentía tranquila, junto a los niños y sus patos. Se le hizo costumbre llevar a Margarita con ella, pues, su lengua materna era español y se entendía a cabalidad con la comunidad: descubriendo a un par de familias de su misma nacionalidad.

Cuando llegaron, los niños ya se encontraban jugando y corriendo debajo de los árboles; la risa de ellos y el graznido de los patos era la melodía del espacio. Los niños al percatarse de la llegada de Gretchen, algunos dejaron de jugar y se dirigieron hacia dónde estaba ella. Curiosamente, Dave seguía sin bajar del auto: se quedó tras las sombras del vidrio ahumado observando el comportamiento de los niños en relación a su hermana. Cómo no tuvo hermanos o primos menores se sentía incapaz de lograr capturar la atención de los niños tanto como lo hacía Gretchen. Suponía que ella tenía carisma natural, ya antes lo había demostrado durante el día de padres e hijos en la fábrica de suavizantes de tela en San Diego.

En breve, finalmente se presentó a los niños. Gretchen le pidió que lo hiciera en inglés y después en español, asemejando ser su propio traductor. Los niños lo miraban con curiosidad, listo, casi tenía derrumbado su primer temor al encuentro.

—He is my little brother. Él es mi pequeño hermano.

Luego descubrió que Gretchen también hablaba de aquella manera, como si de un traductor automático se tratase de ella. Los niños en coro respondieron, y luego se dispersaron por la zona. Unos pocos se quedaron cerca a Dave, uno de los niños más grandes le hizo un par de preguntas casuales como porqué estaba ahí, o porqué antes no había ido. El niño parecía muy interesado en investigarlo, con sus sonrisas de medio lado y sacándose los mocos secos de la nariz.

Vio de reojo a Gretchen ir de un lado a otro con algunas mujeres, suponía eran las madres, unas cuatro, quienes le ayudaban colocando mesas de madera debajo de los árboles, los niños también colaboraban llevando banquitos, por lo tanto, llevó al niño pregunta consigo, dispuesto a dar una mano a la colocación del aula de clases al aire libre. Cerca de ahí, divisó un riachuelo, creía que los patos ya estaban nadando en el agua. Casi a dar un tropezón con una señora se detuvo a poca distancia de ella, la mujer le habría dicho algo que no logró comprender por completo y que sin embargo no creía que fuera una reprendida pues el rostro de ella seguía relajado. Se disculpó. Apareció Gretchen e intervino, seguramente contándole a ella quien era él. Después tuvo que volver a presentarse con las demás madres, todas ellas que lucían contentas, al parecer.

Se podía observar bien a los niños diría que la más pequeña tendría cinco años y el mayor alrededor de diez. Aunque al principio resultó difícil que se calmaran y prestaran atención, luego Gretchen los abordó de igual manera con una canción infantil en inglés y que seguramente los niños reconocerían por el ritmo. Dave no sabía muy bien que debía hacer, se quedó sentado en un banquito cerca de su hermana. Notaba la miraba distraída de la niña más pequeña sobre él, aquella peinada con coletas a ambos lados de la cabeza que meneaba a propósito para que su cabello se mueva y, sin dejar de mirarlo a los ojos.

Llegó su turno, Gretchen le pidió entregara algunas láminas a color con dibujos de la familia, cada miembro tenía por debajo escrito su rol en inglés y español. Probablemente los más pequeños deberían estar aprendiendo a leer y escribir y alternarlo con clases de un idioma ajeno a su lengua materna en realidad no genera demasiada complicación. En la pizarra acrílica guindada a un par de clavos en el tronco del árbol Gretchen fue escribiendo palabra por palabra del vocabulario de la clase referida a la familia, ensayando pronunciación y lectura. Saltó su asistente para improvisar un diálogo sencillo donde se incluyeran el vocabulario aprendido. Aunque al principio parecía ser complicado para Dave, resultó en una experiencia muy tranquila y cómoda.

Margarita apareció con el refrigerio para cada niño casi a dos horas de haber comenzado la clase, para el tiempo restante Gretchen anunció que aprenderían una nueva canción, lo diferente vino cuando le pidió a Dave que se parara junto a ella frente a los quince niños, colocó la canción y empezó a cantar y realizar pasos que iban acorde a la letra de la canción, y por supuesto, él debía seguirle los pasos y cantar, un poco tímido todavía, pero lo hacía. Lo niños se fueron levantando para copiar los pasos, aunque equivocados: se divirtieron.

Practicaron la misma canción con sus pasos alrededor de cinco veces.

Cuando la clase dio por finalizada Dave creyó que se retirarían, pero en realidad dio paso a otro espacio: uno en el que Gretchen se dedicaba a atender dudas que los niños tuvieran del High School, matemáticas como más frecuente. Mientras tanto los niños que no tenían dudas se arremolinaron cerca a Dave, preguntaron en coro:

— ¿Qué nos vas a enseñar tú?

No tuvo una respuesta inmediata para dar.

—Enséñales cualquier cosa, ellos son muy activos—. Dijo Gretchen sentada con los demás niños entre libros y cuadernos sobre la mesa.

—Díganme algo que quieran aprender—. Inquirió en español. Los niños lo observaron y parecían pensar demasiado.

Se acomodó un poco mejor el abrigo, tenía las manos frías que casi los dedos los sentía entumecidos.

— ¡Él sabe dibujar, díganle que les dibuje algo! —. Exclamó Gretchen a los niños, pretendiendo no ser escuchada por Dave.

—¡Pues quiero que me enseñes a dibujar un perrito! —. Dijo de pronto uno de los niños.

—¡Y yo! ¡Y yo! —. Se apresuró a decir otra niña alzando la manito.

A todo el alboroto formado Dave empezó a sentirse saturado de tanta atención y peticiones. Los niños corrieron a una de las casas cercanas, de allí volvieron a salir con hojas que se las dieron a Dave y se sentaron con él en una mesa un poco de dónde estaba Gretchen. Primero se cuestionó cómo debían enseñar, se aturdió, pero llegó una solución inmediata.

—Comiencen haciendo círculos y palitos, llenen la hoja que tienen.

—Pero eso ya sé hacer—. Amonestó un niño.

—Lo sé, pero deben hacer lo que les digo como un ejercicio para sus manos: es como si desenredaran el cabello antes de trenzarlo—. Dijo en referencia al cabello trenzado de Escarlet. — Les voy a mostrar—. Inquirió y tomó un lápiz, trazó círculos y líneas a ojos de sus observadores. — No se ve claramente, es un esquema del dibujo de un perro, se le debe colocar detalles para que luzca bien. Pero este es el primer paso niños. Con bolitas, palitos y líneas podemos formar el esqueleto de nuestro dibujo y así será más fácil.

Los niños no le entendían con certeza lo que él quería decir aun cuando hablaba en español, sin embargo, junto con la muestra ellos fueron observando el por qué era importante hacer paso por paso ya que ellos directamente hacían líneas marcadas para un mismo dibujo.

Desde su posición un poco distante, Gretchen observaba por breves segundos el cómo su hermano aprendió a manejar la situación con los niños, se las había ingeniado para empezar a enseñar y hasta parecía que hiciera él pequeñas bromas con ellos puesto que lo escuchaba hablar y al breve instante los niños reían. O también estaba la vertiente de cómo empezó a jugar Dave con ellos y los patos, corriendo hasta antes de llegar al riachuelo.

Ella dejó salir un breve suspiro de alivio, alguien a su lado le preguntó si estaba cansada, pero ella respondió que estaba feliz. De nuevo llevó su mirada a Dave; le complacía que por el momento se olvidara del proceso de investigación que estaban haciendo en él, por que ciertamente le incomodaba.

—Niña, no se vayan a ir. Vea, estamos preparando un pato al horno con naranja. Riquísimo—. Inquirió una mujer de cara un poco ajada y mirada cálida. Uniendo el pulgar y el índice para besarlos, una muestra probatoria mímica en alusión a la sazón.

Frenéticamente intentaba secarse las manos en el delantal que llevaba puesto.

—Gracias, realmente… —agradeció a la señora con voz sincera.

Luego pensaría en que haría con el trozo de pato que le brindaran a Dave, ya las conocía, por lo cual, muy seguramente lo instarían a probar carne argumentando de que se perdía un gran manjar.

La graduación, cierto tiempo después.

La sonrisa tierna y genuina de Dave en ese momento era la muestra precisa que Hanji quería recordar por siempre, su anhelo grato de buenas emociones acompañadas de experiencias o momentos gratificantes como aquel. Levi de igual manera, sentado a su lado, le susurró que se abrochara un botón que llevaba descolocado de su blusa dejando a relucir un poco de piel cerca de su pecho. Avergonzada un poco, se cubrió rápidamente con la mano para luego, despacio, abrocharse.

—¡Es su turno! — Exclamó Dave emocionado, no quitaba su mirada del escenario.

—La tengo—. Dijo enseguida Hanji, sacando una filmadora recién comprada. —Menos mal está encendida.

Enfocó, creía que tenían una buena posición desde donde estaban sentados. Menos mal, volvía a replicar en su mente. Escuchó algunas palabras de Levi, seguro estaba también emocionado y orgulloso viendo a su hija mayor en el escenario: estrechando la mano de cada uno de los docentes y autoridades de la Universidad, de dónde recibió también un diploma, algunos reconocimientos y felicitaciones.

La vieron de muevo bajar del escenario, ella pareció mirar entre la multitud; atendiendo a ese pedido Dave alzó un brazo, ligeramente ondeo la mano en el aire logrando con ello captar la atención de Gretchen quien sonrió abiertamente para luego regresar junto a sus compañeros entre la multitud, a aguardar al culmino de la ceremonia.

—Deja de ignorar tan evidentemente a Marco. Levi. Tu hija tiene muy pocos amigos en esta ciudad—. Susurró Hanji, bajando su filmadora.

Su interlocutor apretó los labios, y minimizó su expresión de rudeza referente a tolerar la presencia de Bott a su lado. Antes, Hanji ya le había dicho que dejara de poner la cara tan rígida frente a él, le habló también, como haciéndole recuerdo, que era un año transcurrido desde el secuestro de Gretchen y que Marco poco tenía de culpa de lo sucedido: cuando en realidad fue una víctima. Pero Levi permanecía insertado en su molestia, sin poder superarlo todavía. Y es que le parecía una desfachatez que su hija aceptara aún salir con él, no sabía que seguían siendo amigos.

—Tal vez—. Murmuró en respuesta a Hanji. Mantenía ahora una expresión facial menos densa, casi apuntando a la armonía.

Un rato después Hanji intercambió asiento con Levi, de aquella manera podría tener más acercamiento con Marco, iniciando una conversación casual con el hombre joven risueño que, casi en vano, disimulaba esconder ingenuamente el ramillete de flores entre sus brazos.

La sonrisa picaresca emergió en Hanji.

—El lazo está delicadísimo, me gusta, bueno, me gusta todo—. Comentó ella sin pizca alguna de decoro.

—¿En serio lo cree? —. Preguntó entrecerrando un poco los ojos, y rascándose cerca del occipital.

—Por supuesto que sí, espero lo hubieras escogido tú.

—Personalmente—. Añadió de inmediato.

—¿Sí?

—Sí.

Levi pretendía no escuchar, hacía como que prestaba demasiada atención al escenario y el habla por el micrófono del maestro de ceremonia. De brazos cruzados se quedó pensando en la reiterada disculpa que Marco le ofreció antes de que iniciara la graduación. No era la primera vez que se disculpaba por lo sucedido con Gretchen, dando a comprender que pese a su vergüenza seguía justo ahí en la persistencia de encontrar redención. Solo que Levi seguía pretendiendo frente a él que aún estaba contrariado por aquello: en lo que él mismo creía que lo único que hacía era por y para incomodar a Marco sabiendo que todo en la vida no está sujeto de control y que las situaciones a veces se desbordan sin poder hacer algo en concreto.

Se pellizcó la piel del brazo todavía por sobre la tela de su saco. Seguro aquello lo detuviera de pensar demasiado y fue todo hasta cuando la ceremonia dio por finalizada.

Esa mañana relucía brillante por el saludable sol, el vasto y espléndido césped verde bajo los pies de muchos, el viento fresco todavía, el aroma de tierra y el zumbido de un pobre mosquito. Los proclamados nuevos profesionales de la nación celebraron con ferviente bullicio en masa, luego, arrojando el birrete sobre sus cabezas en el aire: cuidando al caer esquivarlos porque golpeaban muy fuerte, y así les golpeara dejarían pasar el dolor por la algarabía del momento. Entre grupos de amigos y compañeros se reunían para sacarse fotografías, incluso con maestros. Lejos de la multitud, como su ya bien consabida conducta: Levi divisó a un viejo regordete y canoso quien recordaba como uno de sus maestros durante su época en el college.

Se sintió, incluso, más viejo que su antiguo docente.

Las palabras de Hanji en su oído, como cual zumbido de mosquito en la madrugada, lo hizo espabilar y llevarlo del brazo junto con Dave —los tres bien juntos dejando detrás a Marco— hacia Gretchen. La vieron riendo y bromeando con su reducido grupo de amigos. Ahí estaban las chicas aquellas que una vez les presentó, guapísimas, destellantes.

Casi al instante Gretchen reparó en su familia, y a aquel que se pretendía pasar por desapercibido detrás de Hanji. Apretó los labios rojos y se abanicó con la mano el rostro ligeramente pañoso de calor producido por muchos factores, entre ellos, la pesada tela de la toga azul marino. Una voz amiga le dijo hasta pronto, y se despidieron, fijando que luego se reunirían para festejar ya que por el momento cada quien se iría con sus familias respectivas. Sobrevino las felicitaciones de Hanji, como era de esperarse y el escrutinio de Levi en su rostro.

Dave enseguida se acercó a ella, pegándose a su lado en lo que se desprendió el birrete de la cabeza y se lo colocó a su hermano.

—¡Felicidades! —Exclamó Marco, extendiendo el ramillete que Hanji llevaba mucho rato observándolo.

Sus mejillas teñidas con rubor artificial seguramente se intensificaron aún más ante tal atención. Estiró el brazo para tomar el ramillete y acercarlo a su rostro para captar el aroma natural que desprendiera.

—Son hermosas—. Inquirió ella con una tierna y tímida sonrisa en sus labios.

—¡Acerté! —. Exclamó Hanji palmeando ligeramente el hombro de Marco.

Un poco detrás, Levi frunció las cejas.

—¿Uh? ¿Cómo acertaste? ¿En qué? —. Dubitativa, preguntó Gretchen.

Aun así, no despegaba los ojos de su ramillete.

—Ah... No es nada—. Dijo Hanji alzándose de hombros. Observando a otro lado.

Dave que aún seguía muy pegado a Gretchen, removió en el bolsillo de su pantalón aquello que tenía preparado para darle a su hermana. Sabiendo que próximamente sacarían fotografías especiales, pues, quería que ella ya lo luciera.

—¡Ahora viene mi regalo! —. Comentó apresurado al darse cuenta de que Gretchen pretendía conversar con Marco.

La joven se giró hacia él, y como era de esperarse manifestó emoción al instante sin siquiera saber que podría ser aquello que su hermano quería darle. Primero, Dave pidió que los otros tres se alejaran un poco —pues decía que tenía que explicar algo que no quería hacer delante de todos— por lo cual Hanji hizo un mohín aparatoso, Levi comprendía: siendo que él le ayudó a preparar aquello.

Un poco extrañada, vio Gretchen alejarse a Hanji, Levi y Marco, tan solo un poco y volvió a mirar a su hermano quien llevaba la mano hecha puño hacia adelante y la abrió ante sus ojos incógnitos ante ver aquella cajita de terciopelo. Parpadeó. Dave abrió la cajita y dejó a mostrar un par de anillos recubiertos de oro.

Parpadeó.

—Es mi regalo—. Dijo, como si adivinara la confusión en Gretchen.

Ella regresó a mirarlo directo a los ojos, admitiendo que sintió alivio al escucharlo decir eso.

—¿Anillos? —. Preguntó al instante.

—Son anillos de hermanos—. Declaró Dave ahora avivado y fortaleciendo su voz. Agarró uno de los anillos, lo observó preso entre su pulgar y su índice para luego tomar la mano izquierda de Gretchen con suma delicadeza. La miró por un instante y deslizó el anillo en el dedo medio. Humedeció sus labios y dijo—: cuando vas a juntar tus manos en horizontal y con los dedos abiertos... los primeros que se tocan son los dedos medio, pasa lo mismo cuando buscas a alguien de entre los demás en quien confiar. yo buscaría a mi familia, tú eres mi familia: mi hermana mayor.

Terminó diciéndole la razón por la cual escogió tal dedo. Expectante por la reacción de ella estaba, tan silencioso y cauto que se le olvidó lo demás que quería decirle; decirle gracias por cuidarlo, decirle gracias por preocuparse por él y siempre estar presta a ayudarlo aun cuando ni ella misma sabía qué hacer. Siempre supo que Gretchen estaba ahí, porque era su hermana. Tantos años sabiéndolo, pero últimamente sentía que no le había dado el valor que ella en verdad merecía. Abandonó su vida en su país por él, por verlo crecer y todo lo demás.

Quizás, solo quizás, pensaba Dave, estaba un poco emocional.

Alzó los ojos de nuevo a Gretchen; ella no paraba de mirar el anillo puesto en su dedo hasta que por fin le devolvió la mirada complacida y tomó el otro anillo para mirar el grabado que tenía en la parte interna: la iniciales de ambos. Se lo colocó y dijo:

—La peculiaridad de tu regalo me ha dejado estupefacta. ¿Quién pensaría usar anillos de hermanos? Antes de que me lo dijeses no lo había pensado, evidentemente.

—Entonces, ¿Si te agrado?

—Lo adoré—. Inquirió alzando la mano para contemplar el anillo. — Lo voy a atesorar por el resto de mi vida y además ¿sabes qué hare? Voy a escribir en una hoja las palabras que me dijiste.

—¿Qué?

—¿Qué de qué? Fue hermoso, no quiero olvidarlo jamás—. Repasó con su palma abierta la mejilla de Dave. — Gracias, bonito mío.

Después de las fotografías oficiales un par de catedráticos se acercaron movidos por la curiosidad de hablar con el político de entre ellos; siendo tan evidente que la presencia de Marco llamaba demasiado la atención.

Haciendo gala, Gretchen, de su presuntuoso comportamiento al exhibir su nuevo anillo frente a sus amigas —casi destellando corazones por los ojos— se dirigieron al estacionamiento dónde por segunda ocasión se despidió de sus amigas.

—¿Decidieron dónde iremos? —. Preguntó Hanji.

—Eh, mm no exactamente, estaba pensando en algo divertido hasta regresar a casa por la comida—. Se estaba preparando una comida especial en casa, aunque no tendría invitados. — ¿La tienda Lego? No he ido allí—. Inquirió Gretchen, posando su índice en el mentón.

—Sería mejor si tuvieran ropa deportiva o algo más cómodo, llevas tacones—. Expuso Levi.

—De acuerdo creo que te voy a dar el punto a favor padre. Mm, lo iré pensando en el camino.

—¡Bien! Pero no te tardes mucho en elegir. Ve con él Gretchen, nosotros los seguiremos—. Terció Hanji casi empujándola disimuladamente.

—Yo también voy contigo—. Anunció Dave, anteponiéndose a Gretchen.

—Bueno. No hay problema, ¿verdad? —. Preguntó mirando a Marco.

—En lo absoluto—. Respondió de inmediato sacando las llaves de su vehículo.

Pronto Levi y Hanji se vieron solos emprendiendo un cómodo silencio camino a dónde sea el lugar que Gretchen escogiera, seguramente contribuido con Dave. Al frente, se veía el vehículo de Marco, Levi iba siguiéndolo sin prisa, sin quitarle el ojo de encima. Disimulaba que no estaba mirando a Hanji durante las luces rojas del semáforo, o en algún estancamiento por el tráfico. Los cumplidos, las palabras suaves y bonitas le fueron difíciles siempre de articular, aunque lo pensaba creía que no desarrollaba la sutileza o, más bien, el coraje para expulsarlas de sus labios; el deseo inmenso de concretar algo sencillo para Hanji, porque la veía muy hermosa ese día pese al par de ojeras y las bolas de sus ojos un poco marcadas —sabía, por ende, que estuvo llorando— razones tenía algunas, compartiendo con él algunas mismas razones también.

—Anoche llamé a villa Riva, pedí que hicieran una meticulosa limpieza, un pedido especial.

Levi hablaba de una residencia parte de sus bienes inmuebles situada a dos horas de la ciudad, en un lugar apartado y, seguramente, lleno de flores ahora por la estación primaveral.

—Supongo la mantienen limpia siempre—. Comentó Hanji de manera locuaz.

—Sí, pero quise asegurarme de que estuviera bien limpia.

—No creo sea un problema para ti.

—No lo es, aunque quería hacerlo así. Pensaba en… cuando solucionemos este incidente lo más pronto posible—, su voz pareció pesada — tomar un poco de tiempo lejos de aquí con Dave, con Gretchen... contigo.

Un bocinazo hizo que Hanji mirara hacia otro lado, luego regresó la vista de nuevo a las manos de Levi sobre el volante, el cómo bajaba también, hacia la palanca de cambio. Admitía sentirse expuesta, quizás Levi no lo supiera, sería mucho mejor así.

—Me parece que puede ser genial para Dave.

En realidad, Levi lo proponía para todos.

—Mañana yo me ocuparé de llevarlo a su cita psicológica. ¿Te parece, Hanji?

—Tienes total libertad—. Deslizó sus dedos por debajo del cinturón de seguridad a nivel del cuello, sentía demasiada presión allí. — Iré por las notas al school mañana también. ¡Oh! Yo me ocuparé, no tienes por qué.

—De acuerdo. Antes de que se me olvide decirte: entre mañana y el viernes Nile me dará la fecha de la audiencia, apenas lo sepa te lo diré.

Luego de un breve asentimiento por parte de Hanji de nuevo emergió el silencio que fue cortado por la llamada de Gretchen al teléfono de Hanji.

—Parece que quieren ir al acuario.

A Levi le parecía un poco infantil la propuesta.

—Si es lo que quieren—. Respondió.

—¿Sabes? Me parece que hoy está un poco relajado—. Sin necesidad de nombrarlo, ambos sabían a quién se refería— Quisiera que fuera así por mucho más tiempo, tiene sus momentos en que lo encuentro quebrado y luego es como hoy: es de suponerse que la felicidad, a pesar de ser algo fugaz, es necesario como un pare obligatorio a lo demás.

—Comprendo. Lo siento Hanji, creo que a pesar de todo no cumplo contigo y con él como creo que debe ser; es decir, he seguido trab...

Interrumpió.

—Levi, te agradezco que me lo digas. ¿sí? Yo creo que Dave está notando tu esfuerzo; hasta enfermaste por esto—. Escuchó la exasperación por su parte. — Haremos lo mejor posible, ya no tengo dudas.

Se detuvieron en un semáforo en rojo. Ambos se miraron en silencio resguardado, Levi casi dándole la razón y Hanji amortiguando su exasperación sin creer o imaginar que estaban dejando brotar su lado vulnerable frente al otro. Porque si escribían todos sus pesares en un solo conjunto se darían cuenta de que ambos compartían temores y dudas para sobrellevar su situación. Sin embargo, planeaban un destino en el cual se visualizaban con incremento de armonía.

Un equipo imperfecto de padres buscando resguardar su bien más preciado.

...

La interrogación de Levi como único testigo de los sucesos fue tomada por Nile y ahora se pretendía dar paso al contrainterrogatorio. Le habían advertido del tipo de preguntas que se manejaban y su objetivo latente de derrumbar su verdad para lo cual debía mantenerse lo más sereno posible, o a lo que pudiera alcanzar, esto como pedido de Hanji y Gretchen por su salud. Él decía: "Llevo la medicación al día, estaré bien" pero jamás venían de más las advertencias, ellas dos, sentadas diagonal a él le miraban expectantes: tomó consciencia que desde iniciado el proceso era la primera vez que Gretchen asistía a una de las audiencias. Por tanto, cuando llevaron al procesado a la sala, a ella la cólera pretendía invadirla.

Durante el interrogatorio no dudó en mirarlo a él a los ojos, a ese cerdo despreciable como lo llamaba, ejerciendo una mirada filosa y casi lúgubre. Apretaba los puños contra la tela de su pantalón, conteniéndose, contendiéndose de nuevo por no sucumbir a bajar del podio y borrarle la cara con golpes.

—Señor Rivaille—. Carraspeó sin aparente necesidad la abogada— Buenos días. Voy a empezar. Correcto. Usted declaró como testigo del acto por el cual se acusa a mi defendido en dónde afirma que cuando ingresó al laboratorio de ciencias su hijo se encontraba solo, por tanto: usted no vio, objetivamente hablando, ¿a mi defendido ultrajando a su hijo directamente?

Levi demudó su rostro a coraje.

—Objeción señor Juez, la pregunta es capciosa—. Espetó Nile, levantándose del asiento.

—Concedido.

—Reformulo: Sr. Rivaille, ¿Qué fue lo que usted vio cuando ingresó al laboratorio de Ciencias? Sea objetivo por favor.

La sala se llenó por un fluido murmullo.

—Ese día— empezó Levi a narrar—. Me dirigí al salón porque mi hijo no aparecía, una compañera me dijo que debería estar en dicho salón con los demás alumnos del equipo del Decathlon tratando temas con el maestro responsable—. Acentuó su voz, pesada, iracunda. — Escuché sonidos extraños, quejidos por la voz de mi hijo.

—Sea más breve.

Levi emitió un sonido de chasquido.

—Cuando entré, mi hijo estaba desarreglado, mordisqueado y asustado y el único quien estaba ahí era el señor de aquí—. Repasaba Levi en su mente «cerdo infeliz». Respiró con dificultad. — Escondido como la sabandija que es.

—Sr. Rivaille. Respóndame si o no: ¿Usted vio al señor Montgomery ultrajando a su hijo? —. Preguntó con voz tajante.

La sala se quedó en silencio.

—Sr. Rivaille—. Insistió la abogada.

—No.

—En dicho laboratorio pudo haber estado otra persona. ¿Usted le preguntó a su hijo en ese preciso momento quien fue el que lo ultrajó? Si o no, Sr. Rivaille.

—No.

—Usted asumió que fue mi defendido y tomó represalias contra él—. Inquirió la mujer.

—No se lo pregunté porque era evidente y después él lo confirmó...

—Sr. Rivaille. Para esta sala es de conocimiento público ahora la razón por la cual su hijo fue cambiado a Dalthon School: sufrió acoso escolar del cual ninguno de los dos padres tuvo conocimiento sino hasta un tiempo después.

De nuevo se emitieron murmullos en la sala.

— ¿A qué se debe su comentario? —. Preguntó Levi más sombrío de lo que se pudiera notar.

— Durante el proceso de investigación hemos trazado una línea de vida del joven Rivaille—. Comenzó a hablar ahora emitiendo cortas miradas al jurado, moviéndose ligeramente sobre sus pies entaconados. — Antecedentes de bullying, divorcio de los padres, búsqueda de una figura de apoyo en un personaje fuera de su familia: alguien a quien el joven acude, un anterior docente antes de que pasara a Dalton School con el cual se evidencia la permisividad de los padres para el acercamiento de una persona extraña a su hijo.

Levi vio tras la abogada, Hanji al fondo parecía un poco inestable: le vio los labios temblar.

—Lo cual nos lleva a la hipótesis de la desatención de los padres al hijo, falta de supervisión, comunicación e involucramiento. Señores, es lamentable el hecho por el que se acusa a mi defendido, es lamentable que un menor de edad se encuentre ahora en estado vulnerable por un acto tan escrupuloso y que sin embargo estuvo en manos de sus padres el prevenir estos hechos. No se puede dictaminar culpa entera sobre la Institución cuando los padres llevan un porcentaje alto de educación y supervisión.

—¿Qué está insinuado? —. Espetó Levi, sin elevar la voz.

Estaba muy irritado.

—Lo evidente y objetivo señor Rivaille: la falta de indicios que dictaminen objetivamente la culpabilidad de mi defendido desde su posición como único testigo y la escasa supervisión en casa por parte de su familia y usted.

Levi, Hanji y Gretchen no salían del asombro de las palabras de aquella mujer.

—Señor Juez, hemos expuesto evidencias claras que dictaminan la culpabilidad del procesado—. Protestó Nile, poniéndose de pie.

Las pruebas presentadas; testimonios (víctima y testigo), exámenes físicos dónde se adjuntó evidencia fotográfica de lesiones en el cuerpo del menor en cuestión y el resultado de la evaluación psicológica respecto a la presencia de TEA como entidad nosológica producto de la agresión. El señalamiento del parte médico que indica no existió penetración, pero sí otros tocamientos que son considerados dentro de la agresión sexual.

El juez martilleó dos veces pidiendo silencio en la sala.

—Se abre un receso para que el jurado delibere—. Fue lo que dijo y tosió, llevándose inmediatamente la botella de agua a la boca.

Hanji salió inmediatamente de la sala, Gretchen fue tras ella. Afuera estaban Nanaba y Moblit, quiénes al parecer llegaron tarde a la audiencia. Al verlos, Hanji no pudo evitar derramar un poco de lágrimas a lo cual su amiga no dudó en abrazarla y estrecharla. La mujer rubia le había susurrado palabras de confort, luego le limpió un poco las lágrimas.

—Mike no pudo venir—. Dijo Nanaba.

—Está bien, dile luego que está bien—. Respondió Hanji parpadeando un poco rápido.

—Agua, tengo agua—. Intervino Gretchen extendiendo la botella sin tapa a Hanji.

—Gracias cariño—. Dijo y bebió. Se percató de la figura de Levi aproximándose dejando atrás a sus abogados.

Él le hizo una señal con el mentón por tanto asumió que quería hablar con ella. Los demás se percataron y se alejaron, incluyendo Gretchen quien comentó a Nanaba y a Moblit lo sucedido en el contrainterrogatorio.

—Lo siento, no tomes tan enserio lo que dijeron, esos cerdos se sienten acorralados y están sacando nuestra vida para justificar lo injustificable—. Inquirió Levi con voz tranquila, certero era que primero se serenó él mismo. Le arregló el cabello desajustado de Hanji, sin dejar de verle los ojos rojizos y las pestañas humedecidas.

—Quizás si es cierto Levi el descuido. Muchas veces he dejado que Dave salga con él...

—Hanji—. Interrumpió Levi. — él no es el violador de nuestro hijo. Podrá ser otra cosa el bastardo ese y ese no significa que deliberadamente hemos expuesto a Dave. Además, él no es de andar en confianza con alguien a la primera, lo que sucedió fue en contra de cualquier cosa de lo que hayamos antes advertido. Creo que sin importar qué, las acciones del cerdo de Montgomery no son justificadas y espero que me escuchen los del jurado.

La mujer afirmó con la cabeza, casi mordiéndose los labios y con los nervios a sentir por toda la piel.

—Debemos regresar, tenemos que ver cómo se va a la cárcel—. Dijo Hanji, recuperando en un gran porcentaje su voz arrasadora, demostrando su reavivar.

Cuando dio por culminado el receso, ingresaron de nuevo a la sala. Pese a sus palabras de convicción, Hanji se vio desmejorada. Se sentó junto a Levi, en la misma fila con los abogados, ambos muy juntos como si quisiesen ahuyentar el frío que circundaba a esperas del veredicto final. Ella sintió un apretón en su hombro por parte de su amiga que se quedó detrás junto a Moblit.

—De pie—. Pidió un uniformado frente a todos los presentes— El honorable juez Richard Campbell, preside.

Se dio la apertura al ingreso del juez tomando su posición.

—Tomen asiento—. Pidió— Por favor alguacil, que ingrese el jurado—. Dijo y se colocó unos lentes.

Ella y Levi llevaron su atención a los miembros del jurado que tomaban posición.

—Señor presidente: ¿Han llegado a un veredicto? —. Preguntó el juez.

—Así es su señoría—. Respondió y entregó un sobre cerrado blanco al alguacil.

Los segundos transcurridos hasta que el sobre llegara a las manos del juez parecían sofocantes. El hombre abrió el sobre, leyó su contenido y se lo devolvió al alguacil. Giró su rostro hacia el jurado, preguntó:

—¿Qué dictaminan?

El silencio se hizo muy presente en la sala. Con el nerviosismo vivo bajo la piel, Hanji temblaba ligeramente hasta que sintió la mano de Levi aferrarse a la suya. No se miraron, no quitaban la vista del presidente del jurado parado. A su lado escuchó la respiración pesada de Gretchen, que sus dientes casi chocaban porque ella temblaba.

—Nosotros, el jurado en el caso de Levi y Hanji Rivaille contra Albert Montgomery—el presidente hizo una ligera pausa—. Hallamos al acusado como culpable.

Tensión.

—De acuerdo a su veredicto final al acusado ahora culpable se le adjudican los años en prisión que dictamina el código penal en agresión sexual, en este caso: que no consiste en acceso carnal, la pena máxima imputada será de doce años.

Los murmullos en la sala se hicieron presentes, la familia del acusado mostró indignación.

—¡Orden! ¡Orden! —Replicó el juez— Gracias abogados y gracias jurado por su paciencia y deliberación durante este juicio. ¡Se levanta la sesión!

El martillo resonó.

Hanji había dejado caer su cabeza en el hombro de Levi, a su vez que él respondía también inclinando su cabeza hacia la de ella. A través de la conexión de ambos por las manos sintieron el breve temblor que a sus cuerpos los asedió durante esos instantes que parecieron eternos. Alzaron sus cabezas al distinguir la presencia de demás uniformados que se encargaron de sujetar al sentenciado y llevárselo a donde sabrían que transcurriría los siguientes años; con su rostro tranquilo, como quien no recuerda haber hecho algo y que sin embargo lo acusan por ello.

Un pequeño rato después vino los estrechamientos de mano y agradecimiento de Hanji hacia los abogados de Levi y luego a su Moblit y Nanaba por estar presentes en ese día, quienes se despidieron del lugar, marchándose por caminos distintos. Salieron de la sala, ignorando las miradas y lloriqueos de la familia contraparte.

—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Quiero llegar a casa y ver a mi cariñito! —. Exclamó Hanji yendo apresurada de la mano con Gretchen.

—No corran—. Espetó Levi caminando detrás de ellas.

Cuando estuvieron fuera del edificio, Levi alcanzó a tomar la mano de Hanji que se precipitaba a cruzar la calle. Ella solo se carcajeó y no dijo nada por su impulsividad. Los tres cruzaron la calle tomados de la mano en su prisa por llegar a casa y estar en Dave.

Ciertamente, el que se encuentre ahora aquel hombre condenado no borra por magia las secuelas emocionales de Dave: saben que pueden avanzar dejando un peso peligroso que les restaba claridad.

Les restaba ahora concentrarse en su hijo, en su hermano, como fuentes indiscutibles de apoyo.

¡Hola! ¿cómo se encuentran? Yo sinceramente espero que bien.

Muchas gracias por leer, votar y comentar.

A lo largo de esta historia hemos manejado algunos cierres, ¿verdad que sí? Suponemos que así es como debe ser.

Infinitas gracias a por su ayuda con material de estudio, lo leía y aprendí muchísimo. ¡Seguro siempre aprendiendo!

Si existe algún error de mi parte siéntase libres de hacer correcciones (no me las sé todas xD) y como saltó a conversación con Averdia: los observadores tiene su propio punto de vista ciego que es necesario que otro observador observe a ese observador.

Gracias Enid ciertamente llevamos muchos años con esta historia y ya es necesario culminarla. Me parece que aquí no lo he dicho, yo soy Psicóloga titulada y realmente es un amor para mi combinar profesión y la escritura. Desde pequeña siempre me ha gustado la medicina, pero por azares de la vida me enamoré de la psicología. Hermosa carrera que haz escogido para estudiar.

!Acompáñame hasta el final!

26/01/2020