Tea subió las escaleras hasta la habitación de Rouxx Anne. Era la hora de cenar y no había visto a esa mujer desde el mediodía. Podía estar descansando, ella misma le había comentado lo mal que la había pasado camino a Cheshire y seguramente debía estar agotada. Lo mejor iba a ser que le subiera la comida al cuarto; eso iba a proponerle.

Abrió la puerta y miró toda la habitación de un lado a otro. El dormitorio se encontraba completamente vacío, como había estado hasta ese mediodía. Tan inerte como se mostraban esa y otras habitaciones desde que su cuñada había muerto, tan fría como su hermano.

Quizás no le agradó este cuarto... Yo tampoco hubiera aceptado quedarme aquí. No sé en qué estaba pensando cuando se lo ofrecí se dijo mientras se disponía a buscarla en otro lugar del castillo. Pero al darse vuelta sintió el fuerte viento nocturno impactar en su espalda. Miró hacia atrás y comprobó que la ventana estaba abierta.

Soy una tonta. Debe estar en el baño. Si no estuviera usando la habitación no dejaría la ventana abierta.

Bajó las escaleras hasta la sala y se detuvo al final frunciendo el ceño. Su maduro esposo trataba de escuchar la conversación que Seto y el abuelo tenían. Como Yami miraba hacia otro lado no vio cuando ella se acercó por atrás pero sí escuchó sus pasos.

—Serenity— susurró creyendo que se trataba de su empleada que también se hallaba en la sala—, tráeme un vaso de vidrio... Así no logro entender nada.

La chica miró a la joven Kaiba sin saber si tenía que obedecer o no. Tea asintió y ella se fue a buscar el vaso. Regresó al instante. Yami seguía en la misma ubicación y su esposa también. Le iba a dar el vaso al señor Moto pero su jefa se lo sacó de las manos.

—Aquí tienes el vaso, Yami— susurró divertida.

Él se dio vuelta de un salto y se quedó observándola con los ojos y la boca abiertos sorprendido de que lo hubiera hallado con las manos en la masa. Eso era realmente embarazoso.

—Tea...— dijo sin poder librarse de su asombro aún.

—No te voy a preguntar lo que haces porque está bastante claro. ¡Pero deja de actuar como una anciana chusma!

—No es eso— dijo Yami nervioso a la vez que sonreía y se rascaba la nuca. Luego la tomó por los hombros y con una seria expresión le dijo—. Pero el abuelo y Kaiba están tratando un asunto confidencial— acercó su cara a la de ella y con los ojos enormes le preguntó—. ¿Entiendes lo que eso significa?

—Que no te involucra a ti— le increpó Tea.

Yami la soltó negando con la cabeza.

—Kaiba siempre hace planes siniestros y si mi abuelo está involucrado, eso quiere decir que corre peligro. Por eso este asunto me concierne a mí también. ¡No permitiré que tu hermano se abuse de mi pobre abuelo!

—Estás exagerando— le dijo ella mientras se daba vuelta y caminaba hacia el sillón. Se sentó y lo miró sonriente—. Actúas como una anciana chusma. Pero bueno, escucha si quieres... Solamente comprobarás que haces suposiciones ridículas.

Yami se encogió de hombros y dijo:

—Como tú digas— y volvió a colocar su oreja contra la puerta.

Se asomó a la ventana y vio al anciano y a Kaiba en la habitación. Podía escuchar perfectamente lo que decían y eso era bueno: realmente le interesaba esa conversación porque seguramente se enteraría del motivo por el que aquel hombre, que ahora sabía era uno de los Condes de Chester, quería retenerla en el castillo. Ella nunca había creído que la iba a ayudar en la forma que ella necesitaba; conocía muy bien la clase de personas que vivían en Cheshire y tenía claro que nadie la auxiliaría a no ser que necesitara de ella, como era el caso.

—Dice que llega en dos días— dijo el joven dueño del castillo tomando asiento y posando sus ojos en el techo. No se le había pasado por la cabeza que aquella mujer llegara tan pronto. Pensaba que tendría por lo menos una semana en la que podía elaborar un buen plan para deshacerse de ella. Pero ahora las cosas se habían complicado.

— ¿Qué piensas hacer?— preguntó Salomón recostándose en el escritorio.

—No lo sé.

—Tienes que librarte de la chica, Seto. No hace más que traerte problemas y complicar las cosas.

Kaiba se frotó la barbilla pensativo y Salomón creyó que estaba considerando su propuesta. Sería muy tonto si no lo hacía.

—Te he dicho que no me llames Seto...

— ¡Esto es algo importante!— gritó Salomón furioso—. No es solo un problema tuyo, nos involucra a todos. Así que deja de preocuparte por nimiedades y encuéntrale una solución a esto... por favor— agregó al percatarse de las mutaciones que el rostro del joven conde sufrió durante su sermón: sorprendido, irritado, psicópata, asesino y ahora lucía una que era la mezcla de todas las anteriores.

—No vuelvas a hablarme así— amenazó.

Hubo unos instantes donde Kaiba se limitó a pensar en un plan para que la llegada de Roux Anne fuera postergada.

— ¿Por qué no les dices la verdad a Yami y a Tea y contratas a esa chica como sirvienta?— sugirió el señor Moto.

Seto lo miró de hito en hito asintiendo. Esa era una buena solución si Rouxx fuera una persona agradable a la que quisiera hospedar en su castillo. Pero la mujer era una víbora, y con ella su familia corría peligro. Crawford había recibido un telegrama suyo donde contaba que la muerte de su esposo había sido a manos de los campesinos que no estaban contentos por el trato recibido. El juez podía haberse creído ese cuento fácilmente, pero él conocía a esa mujer y estaba convencido de que en la versión original de los hechos ella era quien jugaba el papel de los campesinos.

—Sería una buena opción si eso no me obligara a tener que hospedar a Roux Anne aquí. No es eso lo que yo quiero.

— ¿Por qué? ¿Acaso ya te convenciste de que esa chica es Roux Anne?

—No— rió el conde—. Ella no es una serpiente chupa sangre como esa mujer.

—Claro— dijo Salomón haciendo un gesto con las manos, eso era el colmo—. Es una delincuente que está prófuga y quién sabe si es una ratera o una criminal...

—Ella no es una criminal.

— ¿Y cómo lo sabes?

—Cualquiera se daría cuenta de eso, es incapaz de matar a una hormiga.

— ¿No será que son otros los motivos por los que la ayudas?—preguntó el anciano. Al ver que Kaiba lo miraba confundido agregó— No es una joven fea...

Una carcajada resonó en el escritorio. ¿Qué acaso Salomón estaba loco?

—Jamás me interesaría en una pordiosera de esa forma. Solo...

Bien, hasta ahí había llegado su interés por ese estúpido diálogo.

¿Pordiosera? Ella era más rica que cualquiera de las personas que vivían en ese castillo. Su riqueza no consistía en dinero, sino otras cosas que harían feliz a cualquiera que las poseyera. Claro, no se podían ver ni tocar, solo sentir. Y a los sentimientos no se les podía poner precio, no se los podía negociar. Por eso mismo, los habitantes de aquel condado ya no recordaban su existencia.

Pero de acuerdo, la pordiosera no iba a molestar más. No necesitaba su supuesta ayuda, mientras que Kaiba si necesitaba de ella porque no podía dar marcha atrás a sus planes. Por desgracia para el Conde, ella no iba ocupar mucho más el lugar de Roux Anne.

Kaiba abrió la puerta del escritorio y se encontró con Yami agachado y con un vaso pegado en la oreja.

— ¿Qué haces?— le preguntó.

—Eh... Vine a avisarte que ya vamos a cenar— respondió Yami nervioso.

Seto miró a Salomón y le dijo:

—Se nota que es tu nieto: siempre metiéndose en la que no se importa— luego miró su cuñado y dijo—. No estabas escuchando nuestra conversación... ¿o sí?

— ¡Claro que no!— gritó el joven Barón aparentemente ofendido— No me importa lo que hables con mi abuelo, Kaiba.

—Claro— Seto se fue al comedor y cuando ya estaba bien lejos Yami aprovechó a ocasión.

— ¿Dé qué hablaban abuelo? ¿Kaiba quiere matar a Rouxx Anne?

Salomón se rió y fue a dónde los demás estaban seguido de su curioso nieto.

Tea y Serenity ponían la mesa mientras la primera hablaba con su hermano.

—Debe estar en su habitación y creo que no bajará a comer.

— ¿Cómo lo sabes?

—Porque hoy subí a su cuarto a preguntarle si quería que le subiera la comida, ya que creí que estaría descansando.

— ¿Y te dijo que sí?

— ¡Uy, Seto! No me dijo nada porque no estaba en su cuarto, ¿OK?

— ¿Y dónde estaba entonces?

—No lo sé... En el baño quizás. Pero iba a regresar a la habitación pronto ya que tenía la ventana abierta y...

— ¿La ventana abierta?— preguntó Kaiba. No se habría escapado... ¿o sí?

—Oye— dijo Tea bastante molesta—. Si tanto interés tienes en saber, ¿por qué no vas y le llevas su cena, hermanito?

—Eso haré. ¿En que habitación está?

—Bueno...

Tea comenzaba a creer que se había equivocado al elegir la habitación. En el momento no se había imaginado la reacción que Seto podía tener cuando lo supiera, pero ya no dudaba que no sería buena.

Kaiba, percatándose del silencio de su hermana, de los nervios de su hermana y del simple hecho de que no lo miraba a la cara, comprendió enseguida cuál era la respuesta a su pregunta. Y aunque estaba enojado, era una de sus virtudes controlar sus impulsos. Tenía cosas más importantes que hacer que discutir con Tea.

—Ya hablaremos de esto— dijo Seto saliendo a toda velocidad hacia la sala para subir las escaleras. Esa mujer no se podía ir, Crawford debía estar buscándola.

— ¡Hey, Seto! Te olvidas del plato— le avisó su hermano menor.

Kaiba se detuvo al inicio de la escalera murmurando algunas cosas desagradables. Regresó al comedor y se llevó el plato que Mokuba sostenía muy sonriente, todo esto en menos de diez segundos. Volvió a subir las escaleras hasta el cuarto de su difunta esposa.

Era cierto, la habitación estaba vacía y la ventana estaba abierta. Se acercó a esta y corrió la cortina. Estaba claro que se había fugado.

Ah, no... No te vas a ir.

Dejó el plato sobre la mesa de luz y se deslizó hacia fuera por la ventana, como cuando era niño y competía con su primo por ver quién llegaba primero al piso. Claro, en esos tiempos él no tenía una dolorosa y grave herida en su espalda, pero no le quedaba otra. Si salía por la puerta principal seguramente levantaría sospechas.

Llegar abajo no le costó tanto como él suponía, a pesar de los años no había perdido la habilidad. Saltó de la pared y miró alrededor. El castillo estaba rodeado de un hermoso jardín y atrás estaban los campos, luego el bosque y por último los montes. No iba a ser fácil saber por dónde empezar a buscar.

Si yo estuviera huyendo... ¿dónde me escondería? pensó. De todos modos, ¿estaría escondiéndose? Luego de unos segundos de meditación, sus ojos se avivaron. ¡El establo!

Hacia allí comenzó a caminar, si no se encontraba ahí seguramente se había adentrado en el bosque. Y siendo así, era una actitud muy valiente de su parte.

Cuando no estaba a más de diez pasos del establo se detuvo al escuchar un ruido extraño que provenía del bosque, a su izquierda. Era como gruñidos de canes...

No tenemos perro se dijo volteándose para observar los árboles. Estaba muy oscuro como para ver algo. Lo único que pudo distinguir fue la silueta de un ser que se aproximaba a toda velocidad hacia él, era de tamaño mediano, negro o quizás la oscuridad de la noche lo hacía verse así, y sus ojos verdes brillaban resaltando. Un momento... ¿ojos verdes? ¿No los había visto ya?

El animal se abalanzó sobre él arrojándolo al piso y lo amenazaba luciendo sus afilados colmillos.

— ¡Seto! ¡No!