Capítulo 40
Sentado frente a sus papeles, Levi reconocía sin dificultad que le era imposible trabajar. Estaba paralizado. El asco por sí mismo lo inundaba todo. De pronto, se levantó como un resorte, se puso un delantal y guantes y se puso a fregar los pisos. Solo se dio cuenta del tiempo que había pasado cuando sonó una llamada en su celular y vio el reloj: eran las once de la noche.
—¿¡Levi!? ¿¡Me escuchás…!?
—¿Han? Sí, te escucho, aunque hay mucho ruido… ¿dónde estás? ¿Por qué gritás?
—¿¡No viste las noticias!?
—¿Ahora qué pasó…? Y no grités que estás al lado del teléfono, aunque haya ruido te escucho.
—Es que… por la represión de más temprano, la gente empezó a salir a la calle espontáneamente, en todos los barrios… vamos aplaudiendo y cantando, hacia el Congreso.
—O sea, ¿reprimen una manifestación y ustedes reaccionan manifestando? ¿No van a aprender nunca?
—No seas así, Le… hay viejos, familias con bebés, no sabés lo que es… no podía no venir yo también, estoy con Moblit, pero por ahora parece tranquilo, hay policía para cortar el tránsito nada más.
—Bueno… igual no voy a ir, si llamaste para eso.
—Mirá que te voy a llamar para eso a vos, desclasado…
—Esos insultos comunistas me resbalan.
—Te llamo porque sé que si no te cuento esto me matás. Sabé que me estoy poniendo en una situación muy comprometida pero lo hago para que no me des esos discursitos sobre la confianza.
—A ver…
—Me llamó Eren.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Vio a la gente aplaudiendo que pasaba por la esquina de su casa y se sumó. No quería estar solo pero le daba miedo avisarte, creyó que te ibas a enojar. Así que me llamó a mí y me pidió que no te contara. Estoy yendo a encontrarme con él en un bar que está acá cerca, así en la plaza está con nosotros.
Mientras escuchaba, algo en la cabeza de Levi gritaba. Quería quejarse, enojarse, pero no le salía.
—Le… ¿estás ahí? ¿Escuchaste? Esta mierda se debe haber quedado sin señal…
—Escuché, sí. El tarado de Eren está por ahí, exponiéndose otra vez. Y aparte me lo oculta. Y te escribe a vos.
—Mirá, Le… acá lo que tenés que pensar es otra cosa. Tenés que pensar que ese pibe, con esa cara tan sociable y esa sonrisita, no tuvo a nadie de mayor confianza para llamar que a una señora a la que vio una sola vez.
Levi chocó los dientes con fuerza, haciendo gala de lo peor de su bruxismo.
—Ni siquiera en mí confió.
—Bueno… no te quiso preocupar.
—No… yo… no lo culpo por no confiar en mí.
Hubo un silencio incómodo.
—Levi… a vos te pasa algo, ¿no? No te escucho bien.
—Estoy bien. Estoy enojado y angustiado, porque tranquilamente esta noche podrían morir mi pareja y mi mejor amiga en una plaza de mierda, pero fuera de eso estoy bien.
—Bueno… por diferentes motivos pero nos acompañamos en el sentimiento. Te prometo que voy a cuidar al chico y te tengo informado, ¿sí? Lo voy a convencer de que te escriba y te cuente él mismo en cuanto esto termine, así no se andan con secretitos.
—Dale… pero jurame… ¡jurame!
—¿Qué te juro?
—Que al primer indicio de que podría haber represión, vos y Eren se van de ahí.
—Haré lo posible, sí…
—¡Jurámelo!
—Yo, Hange Zoë del equipo de auditorías a cargo del futuro jefe supremo Levi Ackerman, juro solemnemente y con mi prometido como testigo que no me voy a quedar frente a la yuta para que me encaje una bala de goma en el ojo. ¿Ok? Si se pone heavy, nos largamos.
—Más te vale.
Después de colgar, Levi caminó como un autómata hasta el sillón y se dejó caer en él. Estaba molesto porque Eren estuviera en la marcha (con Hange sabía que no tenía esperanzas y había aprendido a no dejarse superar por la preocupación), y todavía más molesto por que se lo estuviera escondiendo. Pero otros sentimientos eran más intensos. A Eren debía de aterrorizarle su desaprobación. No tenía a nadie en el mundo, pero elegía hablar con Hange, a quien apenas conocía, antes que con él.
A veces, lo veía tan desvergonzado, tan aventurero, que no podía evitar imaginárselo fuerte, autosuficiente. Pero Eren daba constantes indicios de inseguridad. Su soledad, su necesidad de sentirse autorizado… estaban ahí todo el tiempo. Estaban, sobre todo, en la desesperación con la que intentaba retenerlo, escribiéndole todos los días, mandándole fotos y audios, elogiándolo, aceptando de él casi cualquier trato… como predispuesto a ser olvidado, arrojado a la basura.
¿Estaba hablando de Eren o de quién estaba hablando? Se recordó a sí mismo, muy quieto, en una esquina del patio del colegio. Si permanecía lo suficientemente inmóvil, podía concentrarse en el ruido general e ignorar los gritos de los niños que lo molestaban. Si se sentaba al fondo, en el banco roto, podía lograr que nadie intentara sentarse con él. Si aguantaba callado el suficiente tiempo, cualquiera que intentara hablarle lo dejaría en paz. Ya en su casa seguía el silencio. La abuela comía con él pero era de pocas palabras. Solo conversaban cuando leían juntos alguno de sus libros de ciencia ficción, ella los adoraba y nunca se aburría de ellos. El resto del tiempo, limpiaban la casa y luego ella lo vigilaba mientras terminaba puntillosamente sus tareas. Cuando su madre llegaba en la noche, a veces él ya estaba dormido. Había días en los que no llegaba a formular ni una oración entera.
Un niño tranquilo. Trabajador. Feo. Fácil de olvidar. Fácil de arrojar a la basura. Eso era lo que se merecía.
Levi dejó de pensar en el momento en que reconoció que tenía los ojos húmedos. Se quedó mirando la pared hasta que, en un movimiento rápido, se dirigió al baño. Sin notar que aún tenía el pelo húmedo, volvió a ducharse.
Estaba dormido cuando Eren le escribió. Le avisaba que había llegado a su casa sin problemas y se disculpaba por no haberle avisado de su participación en la marcha, sabiendo que a Levi esas cosas le preocupaban tanto. Tan solo no quería asustarlo. Pero sí había hablado con su amiga y todo había estado bien. Bueno, bien, no. Sí hubo una represión muy fea, pero ellos ya se habían ido para entonces. Esperaba que no se enojara. Y enviaba una foto muy bonita, de él en su habitación, con cara de cansancio pero sonriente.
Fue bueno para Levi empezar el martes con esa imagen. El muchacho tenía una inexplicable y hermosa capacidad para el afecto. Con cierta dificultad, trató de imaginar cómo devolverle algo de eso. Pero se sintió imposibilitado. No creía que esa cantidad de ternura existiera dentro de Levi Ackerman.
Recién después de lavarse la cara y los dientes, desayunar, preparar el maletín y ver las noticias sobre la aprobación de la polémica reforma previsional, volvió a leer los mensajes de Eren.
"Solo un monstruo podría enojarse después de ver esa foto". Acarició el botón de borrar. Sin embargo, al fin lo envió. Era temprano, Eren seguramente le contestaría varias horas más tarde.
Sin ganas de andar adivinando qué transportes adherían al paro y cuáles no, se tomó un taxi al trabajo. Allí, abrazó a su amiga, muerta de cansancio por la vigilia frente al Congreso, y triste porque no habían conseguido nada.
—Bueno… igual ya sabíamos que el mundo es una mierda —intentó calmarla.
—Ja. Tus consejos siempre son los más optimistas, Le.
—Es un don
Durante el almuerzo, ella intentó cambiar de tema, para reducir las posibilidades de suicidio que merodeaban el ambiente.
—Ey… ¿me parece a mí u Oluo te está cada vez más encima? ¿Qué se trae ese?
—Ah, ¿no te conté? Al fin conseguí el esclavo personal que tanto quise todos estos años.
Riéndose, Hange negó con la cabeza.
—Ya me parecía que eras un poco conservador vos, pero ahora que te veo festejando la vieja y querida costumbre de la esclavitud, todo cierra…
—Bueno, es una esclavitud voluntaria, soy un buen patrón. La verdad es que es una historia bastante graciosa.
—A ver.
—¿Podés creer que a Oluo le daba vergüenza que Petra se diera cuenta de que es un vividor arribista? Y bueno, especuló que si lo ponían de jefe la iba a embarrar. Así que dizque me está ayudando para que los números me cierren y me asciendan.
—¡Callate! ¿Oluo es nuestro héroe en este lío?
—Así parece.
—Estoy impactada.
—Y yo. Pero es así, ya lleva dos días dándome una mano muy bien. De hecho, le di tareas para el fin de semana y las hizo.
—¿Pero bien?
—Meh… no estaban tan mal, no las tuve que retocar.
—¡Oluo puede ser algo más que un inútil! Semejante sueño se hace realidad, y cuando una pide algo chiquito como que no repriman una manifestación pacífica, pues no, el destino se lo niega a una.
—Bueno, bueno… hablemos de otra cosa.
—¿Y vos cómo estás? Yo te veo medio chirucito últimamente.
—¿"Chirucito"? ¿Dónde aprendés esas palabras? Te voy a regalar un diccionario.
—Ahh… entiendo que no querés hablar de eso. Ah, ya sé, ¿y si hacemos planes para tu cumpleaños? Esta Navidad la pasás con nosotros, ¿no?
—Sep. Mi plan es no hacer nada y dejarme agasajar por la santa de tu mamá.
—No suena a un mal cumpleaños navideño.
El silencio que siguió hizo que Hange dudara.
—Ehm… me había parecido que habías visitado a tu tía, hace poco.
—¿A Kiyomi? Sí. ¿Por?
—Bueno, no sé… viste que siempre te tironea, a ver si querés pasar el 25 con ellos.
—Soy un hombre fiel, no te preocupes. Voy a pasarlo con vos, como prometí.
—¿Y Eren?
—Mmm…
—¿Sabe que es tu cumpleaños ese día?
—No.
—¿Le puedo decir y te organizamos algo sorpresa?
—¿Me estás preguntando si me podés sorprender?
—No, tonto… ya sé que no te gustan las sorpresas. Te estoy preguntando si le puedo hacer creer a Eren que te estamos sorprendiendo y lo invito a casa o algo así. Seguro se pondrá contento con la idea de hacer una cosa por el estilo.
—¿Qué onda? ¿Ustedes se ven dos veces y ya son mejores amigos?
—Peor —terció Moblit, que hasta ese momento escuchaba en silencio, mirando las noticias de reojo—. Prácticamente lo adoptó.
—¿Queeee deciiiiiiis? Que yo le lleve más de 15 años, me ponga ojos de cachorrito y esté más solo que cactus en el desierto, no lo convierte en mi hijo.
—Pero casi.
—Como sea —interrumpió Levi, para retornar a la idea original—, no hagas planes locos con Eren, por favor. Ya le contaré que es mi cumpleaños y pensaremos algo. Me dijo que las fiestas son muy importantes para su mamá… entendí que sería difícil vernos en ese momento. Pero voy a hacer lo imposible por tomarme vacaciones en enero. Ya lo estuve hablando con Niles y lo ve viable. Y me voy a llevar a mi mocoso aunque sea lo último que haga. Ahí sí que voy a festejar mi cumpleaños.
Hange y Moblit se rieron.
—Es hermoso verte tan metejoneado, boludo. Creía que nunca iba a pasar, pero es hermoso.
Levi desvió la mirada, sonrojado.
Por la tarde, se sentía un poco mejor que el día anterior. Pero no tanto mejor. De pronto, se le ocurrió que tal vez si Eren venía, aumentarían sus posibilidades de concentrarse. Ya una vez había trabajado en su presencia y no le había ido mal. Según Hange, Eren siempre le hacía bien. Bueno… no perdía nada si lo intentaba. Le escribió con la siguiente oferta:
"Hoy tengo que trabajar pero tengo pendiente demostrarte que no me enojé por lo de anoche. Si tenés algo para hacer… podés venir a casa a hacerlo al lado mío, mientras avanzo con mis informes".
No habían pasado ni 20 segundos que ya tenía una respuesta: "en 30 minutos estoy ahí". Levi, incluso anticipando que no serían 30 minutos (y si lo eran, sería signo de que no se había bañado antes de salir, puaj), sonrió. Lo esperó limpio y con una rica merienda, aunque esta vez la tarta de manzana era comprada en una panadería.
Su plan salió muy bien. Acordaron no hablar de la marcha ni de la reforma ya aprobada. Con tranquilidad, leyeron y trabajaron uno junto a otro durante horas, apenas distrayéndose para acariciarse las manos o compartir algo gracioso o especialmente irritante de sus respectivas ocupaciones. Ya eran casi las 10 de la noche cuando Eren sacó por primera vez un tema de conversación
—Che, Levi, ¿pensaste en tener hijos?
Despacio, Levi dejó su cuarta taza de té en la mesita ratona y levantó la vista de las fotocopias que estaba revisando.
—¿Qué…? —preguntó, con su cara más desconcertada.
—Quiero decir…
—¿Vos me preguntás si quiero que tengamos hijos y yo soy el que va rápido?
—Nononono, no fue eso lo que quise decir… —Eren se acomodó en el sillón, a su lado—. Es que hace unos días en las redes sociales se armó bardo por el tema de la adopción y los gays y tal… de vez en cuando pasa, habrás visto que siempre sale alguien sugiriendo que si los gays pueden adoptar entonces viene el apocalipsis y qué sé yo. Y quería saber qué opinabas sobre eso, a eso me refería.
—¿Querés saber si creo que cada vez que un gay adopta se acerca el apocalipsis?
—No seas boludo… digo si alguna vez pensaste… o sea qué pensás sobre que podamos adoptar. No vos y yo, digo… la comunidad LGTB. Y también… bueno, si te gustaría tener hijos vos, no sé, si alguna vez imaginaste algo de eso.
Levi se tronó los dedos y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.
—Cuando tenía 14 años, conocí a mi prima Mikasa.
Eren frunció el ceño, molesto por el cambio de tema. Levi lo reconoció.
—Pará, pará… te voy a responder, vas a ver. Tené paciencia. Le llevo diez años a mi prima así que ella tenía 4 en ese momento. Varias veces me clavaron encajándomela para que la cuidara.
—¡No me digas que odiás a los bebés porque te hacían cuidar a tu prima!
—No, nada de eso. Yo solía llevarla en mis espaldas, viste…
—A cocochito.
—Eso mismo. A ella le encantaba. Así que apenas me veía llegar, se le ponían brillosos los ojos. Tenía una sonrisa de oreja a oreja. Era tremendo.
Eren esperó a que continuara pero Levi de pronto pareció inmerso en sus recuerdos.
—¿Y…? —lo alentó.
—Eso. Yo estaba completamente solo en este mundo de mierda y esa nena de cuatro años que acababa de conocerme confiaba en mí más que en nadie solo porque le hacía upa. En ese momento necesitaba algo como eso. Creo que me hizo bien. A veces los pibes pueden hacer bien.
—O sea… —Eren trató de volver al tema—. Que te gustaría adoptar porque te gusta la franqueza de los bebés.
Levi sacudió la cabeza.
—No… bueno, qué sé yo. No es que quiera ser padre, no suelo pensar en eso. Viste que hay gente a la que eso le obsesiona… no es mi caso. Pero sí pienso en esos chicos abandonados por todos lados… que merecen ser amados. Y que aparte pueden dar mucho amor a cambio. Y no sé, lo de adoptar no suena tan mal. No estoy seguro.
—Guau… eso es fuerte. ¿Y a mí? ¿Me ves teniendo un hijo?
—Ahora sos chico todavía.
—Mucha gente tiene hijos siendo más chica que yo.
—Igual sos chico.
Eren resopló.
—Muchos de los tipos con los que salía… bueno, dos, me acuerdo que tenían hijos. Uno me lo contó y al otro le vi la foto en la billetera.
—Al final sí sos un psicópata, le revisabas las cosas.
—No, bueno, se dio de casualidad… no importa eso. A lo que voy es que… ellos amaban a sus hijos. Sus hijos eran lo más genial del mundo para ellos. Pero… bueno… nunca hubieran tenido hijos conmigo. O sea… nunca me hubieran elegido para eso.
—Y… ya habían tenido sus hijos, tampoco eran una máquina de hacer pibes.
—No era eso… es que no me imaginaban como padre. No se imaginaban atados a mí por un hijo. Yo no valía tanto.
—Mirá… en otra situación, me enojaría porque otra vez estás hablando de tus ex. Pero viendo que estás sensible, solamente me voy a enojar porque estés midiendo tu valor en función de los hijos que un tipo x podría haber querido tener con vos. Los hijos no son una prueba de amor en la pareja, son una prueba de amor a los hijos. Nada más. Así que no te pongas melancólico por taradeces.
—Gracias por tener en cuenta mi sensibilidad —dijo Eren con sorna.
—De nada.
Pasaron un rato en silencio, hasta que el más joven habló de nuevo.
—Yo quería que me dijeras que vos sí tendrías hijos conmigo.
—Si seguís hablando de tus ex, lo veo difícil.
—¿Y si prometo fingir que no tengo un pasado?
—Tal vez yo prometa fingir que quiero que tengamos hijos.
Eren le dio una patadita, que Levi atajó con pericia.
—Aunque no tendría hijos con un golpeador —agregó.
—Callate, qué te hacés la víctima…
Simulando forcejear, Levi acabó casi recostado sobre él, sus caras a centímetros de distancia. Se miraron durante un rato, hasta que se inclinó y le dio un beso suave, tras lo cual se incorporó.
—Ya es tarde…
Eren encogió los labios en un gesto de tristeza.
—¿Esta vez ni me invitás a cenar?
—En realidad…
—¿Qué?
—Si querés… te podés quedar a dormir. Te puedo dejar la puerta sin llave, total de afuera no se abre. Y para salir del edificio podés tocarle el timbre al portero. Yo le dejo dicho que sos invitado mío.
No. Eso no lo dijo. Eso solo lo pensó. Se dio cuenta porque Eren aún lo miraba expectante. Pensó en que su casa estaba sucia (¿cuánto se podía haber ensuciado desde el día anterior?), en que su cuerpo estaba sucio (¿no se había duchado antes de que Eren llegara?)… en que Eren se aburriría de él si se veían tanto.
—Levi… te quedaste paralizado. ¿Qué ibas a decir?
—Ah… —Cerró los ojos por un momento—. Iba a decir que no tengo nada preparado. Podemos pedir comida. A la vuelta hay un local que entrega rápido.
—¿Tanta ceremonia para eso?
—Un capitán tiene sus ceremonias, ¿no?
Eren se aflojó y lo besó en la mejilla.
—¡Tiene razón, señor capitán! Y su marinerito le respeta todas las ceremonias, ¿a que sí?
—Bastante, bastante…
—Lo suficiente como para merecer algún premiecito, ¿no?
—Te invité la merienda y te voy a invitar la cena, mocoso vividor.
—¡Ay ya sabe que no me refiero a eso!
Levi se rio. Con esfuerzo, bromas y mucha voluntad, logró salir de ese lugar oscuro en el que había caído. Sin embargo, no volvió a sacar el tema. Después de cenar, Eren se tomó un taxi hasta su casa. Levi permaneció un momento detrás de la puerta de vidrio de la entrada del edificio, contemplando la estela vacía del automóvil lejano. De pronto, le volvió la imagen de Mikasa extendiendo sus bracitos a la espera de que la alzara. Él, con su cuerpo tan sucio, tenía sin embargo el derecho al abrazo de esa niñita. Las cosas no podían ser tan malas, entonces. Hizo un esfuerzo por sonreír.
Notas de Autora: y… ¡seguimos reuniendo datos random sobre nuestros protagonistas! Jaja… espero que todas las pequeñas pistas que voy dejando les ayuden a reconstruir el trasfondo de esta historia. Y… ¿ya repasaron quién era Lord Henry? Falta para que se devele ese misterio pero les servirá tenerlo fresco ;) No deberían quedar tantos capítulos más pero no estoy segura de si lograré terminarlo en el 50 como prometí o no… desde que terminé el capítulo 41 (que publicaré en 15 días), no he vuelto a escribir para este fic. Espero poder hacerlo pronto. Oh lamento que esta vez no haya glosario, si algo no se entiende me dicen y lo agrego. Les agradezco todos sus comentarios y votos, son lo que me mantiene aquí. Les dejo un fuerte abrazo.
