Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XLIX: Siempre a tu lado.

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Katsuki recordaba cómo su padre trabajaba hasta tarde con asuntos de la compañía que pertenecía a los Bakugo, cómo el tiempo para su familia iba reduciéndose a cero y la imagen de su padre a su lado comenzaba a volverse borrosa incluso para un niño que aprendía a cómo lidiar vivir en una familia tan estructural como lo era la suya.

―Eres un Bakugo, Katsuki y todo Bakugo hace lo necesario para defender los intereses de la familia. ―La fuerte y resonante voz de su abuela acudió a su memoria al recordar sus días en solitario cuando su padre y su madre no se encontraban con él por tener que trabajar para About Life Coffee―. Nunca lo olvides, porque el día de mañana también tendrás que hacer sacrificios.

Su abuela había hecho "lo necesario" para mantener la empresa de su familia en la cima y había absorbido la vida de su propio hijo en el proceso. La vida de su hijo, de su nuera y también la de su nieto.

Pero Bakugo Katsuki no dejaría con vida algo que le arrebató tanto a tantas personas porque los Bakugo no fueron los únicos perjudicados por las acciones de Shoen y su nieto se encargó de exponer todo lo que su abuela había cometido hace más cuarenta años atrás.

Los números y documentos no mentían, todos los documentos que comprometían a su abuela estaban siendo expuestos en una rueda de prensa que involucraba a los socios comerciales de About Life Coffe y tras las palabras del actual presidente de la compañía, los grabadores, micrófonos y cámaras no dejaban de apuntar hacia el hombre que destruyó al monstruo comercial de café en sólo unos minutos.

El rostro de Bakugo Katsuki recorrió las redes sociales, foros y encabezados de noticias junto a toda la historia detrás de la fraudulenta figura que Bakugo Shoen había tratado de ocultar todos esos años. Su muerte no sólo trajo la sucesión de la presidenta a su único nieto, sino que también trajo la destrucción del gran legado de los Bakugo en el mercado cafetero.

Y no sabían cómo catalogar la figura de Katsuki en esos momentos: un héroe cansado del engaño de su familia hacia la sociedad o un oportunista que buscaba la manera de salvar su pellejo.

Sí, la descripción que elegían para hablar del Presidente de ALC era cuantiosa y creativa; hubo medios que lo apoyaron desde el inicio, que resaltaron la valentía de exponer un caso tan antiguo y más aún, el desenlace del mismo que acabó dotando de indemnización a, no sólo sus empleados que acabaron siendo despedidos con la caída de su empresa, sino de todos los nombres de los afectados por la estaba de hace más de cuarenta años atrás.

Pero también hubo quienes se alzaron con dedos acusatorios hacia la figura del último de los Bakugo, llamándolo desde déspota, insensible, egoísta hasta "un acomodado ricachón cansado de estar en un sitio como el suyo y que, a pesar de todo, no tiene miedo a perder nada".

Los videos sobre la rueda de prensa de Katsuki fue tendencia no sólo en sitios como youtube, también en twitter y el hashtag #BakugoIsOverParty fue lo más comentado junto a la caída de la farsa con la que la familia Bakugo había crecido económicamente.

Habían transcurrido una semana de la ceremonia fúnebre de Uraraka Kiyoshi y tras acomodar los asuntos personales tanto de Ochako como los propios con respecto a su proyecto personal del restaurante en la Gran Casa Bakugo, llamó a una rueda de prensa y a sus socios comerciales para hacer que la caída del Imperio Bakugo sea oficial. Tener una historia tan contundente como lo era aquella no podía ser desperdiciada y muchos medios estuvieron presentes y a la par, se buscaba con ahínco el nombre de las familias afectadas por los Bakugo.

Katsuki sabía las repercusiones que habría cuando la bomba estallara y que no sólo lo afectaría directamente a él, por ese motivo, unos días antes, tuvo una reunión privada con todos los nietos o hijos de las personas afectadas por Bakugo Shoen, les puso al corriente de la situación de su propia empresa y de lo que él estaba decidido a hacer para desenmascarar el fraude de su abuela.

―Una vez que lances esta bomba de información, Bakugo-san ―habló una joven muchacha de quizá su misma edad, poseía unos brillantes ojos celestes y el cabello en un tono un poco más oscuro―, no serás el único a quien la prensa querrá hostigar con preguntas y exponerlo de maneras incómodas.

Katsuki observó a las doce personas sentadas en la mesa cuadrangular que contaba la oficina de reuniones de su empresa. Todoroki Shoto y Torino Sorahiko fueron quienes se encargaron de contactar con cada uno de los parientes de las familias afectadas y Katsuki los llamó a cada uno para citarlos a una reunión; muchos se reusaron a volver a tener algo que ver con un Bakugo, otros no estaban del todo convencidos en acudir al citatorio pero los demás, dieron su respuesta afirmativa en encontrarse con él ese día.

Y más de uno expresó su disconformidad con los hechos cometidos por su abuela, algunos utilizaron palabras menos elegantes y Katsuki no se molestó en fingir que no se lo merecía.

―¿Cómo es tu nombre? ―Preguntó Katsuki a la joven de cabellos celestes.

―Hado Nejire ―contestó la mujer.

―Hado, sus nombres no serán expuestos de ninguna manera cuando los documentos sean expuestos. Mi equipo y yo nos encargamos de censurar toda su identidad para evitar que la prensa vaya a por ustedes.

Sus palabras parecieron tranquilizar a muchos de los presentes por lo que la reunión continuó con el curso esperado. Ese día, él se encargó de acercar el dinero correspondiente por daños y perjuicios causados a sus familias, incluso fueron enviados a quienes decidieron no participar de la reunión pero Katsuki estaba consciente de que era momento de saldar cuentas pasadas.

Y frente a toda la jauría de periodistas, ex socios comerciales, medios de comunicación, sabía que estaba haciendo las cosas como debieron hacerse desde hace años pero entonces, la pregunta que acabó por hacerle flaquear, llegó.

Uno de los hombres que encabezaba a los periodistas, levantó su mano cuando el momento de las preguntas había iniciado. Todoroki le dio la palabra al sujeto y éste habló.

―¿Cómo dio con semejante fuente de información? ―Muchos comenzaron a asentir a esa pregunta volteando a mirar de vuelta al presidente de la compañía―. Tengo entendido que ni su padre estaba al tanto de esta irregularidad con el negocio que llevó hasta su deceso.

Katsuki contuvo el aliento un momento porque sabía que esa pregunta no tardaría en ser dirigida a él para trastabillar su seguridad. Esperaban saber la fuente de aquella información, no podía hablar de Chisaki Kai, mucho menos en esos momentos que el hombre se debatía entre la vida y la muerte, no necesitaban que hablen de más y lo tilden que él provocó el accidente del hombre sólo para acallarlo.

En la sala de usos múltiples se llevaba a cabo la conferencia y en la mesa en donde se encontraba sentado, se ubicaba también Todoroki Shoto, Torino Sorahiko y Bakugo Mitsuki. El mayor entre las cuatro figuras se puso de pie para sorpresa de todos.

―Mi nombre es Torino Sorahiko y fui asesor contable de la difunta Shoen. He colaborado con ella con sus transacciones ilícitas y siempre me he arrepentido de ello ―habló el hombre, todos centraron su atención en él―. Me acerqué a Katsuki para hablarle del asunto y puse la corriente de todo lo que su abuela había cometido en vida en un intento por expiar mis propios pecados.

Katsuki apretó el bolígrafo entre sus manos al escuchar la mentira de Torino pero sabía que lo había hecho para salvarlo de aquel momento. Volteó a mirarlo y el hombre mayor sólo le dedicó un asentimiento para volver a sentarse.

―¿No tiene miedo de la demanda que podrían presentar sus ex socios comerciales por acabar con la empresa con la que trabajaban? ―Preguntó otro hombre de otro periódico.

La siguiente en levantarse a hablar fue Mitsuki que, en un principio, mostró el descontento causado ante la decisión tomada por su hijo para deshacerse de la empresa por la que trabajó tantos años.

―Críe a mi hijo para ser mejor que su padre y mejor que yo, tiene una lealtad a sus valores y eso fue lo que lo motivó a desmantelar el fraude que Shoen cometió años atrás ―habló con fuerza y mirando a cada uno de los presentes―. Y si alguno de sus ex socios cree que tiene el derecho de presentar una demanda por haber hecho lo correcto, que lo haga pero sería bueno replantearse la ubicación de sus propios valores.

La sala guardó silencio después de esas palabras que consiguieron incluso sorprender a Katsuki. Su madre volvió a sentarse y la conferencia no duró mucho más que eso. Para cuando Katsuki regresó a la Gran Casa Bakugo, era tendencia nacional e internacional por el acto de haber expuesto el fraude familiar y disolver la empresa que se fortaleció con estafas y mentiras.


―¡No puedes hacer esto! ―La voz de Ochako sonó con fuerza después de mucho tiempo. La mirada alterada de la castaña observaba a su madre como si fuese la primera vez que lo hacía, como si no la reconociera y después de escuchar sus palabras, sentía que en verdad no lo hacía.

Chieko miró con pena a su hija. Estaban en el comedor de la casa de los Uraraka en compañía de los Bakugo después de la ceremonia fúnebre en memoria de Uraraka Kiyoshi y luego de despedir a todos los invitados, Ochako, su madre, Katsuki y Mitsuki se encontraron terminando de acomodar toda la casa a su orden natural.

Después de casi un mes sin habitar esa casa, podía notarse cuánta falta hizo tener personas que acondicionen las habitaciones, por más de que la tienda familiar continuó su oficio, la morada en sí de los Uraraka quedó reducida a polvo y soledad.

Fue aquel detalle lo que provocó que Chieko tomara la decisión de poner en venta la tienda familiar junto a la casa en la que vivían antes de que Kiyoshi decayera y tuviera que mudarse a Tokio para atenderlo. Ella sabía que una vez que su esposo ya no estuviese junto a ella, regresar a su casa en Nagoya sería algo difícil y mantener a flote el negocio familiar tampoco era algo que pudiese hacerlo sin sentir que su alma se rompía en pedazos.

Chieko lo había hablado con Kiyoshi cuando aún pudo y él estuvo de acuerdo en venderlo todo para que ella pudiese vivir cómodamente y lejos de los recuerdos que le adolecerían cuando él ya no estuviese; pero esa decisión, nunca se le fue comunicada a Ochako, no hasta que la ceremonia fúnebre terminó y la conversación sobre "¿qué harás ahora?" se le fue dirigida.

Pero tal respuesta, consiguió que Ochako reaccionara como si lo que estuviese escuchando fuese algún tipo de incoherencia, como si escuchar que la casa en donde todos sus recuerdos de niña y adolescente junto a la tienda que su padre levantó con ayuda de su madre dejaría de existir, le inyectara un poco de vida en su cuerpo.

―No lo harás… ―Dijo Ochako de pie ante su madre, sus manos cerrados en puños temblaban por la frustración―. No puedes venderlo… ¡Esto es de papá! ¡No puedes!

―También es mío, Ochako ―Añadió Chieko frunciendo su ceño―. Tu padre ya no está y yo no puedo mantenerlo sola. No lo venderé de inmediato, pero es bueno saber qué haré con la casa…

―Papá acaba de morir y ¿lo único que te importa es qué pasará del negocio? ¡No puedes vender lo único que nos une a él! ―La voz de Ochako estaba elevándose cada vez y por más de que Katsuki tomó su mano para calmarla, ella se zafó de su agarre para mirar a su madre.

―No me hagas quedar como si fuese que no me importa… ―La voz de Chieko comenzó a romperse pero Ochako seguía sin poder entrar en sí―. Tú te irás a Tokio cuando terminemos con la ceremonia y yo me quedaré aquí… No puedo pensar en vivir en un lugar donde tu padre ya no esté, Ochako…

―Pero… Pero…

―Ochako, ―la joven sintió la mano de su novio tomando la suya e hizo que lo mirase―, vayamos a dar una vuelta.

―¡No! ―Ochako se alejó de Katsuki―. Te compraré la casa y el negocio… Si el problema es el dinero, yo…

―¡Ochako! ―La voz de su madre resonó con fuerza, era la primera vez que levantaba su voz y más aún contra ella. La castaña quedó en silencio ante su madre―. No seas egoísta. No puedes pretender que todo siga como antes cuando sabes que lo único que podemos hacer es seguir adelante.

Pero Ochako aún no estaba lista para ello. Dejó la casa un momento después, corrió lejos de todos, corrió hasta que el aire hizo falta en sus pulmones y acabó tropezándose a los pies de un antiguo templo. Su llanto salió de ella, lloró como nunca, lloró incluso más que cuando su padre cerró los ojos frente a ella, lloró más que cuando las cenizas de Kiyoshi le fueron entregadas y lloró más que todo el tiempo previo a su muerte.

Habían pasado dos días desde entonces. Había regresado a Tokio junto a Katsuki y Mitsuki y ese día, se había reintegrado a su lugar de trabajo.

Ochako se limpió la mejilla recordando los sucesos vividos con su madre unos días antes, los sonidos de pasos ingresando al área de descanso la alertaron. Levantó la mirada hacia el recién llegado y una pequeña sonrisa desfiló en sus labios al reconocer a Kota.

―Izumi-san ―habló Ochako.

―Supe lo de su padre, Uraraka-san ―respondió el más joven, Ochako ya no pudo sostener su sonrisa y el chico lo reconoció―. Sé cómo se siente. Perdí a mis padres cuando tenía trece años, aún los recuerdo y aún duele.

Ella guardó silencio un buen momento, observando a su pupilo. El chico bajó la mirada a sus pies.

―Sé que no hay consuelo para lo que siente, sólo vine a decirle que… Lamento que haya pasado por eso. No quiero sonar irrespetuoso, pero si necesita hablar, puedo escucharla.

Ochako sonrió al más joven, se puso de pie y caminó hacia él para apoyar su mano en el hombro del azabache. Los grandes ojos de Kota fueron a los de su superior.

―Gracias por tus palabras, Izumi-san. ―Kota sonrió a Ochako entonces.

Ella se alejó de él para dirigirse a la salida pero antes de marcharse, Kota volvió a hablar.

―Su novio ―dijo, ella se detuvo volviéndose a verlo―, lamento también haberlo juzgado mal. Es un buen hombre, Uraraka-san.

Ochako parpadeó un par de veces y leer esa confusión, provocó que las mejillas en Kota se encendieran.

―¡Me refiero a su conferencia! ―Se apresuró en aclarar―. Lo están trasmitiendo en vivo ahora mismo.

―¡Oh, es verdad! ―Dijo Ochako apresurándose en dejar la sala de descanso para ir a la tienda nuevamente en donde los televisores instalados enseñaban lo que Kota le había dicho recientemente―. Katsuki… ―Susurró al ver la imagen de su novio en la pantalla con el zócalo informativo rezando la frase "LA CAÍDA DE UN IMPERIO: Nieto de multimillonaria compañía cafetera revela antiguos fraudes".

Ochako apretó con fuerza la tela de su uniforme al leer el enunciado de la televisión. Ese día, Katsuki debía enfrentar a sus ex socios, a los medios y toda la responsabilidad por lo que Shoen cometió años atrás.

―Y pensar que una empresa así estuvo al poder por tantos años.

―Es una vergüenza.

―Qué descaro, enseñar todo eso sin pudor.

Los comentarios fueron escuchándose a su alrededor y Ochako no pudo contenerse en mirarlos al rostro y ver cómo muchas personas juzgaban los actos de Katsuki sin comprender el porqué de sus acciones aunque no había mucho por entender si todo estaba siendo explicado en esos momentos. Una furia ingresó a su cuerpo, no podía creer que comentaran esas cosas. Katsuki podía ser muchas cosas, podía ser autoritario y gruñón, grosero y poco comprensible muchas veces pero jamás sería una mala persona.

Unas ganas de cerrarles la boca la hicieron fruncir el ceño con fuerza pero antes de poder siquiera en pensar en sus palabras para ser dirigidas a los irrespetuosos, la mano de su jefa, Sosaki Shino tocó su hombro llamando a su atención. La castaña dirigió su mirada a la de Shino y halló una negativa en sus ojos. Sabía que no era momento ni lugar de decir nada impropio a sus clientes, Ochako se encogió de hombros entonces.

―Ellos no comprenderán cuán honrado es Bakugo-san aunque se los digas ―ofreció la mujer de rojizo cabello―. Vamos, no les prestes atención. Es tu última semana trabajando aquí, hazlo memorable, Uraraka.

Ochako tomó aire para tranquilizarse y asintió a su jefa, ubicándose en su puesto para continuar atendiendo a la clientela que iba llegando. Había transcurrido una semana desde que el velorio de su padre se había llevado a cabo y ella tenía un contrato con la pastelería en donde trabajaba para finalizar su acuerdo laboral el 24 de diciembre, siendo la fecha más cargada del mes.

Aún faltaba cuatro días más pero Ochako estaba consciente que el trabajo posterior a la muerte de su padre le venía bien para no pensar (demasiado) en su ausencia y en todo lo sufrido durante el mes de su internación. Tenía la suerte de contar con una jefa y un equipo de trabajo sumamente comprensibles que no objetaron su ausencia al tratarse de una situación tan complicada como lo fue el estar al lado de su padre hasta su deceso.

Y allí estaba, trabajando y sonriendo a los clientes que llegaban, intentando no pensar en el dolor que aún se acomodaba en su pecho.


Bakugo estaba cansado de recibir todo tipo de notificaciones en su teléfono y ver que su nombre estaba en el encabezado de tantas revistas y enunciados de periódicos, su rostro se había vuelto tendencia en horas y su teléfono no dejaba de vibrar alertando la llegada de llamadas y mensajes. Sí, recordó cómo fue cuando su fotografía con Ochako salió a luz y ella tuvo que lidiar con la peor parte del acoso.

En ese momento, él estaba siendo exhibido con una dualidad de emociones en donde era visto como un héroe o un vil villano. Él no esperaba ser lo uno o lo otro, sólo quería dejar de cargar con el peso de un imperio que no le correspondía, que no debía.

Él sólo quería hacer bien las cosas.

Abrió la botella de whisky que confiscó de su oficina cuando la dejó después de empacar sus cosas de ella y marcharse al departamento de Ochako en donde vivía actualmente. Toda su casa fue reacondicionada como restaurante así que tanto él como su madre dejaron de vivir en ella; Mitsuki fue al conjunto habitacional Meraki y él comenzó a vivir nuevamente junto a Ochako.

Ya iba por la quinta raya de whisky cuando su novia llegó al departamento y lo encontró recostado en el sofá viendo un programa de chismes que ni siquiera le interesaba, sólo deseaba sentir que no estaba bebiendo solo. Ochako cerró la puerta y lo observó con una pequeña sonrisa para acercarse a él después.

―Llegué a casa ―dijo ella acercándose a él con los pies descalzos y su cartera arrastrándose contra el suelo.

Katsuki le dedicó una pequeña sonrisa para responder.

―Bienvenida ―dijo mirándola con todo el alcohol que traía encima y ella lo notó por lo que fue a él para besarlo con ganas, sentándose sobre él a horcajadas de sus caderas―. Tus besos hacen que éste día no sea tan maldito.

―Te vi en televisión ―habló la castaña mirándolo con cariño sin dejar de acariciar su rostro―. Y creo que eres la persona más valiente que he conocido. ―Katsuki dejó de sonreír al escuchar sus palabras, su mano libre fue a la cintura de Ochako y acarició su piel―. Y cada día soy consciente de lo feliz que soy a tu lado.

―Cállate ―respondió con una sonrisa que la hizo reír, abrazándolo después―. Estoy cansado de todo lo relacionado a ALC… Creo que Chisaki me hizo un favor en amenazarme de ese modo. Yo… Al fin soy libre pero sé que las cosas no mejorarán ―dijo el hombre mirándola, Ochako sintió la tristeza en los ojos de su novio―. La familia Bakugo está en bancarrota. Tengo lo suficiente para pagar los servicios de la constructora Aizawa-Shinso pero no sé cómo haré para sacar a flote el restaurante.

Ochako tomó su rostro entre sus manos y besó sus labios lenta y profundamente, relajando un poco más a su novio. Katsuki dejó el vaso de whisky a medio terminar sobre la mesa ratona frente a él y con ambas manos, abrazó el cuerpo de su novia.

―Me tienes a mí, Katsuki ―habló Ochako lentamente―. No estás solo, vamos a conseguir sacar a flote nuestro proyecto. Sabes que a partir de ahora y hasta que me lo permitas, estaré a tu lado.

Bakugo comenzó a negar para volver a besar los labios de Uraraka y de esa manera, hacerla recostar en el sofá que los resguardaba, colocándose sobre ella.

―Quiero estar contigo hasta que ya no pueda más, Ochako ―susurró contra sus labios cuando la besaba.

―Eres todo lo que necesito en estos momentos, Bakugo Katsuki ―respondió.

Ochako introdujo sus manos bajo la camisa de Katsuki y el tacto cálido de su novia provocó que sus vellos se erizaran al instante. Él la detuvo entonces.

―¿Estás segura de esto? ―Preguntó y ella volvió a besarlo en respuesta.

―Necesito tenerte como antes ―dijo despacio―. Ayúdame a no pensar en nada más que en ti.

―Ochako, pero…

―Te deseo, Katsuki ―habló la mujer―. Y sólo sé que quiero que me hagas el amor hasta que todo deje de doler… Aunque sea por un momento.

Bakugo sonrió a la mujer acercando sus labios a su cuello níveo, lo besó y mordió despacio, sintió como su cuerpo iba cediendo a su tacto y el modo en el que la respiración de Ochako iba volviéndose irregular a medida que él bajaba sus labios por su escote y con sus dedos, desprendían los botones de su camisa, dejando libre su trayecto hasta el brassier de la mujer.

Fue bajando un camino de besos hasta la naciente de sus pechos cuando unos hipidos lo hicieron levantar su rostro a la de su novia, hallando cómo su rostro estaba empapado en lágrimas.

―Ochako… ―Katsuki se alejó de ella para mirarla mejor.

―Continúa… No me hagas caso… ―Susurró pero Katsuki se sentó sobre su regazo y la atrajo hacia él, acunando su rostro contra su pecho, abrazándola dulcemente―. Katsuki, por favor… Continúa…

―No lo haré ―respondió el hombre despacio―. No dejaré que ocultes tu luto de ésta forma. Llora todo lo que necesites, cara de ángel, créeme… Una herida como la que tienes ahora mismo necesita sanarse en forma.

Ochako estrujó la prenda de su novio mientras sus lágrimas seguían empapando su rostro, Katsuki se acomodó mejor sobre el sofá y la hizo sentarse sobre sus piernas, acunándola como una niña entre brazos. No era momento para otra intimidad que no fuesen los abrazos fuertes y las palabras dulces, el abrir el pecho adolecido por la muerte de un padre y el silencio compañero que recibía por parte de su novio.

―Te vi en televisión ―susurró Ochako tras un largo rato, cuando calmó sus ganas de llorar y sólo se concentró en sentir la calidez del cuerpo que la abrazaba de ese modo―. Muchas personas comenzaron a opinar sobre ti y… Tuve ganas de gritarles a todos que se callaran.

Katsuki sonrió besando la frente de Ochako con cariño.

―Odio que la gente hable sin pensar… Como si te conociera ―añadió la mujer.

―Estoy acostumbrado a recibir comentarios similares ―susurró el hombre perdiéndose en su memoria―. No hice nada para cambiar la opinión que la gente tiene sobre mí, no me interesa.

―Eso es algo que amo de ti, Katsuki ―respondió Ochako acomodándose un cabello castaño tras la oreja, permitiéndose observar los rubíes ojos del hombre―. No te importa lo que los demás piensen sobre ti.

Katsuki guardó un momento de silencio sin dejar de apreciar el sonrojado rostro de la mujer sentada sobre él.

―De hecho, lo que tú pienses sobre mí… Es lo único que me importa ―habló y Ochako no disimuló la sorpresa que sus palabras causaron en ella. Y él tampoco disimuló el sonrojo en sus mejillas, porque sin importar el tiempo que llevaban intimando y conociendo el cuerpo del otro, él aún aprendía a abrirse por completo a Ochako―. Eres de las únicas personas por las que deseo ser alguien mejor. Ser más… Más como mi padre…

―Katsuki… ―Ochako comenzó a negar para abrazarse a su cuello, ocultando su rostro en él―. Me enamoré de ti… Mucho antes de que lleguemos a ser algo… Porque me gustaba tú forma de ser, siempre tan decidido y fuerte… No necesitas compararte con nadie. Tú eres perfecto así.

Katsuki la abrazó con un poco más de fuerza, hundiéndose en sus palabras y guardándolas en su interior con el mismo ahinco que guardaba el escarapelo en donde descansaba su fotografía. La memoria de Katsuki fue trayendo recuerdos pasados, recuerdos iniciales con la mujer que tenía sentada en sus piernas.

Desde el día cero, desde que la conoció desnuda en el baño cual ingresó con violencia, desde ese momento algo en él había cambiado sin percatarse siquiera, porque desde ese momento, él no había dejado de pensar en la mujer que terminó convirtiéndose en la persona más importante en su vida.

―Ochako ―susurró llamando la atención de su novia, ella se recompuso para mirarlo a los ojos―. Quiero estar siempre a tu lado.

―¿A qué viene eso? ―Preguntó sonrojada por las lágrimas derramadas y por las palabras de su novio.

Katsuki comprendió cuán extrañas sonaban sus palabras y su sonrojo afloró entonces.

―Nada… ―Mintió―. Como sea, el viernes será la entrega del restaurante. Mañana iré a ver las terminaciones del mismo. ¿Vendrías conmigo?

―Puedo ir en mi horario libre ―respondió y Katsuki asintió.

Él sonrió para volver abrazarla contra su pecho, sumergiéndose en la intimidad que sus almas generaban cuando estaban abrazados de ese modo, pensando en que todo era mejor con el otro cerca.