DISCLAIMER: los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.

ADVERTENCIAS: lo mismo de siempre.

Esto puede contener faltas de ortografía pq no tengo una beta :'(


Tuvieron que dejar el auto abandonado en alguna parte del bosque, aunque se alejaron lo más posible de la casa de Zackly.

El camino fue hecho en absoluto silencio, solamente interrumpido por los ruidos de las piedras golpeando el auto y las ramas deslizándose por las ventanas. Cuando pasó media hora, Levi habló por primera vez desde que se fueron.

—Hay que caminar ahora y alejarnos del auto —le dijo, su voz seria y helada.

Eren asintió con la cabeza, tomando aire mientras trataba de aguantar el dolor en su tobillo. No quería mirarlo o tocarlo, pero estaba seguro de que debía estar hinchado por el esguince. Maldito fuera Zackly, podía podrirse en el infierno si fuera por él.

Levi terminó apagando el auto y Eren abrió la puerta. Estuvo tentado de protestar cuando el mayor le mostró la espalda, en clara señal de que le iba a llevar allí. Sin embargo, decidió callar porque sabía que era lo mejor. El pie de Eren dolía demasiado, y se percató entonces que era el mismo pie que sufrió daños la noche en que el teatro explotó. Algún día, iba a terminar cortándoselo.

—¿Dónde estamos? —susurró Eren, en medio del bosque, en completa oscuridad. Lo único que iluminaba el lugar era la luna enorme en el cielo, pero aparte de eso, no llevaron ni siquiera una linterna.

A pesar de que lograron su objetivo, Eren sentía una desoladora sensación de derrota por como habían acabado las cosas. El llanto histérico de Pamela resonaba en su cabeza una y otra vez, antes de que el disparo se hiciera oír. No lamentaba la muerte de Zackly, sólo la de la omega, que nunca tuvo la oportunidad para vivir una vida con dignidad.

—En algún lugar —respondió Levi, caminando y dejando atrás el auto—. ¿Hacia dónde quedaba el túnel?

Eren lo pensó un momento. El túnel quedaba hacia el sureste de Mitras, en dirección al mar, y Levi condujo hacia el suroeste.

Pareciendo leer sus pensamientos, el alfa afianzó su agarre y siguió caminando. No sabían cuántos kilómetros existían desde donde estaban hacia el túnel, pero era mejor ponerse a caminar cuanto antes.

—¿Qué hora será? —preguntó Eren, minutos después.

—Probablemente antes de medianoche —contestó el alfa, luego de pensarlo un momento—. Nos queda una larga caminata todavía.

—Lo siento —suspiró el de cabello café—, esto fue un desastre.

—Oh, claro que sí —bufó Levi—, como sólo podía resultar con tu compañía. Eres un imán de desastres.

Eren soltó una risa agotada, demasiado cansado como para protestar o incluso quejarse por el insulto recibido. Al menos, el aroma de Levi estaba logrando calmarlo un poco, tan relajante para él. Recordaba que, en el colegio, siempre decían que todos los aromas alfas eran parecidos, pero ahora, al olisquearlo, Eren sentía que no era así. El alfa, su alfa, olía de una manera diferente, como a... Levi olía a té, a lluvia, a hogar.

Un aroma perfecto.

—Levi —le murmuró, llamando su atención. El mayor no contestó y Eren lo tomó como una señal para seguir hablando—, ¿a qué huelo yo?

Casi podía ver la expresión del alfa frente a él: la ceja enarcada, los ojos grises entrecerrados, sus labios en un mohín de desconcierto por la pregunta. Así como siempre decían que los alfas olían igual, ocurría lo mismo con los omegas. Todos olían igual, insistían sus profesores.

No había ninguna variante, porque todos eran iguales. Todos servían para lo mismo. La sociedad en la que vivían era uniforme, y esa uniformidad justificaba que no hubiera cambios. ¿Para qué alterarían las cosas, si todos allí tenían un lugar ya pre-escrito, un aroma que se podía encontrar en cualquier parte? Nadie era particular, singular, nadie se salía de las normas impuestas.

—A bebé —respondió Levi. Eren sonrió—. A mamá. Pero antes de Mikel, cuando nos conocimos... Tu aroma era dulce. Muy dulce. Dulce como... como un durazno.

—Oh —esas palabras le hicieron reírse en voz baja—, que romántico.

—¿Romántico? Claro que no, odio los duraznos —bufó Levi.

Ahora si no pudo contenerse y le dio un golpe en el hombro. El alfa resopló, aunque Eren podía sentir la sonrisa en el rostro del mayor.

Se detuvieron a descansar una hora después. Eren se sentó en una roca, su tobillo palpitando por el dolor, y observó a Levi estirándose por el rabillo de su ojo. Podía sentir su estómago removiéndose por el hambre y la sed, pero decidió no decir nada, porque no era momento para eso. Ahora, sólo necesitaba un ibuprofeno para aguantar el dolor y acostarse junto a un dormido Mikel. Su bebé siempre tenía una capacidad enorme para calmarlo.

—Déjame revisar tu tobillo —dijo Levi, arrodillándose delante de él.

—Um, ¿me vas a proponer matrimonio? —bromeó Eren, entregándole el pie izquierdo con un mohín de dolor—. ¿Y si me lo quebré?

—Probablemente estarías desmayado por el dolor —replicó Levi, comenzando a desabrocharle la zapatilla—. Pensé muchas veces cómo pedirte matrimonio, siéndote sincero.

Eren no pudo contestar a eso porque el alfa comenzó a quitarle la zapatilla y, santa mierda, eso estaba doliendo un culo. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando el latigazo de dolor recorrió su pie y pierna, mordiendo su labio inferior para no pegar un grito. No podían llamar la atención de nadie, considerando que la policía debía estar buscándolos.

Luego, vino quitarle el calcetín y volvió a doler como antes. Ahora se metió el costado de la mano a la boca, mordiéndolo para no chillar.

—Sí, tienes un esguince y está hinchado —suspiró Levi—. Voy a mover tu pie, así que dolerá.

—Dios, te odio tanto —lloriqueó Eren, sorbiendo por su nariz.

Tuvo que volver a morder para no gritar cuando el alfa le movió el pie lentamente, haciendo círculos. La zona del tobillo estaba hinchada.

Después de unos minutos, Levi volvió a ponerle el calcetín junto con la zapatilla, aunque más suelta para que no apretara esa zona y le siguiera provocando dolor. Aprovechó de revisar también la mordida, notando que le enterró los dientes y le sacó sangre, pero no arrancó carne. Ya no sangraba más, afortunadamente.

Eren volvió a subir a la espalda del alfa, gimoteando como un cachorrillo.

—Eres peor que Mikel —declaró Levi una vez volvió a caminar.

—Cállate —el omega quería golpearlo, hasta que recordó algo—. Nunca me pediste matrimonio.

El mayor no respondió enseguida y Eren supo que estaba tocando un terreno inestable. Sin embargo, no podía evitarlo, porque aún había muchas cosas que hablar y, luego del desastre que fue todo, parecía ser una buena opción. Especialmente al recordar el beso que Levi le dio en medio de toda la locura.

—Por supuesto que no —respondió Levi finalmente—, ¿cómo lo haría? Sería un descaro total luego de lo que te hice —otra pausa larga, en la que el menor no dijo algo—. Lo lamento mucho, Eren. Lo que hice esa noche, no hay día en el que no me arrepienta. Fui un bastardo.

Silencio le prosiguió a sus palabras, sólo escuchándose los pasos del alfa al pisar una rama, la respiración acompasada de Eren, los ruidos nocturnos del bosque. El sólo recuerdo de lo que ocurrió esa noche le provocó otro tipo de dolor al muchacho, no uno físico, sino emocional.

A unos metros resonó el ulular de un búho.

—¿Realmente te arrepientes? —sollozó, su voz quebrada.

—Claro que sí —habló Levi, y Eren no pudo leer la mentira allí, ni la falsedad—, si pudiera retroceder el tiempo y jamás haberlo hecho, lo haría sin dudarlo.

—¿Aunque eso signifique que Mikel no haya nacido?

—Aunque eso signifique que Mikel no haya nacido —repitió Levi, seguro—. Amo mucho a nuestro hijo, Eren, pero eso no borra nada de lo que hice.

Eren sentía que podía volver a romper a llorar con esas palabras, pero no sabía exactamente por qué. ¿No debía considerar que era horrible eso, pensar que Mikel no haya nacido? ¿O era acaso alivio, porque Levi no lo estaba justificando? Qué horrible habría sido que se justificara a sí mismo, diciendo que Mikel estaba con ellos y eso era una bendición.

—Te lo prometí —dijo Eren, su voz temblando.

—¿Qué cosa, mocoso de mierda?

—Una oportunidad más. A nosotros. A lo que tuvimos —su tono era apenas un suspiro, un gorjeo en medio de la oscura noche—. Puede que esto no funcione. Puede que, al final, funcionemos mejor separados, pero...

—Pero intentarlo no nos hará más daño —terminó de decir Levi—. No más del que nos hemos hecho. ¿Estás seguro, Eren?

El menor sonrió, con sus labios temblando y el alma pendiendo de un hilo, pero sólo respondió con una suave caricia en la mejilla de Levi.

Mientras, el alfa pudo sentir el cambio en las feromonas que provenían del cuello de Eren. Esa era la zona más sensible de todo omega, una zona muy íntima y que sólo era expuesta al alfa elegido. No mentía cuando dijo que, para él, el chico olía a duraznos. Sin embargo, ese aroma había desaparecido desde ese ataque que el omega sufrió, con feromonas agrias y que no resultaban para nada atractivas.

Sin embargo, los últimos días, ese aroma estuvo desapareciendo y los duraznos parecían regresar poco a poco. Levi no sabía a qué atribuirlo, pero no le importaba, no realmente.

—Nunca estuve más seguro en mi vida —se rió Eren.

Esa risa baja, un poco alegre e incrédula, como si no creyera lo que iban a hacer, le hizo sonreír también.


Armin escuchó la información que un beta le estaba susurrando, haciendo un mohín de ansiedad y nervios. Ya se lo esperaba, de todas formas, no era una sorpresa cuando ni Eren ni Levi llegaron al túnel, como habían quedado.

—Yo le diré a Nanaba —le dijo Armin, su voz calmada—, pero recuerda no conversarlo con nadie. Mientras menos se sepa, mejor para nosotros.

El beta, un chico llamado Carlo y que participaba en la improvisada estación de radio que crearon, asintió en silencio antes de retirarse. Armin suspiró, tratando de no poner alguna expresión que delatara sus emociones.

Caminó por las líneas del ferrocarril, observando a la gente ocupada en algunas cosas para distraerse. Algunas personas estaban empezando a preparar el almuerzo, mientras que otras limpiaban las armas que iban recolectando, también otro grupo estaban ventilando los vagones en los que dormían, colgando las mantas. De alguna forma, ya todos parecían haberse acostumbrado a ese estilo de vida.

Se dirigió hacia donde sabía que debía estar sus amigos, viéndolos a lo lejos. No necesitó buscarlos mucho, porque el llanto que Mikel soltaba era suficiente alarma. El pobre bebé despertó entre llantos ese día y todos sabían que se debía a que sus padres no estaban con él. Marco lo alimentó y las lágrimas se detuvieron en ese momento, pero una vez estuvo saciado, volvió a quejarse.

Ahora, Sasha lo tenía en brazos para calmarse. El bebé lloriqueaba, con su manito echa puño en su boca, y la chica le hablaba con suavidad.

—Dinos que Eren ya llegó —le susurró Connie, su expresión nerviosa.

—No —mordió su labio inferior—, Carlo ha venido a hablar conmigo y comunicarme que en todos los canales televisivos se habla de la muerte de Zackly y su esposa.

Connie se atragantó con su saliva, mientras que Marco, que peinaba el cabello de Lana, abrió sus ojos con sorpresa. Sasha parpadeó y Zeke suspiró, sin parecer un poco sorprendido por las palabras de Armin. La verdad, él tampoco estaba extrañado por lo ocurrido. En primer lugar, porque sabía que la misión fue arriesgada y, por qué no decirlo, loca. Pero también porque se trataba de Eren y Levi, y si sus recuerdos no eran malos, el omega siempre se quejó de Zackly y la forma en la que actuaba. Los tres, en un solo lugar, serían una fórmula perfecta para provocar un desastre enorme.

—¿Jean sigue en su puesto? —preguntó Armin, mirando a Marco.

—Sí, ha dicho que va a doblar turno para asegurarse que Eren y Levi entren antes de sellar esa salida —suspiró el omega—. El problema, realmente, es Nanaba. Ha estado haciendo preguntas sobre Eren y Levi, parece que ya no se cree eso de que tuvimos complicaciones y nos separamos.

Armin le dio la razón. Muy bien pudieron engañarla al inicio, pero mucho tiempo sosteniendo esa mentira era una pésima idea. Tarde o temprano, lo iba a descubrir, y Armin no sabía qué iba a ocurrir en ese caso.

—Rico también está preocupada —señaló Zeke.

—Claro, por el pendrive —bufó Sasha, antes de soltar un quejido cuando Mikel le tiró un mechón de pelo—. Oye, demonio...

—Dámelo —suspiró Zeke—, ahora me toca a mí cargarlo.

Armin observó al alfa recibiendo al bebé, que se removió con disgusto ante el aroma desconocido. Sin embargo, Zeke sólo sonrió a través de la barba, y dejó que el bebé le agarrara esos pelos, tirándoseosa.

—Realmente eres igualito a Levi —se rió el alfa, y Mikel pareció dejar sus quejas ante la mención de su padre—. Enanito y gruñón, la viva imagen de ese idiota.

Mikel le dio un manotazo.

A pesar de la situación en la que estaban, Armin no pudo evitar reírse por la diversión que le provocó ver eso.

—Por esto es por lo que odio a los cachorros —suspiró Zeke, pero siguió permitiendo que el bebé le tirara la barba, pareciendo más calmadito—. Espero que no quieras tener hijos, Armin.

El beta lo miró con una expresión de muerte, aunque sabía que no salió como esperaba, porque sus mejillas se colorearon de rojo. Escuchó las risas de Sasha, pero se concentró en la expresión burlona del alfa. No sabía a qué estaba jugando el primo de Eren con esos comentarios, que solía soltar cada dos por tres con la intención de avergonzarlo. Pero, además, queriendo hacer lo que fuera que tenían más público.

No es que Armin se sintiera incómodo con esa relación, o que la idea de estar de noviecito con Zeke le generara rechazo, pero... ¿cómo decirlo...? No pensaba que era el momento para preocuparse por algo tan superficial como eso.

—No te preocupes —le replicó—, si tuviera un hijo, no querría que tú fueses su padre.

Zeke se rió con fuerza, mientras que Connie abucheaba y Marco rodaba los ojos. Armin, incluso, sonrió con un poco desconcierto, sin poder creer que estaban manteniendo una discusión de ese tipo, cuando su mejor amigo estaba afuera, arriesgando su vida por un pendrive.

Sin embargo, se sentía un poco bien el ser capaz de reírse aún a esas alturas. Saber que no había perdido esa reacción, a pesar del ambiente en el que vivían, le hizo sentir un poco aliviado.

—¿Deberíamos pensar en ir a buscar a Levi y Eren? —preguntó de pronto Marco.

Armin también lo estuvo considerando un poco, incluso Rico se lo mencionó entre susurros cuando fue a verla, más temprano, y le dijo que no tenían noticia de ellos dos. Pero era demasiado arriesgado, considerando que, si había un asesinato de por medio, entonces los debían estar buscando.

—No —respondió Zeke—, llamaríamos la atención de Nanaba, y es lo que menos queremos ahora.

La mujer los estuvo esperando cuando regresaron, aunque fuera pasada la media noche, y se percató enseguida de que ni Levi ni Eren estaban allí. Se vio molesta de forma inmediata, aludiendo a que no era posible que perdieran a un alfa del calibre de Levi, ni a una figura conocida como Eren. Ellos tuvieron que justificarlo con que sufrieron complicaciones y se vieron obligados a separarse, pero Nanaba estaba, en definitiva, enojada con ellos.

—Ellos van a llegar —dijo Armin, su voz segura—. Saben cuidarse. Regresarán juntos. Además, si los hubieran capturados, ya lo sabríamos.

—Sí, sería una fiesta para el Gobierno —bufó Sasha.

—Lo único que quiero es que regresen —suspiró Zeke, haciendo un mohín—. Creo que el mini-Levi se ha cagado encima.

Las risas no pudieron controlarse otra vez.


A Eren le sorprendía que Levi hubiera podido aguantar tanto.

Toda la noche el alfa lo estuvo cargando, deteniéndose por momentos a descansar. En un momento, Eren se quedó dormido, lo que después le hizo sentir culpable, pero Levi dijo que no importaba demasiado. Quiso solucionarlo diciendo que podrían descansar un par de horas para que el alfa durmiera, sin embargo, la respuesta fue un no rotundo.

—Es mejor que pongamos toda la distancia posible entre la policía y nosotros —le dijo Levi—, cuando estemos a salvo podré dormir.

Quiso ser capaz de replicarle, sin embargo, decidió que era mejor no discutir ante esa situación. Eren no quería sonar pesimista, pero no sabía si estaban cerca de la entrada o si lograría llegar allí. Ni siquiera sabían bien qué hora era, lo único que tenían claro era que ya amaneció y sus estómagos gruñían por el hambre.

—Debemos estar cerca —murmuró Levi, sin dejar de caminar—, ¿qué dices tú?

—Que mataré a Rico —gimoteó Eren—. Estoy dudando de la importancia de esta información, ¿qué puede ser tan relevante?

Levi soltó un bufido, aunque una parte de él le dio la razón al chico. El pendrive no pesaba nada, pero en ese momento, metido en su bolsillo, era como si llevara un ladrillo.

Sin embargo, Levi no se equivocó ni un poco: luego de otra larga hora caminando, Eren pudo reconocer el camino que tomaron la noche anterior, la abandonada ruta con las destruidas y oxidadas vías del tren que guiaban hacia el túnel. Eso pareció animar al alfa, que apuró el paso a pesar del cansancio que debía experimentar.

Aunque la alegría les duró poco, porque de forma repentina, Levi se echó hacia atrás y se agachó. Tratando de ser cuidadoso, dejó a Eren en el suelo, que soltó un gemido de dolor por el movimiento brusco. El alfa le cubrió la boca con su mano, haciéndole un gesto de que se quedara en silencio.

A los pocos segundos, escucharon el ruido de motores. Pronto, en el camino aparecieron tres motos que se abrían paso, las tres siendo conducidas por policías. Eren trató de controlar su pánico, porque si se descontrolaba, era muy probable que su aroma se intensificara. No podía dejar que sus feromonas lo delataran.

Pero las motos pasaron de largo, sin detenerse un poco. Cuando el ruido fue desapareciendo a lo lejos, Levi levantó la cabeza.

—¿Habrán descubierto esa entrada? —le susurró Levi.

—Espero que no —masculló Eren—. Si lo hicieron, estamos jodidos.

Levi no contestó, aunque le dio la razón en silencio al omega.

De todas formas, como no tenían otro lugar al que ir, decidieron seguir la ruta. Levi sugirió caminar metidos entre los árboles, porque si salían a las vías del tren, podían verlos desde el cielo o las motos podrían aparecer en cualquier momento. Eren sólo se subió a su espalda, dejando que Levi tomara las decisiones, porque a esas alturas confiaba plenamente en él.

Para fortuna de ambos, no se encontraron con nadie más en lo que quedaba del camino, quedándose quietos cuando llegaron a la entrada del túnel por el que salieron la noche anterior. Eren observó la vegetación de esa antigua edificación: estaba cubierta de maleza, oxidada y vieja, con algunos árboles creciendo casi en la entrada. No había ningún vehículo fuera y los autos grandes no podrían entrar con facilidad por las raíces de los enormes árboles, además que, muchos años atrás, le pusieron varias tablas para impedir la entrada. Esa madera estaba podrida y roída por termitas, por lo que un pequeño lado estaba destruido, el mismo lado por el que salieron, pero el resto se mantenía de pie.

—¿Nos arriesgamos? —preguntó Levi, llamando su atención—. ¿Y si esos alfas se metieron sin sus motos?

—No tenemos nada que perder —dijo Eren.

—Nada, sólo la vida —bufó el mayor, acomodándolo en su espalda.

Antes de ir hacia allá, escuchó si oía algún motor acercándose a lo lejos. Cuando se aseguró que nada estaba sonando, corrió hacia la entrada, entrando al túnel por la pequeña entrada de madera derrumbada, y siguió caminando hasta que la luz comenzó a desaparecer poco a poco.

—No hay nadie —susurró Eren.

Levi no podía percatarse de algún ruido peligroso, así que siguió caminando y buscó una de las linternas para buscar la entrada en el suelo. Estuvieron por lo menos diez minutos tratando de encontrarla, hasta que vieron la manilla oxidada en el suelo y la lata que cubría el lugar.

El alfa bajó a Eren de su espalda, que se sostuvo contra la pared. Levi se arrodilló en el suelo y tocó la lata con sus nudillos cinco veces. Esperó un momento y la tocó tres veces. Jean les dijo, antes de salir, que ese sería el código para saber que eran ellos.

No se movieron en un momento largo, en medio de la oscuridad y el silencio. Eren estaba a punto de decir algo, un poco histérico por la situación, hasta que escucharon un ruido de desbloqueo al otro lado. Acto seguido, la lata se levantó con un chirrido doloroso, y se asomó una conocida cabeza.

—¡Cara de caballo! —siseó Eren.

Jean lo miró con ojos estrechados, apuntando la linterna hacia ellos.

—Ya pensé que estarías enterrado bajo dos metros de la tierra —replicó Jean—. Tienen cara de mierda, pero bajen ahora ya. Luego me cuentan cómo fue su paseo.

—Sí, bueno, tenemos un pequeño problema —bufó Levi, apuntando a Eren—. El mocoso se ha lesionado un pie. Otra vez.

Jean puso una expresión de incredulidad y Eren sólo atinó a sonreír con inocencia, a pesar de que su pie seguía doliendo un montón.

—Deberías haberlo abandonado —suspiró Jean, subiendo por completo al túnel—. Si lo llevas en tu espalda, ¿podrás bajar con él?

—Terminaré con un lumbago por tu culpa —gruñó Levi, mirando a Eren.

—Odia a Zackly, él fue el culpable —replicó Eren.

—Y ahora se está pudriendo en el infierno —Levi caminó hacia el agujero, acomodando dos pies en el primer fierro de la escalera—. Vamos, ven.

Jean ayudó a Eren a acercarse, sosteniéndolo para que se acomodara bien en la espalda del alfa mayor. Se aferró a su cuello cuando Levi comenzó a bajar con lentitud y cuidado, porque ninguno quería, en definitiva, caer al suelo. Los segundos se hicieron agónicos a medida que el alfa seguía adelante, y Eren miró hacia arriba, cuando Jean comenzó a bajar también y cerró la entrada.

Cinco minutos después, Levi se apoyó en el suelo y lo dejó en el suelo. Eren presionó sus manos contra la pared para sostenerse, antes de que la linterna de Levi lo apuntara. Jean saltó los últimos dos escalones, sacando también su linterna.

—Saben por donde seguir —apuntó hacia el fondo del lugar, donde la oscuridad se volvía espesa y pesada—. Debo sellar esa entrada ahora, así que pueden seguir sin mí.

—No pensamos que estarías aquí —le dijo Eren de pronto, mientras volvía a acomodarse en la espalda de Levi.

—Nanaba está vuelta loca —murmuró Jean—, ella quería cerrar esto en la mañana, pero logramos atrasarlo. Si hubieran llegado un poco más tarde, probablemente ya estaría cerrada por completo.

—Gracias por esperarnos —masculló el chico. Jean se rió.

—Agradécele a Armin, que ha sido él quien insistió en esperarte.

Se despidieron de Jean y Levi se puso a caminar, con Eren sosteniendo la linterna para iluminarle el camino. El inicio fue realizado otra vez en silencio, con leves interrupciones del chico hablando para indicarle de alguna roca o algo así. Pronto, salieron ese largo pasillo lleno de bifurcaciones hasta dar con un nuevo túnel subterráneo.

—¿Sabes que le falta a todo esto? —preguntó el omega de forma repentina—. Zombies.

—¿Zombies? —Levi enarcó una ceja.

—Muertos vivientes. Como quieras llamarlo —Eren hizo un puchero—. Eso le añadiría emoción, ¿no crees?

—Debes estarme jodiendo —el tono del alfa sonaba sin un poco de gracia—. A estas alturas, ya estarías muerto.

—¿Qué dices? —Eren parpadeó, ofendido e indignado.

—La verdad —Levi lo acomodó otra vez—. Tienes una suerte de mierda, mocoso. Probablemente te perseguiría una horda de zombies y te tropezarías en medio de tu huida.

—Para eso te tengo a ti —el omega olisqueó el cuello del mayor, arrancándole un gruñido—. ¿Cómo dice el Manual DAS? "Un buen alfa es el sustento del hogar, el estandarte del omega, el..."

—El líder que toma todas las decisiones —completó Levi, y Eren se quedó en silencio, como si esas palabras fueran pesadas. El alfa tampoco dijo algo, siguió caminando a pesar de que podía sentir que el chico quería decirle unas palabras.

—¿Cuántas veces deseaste que yo fuera ese omega del Manual FOS? —le susurró el muchacho.

Levi no respondió enseguida, también se tomó su tiempo para buscar la mejor respuesta a esa pregunta. Lo único que se escuchaba en ese lugar era el ruido acompasado de sus respiraciones, las gotas de agua que caían del techo con lentitud y los pasos resonando en el vacío.

—En muchas ocasiones —admitió Levi—, pero también sabía que tú no eras así. Que jamás serías de esa forma, y lo acepté. Me enamoré de ti por como eres, no por lo que esperaba de ti.

Eren lo comprendió y no se sintió ofendido por las palabras de Levi, porque, a veces, deseó también algo así. Al inicio, en todos esos meses, deseó que Levi lo entendiera más, lo que él hacía, por lo que luchaba. Que fuera un alfa que lo veía como un igual, no como un objeto o su pertenencia.

—Gracias —le susurró Eren—, por entenderlo finalmente. Por estar aquí. Por... por sacarme de ese lugar, a pesar de lo nuestro.

—No —la voz de Levi se suavizó—. Gracias a ti por enseñarme a ser mejor.


Media hora después llegaron al campamento.

Sasha fue la primera en recibirlos, porque estaba de guardia en ese momento, y gritó debido a la felicidad que sentía. Hasta se ofreció a cargar a Eren, aunque los tres sabían que no iba a terminar bien.

De todas formas, fue en busca de Connie y Armin, que aparecieron pronto. Levi les gruñó que les dieron un espacio, llevándolo hacia el vagón que habilitaron como enfermería para que le revisaran el pie. Mientras la beta a cargo, una chica llamada Anka, le revisaba el pie, fue que llegó Zeke cargando a un lloroso bebé. Ya le había limpiado la herida que provocó la mordida de Zackly.

Apenas Mikel notó el aroma de Eren, rompió a llorar de forma desesperada, extendiendo sus manitos hacia el omega. Levi tuvo que sostener al chico para que no se pusiera de pie y saliera corriendo, notándolo ansioso por querer recibir a su bebé, y Zeke no dudó en tenderle al pequeño.

—Oh, Mikel... —suspiró Eren, comenzando a consolarlo y mecerlo. Las manitos del bebé se cerraron alrededor de la camisa del omega, lloriqueando—, ya pasó, cariño, papi ya está aquí para ti. ¿Cómo se portó? ¡Demonios! —Eren gritó cuando Anka le puso el gel frío contra la hinchazón, sobresaltándolo.

—Lo siento —se disculpó la beta—, pero es para bajarla un poco, Eren. Realmente tienes este pie muy dañado.

—Tal vez deberíamos cortarlo —caviló Levi, y Connie se atragantó con su saliva.

—¡¿Eso fue un chiste?! —exclamó Connie.

Levi bufó.

Mikel calmó sus sollozos poco a poco a medida que se envolvía en las feromonas de Eren, e incluso Levi pudo sentir su cuerpo relajarse poco a poco gracias a ese extraño aroma que el chico soltaba. No lo iba a admitir en voz alta, por supuesto, pero le gustaba mucho poder olisquear ese olor.

—No tenemos mucha medicina —le dijo Anka, llamando la atención—, sólo te puedo recomendar descanso, pero te daré también dicoflenaco para la inflamación estos primeros dos días.

—Lo soportaré —asumió Eren, acariciándole el cabello a Mikel—. Gracias, Anka.

—Para eso estamos —Anka le sonrió.

—Vamos, hay que llevarte al vagón —suspiró Levi—. Esto ha sido una...

—Una mierda —habló otra voz, una femenina—. ¿Por qué pareciera que me estoy enterando a última hora de todo?

Levi pudo sentir sus hombros tensarse al escuchar la voz de Nanaba, detrás de ellos. Notó la forma en la que Eren frunció los labios, en clara señal de disgusto, y trató de enviarle una ola de calma a través del enlace.

—Iba a ir ahora a avisarte de las buenas noticias —dijo Zeke como si nada, incluso sonriendo un poco.

—Tuve que haber sido la primera —replicó Nanaba—, si soy la primera al mando...

—Sí, pero no más que eso —replicó Eren, sin poder evitarlo—. Una de nuestras líderes, pero no un caudillo, Nanaba. No te excedas con tu rol.

Levi percibió la forma en la que las facciones de Nanaba se endurecieron un poco, en clara señal de disgusto e irritación. Un tenso silencio se instaló entre ellos, a pesar de que se podía escuchar de fondo las conversaciones y movimientos de personas lejanas. En ese instante, sin embargo, era como si una pared dividiera un lugar del otro.

—¿Fueron ustedes los que asesinaron a Zackly? —preguntó Nanaba repentinamente—. ¿Fue esa la misión que hicieron?

Eren y Levi se miraron. La verdad sea dicha, no pensaron en algún momento que pudieran averiguar la muerte de Zackly con ellos allí metidos. Tal vez lograron captar alguna señal de la radio, desde el lugar que montaron en ese lugar, pero de todas formas... No inventaron alguna excusa que pudiera cubrir la muerte del famoso empresario.

—Tenía cuentas pendientes con él —respondió Levi con calma—, y Eren también. Zackly fue la persona que asesinó a su madre.

—No pudimos evitarlo —agregó Armin, apoyando la historia de Levi—. Nos separamos en algún punto y Eren tenía en la cabeza metido todo eso, y cuando algo se le mete allí...

—Nadie lo puede parar —Nanaba rodó los ojos, aunque seguía sin lucir demasiado complacida con la historia—. No estuvo bien, fue arriesgado y por poco no ibas a poder volver, Eren.

El chico no contestó cosa alguna, sosteniendo a Mikel más aferradamente contra su pecho. El bebé parecía feliz por ese gesto, pegado al omega y con cara de que si lo alejaban, iba a enloquecer en llanto.

—Pero volví —Eren no parecía feliz con la mentira dicha, pero decidió no querer insistir con el otro tema que Nanaba esquivó—. Todo está bien.

Nanaba parecía a punto de decir algo más, sin embargo, a último minuto decidió cambiar de opinión. Se despidió con unas palabras más, marchándose de allí, y Sasha soltó el aire que estuvo conteniendo.

—Alguien debería sacarle el palo del culo —masculló Levi.

—¡¿Eso fue otra broma?! —gritó Connie, incrédulo—. ¡Dos en un día, es un récord!

Levi lucía como si estuviera a segundos de darle un golpe. Aunque sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando apareció otra figura repentinamente. Eren sólo quería que lo dejaran en paz.

—Me alegro de verlos.

Rico acomodó los lentes en el puente de su nariz, tan estoica y tranquila como siempre. Eren fue ahora el que soltó un bufido, mientras que Levi buscó en su camisa el pequeño objeto que causó todo ese desastre.

—Es tuyo —le dijo el alfa, entregándole el pendrive a la mujer—. Más te vale que lo que querías haya valido la pena, porque si no, te mataré.

Para sorpresa de todos, Rico esbozó una sonrisa pequeña y minúscula, como si hubiera escuchado un buen chiste por parte de Levi.

—Yo igual espero que valga la pena —respondió ella, agarrando el objeto antes de hacerles una pequeña inclinación—. Gracias por esto.

Y tan rápido como llegó, se marchó sin decir otra cosa. Eren se sentía algo ofendido por lo rápido que fue todo, esperaba aunque fuera una explicación por sencilla que fuera, pero decidió no irle a discutir. No cuando Mikel comenzó a chupar sus dedos.

—Dámelo un momento —suspiró Levi, llamando su atención.

Mikel no protestó un poco cuando Levi lo agarró en brazos, incluso pareció hacer un ruidito de gusto, y Eren lo aprovechó para girarse hacia Armin. Su amigo se sentó a su lado y Sasha apareció, llevando dos tazas con sopa de pollo. Por dios, eso era lo que necesitaba en ese preciso momento, ¿cómo pudo pasar tanto tiempo sin comer?

—Estamos en un punto muerto —habló Armin, mientras Levi recibía la taza que Eren le tendió—. Nanaba no parece muy interesada en movilizarse y si seguimos así, nos vamos a desmoralizar más y más.

—Ya lo estamos —replicó Zeke, sacudiendo su cabeza—. Nanaba no quiere sacarnos de los túneles y, bueno, no es el lugar más idóneo para vivir. Debemos salir a la superficie y hacernos con algún sector de la ciudad.

—¿Y tú madre? —cuestionó Eren—. ¿Qué piensa ella?

Zeke acomodó sus lentes, luciendo pensativo un momento. Se tomó su tiempo para contestar.

—Mi madre no me cuenta todo —habló—, y como estoy metido aquí la mayor parte del tiempo...

—Qué excusa de mierda —bufó Levi, y Mikel también bufó.

Zeke se rió, pero no habló más de ese tema. Si Eren hubiera podido, se habría puesto de pie para darle un golpe y romperle los lentes. Imbécil.

Levi pareció leer su pensamiento, porque enarcó una ceja y una sonrisa de lado pintó su rostro.

Los siguientes días fueron pasando lentamente en lo que el pie del muchacho comenzó a curarse. Para fortuna del omega, no fue un esguince grande, pero la recuperación le estaba poniendo impaciente. Zeke tenía razón en algo: Nanaba no parecía demasiado interesada en movilizarse, en hacer algo, y la gente ya no parecía a gusto con ella. Rico no se aparecía demasiado, revisando toda la información del pendrive en su búnker y sin hablar con nadie.

Al menos, hasta que pasaron tres días y recién ocurrió algo.

Levi no estaba con él, limpiando la ropa de Mikel manualmente en el pequeño lugar que habilitaron con agua, así que Eren sostenía a un bebé envuelto en una camisa más grande que la pequeña criatura, por lo menos tres veces su talla. Se veía algo gracioso y adorable, si lo pensaba, y ayudaba a Sasha a probar pilas en las linternas para ver cuáles funcionaban y cuáles no. En ese momento, vieron aparecer a Nanaba con dos escoltas, cada uno cargando unas mochilas.

—Iremos a la superficie —dijo la mujer, sonriendo—, hemos contactado con la facción omega radical, así que tendremos una reunión. Si todo sale bien, dentro de unos días saldremos de aquí y nos movilizaremos a otra zona.

Eren escuchó algunos vítores provenientes de la gente, pero fueron algo apagados a lo que él hubiera esperado. Él no se sentía un poco mejor, además, e incluso Sasha arrugó los labios levemente.

Si Nanaba dio muestras de lo raro que resultaba eso, no lo demostró. Se despidió de todos y siguió caminando hasta perderse en la oscuridad, en dirección a una nueva salida que habilitaron hace poco.

Eren decidió volver a su tarea. Poco después, apareció Levi con la ropa húmeda, pero limpia, y la acomodó en las cuerdas que habilitaron a un costado del fuego, para secarla más rápida. Mikel estaba sentado sobre una manta, en el suelo, y jugando con un viejo auto de juguete que encontraron por allí.

—Odio ese juguete —suspiró Levi, observando con disgusto el auto—, debe estar todo sucio y lleno de mierda.

—Como sigas así, lo primero que dirá Mikel cuando hablé será una grosería —molestó Eren.

—Como si tú no dijeras groserías frente a él.

—Yo te he escuchado un par —apoyó Sasha, con restos de papa en su boca.

Eren la miró con mala cara. Sin embargo, no tuvo demasiado tiempo para pensar una respuesta, porque Rico apareció con una expresión en blanco.

—Ustedes dos, necesito hablarles —fue lo que dijo a modo de saludo.

—Hola Rico, ¿cómo estás? Nosotros muy bien —barboteó Eren, poniéndose de pie. La mujer no contestó, dándoles la espalda—. Ven, Mikel.

—¡Baaaaaaaaaaaa! —chilló el bebé, pero Levi le hizo un gesto al muchacho.

—Vamos, mejor que no vaya —suspiró el alfa—. Sasha, ¿podrías...?

—Claro, lo protejo con mi vida —la chica les guiñó el ojo, sentándose al lado del bebé—. ¿Una papa, Mikel?

Eren miró una vez más al bebé antes de seguir a Levi y Rico, la última caminando con calma y sin decirles mucho. El omega no tenía idea de qué necesitaba de ellos, y por la expresión de Levi, él tampoco parecía saber a dónde se dirigía todo eso. Ojalá fuera algo rápido, considerando que su pie no estaba en las mejores condiciones en ese momento. Maldijo a Zackly una vez más, ojalá estuviera ardiendo en el infierno.

Arrugó las cejas al notar que no se dirigían al vagón de Rico, sino que se desviaron hacia las oficinas. Hacia dónde Nanaba descansaba y tenía sus cosas personales.

—Rico —siseó Eren, queriendo llamar su atención—. ¿Qué demonios...?

Ella le hizo un gesto para que dejara de hablar, en el preciso momento en que un alfa, que resguardaba la oficina de Nanaba, apareció para impedirles el paso.

—Lo siento, Rico —dijo el chico, que debía ser un poco mayor que Eren—, pero Nanaba...

—Sé que ella es muy celosa de su territorio, Heath —Rico asintió—, sin embargo, me ha encargado que le tiene algo a Eren en su cuarto, ¿no te lo dijo?

—¿Qué? —el alfa frunció el ceño, un poco desconcertado—. No recuerdo...

—¿De verdad? —Rico suspiró—. Por dios, le he regañado un montón de veces esa memoria...

—Se le olvidan varias cosas —apoyó Eren—, pero no vamos a tardar mucho, de verdad.

Heath seguía viéndose indeciso, como si no supiera qué hacer.

—No creo que sea una buena idea...

—Lo único que necesitamos es entrar, sacar un abrigo y nos retiramos —insistió la omega.

El ceño fruncido del chico aumentó un poco más, atónito por la petición.

—¿Un... abrigo? —preguntó—. ¿Y por qué?

—Debo ir con Nanaba más tarde —mintió Eren—, y su abrigo es perfecto para el camuflaje. Sin él...

—Ah. Vale —Heath rascó su nuca, girándose y sacando la llave de emergencias que tenía—. No deberían tardar más de cinco minutos, ¿cierto?

—Claro que no.

Heath suspiró, metiendo la llave en la cerradura y girándola. Levi miró hacia ambos lados del pasillo para percatarse de que no hubiera nadie, y cuando la puerta se abrió, con rapidez el alfa agarró la cabeza del chico y la estampó contra la pared. No tan fuerte para reventarle la cabeza, pero sí lo suficiente para dejarlo inconsciente. Eren se sobresaltó ante la acción, sin embargo, no hizo mucho para detenerlo, entrando tras Rico. Levi arrastró el cuerpo hacia el interior.

—¿Qué mierda, Rico? —murmuró, sorprendido al verla agarrar el portátil de Nanaba.

El cuarto era simple: una colcha que servía como cama, una mesa con una silla, el ordenar sobre ella. En una esquina había un montón de ropa amontonada.

Levi chasqueó su lengua.

—Más te vale que sea importante —gruñó el alfa—, porque si no, me acabo de meter en grandes problemas.

Rico no levantó la mirada.

—Es importante —masculló ella, hablando a pesar de que no desviaba sus ojos de la computadora—. Jodidamente importante. Descifré toda la información del pendrive y encontré un montón de mierda increíble que fue enviada a la facción radical, ¿lo puedes creer?

—¿Y nosotros qué? —habló Eren—. ¿No le has dicho a Nanaba?

Por el rabillo de su ojo pudo ver a Levi moviéndose por el cuarto, abriendo un cajón y sacando un par de armas de allí. No estaba teniendo un buen presentimiento en ese momento.

—Claro que no —Rico pareció ingresar por completo a la computadora de Nanaba—. Encontré correos de Zackly, que eran enviados a un espía en nuestro grupo. Recibía respuestas a cambio con información demasiado importante de nosotros, incluso dónde nos encontrábamos ahora.

—Rico...

Por un breve y horrible momento pensó que le diría que Levi era el espía. No sabía por qué ese pensamiento idiota cruzó por su cabeza, pero pasó, y supo que el alfa pudo imaginarlo cuando el mayor le dirigió una mirada de ira. Eren se arrepintió enseguida de esa idea, sin embargo, ya no podía eliminarla.

—Rastreé el correo —la mano de Rico se movía por toda la pantalla de la computadora, buscando, buscando, buscando...—, y me dirigió aquí, Eren. A este cuarto. A esta computadora.

Eren sintió como su mundo comenzó a desestabilizarse ante lo que estaba escuchando. Rico se volteó a verlo con una expresión desoladora, e incluso Levi dejó de moverse por el cuarto. El omega no dejaba de observar la computadora, creyendo que debía ser sólo una mala broma, pero ¿cuándo Rico se caracterizó por ser una bromista? Siempre decía las cosas en serio.

—Vengo sospechando de ella desde hace mucho y me llegó un soplo —continuó Rico—. ¿Sabes de quién? De Zeke.

Esa información le dejó más desconcertado de lo que ya estaba. ¿Su primo, el alfa que hacía bromas de mal gusto y siempre lucía despreocupado por todo? ¿Acaso todo era una broma de mal gusto?

—No sé qué papel juega su madre en todo esto —Rico volvió a mirar la pantalla—, pero ella se ha contactado conmigo y me contó sobre el espía. Me dijo que Zackly tendría esa información. Por eso necesitaba... —se calló repentinamente y Eren dio unos pasos hacia ella, queriendo exigir la verdad. Sin embargo, sólo bastó mirar la computadora para saber el silencio de la mujer—. Mierda.

Incluso Levi se acercó, inclinándose para observar los correos. El correo con el que se comunicaba Nanaba le era desconocido, pero todos firmaban con dos iniciales. DZ. Darius Zackly.

Y no sólo eso, pero algunos... ¿parecían tener cierta insinuación?

—Nos vendió —Eren se sintió desolado al escuchar el temblor en su voz—. Ella nos vendió.

—Por supuesto que lo haría.

Los tres se giraron con rapidez al escuchar el suave tono de Nanaba detrás de ellos. La omega estaba de pie en la puerta, con dos militares que apuntaban hacia ellos con sus armas, listos para disparar. En ese momento, Eren se percató de otra cosa: venían gritos y disparos del exterior.

Nanaba permanecía tranquila, con una expresión indescifrable y casi indiferente.

—Por qué —barboteó Eren, sin moverse, aunque un pensamiento asaltó su mente. Mikel. Dónde estaba Mikel.

Nanaba se encogió de hombros.

—No fue así al inicio —explicó ella suavemente—. Si quería venganza. Si quería destruir el sistema. Pero a medida que esto crecía, me fui dando cuenta de que las cosas no son tan sencillas. Este sistema está jodido desde el inicio y es imposible cambiarlo, así que sólo me quedó buscar mi propia seguridad y salvación.

—Nos traicionaste —Rico soltó un ruido de desprecio—. Luego de todo, al final decidiste traicionarnos. ¿Qué te ofrecieron? ¿Dinero? ¿Un cargo?

—Impunidad, dinero y no recibir la inyección de Vorlage. Lo suficiente para vivir una vida tranquila por el resto de mis años —Nanaba los observaba con lástima y algo de repulsión. Eren sintió ganas de ahorcarla—. Cuando supe sobre la creación de esa inyección supe que estábamos perdidos, no hay forma de luchar contra ella, ¿no es así, Eren?

El omega apretó sus manos en puños, sintiendo la traición en lo más profundo de su corazón. Nanaba, quien durante mucho tiempo le inspiró a luchar por sus ideales, por la justicia, por la igualdad, que le impulsó a buscar su camino. La ilusión de un mundo mejor comenzó a desmoronarse frente a sus ojos, el dolor de ser vendido de tan vil forma lo inundó por completo. Él y todos sus compañeros. Por dios, ¿qué hizo Nanaba?

—¿Y por qué impulsarnos a todo esto? —quiso saber Levi, su mano deslizándose con la de Eren—. ¿Por qué hacerles creer que tenían una oportunidad?

—El Gobierno se comunicó conmigo y me convencieron de seguir adelante —Nanaba sonrió—. ¿Qué mejor que justificar su represión por el desorden y la anarquía que estamos provocando?

Eren soltó un grito de rabia, dando un paso para lanzarse hacia ella, pero Levi lo alcanzó a agarrar para detenerlo. A pesar de las ganas de golpear a Nanaba, sabía que atacarla no sería una buena idea, considerando que dos militares le estaban apuntando. La mujer no se inmutó, tranquila como siempre.

—No te desgastes —dijo ella—, vendrán días muy duros para los omegas rebeldes ahora, y creo que el Gobierno estará muy feliz de tenerte entre sus manos, Eren. Adiós.

Nanaba no se molestó en dirigirles otra mirada, girándose y saliendo del cuarto. Los militares se quedaron, sin bajar sus armas.

—Baja esa pistola, ahora —dijo el más alto, apuntando a Levi.

Levi soltó un chasquido, dejando caer la pistola que encontró en el baúl de Nanaba. El de la izquierda bajó su arma, mientras el otro la seguía sosteniendo, y fue donde los tres rebeldes. Primero le puso las esposas a Levi, continuando con Eren y dejando al final a Rico. También se inclinó contra Heath y le ató las manos, a pesar de que seguía inconsciente.

—Llévalos con el resto de los disidentes —ordenó el alfa más alto, y su compañero no tardó en empujarlos hacia la puerta, sacándolos de allí.

Eren mordió su labio inferior, sintiéndose tan traicionado y estúpido en ese momento. Peor aún: también estaba sintiendo demasiado miedo, considerando que no sabía si Mikel estaba bien. No, si hubiera muerto, él lo habría sentido, porque era su bebé y estaban conectados. Sin embargo, a pesar de eso, la situación no le calmaba un poco.

Pudo sentir el enlace con Levi tirando también: la preocupación llenaba al alfa, la necesidad de saber que su hijo estaba bien. ¿Y si le había pasado algo? ¿Qué si alguno de esos militares lo agarró y ahora lo tenían? Los dos se iban a morir si así llegaba a ser.

Rico iba en silencio, detrás de ellos, pero Eren no estaba preocupado por eso. Todo su mundo se estaba desmoronando en unos simples segundos, todo lo que había creído se caía, como si fuera una torre destrozada que ya no servía para nada. ¿Qué sería de ellos ahora? ¿Siquiera tenían alguna oportunidad para librarse?

Lo supieron cuando salieron del sector de las oficinas, hacia el subterráneo: se escuchaban gritos y disparos, y Levi lo empujó contra él, haciendo que se tropezara y cayeran al suelo. Unos segundos después los disparos resonaron más cerca. Rico también se echó al suelo, y los militares que iban detrás de ellos empezaron a disparar.

Eren trató de mirar hacia algún lado, trató de orientarse, pero el peso de Levi y el dolor en su tobillo le impidieron concentrarse bien. Escuchó un grito y alcanzó a ver el cuerpo de uno de los militares, el más alto, caer con un impacto de bala en su hombro.

—¡Necesitamos refuerzos! —gritó el otro militar, sacando su radio—. ¡Señor, necesitamos...!

Una serie de disparos resonaron de forma seguida y el militar convulsionó en su lugar, soltando la radio y cayendo al suelo con un jadeo.

Mierda, Eren no tenía idea alguna de lo que estaba ocurriendo, ¿qué demonios pasaba en ese lugar? ¿Acaso la pequeña milicia que ellos lograron armar los estaba defendiendo? Eren necesitaba saber qué ocurría, así como también necesitaba tener a su bebé en brazos y protegerlo.

—Tú insististe en dejarlo con Sasha —acusó Eren a Levi, y su voz salió quebrada y débil, siendo una acusación que no tomaba en serio.

El alfa levantó la mirada, el ceño fruncido, sus ojos grises brillando.

—Él está bien —le murmuró por encima de los disparos.

Antes de que Eren pudiera rebatirle, apareció Zeke cargando un M16. Eren nunca se sintió tan aliviado de verlo llegar.

—¡Wow, ¿se están reconciliando en este momento?! —gritó, yendo hacia uno de los militares para buscar la llave de las esposas.

—¡Tú! —gritó Eren, y Levi luchó por sentarse en el suelo—. Zeke, ¡¿qué demonios ocurre aquí?! ¡¿Y Mikel?! ¡¿HAZ VISTO A MIKEL?!

—Me dejaste sordo —Zeke sacó un manojo de llaves, yendo primero donde Rico para desatarla—. Mikel está bien, te lo prometo. Sasha apareció cargándolo cuando llegaron los militares y la sacamos enseguida de aquí.

—Pero cómo...

Zeke suspiró, soltando las esposas de Rico. La mujer le dirigió una mirada.

—¿Tu madre?

—¿Cuál es el rol de Diana Fritz en todo esto? —preguntó Levi, con voz grave.

Zeke comenzó a buscar la llave de las esposas de Eren.

—Es una de las líderes de la facción radical —murmuró Zeke.

—¡¿QUÉ?! —el grito de Eren resonó en el lugar.

Zeke sólo hizo un mohín, sin responder y con una expresión concentrada mientras buscaba la llave que pudiera quitarle las ataduras a Eren. Lo logró luego de varios minutos, ignorando las preguntas del omega, y se movió hacia Levi.

—Zeke, por dios...

—Eren Jaeger.

El chico se sobresaltó al escuchar su nombre proveniente de una voz femenina, volteándose para ver a la madre de Zeke, su tía, frente a él. Con un traje oscuro, el cabello amarrado y un AK-47 en el hombro. Un jodido AK-47.

Diana se inclinó.

—Sé que tienes muchas preguntas, pero no es momento para ello, Eren —la expresión de Diana se endureció, extendiéndole su brazo—. Tenemos una rebelión que salvar, Jaeger.

Eren le agarró la mano.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Y en ese momento abre la boca y sus labios forman la última palabra que me dice.
La palabra es: ¡Huye!.
Después de eso, los hombres insecto caen sobre él y desaparece bajo todos esos brazos y bocas que chasquean y desgarran, como un animal presa de los buitres, engullido por la oscuridad.

No sé durante cuánto tiempo corro. Horas, quizá, o días.
Álex me dijo que huyera. Así que yo huyo.
Tienes que comprenderlo: yo no soy nadie especial. Soy solo una chica normal. Mido uno sesenta y soy del montón en muchas cosas.
Pero tengo un secreto. Aunque construyan murallas que lleguen hasta el cielo, yo encontraré la forma de volar sobre ellas. Aunque intenten atraparme con cientos de armas, yo encontraré un modo de resistir. Y hay muchos como yo ahí afuera, más de los que crees. Gente que se niega a dejar de creer. Gente que se niega a volver a tierra. Gente que ama en un mundo sin murallas, gente que ama frente al odio, frente al rechazo, sin miedo y contra toda esperanza.
Te amo. Recuerda. Eso no pueden quitártelo.

~Delirium, Lauren Oliver~

FIN CUARTA PARTE.


¡NO LES HE ABANDONADOOOOOOO!

He vuelto en forma de fichas

lamento la tardanza, pero al menos logré traerles esta actualización antes de que se acabe el año. Ya nos va quedando mucho menos a esta larga y tediosa historia que inicie hace tanto tiempo. Menos de diez capítulos, así que no desesperen, ya vamos avanzandoooooooooooo

No tengo mucho que comentar, ajajajaja. La traición de Nanaba se veía venir desde hace mucho. De ahora en adelante van a haber muchas peleas, explosiones, disparos y muertes de personajes. No imitaré las muertes de Isayama, pero igual espero matar una buena cantidad (?) JAjJAJAJAJAJ NOOOO, ES BROMA ;U;

¡MUCHAS GRACIAS POR TODO SU APOYO! Gracias también a las nuevas lectoras que han llegado hasta aquí. Sé que hay momentos polémicos en el fic, pero son escenas que ya no puedo modificar a estas alturas sin alterar el orden natural de las cosas. Estoy tratando de arreglar un poco la relación RiRen para darles un buen final, por eso mismo esta avanza tan lenta y con pocos momentos. Todavía queda un poco de esperanza u.u

Gracias a todas las personitas que comentaron el capítulo pasado, ¡no tengo tiempo para nombrarlas, pero gracias enormes por todo su apoyo! Un beso enorme por todo su amor y apoyo *lanza besitos*

Nos vemos en el siguiente capítulo~

Cotota~