Quédate: Parte Dos


Capítulo 11


—¿Qué pasó? —Tsunade fue la primera en preguntar.

—¡Dios, Sasuke! ¿por qué tienes esa cara? —Karin gritó ante el mutismo de Sasuke.

—¡Por favor, habla!—Las escuchaba hablar desesperadas pero no podía hacer nada, no podía moverme y estaba tomando todo de mi respirar.

Dentro y fuera Hinata, dentro y fuera.

Hanabi acariciaba mecánicamente mi espalda en lo que parecía un intento por darme consuelo, sentía un peso tan grande en mi estómago mientras veía el cuerpo tembloroso de Sasuke abrazado a su madre.

—¡Maldición, Sasuke estás asustando a Hinata! —exclamó mi hermana después de unos minutos. Sasuke intentó hablar, pero sus sollozos le impidieron pronunciar palabra, vi a Karin pasarle un vaso con agua, y como él tomaba un sorbo antes de devolvérselo.

Me sentía como una espectadora, mi lengua pesada mis labios atados con un hilo invisible, mis músculos tensos y abarrotados.

—¡Qué está pasando, por Dios! —gritó Sasori.

—Hay una maldita complicación

Me sentí sin aire sin aliento, eso no podía ser cierto.

No lo es, no lo es, no lo es

Eso era lo que gritaba mi mente una y otra vez. Mientras veía a Sasuke sentarse al lado de su mujer que intentaba calmarlo, pero no estaba teniendo éxito.

Me puse de pie, pero Kiba me obligó a volver a la silla.

—Nos quedaremos aquí, tenemos que esperar que Jiraya o el doctor salgan.

—No puedo quedarme aquí mientras él...—No podía siquiera pensarlo.

—Piensa en los bebés, hermanita —dijo Hanabi agarrando mi rostro—, yo iré a averiguar qué está pasando— miró a Kiba— ¡Quédate con ella!

Los oídos me pitaban, todo lo que hablaban lo escuchaba como susurros poco entendibles.

Antes que Hanabi pudiera dar un paso un más calmado, Sasuke se arrodilló frente a mí y me habló:

—Lo siento... Yo soy médico, no debería tener este tipo de reacciones, pero él es mi hermano. —Me explico—No es fácil ver al hombre que más amas en tu vida postrado en una camilla, para mi Naruto era invencible, me salvo Hinata y verlo ahí—coloqué mi mano en su hombro.

» Su presión arterial se elevó y los monitores se dispararon, yo... yo ¡Joder, Hinata! me puse a llorar como un niño, me sentí de nuevo arropado en el manto helado que sentí cuando conocí a Naruto, perdí un poco el control por esa razón papá me sacó del hemiciclo.

Lo miré desconfiada.

—¿Me dices eso para que me quede tranquila? —mi voz titubeó un poco y Sasuke negó.

—Sé que lo amas, y que estás preocupada y yo solo...Pero te aseguro que fue eso lo que ocurrió. —en un inesperado gesto, tomó mi cara con sus dos manos y me dio un beso tierno en la frente. —No podré volver a entrar en la sala—se lamentó y pude ver en su mirada lo que seguramente reflejaba la mía: teníamos miedo de perderlo.

Los minutos pasaron lentamente sin noticia, Hanabi intentó de conseguir algún tipo de información sin éxito alguno. Era una pesadilla, una jodida pesadilla.

—Él está bien, él prometió luchar, no rendirse. Él está bien, no va a dejarme, él prometió volver —murmuré una y otra vez presa del desespero que me dominaba, sentía un nudo en la garganta, respirar se había convertido en algo difícil de realizar.

—Mi Naruto es testarudo, Hinata ¡muy testarudo! y si te lo prometió, no te quepa duda que lo cumplirá. —Tsunade se sentó a mi lado cobijándome en un abrazo.

—Tengo tanto miedo, Tsunade...

—Yo también, pero debemos confiar en Dios, querida.

No podía decirle que entre Dios y yo existía la nada, no podía, ella necesitaba tanto consuelo como yo.

—¿Alguna novedad? — alcé mi rostro para ver a Theo, el abogado que conocí en la habitación de Naruto, llegó hasta donde estábamos algo agitado, traía en su mano la carpeta verde que él le había entregado.

—Nada—Sasuke negó con la cabeza.

—¿Qué haces aquí?, ¿no ibas a estar ahí adentro?—Inquirió dubitativo.

—Yo, simplemente, no pude soportarlo —respondió Sasuke angustiado mientras pasaba la mano por sus cabellos.

El abogado pasó alisó su traje, notablemente nervioso, se alejó del grupo, miró los papeles de la carpeta, cruzó su mirada conmigo y comenzó a hacer el camino de regreso hasta donde estábamos. Sentí que mi cuerpo temblaba, que los latidos de mi corazón se hacían cada vez más lentos, que el sonido de las voces era solo un eco que escuchaba muy lejano. No quería cerrar los ojos, no quería dejarme vencer, pero era más fuerte que yo.

—Vamos, Hinata, vuelve—la voz de Kiba era lejana y preocupada.

—Hinata, por favor, hermanita.

Abrí los ojos y tomé conciencia de donde estaba, me habían llevado a la habitación de Naruto y conectado a suero. Hanabi, Kiba y Tsunade me rodeaban.

—¿Naruto?

—Todavía en el quirófano.

Suspiré aliviada, pensando que si aún estaba en el quirófano era porque estaba luchando.

—¿Qué pasó? Lo último que vi fue a Theo, con una carpeta que le dio Naruto en su mano.

—Te desmayaste, cariño, Kiba te trajo hasta acá, un médico ordenó que te pusieran suero y que guardaras reposo. Sentí un golpe en el pecho y en un acto reflejo, mi mano abarcó mi vientre protectoramente.

—Tranquila, los chiquitines están bien—Hanabi acarició mi cabello — como vomitas todo lo que comes, te pusieron esto.

Lograr controlar mi angustia se me hacía difícil, sabía que debía cuidarme, que debía velar por mis soles, pero no saber qué sucedía con Naruto me tenía al borde.

Perdí la noción del tiempo mientras mi cuerpo se recuperaba y absorbía el suero, pero tan pronto el doctor me dio su autorización para levantarme, fui a la sala de espera, ahí estaban Sasori y Sasuke, no estaban las mujeres Uzumaki ni tampoco el abogado.

—¿Tu madre y las chicas?

—Fueron a la capilla, ¿Cómo estás, ya no molestan esos pequeñitos? —Sasuke me ayudó a sentarme junto a él y tomó mis manos apretándolas suavemente.

—Estoy bien, esperanzada. —Y para reforzar mis palabras, sonreí y le respondí su apretón cariñoso.

—Gracias, Hinata, gracias por hacer feliz a mi hermano.

No tenía que darme las gracias, lo mío era amor, amor antes de saber que él me amaba, amor antes saber que estaba embarazada.

Las horas transcurrían lentas y nadie venía a decirnos nada, estábamos reunidos cerca de la estación de enfermería, esperando, nuestra única esperanza era que Jiraya saliese del hemiciclo, mientras estábamos a la deriva.

Ino apareció con un bolso, me había traído ropa, tomó mi mano y se quedó sentada a mi lado. Sabía que su presencia, en estos momentos, significaba más para mí que sus palabras.

Hanabi hablaba por teléfono, Sasuke estaba con Sasori en una esquina charlando en voz baja. El abogado había vuelto de donde sea que fue; igual de nervioso que la otra vez pero, sin la carpeta verde, se sentó en un sofá, al lado de Sasori. Y sacó su celular deslizando el dedo por la pantalla pero sin enfocarse en algo preciso. Estaba a punto de levantarme para preguntarle qué pasó con los papeles que le dio Naruto cuando la puerta del ascensor se abrió.

Mi visión fue como si estuviese en un túnel: solo veía las caras de los recién aparecidos, todo lo demás desapareció. Mi voluntad luchaba contra un cuerpo cansado que deseaba desmayarse y lo obligaba a estar alerta a las palabras claves.

Escuché rumores y vi sombras moviéndose, mi cerebro trabajaba a mil procesando las voces y desechando todas las palabras que no importaban y me quedé con "Todo terminó" "Se controló la emergencia" "Coma farmacológico"

Respiré profundo y pestañeé seguido varias veces, la niebla que me rodeaba desapareció y comencé a ver mi entorno. A pesar de los ojos llorosos, la atmósfera de pesimismo que nos había tenido sumidos toda la espera había desaparecido y se respiraba algo parecido al optimismo. Naruto había sobrevivido a la operación y ahora debía dar la lucha.

Faltaba que retiraran los medicamentos para saber qué tan exitosa había sido la operación, sin embargo Jiraya consiguió que me dejaran verlo un momento.

La sala de cuidados intensivos me pareció fría, apenas puse un pie en ella comencé a temblar, miré el termostato y decía 23°C, no hacía frío. Quizá era yo, era mi presión baja o cualquier cosa, abracé mi cuerpo y me froté, quería entrar en calor y olvidarme de mí para concentrarme en lo que estaba viendo: Naruto tendido en la cama y conectado a las máquinas que lo mantenían vivo. Tenía un minuto para verlo, para confirmar todo lo que los médicos me habían dicho.

Me acerqué a la cama y acaricié su mejilla intentando no sollozar—Mi amor, tú prometiste volver y yo, quedarme. Cumpliste, ahora me toca a mí.

Mi cuerpo‒mis bebés‒ y yo lo entendimos, era hora de relajarse para tomar fuerzas y luchar junto a él. Lo que puso en riesgo su vida ya no existía, había sobrevivido, se había quedado con el 50% correcto de las posibilidades. Las secuelas, si es que había, serían una insignificancia comparadas al hecho que perdiera la vida.

Mientras me quitaba la ropa quirúrgica en la soledad de la zona de descarte, reafirmé mis intenciones: Me quedaría a su lado hasta que él volviera a mí.

Cuando salí de la unidad Theodoro James, anunció que necesitaba hablar con todos nosotros, nos reunió a todos en una pequeña sala de juntas que había en la clínica, sacó la carpeta verde y nos hizo saber la voluntad de Naruto con respecto a su enfermedad y a su futuro.

—Yo, Naruto Senju Uzumaki —comenzó a leer—, en uso de todas mis facultades mentales, les comunico mi deseo de tener una muerte digna...

Y fue así como nos dimos cuenta de que Theo James era la persona encargada de la vida de Naruto, tenía en su poder un documento firmado por él en donde le cedía el poder absoluto sobre su vida si algo fallaba en la intervención. Comprendí muchas cosas ante las cuales no sabía con certeza cómo reaccionar. El sentimiento que reinaba en mi ser era el odio.

Odiaba a Theodoro James por querer arrebatarme a Naruto, no necesitaba más reacción que la de desear su no existencia y odiaba a Naruto por siquiera pensar que su familia o yo lo dejaríamos ir sin luchar.

Al terminar la reunión, me pidió que me quedara.

—Theo, sé que es tu trabajo y que cumples con las órdenes de Naruto pero, evita cruzarte en mi camino.

—Solo quiero entregarte un sobre que dejó para ti.

¡Qué tonta! La inteligentísima Hinata Hyûga quería matar al mensajero.

No di las gracias, me fui a la capilla, me senté en un rincón y en la solemne soledad del lugar, me puse a leer.

Dulzura:

No tenía fecha.

Sé que te he defraudado, sé que has de estar odiándome pero, debes entenderme. Te amo, nunca había sentido lo que era depender de una persona hasta que mis brazos estuvieron vacíos de ti; maté mi alma el día que tú –bella y decidida– fuiste a mi departamento y tuve que poner en una balanza mi corazón y mi razón para comportarme como el cabrón más grande del planeta. ¿Ya te dije que te amo?

Te amo tanto que quiero estar completo para ti, Dulzura, nunca he sabido ser mitad de persona, llámalo ego, arrogancia y tendrás razón pero quiero seguir siendo el mismo Naruto que te acorraló, el Naruto que te hizo mujer, el Naruto que sin pensarlo se enamoró de tu inexperiencia, de tu ternura, de tus miedos y tu alma.

Te miro dormir y te amo.
Observo tus labios y te amo.
Evoco el recuerdo de nuestras noches juntos y te amo.
Detallo cada parte de tu cuerpo y te amo aún más.
Mis hijos están en tu vientre y te amo.

Hinata, no quiero morir, pero me aterra no poder ser yo mismo de nuevo. Estoy tan asustado, cariño, y me rebelo contra la vida injusta. ¿Por qué, cuando te encontré, tengo que dejarte ir?

No odies a Theo, te conozco y sé que lo mínimo que querrás hacerle es mostrarle ese bonito dedo del medio que tienes, ustedes son mi responsabilidad y él está cumpliendo mi último deseo.

Haré todo lo posible, todo por volver porque te amo. Te amo tanto que quema, te amo tanto que no hay palabras en ningún idioma para demostrar cuánto siento por ti, mi pequeña gatita asustada que se veía a sí misma como un gran león.

Te amo y estoy orgulloso de ti, de lo que fuiste, de lo que eres. ¡Joder, nena! llevaré conmigo por siempre el aroma de tu piel, el sabor de tus labios, el sonido de tus gemidos desgarrados, de tu piel chocando con la mía, de mi nombre dicho como una plegaria silenciosa cuando el clímax arrasaba tu voluntad.

No me odies, Hinata, no me odies por ser tan egoísta y pensar en mí, me has dado el regalo más valioso para un ser humano y es la alegría de saber que al menos al final de mi vida hice algo bueno, aunque fuese de la manera equivocada.

Te veo dormir y te amo
Escucho tu respiración y te amo
Observo tu vientre y te amo...

Si yo no puedo, enseña a mis niños que su padre fue más de lo que dicen.
Adiós, mi amor, velaré por ustedes.

Naruto.

Dos días después de la operación retiraron los medicamentos y Naruto no despertó, empezó la verdadera batalla por la vida del hombre que amaba.

Los días siguieron su curso sin ninguna noticia, estaba estable, el aneurisma había sido rellenado con éxito, pero su cuerpo no reaccionaba, él no estaba cooperando.

Me pasaba todo el tiempo que estaba en su habitación hablándole, contándole sobre todo lo que haríamos cuando nacieran los niños o, en silencio, mirando su bello rostro y evocando aquellas noches en las que luego de nuestro frenesí orgásmico me dormía, satisfecha, en sus brazos y cuando despertaba, me quedaba embelesada viéndolo mientras él aún dormía.

Al salir del cuarto, Gaara me estaba esperando, conversamos y me ordenó dormir en casa, intenté resistir, pero sus razones me convencieron. Hablé con Jiraya para organizar turnos, quería que siempre estuviera acompañado, sobre todo en las noches.

Hanabi había vuelto al colegio, la promoción del libro fue suspendida y según lo que me contó Kiba, hasta Hatake se había calmado. Por otro lado, el proyecto de la editorial se había aplazado.

En mi cama y en el amparo de la noche, tomaba la carta de Naruto y la leía hasta quedarme dormida, para mí era un tesoro, era oro en mis manos, Naruto no era poético, él hombre que yo conocía era irónico, sarcástico y prepotente, sin embargo, a través de sus líneas me estaba dejando ver sus temores y me decía cuanto me amaba y otra vez.

Era como si quisiera que las palabras quedasen grabadas en mi retina.

Día quince después de la operación, siete treinta de la mañana, avanzaba por el pasillo pensando en contarle a Naruto cómo iba mi nueva novela y decirle que los niños crecían y crecían y que ya no me entraban los pantalones cuando vi salir de su habitación a una enfermera con una bandeja en la mano.

—¿Pasó algo?

—No puede entrar, los médicos están en procedimiento.

¿Médicos? ¿Procedimiento? Miré mi reloj, no era la hora de la visita, me puse en alerta, algo estaba pasando. Como siempre, no me dieron información, llamé con urgencia a Jiraya y a los veinte minutos, todos estábamos en el pasillo, esperando. Theo James, también.

—Superamos la crisis, pero tuvimos que volver a conectarlo. — Declaró el doctor Kankuro, el doctor Archer siguió argumentando.

—¿Su vida nuevamente dependerá de una máquina? —La voz del abogado se hizo oír.

Mi mente se bloqueó, dejé de escuchar a los especialistas y caminé hasta donde Theo, le quité su maletín tirándolo al suelo sin importarme la escena.

—¡Me importa una mierda su última voluntad!, ¡me importa otra mierda que tú solo seas el mensajero, Naruto Uzumaki va a volver! ¡No quiero volver a verte aquí! Eres como un ave de rapiña esperando el momento indicado para actuar ¡Fuera!

Karin llegó a mi lado y pasó su brazo sobre mi hombro. El abogado recogió su bolso y nos miró con resignado antes de abandonar la sala.

—¡Bien hecho Hyûga! —Sakura me dio un golpe en la espalda—Me has quitado las jodidas palabras de la boca.

—¿Estás bien, cariño? —La voz de Tsunade me confortó.

—Sí, bien y furiosa—respiré profundo—Jiraya, Sasuke, ustedes son médicos y además, lo conocen mejor que nadie ¿me podrían decir qué pasa con Naruto? Venimos todos los días, hablamos con él, lo cuidamos y él... y él ¡sigue sin reaccionar!

—Es algo que tampoco podemos entender Hinata.

—Me prometió que regresaría junto a mí, que se quedaría —limpié las lágrimas que habían empezado a deslizarse por mis mejillas— ¡Qué va! Naruto Uzumaki es tan soberbio que debe estar jugando con todo para demostrar el gran gilipolla que es.

Me dejé caer en un sofá y como en los últimos días ... lloré, la muerte estaba a un latido, en la punta de mis dedos, tal como si fuese el frío de a poco penetrando en mi piel, llegando hasta congelar mi alma, mientras se llevaba a Naruto, invitándolo a un camino de no retorno.

La muerte se convertía en mi mayor rival y estaba perdiendo la batalla.

Las semanas siguieron su curso, tomé el último bocado de mi desayuno y me preparé para ir a su encuentro: vestido pre-mamá, mi largo pelo suelto, labial en mi boca y todo el amor del mundo.

Al llegar al hospital Tsunade me arropó en uno de sus grandes abrazos maternales—Estas muy bonita hija.

—Gracias ¿algún cambio?—pregunté caminando hacia Naruto. Ella negó con su cabeza, vi a Karin en el sofá tenía los ojos llorosos.

—Él despertará—no sabía si se lo decía a ella o a mí.

—¿Cuándo? Mira tu vientre— se levantó del sofá y caminó hacia la cama—¡Mira todo lo que te estás perdiendo cabrón! —gritó refugiándose en los brazos de Tsunade.

Karin y yo habíamos superado nuestras diferencias y el amor que sentíamos hacia Naruto nos había unido aún más que antes. Luego de unos minutos me quedé sola con él Karin tenía que ir a la emisora y Tsunade a casa a descansar, habían pasado la noche junto a Naruto.

Observé a mi amor.

El que estaba en la cama no era el Doctor Sex que volvía loca a todas las chicas, era el hombre que yo amaba. Acaricié su cabello, había crecido considerablemente y tenía una barba de tres días.

Dejé un beso en su frente mientras tomaba su mano libre y la colocaba en mi vientre, apreté la mano de Naruto más fuerte mientras mis sollozos, llenaban la habitación, me senté a un lado de la camilla abrazándome a su pecho, sintiendo que no podía más.

Todo este tiempo había sido suficiente para permanecer fuerte, para creer que Naruto volvería a mí pero cada día lo veía más lejano. La amenaza de James era como el cielo cuando avisa sobre una tormenta: se estaba cumpliendo el plazo que puso Naruto para tener una muerte digna.

Cerré los ojos un segundo recordando sus manos juguetonas recorriendo mi cuerpo, la picardía de su mirada y el calor emanaba de él, volví a sentir las lágrimas cayendo libres por mis mejillas; otra vez y me obligué a detenerlas.

Yo venía a lucharle a la muerte, no a entregarle a mi hombre en una bandeja de plata. Deslicé mis dedos entre sus cabellos evocando las imágenes y sonreí, porque Naruto me lo había dado todo sin importar nada.

¿Alguna vez te enteraste del miedo, del pánico que te tenía? Eras espectacularmente guapo y tan pagado de ti mismo que solo podía odiarte. Odiarte y temerte. Me conocía, sabía que si me mirabas –y qué decir si me tocabas– yo estaría en graves problemas. ¿Cómo iba a imaginarme que cuando te hice la propuesta que tú y yo terminaríamos así? —respiré profundo—, enamorados. somos tan diferentes, eres el ser más soberbio que conozco y yo soy la testarudez personificada.

Busqué la crema humectante y me dispuse a untársela en su cuerpo, era el trabajo que me había impuesto mientras estaba con él. A medida que frotaba sus pies, la frustración que me embargaba se convertía en rabia.

—¿Y qué hay de tu familia, Naruto? —seguí— ¿A que no creías que Sasuke sería capaz de llorar tanto por ti y que Karin se volviera discreta y calmada? Eres un cabrón, pero escúchame bien ¡No te lo pienso permitir! ¡No me dejarás sola y ni desatenderás a nuestros hijos! —dejé de darle masajes y me puse cara a cara.

» La niña que habita en el fondo de mi corazón se conforma con tu carta, pero Hinata Hyûga, esa mujer que tú ayudaste a florecer, no, y si crees que permitiré que tu último acto sea de cobardía te equivocas, te amo y no descansaré hasta verte de pie saliendo de aquí, a mi lado.

Inhalaba oscuro y exhalaba aún más oscuro. Sentía que mi alma se comprimía en mi pecho, pero seguí, retomé mi tarea de los masajes y de recriminarle su deseo de convertirse en ofrenda a la muerte.

—¿Te dije que tengo mucha rabia? Estoy escribiendo mi último libro para Hatake, Hanabi se está comportando como la hermana que siempre quise tener, Ino va a tener una niña y el embarazo va bien pero no puedo disfrutarlo como debería, estoy tan enojada. ¿Y sabes quién es el culpable? —le acomodé la sábana— ¡Claro que lo sabes! Eres tú, Naruto Senju Uzumaki

Inhalé intentando controlar mis sentimientos. Ino decía que eran las hormonas, pero era más que eso, era la frustración de ver los días pasar sin ningún cambio, Naruto parecía aferrarse a su situación sin hacer nada para cambiar su estado.

Me senté en el sofá, saqué la tableta para seguir con mi libro –se había convertido en mi mejor terapia, escribía como posesa– sin embargo, esta vez no pude, el doctor Archer acompañado del doctor Kankuro entraron a hacer la revisión diaria y tuve que salir, justo para encontrarme con Jiraya hablando con una angustiada Tsunade.

—¿Sucede algo? —Jiraya me observó con cautela y acaricie mi vientre temiendo una mala noticia, —¿Jiraya?

—Esta mañana, llegó la citación para la audiencia de demanda interpuesta por James.

—¿Y? —Tsunade tomó mis manos—Jiraya quiero saberlo.

—Nuestro abogado piensa que el juez va a fallar a favor de James, debido a que los documentos fueron realizados bajo el marco de la ley.

—Eso no puede ser cierto.

—Es la voluntad de Naruto

—Su voluntad era volver a mí, me lo dijo antes de entrar a quirófano.

—Hija.

—No voy a permitirlo.

—Si él diera alguna señal, pero no... anoche, Sasori burló la seguridad y trajo a Freya con la esperanza de una reacción y nada. — Tsunade estaba a punto de llorar.

—¡No llores!—le grité para después quedarme callada mientras Tsunade me observaba entre sorprendida y preocupada, —Naruto nos necesita fuertes, él va a volver ¡me lo prometió! Me vi abrigada en los brazos protectores de Tsunade, no sabía que había empezado a llorar hasta que ella me abrazó fuerte a su cuerpo.

No iba dejarme vencer.

Los días transcurrían sin cambios para Naruto, sin embargo, yo podía apreciar los cambios que había tenido mi cuerpo, mis caderas estaban más anchas y mis pezones habían tomado un color mucho más oscuro, había tenido que comprar sostenes porque ya no me quedaban los míos, solo quería que él estuviera aquí conmigo, quería que disfrutara de los movimientos, que me hiciera bromas sexys sobre comprar lencería de encaje, respiré profundamente mientras el ascensor se detenía, saludé las enfermeras como desde hacía ya un mes y entré en la habitación de Naruto para encontrar a Sasori, Jiraya y Sakura.

—Llegas temprano—Jiraya se levantó para cederme su espacio en el sofá.

—¿Cómo se están portando los niños? —preguntó Sakura, acariciando mi vientre, habíamos olvidado el pasado y comenzado de nuevo.

—Creciendo, al menos ya no tengo náuseas ¿cómo estás?

—Con ganas de comerme un helado de limón, albahaca y menta bien grande, Sasuke me lo fue a buscar.

Sonreí, casi no había tenido tiempo para antojos entre el libro para Hatake y la enfermedad de Naruto, dejé de pensar en ello y me giré hacia Sasori tomando sus manos.

—Tsunade me contó lo de Freya.

—Lástima que no ayudó.

Llegué hasta la cama de Naruto, le di un beso en la frente y me fijé en las anotaciones de los médicos: todo seguía igual, sin embargo, no me desanimé, aún estaba vivo.

—Ya verás que sí, — le dije a Sasori—lo que pasa es que a él le gusta hacerse el interesante.

—En eso tienes razón Hinata —él llegó junto a mí, —me gusta verte así, animada.

—Soy optimista.

—Tú crees que él...—Sakura me miró con pesar.

—Va a volver—tomé la mano de Naruto y la coloqué sobre mi vientre— Yo lo sé.

Jiraya que había permanecido callado, se acercó lentamente hasta llegar hasta el otro lado de la cama, tomando la mano libre de Naruto

—La audiencia es mañana Naruto, hijo tienes a una familia esperando por ti, así que ya es hora de despertar—sus ojos se enfocaron en los míos—Si el juez falla a favor de Theo...

—Theo James no me lo va a quitar.

—Hinata...

—¿Por qué no me acompañas al control que tengo con Gaara?— cambié el tema de conversación.

—Por supuesto.

—¿Ustedes se quedan un rato más? No quiero que se quede solo.

Sasori asintió. Di un último beso a Naruto y salí con Jiraya de la habitación

—No quiero ser pesimista Hinata—Jiraya me detuvo a mitad de pasillo, —pero tienes que estar preparada para cualquier cosa mi niña.

—Para lo único que tengo que estar preparada Jiraya es para ver los ojos azules de Naruto abrirse para mí, continuemos, no quiero llegar tarde.

—Los niños están muy bien, creciendo como es normal, sus latidos se escuchan fuertes— dijo Gaara apagando el ecógrafo. Me levanté de la camilla retirando el gel de mi vientre, Gaara se apoyó en el respaldo del sillón y continuó— pero, tú estás baja de peso.

—Las náuseas han cedido y estoy comiendo bien.

—Doy fe de ello, Tsunade está muy pendiente de sus comidas— argumentó Jiraya—a lo mejor puede ser estrés

—Quiero que comas alguna fruta o frutos secos a media mañana, puede ser un poco de granola —asentí —bien, eso es todo por hoy.

—Un momento, por favor—también me bajé de la camilla—. Gaara yo estoy bien, los niños están bien, comeré a media mañana si eso es lo que deseas, pero te pido que me autorices a pasar las noches con Naruto.

—Hinata, a pesar de que has tenido un embarazo tranquilo, eres primeriza y este es un embarazo delicado.

—Lo sé, He sido paciente y cumplido con todas tus recomendaciones, sé que este no es un embarazo como el de Sakura o el de Ino, pero necesito estar la mayor cantidad de tiempo con él.

—Tres noches por semana y necesito que descanses Hinata, sobretodo que me llames si sientes cualquier tipo de dolencia por pequeña que sea.

Asentí, haría lo que fuese necesario. Luego de recetarme nuevas vitaminas salí de la consulta de Gaara satisfecha por mi pequeña victoria; Jiraya habló sobre los planes de Tsunade de decorar el cuarto de huéspedes de Naruto como habitación para los bebés, lo escuchaba, pero en ese momento no podía aportar nada, mi única preocupación ahora era Naruto y el tiempo: ahora tenía tres noches para hacerlo volver.

Una vez que estuve sola con él en la habitación, me dispuse a realizar mi rutina diaria, estaba terminando de darle su masaje cuando la suave melodía de mi celular se escuchó.

—Kiba, buenos días

Hola, bonita, ¿cómo va todo?

Todo igual.

—Lo siento, Hinata. —por su tono de voz supe que algo no estaba bien y no se refería a la salud de Naruto.

—¿Sucedió algo?

Toneri Õtsutsuki está en la ciudad y quiere vernos.

—Yo ya le expliqué a su abogado que no podía.

Insistió y es rotundo.

Miré a Naruto

—Ok, llamaré a Karin y saldré del hospital por una hora.

— Hecho. Hablo con Toneri y te envío un texto con el lugar y hora de reunión.

Cuando entré al restaurante del hotel donde se hospedaba Toneri, Kiba ya estaba en la mesa junto con él y su abogado, era cerca de medio día, Õtsutsuki sostenía una taza cuyo intenso olor a cappuccino no le gustó a mis bebés, ya que las arcadas no se hicieron esperar.

—Señora—dijo levantándose cuando me vio llegar a la mesa, había optado por una ropa cómoda: pantalón recto un largo suéter irlandés y botines cómodos. Ellos vestían traje.

—Hinata— respondí sentándome al lado de Kiba y frente a los dos hombres elegantemente trajeados.

Un mesero se acercó y pedí un jugo de naranja.

—¿Cómo está Uzumaki? —preguntó con una fría cortesía.

—Su estado de salud es estable.

—Señor Inuzuka, di por aceptada mi propuesta, cuando no contestaron en el plazo acordado...

—Señor Õtsutsuki, usted entenderá que...

—Señor Inuzuka—ahora, él interrumpió a Kiba—, así funcionan los negocios. El tiempo es dinero, trabajo con una subsidiaria dedicada a montar y a desmontar empresas, trabajarán con ella y en seis, a lo más, siete meses, tendrán edificio corporativo, registro industrial, personal idóneo, hasta eslogan. Eso sí, mañana ya debería estar dirigiendo el proceso. Inuzuka, usted es el experto, yo solo facilito las cosas.

—Me parece genial, ¿Qué opinas, Hinata? —Kiba estaba entusiasmado.

—Tú eres el jefe, yo solo escribo.

—Fûka está muy ilusionada, hace notas y organiza papeles para facilitarle el trabajo, sabe del embarazo y que estará muy ocupada por un tiempo —hizo una pausa—. Debe llamarla y confirmarle que escribirá su libro.

¿Para eso quería mi presencia en esta reunión? ¿Para que le confirmara que su amada esposa sí podría tener su historia hecha libro? El terrible Toneri parecía el padre sobre protector de una niñita malcriada dispuesto a comprarle todo lo que ella pedía.

Inhala oscuro y exhala rosa, no puedes estropear el sueño de Kiba.

—La llamaré ¿es todo? tengo cosas que hacer y debo irme.

—Falta definir porcentajes.

—Eso lo hará Ino Dawson, mi representante señor Õtsutsuki

—Entonces Richard se comunicará con la señora Ino Dawson, ahora si me disculpan tengo una reunión en veinte minutos y odio llegar tarde—se levantó de la silla.

Kiba y yo nos levantamos, pensé que ya se iba cuando él se giró

—Espero que Naruto se recupere señorita Hyûga, por favor comuníquese con mi esposa, la idea no es que me agrade, pero sé que está desesperada por saber noticias de él. —Me tendió una tarjeta —envié su factura telefónica a esa dirección. —cuadró su espalda y abandonó el lugar. —Bueno, eso fue raro—dijo Kiba desplomándose en la silla.

—"Envié su factura telefónica a esa dirección", es un maldito idiota.

Kiba insistió en llevarme de vuelta al hospital, pero había quedado con Karin que la relevaría en un par de horas al principio me había resistido, pero al final acepté solo por quedarme junto a él por la noche, así que fui a mi departamento. Durante el trayecto vi a mi mejor amigo pensativo y podría decir que hasta nervioso.

—¿Sucede algo vaquero? Sé que no he estado muy presente, pero sabes que cuentas conmigo— Kiba me miró resignado.

—Terminé con Samui y me siento una mierda. —detuvo el auto al llegar a un semáforo.

—Cuida tu vocabulario, hay tres bebés presentes. —Sonrió.

—Cierto, perdón pequeños Aliens—su mano libre acarició mi vientre, el momento fue incómodo pero lo dejé pasar—me di cuenta que ya no quiero entrar y salir de una relación, quiero poder encontrar una chica para quedarme ahí y enamorarme.

—¡Por todos los dioses del monte Olimpo! el tío Kiba está madurando. —Me burlé.

—Oh si, búrlate todo lo que quieras Hyûga.

—Pensé que Samui era la indicada.

—Yo también.

El resto del camino fue silencioso, llegamos a mi edificio y Kiba me dio un gran abrazo.

—Sigue siendo tan fuerte y... gracias bonita. —Lo miré sin entender—Tu eres el contacto con Õtsutsuki y gracias a él en seis meses tendremos nuestra propia casa editorial.

—En ese caso tendríamos que darle las gracias a Naruto, fue él quien hizo el contacto con Fûka Õtsutsuki, ahora tengo que irme, no vayas a ahogarte en un vaso de whisky o a cortarte las venas con una galleta de figuritas vale. Mis hijos necesitan un tío

Dormí por varias horas, tomé mis vitaminas y cené bien antes de salir al hospital, los movimientos en mi vientre habían aumentado con el pasar de los días así que sonreí cuando sentí una patadita.

Karin y Sasori estaban junto con Naruto cuando llegué a la habitación, hablamos sobre la consulta y los bebés antes de que ellos se fueran; estaba sentada leyendo cuando una de las enfermeras que atendía regularmente a Naruto, entró a revisarlo, la dejé hacer su trabajo sentada desde el sofá y cuando terminó se acercó a mí, levanté mi rostro del libro observándola.

—Para usted—dijo tendiéndome una estampa religiosa— no quiero molestarla pero, he visto como lucha por él y me gustaría regalarle esto.

—Gracias. —No quise decirle que no era creyente.

—Los milagros tocan a todos, no solo a los que tienen fe religiosa— indicó la imagen—. Es para usted, para que no se rinda. —Me dio un cálido apretón en la mano y se retiró.

Dejé la imagen sobre la mesa y me fui junto a Naruto. Me senté a su lado y tomé su mano entre la mía.

—¿Te acuerdas de la primera noche que dormimos juntos? Temblaba como una hoja, pero eras tú el que hablaba como un loro parlanchín.

Había decidido guardarme todo mi dolor y tener la mejor noche con el hombre que amaba, no sabía que me traería el día de mañana, ni cuánto tiempo más lo tendría junto a mí.

—Tampoco te disté cuenta de los celos que tuve con Sakura y que todavía tengo con Fûka—me metí con todo el cuidado del mundo en su cama—, hoy confirmé lo del libro y la editorial, así la tendré vigilada ¿ves que mala y manipuladora soy?

Me pegué a él y respiré sobre su piel, dejando que su esencia me invadiera.

—¿Sabes qué me imagino? A ti con los bebés tratando de enseñarles esgrima o vestidos de etiqueta, acompañándote a la cena de aniversario de la fundación. Sí, tres princesas o tres príncipes; o, dos princesas y un príncipe; o, dos príncipes y una princesa. Eso no importa, ¿verdad? —le di un beso— lo que importa es que tú estés ahí.

Tomé una de sus manos y la puse sobre mi vientre.

—El médico dijo que todo va bien —un aleteo de mariposa me conmovió— ¿lo sentiste? ¡Mi amor, se movieron! Tus hijos se movieron, ellos te saludaron, mi amor, ellos te quieren y te necesitan ¡por favor, Naruto, por favor, vuelve!

Me senté en la cama y traté de calmarme, tenía muchas ganas de llorar, pero resistí, ya estaba harta de las lágrimas. —Ahora, señor Senju Uzumaki, usted y yo esperaremos el amanecer.

Estaba nerviosa, Tsunade me había obligado a ir a casa y descansar, pero no podía, los bebés estaban inquietos y yo no había podido dormir desde que había dejado a Naruto junto con su madre y hermana. Hoy era el día del juicio, hoy una persona ajena definiría sobre su vida y yo me estaba muriendo de desesperación.

Escuché un ruido en la cocina y me levanté de la cama dispuesta a ir al hospital.

—¿A dónde vas? —dijo Ino cuando me vio salir.

—No sé a qué horas llegaste, pero voy a ir al hospital con o sin tu aprobación.

—Hinata acabas de llegar.

—No debí haber salido de ahí.

—Estás embarazada, tienes que descansar.

—Ino, descansaré bastante cuando esté muerta—un nudo en mi estómago me hizo agarrar mi vientre: Muerte, palabra efímera que representaba tantas cosas, dolor, ausencia, desolación. Necesitaba a Naruto, nunca debí salir del hospital.

—Te acompaño, pero primero debes comer algo—sentenció

Ino. No tenía hambre, pero tenía que comer por mis bebés, así que me senté en la isla de la cocina y comí lo que ella había colocado en mi plato. El viaje en el auto fue silencioso, tenía un presentimiento y eso hacía que el dolor en mi pecho fuese lacerante y que mis pequeñines estuviesen frenéticos.

Acariciaba mi vientre intentando calmarme, pero nada parecía funcionar, solo Naruto, lo necesitaba a él.

Mi celular replicó en mi bolsa y lo tomé con manos temblorosas justo cuando el taxi se detenía en el hospital.

—Sasuke—mi voz sonó vacilante.

—Necesitas venir Hinata.

—Estoy aquí voy a punto de subir ¿Sucede algo?

—Solo ven...

Salí del taxi rápidamente, ni siquiera esperé a Ino, sabía que tenía que tranquilizarme, solo podía pensar en mi presentimiento, intuía que se había hecho real, algo debía haber ocurrido, llegué al elevador presionando los botones, pero al parecer estaba en el último piso; justo cuando iba a subir por las escaleras Ino me tomó por el brazo.

—¡¿Vas a subir diez pisos por ahí!?

—¡No puedo esperar!

—Hinata—Ino me atrajo a sus brazos—Hinata cálmate, piensa en los bebés, piensa en cómo les afecta tu comportamiento—las puertas del elevador se abrieron y solté a Ino apretando el número diez en el panel. Mientras el elevador ascendía sentía como si nos moviéramos lentamente, mis manos estaban heladas y el nudo en mi garganta me imposibilitaba respirar.

Cuando el elevador volvió a abrirse mantuve un paso rápido hasta llegar a la habitación de Naruto, custodiada por dos hombres vestidos de policía, mi mirada se enfocó en unos desechos Jiraya y Tsunade.

Tragué saliva y miré a Naruto, con pasos temblorosos me acerqué a él y escuché cómo el respirador artificial seguía funcionando. Eso me tranquilizó, aunque los rostros de los familiares de Naruto fuesen de tristeza y desolación.

—¿Qué sucede? —Miré a Sasuke. Parco y callado junto a su esposa que por primera vez no me miraba a mi si no a sus pies. —¿Jiraya? ¿Sasori? —Karin se aferró a su esposo, su cuerpo temblando por sus sollozos; la puerta se abrió y los oficiales entraron junto con Theo James, el doctor Kankuro, el doctor Archer y Gaara.

—¿Qué sucede?

—Desconectaremos el ventilador Hinata—dijo el doctor Kankuro — El juez falló a favor de Naruto, lo siento mucho.

—¡No! —Me coloqué delante de la camilla de Naruto—¡Tiene actividad cerebral! ¡Aún está vivo! Díselos Gaara, Doctor Archer... No pueden hacer esto.

—No podemos hacer más que acatar la orden Hinata—Gaara habló con pesar—Fue la voluntad de Naruto y está avalada por un juez.

—¡La decisión del juez me importa un comino! ¡¿Por qué quieres matarlo?! —grité a Theo.

—¿¡Yo!? Yo no quiero eso, Naruto es mi amigo desde hace muchos años. ¡es su voluntad! ¿Crees que me gusta esta mierda? Se lo dije. Le dije al cabrón que no podía morirse pero él es . . . . . Uzumaki. Yo solo estoy haciendo valer su última voluntad, y su último deseo era o es no estar así—lo señaló —. No quería que se consumieran con él, no quería verlos sufrir. Ese hombre te amaba y tú eres una maldita egoísta.

No supe en que momento había empezado a caminar, pero mi mano se impactó fuertemente en su rostro, Theo acarició su mejilla antes de dictar sentencia.

—Doctor Kankuro prosiga.

—No lo haga por favor—me giré hacia el doctor Kankuro—, por favor. —No hacerlo es un desacato judicial.

—¡Quieres callarte! ¡Él es el padre de mis hijos, y soy yo quien toma el control!

—¡Tú! Lamento decepcionarte cariño, solo eres su novia, no tienes voz ante la ley, además Naruto tomó una decisión. Yo solo estoy haciendo mi trabajo. No es que me guste o que disfrute esta mierda.—respondió Theo visiblemente frustrado.

Lo ignoré y volví a la camilla sentándome a un lado.

—Naruto por favor—gruesas lágrimas corrían por mi rostro—.Quédate conmigo Naruto.

—Procedan—bloqueé la voz de Theodoro

—Por favor Naruto —me pegué a su pecho—, por favor, por favor regresa a mí ¡Naruto! —Golpeé su pecho— ¡Despierta por un demonio! — Golpeé otra vez— ¡Me lo prometiste! ¡Me lo prometiste cabrón egocéntrico! ¡Me prometiste que te quedarías conmigo! ¡Quédate, quédate, por lo que más quieras, por tus hijos, por mí, por favor Naruto, quédate! Mis sollozos eran cada vez más fuertes, el aire me faltaba.

—Hinata.

—¡No! —Me aferré a él—, no me hagas esto Naruto, no me hagas esto por favor.

—Lo siento —escuché que alguien susurró y me aferré a la camisa de Naruto sollozando, gimiendo, pidiéndole a Dios si en verdad estaba ahí que me lo devolviera, yo lo necesitaba, mis hijos lo necesitaban.

—Hinata, necesitamos proceder—la voz de Gaara fue suave —. Por favor alguien sosténgala, esto no le hace bien en su estado —dijo a lo lejos, sin embargo, me aferre aún más al cuerpo inerte de mi egocéntrico DoctorSex.

Ese hombre se había convertido en mi vida completa, era la parte que me complementaba pero que no sabía que necesitaba. Naruto me hacía sentir segura, me había enseñado muchas cosas con su despreocupada manera de ser, con su forma de ver la vida. Necesitaba a Naruto a mi lado.

—Naruto... Por favor, Naruto vuelve a mí—besé sus labios, solté su camisa para agarrar sus mejillas—Vuelve a nosotros

—Por favor cariño—los fuertes brazos de Sasori me alzaron alejándome de la camilla.

Vi como el doctor Kankuro retiraba la indumentaria lentamente, cada segundo pareció horas y cuando terminó me solté de los brazos que me sostenían y encaré a sus padres— ¡¿Por qué no luchan?! ¿Por qué no lucharon cuando todavía podía respirar por sí mismo!

—Basta Hinata—ahora fue la voz de Sasuke—Esto no es fácil para ninguno de nosotros, mira a mi madre, a mi padre, mira esta familia, ¡luchamos! Incontables veces le pedimos que se operara, pero no podíamos obligarlo a hacer algo que no él no quería.

Me acerqué al cuerpo del hombre que amaba

—Sal de esta habitación Theodoro—increpé con rabia—¡Ya está hecho sal de aquí!—acaricié su pecho con dulzura. —Quédate Naruto, no me dejes quédate, —me olvidé de todo lo que nos rodeaba y me dediqué a disfrutar lo poco que quedaba de su calor, de su aroma de hombre terco y sensual, evocando recuerdos que pasaban en mi memoria como una película antigua, completamente destrozada mientras el amor de mi vida se iba. Fue entonces cuando lo sentí... la piel bajo mi mano se movió, un pequeño silbido salía de su boca entre abierta.

Me levanté de su pecho tocando a conciencia, observando el casi inadvertido movimiento de su nariz.

—Está respirando.

—Hinata, puede ser asfixia. — dijo el doctor Archer acerándose.

—O puede ser un acto reflejo—Intervino Gaara.

—Dame un momento—el doctor Kankuro me apartó delicadamente y empezó a revisarlo. Miró los monitores y apretó el timbre de enfermería.

—¿Verdad que sí, doctor?

—Salgan todos

Quise resistirme, pero acepté, mientras salía de la habitación pude ver a los doctores examinarlo, vi a Tsunade caminar hacia mí pero ahora mismo no quería verla, a ninguno, me refugié en los brazos de mi incondicional Ino mientras el mundo giraba a mi alrededor.

—Vamos, bonita —Escuché la lejana voz de Kiba, ¿Qué hacía Kiba aquí? ¿Qué hacía yo en esta cama? Levanté mi cabeza para ver a Ino con sus ojos llorosos.

—¡Nunca vuelvas a hacerme eso! ¡Te odio! —dijo abrazándome con fuerza.

—¿Está vivo? Naruto...—intenté levantarme de nuevo, pero Kiba me obligó a recostarme.

—Sí, bonita, debes quedarte recostada.

—¿Está luchando?

—¡Dios, contigo ese hombre no tenía otra oportunidad! ¿Qué otra cosa podía hacer? — Ino secó sus lágrimas y de paso las mías. —Estas hormonas van a matarnos

—Quiero verlo—Intenté levantarme una vez más y Kiba volvió a recostarme.

—Tienes prohibido levantarte y hacer movimientos bruscos, Gaara dijo que había que esperar que tu presión se normalizara, piensa en tus hijos — Kiba pasó la mano por su cabello—Tranquila, bonita. Naruto está con los médicos, miden sus reacciones. Jiraya dijo que estarían todo el tiempo con él.

—Duerme para que cuando puedas verlo, estés descansada.— sugirió Ino, el teléfono de Kiba empezó a sonar y él contesto rápidamente.

—Es Hanabi.— ¿Hanabi? Miré a Ino, ella se encogió de hombro. ¿Desde cuándo Hanabi llamaba a Kiba? —¿Quieres hablar con ella?

—Dile que la llamaré luego—mi amigo asintió retirándose, Ino tomo mis manos acariciándolas.

—Tenía tanto miedo Ino...

—Lo sé, pero él está bien, tu estarás bien, todos estarán bien pero tienes que cuidarte, esos niños son unos ángeles—acarició mi vientre—son tan bien portados que si no hubiese visto yo misma mientras te realizaban la ecografía juraría que solo estás gorda. —Se burló

Kiba volvió a acercarse, tenía una sonrisa tonta en la cara

—¿Dijo algo?—pregunté

—Karin la llamó, la familia de Naruto está preocupada por ti, Tsunade no se ha despegado de la puerta, pienso que deberías dejarla entrar —Ino asintió dándole la razón.

—Iban a dejarlo morir, en este momento no quiero verlos; una y otra vez dejaron pasar el tiempo mientras estaba consciente e iban a permitir que lo desconectaran ahora.

—¿Qué podían hacer mientras estaba consciente? Naruto es un adulto Hinata, no podían amarrarlo y obligarlo a operarse, era una decisión de él, morir con dignidad también fue su decisión, creo que estás culpando a las personas incorrectas —Kiba fue duro y en el fondo sabía que él tenía la razón.

—Sabes que lo que dice Kiba es cierto, el único que está jugando aquí con todos es Naruto

—¿Qué dijo Hanabi?—cambié el tema de conversación.

—Que vendrá cuando pueda y te mandó besos.

—¿Besos?

Ino comenzó a burlarse de él. Que mi hermana le hablara por teléfono, aunque sea para preguntarle por mí a Kiba, era toda una novedad.

—¿Entonces, puedo decirle a Tsunade que pase?—preguntó Ino levantándose de la cama.

—Sí.

—Esa es mi chica...

Las semanas pasaron rápidamente y sin darme cuenta, ya estábamos en abril. Con Naruto todo seguía igual pero, para Kiba e Ino todo era cambios. Estaban concentrados en la editorial y Hanabi estaba trabajando con ellos, mi amiga la había contratado como asistente ya que el séptimo mes de embarazo la complicaba para algunas cosas.

Por mi parte, concentré mis esfuerzos en cuidar a Naruto y terminar mi libro, cosa que era muy buena para mi embarazo ya que, me instalé en su habitación de la clínica y Gaara me vigiló constantemente.

No sé si por la necesidad de mantener mi mente ocupada o porque escribir sobre sexo ya no me complicaba, pero "Bajo tu piel" estaba fluyendo y eso me quitaba presión con Hatake, quien estaba cada vez más resignado a mi partida.

Mi relación con la familia Uzumaki era tan buena como podía serlo entre una chica que creció sola y un familión que actuaba como tribu: todos ellos preocupados por mí mientras yo trataba de no molestar.

Sakura y Sasuke se enteraron que iban a tener un niña.

Si para mí, "Bajo tu piel" era la manera de liberar toda la ansiedad que producía estar esperando por Naruto, mi embarazo y mi salud fueron la manera que encontró Tsunade para sobrellevar el tiempo. Hizo alianza con Gaara y vigiló mi alimentación, se preocupó de la ropa y cada vez que se lo permitía, compraba cosas para los pequeños. A quien tuve que frenar fue a Jiraya, quería comprar una casa para los niños.

Karin y Sasori seguían en el programa de radio.

En la mañana me había hecho un ultrasonido revelando el sexo de dos, de mis tres bebes.

—Entonces, tendremos dos niños—dijo Kiba mientras conducía a Mickey—. Bien, tendré a quien enseñarle todos mis movimientos —subió sus cejas d forma graciosa.

—Eres un idiota—Hanabi que ojeaba una revista desde la parte de atrás del coche soltó un bufido—. No voy a dejar que mis sobrinos aprendan nada de ti.

—Seré su padrino, aunque te moleste.

—No me molesta, lo que digo es que a mis sobrinos tú tienes que enseñarles —hizo una pausa dramática y luego se acercó a su nuca— ¡nada!

—¡Hanabi!

Mi amigo se encogió de hombros, sonrió y siguió conduciendo.

—Hemos llegado, preciosa.

Miré a Kiba, él había sido mi mejor amigo durante mucho tiempo y lo amaba, lo amaba como se ama a alguien que es tu igual, como si fuese de tu propia sangre, un hermano, como amaba a Hanabi o a Ino.

—¿Estás segura de esto? El doctor Sabaku no dijo que debías evitar el estrés.

—Lo estoy.

—Si quieres, podemos dejarlo para después —Hanabi arqueó una de sus cejas cuando estuvimos fuera del alcance de Kiba.

—Hagamos esto rápido —dije a mi hermana, había tenido mi tiempo de duelo para llorar, para intentar entender y recomponerme, para finalmente levantarme, Hanabi me guió hasta el lugar porque yo ni siquiera recordaba en dónde estaba ubicado.

Quería dejar el pasado atrás, no era como si pudiera volver a él y pedir explicaciones o peor, hacer algo para cambiarlo. Mi hermana se acercó a la bóveda quitándole un par de hojas secas y colocando el ramo de flores que había traído.

—¿Quieres quedarte sola?

—Si no te importa.

Hanabi se retiró solo un poco. Lo suficiente para darme privacidad, me senté en un pequeño banco sin saber qué decir o hacer, era tanto lo que quería expresar que sentía un nudo en mi garganta. Desearía que Naruto estuviese aquí.

—Lamento no haberte conocido mejor, pero no me diste oportunidad y estoy aquí porque entiendo que necesitas esto para descansar en paz. Me dejaste sola en el momento que más te necesitaba, dejaste de luchar y preferiste irte, y yo te culpé por eso, debías protegerme y no lo hiciste. Estaba dolida, herida y tenía que librar mi propia batalla.

Si realmente puedes escucharme y si es cierto que con mi rabia no te permitía descansar, vengo a decirte que tengo la voluntad de desprenderme de ti, que te perdono e intentaré no guardarte rencor. Supongo que así tenía que ser y es en este instante, cuando sé lo que significa ser madre que puedo entender, hasta cierto punto, los sacrificios que tuviste que hacer. Te perdono, Hanna, descansa en paz.

Y me fui; liberada, llegué hasta mi hermana y la abracé. Había leído el diario de Hanna dándome cuenta que ella no me había abandonado como siempre lo supuse. Hanna me había amado una manera extraña de amar pero, lo hizo. Había conocido a Jackson en un bar donde trabajaba por las noches de mesera cuando yo tenía tres años, él había sido insistente, pero ella era desconfiada y George la tenía vigilada así que tuvo que invertir tiempo para conquistarla y al final, lo hizo y la llevó lejos, conmigo.

Dos meses duró esa experiencia porque fue fácil para George ubicarnos y lograr mi custodia y una orden de alejamiento. Mi abuelo logró demostrar, con artimañas y pruebas circunstanciales, maltrato y abuso de estupefacientes de los que mi madre no pudo defenderse.

Hubiese querido poder odiar a George. No fue el padre modelo, pero había estado conmigo para cada cosa que había necesitado incluso había aceptado que estudiase literatura en vez de hacer una carrera militar como él deseaba.

—¿A la clínica, señoritas?

—Sí. —Ahora más que nunca necesitaba a Naruto.

—Entonces, hablé con ella y tenías razón, me liberé de un gran peso. En tus palabras sería algo como "Dejé de ser la jodida niña amargada que culpaba de todo lo malo que le pasaba a la madre que no tuvo". Leer su diario de vida no cambió los hechos pero entendí por qué ella no estuvo conmigo—observé su rostro, bello y en paz.

» Si despertaras, podrías ver lo adulta que me he vuelto—sonreí y le di un beso en la frente—y cómo quedó mi segundo libro de sexo. Fuiste un gran maestro, Naruto Senju Uzumaki terminé de escribir el epílogo y te lo voy a leer. Si algo no te gusta, levantas la mano.

No terminé de decirlo y un dolor agudo punzó mis costillas, respiré profundo tratando de recuperar el aire, uno de mis hijos me había dado una patadita, evidentemente no le había gustado el chiste. Me bajé de la cama y busqué la tableta en mi bolsa, encendiéndola para encontrar el archivo que había escrito la noche anterior y se lo leí.

—Entonces, volviste porque Jamie te lo pidió—musitó ella en voz baja, sus manos habían comenzado a sudar cuando lo vio, él estaba elegantemente vestido con un esmoquin negro, llevando del brazo a Ambar hacia el altar donde Jamie la esperaba con los ojos repletos en lágrimas.

—Vine más porque Ambar me quería aquí, esa mujer es de temer, puede ubicarme y cortar mis bolas cuando esté dormido.

Ivy sonrió ante la ocurrencia de Darren, su cuerpo parecía aún más esculpido que hacía tres años atrás.

—Me dijo Jamie que entraste a la universidad y vas a estudiar para ser enfermera de guerra.

—Eso es lo que él quisiera, pero le temo a la sangre lo sabes, estoy estudiando culinaria.

—¿Tú? —él sonrió con burla, sus ojos negros brillaron un poco—Si mal no recuerdo una vez casi quemas la cabaña.

—Nunca vas a perdonarme eso ¿verdad?

—Yo te perdonaría cualquier cosa.

—Darren...

El moreno acarició su rostro con delicadeza como aquella vez cuando los hombres de Daddy los habían sorprendido en la cabaña.

—Estás hermosa, Ivanna...

—Darren, yo...

—Dime que ya no me quieres y me iré, Ivy pero, dejemos esta pendejada de hacernos los tontos y no demostrar que nos estamos muriendo por un beso, pequeña.

—Yo...

Darren bajó la cabeza derrotado, hubo un momento que creyó ver la mirada que solo ella le brindaba, habían pasado años desde que él se había marchado dando la baja en la brigada policial y desapareciendo de todos menos de Ambar, quizá ella... No, no quería pensar en ella con otro hombre que no fuera él.

—Lo siento, yo

—No te vayas—Ivy lo tomó por las solapas de la chaqueta de su esmoquin —No te atrevas a volver a dejarme Teniente Tramel.

—Ya no soy Teniente.

—¡Joder! Bésame Darren— y ella no tuvo que repetírselo, la tomó entre sus brazos llevando sus labios a los de ella, saboreando su piel, recordando la textura de su boca.

Se besaron por segundos, por minutos, sin importar el lugar en donde se encontraban, sin darle mayor atención a su pequeña burbuja de reencuentro, perdón y amor, se besaron hasta que sus cuerpos los obligaron a separarse.

—Ambar y Jamie ya están casados.

—Haz lo que quieras conmigo—dijo ella entre jadeos.

—Nunca le digas eso a un hombre, pequeña... tengo buenos, maravillosos y retorcidos planes en mente así que no me des ese poder.

—¿En esos planes hay una cama?

—Demonios, nena, esos planes comienzan en mi auto.

—Entonces, lléveme allí, Teniente—murmuró besándolo suavemente—Lléveme allí.

Expulsé todo el aire que tenía retenido, recordando el final de "Atada a Ti" y la manera en como Naruto había organizado los párrafos finales, dejé la tableta en la mesa a un lado de la cama y me acosté a su lado uniendo nuestras manos en absoluto silencio, cerré los ojos buscando que el sueño llegase a mí, pero tenía tres niños dentro que me impedían conciliarlo.

Sentí una nueva patada y tomé la mano de Naruto llevándola hasta el lugar donde había sentido el movimiento.

—Parece que vamos a tener las manos llenas Naruto—sonreí acariciando su rostro con mis dedos, los ojos de Naruto empezaron moverse, sus pestañas revolotearon unos segundos y luego comenzaron a abrirse, orbes azules somnolientos parpadearon un par de veces.

Pensé que era un sueño. Mi corazón latía atronadoramente, mientras observaba los sutiles movimientos de sus ojos. ¿De verdad estaba ocurriendo? Me levanté de la cama observándolo, detallando incrédula lo que mis propios ojos estaban viendo, y cuando los suyos se abrieron adaptándose a la luz de la habitación, lloré.

Lloré dejándome caer sobre su pecho, lloré de alegría por verlo despierto, él hizo un sonido, como si quisiera hablarme, lo besé, besé su boca, su nariz sus mejillas, mientras mis lágrimas seguían derramándose.

—Tranquilo...—sorbí mi nariz—has estado dormido un tiempo guapo, pero por fin has vuelto a casa.

Besé sus mejillas y sus labios muy suavemente antes de oprimir el botón que alertaba a las enfermeras, no pasó mucho tiempo antes que el doctor Archer llegara junto al doctor Kankuro, me separé de él para dejar que lo examinaran.

Estaba enviando un mensaje de texto a Jiraya cuando el doctor Kankuro me llamó.

—Tenemos que realizarle algunas pruebas...esto es un milagro Hinata—acaricié mi vientre sonriendo.

—Lo es, llamaré a sus padres—dos enfermeros entraron a la habitación, tomé su mano diciéndole sin palabras que estaba aquí. Que me quedaría con él.

Mientras le realizaban los exámenes llamé a todos, Tsunade ya estaba en camino y Jiraya estaba en la Fundación junto con Sasuke. Cuando volvieron con Naruto a la habitación estaba sentada en el sofá acariciando mi vientre, esperé hasta que los enfermeros trasladaron su cuerpo a su cama levantándola para que estuviera en mejor posición.

Una enfermera entró trayendo consigo un vaso con lo que parecía agua y una pajilla.

—Debe tomarla lentamente—me entregó el vaso y asentí antes de acercarme a su cama, sus ojos me observaban llenos de preguntas. Una vez que estuvimos solos, me senté a un lado de su cama y besé sus nudillos antes de unir nuestras frentes.

—Estas aquí...—No pude evitar las lágrimas, aunque éstas no eran por dolor, ni por tristezas, eran lágrimas de victoria porque él había vencido la muerte, porque se había quedado junto a mí. —Te amo tanto Naruto—su mano se movió tímidamente antes de colocarse en mi vientre.

—Cu..cuanto...—sabía lo que estaba preguntando.

—Dos meses.

—Yo...—le ofrecí la pajilla y sorbió lentamente.

—No importa, estas aquí.

La puerta se abrió y Tsunade y Karin entraron a la habitación. Cuando sus ojos se encontraron con los de Naruto él les dio una sonrisa débil y ellas estallaron en lágrimas.

Un par de horas después la familia Uzumaki había llegado incluso Ino, Hanabi y Kiba habían pasado a decir "Hola" y aunque mi hermana quería quedarse junto a mí, Ino la necesitaba así que había prometido volver antes que anocheciera.

Sentía que había liberado una carga muy pesada, como si hubiese corrido una maratón y era el turno de descansar...Sentía paz, Sakura se acercó hasta mi lugar en el sofá y acarició mi vientre en una señal de apoyo, yo hice lo mismo con el suyo, parecía que ella fuese la embarazada de trillizos.

—Quiere tenerte cerca—susurró Tsunade llegando a mi lado, me levanté del sofá y tomé mi antiguo lugar en la cama.

—¿Están todos bien? —su voz aún era un poco gruesa pero el doctor Archer había dicho que era completamente normal.

—Bien, muy grandes y fuertes, aun no sé el sexo de ninguno de los tres.

—Las cosas buenas se hacen esperar—dijo y me acerqué hasta dejar un beso sobre sus labios.

—Dignos hijos tuyos.

La puerta se abrió y el doctor Archer entró con una sonrisa.

—Naruto, es bueno verte ahora mucho más despierto, el doctor Kankuro vendrá en un par de horas, pero mientras tanto, necesito hacerte una prueba—se giró hacia la familia de Naruto, —¿podrían dejarme a solas con él?.

Naruto apretó mi mano en desacuerdo.

—Deje que ella se quede—dijo con dificultad.

—Está bien muchacho. —me levanté de la cama—Solo porque esta niña ha vivido pegada a tu cama durante este tiempo. Voy a practicarte una prueba neurológica, estuviste dormido durante un gran período de tiempo y lo más recomendable es que realices algunas terapias para reactivar los músculos. Ahora, necesito que cierres los ojos y me digas si sientes algún tipo de dolor.

Besé sus nudillos y me alejé de la cama, lo vi cerrar los ojos mientras el doctor Archer retiraba las sábanas de su cuerpo y sacaba de su bata algo similar a una aguja y pinchaba el brazo izquierdo de Naruto.

—¿Sientes esto?—el asintió, los piquetes iban descendiendo por su cuerpo, Naruto hacía gestos con su rostro pero insistía que era solo una molestia, no dolor, o al menos fue así hasta que el doctor Archer pinchó sus piernas.

—¿Naruto, podrías abrir los ojos y decirme qué sientes?—miré al doctor Kankuro, al mismo tiempo que Naruto abría los ojos, ambos observando como la aguja se introducía en su piel.

—No siento nada...—observé la reacción del doctor Archer y luego a Naruto sus ojos que hasta hacía unos momentos atrás estaban felices, me observaron confundidos y temerosos. El doctor negó con su cabeza y pico su piel con la aguja tres veces más en lugares diferentes antes de respirar profundamente.

—¿Por qué no pudo sentir nada?—su voz fue insegura. —¿Podré volver a caminar?

—Por el tiempo que tuviste en reposo tu cuerpo está presentando una pérdida de sensibilidad transitoria en las extremidades inferiores

—Esa no es la pregunta que te realicé, Yamato. Pregunté si voy a volver a caminar.

—Naruto...—me acerqué para intentar tomar su mano, él la retiro muy rápido.

—Contéstame.

—Caminarás eventualmente.

— ¿Eventualmente? —dijo con ironía.

—Sí, no estás invalido Naruto, solo es algo temporal, todo depende de qué tan bien tomes la terapia, qué tan consistente seas, igual vamos a practicarte más exámenes, no te desanimes.

Una vez que el doctor Archer abandonó la habitación, la pesadez se instaló entre los dos quise acercarme a él y decirle que todo estaría bien, más su reacción me dolió profundamente.

—Quiero estar solo Hinata, podrías salir de la habitación. Supe que mi paz había sido efímera.

Continuará...


Muchas gracias por seguir esta historia, siento que no me equivoque al editarla a NaruHina, Mas tarde les traeré lo que falta de capítulos.