DISCLAIMER: Los personajes son de Rumiko Takahashi pero la historia es mía. NO AUTORIZO para que esta se modifique o publique en otro lugar.
Derechos Reservados.
Capítulo 35: El Desenlace.
Iban solamente los dos, habían algunos soldados y voluntarios que quisieron acompañar a los hermanos pero el mayor de los Taisho rechazó la ayuda. Les pidió eso sí que se mantuvieran alertas por si encontraban a más sospechosos del secuestro.
La noticia se propagó rápidamente por todo el país. El secuestro de una lady no era algo que ocurriera muy a menudo. Los nobles estaban consternados por la noticia, la misma esposa del famoso Demonio Blanco, secuestrada en medio del camino, ni siquiera había sido en la noche ¿qué clase de seguridad tenían? Algunos cuestionaron la situación vivida en el país, no se sentían seguros y esperaban que pronto apareciera la dama en cuestión.
El rey también se enteró de la noticia. Se preocupó no tanto por la pérdida de aquella mujer tan insolente e impertinente, sino, por lo que la gente podría estar pensando. Lo cuestionaban a él, murmuraban contra él por la deficiente seguridad a sus súbditos y estar tan enfocado en la interminable guerra. Surgieron comentarios a cerca de su conversación con el Lord, en la última velada. Las personas se enteraron que Sesshomaru había estado en desacuerdo con seguir una guerra inútil y la gente estaba comenzando a estar de acuerdo con él. Maldito Demonio Blanco, mascullaba el rey, se había hecho tan popular y ni siquiera tenía carisma ¿qué le veía la gente? Pues lo que el rey no veía era que el pueblo y los nobles eran muy conscientes de los muchos años en altamar defendiendo el país a mano de piratas, corsarios y el enemigo, siempre había estado sirviendo y arriesgando su vida por la seguridad del país. Y él sólo estaba ahí, en su lujoso castillo, dando veladas de vez en cuando, haciendo como si nada pasara.
Pronto se espació el rumor que otro noble era el responsable de la desaparición de la lady. Se enteraron que era el Comodoro Naraku quién había planeado el secuestro de la esposa de Lord Taisho y surgieron más rumores de la conversación en la velada. Ahora no sólo los nobles estaban sorprendidos y algo desconfiados con la situación, sino también el resto de las personas, sentían recelo de la amistad del rey con aquel hombre que se atrevía a desafiar al mismísimo demonio blanco secuestrando a su esposa. Si el rey permitía aquello ¿qué confianza les daba? ¿entonces no era honorable? ¿no buscaba el bienestar del país? ¿tenían razón aquellos que ya no querían más guerra? Ya nadie se sentía seguro ni en su propio hogar.
- ¿Dónde estuviste todo este tiempo?- Le preguntó finalmente su hermano mayor, pero sin mirarlo, tenía la vista concentrada en el frente, con sus manos aferradas con fuerza a las riendas de su cabello, sin despegar sus ojos del camino.
Inuyasha lo miró detenidamente. Su hermano mayor lucía ansioso, tenso y preocupado, él jamás en su vida lo había visto así, nunca. Y eso le develó que siempre lo había juzgando mal sólo por sus celos infantiles.
- El rey me envió una carta, decía que debía volver al ejército.- Declaró. Sesshomaru recordó que el soberano había comentado en algún momento que su hermano pagaría por no cumplir una promesa de honor- Me enviaron a la frontera, pero volví cuando supe lo de Kagome. Los rumores se esparcen muy rápido.
Sesshomaru asintió.
- Era de esperarse- Respondió ronco. Luego desvió apenas la mirada a él- Te castigarán por esta deserción.
Inuyasha suspiró medio cansado y se encogió de hombros.
- ¡Bah! Ni que fuera tu problema- Respondió como si nada, encogiéndose de hombros- Además ya te dije, Kagome me importa. Ella es parte de nuestra familia. No puedo quedarme de brazos cruzados sin hacer nada.
El Lord apenas lo miró y no respondió, enfocó sus ojos dorados en el frente, agradeciendo en silencio por la ayuda de su hermano. Si él fuera el de antes, inseguro y rencoroso, quizás lo mataría a golpes. Pero ya había aprendido la lección. Su esposa, Kagome, lo amaba sólo a él y llevaba un hijo fruto de su amor, por lo tanto, no tenía nada que temer. Si su hermano seguía perdido de amor por ella ya no era problema de ellos. Pero agradecía el afecto.
Necesitaba encontrarla pronto. Cada minuto que pasaba, cada hora, sentía que se le iba la vida ¿dónde estaría? ¿qué le habrían hecho? Intentó apartar ese pensamiento de su mente, que los primeros instantes luego de saber lo del secuestro lo habían llevado a la desesperación y casi la locura. Un error imperdonable de su parte, porque aquello no lo había dejado pensar bien. Había perdido tiempo en reaccionar y luego relacionar su desaparición con la invitación de Lady Kagura. Pero tenía que remediarlo y era encontrando lo más rápido posible al maldito bastardo de Naraku.
Inuyasha lo llevó a una pequeña caleta, pobre y casi escondida entre roquerios, bastante al sur y alejada de la capital. Los hombres se adentraron solos en aquel lugar empobrecido y casi solitario. Allí encontraron, no sin antes sobornar con un par de monedas de oro que llevaba Inuyasha, a un par de hombres que sabían donde estaba el de la dentadura podrida con un diente de oro. Por supuesto no estaba solo, habían un par más celebrando la recompensa, mientras uno, de aspecto distinguido y sereno, los observaba sentado desde más lejos, bebiendo solo.
La taberna era un lugar medio sucio y lúgubre, ya casi era de noche cuando llegaron ahí, se sentían cansados pero ansiosos de conocer nuevas noticias a cerca del paradero de Kagome, así que encontrar al que había sido parte del secuestro renovó sus energías. Inuyasha lo localizó de inmediato semi dormido sobre la mesita de madera. El resto de sus compinches estaban igual o en peor estado de ebriedad, ni cuenta se dieron cuando el menor de los hermanos lo agarró de la camisa y lo levantó a duras penas de la silla. Las prostitutas y el dueño del lugar se escondieron lo mejor que pudieron.
- Así te quería encontrar, viejo asqueroso- Masculló Inuyasha.
El hombre despertó del puro susto y lo miró horrorizado.
Un par de hombres aún medios ebrios quisieron ayudarle pero se quedaron como estatuas cuando Sesshomaru desenvainó su brillante espada y los fulminó con la mirada.
- Qué… de qué…
Inuyasha lo acercó a su rostro y sacó su arma apuntándole directamente al rostro.
- No te hagas el idiota conmigo. Sé que participaste en un secuestro de una dama ¡dónde esta ella! ¿Fue Naraku quién te envió?- Bramó.
En ese momento, algunos hombres se atrevieron a moverse para escapar, sin embargo Sesshomaru fue rápido y agitó su espada, cuando uno fue herido en la pierna y quedó en el suelo el resto no se atrevió a moverse.
Finalmente Muso se puso lentamente de pie. Los veía con recelo, pero a la vez con desdén. Había escuchado de los hermanos Taisho, pero jamás los había visto en su vida. No se sorprendió de ellos como el resto de los cobardes que tenía por súbditos. Muso era bien consciente que él también era un noble, no un lord de importancia pero sí alguien que había vivido toda la vida de manera holgada, hasta hacía un par de años atrás que se había gastado la fortuna entera y había comenzado a trabajar para Naraku. Él pagaba bien y así podía seguir manteniendo su estilo de vida de antes.
Vio como Inuyasha lanzaba al suelo al del diente de oro al ver que éste apenas murmuraba y le apuntó con la pistola, escuchó el click del arma. El hombre estaba a punto de disparar, pensó.
- ¡No sé nada! ¡Yo sólo trabajo para Muso!- Gritó éste. Finalmente.
Fue inevitable que el resto de los borrachos lo mirara a él, delatándolo. Muso suspiró y dejó su vaso de vino sobre la mesa, entrecerrando los ojos. Ni modo, pensó. Tendré que batirme con esos dos.
Inuyasha y Sesshomaru dirigieron la mirada a él. Lo comprendieron de inmediato. El menor de los Taisho pateó en las piernas al del diente de oro y entonces dirigió la mirada a Sesshomaru. Parecía a punto de transformarse.
- ¿Es usted Muso?- Preguntó finalmente el Lord, con el cuerpo tenso, la mano empuñando la espada firmemente, los ojos fulgurantes y dorados clavados en el otro. Finalmente Muso suspiró, como si en realidad el asunto no importara y los miró, esbozando una sonrisa.
- El mismo ¿y quienes son ustedes?- Les preguntó calmo, poniéndose de pie con lentitud, viendo como Sesshomaru se ponía en posición de ataque, pero aún así no se amedrentó.
- Usted secuestró a mi esposa- Masculló con voz gutural el Lord, casi perdiendo la paciencia.
- Ahhh, la hermosa mujer del carruaje elegante…- Dijo el otro, queriendo parecer tranquilo y alzó los ojos al cielo-… sí, fue un encargo… - Lo miró con una sonrisa burlona- Imagino que ya sabe quien me lo pidió.
Sesshomaru estaba a punto de matarlo. Sintió la mano de Inuyasha en su brazo y lo miró como si también a él quisiera asesinarlo, pero el otro lucía muy serio y murmuró:
- Él debe habérsela entregado a Naraku, significa que sabe en dónde esta. No puedes matarlo aún.
- ¿Va a matarme?- Le preguntó Muso alzando una ceja y con su voz burlona.
Sesshomaru no apartaba la mirada de él, quería golpearlo y torturarlo, pero la verdad necesitaba que le diera la información pronto, estaba perdiendo tiempo valioso.
- Si no me dice el paradero de mi esposa, lo haré- Respondió Sesshomaru intentando contenerse. Muso suspiró y caminó hacia ellos, vio como los dos hermanos se pusieron alertas.
- No sacará nada si me mata.- Le respondió. Vio un brillo extraño en los ojos del Lord.
- Usted hablará. Tarde o temprano.
Muso intentó decir "eso lo veremos", pero se encogió de hombros y luego vio con resignación al resto de sus súbditos, la mayoría inconsciente por la bebida, los pocos aún conscientes, lo miraban medios escondidos, acobardados ante la presencia del Lord. Supo que tendría que arreglárselas solo. Se sentía confiado. Debía tener la misma edad del hombre que tenía en frente suyo y siempre había escuchado con desdén y algo de envidia los rumores del demonio blanco. Algo de celos también. Pero ahora podría poner en práctica y demostrar que siempre él era mejor. Había recibido una excelente instrucción y Naraku, había sido también su maestro.
- Nos batiremos en un duelo de espadas. Le diré todo si logra vencerme- Le declaró.
Sesshomaru temblaba de ira. Quería asesinarlo, el maldito se burlaba de él y más encima era el responsable de secuestrar a Kagome y llevársela al depravado de Naraku, no quería perder más tiempo. Pero si quería llegar pronto a ella, debía aceptar sus condiciones. El mar, bien sabía, era extenso y Naraku, era experto en esconderse.
Lo siguió con la mirada siniestra mientras Muso caminaba hacia el exterior, los hermanos lo siguieron rápidamente y tras ellos, los hombres que aún podían sostenerse en pie y las prostitutas para mirar lo que consideraban iba a ser un gran espectáculo.
En un callejón medio oscuro y maloliente, Sesshomaru y Muso se enfrentaron con sus espadas. El Lord supo de inmediato del porqué de su arrogancia. Era bueno, bastante diestro y rápido.
Inuyasha observaba con atención como ambos hombres se batían con sus espadas, por un momento se desesperó, los golpes de su hermano eran buenos, pero se daba cuenta que él estaba ansioso y lo comprendía, sabía que su mente sólo podía pensar en Kagome y en que estuviera bien.
Sesshomaru se dio cuenta que casi daba golpes por dar, impaciente como estaba se estaba agitando y cansando más de la cuenta. Cuando la espada de Muso lo hirió en el costado supo que debía recobrar la razón. Se miró la camisa blanca que comenzaba a mancharse de sangre. La palpó con sus dedos y la tocó, sin sentir dolor. Miró con los ojos fulgurantes a su contrincante y atacó, esta vez con precisión y sangre fría. Como el Demonio Blanco cuando estaba en altamar. Sin miramientos, sin remordimientos, sin nada más en mente que destruir a su contrincante. Muso se dio cuenta del cambio de actitud, arrugó el ceño y trató de defenderse lo mejor que pudo, pero el Lord no le dio tregua y finalmente su filosa espada golpeó la suya mandándola lejos. Todos observaron como Muso quedaba sin su arma y retuvieron la respiración cuando Sesshomaru, en frente suyo, aún sostenía la suya, pero sin atacarlo.
- ¡Me dirá ahora mismo dónde esta mi esposa!
Muso era un noble, más no honorable. Lo miró con desazón sin creer que había perdido, estaba seguro que ganaría, ya que siempre había pensando, con cierto grado de envidia, que lo de demonio blanco era una exageración y más de alguna vez había vociferado que si lo tenía en frente seguro le ganaría. Ahora tenía a un par de borrachos compinches observándolo, a la gente de pueblo y las prostitutas del lugar que sabrían que había perdido. Y delatado al Comodoro. Entonces sonrió y sacó una pequeña daga que tenía en el talón, escondida bajo su pantalón, justo en el instante en que Sesshomaru se acercó intimidantemente para amenazarlo. Le acuchilló el muslo y esta quedó clavada en la piel del Lord. Inuyasha se abalanzó con rabia a él deseoso de golpearlo, pero Sesshomaru sin miramientos y sin siquiera quejarse de la nueva herida traicionera, en un rápido movimiento le asestó con su espada en la muñeca desprendiéndola del brazo. Muso gritó sorprendido y a la vez adolorido, mirando sin creer el muñón de su mano y, ésta, en el suelo. Los demás gimieron de sorpresa y a la vez horror, el único que aún parecía estar en aparente calma era Sesshomaru, que lo observaba fríamente desde su altura. Hasta Inuyasha hizo una mueca al ver su miembro mutilado. No es que no viera cosas así en el ejército, pero es que esta era bastante grotesca, los huesos se podían ver a través de la herida abierta.
- Mal… maldito- Gimió Muso agarrándose el muñón que seguía borboteando sangre y sintiendo dolor y desazón, pero también la ira apoderándose de él- ¡Bastardo! ¡No te diré nada!- Lo desafió.
Inuyasha cerró los ojos y sólo escuchó un nuevo grito del hombre. Para cuando se atrevió a abrir los ojos, Sesshomaru lo había vuelto a cortar, esta vez a la altura del codo, por lo que otro trozo de su brazo quedó en el suelo. Algunas personas vomitaron, las prostitutas se alejaron gritando y sólo algunos se quedaron aún estáticos ahí, sin atreverse a hacer nada.
- La próxima vez cortaré su brazo por completo. Y seguiré, hasta que me diga donde esta mi esposa- Masculló Sesshomaru mientras sacaba la daga clavada en su muslo y la lanzaba lejos como si nada. Acercó una vez su espada hasta su estómago y sonrió como el diablo- Puedo destriparlo también. Y créame, no morirá de inmediato.
Muso tembló de horror y frustración, estaba ya débil y había perdido demasiada sangre. Apretó los labios y volvió a mirar con horror su brazo mutilado. Sesshomaru volvió a alzar la espada y entonces él gritó.
- ¡Esta en el norte!- Gritó, cerrando los ojos y temblando, el corazón acelerado y el dolor espantoso dominando por completo su cuerpo- En una isla del norte…- Musitó cada vez más débil-… llamada Formosa. Ese es su escondite, ahí… supongo que se dirigía.
Inuyasha miró a su hermano triunfal. El Lord no dijo nada, sólo envainó su espada y se alejó rápidamente de allí. Las personas le abrieron paso y en silencio casi inclinaron sus cabezas en señal de respeto y también temor. Su hermano lo siguió con rapidez, dejando a Muso en el suelo, con espasmos debido a la pérdida de sangre. Nadie de los presente fue capaz de ayudarlo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Después de haber sido entregada al Comodoro como si fuera una mercancía, Naraku la había llevado a su camarote mientras el barco se alejaba rápidamente del otro. Kagome se había abstenido de gritar o decir algo, trataba de mantenerse calma a pesar de terror de verse a merced del degenerado hombre. La tuvo casi que arrastrar tomándola de un brazo hasta que la llevó a una gran habitación, lujosa, espaciosa pero que a la muchacha sólo le dio escalofríos. Ella estaba asustada, aterrada, pero intentaba mantener la calma a duras penas. Pensaba en su bebé que llevaba en el vientre y trataba de calmarlo con pensamientos positivos y palabras prósperas.
Amarrada aún de las manos que tenía tras la espalda, la muchacha caminó aprisa hasta el extremo de la habitación cuando éste la soltó y cerró la puerta, ella lo miró con ojos fieros. Si no fuera por la ventana mediana que estaba abierta, el lugar hubiera estado casi en penumbras.
- ¡Aléjese!- Masculló Kagome mirándolo fieramente, pero manteniéndose altiva- ¡No se acerque a mi! ¿cómo se atreve? ¿cómo se atreve a secuestrarme?
Naraku sonrió y se sentó en una gran poltrona que estaba tras su escritorio, subió incluso los pies a la mesa y desde ahí encendió un puro, observándola con deseo.
- Mi querida Lady, no puedo creer que al fin este en mis manos- Murmuró, mientras echaba humo por su boca y observaba los anillos que se formaban y luego desaparecían en el aire.
La joven comenzó a sentir nauseas debido al olor del puro, si no fuera que la ventana estaba abierta y entraba luz y aire marino, tal vez hubiera vomitado.
- Es usted despreciable- Masculló, mirándolo con rencor.- ¿Por qué estoy aquí?
Vio que él alzaba una ceja y esbozaba una sonrisa.
- Porque quiero.- Respondió simplemente. – Y puedo- Agregó.
Kagome afiló la mirada en el hombre.
- Pagará por secuestrarme. ¡Sesshomaru lo hará pagar por esto!
Naraku rió y luego aplastó lo que quedaba del puro en un cenicero. Se levantó lentamente y comenzó a acercarse a ella, Kagome pareció encogerse casi como un animalito a punto de ser devorado, aunque mantenía su mirada castaña en el hombre sin perderlo de vista, su respiración se hizo cada vez más dificultosa hasta que Naraku la tomó de la barbilla. Ella tenía la espalda firmemente apegada a la pared queriendo no ser tocada, pero ya no tenía escapatoria. Intentó mover el rostro pero el agarre de sus dedos en su mandíbula era firme, casi doloroso, obligándola a mirarlo.
- Mi querida lady Kagome. Creo que no esta en posición de hacerme amenazas tan tontas. Su esposo nunca sabrá dónde estoy. ¿Y cree que me importa?
Ella tragó y comprendió, recordando que él había desaparecido después de lo de su amiga Eri. Nadie supo nada de él, ni Sesshomaru sabía su paradero. Tragó con fuerza mirándolo con aprehensión y pensando ¿cómo iba a escapar? Porque iba a hacerlo, claro que lo intentaría.
- No se saldrá con la suya- Masculló la muchacha.
El hombre sonrió tranquilamente.
- Siempre me he salido con la mía. Lo que quiero, lo obtengo… ¿se acuerda de esa señorita amiga suya? La verdad es que usted era mi objetivo- Declaró, asustando a la joven que palideció al instante- Pero estaba siempre junto a ese tonto muchacho Taisho…- Kagome había casi dejado de respirar, el hombre acercó su otra mano a su cuello y comenzó a acariciarlo lentamente-… pero era a usted a quien deseaba…- Su voz se tornó casi en un murmullo y entonces aprovechó que ella se mantenía paralizada por la revelación para acercar el rostro a su cuello-… estaba tan desesperado que ataqué su inmundo pueblo para al fin tenerla, pero ya ve, usted justo esa noche no estaba- La revelación hizo estremecer a Kagome aún más, respiraba con fuerza y creía que se iba a ahogar.
El hombre comenzó a besar su cuello y entonces ella despertó y se horrorizó, intentó apartarse pero él la sujetó con fuerza de la cintura, Kagome se retorció sintiendo asco de su toque, Naraku aplastó su cuerpo grande y musculoso contra el de ella que no tenía forma de escapar, percibió la gran erección entre sus piernas y quiso patearlo, pero el largo de su vestido le impedía mover sus piernas como quisiera, para su sorpresa y alivio, Naraku se alejó de ella haciendo gestos con la nariz, agitado, rojo y con mirada libidinosa.
- Creo que le hace falta un baño, milady- Le dijo con burla. Kagome lo miraba aún aterrada y con parte del cabello sobre sus ojos, comprendiendo a lo que se refería. Llevaba dos días ya con la misma vestimenta, había estado en la embarcación maloliente de Muso, no debía estar para nada muy presentable y agradecía enormemente que eso sucediera – Cuando lleguemos a mi castillo, retomaremos donde quedamos.
Rió y salió del camarote mientras ella al fin cedía a sus emociones y sollozaba cayendo lentamente al suelo y quedando ahí, asustada y sintiéndose impotente por no poder hacer nada, amarrada aún como estaba y cada vez alejándose más hasta su escondite. Sólo rogó ser capaz de salir ilesa de la situación, porque si Sesshomaru no lograba encontrarla, tendría que ella misma salir como fuera de las garras de ese hombre.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Estaban en el Bakusaiga, el barco que él utilizaría para perseguir y llegar al escondite de Naraku. Cuando las personas lo vieron de vuelta en la capital junto a su hermano, quedaron sorprendidos por lo aparentemente herido que venía el Lord. La camisa blanca denotaba una mancha roja seca de sangre y en su pantalón, aunque oscuro, se veía sucio, arrugado, y rasgado a la altura del muslo, lo que denotaba claramente que también había sido herido ahí. Inuyasha intentó convencerlo de ir al castillo, cambiarse de ropas y llamar a un doctor, pero Sesshomaru se negó tajantemente a aquello, su corazón se aceleraba dolorosamente cada vez que recordaba que Kagome pasaba un minuto más al lado del degenerado del Comodoro. No podía permitirlo ¡no! Y necesitaba acortar ese tiempo llegando lo antes posible para rescatarla. Además, podrían propagarse los rumores de que Muso le había revelado el paradero de Naraku y éste podría volver a esconderse en otro lugar.
Jaken estaba en el barco, presentía que de un momento a otro su señor necesitaría el navío por lo que se alegró de verlo en un principio, pero luego su aspecto le causó preocupación. Cauteloso como era no dijo nada cuando Sesshomaru subió seguido de Inuyasha.
Eran pocos pero los mejores de su tripulación que ya estaban ahí, convocados por su viejo sirviente, como siempre adelantándose a sus pensamientos, no tuvo tiempo de agradecer, sólo dio las ordenes para zarpar y entonces Sesshomaru tomó el timón con rumbo a las islas del norte.
Inuyasha a pesar de lo nervioso y ansioso que estaba, se lavó en el camarote de Seshomaru y comió algo que ahí había. Aún tenía en la retina el sangriento momento en que su hermano desmembraba a ese tal Muso y sintió escalofríos. Se dio cuenta lo ágil y experto que era con la espada y lo sangre fría que podía llegar a ser, comprendía de todas formas su proceder y desesperación.
Dormitó un poco y para cuando despertó, ya era de noche, el barco seguía surcando las olas con rapidez y al asomarse por la ventanilla del camarote, sólo pudo ver el océano y el cielo negro de la noche, nada más. Salió al exterior y vio a Sesshomaru en el mismo lugar donde lo había visto por última vez, hacía ya unas cuatro horas. Él ya se sentía descansado y aunque su hermano no parecía para nada debilitado, Inuyasha supo que no era así. Se acercó y le tocó el hombro. El Lord pareció despertar de un sueño, pues tenía clavada la mirada en el horizonte mientras sus manos conducían el timón diestramente, lo miró y en ese momento Inuyasha notó el cansancio en sus ojos.
- Ve a comer un poco. Y duerme. Esa isla esta al norte y deberíamos llegar en unas tres horas más.
- Estoy bien- Murmuró, volviendo la mirada hacia el frente.
Inuyasha suspiró pesadamente y llamó a Jaken, cuando estuvo a su lado volvió a dirigirse a su hermano.
- Tu sirviente estará al mando del timón. Vamos, voy a ver esas heridas que te hicieron.
Sesshomaru lo miró alzando una ceja, creyó que estaba soñando, su hermano menor se encogió de hombros, sabía que estaba cuestionándose su arrebato de fraternidad.
- Sí, milord, vaya y descanse un momento. Si Lady Kagome esta en manos de ese sucio Comodoro va a tener que estar usted muy recuperado para enfrentarse a ese hombre.
El Lord pareció pensarlo un momento. No se sentía cansado ni adolorido, ni siquiera tenía hambre, lo único que sentía era ansiedad, dolor y preocupación por ella, su esposa, la necesitaba y la extrañaba demasiado ya, odiaba que Naraku la retuviera en contra de su voluntad, que se la hubiera arrebatado. Malnacido, lo mataría por atreverse a tanto.
- Sesshomaru…- Lo llamó Inuyasha y volvió a la realidad una vez más. Finalmente se apartó del timón, no sin algo de rabia y se dirigió a su camarote.
- Vaya Señor Inuyasha, vea que duerma, me preocupa como esta.
Inuyasha entornó los ojos.
- No se preocupe señor Jaken, mi hermano estará bien. Pero veré que descanse aunque sea un momento.
Cuando él entró al camarote vio a Sesshomaru de pie, observando fijamente su escritorio. Sesshomaru recordaba la vez que había estado con ella ahí, habían hecho el amor y aquello destrozó su corazón. Inuyasha vio el gesto en el rostro de su hermano, los ojos brillantes y dorados, el rostro tenso, los labios curvados hacia abajo, las manos en puño en sus costados, temblaba por completo y eso lo impresionó. Se acercó con rapidez y lo volteó rápidamente. El Lord volvió una vez más a la realidad, pestañeó e intentó recuperarse, a pesar de sentirse por dentro que estaba muriendo, no podía aparentar debilidad ni mucho menos su dolor ante nadie, ni siquiera su propio hermano. Jamás lo había hecho, tan solo había sido débil ante ella, muchos años atrás cuando su compromiso se rompió, sólo ella conocía su faceta débil, nadie más. Tragó sintiendo un nudo doloroso en la garganta y se apartó de su hermano sacándose la camisa. Inuyasha vio la herida en su pecho. Era un puntazo de la espada, nada más, por lo que a pesar de la herida, ya estaba cicatrizada. Se lavó sin decir nada mientras Inuyasha le dejaba algo de fruta y pan en un plato, sobre la cama.
Su hermano comió casi nada, en silencio, mientras el otro lo observaba.
- No debes preocuparte, la encontraremos y ya mañana a esta hora estarás en el castillo, con ella, te lo aseguro.- Intentó reconfortarlo.
Sesshomaru no dijo nada. Su hermano pensó que lo mejor era dejarlo solo y que descansara, antes de salir del camarote lo escuchó hablar.
- Siempre creí..- Y entonces volteó para mirarlo, pero Sesshomaru no lo miraba, observaba un reloj que tenía en su mano y que había sacado del bolsillo de su pantalón-… que tú eras mi enemigo. Pero siempre fue Naraku.
A Inuyasha le pesaron sus palabras. Él recordó, con cierta amargura, lo que había hecho en su juventud. Lo había envidiado siempre, había envenenado a Kagome con Sesshomaru, la había llevado a un plan que los destruyó por completo. Suspiró y se dio cuenta del dolor.
- Perdóname. Por todo lo que te hice- Le dijo con sinceridad y entonces el Lord finalmente lo miró- Fue infantil e inmaduro de mi parte. Pero prometo que lo enmendaré.
Luego volteó saliendo del lugar y en la oscuridad de la noche se prometió, que haría todo lo posible para devolverle la felicidad a su hermano. Se lo debía.
No pudo dormir, cada vez que cerraba los ojos veía un su cabeza el rostro de su esposa a manos del Comodoro. A veces creía que estaba soñando, pero se veía solo, en la cama de su barco y ahí se daba cuenta de la realidad. Ella no estaba a su lado. Las imágenes iban y volvían, momentos compartidos, desde el día en que la vio, una soleada mañana de verano, hasta ese maldito día en que se despidió, diciéndole que lo vería por la noche. Llevaba un hijo suyo, un heredero de su apellido y su rango y él lo único que deseaba es que ambos estuvieran bien. Finalmente se levantó y se quitó el pantalón. Observó la herida en su muslo, aún sangraba, la vendó lo mejor que pudo y luego se puso un par de pantalones del uniforme de la marina. Abotonó la camisa y se puso la chaqueta, miró su espada y limpió el filo de ella para luego envainarla y el reloj de bolsillo, que siempre cargaba con él porque era el obsequio que Kagome le había dado, lo guardó una vez más en el bolsillo de su pantalón. Finalmente se dispuso a salir. Estaba amaneciendo y los pocos marineros que habían ya estaban listos en cubierta, pues todos sabían que estaban a muy poca distancia de la isla Formosa.
La Isla Formosa era un islote más de un conjunto de islas, casi abandonadas y en los límites del país. No eran habitables debido a que las condiciones del clima no eran muy agradables (se caracterizaba por haber vientos casi huracanados de forma constante y la temperatura era mucho más baja que el resto del país). Sesshomaru jamás creyó que el Comodoro tendría residencia en este lugar tan inhóspito y tan alejado de la civilización. Atracaron por el lado más escarpado, donde habían roquerios y el mar era más embravecido que en el resto de la isla. Sesshomaru e Inuyasha recalaron primero y luego los marineros con instrucciones precisas de seguirlos en silencio y no apartarse de su lado. Jaken y un par de marineros más se quedaron en el barco, esperando atentos el regreso de todos.
A poco andar notaron que la isla estaba completamente deshabitada y había muy poca vegetación. Sólo eran llanuras de pasto alto y medio amarillento, las gaviotas graznaban constantemente sobre ellos y el viento apenas los dejaba caminar. En una pendiente por el lado opuesto de la isla se podía ver una pequeña playa y un poco más allá, sobre una loma, un gran castillo de piedra que supo de inmediato a quien pertenecía. La guarida de Naraku. Se agazaparon tras la pendiente e Inuyasha tomó sus binoculares. Observó, aunque lo imaginaba, el castillo. Éste estaba rodeado de una cerca de piedra y hierro. Habían unos cuantos hombres custodiando cada tantos metros. No sería fácil poder entrar ahí. Pero tenían el factor sorpresa.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Habían recalado al atardecer en la inhóspita isla. Kagome no sabía dónde estaba, ni siquiera en qué dirección estaban, sólo que era una isla no demasiado grande y con mucho viento frío. Nada de árboles, sólo pasto amarillento y alto que se doblaba con la fuerza del viento. Y a pesar de todo, frente a ella una pequeña playa donde había un muelle y más, allá, un gran castillo de piedra gris rodeado de lo que parecía una alta cerca de piedra y hierro que se alzaban como lanzas al cielo. Y tenía hombres vigilando. Ella tragó con fuerza, sin lugar a dudas, reconociendo la "guarida" de Naraku.
Fue llevaba a duras penas aún sin soltarle las muñecas hacia aquel lugar seguida del Comodoro y algunos marineros sirvientes de él. Cuando llegaron al castillo, Kagome no pudo dejar de impresionarse por lo ostentoso que éste era, quizás incluso rivalizaba en decoración con el castillo del mismísimo rey. Callada y observando todo, sin demostrar miedo a pesar de que sí lo tenía, intentó memorizar el lugar por donde entraron, la disposición de los guardias y la distribución de las habitaciones. Naraku entonces se detuvo a los pies de las escaleras y la miró, como si hubiera adivinado su pensamiento.
- ¿Cree que tiene oportunidad de escapar, milady? – Sonrió al verla enrojecer- Imposible, este islote esta bastante alejado de la costa, nadie sabe de esta propiedad- Agudizó la mirada en la de ella- No se preocupe, recobrará la libertad, cuando yo me canse de usted.
La muchacha lo miró con rencor.
- ¿Qué se cree con secuestrarme y retenerme aquí contra mi voluntad? Soy una mujer libre ¡no su esclava! ¡no soy una prisionera de guerra!
El Comodoro estaba excitado por tener una mujer de esa clase, una dama, arrogante y fiera como esa, la presa perfecta para saciar y satisfacer sus más oscuros apetitos retorcidos y sexuales. Se relamió los labios, gesto que provocó escalofríos en la joven.
- Sí es prisionera de guerra- Murmuró, complacido al ver el rostro de contradicción de la muchacha- De la guerra entre el demonio blanco y yo.
Oh, Kami. Tenía una guerra personal con Sesshomaru ¿por qué? ¿por qué lo odiaba? ¿por lo ocurrido años atrás? Su esposo aquella vez lo había visto, y ella también, intentar forzar a su amiga en el bosque. Sesshomaru lo había golpeado, le había dicho que no le hacía honor a la marina, también lo había delatado.
- Es usted despreciable- Masculló Kagome alzando la barbilla. Naraku se acercó a ella y le tomó el rostro con fuerza.
- Sí y no me importa, milady- Respondió suavemente, acercando el rostro a ella, Kagome movió la cabeza bruscamente, esquivándolo. Sentía náuseas cuando la tocaba, cuando sentía su aliento cerca de ella. Era repugnante. El Comodoro rio y luego dio ordenes a sus doncellas para que la bañaran y vistieran con los mejores trajes que había en los baúles. La esperaba para cenar.
Por la noche y vistiéndola incluso mejor que la misma reina, Kagome observaba con desazón el vestido de color rojo satén con encajes vaporosos y blancos. Era osado en el escote, tipo corazón y bastante rebajado, las mangas eran caídas dejando los hombros al descubierto y luego con volantes en el codo, sus zapatos eran finísimos y suaves y llevaba ropa interior sugerente que aceptó porque era eso o nada. La habían peinado y decorado el cabello negro con pequeños pasadores de cristal que emitían haces de luz y también la habían maquillado. Los polvos que le habían puesto la hacían lucir incluso más pálida de lo que era, le pintaron roja la boca y agregado rubor a sus mejillas. Cuando se miró en el espejo se sintió estúpida, como una marioneta inanimada e inerte.
Al bajar y luego dirigirse al gran comedor, el hombre ya la esperaba. Naraku era mayor que su esposo, rondaría los 45 años aproximadamente, pero lucía como cualquier hombre en la mejor edad de su vida. Era musculoso, alto, apuesto incluso, en su cabello negro apenas se divisaban hilos de plata, pero sus ojos eran siniestros y todo lo bueno que alguien podría encontrar en él desaparecía con tan solo mirarlo a los ojos.
La mesa estaba servida, era grande y cabían más de 50 personas en ella, se preguntó si vendría el rey a este lugar, si lo conocía, si sabía de este refugio criminal.
Aunque Kagome no había comido, no sentía deseos de hacerlo, dudaba de todo, incluso si la comida contendría alguna droga para adormecerla. Revolvía con su tenedor la comida y aún sentía sus manos entumecidas y adoloridas por las amarras que había llevado desde que fue capturada.
- Puede comer con confianza, milady- Interrumpió de pronto sus pensamientos. Ella alzó la mirada a él algo sorprendida- Si cree que abusaré de usted estando inconsciente, déjeme decirle que no es lo que me gusta- Se llevó una copa de vino a los labios, la bebió y luego la miró afilando la mirada, esa mirada lujuriosa y sucia que parecía desnudarla- Me gusta que forzar, someter, que se resistan…
Ella desvió la mirada, roja de la rabia y dejó el tenedor sonoramente sobre la mesa. Lo escuchó reír y luego seguir comiendo. La muchacha sentía que se le revolvía el estómago. La iba a forzar, lo haría como hacía muchos años lo intentó con Eri y quizás cuantas más. Este castillo estaba destinado para eso, ya no le cabía dudas, todo estaba preparado para satisfacer los más enfermos y desquiciados apetitos del Comodoro. Miró cada vez respirando más rápido a su alrededor. En el comedor estaban solos y las velas eran pocas, el maldito quería hacer parecer el lugar romántico e íntimo. Claro, en su imaginación, pensó Kagome.
- Se ve bellísima esta noche, milady- Dijo de pronto, entonces la joven lo miró con reticencia, volviendo a la realidad del lugar, él seguía observándola con atención y burla-Aunque siempre me lo ha parecido, desde el momento en que la vi, hace muchos años atrás.
- Parezco un bufón de la corte con este maquillaje- Masculló con las manos bajo la mesa y luciendo demasiado tensa.
Naraku volvió a sonreír y bebió un poco más.
- No me lo parece. Admito que envidio enormemente a Lord Sesshomaru. El rey es un tonto, los casó por obligación pero sé que él ha sentido siempre… afecto por usted.
Kagome se puso de pie rápidamente y él la imitó.
- Mi esposo me encontrará. Y usted pagará, señor.- Respondió categórica.
El hombre pareció perder la paciencia, se acercó a ella tomándola de la cintura para besarla, la muchacha esquivaba sus labios y Naraku sintió como la joven intentaba separarse poniendo sus manos sobre el pecho de él. La escuchó protestar y moverse inquieta, Él a eso lo excitaba enormemente, ahora la tomaría, ahí mismo, sin miramientos, llevaba años acumulando un deseo que cada vez se fue haciendo insoportable y cuando volvió a la corte debido a los rumores del casamiento del Lord supo que era su oportunidad. Era la mujer que deseaba, aquella que se le había escapado de las manos, sino fuera por el Lord, en aquella época la hubiera tomado, pero le fue imposible y tuvo que conformarse con aquella débil y tonta muchachita amiga suya. Las ansias por tenerla lo llevó a la locura, cuando bombardeó su pueblo en señal de venganza porque supo que lo habían delatado, había querido secuestrarla esa noche, pero Kagome no estaba.
Y ahora, la tenía entre sus brazos, aspirando profundamente su aroma, acariciando descaradamente su pecho, Kagome quiso arañarlo, se defendió lo mejor que pudo, pero era casi imposible, era tan alto y fuerte, muy fuerte, que nada de lo que ella hacía parecía lastimarlo. El laborioso peinado se desarmó y él la tomó de la nuca y sostuvo sus cabellos obligándola a mirarlo. Ahí fue donde la besó salvajemente. Kagome volvió a retorcerse, apretó sus labios con fuerza pero sentía su lengua que quería invadir su boca, él la lanzó sobre la mesa, la porcelana cayó y se quebró, la muchacha cada vez estaba más desesperada, Naraku la sostenía de las muñecas con fuerza inmovilizándola. Ella pataleó cuando él tironeó su vestido queriendo descubrir sus senos. Las lagrimas de la joven comenzaron a caer en silencio mientras ella, aun moviéndose desesperadamente, miró a un lado sobre la mesa y vio un tenedor, lo alcanzó con la punta de los dedos mientras el hombre bajaba a tomar sus pechos y se lo clavó con una fuerza casi sobrehumana en el hombro. Naraku abrió los ojos desmesuradamente, sintiendo el desgarrador dolor del tenedor en su hombro. Kagome lo miró asustada y a la vez algo esperanzada, el hombre se apartó levemente dejándola libre y entonces, con movimientos lentos y algo temblorosos, el Comodoro miró aquel utensilio, inocuo y que no llegó a imaginar que podría ser ocupado en su contra y se lo quitó de un tirón, lanzándolo al suelo. La muchacha lo miró aterrada cuando él desvió la mirada siniestra a ella y entonces la abofeteó tan fuerte que ella cayó y debido al golpe, quedó inconsciente en el suelo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Sesshomaru ordenó acercarse al castillo de manera muy prudente y de forma sigilosa, se desharían de uno por uno de los soldados del exterior sin levantar sospechas, debían hacerlo de esa manera si quería recuperar a su esposa sana y salva. Fue Inuyasha quién guió a los marineros mientras el Lord se apartaba del grupo e ingresaba por la parte trasera y no por delante como los demás. Subió la cerca y saltó al suelo, no sin antes hacer una mueca de dolor ante la herida del muslo. Debido al esfuerzo, esta se abrió y comenzó a sangrar, él lo notó por la humedad que se fue colando en sus pantalones. Masculló con rabia y luego olvidó la herida. No era nada, tenía que llegar pronto a Kagome.
La joven despertó poco a poco escuchando retumbar voces en su cabeza y también gritos femeninos. Al abrir los ojos, notó el terrible dolor que tenía en el rostro, llevó sus manos a las mejillas y apenas pudo tocarlas, porque sintió el dolor agudizándose cuando sus dedos llegaron a palpar la piel. Recordó la escena, esa bofetada casi en puño que Naraku le había dado en pleno rostro por haberle enterrado un tenedor en el hombro. La había dejado inconsciente. Pero gracias a eso había logrado salir ilesa una vez más de él. Intentó ponerse de pie y volvió a escuchar gritos y ruidos allá afuera de la alcoba ¿qué estaba pasando? Finalmente se puso de pie a duras penas, se sentía muy adolorida, el cuerpo agarrotado y mareada, sin embargo, sabía que debía estar alerta, porque tal vez era su oportunidad de escapar. Se fue hacia la puerta corriendo y la intentó abrir. Fue en vano, estaba con llave y por más que intentó y pateó esta no se movió. Frustrada, caminó aprisa hasta las ventanas, se dio cuenta que estaba en un tercer piso y la altura era bastante grande. Una gota de sudor corrió por su sien. Era demasiado arriesgado saltar, embarazada no podría. Y si no lo hubiera estado tampoco podría sin salir con un hueso quebrado. O muerta. Pero peor sería caer en manos del degenerado ese, pensó. Intentó abrir las ventanas, pero para su malestar estas estaban selladas. Angustiada y temerosa miró a su alrededor. Su rostro se reflejó en un espejo que había y se sorprendió de su aspecto. Estaba con el cabello alborotado, pálida, ojerosa, el vestido hecho un desastre y lo peor en su mejilla tenía un moretón y bajo la nariz algo de sangre seca. Se pasó el dorso de la mano para quitar esa costra de sangre pero pensó luego que su aspecto no importaba. Lo que a ella sí le importaba era que su bebé estuviera bien y a pesar de que nunca lo había sentido en su vientre por ser demasiado pequeño aún, ella llevó ambas manos a su estómago como si intentara calmarlo.
En eso estaba, cuando escuchó que la puerta estaba siendo abierta, se acercó rápidamente a ella y entonces chocó contra Naraku, él estaba con el rostro casi desfigurado, sudoroso y nervioso, aun así sus ojos oscuros brillaron aún más cuando la vio, la tomó con fuerza del brazo mientras su otra mano la llevaba cerca de su cuello, ésta sostenía una daga que apuntaba directamente a la garganta de la chica. Kagome no fue capaz ni siquiera de gritar, debido a la fuerza brusca que ocupaba al tomarla del brazo y arrastrarla con él, junto con la presión de la punta de la daga en el cuello. Una vez le enterró la punta y ella cerró los ojos soportando el dolor, un hilo de sangre comenzó a deslizarse. No comprendía muy bien aun lo que pasaba, desorientada todavía por el golpe miró a su alrededor. Vio a unos marineros luchar contra los guardias fieramente, las sirvientas que la habían atendido estaba en un rincón, sollozando temerosas. Naraku la arrastró por el pasillo y comenzó a bajar las escaleras con ella, lo oía mascullar y maldecir y su agarre tanto en el brazo como la presión de la daga en el cuello se hacía a ratos más insostenible, comprendía que estaba atemorizado y acorralado.
De pronto se detuvo de súbito y entonces Kagome lo vio aparecer ante su vista. Sesshomaru, con su cabello alborotado, camisa blanca casi desabotonada, pantalones de marinero y enfundando su espada manchada de sangre. Ella gritó de alegría y luego observó la expresión espeluznante de su esposo que luchaba batiéndose no con uno, sino con tres guardias de Naraku a los cuales derrotó rápidamente cortándoles las garganta o desmembrándoles una extremidad incapacitándolos de inmediato. La joven vio, por primera vez frente a sus ojos aquel espeluznante hombre, del que todos hablaban, el demonio blanco, luchando sin piedad contra el que consideraba su enemigo. Cuando la escuchó a ella gritar él alzó la vista y su rostro cambió de inmediato, en principio a uno de completa adoración, luego, cuando notó sus heridas y la forma fiera en que la sostenía Naraku cambió a una endemoniada otra vez. Deseó despedazarlo y corrió a encontrarlos a mitad de las escaleras.
- ¡Kagome!- Gritó, deseando acercarse más, pero notó como el maldito punzaba la daga en la garganta de ella. Se le heló la sangre al ver el hilillo de sangre correr por su piel.
- No te muevas o la mato- Masculló rápidamente el Comodoro y luego sonrió. Al ver que tenía al demonio blanco en frente suyo sin hacer nada, ansioso y temeroso se sorprendió gratamente- Veo que estamos en un dilema- Se burló.
Sesshomaru respiraba agitadamente, observando fijo a su esposa que intentaba sonreírle y tal vez tranquilizarlo, pero él no podía, la rabia que sentía intentaba contenerla a duras penas, verla en manos de ese perverso hombre aceleraba los latidos de su corazón y ansiaba cobrar venganza pronto.
- Entrégame a mi esposa- Masculló, apartando la mirada de Kagome y enfocando sus ojos dorados con matices rojizos incluso, brillantes y casi diabólicos en su rival. Vio que Naraku sonreía aún más, burlón.
- Sólo cuando este a salvo- Respondió aferrando más fuerte a la chica a su cuerpo. Kagome gimió y Sesshomaru no pudo evitar avanzar un paso deseando reconfortarla, pero el Comodoro enterró más la daga en el cuello y la punta de ella atravesó un poco más la piel blanca de la muchacha, comenzando a caer más sangre. El Lord retuvo la respiración- ¡No te acerques! Me la llevaré, ella es mía ahora.
¿Cómo arrancarla de sus brazos sin arriesgar la vida? No podía y estaba desesperado de sólo imaginar que el maldito pudiera llevársela de nuevo. No había caso, él la deseaba a toda costa, no importaba ya nada para Naraku.
De pronto Inuyasha se acercó sigilosamente y apuntó desde atrás al Comodoro. Lo tenía en la mira, lo mataría sin que se diera ni siquiera cuenta, en el momento que apretó el gatillo, uno de los guardias de Naraku se abalanzó a él, la bala sólo rozó el brazo de Naraku, que al sentirla soltó a Kagome sin darse cuenta y la joven se arrastró con rapidez por el piso alejándose de él. El hombre tomó una espada de uno de sus hombres muertos y se abalanzó contra Sesshomaru.
Kagome abrió los ojos con sorpresa y miró a su esposo con horror mientras este se batía contra el Comodoro. En ese momento Inuyasha se había puesto de pie después de terminar en el suelo y pelear contra aquel que había arruinado sus planes para matar a Naraku. Se veía agitado, contrariado pero cuando vio a Kagome esbozó una sonrisa feliz y fue hasta ella donde la tomó entre sus brazos.
Pronto los marineros de Sesshomaru y él junto a Kagome observaron atentos y en vilo el duelo que el Lord y el Comodoro tenían. Inuyasha comprendió, que esta batalla, con ese hombre, era decisiva. Su hermano era un hombre honorable y justo. Sabía que esta última pelea era sólo entre ellos dos y no permitiría ningún tipo de ayuda externa.
Todos miraron atentos y conteniendo casi la respiración. Sus espadas chocaban diestramente y con rapidez, una queriendo someter a la otra. Los hombres se acercaban y luego se alejaban mirándose con profundo odio, deseosos de terminar pronto todo. Kagome, angustiada y nerviosa, no apartaba la mirada de la figura de Sesshomaru, casi se escapaba de los brazos de Inuyasha para acudir a él cada vez que el Comodoro se acercaba y parecía enterrarle la hoja de su espada en alguna parte de su cuerpo, sin embargo, el Lord era tan bueno como él y estuvieron manteniendo en vilo a los espectadores un par de eternos minutos.
Inuyasha deseaba que terminara pronto y aún así, con sus ojos expertos, notó que cada vez su hermano parecía hacer una mueca imperceptible cuando se acercaba al Comodoro. La pierna. Vio la mancha de sangre en su pantalón, si él no supiera que había sido herido allí no se hubiera dado cuenta, pues el pantalón era oscuro y sólo se veía una mancha oscura en el muslo. Pero el muchacho sabía que esa herida debía haberse abierto y su hermano sentir dolor.
Naraku notó también que a veces el Lord parecía quejarse. E incluso estuvo varias veces de ganar, porque había momentos en que él asestaba y el otro sólo se defendía. Sonrió.
- ¿Con que era esto el famoso demonio blanco?- Se burló casi acorralándolo rápidamente mientras Kagome observaba aterrada la escena- Siempre he pensado que eran sólo exageraciones.
Sesshomaru apretó los dientes soportando el dolor de la pierna, resistiendo no ser clavado con la espada del Comodoro que fieramente se sentía ganador. Y sin embargo ver el rostro aterrado de su esposa y además golpeado, lo hizo recuperar fuerzas. Kagome había sido secuestrada, llevada hasta los límites de la frontera, prisionera en un castillo y expuesta a las desviaciones de ese bastardo, poniendo en peligro su vida y la de su hijo. Entonces, se abalanzó con rabia contra él y de pronto perforó su estómago, en un rápido movimiento lo abrió y Naraku gritó de dolor y cayó al suelo.
Kagome lo miró con horror y apartó la vista rápidamente de él. Sesshomaru, exhausto y con mirada siniestra, se acercó mientras el Comodoro se retorcía de dolor. Era una herida mortal. El Lord lo miró desde su altura y luego torció la boca. En otra época, el demonio blanco no hubiera dudado en darle un golpe de gracia, pero esta vez no fue así. Pensó, que lo mejor es que sufriera, que se desangrara lentamente, era el peor castigo que podría darle ahora. Así que, envainó su espada y luego se apartó del agonizante hombre que expulsaba sangre ya por la boca. Fue entonces que su mirada fiera y diabólica, cambió, al enfocar sus ojos en Kagome. La joven se soltó de los brazos de Inuyasha y al fin pudo ir a su encuentro. La abrazó con posesión, agitado, cansado, al límites de sus fuerzas, pero completamente aliviado y complacido, por al fin tenerla en sus brazos.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Los días en que el Lord buscaba a su esposa, el pueblo se fue volviendo más en contra de su soberano. A él lo culpaban por ser el cómplice de Naraku pues su amistad era bastante conocida. Aparecieron más personas revelando los secuestros que el Comodoro había cometido contra algunas mujeres, las cuales no volvían a ver. Los Lores se reunieron en el parlamento y le pidieron de inmediato la abdicación. Éste, en primera instancia la rechazó de plano. Pero pronto se dio cuenta que no sólo el populacho estaba en su contra, si no también los nobles. Si los Lores habían pedido que abdicara significaba que ya nadie lo apoyaba. Cuando Sesshomaru volvió junto a su esposa y se enteraron del lugar donde tenía refugio el Comodoro, la gente más se enfadó. El rey debió abdicar y los Lores nombraron a un sobrino joven y con ideales modernos que había sido siempre ignorado por su parentela. Él quedó a cargo del país y la gente quedó conforme, porque de inmediato pidió una reunión con el rey del país con que luchaban hacía años intentando entablar un acuerdo de paz.
Sesshomaru al llegar al castillo colapsó más de cansancio que debido a sus heridas. El médico lo trató y le pidió que descansara un par de días. Kagome se encontraba mejor de salud. A pesar de las leves heridas en sus muñecas, en el cuello y en el rostro, se sentía de mucho mejor ánimo y se recuperó rápidamente, entusiasmada en gran parte por su embarazo y el hijo que albergaba en su vientre.
Ella una vez hecho un mínimo reposo, cuidó y mimó a su esposo hasta que éste finalmente pudo recuperarse por completo.
Ambos habían agradecido a Inuyasha, sabían perfectamente que sin su ayuda, las cosas hubieran sido muy distintas, pues había sido él quien había encontrado al hombre que les reveló el paradero de Naraku. Incluso Sesshomaru, a su modo, intentando parecer indiferente, le había comentado que podía quedarse en el castillo si quería. Pero su hermano aunque sorprendido, lo rechazó de plano. Estuvo un par de días más junto a ellos y luego se marchó a la casona en la que había vivido en su infancia.
Un día, mientras Kagome se encontraba recostada en la cama, apenas unos días después del parto, apareció Sesshomaru de pronto pues había ido a la capital. Yuka estaba con ella. La sirvienta se había recuperado por completo y ahora ayudaba a su esposa con el bebé. Cuando él entró, la sirvienta, que aun sentía un poco de miedo de él, lo miró y sonrió apenas haciendo una inclinación y marchándose de la habitación. Kagome sonrió contenta de verlo tan temprano y cuando el hombre estuvo a su lado y se sentó junto a ella, la besó en los labios largamente. Kagome lo miró con una sonrisa mientras sostenía en sus brazos a su primogénito. Sesshomaru le dio un beso tenue en la coronilla al bebé.
- He renunciado a la Marina Real.- Anunció con su tan característica voz profunda y solemne mientras acariciaba con delicadeza la cabeza de su hijo, que dormía plácidamente en los brazos de su esposa.
Ella no pudo evitar sorprenderse. Conocía su historia, sabía de su amor por la marina desde la tierna infancia y sabía que había sido muy importante en su vida.
- Pero… ¿por qué?- Le preguntó sin poder evitar sonar sorprendida. Lo vio encogerse de hombros y luego enfocar sus ojos dorados en ella.
- No quiero luchar más. Quiero estar contigo y nuestro hijo. – Dijo sin más- Y soy un Lord, los deberes como tal ya son suficientes para mi.
La joven lo contempló un momento y luego, acercó una mano a su rostro. Acarició su mejilla con ternura mientras el hombre cerraba los ojos y se dejaba hacer.
- Entiendo. Yo sólo quiero que seas feliz.
Él tomó su mano, aquella que acariciaba su rostro y se la llevó a los labios para besarla en el dorso.
- Contigo y nuestro hijo, milady, ya soy más que feliz.
Kagome sonrió agradecida y luego alzó ambas cejas.
- Es una pena que las aventuras del demonio blanco lleguen a su fin.- Agregó en broma.
Sesshomaru alzó una ceja y la miró fijamente, con sus ojos dorados llenos de deseo. Él jamás se cansaría de ella. Había sido todo un impacto cuando la conoció la primera vez. Ella, la mujer que una vez lo miró con desafío, ella, que lo tenía de rodillas ahora y daría todo por su amor. Se acercó y la besó nuevamente con pasión, mientras el bebé que aún cargaba Kagome seguía durmiendo plácidamente. Cuando se separó, la miró y sonrió.
- Tu demonio blanco nunca desaparecerá, seguirá a tu lado, para protegerte- Luego miró a su hijo. Su padre estaría malditamente feliz de que sus planes, aquellos que había ideado hacía mucho tiempo, al fin y al cabo sí se habían realizado- Para protegerlos.
Kagome sonrió y descansó su cabeza en su hombro. Era cierto, Sesshomaru siempre sería su demonio blanco.
Fin.
N/A: Hola. Muchas gracias por leer hasta aquí. Agradezco enormemente el que hayan seguido esta historia, que me hayan dejado su comentario y también a aquellos que no les gustaba la pareja pero la leyeron igual. Me emocionaba mucho recibir sus impresiones y valoro enormemente aquellas que sin falta, cada capítulo, dejaban algo por ahí. Igual mis agradecimientos a todos en general por darle una oportunidad. No fue mi primer fic Sesshome, pero sí fue el primero con tantos capítulos (siempre me digo que ya no estoy para estos trotes como antes, pero se pudo igual jeje) y con un universo alterno.
Me daba un poco de pena, como siempre me ocurre en todo caso, el terminarlo, pero el poder hacerlo justo en el día de mi cumpleaños creo que es una señal, de un logro más terminado y me siento bastante contenta por eso.
Gracias nuevamente por todo su apoyo, por recomendarlo en grupos de facebook, por seguirme y por apoyarme en todo lo que hago, de verdad valoro mucho eso.
Un abrazo gigante y no sé cuando nos volveremos a ver.
Lady.
19 de enero de 2021
