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Tema No. 92
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¿Felicidad?
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Riza despertó algo desorientada, quiso moverse a una posición más cómoda pero alguien a su lado se encontraba abrazándola muy fuerte de la cintura. Giró su cabeza y recién recordó que anoche ellos habían roto las reglas y estaban por fin juntos como así lo habían querido. Suspiró largamente y esbozó una sonrisa. Roy despertó al sentirla moverse.
—¿Estás bien? —preguntó al verla girarse.
—Sí, solo necesito ir al baño.
Roy la soltó mientras ella cubría su espalda con la sábana y acomodaba su cabello para dejarlo fuera de ella. Sus brillos dorados lo embelesaron.
—Me gusta tu cabello.
Riza volteó brindándole una sonrisa melancólica. —Gracias, Mustang-san, pero...
—No lo cortes nunca —los acarició levemente.
—Creo que debes irte. No creo que sea correcto que...
—Sí, entiendo.
Todo quedó en silencio y ella solo se puso de pie rápidamente.
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Definitivamente no era conveniente que alguien lo viera saliendo del departamento de Riza, por ello, se fue cuando todavía estaba oscuro. Sin embargo, la había sentido algo melancólica antes de irse. Después de que volvió del baño, él ya se había vestido y ella solamente lo había mirado con incomodidad. Intentó no hacer caso y se despidió con un beso largo y profundo que la joven respondió a medias. Se preguntó a sí mismo el por qué no podía sentir una felicidad plena y tenia aquella inseguridad dentro que lo impedía. Recordó el día anterior donde Riza tomó la iniciativa muchas veces, pero hacía unos instantes, ¿acaso se había arrepentido?... Intentó no pensarlo más y se metió a su cama para dormir un par de horas más antes de entrar a trabajar. Se lo preguntaría más tarde.
El más tarde nunca llegó pues era el día libre de su subordinada. No pudo aguantarse más y salió de la oficina.
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Riza secaba sus ahora cortos cabellos. Cortarlos era una decisión que había estado alargando por más tiempo del que había deseado. Se miró nuevamente al espejo y rememoró las palabras de Roy la noche anterior.
«No los cortes nunca»
—Lo siento... —murmuró y los peinó.
Seguramente se decepcionaría. El teléfono de pronto sonó.
—¿Mayor? —su voz se sentía algo inquieta.
—¿Sí, general? ¿Sucede algo?
—Bueno, no, es solo que estaba pensando que quizás hoy…
—General, ¿está en la oficina? —lo cortó preocupada.
—No.
El alma le volvió al cuerpo. Por un momento había pensado que estaba usando las líneas del ejército para realizar llamadas personales.
—Señor, por favor, debemos ser cuidadosos.
—Sí, por eso estoy utilizando un teléfono público.
—Lo sé, pero es mejor que no me llame.
—Quiero verte —siempre tenía que ser tan directo y sincero.
Rozó sus cabellos rubios una vez más. —No... Ehm... no creo que sea conveniente. Ya hablaremos luego —y cortó enseguida.
Roy se quedó mirando el teléfono preocupado. Ya no era su imaginación. Ella estaba insegura.
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Sus piernas se movían ansiosas y sus ojos viajaban al reloj que demoraba en mover sus benditas agujas para la hora de salida. Ahora ya no era el cabello corto su principal preocupación, que obviamente lo había dejado sorprendido en horas de la mañana, sino, aquellas palabras que salieron de la boca de Riza después de su, digamos, justo reclamo. Acabó su trabajo como alma que lleva el diablo para poder hablar con ella.
Ingresó a su oficina sin tocar la puerta y la encontró colocándose su gabardina. La observó detenidamente, no pudo evitar sentirse nostálgico nuevamente.
—¿Qué sucede, general? ¿No le enseñaron a tocar las puertas? —preguntó algo inquieta por su actitud.
—Lo siento —habló arrepentido como si fuese un niño pequeño—. Es que me parece tan extraño verte con el cabello tan corto.
—Se acostumbrará.
—Seguramente.
Sus pensamientos viajaron hasta el pasado, a la primera vez que la vio asomándose tímidamente detrás de su padre. Lo miraba atentamente con sus ojos caobas muy abiertos y con una expresión sorprendida. Su cabello corto, rubio y brillante, un pequeño mechón cayéndole a un costado de su frente. Durante toda la temporada que se quedó viviendo en la casa de su maestro, lo había tenido de la misma forma.
—Vine porque querías hablar.
—Sí, pero no creo que este sea el lugar adecuado —mencionó amablemente. Así que lo guio hasta la salida y luego hacia su automóvil.
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Roy condujo hasta un cochera cercana a su departamento donde solía dejar su auto. Luego caminaron rápidamente hasta él con paraguas en mano, pues llovía a cántaros, tal como aquel día. Le ofreció un café y se sentó a su lado en el único sofá que adornaba el lugar.
—Gracias —mencionó ella.
De pronto se sintió un incómodo silencio pues ninguno de los dos sabía como iniciar la conversación. Roy venció su ansiedad y empezó a hablar atropelladamente.
—Mayor… Riza —decidió mejor llamarla por su nombre—, ¿acaso estás arrepentida? —quiso ir al grano pero la joven lo miró confundida.
—¿Por qué piensa eso?
—Pues me hablaste muy seria esta mañana. Y ayer... en el teléfono. Estaba pensando que lo que… hicimos…
Riza se sonrojó de repente, pero recobró la compostura rápidamente. —Señor…
—Bueno, tú sabes que es imposible volver al pasado y mucho menos cambiarlo y…
—Señor.
—Así que ya no nos podemos arrepentir de nuestros actos, lo hecho, hecho está y además que… —agregó intentando justificarse.
—General, ¿puede dejarme hablar? —exclamó y Roy se quedó callado finalmente—. Yo...
—¿Sí?
—Yo suelo ser una persona que cavila mucho acerca del pasado. Eso lo sabe usted...
Roy asintió levemente.
—Y siempre me he arrepentido de todo lo que hice hasta hoy. Desde el día que le mostré mi tatuaje, hasta la guerra de Ishbal. Eso, lo hice adrede y con intención, hice daño a otras personas y a todo un pueblo, aún siendo una cadete yo tenía noción de todo. Y ahora... pienso que lo que hicimos no estuvo bien.
—Pero...
—Déjeme terminar... por favor...
—Sí —dijo a regañadientes.
—Pienso que esto puede ser perjudicial para su puesto y sus metas. Si nos descubrieran y lo envían a una corte marcial, yo no me lo perdonaría. Pero… debo ser una mala persona, porque esa noche yo… yo fui feliz —suspiró largamente—. Supongo que es algo que no puedo cambiar. Pero lo fui, y he pensado incluso, ¿qué de malo tiene si lo soy por una vez?
—¿Acaso te sientes culpable? En todo caso, cúlpame a mí.
Riza sonrió ligeramente y negó con la cabeza. Su mano acarició su rostro.
—Sé que he hecho muchas cosas malas en el pasado… pero esta vez… no puedo arrepentirme.
Así eran las cosas. El observarlo allí quieto, mirándola embelesado, le hizo darse cuenta todo lo que significaba ese hombre en su vida. No era que no lo supiera, pero ahora simplemente sus sentimientos afloraban como capullos en primavera. No había cambiado mucho desde el día en que se conocieron; tal vez antes era más inocente e ingenuo, pero siempre se mostró como alguien de pensamientos amables. Aunque no le gustara el trabajo burocrático, lo hacía, era responsable con él y con lo que se proponía, así que no lo dejaba de lado. Era un estratega también, tan astuto, ambicioso e inteligente que había llegado a escalar varios rangos de manera rápida pues era listo manipulando y manejando a otros, mostrando esa seguridad en sí mismo envidiable por la mayoría de hombres en la milicia. Él sabía lo que quería mostrar ante los demás, esa fachada de militar arrogante, infantil, despreocupado y mujeriego era lo que quería que vieran de él. Muy pocos pudieron encontrar y descubrir al hombre fuerte que nunca se rendía, a aquel que luchaba por sus sueños hasta el final, a la persona que se preocupaba por sus subordinados más que por él mismo. Y por eso se ganó la admiración y el cariño de los Elric, de Havoc, Breda, Fuery, Falman y Armstrong. Y por supuesto, de ella también.
Aunque fuera un inútil bajo la lluvia.
Aunque a veces se comportara como un niño dependiente y malcriado.
Este era el camino correcto para ella. Es una de las cosas que no cambiaría en su vida. No había opción para el arrepentimiento.
—¿Riza? —pronunció su nombre con inquietud.
—Sí. Todo estará bien —habló haciendo más seguro el agarre de su mano sobre la mejilla de él.
Roy sonrió acercándose a ella para besarla mil veces más si fuera necesario. Esa noche, se amaron una vez más.
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Riza se revolvió entre las sábanas y se giró para mirarlo.
—Mustang-san, ¿estás dormido?
No lo estaba. —¿Sucede algo?
—Sí —entonces abrió los ojos y se echó de costado para atenderla.
—Dime.
—Tú escuchaste todo lo que yo tuve que decir, pero ahora quiero escucharte a ti.
—¿Qué quieres decir?
—¿Qué piensas de todo esto, Mustang-san? ¿Crees que…? —a pesar de todo, todavía se sentía insegura.
—Que me siento el hombre más feliz del planeta.
Riza lo miró ceñuda. —Estoy hablando en serio.
—Yo también —dijo encogiendo los hombros con su usual expresión despreocupada.
—Señor…
—¿Qué más quieres que te diga? Esto es algo que esperé por mucho tiempo —así era, incluso desde que era un chiquillo—. Nunca me arrepentiré de esto, Riza —la tomó de la mejilla y la obligó a mirar la profundidad de sus ojos—. Nunca.
La joven lo vio con ternura. Después de ello, hubo un largo y cómodo silencio.
—Deberíamos vernos en otro lado.
—Sí, tienes razón —estuvo de acuerdo con ella. Definitivamente su departamento ni el de Riza eran un lugar seguro. Todavía tenían objetivos que cumplir, había muchas cosas que debían corregir y mejorar. Si los descubrieran, todo por lo que habían trabajado tantos años, se haría añicos. Estaba seguro que Riza pensaba lo mismo—. Debemos ser cuidadosos.
Ella asintió mientras se sentaba cubriendo nuevamente su espalda con la sábana. Quizás era hora de irse.
—También me gusta tu cabello corto.
—Lo sé —le dijo sonriendo.
—Te amo —Roy soltó sin vacilación ni dudas en su voz.
Su corazón se detuvo por un instante y luego comenzó a galopar, tan fuerte que temió que él pudiera escucharlo. Una imperceptible lágrima se asomó. ¿Realmente esto era lo que significaba amar sin tapujos? ¿Era correcto a pesar de todo lo que habían hecho? ¿Eso que percibía dentro de sí era lo que la gente llamaba felicidad?
Solo quería sentir que lo era, aunque sea esa noche. Sabía que era tan injusto, era imperdonable que alguien como ella pudiera tener ese tipo de sensaciones que más parecían una efímera felicidad.
Percibió los brazos de él asiéndola por la espalda, sus labios acariciando la cicatriz de su cuello ahora desnudo.
Giró su rostro y pronunció un te amo en un susurro que se perdió con el contacto de sus labios sobre los de él.
Se daría el permiso para sentir otra vez esa cosa llamada felicidad, aunque sea por una noche más.
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Notas: ¡Hola de nuevo! Lamento muchísimo haberme tardado tanto en actualizar, otra vez. Esta es la continuación del capítulo 44 "Cabello", allí Riza quería hablar con Roy, ¿lo recuerdan? jeje. Quería aclarar que toda esa parte medio poética es lo que pasó entre ellos, finalmente, después de tantos años pude decirlo, lo había escrito así para no dar mayores spoilers, aunque creo que por allí se dieron cuenta XD
Esta vez voy a agradecerle muchísimo a Jisbon28 por todos sus reviews que me dejó en cada capítulo, fue ella la que me incentivó a continuar con todo y apurarme un poquito. Muchas gracias, te debo una contestación enorme vía PM y por supuesto, te dedico este capítulo.
CamilaMustang: ¡Hola! Gracias por tus palabras y felizmente estoy bien, espero que tú también. ¡Te veo por Twitter! :D
clairesamiya: ¡Gracias por tus ánimos siempre y espero que sigas por acá. ¡Que estés bien!
Jazz: Hola de nuevo. Bueno, es que en realidad, casi todos los capítulos que vienen son ya las resoluciones de todo. Espero no dejar nada suelto. Yo también los amo nerviosos, sé que ellos no son tanto así, pero no puedo con mi genio. ¡Espero que estés bien!
Parvati Ellis: ¿O Psicomari? XD. ¿Por qué el cambio de nick, eh? ¿A qué se debe? Cuéntamelo todo, jaja. A ti te debo una contestación grande via MSN. Ay, Mari, me lloro con tus palabras, son muchos años que no puedo terminar el fic, creo que eso no habla muy bien de mí. Espero hacerlo, me esforzaré por ustedes, porque aunque no lo creas, tu apoyo es muy importante para mí. Gracias, Mari reina. Cuídate siempre y no pierdas el diiiii XD.
Silneleh: Aww, muchísimas gracias entonces. Síí, soy una demorona, lo sé. Pero me esforzaré para terminarlo, espero que sigas por acá para entonces. Un beso!
ScrabyRam: ¡Gracias a ti por comentar! Me alegra que te haya gustado. ¡Que estés bien!
arual17: ¡Muchisimas gracias por tus palabras! Espero que sigas por acá. Un beso.
ly-dango: ¡Gracias por tomarte el tiempo de escribirme! Un beso.
Vi ShadowHunter: Jajaja, siento haberme tardado tanto. Ya estos capítulos son resolutivos. Gracias por seguir acá. Un beso!
BellaRichart: ¡Muchas gracias por seguir acá y me alegra que todavía te guste! Nos vemos por acá o por allá ;)
KaoruB: ¡Reina Sol! Qué gusto volver a verte por acá. Te responderé todo vía PM. ¡Un beso!
Paulina RG: Awww, sí, definitivamente el día prometido fue el día D para ellos. Gracias por escribirme. Un beso :D
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Muchas gracias a todos, nos leeremos pronto *.*
