No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Edward todavía estaba un poco atontado por el largo vuelo, pero no creyó que estuviera alucinando. Había algo íntimo entre Isabella y ese tipo que le agarraba el brazo. El hombre alto se dio vuelta y abrió los ojos violentamente.
―Esto tiene que ser una broma, Isabella. ¿Tu nuevo novio es un matón?
―No es un matón,― susurró ella. ―Es perfecto.
―¿Estoy interrumpiendo algo?― Preguntó Edward, levantando las cejas de manera interrogativa.
Las manos de Isabella se apretaron en puños. Todo su cuerpo estaba temblando. Él podía verlo desde el otro lado de la habitación. Algo no estaba bien. ¿Quién era este tipo? ¿Y por qué estaba tocando a Isabella con tanta familiaridad? ¿Había estado tan apresurada por regresar a Kansas City para poder reunirse con un amante secreto? Sabía que él iba a venir. Seguramente no era tan estúpida para ser agarrada con tanta facilidad.
―Te puedes ir, matón. Mi esposa y yo estamos juntos de nuevo. ― El hombre envolvió un brazo alrededor de los hombros de Isabella y la apretó a su lado. Sus labios le acariciaron la sien.
El corazón de Edward golpeó violentamente contra su pecho.
―¿Esposa?― Farfulló Edward.
¿Este era Jeremy? ¿Este guapo y pulcro hombre era el maldito hijo de puta que había lastimado a Isabella tan severamente que no podía soportar el sonido de la palabra amor? No podía ser. Edward estaba seguro de que Jeremy tenía cuernos curvados, piel gruesa y roja, ojos llameantes y pezuñas. Este tipo que pertenecía a una tarjeta de Navidad, vestido con un suéter de renos rodeado por su cariñosa esposa, 2 niños y su fiel Golden Retriever, no podía ser Jeremy. No era posible. Además, ¿No estaban divorciados?
Isabella sacudió la cabeza y abrió la boca, pero no produjo ningún sonido. Edward nunca la había visto tan pálida. Él decidió que ella no estaba asustada por haber sido agarrada en el acto con un tipo bien parecido. Estaba aterrorizada. Pero Edward estaba aquí ahora. Él no dejaría que este imbécil la lastimara de nuevo. Ni física, ni emocional ni psicológicamente.
No le daría la oportunidad.
―¿Así que tú eres Jeremy?― dijo Edward, adentrándose en el apartamento. No con movimientos bruscos. No sabía lo que este loco bastardo era capaz de hacer.
Jeremy sonrió y agitó su cabeza rubia con una sonrisa de autosatisfacción en su perfecto rostro.
―Te habló de mí, ¿verdad?
―Oh sí, me habló de ti. ― La ira de Edward luchaba por salir, pero sabía que tenía que mantenerla al margen. Su primer impulso fue golpear a este tipo, pero no quería asustar a Isabella. No quería que pensara que era igual a este imbécil.
Jeremy pasó sus dedos de arriba abajo por el brazo de Isabella mientas esperaba que Edward hiciera su movimiento. Ella se quedó petrificada a su lado, queriendo vomitar por la ansiedad. Cuando Jeremy la apretó con fuerza, ella gimió.
La ira de Edward estalló.
―Quítale tus malditas manos de encima. ― Él atravesó la habitación en tres zancadas, con los puños levantados en forma de amenaza.
―¡Espera, espera, espera, espera, espera!― dijo Jeremy, retrocediendo y poniendo a Isabella frente a su cuerpo para protegerse. ―Sé que los matones resuelves las diferencias con violencia, pero los hombres civiliza…
―Estás a punto de descubrir que tan violento este matón puede llegar a ser, maricón, pedazo de mierda. Te dije que le quitaras tus malditas manos de encima. ¡Ahora! ― Jeremy dejó caer las manos de los hombros de Isabella.
Emitiendo un suspiro de alivio, ella dio un paso hacia Edward. Él abrió los brazos para abrazarla, pero Jeremy la agarró de nuevo. Ella se estremeció como y él le fuera a pegar. El corazón de Edward se apresuró. Sus ojos se estrecharon.
―Te lo advertí, imbécil. ― dijo él. ― Ahora te patearé el trasero.
Edward avanzó hacia Jeremy, pero antes de que pudiera darle un golpe, Isabella se interpuso entre ellos y levantó las manos para detenerlo.
―No, Edward. No lo golpees. ― Los ojos de Edward se abrieron violentamente. ¿Estaba defendiéndolo? ¿Cómo podía defenderlo?
A lo mejor lo que Jeremy había dicho de que estaban juntos de nuevo había sido la verdad. Él obviamente parecía su esposo—atractivo, pulcro, rico y bien educado. Modales perfectos. Rostro perfecto. Cuerpo perfecto. Todo lo que Isabella merecía en un esposo. Seguramente era una opción más práctica que Edward. Incluso él no podía negar esa realidad.
Edward sacudió la cabeza por sus pensamientos. No. Jeremy no la merecía. La había lastimado de todas las maneras imaginables. Ella no necesitaba alguien que luciera apropiado a su lado. Necesitaba alguien que la apoyara y que la dejara ser ella mismo.
Necesitaba a Edward, maldita sean incluso si ella no lo admitía.
―No sólo lo voy a golpear― dijo Edward. ―Voy a acabarlo.
―No, por favor no lo hagas. ― Edward no podía creer que todavía estaba tratando de proteger al imbécil. ¿Estaba loco?
―¿Por qué no? Él se lo merece.
―Porque… ― dijo ella, mirando a Edward con preocupación en sus lindos ojos de color avellana, ―Te lastimarás las manos. ― Isabella agarró un florero de cristal de una mesa y se lo arrojó al pecho. ―Usa esto. ― Edward sonrió y levanto el florero en una mano, probando su peso.
―¿Estás segura? Es un bonito florero. También es pesado. Potencialmente letal. ― Él miró a Jeremy, satisfecho de ver el miedo en sus ojos. Lanzó la mirada hacia las flores que cubrían el suelo cerca a la puerta. ―Y tienes unas flores que alguien, no yo, una vez más…entregó personalmente… ― Isabella chocó contra Edward cuando Jeremy la empujó. Él corrió hacia la puerta de entrada, pero Edward lo agarró por el cuello de su camisa antes de que pudiera salir al pasillo. ― ¿A dónde crees que vas? ― Edward cerró la puerta con el pie.
―¡Déjame ir!
―No creo que lo entiendas. Quiero pelear contigo, amigo. Y tengo muchas ganas de causarte algún daño permanente.
―Voy a llamar a la policía. ― dijo Isabella. ―Se supone que él no puede estar cerca de mí. ― Edward se alegró al ver su confianza regresaba. Apenas la había reconocido cuando llegó.
―Gran idea. Mantendré a este tipo ocupado hasta que ellos llegan.
Tan pronto como ella desapareció en la habitación en la parte trasera de su apartamento, Jeremy envió un golpe hacia Edward. Edward se agachó. En su juventud, había estado en más peleas de las que podía contar y era obvio que este cobarde nunca había peleado con un hombre.
No, era el tipo de cobarde que le pegaba a las mujeres y le daba patadas a los cachorritos. Jeremy luchó contra el agarre que Edward tenía en el cuello de su camisa.
―Aparta tus manos de mí, tú sucio matón. Si me haces un rasguño, mi padre te mandará a la cárcel por el resto de tu vida.
―¿Me vas a acusar con tu papi? Eres aún más patético de lo que imaginé. ― Edward lo apartó de la puerta y lo arrojó en un sillón. ―Siéntate mientras esperamos a que el pedido de tus esposas llegue. ― Cuando Jeremy trató de levantarse, Edward le dio un golpe en el rostro.
―Ahora escúchame, hijo de puta, la única cosa que me impide que te desgarre la cabeza y mear en el agujero de tu cuello es imaginar el desastre que tu sangre le haría a la alfombra de Isabella. Así que sólo quédate sentado calmadamente o yo podría hacer algo para que no vivas lo suficiente como para arrepentirte.
Hablar basura era normalmente el truco que funcionaba en este tipo de cobarde, pero Edward estaría feliz de convertir sus amenazas en realidad. Le daría un gran placer acabar con el lindo rostro de este tipo.
―En realidad no sé qué tienes contra mí. Si es porque te llamé matón, entonces me disculpo por eso.
Jeremy destilaba simpatía por los poros, pero Edward no le creía.
―No me importa lo que pienses de mí, cerdo arrogante. Golpeaste a una mujer. Mi mujer. Estás en la cima de mi lista negra.
―No sé de dónde sacaste la información. Nunca golpearía una mujer. Sobre todo, no a Isabella, yo la amo. ― Él cerró los ojos y se estremeció con un atormentado éxtasis. ―Oh Dios, Te amo, Isabella. Te amo demasiado. ― Edward arrugó la nariz. Este tipo era un demente.
―No me extraña que ella odie tanto esa palabra. ― Jeremy abrió los ojos, una fría sonrisa se extendió en su rostro. Espeluznante. Era un demente.
―Nunca te lo ha dicho, ¿Verdad? ― Jeremy se echó a reír con un extraño júbilo. ― Y nunca lo hará. No te dirá que te ama, porque todavía me ama. Soy el dueño de su corazón para siempre. Me aseguraré de eso. Siempre será mía. Eternamente. La arruiné para todos los demás hombres. Y lo hice a propósito. ― Jeremy bajó la barbilla y levantó la mirada hacia Edward con esos ojos azules como el hielo. ―Matón.
Isabella salió de la habitación con el teléfono celular en la mano.
―Están en camino. ― Jeremy se apartó del sillón y empujó a Edward hacia atrás con ambas manos. Edward se tambaleó, recuperó el equilibrio y se dirigió tras él. Nunca debió de haber bajado la guardia. Jeremy abrió la puerta. Edward extendió el brazo en frente de él para detenerlo. Burlándose maliciosamente. Jeremy cerró la puerta. En la mano de Edward.
―¡Ow! Maldición. ― Edward acunó la mano contra su pecho.
―Idiota. ― Isabella gritó y saltó sobre la espalda de Jeremy. Sus rodillas se clavaban a los lados de Jeremy para mantenerse encima de su cuerpo, ella repetidamente le dio golpes en la cabeza con ambas manos. ―Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido…
―Ow, Isabella, Eso duele. Detente. ― Se quejó Jeremy.
Ella continuó golpeándolo, puntualizando los golpes.
―Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido. ― Edward observaba, extrañamente divertido por su perorata. Jeremy trató de quitársela de la espalda, pero lo tenía bloqueado y no tenía esperanza de escapar.
La mano izquierda de Edward ya estaba tan hinchada que no podía cerrarla correctamente. Tenía la esperanza en Dios de que no estuviera rota. Pero ver a Isabella golpear a Jeremy en venganza. Valía la pena.
Jeremy se cubrió la cabeza con los brazos tratando de evitar que le siguiera pegando.
―Te odio. ― Le gritó. ―Te odio. Te odio. ― Cuando las lágrimas empezaron a fluir, Edward no podía quedarse allí parado mirando. Él le tocó el centro de la espalda y ella dudó. Giró la cabeza para mirarlo, las lágrimas corrían su rostro y caían por su mandíbula.
―Está bien, cariño. ― Murmuró él. ―Ven aquí. ― Ella cayó en su abrazo, envolviendo los brazos alrededor de su cuello y las piernas alrededor de su cintura. Sollozó contra su hombro, empapándole la camiseta en segundos. Él le acarició la espalda y frotó los labios contra su cabello. ―Está bien. Estoy aquí. Te tengo. Shh.
Finalmente libre, Jeremy abrió la puerta y se encontró con dos oficiales de policía en el umbral.
―¿Es usted Jeremy Condaroy?― Preguntó uno de los oficiales.
―No, pero gracias a Dios están aquí. Llegaron justo a tiempo, ― dijo Jeremy. ―Es él. Justo allí. ― Él señaló a Edward.
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Estuvo bien loco este capítulo, ¿no? No olviden dejar un lindo comentario.
¡Nos leemos pronto!
